
SECCIONES
La lucha contra la precariedad en Francia
El 16 de enero de 2006, el primer ministro Villepin anuncia la creación
de un nuevo contrato de trabajo, el Contrato Primer Empleo (CPE, Contrat Première
Embauche). Este contrato se dirige a los jóvenes, entre los que el
paro alcanza al 40 por 100 en algunos barrios, uno de los más importantes
de Europa. Este contrato permite al patrón despedir al trabajador en
un plazo de 24 meses sin tener que justificar la razón. Es una novedad
en el derecho laboral francés: instauraría una diferencia de
derechos entre jóvenes de menos de 26 años y el resto. El CPE
permite también al empresario anular el contrato y proponer uno nuevo
idéntico a la misma persona, lo que hace durar la precariedad del puesto
de trabajo. Además de la dificultad de los jóvenes para encontrar
un alquiler con este tipo de contrato tan inseguro, se instaura una competencia
nueva entre trabajadores con contrato clásico, normalmente mejor protegidos,
y los jóvenes con el CPE.
De manera global, este contrato es una nueva tentativa de generalizar la precariedad,
inscribiéndola entre los derechos laborales, sin poner remedio a las
dificultades de los jóvenes. Resulta una continuación de las
recientes medidas del gobierno, como la rebaja en la edad de los aprendices
o el Contrato de Nuevo Empleo (CNE, Contrat Nouvelle Embauche) que instaura
un período de prueba de dos años antes del contrato definitivo.
Este contrato ya impedía a los asalariados hacer huelga, estar enfermos,
quedar embarazadas
durante dos años, de lo contrario
Algunos días después del anuncio del CPE, aparece la protesta,
tímida. Los estudiantes son los más decididos, ya que serán
los primeros afectados por estos contratos. Tienen lugar las primeras manifestaciones
y el movimiento desemboca el 7 de febrero en una jornada nacional de manifestaciones
y de huelgas en el mundo laboral y en las universidades. Las vacaciones de
invierno no interrumpieron la protesta. No obstante, el gobierno hace adoptar
el CPE el 10 de febrero, gracias a su mayoría parlamentaria. Los días
siguientes, continúan las manifestaciones y son ocupadas las universidades.
El 7 de marzo, una nueva jornada de acción moviliza a cerca de un millón
de personas que manifiestan su rechazo a el CPE. El 9 de marzo, la Cámara
de Diputados aprueba definitivamente el CPE, cuando la cólera estalla
por todas partes. Las huelgas se multiplican en el sector de la enseñanza,
en apoyo a los estudiantes, y ahora le toca el turno de la ocupación
a los liceos de todo el país. El 16 de marzo, nueva movilización
nacional de estudiantes, esta vez también los de enseñanza media,
fortísima. Por todas partes se producen incidentes como respuesta a
la inflexibilidad del gobierno de revisar su postura, o para responder a los
grupos de extrema derecha que intentan "liberar las universidades de
izquierdistas" con armas. El 18 de marzo, más de un millón
de personas se manifiestan en Francia, 60 facultades son ocupadas o cerradas.
La movilización no decae, al contrario. En el momento de escribir estas
líneas, todas las organizaciones sindicales de trabajadores y estudiantes
convocan a una nueva jornada de acción el 28 de marzo. A la espectativa,
las coordinadoras de estudiantes en huelga, las oganizaciones sindicales de
enseñanza media y de estudiantes convocan a la huelga general y al
bloqueo de los liceos y las universidades.
El fin de un período de fracasos
Este movimiento es continuación de una protesta social que parece acelerarse
en Francia. El 4 de octubre de 2005, las huelgas y manifestaciones fueron
la respuesta contra la precariedad y por el mantenimiento de los servicios
públicos. Semanas más tarde, los jóvenes de los suburbios
dejaban estallar su cólera y su desesperación y se enfrentaban
a las autoridades en la calle. Y ahora son los estudiantes acompañados
de los asalariados. Esta situación, que no tiene nada que ver con el
Mayo del 68 ni con ningún proceso prerrevolucionario, obliga a constatar
que la conciencia social no ha muerto. Las reivindicaciones van en aumento:
manifestaciones, asambleas generales de estudiantes
enlazan ahora con
la precariedad general, o con los efectos de la represión sufrida por
los jóvenes de los suburbios en 2005. La solidaridad se establece en
temas concretos o a través de reivindicaciones más globales.
Por regla general, los estudiantes son muy celosos de su independencia. En
ocasiones rechazan la relación con los trabajadores sindicalistas.
Desconfían de las organizaciones políticas y sindicales y han
creado su coordinadora nacional. Tienen razón: el movimiento de rechazo
al CPE está muy asimilado sindicalmente por los partidos de izquierda
y de extrema izquierda. El objetivo de estos representantes sindicales de
los partidos gubernamentales de la izquierda es orientar a la opinión
pública (opuesta al CPE en un 68 por 100) contra el gobierno de cara
a las elecciones de 2007. De ahí, la necesidad de controlar el movimiento
que parece tímido ante la incapacidad de los sindicatos a la hora de
convocar una huelga general indefinida para obtener la retirada del CPE.
Este endurecimiento del movimiento es deseado por gran parte de la opinión
pública. En primer lugar por los estudiantes que están en lucha
desde hace cinco semanas, igualmente por un numero creciente de gente que
no entiende la negativa de Villepin a retirar el proyecto. Desgraciadamente,
las burocracias sindicales, en sus precauciones para no desestabilizar el
orden social desigualitario, rechazan participar en el combate decisivo. La
base crítica de los sindicatos mayoritarios, los sindicatos alternativos
SUD y CNT francesa, con el apoyo de los anarquistas, no bastan para invertir
los términos. El gobierno se niega a dar marcha atrás, por lo
que se ha entablado una guerra social de desgaste. Sin embargo, la victoria
es necesaria contra el CPE, pero también porque de lo contrario, un
nuevo período de depresión y desánimo profundos se apoderaría
otra vez de las capas más combativas del sindicalismo y la militancia.
Este sueño social de 2005 y 2006 es la continuación de una sucesión
de años negros donde han sido numerosos y sin respuesta adecuada los
retrocesos sociales, como si los explotados ya no creyeran en su capacidad
de hacer cambiar las cosas
¡No es una revolución!
No obstante, hay mejores perspectivas. Como siempre en las luchas largas,
las conciencias colectivas maduran deprisa; aparecen las contradicciones de
los políticos, el aprendizaje de la democracia directa, las prácticas
autogestionarias y colectivas, la afirmación de la autonomía,
los debates ideológicos sobre los aprovechados y las víctimas
de la precariedad
se difunden. La nueva generación se está
politizando notablemente. Muchos de ellos son sensibles a ideas que abren
perspectivas combativas anticapitalistas y libertarias.
De momento, los anarquistas y anarcosindicalistas están presentes,
en la medida de sus posibilidades, en ese vasto movimiento de rechazo. Insisten
y participan en la creación y comunicación entre ellos de asambleas
generales, en la autogestión y la independencia de las luchas, en sensibilizar
a la población a favor de la huelga general ilimitada, en participar
en las manifestaciones sobre sus propias ideas clave: la huelga general contra
el capital que explota y el Estado que vigila y reprime, y la autogestión
de los medios de producción, de distribución y de educación.
¿Son un escándalo las torturas en Iraq?
Ante las nuevas denuncias sobre abusos de las tropas aliadas en Iraq la reacción
de los mass media es de indignación y sorpresa. Todo comenzó
con el escándalo de las torturas en la prisión iraquí
de Abu Ghraib: un hombre con la garganta desgarrada, otro cubierto con lo
que parecen ser excrementos... se produjo una investigación de crímenes
del ejército, al final resultó ser "una falla en la disciplina
de la unidad de la prisión iraquí, que no respondía a
una política oficial".
Continuó el año pasado con los abusos de varios prisioneros,
a los que obligaron a simular actos sexuales en el campo de Bread Basket,
al sur de Iraq.
Su último capítulo ha sido en estos días, cuando han
salido a la luz nuevas pruebas, en este caso, un vídeo, que reavivan
el escándalo de las torturas de Iraq. Me pregunto: ¿de verdad
alguien se sorprende por estas noticias?
Analicemos la situación: una guerra es sinónimo lucha, de hostilidad
declarada, de enemistad absoluta y radical, esta pugna es tal que los contendientes
están dispuestos a combatir hasta morir.
Iraq hoy es un país ocupado por ejércitos extranjeros (no entraremos
en analizar si esto es un estado de guerra de hecho, pero es evidente que
no es una situación que denominaríamos de paz) En este marco
se producen los abusos, la prensa comenta: "quizás lo más
chocante es que ninguno de los soldados que sigue entrando, de vuelta al campamento
tras disolver a los manifestantes que estaban en la calle, parecen sorprendidos
al ver la paliza que sus compañeros están propinando a los detenidos.
Nadie intenta frenarles. Es como si estuvieran acostumbrados a ver esas cosas"
(El País, 13 de febrero de 2006).
