
SECCIONES
Es interesante ver cómo aquellos que ofrecen una alternativa
reformista al Estado presente, cuando se refieren a los Cuerpos y Fuerzas
de Seguridad del mismo, hablan de "extralimitación de sus funciones",
o de "agente maltratador" para referirse a un gendarme de la autoridad
celosamente cumplidor de su mandato.
Sólo conocemos bien los dos modelos de Estado que son referencia base,
el resto no nos interesan por ser reminiscencias intermedias, eclécticas
o impuras que bailan entre el blanco y el rojo. Lo resumiríamos en...
mixtas. Eso es.
Nos referimos al capitalismo privado y su Estado, más o menos tutelar,
y al capitalismo de Estado, una especie de dos en uno, como las conocidas
gamas de "sprays" para el desatasco ferruginoso.
Con respecto al primero se distinguen dos tipos de agentes represores, que
son los privados y los de apoyo estatal, pero ambos mancomunados bajo el mismo
nombre de neo-liberalismo. Los porcentajes de "libertad de empresa"
y de "Estado para el bienestar" difieren, eso sí, de un país
a otro. Pero sólo los porcentajes del mismo 100 por 100.
Con respecto al segundo modelo, el agente tiene más trabajo. Tiene
que responder celosamente con la represión legal o ilegal, que marcan
las pautas de crecimiento económico militarizado al servicio del monopolio
de capitales (marxismo estatal o capitalismo de Estado), contra cualquier
disidencia.
El gendarme, la ley y el orden
La actual jurisprudencia aquí, como otras muchas cosas, la confeccionan
los especialistas (el resto sobra), esto es, personajes que no proceden de
ateneos obreros, ateneos culturales o de cursos acelerados de Humanidades,
sino doctorados "honoris causa" por los cauces anteriormente establecidos
desde la maldita civilización romana; desde ahí hasta el "aprobado
simple", pero respaldado con el dinero del mismo papá que le compra
sus pantalones blancos: asesor de empresas, dentista sin impuestos, político
o ideologizado en cadena o clan familiar por el "establishment".
A este último se deben todos, y fuera de él no hay lugar: o
amo o esclavo. Escogieron estar con los que dirigen y legislan.
Si tenemos en cuenta que los agentes del orden establecido jamás han
disuelto por la fuerza una concentración de empresarios donde se está
decidiendo una huelga patronal (cierre de la empresa), veremos entonces cómo
se aplica la ley que ellos confeccionan y al servicio de quién. Se
trata apenas de un pequeño ejemplo, pero ilustrativo sin duda...
Un agente del Estado no es un agente del pueblo. Eso no existe más
que en los delirios de León Trotski. Ambos términos se contradicen
frontalmente: agente y pueblo.
No importa si ese Estado es neo-liberal, marxista-leninista ortodoxo, jesuita-populista,
bolivariano, josemartista, panchista, o incluso zapatista. No importa si es
de capital privado tutelado, cristiano, árabe, hindú, judaico,
etc. Incluso de capitales mixtos como Cuba, China y tal vez en un futuro Venezuela.
Y lo más triste de todo es que están intentando vendernos lo
de "neoliberalismo nacional(ista)", "policía bueno y
malo" y otras veleidades por el estilo cuya matriz ya fue testada y fracasó.
Y por supuesto nos negociarán la moto de nuevo (por olvido histórico)
haciéndonos creer que el enemigo único -no común- es
USA y solo USA.
El enemigo de las personas no es Estados Unidos de América del Norte,
sino la autoridad de un ser humano sobre otro, sea cual fuere el nombre que
ostenta. Y es por antonomasia el Estado.
¿Con quién nos aliamos y para qué?
Mucho se vuelve a hablar ahora (las modas funcionan en círculo) de
"frentismo", "plataformas", "redes", "coordinadoras"
frasecitas ingeniosas como "en la calle nos vemos" o también
la gran novedad de "viva el que lucha", novedad extraída
de hace mas de 70 años, cuyo máximo exponente pudo haber sido
la consigna híbrida UHP (uníos hermanos proletarios). Por cierto,
frase esta última muy propia hoy de los movimientos interclasistas
antifascistas, antiborbónicos, y un largo etc. entre los que destacan
los republicanos estatistas y marxistas impuros. Queremos decir marxistas
de nombre, que buscan la unión de todos de acuerdo a esquemas que Marx
no aprobaría en honor a lo que le contaba a Lafargue. Por supuesto
también le resultaría grata la frase a Azaña, el responsable
máximo de Casas Viejas. Y si nos olvidamos de alguno que nos perdone
y nos lo haga saber.
Pero, y aquí reside la cuestión, quedan preguntas esenciales
en el aire: ¿para qué nos vemos?, y luchamos juntos, vale, bien,
pero ¿con qué finalidad? ¿sólo para tirar piedras
a los policías malos? Esto no es mas que un medio de defensa lamentable,
los fines no son los de cambiar "policías malos por buenos",
y los anarquistas sabemos que esa no es nuestra guerra. Si nos vemos en la
calle ha de ser para algo más grandioso y asambleario que porte un
proyecto ausente de virus de reforma y de ocio dominguero.
Otra: "¡Juntos podemos!"... claro que sí. Pero ¿el
qué podemos? Porque queda dicho que nosotros no deseamos parchear la
sociedad, queremos un edificio nuevo, no deseamos reformar la autoridad ni
humanizar el capitalismo como las ONG, sino destruirlos. Como decía
alguien por Andalucía: "no anhelamos un medio ambiente, ¡queremos
el ambiente entero!"
Los asesinatos recientes de la Guardia Civil y su diversa interpretación
no ha servido para unirnos, sino para ver con más nitidez los abismos
insalvables y distanciarnos aún más del modelo de sociedad que
propugnan los unos y los otros. Y por supuesto que sí los condenamos,
pues de ellos hemos sido víctimas siempre desde el duque de Ahumada.
Si el Estado es el brazo político del poder económico (o la
"expresión política" en el caso marxista-leninista)
no podemos hablar de "gendarmes buenos o malos", sino de "agentes
al servicio de..." que es diametralmente opuesto. Quede pues la confluencia
para hechos puntuales y concretos de defensa común y organicémonos
por separado, pues no pretendemos lo mismo. O dicho de otro modo: ¿Cambiar
de amo? No gracias. Y que nadie nos hable hoy de Eugen Berthold Friedrich
Brecht, no estamos de ánimo para ello. De verdad.
El padre del anarquismo filosófico, William Godwin, nació el
3 de marzo de 1756 en Wisbech, en el condado de Cambridge (Gran Bretaña),
y fue el séptimo de los trece hijos de John Godwin y Anna Hull. Físicamente
débil, introvertido e intelectualmente precoz, Godwin perteneció
al calvinismo hasta el final de su período educativo en la Hoxton Academy
en 1778. Su padre John era un ministro de dicha Iglesia y era esperado que
el joven William ocupara su puesto. Una práctica religiosa tan precoz
y puritana a tan temprana edad, así como sus experiencias y lecturas
posteriores, pueden explicar su antirreligiosidad posterior.
Diferentes acontecimientos en Inglaterra y América, discusiones con
distintas personas y sus lecturas de Rousseau, Helvetius, D´Holbach
y Montesquieu, también de historiadores latinos y de escritores ingleses
como Locke, Swift y Priestley, le convertirán al liberalismo político,
así como sus creencias religiosas pasarán desde el agnosticismo
al ateísmo.
Hacia 1773, Godwin marcha a Londres e inicia su carrera literaria y además
se propondrá diversas iniciativas para tratar de mejorar la sociedad
de entonces. Su primer proyecto es una pequeña escuela que fracasará
por falta de alumnado. También por ese tiempo comienza a interesarse
cada vez más en la política de su país, contribuyendo
con frecuentes colaboraciones en periódicos radicales. Aunque se asocia
con sociedades y organizaciones, nunca será miembro de ninguna.
Fue la Revolución Francesa lo que más profundamente influyó
en Godwin y en su carrera. Aunque no totalmente de acuerdo con todos los aspectos
de la revolución, básicamente por ser contrarios a la "Razón
Humana" , consideró que en líneas generales era un avance
en la historia de la humanidad y colaboró en un pequeño comité,
el cual publicó el libro de Paine "Los derechos del hombre",
creyendo que era necesario un análisis del papel de la sociedad y el
gobierno.
En enero de 1793 apareció su obra más importante cuya traducción
puede ser "Investigaciones acerca de la Justicia política y su
influencia en la virtud y en la felicidad de las sociedades". A pesar
de sus muchas páginas y su elevado coste llegó a ser una obra
muy vendida (unos 4.000 ejemplares, número muy elevado para la época).
En ella Godwin da una explicación de los principios generales que rigen
la sociedad y un plan para el futuro basado en la comprensión del pasado.
En 1794 aparece su novela cuyo título en inglés es "Things
as they are, or the adventures of Caleb William", una novela que trataba
de popularizar su ideario social desde el punto de vista del protagonista
como víctima de la sociedad para que las personas ajenas a su trabajo
filosófico pudieran acercarse más fácilmente a sus ideas
y propósitos. Estas dos obras condujeron a Godwin al pináculo
del reconocimiento popular, aunque él continuó con su labor
contra la opresión gubernativa. Así publica un panfleto a favor
de los radicales escoceses.
