
SECCIONES
Cien años de la Revolución rusa de 1905
Introducción
Varios son los centenarios que en este año 2005 se pueden rememorar.
Se han cumplido cuatrocientos años de la publicación de El Quijote,
cien del nacimiento de Federica Montseny, otros tantos de la muerte de Élisée
Reclus, Louise Michel y Julio Verne o, por enumerar uno más, este es
el año de la física por los descubrimientos de Albert Einstein.
Pero entre todos estos centenarios hay uno que se está pasando por
alto y que es necesario que los anarquistas recordemos. Nos referimos a la
Revolución rusa de 1905. Fue el primer acto revolucionario de renombre
internacional en el siglo XX y la inauguración de un proceso que en
la primera mitad del siglo pasado fue de enorme importancia para la humanidad.
Desde ese 1905 numerosos fueron los acontecimientos revolucionarios que se
sucedieron. En 1909 se produjo la revolución en Barcelona que se ha
conocido como "Semana Trágica". En 1910 se produjo la Revolución
mexicana y la primera revolución en China. En 1917 la transformación
definitiva en Rusia. En 1918 la revolución en Alemania. En 1919 en
Hungría. Y así una larga lista hasta la transformación
más profunda, la de España en 1936.
Pero todo lo anterior vino precedido por el terremoto de Rusia en 1905. Rusia
se había convertido desde hacia tiempo en un referente para el mundo
revolucionario, por la cantidad de exiliados que tenía y que luchaban
por un mundo mejor, tanto en su tierra como fuera de ella. Pero desde 1905,
ese referente tomó forma universal y cualquier revolucionario tuvo
a Rusia como paradigma, para bien o para mal.
El estudio de la Revolución rusa, a grandes rasgos, se puede hacer
desde distintas fechas. Hay quien sólo toma como referente la gran
transformación que se efectúa en 1917 y años posteriores.
Algunos empiezan a ver las corrientes del cambio desde la revolución
de los decembristas en 1825.
De este acontecimiento de 1905 poco se ha dicho. Sin embargo, ese año
la revolución en Rusia toma toda la tradición revolucionaria
anterior y marca la pauta para los cambios posteriores. Porque probablemente,
y no es la intención de hacer ucronías, si en 1905 no hubiese
estallado ninguna revolución, Rusia hubiese tardado mucho tiempo en
transformarse y se hubiese quedado anquilosada en una estructuras políticas,
económicas y sociales medievales.
Pero nuestra intención no es sólo rememorar aquellos acontecimientos.
Queremos rescatar lo que el movimiento anarquista representó en esas
horas decisivas. El legado del anarquismo ruso que será tenido en cuenta
por el anarquismo internacional. Porque muchas historiografías vacían
de contenido la idea anarquista en la Revolución de 1905. Y si bien
el papel del movimiento libertario no fue el determinante, sí jugó
una baza importante y tuvo una implantación más que aceptable.
Rusia y el anarquismo tendían a confundirse.
Veremos cómo la Revolución de 1905 provoca el surgimiento de
una estructura organizativa de amplio espectro y que hoy también está
desfigurada, tanto por liberales como por marxistas. Nos referimos al soviet
o consejo, cuyo origen, formación y funcionamiento tiene mucho que
ver con la práctica anarquista.
Aunque la Revolución de 1905 fue aplastada por un falso reformismo
que también fue apartado, sus enseñanzas sirvieron para los
futuros levantamientos revolucionarios.
Cien años después esas enseñanzas siguen completamente
vigentes y los revolucionarios de hoy mucho tenemos que aprender de los revolucionarios
de ayer. Porque todas las cuestiones que hoy nos atañen ayer también
estaban vigentes. Y si la lucha de antaño logró doblegar la
maquinaria estatal y capitalista, sus enseñanzas nos son de utilidad.
Situación de Rusia
Hasta 1867 Rusia era un vasto imperio plurinacional gobernado por una
monarquía absoluta que se creía de origen divino. Se extendía
por tres continentes: Europa, Asia y América. Aunque vendió
sus territorios americanos (Alaska) a Estados Unidos en 1867, todavía
las extensiones de su territorio le hacían el país más
grande del mundo.
