
SECCIONES
El control de la inmigración en EE UU
Un reciente proyecto de ley proporciona a los partidarios de la anti-inmigración
una batería de medidas que pretenden reducir el flujo migratorio procedente
de México, criminalizando algo que hasta entonces no había sido
considerado más que como una infracción. Los latinos, bajo el
foco de los medios de comunicación, exigen su regularización
incondicional, y quieren asegurarse el fin de las muertes trágicas
en la frontera, de las separaciones familiares traumáticas y de la
explotación en el trabajo, así como unos derechos civiles básicos.
Pero el movimiento puede dejar a los anarquistasa perplejos. ¿Se trata
de una verdadera movilización popular y estudiantil, o bien de una
serie de acciones manipuladas por la burguesía hispana de los Estados
Unidos? ¿Revuelta proletaria o lobby? ¿Los hispanos quieren
solamente el derecho al voto?
El proyecto de ley se parece curiosamente a las medidas anti-inmigración
que hicieron estragos durante cierto tiempo en Francia: los clandestinos podían
ir a la cárcel y prohibírseles la residencia, los que pedían
asilo y los niños detenidos en la frontera serían arrestados
hasta que se decidiera su expulsión u obtuvieran un permiso temporal
de residencia, y todo el que los ayudara (persona u organización) podría
sufrir multas o penas de cárcel de hasta cinco años, y se levantó
una empalizada de 1.100 kilómetros a lo largo de la frontera sudoeste,
donde más elevada era la tasa de mortalidad de los inmigrantes. En
resumen, esa ley ilegalizaba a 12 millones de inmigrantes de un total de 41
millones de latinos (el 14 por ciento de la población, primera minoría,
por delante de los negros, que son un 13 por ciento), así como a cualquiera
que pretendiera ayudarlos. ¿Nos suena?
Contra todo esto se ha puesto en marcha, desde comienzos del año 2006,
un movimiento que no ha hecho más que ganar en amplitud, para culminar
en los siguientes datos: el 25 de marzo, millones de personas, por todo Estados
Unidos, fundamentalmente latinos pero no exclusivamente, se reunieron en las
calles para manifestar su descontento o su apoyo. Lo nunca visto en determinadas
ciudades. En la semana siguiente, los estudiantes se pusieron en huelga por
decenas de miles. Después, el 10 de abril, se organizó una jornada
de acción nacional a cargo de colectivos de estudiantes, asociaciones
de apoyo a trabajadores inmigrantes, etc. De nuevo cientos de miles de personas
participaron en el movimiento. La página más reciente ha sido
escrita el 1 de mayo, que no es festivo en Estados Unidos, pero que se planteó
como una jornada de boicot generalizado: día sin trabajo, sin escuela,
sin consumo. El éxito se vio mitigado por quienes tuvieron miedo de
perder su empleo ya precario, y por quienes no quisieron perder un día
de sueldo, que no podían permitirse.
Dejando hablar a su corazoncito, el Congreso ha dejado en suspenso la adopción
de la ley. Debería aprobarla por unanimidad en las semanas venideras.
Pero algunos piensan que el Primero de Mayo ha boicoteado el movimiento. Aunque
parcial, la huelga ha tenido el mérito de conmover al bueno del Congreso:
los portavoces de las dos partes representadas se han pronunciado contra esta
estrategia. Cuando 12 millones de trabajadores que aportan 90.000 millones
de dólares al año se ponen en huelga durante un día,
aunque sea parcialmente, resulta raro y da un poco de miedo. ¡Sólo
faltaría que eso diera ideas a otros! Bien, pero entonces ¿qué
es en el fondo ese movimiento? ¿Quién lo ha iniciado? ¿Quién
ha animado a los trabajadores sumergidos o ilegales a salir de la sombra y
correr riesgos tan grandes? Podemos comprender los argumentos de los sin papeles:
en este mundo, desgraciadamente hacen falta papeles para asegurarse una tranquilidad
relativa. Para tener alojamiento, para poder estudiar, para comprar lo que
sea, o para ir al médico. Pero ¿qué quieren los hispanos?
Seguramente no todos lo mismo. Un anarquista de Los Ángeles cuenta
su participación en la gran manifestación del 25 de marzo: "Había
muchas tendencias diferentes. Desde revolucionarios internacionalistas a partidarios
del sueño americano, desde los que gritaban 'México, México'
a los que clamaban 'Queremos un mundo sin fronteras' o 'No somos clandestinos
ni criminales' y 'Nadie es ilegal'. Algunos citaban la Biblia, pero otros
gritábamos: Ni patronos, ni jefes, ni banderas, ni cruces".
No obstante, en las imágenes de los manifestantes nos sorprenden algunas
pancartas: "¿Quién os va a recoger los tomates? ¿Quién
os va a construir las casas?". ¿Es que los hispanos no pretenden
otra cosa que estar al servicio de los americanos? ¿No tienen exigencias
de igualdad? ¡Incluso McDonalds ha elaborado un comunicado de apoyo
al movimiento! Entonces, se trata de eso: hay que apoyar a esa gente para
poderlos someter con más facilidad, para mantenerlos en ese sistema
de asalariados y de explotación capitalista alienante. ¿Cuál
es su reivindicación número uno? "Hoy desfilamos, mañana
votaremos". Eso está muy lejos de la conciencia de clase. El hecho
es que ese movimiento ha sido iniciado por los propios apoyos del sistema:
la Iglesia católica, que ha sabido conservar su fuerte impronta sobre
la minoría en su conjunto, los sindicatos poco combativos y dirigidos
por los americanos, los politicastros hispanos sustituidos por las radios
españolas. Controlando las reivindicaciones para mantener a esas poblaciones
bajo su manto, se aseguran de que ninguno se muestre demasiado goloso.
Parece que el movimiento social necesita radicalizarse en Estados Unidos
Es dudoso que esa movilización desemboque en una mejora visible y duradera
de las suerte de los latinos, y todavía menos en un movimiento más
amplio que englobe reivindicaciones anticapitalistas y libertarias. Pero,
al menos, esta minoría se ha expresado por primera vez en su vida
¿"Sí se puede"?
Emma Gutiérrez
(Le Monde libertaire) ![]()
Los homosexuales iraquíes lanzan un grito de alarma: como consecuencia
de la fatwa homófoba lanzada en octubre de 2005 por el ayatolá
Ali al-Sistani, los escuadrones de la muerte de la milicia Badr acosan sistemáticamente
a los homosexuales iraquíes y a las mujeres sin velo con el fin de
perseguirlos y ejecutarlos. Treinta de ellos han encontrado refugio en Londres,
donde han fundado el grupo Abu Nuwas, para apoyar a sus compañeros
perseguidos en Iraq.
Ali Hili, uno de los refugiados, explica: "La milicia Badr tiene el deber
de realizar la limpieza sexual de Iraq. Estamos convencidos de que han recibido
consignas favorables de Iraq para que se concentren en los homosexuales iraquíes
y otros objetivos. En la república islámica de Irán,
el régimen del presidente Mahmoud Ahmadinejad ha iniciado un solapado
pogromo contra los homosexuales, sobre todo engañando a la gente a
través de Internet. Las milicias de Badr en Iraq, entrenadas y dirigidas
por antiguos oficiales chiítas del ejército iraquí, han
hecho lo mismo en casa". El ayatolá Sistani, nacido en Irán,
representa la más alta autoridad iraquí. Está considerado
como su guía espiritual por las milicias Badr. Su fatwa, publicada
en su página web oficial, anuncia: "Los homosexuales deben ser
asesinados de la peor manera posible". Dice Ali Hili: "Cuando los
asesinos de Badr atacan y golpean a un homosexual en la calle, la gente les
aplaude. Matan también a las mujeres que van sin velo y a los que venden
alcohol, escuchan música o se visten a la manera occidental. Los hombres
solteros de más de treinta años son sospechosos de homosexualidad
y vigilados. Los Badr les dan un mes para cambiar de vida. Si persisten o
no muestran intención de casarse, son detenidos, desaparecen y aparecen
muertos. Se encuentran sus cuerpos con las manos atadas a la espalda, los
ojos vendados y una bala en la nuca".
Los amigos de los refugiados londinenses que siguen en Bagdad no se atreven
a salir de casa, y viven en un miedo permanente. Uno de ellos confirma la
eficacia asesina del programa de acoso de los milicianos a través de
Internet: "Una hora después de contactar con uno a través
del chat, esa persona fue atrapada y encontrada muerta". Ali Hili da
detalles sobre esos asesinatos: "Ammar, un hombre joven de veintisiete
años fue atraído hacia un gueto y luego asesinado de un balazo
en la cabeza en Bagdad, por miembros supuestamente procedentes de las milicias.