Son soldados armados en un país en el que todos los días mueren
personas de forma violenta (bombas, tiroteos...). Entonces la sorpresa mediática
es o hipocresía o ignorancia. La tesis de este artículo defiende
la segunda postura, creemos que tiene más enjundia que la maldad humana.
Esta segunda hipótesis (la ignorancia) esconde todo un universo de
creencias y presupuestos teóricos tras de sí. Heredera del ala
más optimista del racionalismo ilustrado se cree que la razón
iluminará el mundo, y poco a poco habitará también en
el ámbito de lo que tradicionalmente era irracional. Sus seguidores
afirman con orgullo que la razón ha colonizado ya el mundo natural
(véase las leyes físicas, los estudios de genética, conocimientos
médicos...). Nadie duda de que hoy lo científico-tecnológico
domina el mundo, pero, y aquí esta lo importante, éstos (los
ignorantes) sostienen que este avance sin freno, ni retroceso, de lo racional
también se expande al ámbito de lo ético, lo político
y de todas las relaciones humanas. Por eso son ignorantes, creen profunda
y sinceramente que lo social va siendo poco a poco habitado por lo racional,
son unos visionarios iluminados. Su discurso afirma que aunque todavía
no hayamos conseguido la globalización racional en todas las áreas
humanas, estamos en progreso, es decir, vamos avanzando. De ahí que
sostengan, ingenuamente, que se empieza a producir "la guerra limpia":
frente a la barbarie de tiempos pasados ahora la guerra es sólo un
enfrentamiento guiado por la razón en la que únicamente se utilice
la violencia estrictamente necesaria y racionalmente calculada. Los ejércitos
sólo utilizan las armas como herramientas disuasorias.
Que alguien les quite las vendas de los ojos, eso no ocurrirá nunca,
viven en un mundo de ilusión y fantasía, carente de realidad
socio-política. El humano, para lo bueno y para lo malo, es mucho más
que razón, también es pasión, deseo, sentimientos, emociones...
o como lo llamemos. Lo no-racional transita y constituye el ser de cada uno
de nosotros, y aflora, alimenta y da vida a las conductas sociales. El deseo
forma parte de la esencia del ser humano, es un motor de nuestras acciones
morales. Los humanos no tienen a la razón como único fundamento
de la voluntad sino que ésta se encuentra también sometida al
influjo de sus inclinaciones y deseos. Hablando estrictamente, lo que somos
es una mezcla de todo, no se da ninguna facultad absoluta de entender, desear,
amar...
Afirman que se puede dar la "guerra limpia" porque, cuando piensan
en el hombre, se refieren al sujeto predominante en la tradición judeo-cristiana
y burguesa, esto es, al individuo aislado, con un alma racional autotransparente,
dotado de libre albedrío, cuyo deber moral es dominar y controlar al
cuerpo y sus afectos que son el origen y condición del mal.
Pero la realidad es que el hombre que habita nuestra sociedad es un ser deseante-racional,
de ahí que determinados acciones humanas siempre estarán regidas
por la sin-razón, la guerra es uno de estos territorios, estas siempre
serán sangrientas, violentas, brutales... Dejar de soñar, nunca
habrá una guerra pacífica regida por las normas de la razón
y las buenas costumbres, es una contradicción en los términos,
es el agua seca, es una imposibilidad lógica y ontológica. En
las guerras se dan todas las formas de agresión, violaciones, abusos,
vejaciones de todo tipo y maneras imaginadas e imaginables.
No se puede enviar a hombres a matar y a morir, y al mismo tiempo pretender
que sean educados y respetuosos con el enemigo. Si algún día
se construyen soldados cibernéticos, si en lugar de soldados humanos
hubiese soldados-máquinas, estos serían tales que por sus venas
biónicas circularía el flujo de la crueldad y de la violencia.
¿Son un escándalo las torturas en Iraq? El escándalo
reside en el hecho de la existencia de guerras, de prisioneros de ellas, de
ejércitos armados... lo demás es tan sólo condición
humana.
Debemos recordar que el integrismo islamista ha sido alentado por EE UU con
la pretensión de manipular el mundo a su antojo. La guerra de Iraq
no tiene como objetivo llevar la democracia y la prosperidad a los árabes,
sino crear una situación de guerra total de todos contra todos, un
caos que le permita dominar los yacimientos de petróleo. En este proceso,
las organizaciones terroristas islámicas son marionetas de los servicios
secretos de EE UU, que cumplen el programa de la hoja de ruta oculta. La arrogante
prepotencia con la que se conduce EE UU, su incapacidad para reconocer errores,
la complejidad del sistema que trata de manipular producen que cualquier intervención
sea impredecible, por lo que consigue efectos opuestos a los que pretende.
Todo indica que la está pifiando alegremente y los errores que comete
llevan al mundo al borde del precipicio.
Para que se manifieste el carácter instrumental que el integrismo islamista
tiene para EE UU conviene situarnos después de la Segunda Guerra Mundial,
cuando las tensiones de la guerra fría se desfogaban en los escenarios
que brindaba el tercer mundo. La consecuencia de la guerra fría, el
triunfo de EE UU, coincide con la culminación del proceso de descolonización.
En junio de 1948 abandona India el último gobernador inglés.
En octubre de 1949 se proclama la República Popular China. Argelia,
Vietnam, el fin del apartheid sudafricano... muestran que el proceso fue doloroso
en todos los países. La libertad de esos pueblos, como siempre, fue
fruto de las guerras libradas contra las potencias colonizadoras. Este proceso
de descolonización no ha concluido, ya que EE UU pretende suplantar
la antigua estructura imperial por una dominación neocolonial basada
en la dependencia económica, imponiendo gobiernos títeres allí
donde sus intereses no admiten descuidos, y llegando a la intervención
militar cuando no da resultado la manipulación política.
Hoy, de este proceso de descolonización, China e India han surgido
como potencias mundiales, con una cultura, economía y ejércitos
imposibles de digerir por EE UU. Lo que nos permite suponer que en el futuro
estas dos regiones se desarrollarán en función de sus dinámicas
internas, cada vez más independientes de la voluntad de EE UU. Quedan
por definir otros tres grandes bloques: el mundo musulmán, la América
Latina y el África negra.
El proceso en el mundo musulmán es especialmente complejo por el carácter
estratégico del petróleo y por la singularidad cultural del
Islam. En los años sesenta parecía que los países árabes
se iban a articular en torno a una identidad única, laica y socialista,
donde las ingresos del petróleo permitirían iniciar un proceso
de modernización y desarrollo rápido que les permitiría
confluir con la orilla cristiana del mediterráneo. Este proceso es
abortado por EE UU, que teme que unos países árabes independientes
y prósperos fortalezcan el bloque de los no alineados, y le resten
fuerzas en el pulso que mantiene con la URSS. Así el sueño de
un Mediterráneo regenerado, crisol donde se desenfundan razas, credos
y culturas deviene en tarea imposible. Ahora los integrismos religiosos de
las dos orillas amenazan con enviarnos a todos de nuevo a la Edad Media.
El integrismo religioso de los neoconservadores americanos tiene su trasunto
en el integrismo islamista. Uno es causa del otro. Si uno desaparece el otro
pierde su razón de ser.
Las pruebas de cómo se alimentan mutuamente los integrismos son tan
abrumadoras que alguien puede suponer que actúan de forma concertada.
Sin ánimo de ser exhaustivos podemos enumerar:
-Los puntos oscuros del ataque a las Torres Gemelas. Sobre todo el que los
Fondos de Inversión ligados a los sectores neoconservadores hicieran
fortuna apostando al hundimiento de la Bolsa en la fecha del ataque.
-La relación de amistad comercial entre los Bush y los Bin Laden. Antes,
durante y después del ataque.
-La alianza militar entre EE UU y los talibanes en la guerra de Afganistán,
que dio la puntilla al régimen soviético.
-El apoyo de Israel en los años ochenta a los integristas de Hamás
para erosionar el poder de Al Fatah.
-El hecho de que la mayoría de las víctimas del Al Qaeda en
Iraq son chiítas, atacados incluso en las mezquitas con ocasión
de celebraciones religiosas.
-La deriva autoritaria de EE UU, que estaba diseñada con anterioridad
al ataque a las Torres Gemelas. Es precisamente ese ataque quien la justifica,
la causa que permite aplicarla sin que nadie rechiste. Hay un recorte de derechos
civiles y libertades políticas, con riesgo evidente de que EE UU se
convierta en una república plebiscitaria, donde un presidente con poderes
absolutos, con la excusa de luchar contra un terrorismo que ellos mismos han
creado, se convierta en dictador absoluto. EE UU, como todas las potencias
absolutas, ha caído en la tentación del inmovilismo, ensimismado
en las grandezas conseguidas, abstraído de la realidad, funcionando
como un autómata.