Otra obra importante es "The Considerations", de 1796, en la cual
ya se manifiesta opuesto a los partidos y facciones así como a las
apelaciones de los radicales a las pasiones como algo contrario a la razón.
Las ideas de William Godwin desarrolladas en estos trabajos podrían
resumirse en lo siguiente: La suprema ley es y debe consistir siempre en el
bien de la comunidad, se debe rechazar el Derecho, general y totalmente, ahora
y en un futuro, ya que una vez se comienza a dictar leyes es imposible dejar
de hacerlo. La razón debe de ser la única legisladora y sus
preceptos inmutables e idénticos en todo tiempo y lugar.
Se debe enseñar al pueblo a sentir por sí mismo, a que a nadie
debe darle cuenta de sus acciones y a darse cuenta clara y exacta de su conducta
para con los demás, en el futuro en lugar del Derecho será ese
mismo "bien común" el que sirva como regla para los hombres.
Rechazando el Derecho de una manera absoluta, lógicamente proscribe
también de modo absoluto el Estado, ya que se trata de una institución
jurídica que se opone total y especialmente al bien de la colectividad.
El Estado se fundamenta en la fuerza, todo gobierno es un mal y significa
la prescripción de nuestros propios juicios y conciencia.
Los hombres son seres sociales, viven en sociedad y deben estar guiados por
la consideración del bien común. Godwin considera que en la
futura sociedad deberá existir un Jurado que se ocupe de resolver las
disputas y conflictos y en su caso castigar las injusticias cometidas.
En cuanto a la idea de propiedad, cree que el actual sistema de propiedad
se opone al bienestar común y al progreso intelectual. Además
es un obstáculo para el progreso moral de la persona, ya que engendra
ambición, egoísmo y violencia. Todo hombre debe poseer los medios
materiales para una vida digna: la justicia exige que cada persona disponga
de los medios necesarios según el principio"a cada uno según
sus necesidades" ( todavía en ese tiempo no expresado con esta
fórmula concisa, pero con esta misma idea ). Con tal situación
de igualdad en la propiedad, el trabajo será una carga ligera, a la
vez que servirá para alcanzar la plenitud humana.
Godwin siempre se manifestó contrario a la violencia física
y consideró que este cambio deberá hacerse por el convencimiento.
En su vida privada Godwin se casó con Mary Wollstonecraft, lo que supone
una contradicción con sus escritos contra el matrimonio. Mary muere
en septiembre de 1797, días después de dar a luz a su hija Mary
Godwin Wollstonecraft, quien se unirá al poeta Percy Bysshe Shelley
hasta la muerte de él en 1822. Mary es la autora de la novela "Frankenstein".
El segundo matrimonio de Godwin fue con Mary Jane Clairmontn en 1801. Le surgieron
problemas económicos, tuvo que crear una imprenta para poder sobrevivir
y escribir diversos libros y cuentos infantiles, pero no tuvo éxito.
Su círculo de amigos era ahora muy reducido, contando con Coleridge,
Wordsworth, Southey,Lamb y Francis Place.
Shelley tuvo que convertirse en su benefactor.
De todas maneras, Godwin se enfrentó a este vacío con una resolución
estoica. En su novela "St. Leon", 1799 , establece que aquellos
que luchan por el bienestar común pueden siempre enfrentarse con la
hostilidad de la sociedad bienpensante.
La publicación más destacable en este tiempo fue "Of Population"
que refuta las teorías de Malthus, argumentando que la mejora moral
de la humanidad traerá como consecuencia un mejor y más coherente
crecimiento de la población.
También publicará "Thoughts on man, his nature, production
and discoveries", 1831; son un conjunto de ensayos en los cuales recomienda
que la educación sirva para descubrir y estimular las capacidades innatas
del niño o del adulto, para que se pueda desarrollar íntegramente
como ser humano, la educación estaría basada en la libertad,
libre del dogmatismo, de la religión, del Estado y de las convenciones
sociales. De todas maneras, Godwin permitía la continuación
temporal de ciertos estamentos estatales mientras los vicios y violencias
de la actual sociedad no fueran del todo desterrados. Pero para minimizar
los daños, preconizaba una descentralización lo más radical
posible y los órganos encargados serían voluntarios y populares.
Una vez los valores verdaderos fueran inculcados y asimilados por el pueblo
y los bienes materiales producidos fueran suficientes para cubrir sus necesidades
materiales, los deseos de opulencia, vanidad y violencia desaparecerían
y los hombres vivirían como libres e iguales.
La verdad sobre el caso Roquetas
La muerte del agricultor Juan Martínez Galdeano en el cuartel de la
Guardia Civil de la localidad almeriense de Roquetas de Mar, parece que fue
responsabilidad exclusiva de un teniente de este cuerpo policial allí
destinado. Del presunto culpable, y seguro imputado, no conocemos nada: ni
su nombre, ni su cara
nada. Y sin embargo, como si fuese un celestial
agujero negro, ese anonimato carga con todas la culpas, expía todos
los pecados, anula todas las complicidades. ¿O no?
Son cómplices todos los mandos que formaron a este joven teniente en
los mismos usos y métodos represivos propios de una dictadura fascista
que ya es cosa del pasado, como tantas veces había oído decir
Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices todos los guardias civiles destinados en Roquetas de
Mar que presenciaron o participaron en la inexplicable retención y
forzada inmovilización de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices los trabajadores y clientes de una cercana cafetería
que presenciaron los sucesos sin consentir que la muerte de Juan Martínez
Galdeano les estropease su merecido descanso estival.
Son cómplices los directores de todos los medios de comunicación
que durante días escondieron la información de lo sucedido a
Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices los políticos, periodistas y contertulios que
han usado todos los eufemismos posibles para no calificar de tortura el trato
inhumano que sufrió Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices el Rey y todos los políticos de la cofradía
de las lágrimas de cocodrilo que tanto se han prodigado este verano
en funerales de Estado, pero cuya ausencia resultó clamorosa en el
entierro de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices todos los obispos de la Conferencia Episcopal Española
que, a través de su emisora COPE, prestaron sus micrófonos a
quienes excusaron lo que no tiene defensa, insultaron nuestra inteligencia
de ciudadanos y ultrajaron la memoria de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices el ministro del Interior y el director general de la
Guardia Civil, que han encargado la información interna a un guardia
civil encausado judicialmente en un sumario por tráfico de drogas,
lo que hace dudar de la categoría moral de quien tiene por misión
descubrir la verdad sobre la muerte de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices Francisco José Hernando, presidente del Consejo
General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, y todos aquellos opinadores
de la nada que llevaban semanas calentando el ambiente de impunidad policial
que permitió la muerte de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices los que una y otra vez hacen oídos sordos a los
informes anuales de Amnistía Internacional, a las denuncias de tantos
detenidos en el País Vasco, a las evidencias dudosas que ofrecen cadáveres
como el de el joven camerunés fallecido junto a Melilla, en tierra
de nadie, este 29 de agosto.
Son cómplices tantos jueces que escuchan con bostezos, despachan de
pasada y aplican la ley del embudo a todos los ciudadanos que en los últimos
años han denunciado, casi siempre sin éxito, las torturas sufridas
en comisarías y cuarteles.
Todos somos cómplices. En cualquier tiempo y lugar un desalmado puede
torturar hasta la muerte a un ser humano. Sólo en una sociedad cómplice
se oculta la verdad, se protege el delito y se escarnece a la víctima.
Cipriano Mera
Semblanza de un luchador
En este año de 2005 no podíamos dejar pasar la oportunidad
de hablar de un anarquista, de un obrero, de un luchador como fue Cipriano
Mera. Si de alguna manera podemos definir la vida de Cipriano Mera, cuando
este mes de octubre se cumple el treinta aniversario de su muerte, es la de
un anarquista con el sentido de la responsabilidad. Acercándonos a
la vida y la lucha del anarquista madrileño podremos comprobar el porqué
de estas afirmación.
Cipriano Mera nació el 4 de noviembre de 1897 en el madrileño
barrio de Tetuán de las Victorias. Como en cualquier familia obrera,
su infancia fue dura. No pudo asistir a la escuela, lo que le obligó
desde pequeño a buscarse la vida y a contribuir económicamente
en una casa muy humilde. A los 16 años Mera tomó la determinación
de hacerse albañil, y para que sus derechos no fueran pisoteados, su
padre lo afilió a la Sociedad de Albañiles "El Trabajo"
de la UGT. Desde entonces Mera está inmerso en cuestiones sociales
y luchas obreras. Pero pronto comprueba que lo que defiende la UGT y lo que
él defiende no es lo mismo, por lo que el sindicalismo socialista se
le queda estrecho. Cipriano Mera ansía una transformación revolucionaria
que el reformismo no le daba.
La huelga revolucionaria de agosto de 1917 le impulsa definitivamente al campo
del anarquismo. Ya en 1919 vemos que Cipriano Mera, junto a otros militantes
destacados como Feliciano Benito, Teodoro Mora o Mauro Bajatierra, impulsan
la CNT de Madrid y más particularmente el sindicato de la construcción.