Haydar Faiek, una transexual de cuarenta años, fue apaleada y quemada
viva en una de las calles principales del barrio de al-Karad, en septiembre
de 2005. Naffeh, de cuarenta y cuatro años, desapareció en agosto
de 2005, y su familia supo que había sido atrapado por las milicias.
Su cuerpo apareció en enero de 2006, con las marcas habituales de la
ejecución. Sarmad y Khalid vivían juntos en el barrio al-Jemeha,
y fueron denunciados por unos desconocidos. La milicia se los llevó
y sus cuerpos aparecieron dos meses más tarde en las mismas condiciones".
Baschar, un actor de cuarenta y cuatro años, amigo de Hili, vivie todavía
en la capital iraquí y ha tenido que esconderse tras haber recibido
amenazas contra él y contra su familia. Antes de pasar a la clandestinidad,
su casa había sido investigada en varias ocasiones por las milicias.
Afortunadamente, no se encontraba en su domicilio.
Con la complicidad de los soldados americanos
Como último recurso, algunos homosexuales se dirigen a los soldados
americanos acantonados en Bagdad, pero éstos se ríen en sus
narices y dejan hacer. Ali Hili dice: "Nos tratan con desprecio, como
objetos irrisorios. No quieren meterse con las autoridades religiosas".
En efecto, los americanos han estado cortejando durante mucho tiempo a Ali
al-Sistani, y han aprobado su participación en el gobierno de coalición.
Ali Hili, que trabajaba para la radio y la televisión iraquí,
había recibido llamadas telefónicas desde Londres que le amenazaban
de muerte, procedentes de discípulos de al-Sistani instalados en el
Reino Unido, todas ellas después de que él se declarara activista
homosexual. A propósito de ello, nos cuenta: "A finales de los
ochenta y en los noventa, había todavía clubs gays en Bagdad,
pero se cerraron en 1993, cuando se impusieron las sanciones económicas
al gobierno de Sadam. A mí me detuvieron tres veces por ser homosexual,
y me torturaron. Después de varios intentos, pude huir del país,
pasando por Dubai, Jordania y Siria, hasta llegar a Inglaterra.
La cadena de televisión al-Arabiya ha informado de que se estaba preparando
un acuerdo entre bastidores para nombrar a Abdel Mahdi, miembro de la coalición
chiíta y actualmente vicepresidente de Iraq, para el puesto de primer
ministro. El acuerdo se habría llevado a cabo entre la coalición
chiíta, la lista kurda y el frente de concordia sunita. Hay motivos
para temer que la campaña de las milicias Badr contra los homosexuales
y las mujeres sin velo se convierta en política oficial iraquí
en la nueva Constitución, escrita bajo el dictado del embajador americano
en Bagdad, Zalmay Khalizad y su equipo. La sharía, ley religiosa que
castiga con la muerte a los homosexuales y a las mujeres insumisas, es el
fundamento legal de Iraq.
Hélène Hazéra
Patrick Schindler ![]()
Por la libertad integral del pensamiento
Bien conocida nos es la situacion creada por unos dibujos realizados en un
periódico de Dinamarca sobre uno de los puntales fundamentales de la
religión musulmana.Como todas las religiones, la musulmana quiere imponerse
inten tando ahogar la críti ca del pensamiento libre. Para ellos, el
pensamiento debe quedar anulado frente a ese misterio, que como todas las
religiones, no han podido demostrar, cosa esta sucedida y que los no creyentes
tenemos el derecho de pedir que se nos demuestre si quieren que se les respete.
No se le puede tener respeto a algo indemostrado, a algo en lo que no se cree.
Yo desprecio y combato la religión por lo que de falso e inquisidor
siempre ha tenido, en lo que se piensa lo nefasto que ha sido para la libertad
de los seres durante todo el curso de nuestra ya un tanto larga historia.
Las religiones, todas las religiones, han tenido como objetivo principal fanatizar
a sus fieles; destruir su personalidad para hacer de ellos muñecos
irracionales siempre dispuestos a la exterminación hacia todo aquello
que pudiese poner en duda la más mínima parcela de lo indemostrado.
Lo indemostrado, indemostrado queda, pero sus consecuencias, por muy fatídicas
que puedan ser, deben ser impuestas a todo ser existente, y éste no
tiene más mision que la aceptación de lo indemostrado si no
quiere exponerse a mayores peligros.
Las mentes religiosas, todas ellas, están constituidas para imponerse,
no para exponer valores no poseídos, y partiendo de ese principio impositivo,
considerar que nadie les debe criticar, que ellos pueden imponerse a todo
el mundo, sin que por ello la más minima crítica se les pueda
ejercer, porque sus mentes, atrofiadas por el fanatismo que toda religion
aporta, les impide comprender el derecho al análisis de todo lo que
un ser humano pueda exponer como su propio contenido. Nadie tiene el derecho
de intentar impedir que se le critique, todo aquel que algo expone está
expuesto a ser criticado; tiene que aceptar que los demás les expongan
su criterio, de lo contrario debe quedar mudo y desconocido, ya que si conocido
desea ser tiene que aceptar que los demás le expongan aquellas consideraciones
que oportunas consideren a lo por él expuesto.
Al pensamiento nadie tiene derecho ni autoridad moral para intentar impedir
su expresión.Y menos impedir su evolución porque pueda ser molesto
a una determinada religión, la que sea, a algo que indemostrado ha
sido. No acepto que se me imponga silencio. ¿Quién es nadie
para ello? Sobre algo en lo que no creo y que nefasto considero. Si se me
impone silencio, ese que me lo impone comete conmigo un crimen real y verdadero,
frente al que ellos dicen que se puede hacer con ellos al efectuar una crítica
a lo que solamente representa una creencia, no un real contenido científico
y demostrado.
A nosotros no se nos puede acusar de cualquier fanatismo nacionalista y menos
aún de racistas. Nuestros principios básicos y esenciales nos
ponen a cubierto de toda malvada intención. Somos lo que somos, y por
serlo nos expresaremos siempre con la claridad apropiada y la veracidad deseada;
no estamos limitados por ningún nacionalismo o interés particular
que pudiese desvirtuar nuestro pensamiento. Por ello, con firmeza, expresaremos
nuestro sentir y haremos oír nuestra voz de justa protesta.
Nadie desconoce la enorme y negativa influencia que la religión produce
en el interior de los pueblos musulmanes, cuyo atavismo religioso les induce
a ser juguetes de muchos intereses, que como siempre nada tienen que ver con
la religión, pero que en nombre de la religión se hacen, aprovechándose
de una creencia apropiada y fomentada por unos ayatolás que nos están
demostrando todos los días los verdaderos valores que para ellos representa
la religión. Ahí los tenemos, las montañas de vidas humanas
sacrificadas criminalmente todos los días y por todas partes. ¿A
esos "valores" quieren que nosotros nos sometamos? No y mil veces
no.
No con pocas inquietudes hemos constatado la disponibilidad de los pueblos
musulmanes para un fanatismo religioso que tanto mal le ha hecho a ellos mismos,
como también hemos podido conocer la incapacidad en que han estado
para la defensa de otras causas que tan indispensables siempre les han sido
y a las que jamás atencion les prestaran. En el proceder clásico
de todas las religiones les han inducido a un hacer en el que los pueblos
han olvidado los elementos y causas sustanciales para su propia existencia.
Sobre este particular se han encargado propios y extraños en que ajenos
permaneciesen, alejados, como si de ellos no se tratase; para poder mejor
inducirlos por los senderos de una religión que nunca los liberará
del estado general en el que se encuentran. Y es este estado lo que les ha
impedido poder llegar a conocer, que ellos deberían intentar mirar
y estudiar sus consecuencias, que ya son sumamente viejas y arcaicas para
que les puedan hacer comprender las necesidades que sobre el particular tienen.
No toda la vida de un pueblo, el que fuere, puede, ni debe, estar determinada
por la religión, ese es un estado mental negativo y que induce a situaciones
motivadas por el no aceptar lo que la religion no enseña.
Es muy grave que bajo el pretexto de respeto a una religión se intente
delimitar la libertad de pensar por quienes costumbre nunca han tenido de
pensamiento. Analicemos todos los acontecimientos de la historia que han correspondido
a estas materias y se verá que jamás el raciocinio y el respeto
al sentido evolutivo al pensamiento humano los ha guiado. Siempre ha sido
la bestialidad humana más primitiva la que se ha manifestado cuando
ha sido incitada por quienes han tenido intereses en ello.