No quiero realizar ninguna especulación. Incluso a pesar de las evidencias,
no quiero creer que exista un acuerdo tácito entre los fundamentalistas,
y aunque lo hubiera, no creo que exista ninguna conspiración que sea
capaz de gobernar la complejidad y despejar la incertidumbre, el azar, de
los acontecimientos históricos. Pero es evidente que hay una dinámica
de la que salen fortalecidos los fundamentalistas. Son ellos quienes llevan
la iniciativa e imponen su programa. El incidente de los dibujos de Mahoma
nos da una idea de esa dinámica. Un periódico de la ultraderecha
danés brinda la oportunidad a los integristas islámicos para
atacar las libertades en Europa. De ese incidente salen fortalecidos los integristas
de ambas orillas. Con la paradoja de que los movimientos neonazis coinciden
con el integrismo islámico en la táctica interpretativa que
aplican al holocausto judío.
No se puede seguir ignorando que al haber dejado la iniciativa a los fundamentalistas,
se han desbocado de nuevo los caballos del Apocalipsis, surge la amenaza de
las guerras de religión, tan despiadadas como absurdas. Otra vez el
miedo a la libertad, la autocensura, el coserse la boca, el no pensar lo que
se sabe, el no decir lo que se piensa, el sentirse aterrorizado, sin capacidad
de actuación, ante un futuro incierto.
Esto ocurre porque las sociedades occidentales modernas han traicionado el
ideario que las alumbró. El Mercado ha suplantado absolutamente a la
soberanía popular. El sistema parlamentario de representación
de la soberanía popular es un fósil que solamente sirve para
legitimar los desafueros del Capital, verdadero amo y legislador. El Capital
ha perdido sus complejos, cual monarca absoluto se exhibe con orgullo, libre
de controles, regulaciones y ataduras. Todo se supedita a él, para
mayor gloria de su divinidad. A la humanidad y a la naturaleza se las sacrifica
constantemente en el altar del beneficio.
Las sociedades dominadas por este monstruo son fiel reflejo de su naturaleza.
Las relaciones interpersonales se han convertido en relaciones de dominación,
donde el más ambicioso y violento triunfa. Las esperazas de justicia,
libertad, solidaridad "prisiones son donde al más activo nacen
canas", quien no se desprenda de ellas, no prospera.
Una de las consecuencias más visibles es que la cohesión social
se ha roto. Los sistemas de solidaridad han desaparecido, las pensiones, la
sanidad, la educación... públicas están degradadas. En
este ambiente los conflictos "identitarios" se exacerban. Al individuo
no le sirve de nada ser ciudadano, eso no le confiere garantía ni seguridad
alguna, así que su esperanza la pone en la tribu, en la secta, o en
la iglesia. Es así como el individuo adquiere la identidad, la dignidad,
que le niega el sistema.
Los políticos se "sorprenden" de que las segundas o terceras
generaciones de inmigrantes estén menos integradas en el sistema que
sus padres y abuelos. No quieren reconocer que la causa es el cambio social
que se ha producido en los últimos treinta años. Las sociedades
han pasado de aplicar la integración, a practicar la segregación
social. No solamente estos descendientes de inmigrantes, hoy las tensiones
y requerimientos del sistema son tan perentorias, que cada vez más
gente cae en la exclusión social. Se han desmontado los mecanismos
que en caso de crisis amortiguaban la caída y facilitaban la recuperación.
Así que los jóvenes sudamericanos se agrupan en bandas violentas,
los árabes en mezquitas integristas y los nativos en dogmas ultranacionalistas.
Esta exacerbación "identitaria" no es la causa de conflictos
futuros. Es la desaparición de lo social, de lo ciudadano, el predominio
del Capital, lo que causa los conflictos, ya casi guerras declaradas, "identitarias".
Si a esta situación de explosión social añadimos la inocultable
degradación ambiental, con sus secuelas de catástrofes naturales,
cada vez de mayor envergadura, el futuro no puede ser más desolador.
Sobre todo cuando carecemos de instrumentos para hacer frente a estos desastres.
Los gobernantes y magnates inconscientes que dirigen el mundo. La manipulación
de los medios de comunicación. Todo parece dispuesto para producir
la asfixia de la sociedad civil, impedir que se movilice ante esta situación
de emergencia.
Este retorno de la sinrazón coincide con un repliegue de las ideas
de emancipación social. Hay que reconstruir la participación
política, promocionando la intervención directa de los ciudadanos
y desmontando los instrumentos de mediatización. Hay que limitar y
regular el mercado, para que los deseos y necesidades de las personas y la
naturaleza sean atendidos. Hay que dar prioridad a lo social, público
y natural, sobre lo privado, individual y artificial. Hay que destruir cualquier
poder o institución que esté por encima o al margen de la soberanía
popular. Hay que restablecer a la razón como guía de la sociedad,
reduciendo los dogmas y creencias al ámbito de lo particular. Está
en juego el futuro del Planeta.
En esta tarea no hay que ser mezquinos ni sectarios. Nadie tiene la verdad
absoluta. Solamente aquellas iniciativas que sean capaces de integrar a colectivos
heterogéneos, para conseguir objetivos comunes, tendrán posibilidad
de éxito. No es momento de crear conflictos y enfrentamientos, de esto
andamos sobrados. Hay que tener capacidad de gestionar la exclusión
que produce el sistema, e integrarla en valores de solidaridad, igualdad y
libertad. Esa exclusión debe organizarse para recuperar los recursos
y espacios con los que atender sus necesidades y demostrar que esa gestión
es más eficaz, productiva y sostenible que la que ofrece el sistema.
Cuestiones de la libertad de expresión
Sacar las cosas de contexto y mezclar distintos conceptos es algo que a los
políticos oficiales y a los periodistas afectos al sistema en el que
vivimos les encanta y se les da de maravilla.
En las últimas semanas hemos comprobado a través de dos noticias
bastante suculentas, que la premisa anterior se cumple a rajatabla. Al crearse
ese estado de opinión un anarquista debe hacer un análisis de
por qué se producen tales cuestiones y sobre todo emitir una opinión
sobre acontecimientos importantes en el contexto internacional.
La primera de estas noticias ha sido las tan traídas caricaturas de
Mahoma. A tenor de la publicación por parte de un periódico
danés de un Mahoma con bombas en la cabeza, se ha desatado toda una
serie de opiniones y de acciones, tanto en el mundo occidental como en el
mundo árabe, sobre este acontecimiento. Lo primero que habría
que decir es que esas caricaturas no son nuevas. Ya salieron el septiembre
pasado y no provocaron ningún tipo de reacción. Sin embargo
a alguien le ha interesado que ahora se le diera mayor circulación
y provocara una autentica "guerra de las caricaturas". Hemos escuchado
las opiniones más absurdas. Desde aquellos que defendían la
idea de que cada periódico tiene su libertad de expresión y
puede publicar lo que quiera, hasta aquellos que decían que la libertad
de expresión tiene un límite y hay que respetar las creencias
religiosas de la gente. Y es curioso que esta segunda opinión la emitan
Estados y dirigentes que ni en sus propias fronteras respetan la libertad
de movimiento de las personas.
Ante estas dos opiniones hay varios comentarios al respecto. ¿Ha respetado
la religión a lo largo de la historia la creencia o pensamiento de
los demás? A los hechos históricos nos remitimos. Ni el catolicismo
ni el islamismo ni el judaísmo ni cualquier religión que pongamos
encima del tapete se ha caracterizado por la tolerancia y el respeto. Los
católicos han tenido y tienen su inquisición, de la cual hasta
hace muy poco era dirigente el actual jefe de la Iglesia católica,
Benedicto XVI. A lo largo de la historia la religión ha bendecido las
armas en la guerra y ha llamado a la aniquilación del "enemigo
ateo y materialista". El islamismo, que es la religión que con
estas caricaturas se pone en tela de juicio, tiene los mismos parámetros.
Con concepciones medievales, los islamistas tienden a la creación de
regímenes teocráticos, donde los derechos más elementales
son sistemáticamente vulnerados. Si recopilamos un poco vemos que en
países islámicos la pena de muerte por lapidación sigue
vigente; en Irán mas de 5.000 homosexuales han sido asesinados por
el régimen desde la llegada de Jomeini, los derechos de las mujeres
son vejados, etc. Durante el régimen talibán en Afganistán
destruyeron obras de arte bajo la pretensión de que eran hijas de Satán
y cuestiones por el estilo.
Es decir, que aquellos que reclaman respeto, no respetan nada. Lo absurdo
llega con las democracias occidentales, que llaman a la calma diciendo que
tenemos que respetarnos unos a otros, que hay que respetar la libertad de
expresión y también a los musulmanes. Mientras los islamistas
destruían embajadas, llamaban a la guerra santa e incluso en Arabia
Saudí cerraban un periódico porque reproducía las caricaturas
en cuestión.