Una cuestión que siempre aparecerá vinculada a la historia del
anarquismo (aunque los detractores del mismo quieran hacer ver lo contrario)
es el ansia de conocimiento y el impulso de la cultura. Con veinte años
Mera aprende a leer y escribir en clases nocturnas y a través de los
ateneos libertarios, que ya por esas fechas sobrepasaban en Madrid la treintena.
Ese afán de conocimiento le hace interesarse por el teatro en obras
tan heterogéneas como El alcalde de Zalamea de Pedro Calderón
de la Barca o Juan José de Joaquín Dicenta. Los grupos libertario
mas jóvenes impulsaron mucho este arte y Mera tomo interés por
él.
Pasada la dictadura de Primo de Rivera y con la proclamación en abril
de 1931 de la II República, el movimiento libertario alcanza su máxima
plenitud. Mera se ha insertado en la generación de militantes más
brillante de la historia del anarquismo español. En su vida coinciden
Salvador Seguí (asesinado en 1923 por pistoleros patronales), Ángel
Pestaña, Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Juan García
Oliver, Federica Montseny, Eleuterio Quintanilla, Diego Abad de Santillán,
Juan Peiró, Felipe Alaiz, Elías García, Isaac Puente,
Higinio Noja, Valeriano Orobón Fernández, Progreso Fernández,
etc.
Mera vive de cerca todos los procesos revolucionarios impulsados en el período
republicano. Sigue muy atento a lo que son las reivincaciones obreras de su
sector, la construcción. En una ocasión, por querer trabajar,
fue detenido y se le aplico la "Ley de vagos y maleantes". No deja
de ser paradójico que a quien busca trabajo para sobrevivir se le acuse
de vago por quien no trabaja.
Poco antes de la sublevación militar de julio de 1936, el sector de
la construcción en Madrid vive unos momento tensos. En junio estalla
una huelga general y se constituye un comité de huelga de CNT-UGT.
Para este comité, del que Mera forma parte, la única solución
es la acción directa para poder solucionar los conflictos laborales
del sector. Por el contrario el gobierno y la patronal creen que la solución
esta en el Jurado Mixto. El Ministerio de la Gobernación encarcela
a Cipriano Mera y es en la cárcel donde le sorprende el golpe militar.
Un día después de la militarada es puesto en libertad y acude
al sindicato (antes que a su casa) para comprobar cuál es el estado
de la situación. La mayores preocupaciones son la recogida de armas
y el momento de la sublevación en Madrid.
En esos primeros momentos a Mera le preocupa también la posición
que se puede tomar respecto a la revolución. Por ello imprime una ética
revolucionaria de la que se debería tomar nota: "que al hacer
el pueblo la revolución no se podía consentir la misma acción
que se asemejara a hechos comunes, vulgares, propios de individuos sin conciencia
dedicados a apropiarse o deshonrar valores que serían necesarios para
la defensa de la revolución que empezaba. Añadimos que tampoco
era hacer la revolución el matar sin más ni más a nadie,
aunque se tratase de un marqués".
Una vez aplastada la sublevación en Madrid, Mera parte para Guadalajara,
donde la sublevación está a punto de estallar. Pasa por Alcalá
de Henares, que gracias a sus fuerzas y a las de Ildefonso Puigdendolas queda
en zona leal. Aplastada la sublevación en Guadalajara una vez más
la ética revolucionaria hace de Mera en un hombre grande. Se encuentra
allí con José Escobar, un carcelero que le había infligido
los peores castigos en prisión. Éste creía que le iba
a asesinar, cosa que no hizo. Mera afirma: "Esos gestos eran característicos
de anarquistas". Una lección de honestidad y de firmeza en momento
difíciles.
Quizá no sea este el momento de detenerse en los pormenores de las
batallas en las que Mera participó. Pero sí citaremos algunos
detalles que hicieron de Mera un personaje controvertido. Desde el inicio
de la contienda civil Mera vio que los militares tenían una seria parsimonia
y que muchos militantes revolucionarios no tomaban en serio la lucha. Por
ello hacía falta que se disciplinara la lucha para poder vencer al
fascismo. En las luchas en Cuenca, Mera impulsa la creación de consejos
formados por las fuerzas de izquierda que estén preparadas para ello.
Por ello había que establecer una fuerte formación ideológica
impulsada por los militantes más capaces y abnegados.
Su concepto de la autodisciplina se ve perfectamente en los combates que emprendieron
en Buitrago de Lozoya. Allí Mera reflexionó así: "Nuestra
disciplina ha de ser correspondiente con nuestra convicción en las
ideas, y por las ideas no se puede venir a luchar unas horas para hacer más
tarde lo que uno quiera". Esta reflexión venía a propósito,
pues Mera estaba comprobando que muchos miembros de las organizaciones revolucionarias
estaban cayendo en una indisciplina y una falta del sentido de la responsabilidad
que haría perder la guerra a pasos agigantados.
Igualmente esa realidad dura hace que muchos amigos de Mera caigan en la lucha.
Es el caso de José Pan y Rafael Casado, compañeros suyos desde
primera hora en la CNT y en el caso de Pan de su grupo de la FAI. Igualmente
en las luchan en Ávila cae uno de sus mejores amigos y compañeros,
Teodoro Mora. Desde hacía un tiempo Mora y Mera tenían este
mismo pensamiento: "Teníamos en frente a un ejercito organizado,
al que si queríamos vencer habríamos de oponer otro ejercito
mejor organizado aún; en la guerra había que proceder como en
la guerra". También le lleva a esta conclusión que la incompetencia
militar provoca la perdida de plazas importantes en la lucha como la de Ávila.
Pero la guerra también tuvo de esos avatares en los que más
que una tragedia parece una comedia, si hablamos en términos teatrales.
Tras la perdida de Ávila las tropas de Mera pasan a Cuenca. Allí
toman un pueblo haciéndose pasar por fascistas. Una vez que quedó
constituida una junta derechista e hicieron una lista de los elementos izquierdistas,
las tropas de Mera los disolvieron, aunque fueron benevolentes con esa junta.
Ante determinadas conductas de algunos anarcosindicalistas como Germinal de
Souza, que cobraba dinero por la libertad de los sospechosos, Mera y su amigo
Valle elaboraron listas de afectos y desafectos a la causa: "Me parece
bien que se vaya haciendo una selección de las personas aptas para
ocupar cargos; deben ofrecer garantías. Hay que acabar con las ligerezas
y los favoritismos, pues si bien importa nombrar gente capaz, no es menos
importante tener en cuenta su moralidad. Para nosotros esto debe ser capital".
¿Quién hoy pondría en duda estas sabias palabras de Mera?
Es precisamente en los momentos difíciles donde la capacidad y la moralidad
deben ser ejemplo. Mera estaba preocupado por la imagen que la CNT y la FAI
pudieran ofrecer, más teniendo en cuenta que en la mayoría de
las ocasiones los desmanes cometidos nada tenían que ver con las organizaciones
del movimiento libertario. Pero la idea de algunos era crear esa leyenda negra
alrededor de las organizaciones más dinámicas del movimiento
obrero y revolucionario español. Por ello el buen hacer de la CNT y
su defensa del patrimonio cultural (en más de una ocasión se
impidió la quema de iglesias, no por ser templos religiosos sino por
haber obras de arte en el interior) fue tergiversado o ridiculizado.
En cualquier guerra y acontecimiento histórico hay que distinguir entre
cuestiones estratégicas y cuestiones morales. Puede que Madrid estrategicamente
no fuera la plaza mas importante, pero moralmente sí que lo era por
todo lo que a su alrededor atesoraba. Así Mera y otros mostraron su
indignación cuando el gobierno huyó de Madrid hacia Valencia
el 6 de noviembre de 1936. Más doloroso fue para él comprobar
cómo el Comité Nacional de la CNT que encabezaba Horacio Martínez
Prieto seguía al gobierno. Según Mera, gobierno y Comité
Nacional tenían que estar en la defensa de la capital de España.
Mientras el gobierno huía, Mera se aprestaba a defender Madrid frente
al fascismo.
Los hombres de la CNT y la FAI que partieron hacia Madrid lo hacían
llenos de entusiasmo, deseosos de entrar en esa lucha heroica que fue la defensa
del Puente de San Fernando y la llegada al Cerro de Garabitas. Pero las fuerzas
de Mera iban disminuyendo. De los 1.000 hombres que salieron de Cuenca tan
sólo le quedaba 400. Mera intentaba dar aire a los suyos con recomposiciones,
y con la llegada de la columna de Durruti los ánimos van en aumento.
¿Qué es la fuerza militar fascista ante el entusiasmo revolucionario?
Aun así las pérdidas estaban siendo muchas y la lucha se estaba
cobrando lo mejor de las organizaciones obreras. Mera le propone a Durruti
unificar sus columnas bajo el mando del anarquista leonés. Pero esto
no se puede llevar a cabo pues Durruti cae frente al Hospital Clínico
en la Ciudad Universitaria, horas después de haber estado con Mera.