Pero como era de esperar, nuestros ayatolás han salido a la palestra,
la Iglesia católica no ha podido perder la ocasión que le prestaban
sus "hermanos" de enfrente para remachar el clavo que de siempre
preparado tienen; estos muy santos varones, con ese cinismo que siempre han
tenido, consideran que hay que respetar las religiones, como si éstas,
todas ellas, supiesen lo que es respeto, como si alguna vez respeto hubiesen
tenido a alguien que como ellos no ha pensado. El cinismo y la falta de escrúpulos
no tienen límite. Ellos, que desde sus primeros días no han
respetado a nadie y se han impuesto a todo el el mundo, nos piden que respeto
les tengamos. Pero, ¿es que ellos saben lo que esa palabra significa?
¿Recuerdan haberla usado alguna vez y en algún lugar? Bajo un
respeto jamás por ellos observado, lo que en realidad se desea, lo
que por todos conceptos se quiere; el limitar la libertad de pensamiento y
como en los buenos tiempos en que la Iglesia ha bien conocido, y algunos de
ellos no muy lejanos, y de los que nos acordamos perfectamente bien, intentar,
de forma jesuitica, destruir eldesarrollo y derecho que el pensamiento ha
podido adquirir, conquistar y que de siempre ellos han combatido. Estos charlatanes
se intentan aprovechar de la situación creada, que les cae de perillas,
para sacar todas las ventajas que la complicidad y la cobardía política
les permite aportar. Ellos no pierden el nor te, no tienen otra cosa en qué
ocupar sus días sino en buscar la forma y manera de acrecentar su poder
entre los pueblos que de siempre han deseado dominar, porque ese ha sido el
verdadero objetivo de la Iglesia: la dominación total de los pueblos;
esto ha sido arropado con miles de mistificaciones e intentando hacer creer
que sus divinizadas creencias les autorizaba a todo eso y mucho más.
Nunca ha tenido ninguna clase de reparos en imponer aquello que han creído,
pero que jamás se han tomado la molestia de demostrar, ya que todas
las religiones parten del principio de que sus creencias deben imperar, pero
una creencia carece de ciencia y densidad.
El problema es muy grave, y por ello, aunque nos tengamos que repetir en algún
momento, no dejaremos de insistir e interrogar a quienes tantas interrogaciones
se les podrían hacer ¿Cuándo una religión ha sido
capaz de respetar el pensamiento ajeno? ¡Nunca! Siempre han intentado
destruirlo o someterlo a sus míseros intereses. La religión,
toda religión, no está hecha para el respeto y la consideración
hacia el otro. Han nacido, todas ellas, para imponerse y no será la
católica, que tanto tiene que callar, la que nos pueda dar lecciones
de un respeto que jamás conociera. Eso son realidades producidas por
el mismo proceso histórico que ella ha ido gestando y que no creemos
que tenga el cinismo de intentar negar. Su historia es muy vieja y negra;
pero sus más recientes hechos destilan sangre, no esa deliciosa y sabrosa
sangre de Jesús con la que ellos están comercializando desde
hace veinte siglos, sino la de centenares de miles de Jesús y que en
no muy lejanos días fueron sacrificados para gloria y bienestar de
la Iglesia.
No, un poco de pudor, de vergüenza, que no se nos venga hablando de respeto
para quienes jamás han respetado a nadie, para quienes solamente han
conocido, defendido e impuesto, por todos los medios a su alcance, sus míseros
y bajos intereses. No, que no se nos venga ahora, después de todas
las realidades que constituyen su historia, a gimotear jesuiticamente un respeto
inmerecido. ¡No! Que no se me pida un respeto a quien siempre he combatido
y despreciado, porque no se lo tendré, por el simple hecho de que no
se lo merecen. Las cosas hay que ganárselas para merecerlas, y nuestra
Iglesia jamás ganó ninguna clase de respeto de la parte de quienes
sus realidades puedan conocer. A su indigno comercio le pueden poner todas
las joyas que por costumbre tienen; pero la mona, aunque se vista de seda,
mona se queda. Que limpien la cloaca, que la hagan merecedora de toda clase
de consideraciones antes de querer imponer un respeto inmerecido por los propios
hechos que su conducta siempre demostrará. Para ser respetado hay que
merecerlo, y lo no merecido no es debido. El respeto hay que ganárselo
y por consiguiente merecerlo. ¿Verdad?
La libertad del pensamiento ha sido una constante lucha de todos aquellos
seres que dignos han sido para defenderlo. Bien sabemos los numerosos y perversos
enemigos que de siempre y en todo lugar encontrará y la realidad nos
demuestra que en primer lugar de esta eterna enemistad se ha encontrado la
Iglesia. Para ella no hay necesidad de pensar. Recordemos siempre aquello
ya viejo, pero siempre joven de "cree y no pienses".
En el pensamiento, la Iglesia ha encontrado siempre un tenaz opositor; alguien
que ha buscado despertar las conciencias que ella tenía por costumbre
oscurecer, porque para eso y solamente para eso, se fue constituyendo su ya
vieja existencia. La creencia en lo indemostrado, no puede aceptar un pensamiento
que aclaraciones le pida, que en ella no crea por considerarla irreal y solamente
ilusoria, y una ilusión no se puede sustentar frente al pensamiento
que de realidades quiere que los seres vivan.
Pero no solamente hay una realidad en el pensar, hay tambien, y de forma muy
precisa, el derecho al pensamiento, al que nadie tiene autoridad moral para
poner trabas. No se puede aceptar que al pensamiento humano haya quien intente
cortarle sus alas; sin ellas la especie humana regresaría a los lejanos
días de hace millones de años en que las ra mas prehumanas irían
limitando los horizontes de nuestra actualidado. No -y mil veces no- se puede
aceptar que en cuestiones de pensamiento haya quien se crea con el derecho
de limitar su acción y evolución hacia las cimas a las que los
humanos decidamos y podamos llegaro. ¿Quiénes sois para ese
vil hacer? ¿De dónde sacáis el privilegio de poder disponer
de nuestro futuro? ¿Quién os autoriza a imponernos lo que debemos
pensar y hacer? Sí, en realidad, ¿quiénes sois? Podríamos
continuar, hacer otras muchas preguntas que bien sabemos no tendrían,
como estas, ninguna respuesta, no vale la pena cansarnos con vosotros porque
bien sabemos, desde viejo, que ni respuesta ni justificación tendremos.
Nunca habéis tenido necesidad de justificaros, siempre habéis
sido así, con lo bien que de siempre os fuera. ¿Por qué
cambiar? Cuando buena montura se tiene, hay que conservarla, es razonable.
Siendo conscientes de lo que siempre será vuestra actitud, no negaremos
que de nuestra parte no estaremos dispuestos a que el valor más sustancial
de los seres humanos pueda ser mutilado por vuestros bajos intereses, ya que
en la Iglesia ha habido siempre solamente intereses que intentan disminuir
y eliminar todo aquello que sustancialmente pueda anularnos y hacernos pobres
animalitos obedientes a vuestra vieja inquisición. Que vuestro dios
me perdone, pero no estoy por haceros placer, sino todo lo contrario; instar
para que la libertad integral del pensamiento sea respetada por quienes jamás
respeto para nadie ni nada tuvieron.
Pero al mismo tiempo que se hacen estas lógicas consideraciones, por
creer que corresponden a los derechos y necesidades que nos competen, creo
también indispensable manifestar mi disconformidad con la conducta
de una sedicente intelectualidad que al permanecer silenciosa da margen a
los intereses religiosos para que dueños absolutos se consideren y
obren en consecuencia. De viejo siempre fuera que la intelectualidad, cuando
ha estado en peligro el pensamiento, levantase su voz sonora y clara para
defender lo que nuestra esencia consideramos. No pueden,aquellos seres que
del pensamiento se reclaman, permanecer en una actitud que de prolongarse,
de complicidad tendríamos que considerar. No se puede pretender y no
demostrar serlo; no vamos a caer en las mismas mistificaciones en que la propia
Iglesia siempre cayera. Es necesario ser otra cosa, sustentar otra conducta,
otro hacer más acorde con unos deberes que no se pueden dejar de hacer,
sin que ello signifique algo muy parecido a una vergonzosa claudicación,
muy cercana a la traición.