Poca memoria histórica la de todos los países. En casi todos
los países occidentales existió una prensa fuertemente anticlerical,
donde a través de la sátira se denunciaban los abusos de la
Iglesia y de la religión. La reacción de los Estados era la
persecución a los redactores y directores de dichos periódicos,
el cierre de los mismo cuando no peores finales. Pero no entremos en casos
concretos donde la Iglesia y la religión se han erigido como juez y
parte y han llevado hasta la muerte a gente que no pensaba como ellos (solo
nombrar el caso de Ferrer Guardia y toda la campaña montada por los
jesuitas contra él)
Y siguiendo esta línea de argumentación surge otro segundo aspecto
que en las últimas semanas me ha llamado la atención. Se dijo
que las caricaturas lo que fomentarían sería el rebrote de los
grupos de extrema derecha en Europa contra la inmigración. Teniendo
en cuenta que la extrema derecha tiende a mezclar todo y hacer propaganda
populista barata era de prever. Pero aquí vienen las extrañas
alianzas que la historia nos depara. Irán, en plena vorágine
contra Israel y contra todo lo judío, convoca un congreso internacional
antijudío en Teherán, donde Ahmadineyad, presidente de Irán,
invita a todas las organizaciones de extrema derecha europeas para que muestren
al mundo las mentiras del Holocausto. ¿No es esto una provocación
o solo se dice provocación a sacar una viñeta con la cara de
Mahoma? ¿Quién pone los límites entonces? ¿Dónde
está la condena por parte de los llamados "países civilizados"?
Al mismo tiempo se celebraba en Viena un juicio contra un pseudo historiador
llamado David Irving autor de una obra titulada "La guerra de Hitler",
en la que afirma que Hitler no estaba al tanto del tema del Holocausto y que
siempre tendió la mano a los judíos. Llegó incluso a
negar la existencia de las cámaras de gas. Viena le ha condenado a
3 años de prisión, pues allí como en Alemania hacer apología
del Holocausto está tipificado como delito. Sin entrar a valorar una
sentencia emanada de leyes capitalistas, hay que decir que muchos han manifestado
que es injusto porque tenemos que tener libertad de expresión para
decir lo que queramos. Nosotros diríamos que una cosa es la libertad
de expresión y otra es la falsedad histórica, y aquí
todos están entrando en ese juego. No se pueden negar las evidencias,
y apoyar lo efectuado en la Alemania de Hitler es incitación y apología
del nazismo. Y como vemos uno de los Estados que piden respeto para sus creencias,
como es Irán, llamó a estos personajes para que desde sus tribunas
defendiera la propaganda antijudía.
Pero que nadie se lleve a engaños ni haga demagogia. Criticar la teoría
de los más extremistas no es hacer buenos a los extremistas del otro
lado. Hoy Irán esta en el ojo del huracán de las potencias imperialistas
occidentales. El pueblo iraní puede ser víctima de un ataque
similar al de Iraq, motivado por el deseo imperial de unos Estados y por la
política miope y fanática de su propio presidente. Los anarquistas
nos oponemos a las guerras entre los pueblos, pilar fundamental en el que
se han sustentado las teorías religiosas y extremistas. Los anarquistas
no hacemos bueno a ningún Estado, porque todos comparten el mismo principio,
la opresión abusiva al individuo y su completa anulación como
persona.
Lo que se quiero trasmitir es que todos tenemos derecho a expresar lo que
opinamos, que no tenemos que poner límite a expresar nuestra creencia,
siempre que se respete físicamente al otro. Ya decía Bakunin
que mi libertad termina donde comienza la del otro. Pero esto no es óbice
para que critiquemos a la religión, institución y tendencia
opresora, como queramos. Porque los que no queremos ni a Mahoma, ni a Cristo,
ni Alá, ni a Yahvé, ni a Dios ni a nada que sea soteriológico
y esté basado en el oscurantismo, no nos tienen que decir que respetemos
esos símbolos de la opresión. Lo mismo que tenemos que criticar
las falsedades que se emanan desde determinados puntos cuando niegan la verdad
y la evidencia histórica.
Tanto en un caso como en otro es hacerle un flaco favor a los pueblos y a
su avance progresivo. Y los anarquistas siempre estaremos con los pueblos
y no con los fanáticos ni con los falsificadores.
Todas las madres y todas las patrias nos quieren pequeños para que seamos más suyos. La diferencia es que la madre llora y acaricia; la patria detiene y castiga.
J. Benavente
Dadme un Estado y construiré una nación.
Josef Pilsudski
(líder independentista polaco)
Si bien creo que la visión anarquista del nacionalismo -concepto político para nada unidimensional, ni por su propia amplitud y ambigüedad, ni por los numerosos rechazos que recibe- es negativa, las más de las veces, por unos nítidos principios ideológicos que pretenden superar la parcelación patriótica, étnica o identitataria, y establecer estrechos lazos de colaboración entre los pueblos con el fin de expandir la libertad y la cultura, conviene analizar con detalle un fenómeno complejo, enmarañado con el tiempo, que es utilizado por todas las opciones políticas estatalistas y jerarquizantes. Conviene dejar claro, a priori, la asociación política que conlleva el nacionalismo político al llamado "derecho de autodeterminación", que aspira inevitablemente a la creación de un Estado para administrar sus intereses, por lo que las ideas libertarias se muestran, obviamente, opuestas a semejante objetivo.
Algunos puntos de vista anarquistas del nacionalismo
En el protoanarquismo, se puede comprobar que Proudhon observaba la nación
disociada del Estado, como parte de un engranaje de organización federativa,
clave para la construcción del internacionalismo en la futura sociedad;
poseía esta visión un carácter flexible y descentralizador
y debía sustentarse en otras entidades autónomas como la región,
el municipio o el barrio. Para Bakunin, la formalmente llamada "liberación
nacional" de los pueblos sometidos estaba indisociablemente unida a la
revolución social antiestatista y federalista -es conocida su visión
al respecto sobre los distintos pueblos eslavos, enfrentados a los imperios
ruso, austriaco, turco y prusiano-, negando, a priori, cualquier derecho histórico
o político ya que la voluntad del pueblo se encontraba por encima de
todo; opinaba que la nación es para los pueblos lo mismo que la individualidad
para cada uno, un hecho natural y social, un derecho inherente a pensar, a
hablar, a comportarse y a sentir de una manera propia, enfrentada a los Estados,
tendentes a anular esa libertad tanto en naciones como en individuos. Es importante
insistir en la divergencia ideológica de Marx y Bakunin, también
notable en este aspecto. La visión del alemán, insistente en
su teoría de la expansión económica y desarrollo de las
fuerzas de producción que desembocarían en el socialismo, negaba
cualquier particularismo local o nacional -y, por lo tanto, negaba cualquier
movimiento independentista o revolucionario a nivel local- ya que sería
absorbido por el gran proceso. De nuevo estamos ante un conflicto polémico
que conlleva demasiados vericuetos, especialmente con la perspectiva histórica
que nos da la actualidad. Sin embargo, hay que destacar el mayor acierto y
honestidad del anarquista ruso -al menos, en aquel contexto histórico-
frente al pensador germano. Hay que matizar que para Bakunin la nacionalidad,
separada del Estado, no era un principio universal ni un ideal en sí
mismo, sino una consecuencia histórica, un hecho local del que tienen
derecho a participar los pueblos. Kropotkin no se encontraba muy lejos del
ruso en sus análisis de los movimientos de liberación nacional,
los cuáles no podían tener un carácter meramente nacionalistas
ya que los factores económicos y sociales eran vitales para su lucha
anti-imperialista. Consideraba que los libertarios debían estar al
lado de esta lucha contra la opresión, y darle un mayor énfasis
a la cuestión social.
Rudolf Rocker, gran pensador y activista del anarcosindicalismo, en su obra
"Nacionalismo y cultura", se muestra claramente reacio al concepto
que nos ocupa al ver una "voluntad de poder" detrás de todo
lo nacional y considerar que "el aparato del Estado nacional y la idea
abstracta de nación han crecido en el mismo tronco"; la separación
de unos pueblos y otros tiene su génesis y su fortalecimiento en la
opresión política de los Estados. Consideraba el teórico
alemán que existía una clara ruptura entre la cultura y el nacionalismo,
ya que era mucho más influyente en el individuo su entorno intelectual
que el llamado "espíritu nacional". El "nacionalismo
cultural" es indisociable de su vertiente política, mostrando
las mismas aspiraciones de dominio. Para Rocker, la separación entre
pueblo y nación era tan clara como entre sociedad y Estado; bajo ningún
concepto se puede considerar el Estado como un efecto de la nación,
más bien a la inversa. La conciencia nacional, al igual que la religiosa,
no es innata en el ser humano, sino algo impuesto por el ambiente o la educación,
una traba más en la definitiva emancipación universal. Es este
criterio el que, bajo mi punto de vista, más se ajusta a la visión
general anarquista, el de considerar a todo nacionalismo fundamentalmente
reaccionario, ya que pretende la uniformización de una comunidad en
base a unas creencias predeterminadas. El nacionalismo se mostraría
como una creación cultural apriorística elevada a la categoría
de sujeto colectivo, que se eleva por encima de los individuos y los relega
a una condición histórico-cultural parcelada; se establecen
así, artificialmente, diferentes identidades que abundan en la separación
y falta de colaboración de la humanidad. Insistiré, que este
análisis no difiere demasiado del que se haría de la religión
desde una óptica libertaria. El mismo Rudolf Rocker afirmó que
el nacionalismo constituía la religión del Estado.