Es el propio Cipriano Mera el que se desplaza a Valencia para comunicárselo
a Federica Montseny, Juan García Oliver y al nuevo secretario de la
CNT Mariano Rodríguez Vázquez. La perdida de Durruti provoca
una profunda consternación en el movimiento libertario, pero Mera,
pese al dolor, dice que su ejemplo es el que puede servir para llegar a la
victoria. Y es Cipriano Mera quien acude en representación de los combatientes
del Centro a su entierro en Barcelona.
La defensa de Madrid fue dura, pero los fascistas no llegaron en esa ocasión
a lograr su objetivo. Aun así el precio fue alto y Mera, contrario
a su pensar, tiene que aceptar la militarización de las milicias: "Triste
es reconocerlo cuando se ha defendido un ideal toda la vida, pero si realmente
nos proponemos ganar la guerra, hemos de aceptar la formación de un
ejército con la consiguiente disciplina. (
) Me horrorizaba vestirme
de militar, pero no veía otra salida y me dije: mi conducta será
en lo sucesivo el testimonio de mi honradez, así como lo fue de otra
forma y en otra circunstancia en el pasado". Fue sin duda la decisión
más controvertida en la vida de Cipriano Mera, y donde sus detractores
más se ensañan contra su figura. Mera aceptó la militarización
para ponerse al servicio de la República, pues consideró que
mejor era eso que caer en las garras del fascismo. Que fuera o no un error
no está en nuestra mano valorarlo, pues la guerra fue compleja. Nuestra
mejor posición es respetar la decisión adoptada, pues en ese
momento los compañeros así lo determinaron. Y esta aceptación
es algo que a Mera le diferencia de la militarización de los comunistas.
La historiografía en su mayoría ha dejado constancia de que
el partido que mas luchó por la militarización fue el PCE (Partido
Comunista de España) y por lo tanto el que mejor perspectiva de la
guerra tenía. Cuando Mera acepta la militarización lo hace para
defender la República, mientras que los comunistas luchaban por una
militarización que estuviera controlada por su partido y por Moscú.
Es la gran diferencia entre uno y otro. El PCE tomó como emblema el
Quinto Regimiento, del que Mera no era partidario. De hecho los encontronazos
entre los militares procedentes de las milicias confederales y los que venían
de las filas comunistas fueron sucesivos hasta el final de guerra, siempre
instigados por un PCE que quería tomar el control de la situación
y manejar la guerra a su antojo. Los anarquistas siempre se opusieron.
Mera toma el mando de la XIV División que tenía las brigadas
10, 70 y 77. El jefe de Estado Mayor fue su inseparable durante toda la guerra
Antonio Verardini, y su primo José es el jefe de transportes. Todos
bajo el mando del general Miaja, jefe del Ejército del Centro.
Para los que le critican por esto, hay que decir que Mera siempre fue responsable.
Defendió la revolución hasta el final y criticó duramente
la represión que los comunistas llevaron a cabo contra las obras revolucionarias
de los anarquistas, al igual que cuando emprendieron detenciones contra miembros
de la CNT (como fue el caso de Verardini) o del POUM (Partido Obrero de Unificación
Marxista). Luchó también para que los militares no intervinieran
en actos políticos públicos. Esa tarea la tenían que
desarrollar partidos y sindicatos, no militares. Al final hubo un decreto
en esa línea y Mera fue duramente criticado por los comunistas, que
eran muy dados a esos fastos públicos: "Estamos obligados a cortar
sin miramientos esta clase de acción política. Todos los que
estamos aquí sabemos perfectamente que tenemos prohibido efectuar dentro
del Ejército cualquier clase de propaganda política. Si una
organización determinada intenta saltarse a la torera este principio
lo impediré. Que nadie lo dude. Nuestro deber consiste en trabajar
lo mejor posible, sin regatear esfuerzos, para intentar ganar la guerra. No
estamos aquí para facilitar la preponderancia de ninguna organización".
Por último, Mera dejó bien claro que aceptaba el mando militar
sólo de manera coyuntural: "me hice la promesa de no dejarme arrastrar
por la vanidad y continuar siendo lo que antes del 18 de julio: militante
de la CNT y albañil de profesión". Y esta última
frase fue profética, pues tras las penalidad sufridas tanto en la guerra
como en el exilio y la cárcel, Mera volvió a coger la paleta
de albañil sin ningún reparo.
Una vez militarizados, es llamado para la defensa de Guadalajara. El Cuerpo
de Tropas Voluntarias (CTV) de los fascistas italianos concibió un
plan de ataque para romper las líneas republicanas en Guadalajara,
tomar Alcalá de Henares y llegar triunfantes a Madrid. Pero Cipriano
Mera demostró sus dotes organizativas y sobre todo su instinto para
la lucha. El CTV fue derrotado, se libera Brihuega (donde las matanzas días
antes habían sido escalofriantes) y Guadalajara permanece en zona republicana.
Para Mera no fue estrictamente una batalla, pero su planteamiento de la misma
es capital para que el CTV no lograrara sus objetivos. La desbandada italiana,
junto a la toma de Teruel, será una de las grandes victorias del antifascismo
internacional. El cuartel de Mera queda definitivamente asentado en Guadalajara,
si bien no lo hace en la capital para que no sufra más bombardeos.
Poco después es llamado a Brunete, donde no sólo los comunistas
de Líster le quieren engañar, sino que es objeto de un atentado
de dudosa procedencia. Líster quería hacer ver a Mera que Brunete
estaba en zona republicana. Pero Mera se percata de que está en manos
de los sublevados. El plan de Líster era hacer creer que la pérdida
de Brunete había sido por culpa de la 14 División de Mera. Aunque
se emprendió una ofensiva sobre Brunete, no se consiguió que
pasara a manos republicanas.
Mera conoce a todos los políticos de la época. Indalecio Prieto,
líder moderado del PSOE, queda impresionado por las habilidades de
Mera. Poco después el anarquista madrileño es ascendido a jefe
del IV Cuerpo de Ejército. Sus avales eran la victoria en Guadalajara
y el propio general Miaja, que veía en Mera un baluarte de defensa
del centro de España. El cuartel general del IV Cuerpo de Ejército
se establece en Alcohete (Guadalajara) y tiene un destacado papel en maniobras
de distracción al enemigo fascista para que se pudiera llevar a efecto
la toma de Teruel.
El año 1939 fue crucial para el desenlace definitivo de la guerra.
Caída Cataluña en febrero de ese año, prácticamente
los efectivos más importantes de la República estaban perdidos,
tanto humanos como materiales. Cipriano Mera es consciente de ello. Se produce
otro hito importante en la vida de Mera, su apoyo a la Junta Nacional de Defensa
que promueve Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro en sustitución
de Miaja. El gobierno de Negrín había quedado prácticamente
desarticulado, era un títere el manos de los comunistas. Todos los
intentos de hablar con Negrín son inútiles, pues hace promesas
que él mismo sabe que no va a poder cumplir. En marzo de 1939 queda
constituido el Consejo y, como previó Mera, vino parejo a una sublevación
comunista, que finalmente se pudo frenar. Las unidades de reserva que el IV
Cuerpo de Mera tenía son movilizadas para aplacar el golpe instrumentado
por el PCE. Aun con todo algunas actitudes de Casado no son bien recibidas
por Mera.
Llegados a finales de marzo se ordena al IV Cuerpo de Ejército que
comience el repliegue y promueva el exilio. El terrible final de la derrota
de la guerra se aproximaba. Mera es el último que abandona su puesto.
Parte hacia Levante para poder tomar un avión que le lleve a Orán.
La despedida de su familia es de lo más dolorosa. Comienza una nueva
etapa en la vida de Mera. Deja los galones de militar para no cogerlos más,
demostrando que su decisión fue coyuntural. Ahora toca otro tipo de
lucha.
Por el contrario de lo que pudiera parecer, al llegar a Mataganem son desarmados
y detenidos. El trato que los exiliados españoles recibieron de las
autoridades francesas fue vejatorio, más teniendo en cuenta que numerosos
campos de concentración se extendieron por su territorio y que el posterior
régimen de Vichy del mariscal Petain colaboró con los nazis
mandando a miles de españoles a los campos de exterminio. Mera no corrió
esa suerte pero sus penalidades no acabaron.
Una vez detenidos una de las tareas que emprendieron fue la reorganización
de la CNT y de la FAI en esos campos de concentración y en el presidio.
Las relaciones con republicanos y socialistas fueron fluidas. No se puede
decir lo mismo de los comunistas que incluso en esas circunstancias intentaban
imponer sus definiciones y conseguían tratos de favor con las autoridades
carcelarias. A Mera no le perdonaban que hubiese apoyado a Casado en la Junta
Nacional de Defensa. Mera siempre supo defenderse y estuvo a la altura de
las circunstancias.
Desde los primeros momentos, Mera mantuvo correspondencia con miembros de
la CNT y también de otras organizaciones. Las más fluidas fueron
con Mariano Rodríguez Vázquez, quedando interrumpidas por la
trágica muerte de este último. Una máxima de Mera fue
que debían de actuar ahora para la defensa de los refugiados y luchar
por la reorganización de las asociaciones a las que pertenecían.