Que se me perdone la brusquedad de la expresión, pero hablando es como
mejor nos podemos entender y saber lo que todos y cada uno estamos dispuestos
a hacer frente a una nueva ofensiva de una Iglesia nunca satisfecha y siempre
dispuesta a ir eliminando todo progreso hacia la libertad total del individuo,
hacia la expresión integral de la libertad del pensamiento humano,
sin la que los seres humanos nunca seremos lo dignos que necesitamos ser y
que de nosotros depende serlo, si es que en realidad lo deseamos ser.
Que frente a este eterno peligro que de siempre se nos hace soportar, sepamos
responder con la firmeza y convicción a quienes se consideran, porque
así lo han decidido ellos por su propia voluntad, estar muy por encima
de los demás humanos y los que siempre han deseado sumir en esa por
ella deseada sumisión que se nos quiere hacer creer que el ser tiene
que tener en la Iglesia.
Ni sumisos ni silenciosos; siempre dispuestos a defender lo que son los derechos
más fundamentales de los seres humanos en contra de quienes desde siempre
los han intentado suprimir.
Despiértense aquellos que el deber tienen de estar despiertos no sea
que tanto pueda ser su dormir, que al despertar tarde, ingratas consecuencias
puedan sufrir. Despiértense antes de que tarde pudiese ser y que dormidos
y confiados, cogidos fuesen. Despierten, que el despertar a tiempo siempre
fue sano.
A mediados de la década de 1880 y después del período
de los atentados que tienen lugar en Francia, los anarquistas son llamados
por la pluma de Pouget y Pelloutier a entrar en los sindicatos buscando dos
objetivos: en primer lugar resistir al Capital y en segundo lugar tratar de
preparar desde sus filas la revolución que traerá la sociedad
libertaria. La táctica será la "acción directa",
la acción autónoma de la clase obrera cuya última manifestación
será la "Huelga General Expropiadora". Esta idea de la huelga
general revolucionaria, aunque no expresada en estos términos, es antigua,
remontándose al siglo XVIII y a la Revolución francesa, se retoma
con la Primera Internacional y vuelve a aparecer en EE UU y en Francia por
estos años.
El compañero Tortelier, uno de los militantes de primera hora del Sindicato
de Carpinteros, buen orador y propagandista, fue uno de los primeros que en
París difundió la idea de la huelga general en su concepción
revolucionaria.
De Tortelier se conoce muy poco, no dejó ningún escrito ni correspondencia.
Joseph Jean Marie Tortelier nació en 1854 y aprendió el oficio
de carpintero. Su nombre aparece por primera vez relacionado con la militancia
obrera en marzo de 1883 a raíz de la manifestación que tuvo
lugar para protestar contra el paro que azotaba a Francia por entonces. Los
obreros se concentraron en "Los Inválidos" y se asaltaron
algunas panaderías. Esto trajo detenciones y condenas desorbitadas,
hasta a seis y ocho años son condenados Emile Pouget y Louise Michel.
Tortelier fue condenado a tres meses de cárcel, de todos modos esto
no le hizo desistir de sus ideas revolucionarias y en el periódico
Le Voltaire del 15 de agosto de 1883 afirma que: "cuando al obrero no
se le dan los medios de subsistencia, este tiene el derecho a coger lo que
encuentre".
Por esta época, Tortelier aún no se declara anarquista sino
"socialista revolucionario".
Sigue participando en actos de propaganda obrera, donde continúa propugnando
la concepción revolucionaria del sindicalismo.
En agosto de 1884, con otros dos carpinteros, es elegido miembro de la delegación
que viajará a Suecia durante la Exposición Internacional.
Es en este año de 1884 cuando se convierta en anarquista. El mismo
Tortelier explicará la razón en un mitin en París el
14 de octubre: "Es una cuestión de medios. Aquellos de entre los
revolucionarios que crean en la panacea parlamentaria están en un error".
Esto lo tenían muy claro los obreros pizarreros del pueblo de Trelaze
y con ocasión de un viaje de propaganda a ese lugar, los compañeros
le habían ganado para "La Idea".
Según informes policiales de 1887, Tortelier frecuentaba diferentes
grupos anarquistas y en especial el de "La Pantera" de Batignolles,
creado en 1883 y al que pertenecía Clement Duval, que fue condenado
a muerte el 11 de enero de 1887, y más tarde conmutada la pena por
cadena perpetua, por realizar una "recuperación individual".
Tortelier se declaró amigo de Duval y se quejó de la prohibición
de testificar a su favor en el juicio.
Tortelier fue también uno de los impulsores de la Liga de los Antipatriotas
fundada en agosto-septiembre de 1886 y de la Liga de los Antipropietarios.
Esta Liga de los Antipropietarios propugnaba la huelga de alquileres para
así obligar a los propietarios de casas a mejorar las condiciones del
inmueble y adecuar los alquileres a las condiciones económicas de los
inquilinos. También intervenían en los desalojos de las familias
por parte del propietario impidiendo que éste se quedara con los enseres
de los desahuciados como compensación de los alquileres impagados.
La táctica era que ante un aviso de desalojo concertaban con la familia
para que tuvieran sus pertenencias preparadas y en la fecha indicada irrumpían
en el inmueble y ayudaban a escapar a los embargados cargando con todos sus
bienes e impidiendo que la policía interviniese. Este tipo de mudanzas
fueron muy populares e incluso se compuso una canción en su honor.
Con todas estas actividades, Tortelier mantenía su compromiso con el
movimiento obrero y su esperanza en la huelga general revolucionaria. El 9
de agosto en una reunión en la sala de Comercio con ocasión
de la huelga de los obreros de la construcción, una gran multitud se
reunió para escuchar a Louise Michel, Charles Malato y Tortelier que
desarrollaron la idea de que solamente la huelga general es capaz de conducir
a la revolución social.
Los mítines se suceden. En noviembre, Tortelier marchará a Londres
con el anarquista Virad, delegado por la Cámara Sindical de Peones,
para asistir a un congreso corporativo internacional. Allí desarrollará
su concepción revolucionaria del sindicalismo y llega a proponer, de
acuerdo a su concepción anarquista: "no hay más que un
medio para los pobres de llegar a mejorar su situación, parar el trabajo
al mismo tiempo en todas partes"; así pues, propone una huelga
general internacional que comenzaría el día de apertura de la
Exposición que iba a tener lugar en breve.
Vemos que si Tortelier no es el "reinventor" del concepto de huelga
general revolucionaria en Francia, es al menos su "apóstol"
más tenaz, incansable en su difusión, a pesar de la oposición
de muchos compañeros sindicalistas que no acababan de aprobar la incorporación
de los anarquistas a los sindicatos.
Tortelier no tiene más que un fin: organizar la huelga general, y se
entrega por completo a la propaganda que puede conducir a ella, para extenderla
a provincias es por lo que continuamente está de viaje. No hay huelga
en la que él no esté presente para enraizar esta idea, ni una
reunión pública donde no la plantee ni la defienda con todas
sus fuerzas.
Un compañero de entonces, Merméis, nos ha dejado un retrato
de Tortelier, no muy amistoso, pero vigoroso en su descripción: "Este
compañero carpintero era un hombre de corta estatura, cuello poderoso,
gestos bruscos y voz ronca, siempre desaliñado en su vestimenta. Quizás
no malo, tenía un aspecto rudo e incluso un poco espantoso. Cuando
lo mirabas, pensabas en los revolucionarios que daban cortejo a Marat y ejecutaban
a la puerta de las prisiones, en septiembre de 1792, la sentencias sumarias
de la Justicia del Pueblo".
Tortelier no dejaba de predicar de la misma manera la abstención electoral,
los perjuicios de la política, aunque fuera socialista, y la mistificación
del parlamentarismo.
Las principales etapas en la vida de Tortelier serán a partir de ahora:
1895: Apoya la campaña por la gratuidad del pan, al considerar que
con la ropa y el alojamiento gratuitos, nos encaminaríamos hacia un
consumo según las necesidades.
1896: Tortelier asiste en Londres al Congreso Internacional Socialista de
los trabajadores y Cámaras sindicales obreras que, en el plano internacional
fue el de la ruptura definitiva entre anarquistas y socialistas.
1898: El asunto Dreyfus. Como Grave y Pouget, y a diferencia de Sébastien
Faure, Tortelier estima "que los anarquistas no tienen sino que alegrarse
de que los dirigentes y los militares se peleen entre ellos".
1925: El 1 de diciembre muere el compañero Tortelier, un hombre de
acción y un militante anarquista y obrero con una vida enteramente
entregada a la difusión de las ideas emancipadoras y con una fe inquebrantable
en la revolución que ha de traer la justicia social a todos los oprimidos
del mundo.