La visión del nacionalismo en los libertarios españoles
No es casual el nombre que adoptó el proletariado militante, que engrosó
la popularmente conocida como "Internacional", y que, posteriormente,
solo los seguidores de Bakunin se mantendrían fieles a un internacionalismo
empeñado en acabar con todos los mitos ideológicos que supusieran
opresión de alguna índole, incluido el de la patria y su concreción
política, la nación.
Ya en los primeros análisis de los anarquistas españoles, pueden
observarse dos lúcidos enfoques en la crítica al patriotismo
-mantenidos, a mi entender, fortalecidos por el tiempo y la historia-. Uno,
puede decirse abstracto, humanista y racional, señala la división
impuesta y artificial que la humanidad sufre por las llamadas patrias, allí
donde debiera haber fraternidad universal y cosmopolita, basada en los valores
comunes y calidad de todos los seres humanos; otro punto de vista libertario
que analiza la deformación ideológica llamada patria, sostiene
que ésta supone una perpetuación de los privilegios de clase
y de la sumisión de los trabajadores en aras de anular su unión
supranacional. La aceptación de una supuesta confraternización
entre miembros de un mismo territorio nacional resulta, incluso, una falacia
si se observa que existe mayor solidaridad entre integrantes de una misma
clase, oficio, etc.
El patriotismo puede ser entendido como un sentimiento natural de apoyo al
lugar y de solidaridad con la sociedad en que vivimos. Pero, de ninguna manera,
debe convertirse en barrera egoísta que nos aísle y enfrente
a los demás pueblos; es necesarios ampliar ese sentimiento patriótico
-que pudo tener su origen en la familia o en la tribu- al resto de la gran
familia humana, bajo el lema de la fraternidad universal. El gran teórico
español Ricardo Mella señaló el nacionalismo regionalista
como la expansión de un particularismo retrógrado y de un sentimiento
atávico tan rechazable como el centralismo al que se opone. De nuevo
es importante acudir a la memoria histórica y al pensamiento de hombres
adelantados a su tiempo, al ver en este comienzo de un nuevo siglo cómo
el panorama político que sufrimos sigue enfrentando a españolistas
con regionalistas, a centralistas de diverso pelaje con aquellos que pretenden
construir su propio Estado, no por pequeño, necesariamente menos despótico;
el factor social queda, naturalmente, en un segundo plano dentro de este triste
circo de luchas nacionalistas de diferente índole. Volviendo a algunos
análisis libertario de los anarquistas españoles en la historia,
consideraron que la aceptación de una supuesta confraternización
entre miembros de un mismo territorio nacional resulta, incluso, una falacia
si se observa que existe mayor solidaridad entre integrantes de una misma
clase, oficio, etc. No hay que ignorar algunas críticas a esta visión
libertaria generalizada por pecar en algunas ocasiones de demasiado simple,
ignorando las raíces del fenómeno nacionalista, regionalista
o españolista, en toda su complejidad.
El movimiento libertario español, y el anarquismo en su conjunto, se
mantendrían leales a su afán internacionalista que conllevaba
la desaparición de las clases y de las naciones. No así la vertiente
autoritaria del socialismo que ya en la II Internacional hizo ver su faz estatalizadora
y acabaría utlizando la cuestión nacional como estrategia, abandonando
su origen socialista cuya idea-fuerza era que "los trabajadores no tienen
patria" o que ésta la constituía el mundo entero.
Voy a tratar, en el siguiente punto y a un nivel más personal, de insistir
en algunos aspectos del mito nacional que ya he mencionado por boca de autores
clásicos.
Mitología nacional e identificación con lo militar y lo
religioso
Empecé este texto asumiendo la amplitud del concepto que nos ocupa
y difícil continúa siendo encontrar los límites para
una definición aceptable. Sin embargo, sí me parece rechazable
la ideología nacionalista desde una defensa de las libertades individuales
y de la ética cuando parece sostener que lo más importante para
el ser humano es su afiliación nacional, innata en él, provocando,
en última instancia, los mayores sacrificios y actos dignos de ser
reprobados en otras circunstancias, justificados en nombre de la "patria"
o la "nación" (términos que merecerían ser
analizados por separado pero que la historia parece haber unido, haciéndolos
intercambiables, quizá con una connotación sentimental mayor
en el caso de la "patria"). Parece obvio que es el nacionalismo
el que inventa la nación y por eso nada tiene de "natural";
son aquellos que se erigen en líderes nacionalistas y salvaguardas
de las esencias patrias los que recogen y seleccionan las características
identitatarias que les convienen a sus objetivos políticos, características
que poco o nada suelen tener en común con las de cada individuo en
particular y con el pueblo en general; cuando se habla de nación, no
puedo evitar entender que alguna forma de dominación política
se adueña del término. Se ha añadido en muchas ocasiones
un adjetivo a la cuestión nacionalista: "pacífico",
"no excluyente"... y es porque el mito de la nación parece
ir unido a lo "agresivo", al enfrentamiento entre el "yo colectivo"
y "los otros" donde entra en juego la odiosa maquinaria bélica,
que reafirma su patriotismo en la existencia de un "enemigo" constante,
el cual si no existe habrá que inventarlo. Llegamos a la conclusión
de que existe una vinculación entre lo "militar" y lo "nacional"
que puede llegar a identificar peligrosamente al individuo y a la comunidad
a la que pertenece -así como a la forma de organización social
de la misma- con la más extrema concepción del autoritarismo
que es el ejército. Tenemos, por lo tanto, un odioso concepto: "la
unidad sagrada de la patria", formada por un universo mitológico
donde la justicia y racionalidad no tienen por qué tener cabida, o
se relegan a un segundo plano ante el empuje de esos mitos que desembocan
tarde o temprano en la puesta en marcha de la maquinaria bélica. Cualquier
razón, las más de las veces se llamará "defensiva",
bastará para la agresión a otras naciones-Estado, invocando
seguramente cada una de las partes el nombre de la libertad.
La idea de patria o nación -y el Estado que las vertebra- no deja de
ser un concepto cercano a la teología. Como las religiones, los nacionalismos
y las naciones pueden ser malos o menos malos, según la deidad a la
que se adore, pero todas encierran la falsedad y el despotismo en sus mitos
creados artificialmente. Es hora de acudir de nuevo a los clásicos
anarquistas, que ya denunciaron el fortalecimiento continuo que hacía
la clase dirigente del mito religioso (y extensible al nacional, en su formación
estatal) en aras de una supuesta válvula de seguridad para el pueblo.
Me apresuraré a releer al viejo Bakunin -aunque seguro que él
no hubiera estado totalmente de acuerdo conmigo en la manera de entender la
nación, no hay que olvidar que era fundamentalmente un hombre de acción
que le llevaba a estar al lado de pueblos oprimidos, frente a alguna forma
de imperialismo, que él consideraba "naciones"- y su conocida
obra "Dios y el Estado" -insisto, no todos identificarán
Estado con nación, yo sí me permito hacerlo-, donde pasó
revista a los conceptos teológicos tradicionales vinculándolos
con la institucionalización de nuevos mitos -incluso el de la ciencia,
la denuncia del autoritarismo no poseía límites en el gigante
ruso- al servicio de unos pocos.
Resulta imprescindible denunciar las mitologías nacionales, basadas
en supuestas esencias eternas, valores trascendentes o, peor aún, en
gestas bélicas. Este razonamiento, por mucho que se maquille con palabras
más ajustadas a los nuevos tiempos por parte de los Estados más
fuertes y "democráticos", permanece actual, en su vertiente
mítica y mixtificadora, independiente incluso del afán globalizador
de la economía capitalista.
Es para mí una obligación del anarquismo el mantenerse fortalecido
y coherente con su legado internacionalista, humanista e ilustrado. Algunas
escuelas de pensamiento de la antigua Grecia ya exploraron una visión
cosmopolita, que luego tendría acomodo en algunos aspectos del período
de la Ilustración. Las ideas antiautoritarias asumen con fuerza esta
visión de la humanidad como un todo moral, para nada enfrentada al
natural amor que los seres humanos puedan tener a la tierra que les vio nacer.
De nuevo, mediante las ideas libertarias, debemos profundizar en los problemas
creados artificialmente por los Estados-naciones y sus fronteras políticas,
que no tienen nada de "naturales" y que suponen un obstáculo
para una verdadera emancipación de la humanidad.
Li Yaotang de estado civil, y Li Feigán de nombre social, Pa Kin nació
en Chengdu, capital de Shichuán el 15 de noviembre de 1904, en una
China cuyo mandato celeste de la dinastía imperial de los King se había
agotado y pronto se haría republicana. Procedía de una familia
mandarina originaria de Jianxing (provincia de Chekiang). Su madre murió
el verano de 1914, y su padre tres años después: "El primer
golpe de mi vida fue la muerte de mi madre, y después la de mi padre.