Las cuestiones de la guerra y los fallos que se pudieran cometer en la contienda
es algo que se debería analizar una vez que la dictadura de Franco
cayera y se discutiera entre españoles en España. Igualmente
combatió las teorías reformistas que insistían en hacer
de la CNT un partido político al uso y vivió con tristeza cómo
destacados compañeros como Vivancos, Jover o Doménech estaban
en esa línea de actuación.
Aunque tuvo contactos con el SERE (Servicio de Evacuación de los Refugiados
Españoles) no era de su agrado porque estaba en manos de Juan Negrín
y muy controlado por los comunistas. Su actividad se volcó en colaborar
con la JARE (Junta de Ayuda a los Refugiados Españoles) que estaba
en manos de Indalecio Prieto y donde los anarquistas tenían más
influencia.
Mera estuvo en Camp Morand, de donde se fugó y alcanzó Casablanca
(no sin pasar más de una peripecia). Allí fue ayudado por anarquistas
españoles y portugueses. Y es en Casablanca donde conoce a la JARE
con la que tendrá también algún encontronazo. Se le ayuda
a regularizar su situación y trabaja primero como encofrador y luego
como albañil (vuelve a coger la paleta de albañil como dijo
en la guerra).
La situación para los refugiados se puso difícil por la hostilidad
de las autoridades francesas presionadas por los nazis. Cipriano Mera es detenido
y juzgado, con una orden de extradición a España. Todos los
intentos por salvarlo fueron inútiles y definitivamente fue entregado
a las autoridades franquistas.
Llegado a España, entra en contacto con algunos anarquista (muchos
miembros de la Juventudes Libertarias). Pasa por las cárceles de Linares,
Carabanchel y Porlier, todas abarrotadas de presos antifranquistas. Se le
forma un Consejo de Guerra donde se le acusa de pillajes y asesinatos indiscriminados.
Para Mera era normal que las autoridades del franquismo, vacías de
escrúpulos y que habían llevado el crimen como bandera, actuaran
esta manera. Se le condena a muerte. Era el año 1941. Antes le había
dicho a su hijo: "Más o menos como a mí, sin ningún
cargo justificado, han estado fusilando hasta ahora por carros y no hay motivo
para esperar el menor cambio de proceder. Será una injusticia más
y tendrás que tomar constancia de ella y sobreponerte al dolor. Deberás
ayudar a tu madre y mirar el futuro sin odio, porque éste no conduce
a ninguna parte. Tu padre, que es, como sabes, victima del odio por haber
consagrado su existencia al establecimiento de la fraternidad universal, te
recomienda por y sobre todo no odies a tus semejantes".
Mera nunca pidió el indulto, porque no quería nada de sus verdugos.
Se le conmutó la pena de muerte por cadena perpetua. En la cárcel,
algunos falangistas presos quisieron conocer a Mera, pero éste les
cortó en seco diciendo que entre falagistas y libertarios había
un río de sangre. Por lo tanto nada de uniones contra natura.
Mera fue puesto en libertad. Estuvo en algunas reuniones conspirativas, algunas
del propio ejército, de las que Mera desconfió. En 1947 la CNT
le hace el encargo de pasar a Francia e intentar acercar posturas entre la
CNT del interior y la del exterior. Se instaló en Francia y vivió
de su trabajo, primero en Toulouse y luego en París, junto a su compañera.
Trabajó en el oficio de albañil hasta los 72 años. Nunca
quiso ayuda por haber sido militar. Vivió humildemente y nunca perdió
contacto de su militancia sindical y anarquista. Asistió al importante
congreso de Limoges de 1963.
Su casa fue un desfile de historiadores y periodistas. Se creó una
aureola de héroe sobre Mera, que él mismo se encargó
de desmitificar. Ya muy anciano, en la primavera de 1975, es llevado a un
hospital por dolencias pulmonares. En la madrugada del 24 al 25 de octubre
de 1975 fallece en París. Su entierro fue una manifestación
de la que los medios de comunicación poco dijeron.
Así acababa la vida de un luchador anarquista. Tan sólo unos
días no pudo ver el fin del verdugo de España, la muerte de
Franco. Quizá hubiese sido una pequeña satisfacción para
alguien que con tanto empeño luchó por la libertad.
Reflexiones en torno
a la Sexta Declaración
de la Selva Lacandona y la nueva
izquierda latinoamericana
El Movimiento Libertario Cubano (MLC) presenta a consideración y debate colectivo sus reflexiones en torno al pronunciamiento hecho público en julio de 2005 por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en el estado de Chiapas, México.
El 1 de enero de 1994 entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos, Canadá y México; y, junto con el nuevo año, para aguar la fiesta de los poderosos, irrumpieron también en el escenario histórico, desde las entrañas mismas de la olvidada Selva Lacandona, "el fuego y la palabra" de los rebeldes zapatistas. En ese entonces, el mundo entero parecía transitar sin demasiados sobresaltos ni enérgicas contestaciones hacia el "fin de la historia" y lo hacía por el camino de la "globalización" y el neoliberalismo; es decir -para no olvidarlo y suponer erróneamente que esas palabras todo lo explican-, por el sendero de las que no son más que las formas presentes asumidas hegemónicamente por el sistema estatal de cuadriculación de los pueblos y el capitalismo transnacional; o sea, los modos actualmente prevalentes de dominación y explotación a gran escala. En un contexto tan escasamente esperanzador, la irrupción zapatista significó un vigoroso soplo de aire fresco y una estruendosa confirmación -anticipada, naturalmente, en innumerables pero menos resonantes gestos de resistencia a lo largo y a lo ancho del mundo- de que la historia seguía su curso y de que nada había detenido la lucha de los pueblos. Así fue saludada desde un primer momento por agrupaciones izquierdistas de diversos pelajes y trayectorias y así fue recibida también por el Movimiento Libertario Cubano, habiendo prestado entonces nuestro apoyo inicial a proyectos comunitarios específicos en la Selva Lacandona como el de la Escuela Antiautoritaria Primero de Mayo o el Campamento de Solidaridad Directa Mártires de Chicago. Para nosotros, tanto en aquellos primeros tiempos como ahora, la emergencia y el desarrollo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y los hechos que éste ha producido se vuelven comprensibles y reclaman una mirada especial en tanto parte de la emergencia y el desarrollo de una nueva izquierda revolucionaria latinoamericana. Es la conformación, el perfil y las orientaciones de esa constelación de agrupaciones y prácticas rebeldes lo que constituye una de nuestras preocupaciones básicas y por ello no podemos menos que inscribir en ese marco nuestra toma de posición sobre el recorrido del EZLN y su desembocadura en la reciente Sexta Declaración de la Selva Lacandona; como también sobre su tratamiento y sus derivaciones. Así lo haremos, entonces, con las solidaridades y los respetos que el movimiento zapatista se ha ganado por méritos propios y cuya proclamación es innecesaria; pero también sin ahorrarnos -en lo que sería una inconcebible demostración de demagogia y oportunismo- las anotaciones críticas que nos parezcan particularmente oportunas en tanto aportes a este lento y trabajoso proceso de consolidación de la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana.
¿Qué izquierda y dónde encontrarla?
Comencemos por el principio y démosle respuesta a la madre de todas
las preguntas: ¿qué cosa es esa nueva izquierda revolucionaria
latinoamericana de la que hablamos? En principio, no hay duda de que esa izquierda
es la que no ha renunciado a la utopía ni de palabra ni de hecho y
la que, a pesar de los pesares, encuentra en ella su principal aliento; una
utopía que puede definirse, en trazos muy generales, como una espesa
trama de relaciones de convivencia entre seres libres, iguales y solidarios;
una utopía capaz de identificar sus lejanos y venerables antecedentes
y de recuperarlos enaltecidos en su imprescindible actualización. Esa
izquierda que se nutre no sólo de la anhelada plenitud propia sino
también del vacío ajeno y crece en el desesperanzado y ancho
espacio abierto por los estruendosos fracasos del "socialismo real"
y por la inmediata defección de la anti-utopía neoliberal. Es
la izquierda que ha aprendido a reconocer y a mirar de soslayo los estrechos
y marchitados senderos dejados por el vanguardismo de corte guerrillero luego
devenido en partido único y excluyente, el populismo civil o militar
y el reformismo de corte o inspiración social-demócrata; la
izquierda que no se siente representada por ninguna autoridad "revolucionaria"
y que cuestiona el concepto mismo de "representación"; que
se busca a sí misma entre los clamores del "¡Que se vayan
todos!" y la promesa susurrante de "cambiar el mundo sin tomar el
poder"; la izquierda que se apoya en la autonomía innegociable
de los movimientos sociales de base como matriz de un mundo nuevo y que encuentra
en la autogestión y en la acción directa su más genuina
forma de ser. Una izquierda de la que, seguramente, el EZLN quiere formar
parte y que, en abierta reciprocidad, encuentra en él una de sus expresiones
de más amplia visibilidad.
Ahora bien, ni esa nueva izquierda ni el EZLN son edificios terminados que
respondan a un riguroso y prolijo plan de construcción sino que deben
ser concebidos como obras en marcha, pautadas aquí y allá por
dudas inevitables y por invenciones que se fundamentan en las necesidades
de unas prácticas rabiosamente antagonistas. El EZLN, por ejemplo,
se vuelve comprensible si es ubicado como un movimiento guerrillero de transición.