Todavía existen "compañeros" a quienes les dicta
la conciencia general que la mujer tiene que hacerse cargo de las "tareas
del hogar" y de los hijos, es decir, que tendrían que cumplir
un mero papel servil y reproductor; mientras que el hombre saldría
a trabajar, merced a su supuestísima superioridad física y mental,
porque a ella -la compañera- y a su fisiología, la consideran
débil e inferior a él, y no estaría apta ni preparada
para tener miradas críticas que cuestionen el mundo, sus problemáticas,
las injusticias y abusos que pasan -pasamos- las mujeres.
Estos autoconsiderados, consciente o inconscientemente, "machos"
también tienen la peculiaridad de llamarse libertarios y llenarse la
boca con palabras como autonomía, solidaridad y autogestión,
cuando no se dan cuenta de que la lucha se da en la cotidianidad. Estas conductas
pasan también por el aprovechamiento de cualquier oportunidad para
tener un contacto sexual con alguna mujer que merodee por sus espacios, viendo
a la mujer como una presa o un simple objeto sexual, para subordinarla, después,
al papel de ayudante para ejercer plenamente su orden con un mandato sutil
y, en algunos casos, violento.
Muchas son las actitudes, las hay de sobra tanto como palabras escritas en
las mismas publicaciones que se llaman "anarquistas", que utilizan
en su discurso un lenguaje alta y vulgarmente sexista y homofóbico,
y es que tal vez viven estancados y engañados en el tiempo pasado,
aquella época marcadamente machista -fruto de dioses decimonónicos
y viles machistas- cuando el luchador social era el hombre y la mujer simplemente
se ocupaba de la casa, lejana a todo tipo de igualdad; esto por referirme,
incluso, a los principios de la historia del anarquismo junto a sus pensadores
más clásicos quienes no vislumbraban la liberación de
la mujer como un comienzo para entender y asumir los principios básicos
de quienes compartimos el ideal de un mundo mejor con relaciones interpersonales
horizontales y libres.
A quienes nos interesa este tema y vemos una problemática en él,
aquí tenemos un breve recuento de las teorías y prácticas
referidas a la mujer desde que se habló de ella en las páginas
ácratas, hasta cómo ha participado activamente en experiencias
revolucionarias, pero casi siempre inferior -como pidiendo permiso- y subyugada
en su mayoría hasta nuestros tiempos. Así tenemos a uno de los
fundadores y referentes del anarquismo, como Proudhon, quien refiriéndose
a los románticos sociales, los criticaría llamándolos
"mujercillas". En su libro La Pornocracia donde según sus
estudios -los de peor calibre, dicho sea de paso- inferioriza a la mujer intelectual,
física y moralmente subordinándola al papel de mera gestadora
de los hijos y de los quehaceres del hogar, para servir al hombre y la familia,
conformando un dualismo, el hombre para la producción y la mujer para
la reproducción. Dice Proudhon: "Considero funestos y estúpidos
todos nuestros ensueños sobre la emancipación de la mujer; le
niego toda clase de derecho e iniciativa políticos; creo que para la
mujer, la libertad y el bienestar consisten únicamente en el matrimonio,
la maternidad, los trabajos domésticos, la fidelidad al esposo, la
castidad y el retiro". Mostrándonos un infeliz conservadurismo
que no lo dejó ver que para hacer la revolución social tiene
que partir de los dos géneros, para liberar al hombre y a la mujer.
Luego está Bakunin quien tiene una mirada algo más acertada
en cuanto al tema de la mujer con relación al anarquismo, mostrándose
partidario de la completa emancipación del hombre y de la mujer, pidiendo
la igualdad de deberes y derechos, la unión libre, pero, resumiendo
el tema de la mujer a la educación de los hijos y a su formación
libre para la sociedad. Malatesta propone la lucha de ambos sexos y en su
Programa anarquista, aboga por: "La reconstitución de la familia,
de modo que resulte la practica del amor, libre de todo vínculo legal".
Malatesta resume su fórmula con respecto a las mujeres y al amor: "Queremos
la libertad; queremos que los hombres y las mujeres puedan amarse y unirse
libremente sin otro motivo que el amor, sin ninguna violencia legal, económica
o física. (
) ¿Y los hijos? Hijos de todos", dice,
además, un Malatesta solidario y fraterno. Fabbri, otro anarquista
italiano y amigo de Malatesta, en su libro Cartas a una mujer sobre la anarquía,
dirigiéndose a la que sería su gran compañera, refiere:
"¿Qué hará de vosotras, mujeres, el anarquismo?
Pero... ni más ni menos de lo que vosotras queráis. La anarquía
proclama ante todo la libertad individual en la igualdad".
Faltaba un punto de vista más certero, y que provenga desde la misma
mujer, cuando Emma Goldman inicia sus primeros planteamientos anarquistas
en el contexto de las problemáticas de su época, abarcando también
un cuestionamiento acerca de la problemática de la mujer luego de varias
reivindicaciones feministas tales como el derecho al sufragio de la mujer,
a la preparación superior y a algunos tipos de trabajo. Emma Goldman
planteó, dejando un gran efecto sobre el sexo femenino de su época:
"La emancipación debería permitir a la mujer convertirse
en un ser humano en el sentido más propio del término. Todo
lo que dentro de ella pugna por afirmase y actuar debería alcanzar
su más plena expresión; habría que romper todas las barreras
artificiales y eliminar todos los vestigios de siglos de sumisión y
de esclavitud que obstaculizan el camino hacia una mayor libertad", manifestándose
por el amor y la maternidad de elección libre.
Y una de las experiencias máximas donde el sol brilló por tres
años aproximadamente para los oprimidos y oprimidas fue la Revolución
Española de 1936 a 1939, donde las mujeres llevaron al hombro muchas
responsabilidades como la educación de los niños, la alfabetización
de las personas más grandes, hombres y mujeres, también en el
trabajo en la colectivización de la industria, la distribución
de los alimentos, incluso en el frente, llevando alimentos y asistiendo a
heridos; pero si se dan cuenta no cumplió un papel igualitario al hombre,
no dejaban que cargaran armas, ni que tuvieran una posición en el frente
y hacían caso omiso en la toma de decisiones de las asambleas, por
ello es que existieron dos fracciones, por un lado estaban las conservadoras
que querían que la mujer se ocupara de la nueva organización
social en las ciudades liberadas, y por el otro lado las más combativas,
quienes querían hacer la revolución con sus propias manos para
luego ejercer de un igualitario reparto de la tierra, y un mismo trato en
las relaciones personales; fue el lado más revolucionario de ese momento
para la mujer.
No podemos negar el papel politizado de la mujer, cuando en los movimientos
feministas de los años sesenta y setenta levantan un frente contra
la guerra, contra el consumismo que las vende como objeto, la conocida revolución
sexual, la salud reproductiva libre, la legalidad del aborto, y el poder asumido
por mujeres en la política, etc., pero siempre cuestionándolos,
pues dichos movimientos solamente significan y representan para los movimientos
existentes en nuestra actualidad, una forma light de la liberación
de la mujer, que sólo nos lleva a la guerra competidora de géneros
y a una institucionalización del feminismo, que no trasciende a liberar
las formas o condiciones de vida. Al igual que este feminismo institucional,
que supuestamente busca la liberación de la mujer como objetivo, y
que en realidad redunda en la competencia por la superación; el problema
del machismo y sexismo en las organizaciones anarquistas y libertarias resume
una actitud autoritaria y de remarcación de poder, lo que trae como
consecuencia: división de género e inconsecuencia en la práctica.
No olvidemos pues, que es muy importante para estos tiempos tener en cuenta
la historia anarquista y su pensamiento no sólo para que conforme nuestra
memoria y conciencia sino también para que mejoremos día a día
si es que en verdad estamos en este mismo camino, oponiéndonos y haciendo
una pared a todo lo que no nos deja vivir en libertad y romper, romper con
esa idea en términos generales sobre la emancipación de la humanidad,
de liberación del hombre, y el problema económico también
hay que extenderlo hacia la emancipación de la mujer, preocuparse por
sí mismas de la problemática que implica ser oprimida doblemente
por el sistema social injusto y por el hombre quien nos cree su propiedad,
analizando de fondo las teorías, para llegar a poder plantear un objetivo
común entre los dos géneros que esté en contra de todas
las formas de opresión, jerarquías y autoritarismos, si bien
vivimos en una sociedad donde rigen las convenciones sociales machistas, donde
incluso las mujeres en su mayoría no se dan cuenta de la problemática
en que estamos enraizadas, y eso responde a tanto cuestionamiento acerca del
porqué son tan pocas las mujeres que participamos en una organización
o colectivo anarquista, pues quienes nos afirmamos en esta lucha tenemos como
tarea el seguir intentando concienciar a mujeres y a hombres, auto-educándonos
desde nuestra perspectiva en la vida cotidiana, a nuestra familia, compañeras,
amigas, poniendo en cuestión nuestra educación con prejuicios
culturales como el que las mujeres "no sabemos trabajar en equipo",
y otros más degradantes, debatiendo sobre los medios de comunicación
social, que en sus mensajes y símbolos nos muestran una imagen discriminatoria
de la mujer y también de los homosexuales, como consumidoras en potencia
y como objetos sexuales, dejando atrás estereotipos, dándonos
un trato igualitario entre ambos sexos. Romper con este tipo de poder en las
relaciones entre géneros es responsabilidad de todas y todos ustedes.