Era muy joven todavía, debería haber sido un niño protegido
por sus padres. Un golpe tras otro, fue demasiado difícil de soportar".
El movimiento del 4 de mayo de 1919 acababa de terminar, y el país
es la proa de los Señores de la guerra, cuando Pa Kin se matricula
en una escuela moderna de Chengdu para seguir cursos de inglés (1920-1923).
Devora febrilmente las nuevas publicaciones que van surgiendo por todas partes,
y se entusiasma con las teorías anarquistas. Especialmente hay dos
textos que llaman su atención, y que ejercerían sobre él
un ascendente reivindicado, de los que propuso más tarde una versión
china: A los jóvenes, de Kropotkin, y La gran noche, de Léopold
Kampf. Abrazó el ideal y se adhirió a las filas de un grupo
libertario local. A la revista de este grupo, La Quincena, entregó
el primer artículo que conocemos de él, "Cómo edificar
una sociedad auténticamente libre e igualitaria", que anuncia
los casi trece millones de signos chinos que Pa Kin trazaría a lo largo
de su vida. En 1923 viaja a Shangai con su hermano mayor, Li Yaolin, y enseguida
a Nankín, donde es admitido en la escuela anexa de la universidad del
Sudoeste. Con el diploma en el bolsillo, en 1925 regresa a Shanghai. No por
ello colabora menos con la prensa libertaria, con su nombre verdadero o con
otros prestados. Realiza también publicaciones literarias. Durante
su estancia en Nankín entra en relación epistolar con Emma Goldman,
su "madre espiritual", así como con Thomas Henry Keell, director
de la revista londinense Freedom (1926).
Al no conseguir entrar en la prestigiosa universidad de Pekín, decide,
en 1927, dirigirse a Francia con el fin de realizar improbables estudios (de
ciencias económicas al parecer) y de aprender francés. El asunto
Sacco y Vanzetti toca a su trágico final, y las campañas en
defensa de los dos obreros italianos impresionan al joven. Toma contacto con
el comité de apoyo y escribe e Vanzetti, que le contesta desde la cárcel.
Al mismo tiempo, traduce a Kropotkin (La conquista del pan, 1927, revisada
en 1940, con el título El pan y la libertad), y Ética, su origen
y su desarrollo (1927, revisada en 1941), estudiando en profundidad para ello
a Aristóteles, Platón y los Evangelios. Multiplica sus intervenciones
en la prensa libertaria, especialmente en La igualdad (Pingdeng, 1927-1929),
revista china publicada en San Francisco -con la ayda de un obrero chino que
vivía allí, Liu Zhongshu (Ray Jones)-, y publica dos libros:
El anarquismo y la cuestión de la práctica (1927) con Shu Huilin
y Jun Yi (Woo Yong-hao), y Los pioneros de la revolución (1928), obra
en la que celebra la "intensa grandeza de los mártires anarquistas".
Tiene correspondencia con figuras célebres de la causa antiautoritaria,
como Emma Goldman (1927), Alexander Berkman (1928) o Max Nettlau (1928). Costumbre
que conservará hasta 1950, como lo demuestran sus intercambios postales
con Agnès Inglis (1948-1950), Rudolf Rocker (1948-1949), Joseph Ishill
(1949), Boris Yelinsky (1949) o la Comisión de Relaciones Internacionales
Anarquistas (1949), y sus intercambios de prensa con diversas publicaciones
extranjeras, entre ellas, Le Libertaire en Francia.
En Francia termina Destrucción, su primera novela, publicada en 1929
en forma de folletín, en la revista más prestigiosa de por entonces
Xiaoshuo yuebao (La novela mensual). La acogida triunfal de los lectores,
especialmente los más jóvenes, lo animó a tomar definitivamente
el camino literario bajo el seudónimo Pa Kin (la primera letra fue
elegida en homenaje a uno de sus compañeros, que se suicidó
en París; la segunda es el último carácter de la transcripción
en chino del patronímico de Kropotkin). De regreso a China en 1918,
Pa Kin se instala en Shanghai y en los años siguientes compone varias
de sus novelas más famosas: su trilogía El amor (Niebla, 1931;
Lluvia, 1933; Resplandor, 1935) en las que participan los jóvenes intelectuales
revolucionarios, y sobre todo, Familia (1933), inspirada en la vida de los
suyos, considerada como su obra maestra, primera parte de otra trilogía,
El torrente, que completaría más tarde.
Sin embargo, no abandona sus actividades militantes. Se ocupa de las publicaciones
libertarias El libertario mensual (enero-abril 1929) bajo el seudónimo
de Marat, o Antes del momento (enero-julio 1931), y de una revista esperantista
Verda Lumo (Luz verde), porque fue hasta el fin de su vida un partidario convencido
de la lengua universal, que había descubierto a los catorce años.
Publicó tres grandes obras: En el cadalso (1929), una galería
de retratos de terroristas rusos del siglo XX, acompañada de estudios
sobre los mártires anarquistas de Chicago o sobre la vida de Sofia
Parovskaia, sobre la historia del nihilismo ruso y sobre la gesta de los anarquistas
franceses de la belle époque, con textos dedicados a los mártires
de Tokio o al asunto Sacco y Vanzetti, así como de una carta sobre
"Anarquismo y terrorismo"; Diez heroínas rusas (1930), otra
galería de retratos, entre ellos el de Vera Zassulitch y el de Vera
Figner; y Del capitalismo al anarquismo (1930), una libre adaptación
de la obra de Berkman, El abc del comunismo libertario (1929).
En noviembre de 1934, para escapar del opresivo ambiente social que reinaba
en su país (en varias ocasiones, sus escritos habían sido censurados
por las autoridades del gobierno nacionalista, por juzgarlos muy subversivos),
Pa Kin abandona China y se dirige a Japón, donde pasa varios meses
en Yokohama y en Tokio, donde fue detenido por la policía por un corto
espacio de tiempo. De regreso a Shanghai, se hace cargo de las ediciones Vida
y Cultura, pero sin que ello constituya una vocación imperiosa: "Me
gustaba escribir y traducir, sólo he sido editor cuando no había
otro que quisiera encargarse del trabajo". Incluye en una de las colecciones
que dirige uno de sus libros, Historia del movimiento social ruso (1935).
La guerra chino-japonesa (1937-1945) le llevó a un errar continuo,
como a muchos otros escritores. Se refugió en Cantón, en Guilin
e incluso en Chongking. En Guiyang también, donde se casó, en
mayo de 1944, con Chen Yunzhen (Xiao Shan, 1921-1972), con la que tuvo dos
hijos, una niña, Li Xiaolín, en diciembre de 1945, y un niño,
Li Xiaotang, en julio de 1950. Implicado en la oposición intelectual
a la ocupación japonesa, fue uno de los dirigentes de la Asociación
de Resistencia al Enemigo en los medios literarios y artísticos de
toda China (marzo 1938), y de la filial de Guilin (noviembre de 1938), aportando
su pluma al órgano de expresión Artes y letras de la guerra
de resistencia. Paralelamente, desplegó su energía en informar
a sus compatriotas sobre la situación de España mediante la
revista Fuego de alarma (septiembre de 1937-octubre de 1938), de la que se
encargó junto a Mao Dun, incluyendo una serie creada para la ocasión
de folletos traducidos por él mismo, titulada "Pequeña
colección de estudios sobre la cuestión española",
en la que aparecieron de Rudolf Rocker, La lucha en España (1937);
de varios autores, El combatiente Durruti (1938); de Augustin Souchy, España
(1939) y Los sucesos de mayo en Barcelona (1939); de Albert Mining, Diario
de un voluntario internacional (1939); y de Carlo Rosselli, Diario de España
(1939). Se encargó de las versiones en chino de tres álbumes
de dibujos procedentes de las oficinas de propaganda de la CNT-FAI: La sangre
de España (1938) y El sufrimiento de España (1940) de Castelao,
y El amanecer español (1938) de Sim. Son compromisos a favor de la
revolución española, si bien el rechazo a pertenecer a la Liga
de Escritores de Izquierda (1930-1936) le valió a Pa Kin la hostilidad
de los comunistas, que acusaban a los anarquistas, como en todas partes, de
sabotear la táctica del "Frente unido" (alianza entre comunistas
y nacionalistas para combatir a Japón, o más exactamente la
segunda alianza; el primer "Frente unido" se había formado
con la intención de liberar a la China de los Señores de la
guerra y se había saldado, en 1927, con el aplastamiento sangriento
de Chang Kai Chek a sus seguidores).
Pa Kin no renuncia a la creación literaria. Lo vemos a la cabeza de
Selecciones literarias (marzo 1937-enero 1939), con Jin Yi, su viejo cómplice,
con el que había lanzado Estación literaria (junio-diciembre
1936), y publican seis novelas: los dos últimos volúmenes de
"Torrente", Primavera (1938) y Otoño (1940), los tres tomos
de Fuego (1940, 1941 y 1945) y El jardín de reposo (1944). Y comenzó
La sala común número 4 (1946) y Noche helada (1947), su última
obra de creación importante.