Su origen está más o menos marcado por las constantes propias
de las guerrillas latinoamericanas de los años 60 y 70: la "liberación
nacional" como concepto constitutivo, el orgullo de llamarse y sentirse
"ejército", la mística de las "comandancias",
ciertas reminiscencias simbólicas, etc., constantes no precisamente
exitosas y sobre las cuales el EZLN no parece haber practicado todavía
el ejercicio de una crítica en profundidad. Pero su propio contexto
de actuación lo fue llevando a adoptar un perfil que ya no responde
ni total ni preferentemente al viejo modelo. Y no sólo porque la "guerra
de liberación" en su sentido clásico duró apenas
12 días sino porque ya el 1 de enero de 1996 -en la Cuarta Declaración-
el EZLN nos daba la alegre sorpresa de llamar a la constitución de
"una fuerza política que no sea un partido político"
e indicar que tampoco aspirará a la toma del poder. Para decirlo en
nuestros propios términos de demarcación: ni el viejo vanguardismo
guerrillero ni el reformismo socialdemócrata. Ni -mucho menos, por
supuesto- los manes del salvacionismo populista que difícilmente se
sintieran a gusto entre las anónimas cotidianeidades de la Selva Lacandona.
Lo que ya en ese entonces comenzaba a adquirir la mayor relevancia es casualmente
lo que a nosotros más nos interesa destacar como piedra miliar de la
nueva izquierda latinoamericana: la autonomía de los movimientos sociales
de base; una autonomía que, en el radio de acción chiapaneco
del EZLN, es la de las comunidades de los pueblos originarios.
Marchas y contramarchas del zapatismo
En la compleja andadura del EZLN han convivido desde un principio, por lo
tanto, las luces y las sombras. Buscando legítimamente ensanchar su
respiración y proyectar su lucha a la totalidad del Estado mexicano,
el EZLN alternó o hizo convivir guiños y miradas de cierta confianza
a la institucionalidad dominante con la consolidación y la expansión
de su desarrollo regional autónomo. Las primeras no produjeron otra
cosa que reconocimientos mediatizados, pactos incumplidos, aplazamientos,
dilatorias y fracasos; las segundas, por el contrario, cimentaron su arraigo
en su esfera de influencia inmediata. Y, así como las primeras condujeron
a la formación episódica de grandes superestructuras políticas
que voluntaria o involuntariamente quedaron libradas a la dinámica
del Estado o a su entorno implícito de actuación y luego atrapadas
en sus mallas de acero (Convención Nacional Democrática, Movimiento
de Liberación Nacional, Comisión de Concordia y Pacificación,
etc.), las segundas propiciaron desde agosto de 2003 en adelante la emergencia
de un mayor protagonismo de las comunidades zapatistas y una quizá
saludable redefinición del EZLN; apuntando ahora en este plano -aunque
nunca del todo ni con energías uniformemente convincentes- a situarse
más como acompañante que como innecesario primer violín.
Ha sido esta forma alternativa de pensar la política y este último
curso de acción el que permitió la formación de las cinco
regiones autónomas en Chiapas y de las (no muy bien) llamadas juntas
de buen gobierno; un reordenamiento de los protagonismos que dista de haber
sido resuelto y que mucho tiene que ver con los debates y problemas de la
nueva izquierda revolucionaria latinoamericana. Luces y sombras, entonces,
a través de las cuales el EZLN ha puesto de manifiesto la fusión,
sin un plan preconcebido, de elementos viejos y nuevos; combinando -algo bien
propio de un movimiento de transición, tal como lo hemos caracterizado-
algunas de las prácticas de un ejército guerrillero convencional
con las imprescindibles osadías que reclaman las organizaciones de
base en la auto-construcción de sus autonomías. Un juego de
luces y de sombras que no deja de ejercer sus efectos también sobre
la Sexta Declaración y "la otra campaña", a las que
convendrá pasar de inmediato.
Cabe comenzar siendo ecuánimes y concordantes: si hay algo que el EZLN
ha dejado perfectamente bien claro en su Sexta Declaración de la Selva
Lacandona es que se siente defraudado y que los principales agentes del fiasco
son los partidos políticos institucionales, con sus dirigentes en primera
fila. Las palabras en tal sentido dejan poco espacio para exégesis
demasiado complicadas e innecesariamente sinuosas: "los políticos
demostraron claro que no tienen nada de decencia y son unos sinvergüenzas
que sólo piensan en ganar sus buenos dineros como malos gobernantes
que son. Esto hay que recordarlo porque ya van a ver ustedes que ahora van
a decir que sí van a reconocer los derechos indígenas, pero
es una mentira que echan para que votemos por ellos, pero ya tuvieron su oportunidad
y no cumplieron." Oportunidades e incumplimientos que -todo hay que decirlo
y con idéntica claridad- recorren país por país la biografía
de la democracia "representativa" y se incorporan con ribetes propios
a una hipotética historia universal de la infamia. Siendo así,
es correcto que el EZLN quiera dejar fuera de sus expectativas de una vez
por todas al sistema institucional de partidos, trace una nítida línea
divisoria en tal sentido y oriente su mensaje en otra dirección: "un
nuevo paso adelante en la lucha indígena sólo es posible si
el indígena se junta con obreros, campesinos, estudiantes, maestros,
empleados... o sea los trabajadores de la ciudad y el campo." O diciéndolo
de otro modo, yendo más allá todavía y ampliando el espectro
de movimientos resistentes: "en esta globalización de la rebeldía
no sólo aparecen los trabajadores del campo y de la ciudad, sino que
también aparecen otros y otras que mucho los persiguen y desprecian
por lo mismo de que no se dejan dominar, como son las mujeres, los jóvenes,
los indígenas, los homosexuales, lesbianas, transexuales, los migrantes,
y muchos otros grupos que de por sí hay en todo el mundo pero que no
vemos hasta que gritan que ya basta de que los desprecien, y se levantan,
y pues ya los vemos, y los oímos, y los aprendemos." Una red de
opresiones, de exclusiones y de dolores parece estar en la base de las preocupaciones
y de los deseos del EZLN; y tal vez hasta pueda sentirse que la propia Selva
Lacandona palpita por detrás y por debajo de esas palabras; unas palabras
que no por ser deliberadamente sencillas dejan de tener un significado entrañable
y profundo a la vez.
Se puede coincidir prácticamente por entero también con el horizonte
inmediato: la articulación más o menos estable de esos movimientos
resistentes detrás de un programa izquierdista de lucha y la puesta
en marcha colectiva de una "campaña nacional para la construcción
de otra forma de hacer política". Otra forma de hacer política:
la cual debería ser entendida como francamente distinta de aquella
desarrollada en forma descarada y contumaz por los partidos electoralistas;
siempre embarcados en esa rítmica y espasmódica sucesión
de promesas seductoras, de amnesias incalificables y de justificaciones posibilistas.
He aquí, por ejemplo, una nueva arremetida zapatista: "Y los partidos
políticos electorales no sólo no defienden, sino que primero
que nadie son los que se ponen al servicio de los extranjeros, principalmente
de los de Estados Unidos, y son los que se encargan de engañarnos,
haciendo que miremos para otro lado mientras venden todo y se quedan ellos
con la paga". Juicios ilevantables y lapidarios éstos que la Sexta
Declaración quizás extiende con ciertos matices también
al sindicalismo burocrático y de vocación entreguista: "Y
si el trabajador estaba en un su sindicato para demandar sus derechos legalmente,
pues no, que ahora el mismo sindicato le dice que hay que apechugar que bajan
el salario o la jornada de trabajo o quitan prestaciones, porque si no pues
la empresa cierra y se va para otro país". Una forma distinta
de hacer política, entonces, sobre la cual no se hacen demasiadas especificaciones
pero que seguramente debe ser entendida como una opción por la democracia
directa antes que por las "representaciones" jerarquizantes y cristalizadas;
una opción por la participación activa de la gente con sus potencialidades
a cuestas antes que por la exclusión sistemática de la que siempre
se benefician los tecnócratas y los "sabihondos"; una opción
por la sinceridad, el diálogo entre iguales y la elaboración
compartida de aquellos sueños que habrán de ser comunes antes
que por esa insensible y absurda feria de vanidades donde la simulación
y la mentira campean a su antojo. La Declaración no lo dice, pues,
pero tales cosas bien pueden darse por sobreentendidas en tanto ellas parecen
ser el auténtico camino de formación y desarrollo de las comunidades
indígenas zapatistas; las marcas esenciales de su existencia y de su
consolidación.
Cambio constitucional: una salida a ninguna parte
Que no haya definiciones excesivas ni un detallado y sofocante programa al
que suscribirse es un hecho saludable, puesto que la presencia de tales cosas
sería más una invitación a la adhesión que al
diálogo; una consideración de los movimientos sociales de base
de la sociedad mexicana más como un auditorio o un recipiente sin contenidos
que como un tejido vivo y activo, capaz de producir sus propias palabras y
sus propios fuegos. No obstante hay sí un único elemento programático
que el EZLN parece tomar como axiomático y tácitamente consensuado,
un elemento que puede ser fuente de errores de apreciación y equivocaciones
estratégicas múltiples: "una nueva Constitución".