Distribuyendo de forma equitativa los roles sociales y no dejando de lado
esta problemática, solo así llegaremos a experimentar y asumir,
en vida propia, nuestros principios éticos y morales desde la lucha
anarquista.
La relación entre el Estado y el individuo
El futuro de las tarifas, los impuestos, la finanza, la propiedad, la mujer,
el matrimonio, la familia, el sufragio, la educación, los inventos,
la literatura, la ciencia, las artes, las inclinaciones personales, el carácter
privado, la ética, la religión, estará determinado por
la respuesta que dé la humanidad al problema de cómo y en qué
medida el individuo debe obediencia al Estado.
Al tratar este asunto, el anarquismo ha considerado definir, en primer lugar,
sus términos. La concepción popular de la terminología
política es incompatible con la rigurosa exactitud requerida por la
investigación científica... Tomemos, por ejemplo, el término
Estado, que nos interesa muy particularmente. Esta es una palabra que está
en todos los labios. ¿Cuántos de quienes la usan tienen alguna
idea de lo que significa? Y, aun entre los pocos que tienen tal idea, hallamos
una gran variedad de concepciones. Con el término Estado denotamos
a instituciones que corporizan las más extremas formas del absolutismo
y a otras que lo atemperan con una mayor o menor liberalidad. Aplicamos esa
palabra a instituciones cuya única función es la agresión,
de la misma manera que a otras que además de agredir en alguna medida
defienden y protegen. Pero pocos parecen saber, o preocuparse, de la medida
en que la función esencial del Estado es la agresión o la defensa.
Frente a las diversas interpretaciones, los anarquistas, cuya misión
en el mundo es la abolición de la agresión y de todos los males
que de ella provienen, entendieron que para ser comprendidos era necesario
asignar un significado definido y explícito a los términos que
estaban obligados a emplear, especialmente los de Estado y gobierno. Examinar
otros elementos comunes a la totalidad de las instituciones comúnmente
designadas con el término Estado, y hallaron que éstos se reducían
a dos: primero, la agresión; segundo, la exclusiva posesión
de autorida dentro de un territorio dado y sobre todo lo que ese territorio
contiene, autoridad ejercida generalmente con el doble propósito de
la más completa opresión de sus súbditos y la mayor extensión
de sus fronteras. Que este segundo elemento es común a todos los Estados,
es algo que, pienso, nadie negará. No tengo conocimiento de que jamás
un Estado haya permitido la existencia de otro Estado rival dentro de sus
propios dominios, y parece evidente que si algún Estado tolerara eso
dejaría inmediatamente de ser considerado un Estado. El ejercicio de
la autoridad por dosEstados sobre un mismo territorio es una contradicción.
Probablemente sea menos admitido por la generalidad el primer elemento, que
la agresión ha sido y es común a todos los Estados. No me propongo,
sin embargo, agregar argumentos a conclusiones de Spencer, que cada día
gozan de mayor aceptación: que el Estado se origina en la agresión
y que desde su nacimiento continúa siendo una institución agresiva.
La defensa fue un agregado tardío, producido por necesidad. La introducción
de la defensa como función del Estado fue sin duda un acto forzoso,
llevado a cabo con vistas a su reforzamiento, pero que supone en principio
el inicio de la destrucción del propio Estado. La creciente importancia
de la función defensa constituye una evidencia del progreso existente
hacia la abolición del Estado.
Aparte de este enfoque del problema, los anarquistas sostienen, entonces,
que la defensa no es una función esencial del Estado; sí lo
es en cambio la agresión. ¿Pero, qué es la agresión?
Agresión es simplemente otro nombre del gobierno. Agresión,
invasión, gobierno, son términos intercambiables. La esencia
del gobierno es la dominación o la tendencia a la dominación.
Quienquiera logre dominar a otro es un gobernante, un agresor, un invasor,
y la naturaleza de tal invasión no cambia cuando es realizado por un
hombre contra otro hombre, a la manera de los delincuentes comunes, o por
un hombre contra todos los otros, como los monarcas absolutos, o por todos
los hombres contra uno, tal la democracia moderna. Por lo contrario, quien
resiste el propósito de dominación de otro no es un gobernante
ni un agresor ni un invasor, sino simplemente un defensor, un protector. La
naturaleza de esa resistencia no cambia cuando se produce entre dos individuos,
como cuando uno repele un ultraje criminal, o por un hombre contra todos los
demás, como cuando uno se niega a acatar una ley opresiva, o por todos
los hombres contra uno, el caso de los miembros de una comunidad unidos voluntariamente
para controlar a un criminal. Esta distinción entre invasión
y resistencia, entre gobierno y defensa, es de vital importancia. Sin ella
no puede haber una filosofía política válida. Es a partir
de esa distinción y de otras consideraciones que acabamos de hacer
que los anarquistas formulan las buscadas defíniciones. La definición
anarquista de gobierno es entonces: la sujeción de un individuo no
agresivo a una voluntad externa. Y la definición anarquista del Estado:
la corporización del primer invasor por un individuo o un grupo de
individuos que pretenden actuar como amos o como representantes de todos los
habitantes dentro de un territorio dado.
En cuanto al significado del restante término del asunto en discusión,
la palabra individuo, creo que presenta pocas dificultades. Aparte las sutilezas
en las que incurren algunos metafísicos, este término puede
ser usado sin temor de malentendidos. La medida en que las anteriores definiciones
obtengan o no aceptación general es asunto de menor importancia. Considero
que han sido científicamente construidas y que sirven al propósito
de la mejor transmisión del pensamiento. Con su adopción, los
anarquistas lograron su intención de ser explícitos, tienen
el derecho, por tanto, a que sus ideas sean juzgadas a la luz de tales definiciones.
Arribamos ahora a nuestro tema: ¿Qué relaciones deben existir
entre el Estado y el individuo? El método más común para
determinar esto es la apelación a alguna teoría ética
que desenvuelve la base de una obligación moral. Los anarquistas no
confían en tal método. Descartan totalmente la idea de obligación
moral, de derechos y deberes naturales inmanentes. Toda obligación
la consideran social, y no moral, y aun así no realmente obligaciones,
salvo que hayan sido consciente yvoluntariamente asumidas. Si un hombre contrae
un compromiso con otro, éste puede actuar en el sentido del mantenimiento
de tal compromiso. Pero en ausencia de un compromiso explícito, nadie,
en la medida que los anarquistas lo sostienen, tiene compromiso alguno, ni
con Dios ni con poder de ninguna otra naturaleza. Los anaquistas no sólo
son utilitarios, sino egoístas en el más amplio y completo sentido.
En lo que concierne a derechos inmanente s, esa es su única medida...
Si fuera cuestión de derecho sería, conforme los anarquistas,
una mera cuestión de fuerza, pero no es, afortunadamente, una cuestión
de derecho, sino de adecuación, de conocimiento, de ciencia -de la
ciencia de la convivencia, la ciencia de la sociedad-. La historia de la humanidad
ha sido en gran medida un largo y gradual descubrimiento de que el individuo
se beneficia en la sociedad exactamente en la medida que la sociedad es libre
y que la ley condicionante de una sociedad estable y armoniosa es el mayor
grado de libertad individual compatible con la equidad. El hombre común
de cada generación ha comprendido más clara y conscientemente
que sus antecesores. Mi semejante no es mi enemigo sino mi amigo y yo el suyo
y deberíamos reconocer mutuamente esta realidad. Debemos ayudar a cada
uno para una vida mejor, más completa y feliz, y si queremos dejar
de limitar, trabar y oprimir a los demás, estos servicios mutuos deben
ser incesantemente alimentados. ¿Por qué no permitiremos que
cada uno viva su propia vida, mientas no trasgreda los límites que
separan nuestras individualidades? Es a través de estos razonamientos
como la humanidad se acerca al verdadero contrato social, que no es, como
pensaba Rousseau, el origen de la sociedad sino la meta de una larga experiencia
social, el fruto de sus locuras y desastres. Es obvio que ese contrato, esa
ley social, desarrollada hasta su perfección, excluye toda agresión,
toda violación de la libertad igualitaria, cualquier clase de invasión.