Entre la salida de Destrucción y la "Liberación" (1949),
Pa Kin no se para. Su bibliografía, además de las obras que
ya hemos citado, incluye ocho novelas más: El sol muerto (1931), Sueño
en el mar (1932), Otoño en primavera (1932), Los mineros del antimonio
(1933), Germinal (1933, vuelto a editar con el título Nieve), Resurrección
(1933, continuación de Destrucción), La pagoda de la longevidad
(1937) y Lina (1940), así como una serie de novelitas dispersas en
las innumerables revistas en las que participó Pa Kin, que fue reuniendo
en recopilaciones, como Venganza (1931), Claridad (1932), La silla eléctrica
(1933), El paño (1933), El general (1934), El silencio (1934), Dios,
demonios y hombres (1935), Inmersión (1936) e Historia de cabellos
(1936). A ello se añade una gran cantidad de ensayos: "He tenido
muchos amigos, para los que he escrito un montón de artículos.
Eran cada vez más numerosas las personas que me pedían textos".
Estos ensayos dieron lugar a una veintena de volúmenes: Viaje por mar
(1932), Mis viajes al hilo del pincel (1934), Gotitas (1935), Confesiones
de una vida (1936), Recuerdos (1936), Billetes breves (1937), Yo acuso (1937),
El sueño y la embriaguez (1938), Cartas de un viajero (1939), Impresiones
(1939), Tierra negra (1939), Sin título (1941), El dragón, los
tigres, los perros (1942), La hierba que resucita (1942), Pequeñas
gentes, asuntos sin importancia (1943), Notas de viajes diversos (1946), Recuerdillos
(1947), La tragedia de una noche tranquila (1948). Por último, y con
sólo 30 años, escribió su vida: Autobiografía
de Pa Kin (1934).
Como traductor tampoco se quedó corto: Vera, de Léopold Kampf
(1928); Una vida proletaria, de Bartolomeo Vanzetti (1929); La Rusia subterránea,
de Stepniak (1929); La danza del esqueleto, de Akita Ujaku (1930); La gran
noche, de Léopold Kampf (1930), La muerte de Danton, de Alexis Tolstoi
(1930); Los cuentos de la estepa, de Máximo Gorki (1931); La primavera
en otoño, de Julio Baghy (1932); La flor del pasado, de Edmundo d'Amicis
(1933); Memorias de un revolucionario, de Kropotkin (1933); Memorias de prisión,
de Alexander Berkman (1935); El umbral (selección de obras de Jaakoff
Prelooker, Léopold Kampf, Stepniak y Turgueniev, 1939); A los jóvenes,
de Kropotkin (1937); Una drama familiar, de Herzen (1940); Cantos de rebeldes
(antología de diversos autores, 1940); Últimas rosas, de Theodor
Storm (1943); Padres e hijos, de Turgueniev (1943); Tierras vírgenes,
de Turgueniev (1944); Poemas en prosa, de Turgueniev (1945); El príncipe
feliz (recopilacón de cuentos y textos en prosa), de Oscar Wilde (1948);
Veinte años en la cárcel, de Vera Figner (1948); La risa (antología
de textos de Dobri Nemirov, A. Kuprin, Bratescu Voinesti y Vasili Eroshenko,
1948); Los seis, de Rudolf Rocker (1949); Punin y Baburin, de Turgueniev (1949),
Recuerdos de Chejov, Recuerdos de Tolstoi y Recuerdos de Blok, de Gorki (1950);
Recuerdos de Turgueniev, de Isaac Pavlovski (1950); La flor roja, de Vsevolod
Garshin (1950); Un acontecimiento inesperado, de Vsevolod Garshin (1951) y
El monigote y la rosa, de Vsevolod Garshin (1952).
Cuando los comunistas tomaron el poder, aunque se había corrido el
rumor de que Pa Kin había huido a Taiwan, se quedó y aceptó
poner su pluma a su servicio, pero sin afiliarse al partido (sin duda los
comunistas consideraron que no tenía la talla adecuada para el "tejido
especial" del que hablaba Lenin). Pa Kin, que hasta ayer no había
tenido más que severas palabras para el régimen soviético
¿iba a creer en la sinceridad del programa provisional de sus seguidores
chinos? No era imposible, como podríamos deducir de las palabras que
dirige a Agnès Inglis el 18 de septiembre de 1950: "Quizás
tenga la suerte de asistir a la puesta en marcha de la reforma agraria, de
la distribución de las tierras a los campesinos pobres. Es la destrucción
del feudalismo en China. Una gran cosa, sin duda". A menos que hubiera
sido seducido por las atenciones que rodeaban a alguien que se consideraba
todavía anarquista. Porque, evidentemente, nadie ignoraba sus convicciones
políticas. A los guardias rojos que lo secuestraron durante la Revolución
cultural, Pa Kin reveló que, habiéndose encontrado con Mao en
Chonkin en los años 40, éste le había dicho: "Es
curioso, se dice que eres anarquista". A lo que respondió Pa Kin:
"Es cierto. Y yo había oído decir que tú también
lo habías sido hace tiempo".
En julio de 1949, cuando los comunistas no son todavía dueños
absolutos del país y aún no se ha proclamado la República
Popular, Pa Kin se incorpora a la Federación de las Artes y las Letras
de China, de cuyo presidium formará parte (octubre 1953), luego será
uno de los vicepresidentes (agosto 1960). Formó parte también
del comité permanente de la Asociación de Escritores de China
(julio 1949), y obtuvo una de las vicepresidencias (octubre 1953). Ocupó
puestos análogos en la filial de Shanghai de esos dos organismos, así
como de otras instituciones nacionales menos importantes. También realizó
misiones internacionales: en noviembre de 1950 asiste al II Congreso Mundial
por la Paz, celebrado en Varsovia, y se aloja en Moscú; en abril de
1952 y agosto de 1953 acude a Corea del Norte; en noviembre de 1957 es invitado
a las ceremonias del 40 aniversario de la Revolución de Octubre en
Moscú; en octubre de 1958 dirige la delegación china que participa
en la Conferencia de Escritores Afroasiáticos de Taskent, en Uzbekistán;
y realiza tres viajes oficiales a Japón (marzo 1961, julio 1962 y noviembre
1963).
Pa Kin fue nombrado redactor jefe del Mensual de las Letras y las Artes, órgano
de la rama de Shanghai de la Asociación de Escritores, desde su creación
en enero de 1953 hasta enero de 1957, pasándose luego a la dirección
de un comité editorial. En julio de 1957 toma las riendas, con Jin
Yi al principio y luego sólo a partir de noviembre de 1959, de una
segunda publicación de la Asociación de Escritores, Cosecha,
que fue una de las más influyentes de China. Entre tanto, en octubre
de 1959, el Mensual de las Artes y las Letras se transforma en Literatura
en Shanghai, y Pa Kin será el responsable desde noviembre de 1960.
En enero de 1964, Literatura en Shanghai y Cosecha se unen, y la nueva publicación
pasará a llamarse Cosecha hasta marzo de 1966, fecha en la que se interrumpe:
estamos en la víspera de la Revolución cultural.
Sus funciones no son sólo de índole cultural. Pa Kin forma parte
de la Asamblea Nacional Popular como representante de la provincia de Sichuán
(1954-1958) y como diputado de Shanghai (1959-1963 y 1964-1965).
Acaparado por todas esas tareas administrativas, renuncia a su arte de mala
gana: "No me gustaban las reuniones, pero no me atrevía a faltar;
hacía todo lo posible por evitar alguna. No participaba verdaderamente.
Hacía constantemente examen de conciencia. Así he desperdiciado
de veinte a treinta años de mi vida. Cuanto más me aplicaba
en los estudios políticos, menos podía escribir. Paradójicamente,
el título de escritor me privaba del tiempo necesario para ejercer
mi oficio".
Salvo excepciones -Historias de héroes (1953), Perla brillante y Favorita
de jade (dos cuentos para niños, 1957) o Li Dahai (1961), que son obras
de creación- se consagrará de ahora en adelante exclusivamente
a los sanwen o literatura de reportaje (relatos de sus viajes a Polonia, Corea,
la URSS o Vietnam): Auschwitz: la fábrica nazi de asesinar (1951),
Días de fiesta en Varsovia (1951), Cartas de ánimo y otras (1951),
Vivir entre héroes (1953), Hemos encontrado al mariscal Peng Dehuai
(1953), Los que salvaguardan la paz (1954), Días de alborozo (1957),
Toda lucha que salva la vida (1958), Voces nuevas (1959), Amistades (1959),
Canto de aclamación (1960), Un sentimiento inagotable (1963), Al borde
del puente Hien Luong (1964), Viaje a la comuna Dazhai (1965).
En 1954 y 1955 llegan las campañas de "rectificación".
Pa Kin es uno de los intelectuales que se movilizan contra los compañeros
que no tienen olor de santidad, por ejemplo Hu Feng. Sin embargo en 1956,
durante el período de las Cien flores, publica una decena de ensayos
que critican la realidad social, prefigurando en cierto modo sus futuros escritos
Al hilo de la pluma. Pero se ve obligado enseguida, durante el movimiento
antiderechista de 1957, a cantar la palinodia y a cooperar en la denuncia
de los escritores que se habían comprometido más que él.