¿Será ésta una forma elíptica de referirse a las
bases constituyentes de una nueva sociedad mexicana y, por lo tanto, el planteamiento
incluye la convicción de que ello requiere ni más ni menos que
una subversión radical de sus relaciones de poder? ¿O acaso
se trata de embarcar a los movimientos sociales autónomos detrás
de una reforma constitucional convencional cuyos trámites y reglas
de juego ya están previamente definidos en la normativa vigente y,
por ende, sujetados de antemano en esas mismas relaciones de poder? Por lo
pronto, parecería que el EZLN sostiene una concepción nostálgica
de la Constitución mexicana que no resiste un análisis en profundidad.
Veámoslo: "la Constitución ya está toda manoseada
y cambiada. Ya no es la que tenía los derechos y las libertades del
pueblo trabajador, sino que ahora están los derechos y las libertades
de los neoliberalistas para tener sus grandes ganancias. Y los jueces están
para servir a esos neoliberalistas, porque siempre dan su palabra a favor
de ellos, y a los que no son ricos pues les tocan las injusticias, las cárceles,
los cementerios." ¿Pero es que México tuvo alguna vez una
Constitución que consagrara realmente, sin cortapisas y en la más
cabal extensión de los términos "las libertades del pueblo
trabajador"? Este tipo de apreciaciones quizás llevan a pensar
que el EZLN ha comprendido muy bien las articulaciones de poder que distinguen
a los partidos políticos estatales pero que todavía no ha aquilatado
lo suficiente aquellas que distinguen al Estado mismo. Y, sin embargo, no
hay misterios en esto y también puede expresarse, parafraseando la
prosa de Marcos, con palabras bien sencillas: los partidos son como son porque
el Estado es como es.
Que el Estado es una estructura específica de dominación, una
forma jerárquica y codificada de las relaciones sociales de poder y
un aparato pensado para perpetuarse a sí mismo es algo que debería
estar fuera de toda discusión. Siendo así, la correcta descripción
que el EZLN hace del sistema estatal de partidos no puede fundarse solamente
en la malevolencia, el carácter perverso o la venalidad de sus dirigentes
sino que debe encontrar una parte sustancial de su explicación en el
hecho de que tales partidos establecen su orientación básica
como una operación de captura de las riendas del Estado. Y precisamente
por eso es que tales partidos adoptan una configuración que reproduce
puntualmente al Estado en su propia escala de actuación: es por eso
que los mismos se constituyen como instancias de control y disciplinamiento
de sus afiliados; es por eso que asignan atribuciones diferenciales a cada
uno de los órganos de su existencia piramidal; y es por eso también
que creen que su supervivencia, más allá de cualquier consideración
histórica y social, debería ser vivida por los "votantes"
-los propios y los ajenos- como una bendición del cielo. Los anarquistas
estamos convencidos de estas cosas desde hace más de 130 años
y la experiencia histórica subsiguiente no ha hecho más que
confirmar puntualmente aquellas viejas intuiciones; y lo ha hecho sin que,
desde entonces, se haya presentado una sola excepción ante nuestra
ansiosa y expectante mirada. Más aún: si antiguamente se decía
que "el poder corrompe" hoy podemos decir incluso que la mera aspiración
al poder también lo hace, por anticipado y con holgura suficiente.
En esto hay que ser claros y coherentes. ¿Cómo se compagina,
entonces, el EZLN que dice "nosotros peleamos por ser libres, no por
cambiar de amo cada seis años" con el EZLN que habla de "una
nueva Constitución"? ¿Acaso una Carta Magna pactada y transada
necesariamente con la organización estatal presente, según el
sentido tradicional de la expresión, puede congeniarse con la pelea
por la libertad? Parecería que no; y parecería también
que la orientación correcta es exactamente la contraria: la pelea por
la libertad comienza con la forja autonómica de los movimientos sociales
de base y se desarrolla en ella, mientras que la búsqueda negociada
de una nueva Constitución está condenada a empantanarse en los
tortuosos vericuetos del Estado y en sus incesantes traqueteos. Una conclusión
para la que no hace falta ningún estudio erudito de política
comparada sino que alcanza y sobra con la propia experiencia del EZLN en parecidas
materias. El fundamentado y radical rechazo que se ha hecho del sistema estatal
de partidos es un paso conceptual de importancia que ahora sólo requiere
de su complemento necesario: el rechazo de la angosta senda estatal que permita
transitar sin compromisos, ataduras o distracciones por el fértil camino
de la autonomía. Es esa autonomía de los movimientos sociales,
asentados todos ellos en el marco de actuación territorial que resuelvan
darse, la condición libertaria por excelencia: una autonomía
que requiere emanciparse de todo poder omnisapiente, externo y superior para
que cada colectivo pueda trazarse, con el mayor margen de libertad posible,
sus propios objetivos, sus propias relaciones de convivencia y sus propios
cursos de acción; sin condicionamientos ni extorsiones, pensándose
a sí mismos y a sus devenires y confiando antes en sus propias capacidades
que en predestinaciones, mesianismos, ingenierías, conspiraciones o
casualidades que -ya se sabe- no condujeron, no conducen y no conducirán
a parte deseable alguna.
Porque todos podamos "caminar preguntando" y "mandar obedeciendo"
Muchas más cosas podrían discutirse solidariamente con el EZLN
a propósito de su Sexta Declaración; o, mejor aún, hacerlo
con las comunidades zapatistas en pleno y, en general, sobre las vidas y las
luchas de los pueblos.
Nos gustaría, por ejemplo, profundizar bastante más sobre la
"globalización" y el neoliberalismo, de modo que entre todos
podamos trazarnos un mapa del mundo que no es representable exclusivamente
en blanco y negro, ver que en la arena de este circo hay algo más de
dos gladiadores y que es necesario identificar toda una trama de relaciones
locales que se articulan por conveniencia propia y no por pura obsecuencia
con los grandes centros de poder mundial. Porque, en definitiva, el capitalismo
también tiene en México su carta de ciudadanía y su faceta
transnacional específica, sin la imperiosa necesidad de que sea un
agente externo el que le dé vida, lo impulse y lo proyecte. Y consideraciones
de ese tipo nos permitirían poner en común, casi con íntegra
certeza, la convicción de que no sólo los políticos entreguistas
y sus corruptelas son los responsables de la situación sino que además
hay una cierta gama de capas sociales que también se desvelan por el
mantenimiento del statu quo. Tal vez ello nos llevaría a compartir
definiciones mucho más marcadamente anticapitalistas, antiestatistas
y antiburocráticas que quizás el EZLN ya se haya formulado para
sus adentros pero que todavía no ha puesto rotundamente de manifiesto.
Nos gustaría reflexionar fraternalmente también sobre una frase
de la Sexta Declaración a la que asignamos especial importancia y que
ilustra uno de los rasgos distintivos del EZLN durante todo este tiempo: "o
sea que arriba lo político democrático mandando y abajo lo militar
obedeciendo. O tal vez es mejor que nada abajo sino que puro planito todo,
sin militar, y por eso los zapatistas son soldados para que no haya soldados."
Porque, realmente, si fuera "puro planito todo" nadie manda y nadie
obedece sino que cada cual actúa a partir de sus convicciones, de sus
posibilidades y de sus compromisos con los acuerdos libremente adoptados.
Y diríamos también que es paradójico y peligroso eso
de que haya soldados para que no haya soldados puesto que entonces -¡qué
lío con las palabras!- siempre tendríamos que contar con algunos
soldados para que no hubiera más soldados. Porque parece mucho mejor,
más directo y más claro decir que somos anti-militaristas; y
luego trabajar realmente, de lleno y sin medias tintas por la disolución
de todos los ejércitos.
Nos gustaría discutir más detenidamente con nuestros compañeros
de la Selva Lacandona los motivos por los cuales estamos entusiasmados con
la idea de reunir a los movimientos sociales mexicanos en una red amplia y
sin exclusiones. Pero, incluso así, querríamos mantener una
respetuosa discrepancia respecto a un procedimiento que tal vez no sea el
mejor. En efecto, creemos que esa red no debería tener centro alguno
y, precisamente por eso, el EZLN no tendría que haberse auto-atribuido
el papel de coordinador inicial, asignándose a sí mismo la administración
de un diálogo en rueda donde los participantes han sido previamente
categorizados y se reúnen según las disposiciones de fecha,
lugar y orden del día decididos por el CCRI. Seguramente habría
sido mejor que las fechas hubieran surgido de una vasta consulta previa, que
el lugar fuera equidistante y que el orden del día de partida no resultara
ser otra cosa que el libre fluir de una palabra plural e irreductible. Pero
quizás tampoco quepa desconfiar de las intenciones y sí pensar
que esta convocatoria no es más que una urgida necesidad fundacional
y que no faltarán oportunidades en el futuro para que las cosas sean
de otro modo.