Si consideramos ese contrato en conexión con la definición anarquista
del Estado, corporización del principio de invasión, comprobamos
que el Estado es antagónico con la sociedad y, siendo la sociedad esencial
para la vida y el desenvolvimiento de los hombres, salta a la vista la conclusión
de que la relación entre el Estado y el individuo y la del individuo
con el Estado debe ser de hostilidad y hasta tanto el Estado no haya desaparecido.
¿Pero -se podría responder a los anarquistas- que debería
hacerse con los individuos que fuera de toda duda persistirían en la
violación de la ley social, invadiendo a sus semejantes? Los anarquistas
contestan que la abolición del Estado dará lugar a una sociedad
defensiva, sobre bases voluntarias y no compulsivas que refrenará a
los invasores por los medios que resulten adecuados. "Pero eso es lo
que tenemos ahora, responderán. Entonces lo que ustedes quieren es
un simple cambio de nombres". Nada de eso. ¿Podría acaso
sostenerse por un momento que el Estado, aun tal como existe en América,
es una institución puramente defensiva? Seguramente no, salvo para
quien ve en el Estado sólo el vigilante de la esquina. No hace falta
investigar mucho para comprobar el error de tal apreciación. Porque
el primer verdadero acto del Estado, el establecimiento y recolección
compulsiva de impuestos, es en sí mismo una agresión, una violación
de la libertad igualitaria y de la misma manera todo acto subsecuente está
viciado, aun aquellos que serían puramente defensivos si fuesen pagados
por una tesorería provista por contribuciones voluntarias. ¿Cómo
es posible sancionar, bajo la ley de igual libertad, la confiscación
de los ingresos de un hombre para pagar una protección en la que no
ha pensado y que no desea? ¿Qué nombre le daremos, si lo anterior
es un ultraje, a tal confiscación cuando a la víctima se le
da una piedra en lugar de pan, opresión en lugar de protección?
Para forzar a un hombre a pagar por la violación de su propia libertad
es preciso añadir el insulto a la injuria. Esto es exactamente lo que
hace el Estado... Encontraremos que más del noventa por ciento de la
legislación existente sirve, no para reforzar esa ley social fundamental,
sino para gobernar las inclinaciones personales de los individuos o, peor
aún, para crear y sostener monopolios comerciales, industriales, financieros
y propietarios que privan al trabajo de buena parte del beneficio que recibiría
en un mercado perfectamente libre...
Lo anterior se relaciona con otras consideraciones que hacen al problema de
los individuos invasores, que es un caballo de batalla de los oponentes al
anarquismo. En alguna parte he leído o escuchado de una inscripción
para una institución caritativa: "este hospital fue construido
por un hombre piadoso, pero antes hizo los pobres para llenarlo". Eso
ocurre con nuestras prisiones. Están llenas de los criminales que nuestro
virtuoso Estado hizo con sus inicuas leyes, sus aplastantes monopolios y las
espantosas condiciones sociales que son su resultado. Creamos muchas leyes
que producen criminales y unas pocas que los castigan. ¿Sería
demasiado esperar que las nuevas condiciones sociales que deben suceder a
la abolición de toda interferencia en la producción y distribución
de bienes cambiarán finalmente las costumbres y tendencias de los hombres
como para que nuestras prisiones, nuestros policías y soldados, nuestros
desembolsos y nuestra maquinaria de defensa sean superfluos? Esta es, al menos,
la creencia de los anarquistas.
Una visión científica disidente o el anarquismo epistemológico de Paul K. Feyerabend
Como bien apunta Ernesto Sábato en Hombres y engranajes, entre los
siglos XVIII y XIX se propagó en el mundo, a manera de nuevo fetichismo,
una verdadera superstición acerca de la ciencia, ocasionada, quizá,
por el problema de la verdad del conocimiento y el trauma ocasionado por una
etapa de oscurantismo en la Edad Media, cuando el conocimiento se fundaba
en sofismas, supuestos y supersticiones fanáticas elevadas a categorías
de dogmas y axiomas incuestionables. Esto traería como consecuencia,
la búsqueda y la reflexión acerca de cómo se podría
lograr el conocimiento verdadero; entonces, fue inevitable: la ciencia pasó
a convertirse en una nueva magia y el hombre promedio, el hombre de la calle,
creía tanto más en ella cuanto menos iba comprendiédola.
Es más, la humanidad, en su mayoría, estaba convencida de que,
con su ayuda, la solución a los problemas que la aquejaban iba a llegar
pronto. Es en ese mismo contexto que aparecen las figuras de culto, los científicos,
gozando de la misma veneración que tuvieron, o tienen aún, los
chamanes, brujos y sacerdotes. Veneraciones y reverencias propias, dicho sea
de paso, de los débiles mentales. Este hombre-ciencia se convirtió
en un personaje discreto y mecanizado, pues, "a ciencia cierta",
buena parte de las cosas que hay que hacer en física, biología
o lógica (salvo gratos casos excepciones o variaciones postmodernas
pintorescas) es faena mecánica de pensamiento que puede ser ejecutada
por cualquiera con un poco (o algunos años) de trabajo mecanizado.
Se trabaja con un método, constriñéndose y recluyéndose
en un campo de ocupación intelectual cada vez más estrecho,
y ni siquiera es forzoso, para obtener abundantes resultados, poseer ideas
rigurosas sobre el sentido de éste. Ortega y Gasset arguía que
la ciencia fue progresando, en buena parte, debido al trabajo de hombres absolutamente
mediocres; que recluídos en la estrechez de su campo visual, consiguen
en efecto, descubrir nuevos hechos y hacer avanzar su ciencia, que apenas
conocen y con ella la enciclopedia del pensamiento que concienzudamente desconocen.
Con el transcurrir de los años, la ciencia formó un nucleo teórico
difuso expresado por denominaciones genéricas como "física
relativista" o "matemática conjuntista" y otro nucleo
metodológico más difuso aún y relacionado más
con instrumentos que con procedimientos (acelerador atómico, computador,
etc.). Generalmente se le atribuyen ciertas cualidades como: universalidad
sin limitaciones, carácter público intrasubjetivo, neutralidad
valorativa, política e ideológica y hasta el mismo hecho de
ser usada o aplicada susceptiblemente sin discriminaciones por la especie
humana; todas y cada una cuestionadas. Algunos filósofos, entre ellos
Popper, han afirmado que la ciencia es esencialmente conocimiento público;
pero en los hechos, la ciencia no es conocimiento público sino más
bien secreto muy bien administrado por los centros hegemónicos. Muchas
veces se ha dicho que el científico sirve fundamentalmente a la humanidad,
pero la verdad es que verdaderamente la ciencia, parida desde los mismos centros
de poder, se usa principalmente para el bienestar de aquellos y para afianzar
las relaciones de dominación que se ejercen sobre los países
dominados y dependientes. Diría Marcuse: "La racionalidad técnica
y científica y la manipulación están soldadas en nuevas
formas de control social". Sólo el "buen burgués"
estaba -y está- en la idea de que la misión de la ciencia era
acabar con las guerras y hacerle la vida más cómoda; tal vez
piense, asimismo, que la misión del arte es hacer felices y virtuosas
a sus hijas.
La gran gloria y la gran amenaza de la ciencia residen en que todo lo que
en principio no es posible, se puede hacer si existen las tecno-condiciones
y el suficiente empeño para hacerlo. Los científicos pueden
regodearse en la gloria de sus logros; pero, en los tiempos actuales, la reacción
más típica del común de las gentes consiste en temblar
ante la amenaza.
A la sombra de la Ciencia
Paul K. Feyerabend (1924-1994), epistemólogo anarquista, considerado
anticientífico, pensador crítico, punzante, irónico y
subversivo, en realidad -y exactamente- se trata de un disidente, consideró
a varios colegas suyos como "medrosos roedores académicos, que
ocultan su inseguridad detrás de una sombría defensa del status
quo" y desarrolló agudas reflexiones sobre el papel de la ciencia
en la sociedad contemporánea. Puso a la epistemología en tensión
y la obligaría a revisar sus ropajes especializados, formales y exclusivamente
académicos, enfrentando sin tregua ni contemplaciones a una tradición
largamente respetada. "Nada es más peligroso para la razón
que los vuelos de la imaginación", decía Hume y es que
demostró, además de su competencia científica, grandes
dotes de escritor y polemista.