Pa Kin se implicará después en todas las operaciones dirigidas
contra sus colegas: "Ahora, después de tantas `luchas´,
de tantos `movimientos´, cuando pienso en los papeles que he desempeñado
(incluso si me hubieran sometido bajo presión), estoy asqueado, avergonzado",
confesaría retrospectivamente. "Cuando releo las páginas
que he escrito hace treinta años, no puedo perdonarme y no pido a las
generaciones futuras que lo hagan".
En octubre de 1958 le llega el turno de sentarse en el banquillo. Se había
iniciado una campaña a propósito de sus libros anteriores a
1949. En efecto, había empezado a editarlos, aligerados de su contenido
anarquista, bajo el título Obras de Pa Kin (14 volúmenes, 1958-1962).
Y antes de eso, en abril, había cometido la imprudencia, en un artículo,
de no fustigar con suficiente vigor a Howard Fast, el novelista americano
que había roto con el comunismo. Los ataques se fueron haciendo más
severos. De ahora en adelante, y a pesar del alegato que presentó,
en mayo de 1962, para celebrar "El coraje y sentido de responsabilidad
de los escritores" -aunque se trataba de un texto inscrito en una corriente
general de liberalidad impulsada por el propio poder, y no de un acto de crítica
por parte del escritor, pero no por ello le causó menos problemas durante
la Revolución cultural- Pa Kin lo dará por dicho y no dudará
en ocultar sus sentimientos y someterse a las autoridades chinas, actuando
como el "loro" que ellos esperaban. Y hasta el fin de la Revolución
cultural, Pa Kin persistirá en su actitud: "No he podido escapar
a la tragedia de los intelectuales chinos", constatará amargamente.
En 1966, con el comienzo de la Revolución cultural, Pa Kin se desvanecerá
inmediatamente de la escena pública. El 16 de agosto de 1966 se coloca
un cartel en la filial de Shaghai de la Asociación de Escritores que
lo denigra, y se le encierra en un "establo". El 10 de mayo de 1967,
un artículo del Diario del pueblo lo acusa claramente, y el 18 de septiembre
los guardias rojos lo conducen a la universidad de Fudan, donde permanece
secuestrado un mes y sometido a interrogatorio. En enero de 1968 se sella
la puerta de su biblioteca y se le prohibe acceder a las habitaciones del
piso superior de su casa; el 20 de junio es arrastrado al Circo del pueblo,
en Shanghai, para una "asamblea de lucha televisada" organizada
por los medios culturales de la ciudad; y en septiembre se le envía
a un gran "establo" de la sede local de la Asociación de
Escritores. No vuelve a su casa hasta febrero de 1969. De mayo de 1969 a febrero
de 1970 es enviado al distrito de Songijang, luego a Fengxian (cerca de Shanghai),
a una Escuela del 7 de mayo para algos cargos, donde debe realizar trabajos
manuales. No regresará de Fengxian hasta dos año y medio después
para atender a su mujer, a la que no habían curado por ser su esposa
y estar a punto de morir. En julio de 1973, el comité municipal de
Shanghai del Partido Comunista decretó que el caso de Pa Kin revelaba
"contradicciones en el seno del pueblo" (no "contradicciones
entre el pueblo y los enemigos del pueblo") y le quitó la etiqueta
de "contrarrevolucionario" que le habían pegado a la espalda,
autorizándole a retomar sus trabajos de traductor. Revisa su versión
de Tierras vírgenes de Turgueniev y, en septiembre de 1974, se dedica
a Pasado y pensamientos de Herzen, que terminará en abril de 1977,
cuando ya hacía seis meses que Mao había ido a reunirse con
Marx y la Revolución cultural, que había durado diez años,
acababa de terminar. En ese momento precisamente Pa Kin vuelve a la superficie.
Tiene 73 años.
El 25 de mayo, el Digesto de humanidades incluye "Una carta" suya,
y el 20 de octubre se reproduce una de sus novelas en Letras y artes de Shanghai,
nueva fórmula de Literatura de Shanghai, que la inaugura. Pa Kin vuelve
a sus funciones de vicepresidente de la Asociación de Escritores Chinos,
de la que será el primer vicepresidente (noviembre de 1979), el presidente
interino (abril de 1981) -el titular, Mao Dun, había desaparecido-
y presidente (enero de 1985), puesto que le será confirmado en diciembre
de 1996 y que ocupó hasta su muerte. Recuperó su puesto de vicepresidente
de la Federación China de los Círculos Literarios y Artísticos,
en el que fue reelegido en noviembre de 1979 y conservó hasta noviembre
de 1988. Se le ofreció la presidencia del PEN de China y de otras instituciones.
Y, en enero de 1979, cuando Letras y artes de Shanghai recupera el nombre
Literatura en Shanghai, y Cosecha resurge de sus cenizas, será él
quien dirija ambas revistas. Sus traducciones inéditas de Turgueniev
y de Herzen aparecen en 1978 y 1979 respectivamente, a la vez que dos recopilaciones
de Trabajos recientes (1979 y 1980) y una antología de escritos que
van del año 1950 al 1979, titulada Resplandores (1979). A pesar de
los sinsabores experimentados tras la salida de sus Obras en catorce volúmenes,
permite la edición de sus Obras escogidas, en diez volúmenes,
en 1982. Irán seguidas de sus Obras completas, en veintiséis
volúmenes -recopiladas entre 1986 y 1994, reimpresas en 2000- y de
sus Obras traducidas completas, en diez volúmenes, recopiladas en 1997.
Esta vez no se expurgaron los textos anarquistas en ninguna de ellas.
Pa Kin recupera también su escaño en la Asamblea Popular Nacional,
y es reelegido en febrero de 1978 diputado por Shanghai. En 1983 expira su
mandato y es nombrado vicepresidente del Comité Nacional de la VI Conferencia
Consultiva Política del Pueblo Chino.
Vuelven los viajes oficiales: a Francia en abril de 1979, con Gao Xinjiang,
futuro premio Nobel de literatura, como intérprete; a Estocolmo en
agosto de 1980 para el LXV Congreso Esperantista Internacional; a Lyón,
en septiembre de 1981, para el XLV Congreso del PEN Club; luego a Zurich;
y a Tokio, en mayo de 1984, para el XLVII Congreso del PEN Club.
En el extranjero se le colma de honores. En 1982 recibe de Italia el Premio
Dante por su trilogía El torrente, y François Mitterrand, de
paso por Shanghai al año siguiente, le condecora con la cruz de comendador
de la Legión de Honor (7 de mayo de 1983); en 1984 es nombrado doctor
honoris causa por la Universidad China de Hong Kong (18 de octubre), y en
1985 es declarado miembro de honor de la American Academy and Institute of
Arts and Letters (15 de mayo); en 1990 se le concede la medalla del Pueblo
Soviético (5 de febrero), mientras que en Japón se le otorga
el Fukuoka Asian Culture Prize (19 de julio). Sus compatriotas tienen también
ocasión de celebrar su gloria nacional. Pa Kin se instala definitivamente
en el panteón de las letras chinas y no se deja de hablar de él
como candidato al Premio Nobel. Se le dedican coloquios, estudios, publicaciones
especializadas, etc. En junio de 1989, el Observatorio de Pekín, que
ha descubierto un nuevo asteroide, lo bautiza con su nombre, y el 25 de noviembre
de 2003, el día de su 99 aniversario (el 100 para los chinos), el Consejo
de Estado del gobierno chino le concede el título de "escritor
del pueblo".
Pa Kin, que no había escrito una sola línea desde hacía
diez años, se lanza en diciembre de 1978 a una serie de sanwen bajo
el título genérico de Al hilo de la pluma, ciento cincuenta
en total, que serán publicados en El Imparcial de Hong Kong, antes
de publicarse en cinco pequeños volúmenes, primero en Hong Kong
y luego en Pekín: Al hilo de la pluma (1979), Búsquedas (1981),
Palabras verdaderas (1982), En el transcurso de mi enfermedad (1984), y Sin
título (1968). En ellos, Pa Kin vuelve a su pasado sin complacencia.
El conjunto de sus memorias, de su testamento intelectual y de la confesión
se presenta como una condena en regla de la Revolución cultural, pero
partiendo del sistema que la hizo posible: "He dicho la verdad, ya puedo
abandonar el mundo con el alma en paz. Hay cinco volúmenes que encierran
verdades, para el `museo´ en el que se denuncia la `Revolución
cultural´".
Pa Kin murió el 17 de octubre de 2005. Afectado por la enfermedad de
Parkinson, pedía desde hacía tiempo, en sus accesos de lucidez,
que se le acortaran los sufrimientos. Sus cenizas debían arrojarse
al mar de China, junto a las de su esposa, que conservó en una urna
cerca de su cama.
Angel Pino
(Le Monde libertaire) ![]()