Cuba: tan cerca de Chiapas y tan lejos del EZLN
Nos gustaría extendernos sobre estas cosas y muchas otras, pero no
parece oportuno ahora más que dejarlas planteadas. Sin embargo, hay
un tema que no podemos soslayar en este momento y que, en tanto Movimiento
Libertario Cubano, nos interesa directa y especialmente. Nos parece magnífico
que el EZLN ponga de manifiesto su solidaridad con los pueblos en lucha de
América Latina y del mundo y bien podemos hacer nuestras sus declaraciones
en tal sentido. Incluso, en la medida que las luchas de los pueblos están
en todas partes, creemos que es una buena imagen literaria sostener que no
se sabe muy bien dónde entregar los testimonios solidarios del EZLN.
Lo que no queda claro, entonces, es el mecanismo ideológico y político
por el cual todos los pueblos del mundo son "inubicables" mientras
que el pueblo cubano sí puede encontrar su sede, su residencia natural
y su legítima representación en la embajada de su gobierno en
Ciudad de México. Planteadas las cosas de este modo es como si el EZLN
interrumpiera casi todos sus conceptos, prácticas y aprendizajes en
el momento mismo de "desembarcar" en Cuba. Porque ¿qué
vinculación natural y coherente puede haber entre un planteamiento
que apunta a exaltar el tejido de la sociedad mexicana a través de
sus movimientos sociales de base y otro que supone que su equivalente cubano
se encuentra enteramente absorbido por su gobierno? Más aún,
¿el EZLN cree que el gobierno cubano encarna el modelo de la nueva
izquierda revolucionaria latinoamericana o que está dispuesto a participar
del mismo así sea como discreto acompañante? ¿El EZLN
considera que hay que hacer en México lo mismo que ha hecho el Partido
"Comunista" en Cuba? ¿El EZLN no supone que es contradictorio
e inconsecuente emparentar solidariamente la autonomía de las comunidades
de base con un régimen centralizador y excluyente? ¿El EZLN
no piensa que la expresión del pueblo cubano puedan ser organizaciones
populares autónomas cuya emergencia el gobierno se encarga meticulosa
y sistemáticamente de evitar por medio de la represión preventiva?
¿Qué respuestas de fondo, en definitiva, puede dar el EZLN a
interrogantes de tanta gravitación?
Pero, además, el EZLN no puede desconocer ni haber olvidado que durante
cuatro largas décadas los gobiernos cubano y mexicano mantuvieron relaciones
carnales; uno de cuyos mejores momentos seguramente puede encontrarse en torno
al silencio cómplice del gobierno cubano respecto a la matanza de Tlatelolco
en 1968 y al envío de deportistas a las olimpíadas inmediatamente
subsiguientes; aun a pesar de los llamamientos al boicot de las mismas a que
entonces convocara la izquierda mexicana. Una relación carnal inter-estatal
a la que no le cuesta encontrar su personificación en la amistad de
Fidel Castro y Carlos Salinas de Gortari; una parte de cuya fortuna -amasada
gracias al expolio de trabajadores mexicanos- es hoy invertida en territorio
cubano. A partir de estos antecedentes y de muchos de similar talante, al
EZLN no debería resultarle difícil constatar que, para la élite
dirigente cubana, el eje de las relaciones internacionales no está
constituido por las luchas de los pueblos sino que esas luchas son reinterpretadas
a voluntad según el tipo de vinculación que el partido monopólico
defina tener con el resto de los gobiernos; siempre y cuando éstos
puedan aportarle algo de oxígeno a su capacidad de sobrevivencia. ¿Cómo
se explica, si no, que la diplomacia cubana haya apoyado las luchas contra
el apartheid en Sudáfrica y también se haya solidarizado casi
hasta la extremaunción con el régimen de Suharto en Indonesia,
que mantenía una situación parecida en Timor Oriental? ¿Qué
coherencia puede haber entre suscribirse al derecho de los pueblos africanos
a definir su destino y al mismo tiempo enviar tropas de ocupación a
enfrentarse a los independentistas eritreos según las necesidades del
ajedrez soviético o, ya en un registro virtualmente paródico,
entrenar a la escolta militar de Idi Amin? ¿Qué justificación
tiene el gobierno cubano para enviar a su vicepresidente a participar en el
Foro de Davos y luego al presidente de su Asamblea Nacional a protestar en
Porto Alegre contra ese mismo foro? ¿Cómo puede ser que se condene
con tanto énfasis el racismo en la Conferencia Mundial de la ONU realizada
sobre el tema en Durban y luego se rechacen todas las invitaciones para analizar
las razones por las cuales hay una sobre-representación de personas
negras en las cárceles cubanas? Y así sucesivamente; hasta donde
pueda llegar la curiosidad crítica de quien sea.
A todo esto: ¿hace falta que se le recuerde al EZLN las condiciones
de vida del pueblo cubano y su imposibilidad absoluta de organizarse autónomamente
o tan siquiera de expresarse para enfrentar esa situación? Pensamos
que toda referencia concreta al respecto es innecesaria en este momento y
queremos creer que la mención a la embajada del gobierno cubano en
Ciudad de México no es mucho más que un acto fallido; un lapsus
que puede ser enmendado cuando se presente la primera oportunidad. Y queremos
creerlo así porque lo que está en juego es mucho más
importante y así lo hemos insinuado desde un principio. Repitámoslo
y tengámoslo presente de aquí en adelante: lo que importa es
la conformación, el perfil y las orientaciones de una constelación
de agrupaciones y prácticas rebeldes que hoy están en condiciones
de nutrir a la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana. En ese trabajo
de creación no puede haber descuidos ni ligerezas ni frases de cortesía.
En ese trabajo de creación el gobierno cubano no tiene nada para aportar
porque los únicos mensajes genuinos que nos permitirán avanzar
en el camino de la libertad no habrán de partir de los despachos burocráticos
de La Habana sino de bullicios y estrépitos que surgen bien de abajo
y que abajo mismo encuentran sus ecos inconfundibles. Es allí donde
están los "forajidos" ecuatorianos, la resistencia mapuche,
los regantes cochabambinos, las fábricas recuperadas en Argentina,
las ocupaciones de tierras en Brasil y, por supuesto, también las búsquedas
y ensayos que hoy mismo tienen lugar en la Selva Lacandona. ¡Por el
comunismo libertario!
Arroja la bomba
que escupa metralla,
coloca petardo
y empuña la "star". (bis)
Propaga tu idea
revolucionaria
hasta que consigas
amplia libertad.
Acudid los anarquistas
empuñando la pistola
hasta morir,
con petróleo y dinamita
toda clase de gobierno
a combatir y destruir.
Es hora que caiga
tanta dictadura,
vergüenza de España
por su proceder. (bis)
No más militares,
beatas ni curas,
abajo la Iglesia
que caiga el poder.
Acudid...
Esta canción fue compuesta por un preso anarquista durante la Dictadura
del general Primo de Rivera (1923-1930). Enseguida se hizo muy popular. Como
la letra era considerada demasiado violenta por algunos, se compuso una variante:
Defiéndete pueblo / contra tus tiranos / hasta que consigas / un mundo
de hermanos. / Defiende tu idea / de la tiranía, / que tu vida sea
/ en plena anarquía. // Luchemos hombres conscientes / defendiendo
nuestra vida y dignidad; / despejemos nuestras mentes, / implantemos nuestra
ansiada sociedad. // La anarquía es orden / y amor a la ciencia, /
el funesto Estado / es la violencia. / Rompe tus cadenas, / no las sufras
más, / si sabes romperlas / tendrás libertad. // A vivir como
hombres libres; / anarquistas imponed vuestra moral / superior a la burguesa,
/ destruyamos para siempre el Capital. // Luchemos obreros / por el anarquismo,
/ ideal hermoso / lleno de altruismo. / Redímete pueblo / de la autoridad,
/ que mata y oprime / con impunidad. // No ya más explotadores, / resplandezca
ya en la tierra la igualdad, / a luchar los productores / por un mundo de
justicia y de equidad. // Desnudos nacimos / hombres y mujeres, / igual en
derechos / igual en deberes. / Iguales nos hizo / la naturaleza, / iguales
seremos / en la madre tierra. // Ya no más pobres ni ricos, / suprimamos
de una vez la esclavitud. / Es misión del anarquismo / si lo sabe defender
la multitud.
Existe otra variante que dice: Levántate hermano / contra los tiranos,
/ Estado, la Iglesia / y el vil Capital. (bis) / No tengas conciencia / de
tanta canalla, / que explota tu cuerpo / sin tener piedad. (bis) // Acudid
los anarquistas / empuñando la pistola / hasta morir, / con petróleo
y dinamita / en cenizas las prisiones / convertid y destruid. //Ya es hora
que caiga / tanta dictadura, / vergüenza de España / por su proceder.
(bis) / No más militares, / beatas ni curas, / que arda la Iglesia
/ y caiga el poder. (bis) // Con las armas en la mano / las prisiones y las
cárceles abrid, / libertad a nuestros hermanos / y las cárceles
y prisiones / destruid y extinguid.
Parece ser que en el Congreso de Zaragoza de la CNT (mayo de 1936) se entonaba
otra letra que empezaba así: Bella Zaragoza / ciudad libertaria...