Las ideas de Feyerabend, influido por Popper, Mill, Kuhn y Lakatos, comienzan
a gestarse siendo profesor de Filosofía en la Universidad de California,
Berkeley y profesor de Filosofía de la ciencia en el Instituto Federal
de Tecnología en Zúrich. Investigó en Física,
Astronomía y Matemáticas. Su formación como físico
y como filósofo se fue completando durante su estancia en Londres,
pero lo decisivo para el desarrollo de sus ideas fue su práctica educativa
en un medio plurirracial y multicultural. Cada fenómeno o problema
que abordaba era para él una situación única y exclusiva
que tenía que explicarse y esclarecerse de manera particular, no existían
fronteras para su curiosidad y ningún tipo de "criterio"
restringía su pensamiento: aceptaba la colaboración, en cualquier
investigación particular, de pensamientos y emociones, fe y conocimientos.
Feyerabend afirmaba que la idea de un método fijo, de una racionalidad
fija surge de una visón del hombre demasiado ingenua, es así
que propuso un pluralismo metodológico donde deberían buscarse
propuestas alternativas. Una propuesta de visiones, temperamentos y actitudes
diferentes que den lugar a juicios y métodos de acercamiento diferentes
donde solamente un principio pueda ser defendido bajo cualquier circunstancia:
Todo vale. Estos principios fueron planteados básicamente en Contra
el método y ampliados posteriormente en Adiós a la razón.
Feyerabend llegó a proponer un procedimiento contrainductivo, basado
en la contradicción sistemática de teorías y resultados
experimentales bien establecidos y aumentar el contenido empírico con
la ayuda del principio de proliferación. Para esto el científico
debería ser heterodoxo y proponer ideas contrapuestas, habría
que ir contra el metodólogo que repite y aplica como esclavo los principios
y declaraciones más recientes de los que dirigen la Física,
aunque al hacerlo, viole algunas -si no todas- de las reglas básicas
de su propio oficio. Se deben proponer ideas distintas, recurriendo para ello,
como fuente de inspiración, a lo que haga falta, incluso a teorías
antiguas y desechadas, sin que importe para nada que hayan sido "falseadas
empíricamente" en su tiempo o que, probablemente, tengan orígenes
metafísicos, religiosos o míticos. La idea era buscar sistemas
conceptuales que choquen con los datos experimentales aceptados, e incluso
proponer nuevas formas de percepción del mundo, hasta entonces ignoradas.
El científico haría uso de cuanto tenga a mano: sugerencias
heurísticas, concepciones del mundo, disparates metafísicos,
restos y fragmentos de teorías abandonadas, etc. Bertrand Russell dijo
al respecto: "Incluso la cauta y paciente investigación científica
de la verdad, que parece la antítesis de la rápida certidumbre
del místico, puede ser fomentada y nutrida por el espíritu en
que se mueve y vive el misticismo". La infalibilidad del método
científico fue confrontada por Feyerabend: "La idea de un método
que contenga principios firmes, inalterables, y absolutamente obligatorios
que rijan el quehacer científico tropieza con dificultades considerables
al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica.
Descubrimos, entonces, que no hay una sola regla, por plausible que sea, y
por firmemente basada que esté en la epistemología, que no sea
infringida en una ocasión u otra". El atomismo antiguo, la revolución
copernicana, el atomismo moderno, la teoría ondulatoria de la luz y
otras muchas surgieron, además, contraviniendo, explícita o
implícitamente, reglas metodológicas generalmente aceptadas.
Finalmente la unidad de opinión no es deseable, salvo que resulte de
la más libre y completa comparación de opiniones opuestas, y
la diversidad no es un mal, sino un bien, la cual es necesaria no sólo
para el avance del conocimiento sino también para el desarrollo de
nuestra individualidad.
Ortega y Gasset argumentaba, con fundamentada razón, que "el científico
ha sido y es, como hombre, un mostruo, un maniático cuando no un demente",
y además resaltaba la notoria facilidad con que los científicos
se han entregado siempre a las tiranías. Y Feyerabend lo corroboraba,
para él la ciencia en un principio estuvo enfrentada a formas de pensamiento
dogmáticas, a ciertas ideologías heredadas imperantes; pero,
con el transcurrir del tiempo, una nueva ilustración se había
configurado; y es que, en la actualidad, ésta (la ciencia) tiene todas
las características de una religión, llamada cientifismo. En
los colegios, por ejemplo, la ciencia se enseña con el mismo valor
de verdad que los dogmas de fe religiosos, sin alentar, en ningún caso,
perspectivas más amplias de observar los fenómenos y las cosas,
mientras que el adoctrinamiento en las universidades y centros de educación
superior es mucho más sofisticado y riguroso y, por ende, sin ningún
tipo de cuestionamiento a la actividad científica. Feyerabend da cuenta
de estas problematicas, donde la ciencia se ha transformado y se ha asentado
como verdad única, inalterable e infalible. No hay quien no le haga
reverencias, lo cual le da libertad de proselitismo político y poder
tecnocrático. Como toda religión institucionalizada y poderosa,
no se le puede desligar del Estado; muchas veces, además, la ciencia
se ha impuesto por la fuerza y no por el diálogo o el convencimiento
como en el caso de los países no occidentales donde se llegó
a exterminar otras muchas formas de saber. Feyerabend en La ciencia en una
sociedad libre planteó que ésta (la sociedad libre) no se impone,
sino que surgirá cuando la gente que resuelve problemas concretos colabore
en su creación. Además afirma que la sociedad libre insiste
en la separación entre la ciencia y el Estado. Las comunidades científicas
o la "Iglesia Universal de la Razón y la Verdad y del Pensamiento
Unico" han perdido incluso su relativa autonomía de antaño
en otras épocas históricas, ahora dependen de la gran industria,
por una parte, y de la política científica del Estado correspondiente.
Existe una ciencia aplicada que puede generar grandes beneficios económicos
a la empresa patrocinadora o como en el caso de ciencia amarrada con el Estado
que suele tender a priorizar determinadas líneas de investigación,
dando lugar a que el progreso científico sólo vaya en algunas
y determinadas direcciones. Científicos, técnicos y especialistas
sirviendo como refrendos de las políticas de los Estados y las multinacionales.
Paul K. Feyerabend murió el 11 de febrero de 1994, a los 70 años,
dejándonos una severa advertencia sobre el progresivo auge de la ciencia
y de la tecnología y su influencia en las areas más diversas
del ser humano, sociales, políticas y hasta militares, en el futuro.
Y es que pareciera predominar en aquellos campos (los científicos)
una autosuficiencia flagrante, como cuando Mario Bunge responde frente a cuestionamientos
sobre el arrollador avance científico y sus consecuencias político-sociales,
manifestando vaga e irresponsablemente: "toda innovación tiene
sus incovenientes". Cuando se trata de Chernobyl, el efecto invernadero,
los envenenamientos de ríos y mares, Hiroshima y Nagasaki, u otros
desastres ecológicos y sociales los científicos vacilan en sus
respuestas. O callan. La Ciencia oficial siempre pretenderá ser la
portadora absoluta de la verdad absoluta dando cabida a nuevos cultos de instancias
abstractas como el de la razón objetiva, por la cual se ha sacrificado
mucho, en guerras y masacres, demostrando ser tan represiva como la idea de
la "verdad revelada", entonces no nos queda otra que transitar,
como Feyerabend, los caminos de la recionalidad humana y despertar de ese
letargo cientifista, porque como dijo Cioran: "Frente al hombre abstracto,
que piensa por el placer de pensar, se alza el hombre visceral, el pensador
determinado por un desequilibrio vital que se sitúa más allá
de las ciencias y del arte. Me gustan los pensamientos que conservan un aroma
de sangre y de carne. Los hombres no han comprendido aún que la época
de las preocupaciones superficiales e inteligentes se ha acabado y que el
problema del sufrimiento es infinitamente más revelador que el del
silogismo, un grito de deseperación infinitamente más significativo
que una observación sutil... ¿Por qué no dejamos de admitir
el valor exclusivo de las verdades vivas".
Luis Rodríguez
(Desobediencia) ![]()
La
relación entre el Estado
y el individuo
Una
visión científica disidente o
el anarquismo epistemológico
de Paul K. Feyerabend