Políticamente estaba gobernada por una monarquía absoluta que
aún se creía la encarnación de Dios en la Tierra y se
autodenominaba autocrática. Los zares (emperadores) eran los soberanos
desde que Alexandr Nevski reagrupara el Principado de Moscovia. En el momento
del estallido revolucionario de 1905 dominaban los Romanov, dinastía
que se entronizó en 1613 y que era de origen lituano. Nicolás
II era el zar desde 1894. Mientras Europa avanzaba con revoluciones y cambios,
en Rusia todo intento de cambio era abortado. Además, el pueblo tenía
todavía la idea benévola de que su dirigente estaba siendo engañado
por unos funcionarios corruptos. Según su credo, entre Dios y el Zar
no había nadie.
Económica y socialmente Rusia era un país feudal o semifeudal.
Según el censo de 1897 contaba con una población de 123 millones
de personas. La base económica era el campesinado. A finales del siglo
XIX un 80 por 100 de la población se dedicaba a las tareas campesinas.
"El mujik continuaba sobrellevando su vida primitiva en chozas de madera
de una sola habitación y con el suelo de tierra, que posiblemente compartía
con sus cabras y sus cerdos y subsistiendo de pan, sopa de coles y vodka"
(Paul Avrich: "Los anarquistas rusos"). El campesinado había
superado el régimen de servidumbre en 1861, merced a las reformas de
Alejandro II. Pero en la práctica nada cambió. De hecho, si
en los primeros años de este cambio los campesinos sí notaron
la diferencia, a posteriori la situación empeoró de tal manera
que algunos añoraban la época previa a 1861. El mir, o tierra
comunal, subsistió hasta 1906, pero la gran cantidad de campesinos
sin tierra que existía lo hizo completamente ineficaz, aparte de estar
boicoteado por las autoridades autocráticas. La clase dominante se
contabilizaba, según algunas fuentes, en 103.000 propietarios de tierras,
de los cuales unas 100 familias controlaban las grandes extensiones de propiedad
y eran las principales fuentes de poder.
A pesar de todo, las formas industriales de producción se fueron extendiendo
sobre todo en los grandes centros urbanos. A la altura de 1905 existían
en Rusia entre 3 y 4 millones de trabajadores industriales. Pero su situación
no era mucho mejor: "Esclavos poco antes, los obreros industriales se
encontraban arrancados de sus pueblos nativos y amontonados en los escuálidos
dormitorios de las fábricas de las grandes ciudades. Víctimas
de los insensibles capataces y directores de fábrica, con unos salarios
miserables, reducidos muchas veces por pequeñas infracciones de las
reglas de la empresa, y sin ninguna posibilidad legal de comunicar sus quejas,
los trabajadores sólo con suma dificultad conseguían ajustarse
a su nuevo modo de vida" (Pazhitnov). Se impulsaron sobre todo las zonas
industriales de Moscú y San Petersburgo. Cercana a Moscú se
encontraba la zona de Ivanovo-Voznessensk, conocida como la Mánchester
rusa, que desarrolló una importante industria de tejidos. En San Petersburgo
(posteriormente Petrogrado y, después, Leningrado) destacaron las fábricas
Bálticas, los astilleros Nevski y la fábrica Putilov, base de
muchos movimientos revolucionarios. La explotación de los recursos
naturales rusos, de gran abundancia, se produjo en la zona petrolera de Bakú
(actual capital de Azerbaiyán) y la zona hullera del Donetz (en la
actual Ucrania).
La base revolucionaria de Rusia fue, pues, el campesinado y el proletariado
industrial. Pero el desarrollo de los círculos estudiantiles también
fraguó muchos movimientos revolucionarios. En 1884 un estatuto universitario
clausuraba sus círculos, por lo que las tareas conspirativas del estudiantado
crecieron mucho. Trataremos esto un poco más en los orígenes
revolucionarios de 1905.
La religión oficial de Rusia era la ortodoxa. Los popes desde sus púlpitos
introducían ideas oscurantista que mantenían a la población
en la ignorancia merced a que los derechos de educación también
estaban cercenados.
Rusia era un territorio plurinacional. El grupo más amplio era el de
los grandes rusos, que representaba las dos terceras partes de la población.
Su talante siempre fue el de la rusificación, es decir, extender todo
lo relacionado con su cultura, costumbres y formas a las restantes nacionalidades
internas. Su ideología, en los sectores más progresistas del
nacionalismo, la definían como paneslavista. Le seguían los
pequeños rusos, que eran los ucranianos, los rusos blancos o bielorrusos
y los polacos, letones, lituanos, etc. Todos estos, sobre todo los polacos
y los ucranianos, desarrollaron sentimientos nacionalistas. Por último
nos quedan los judíos, que sufrieron numerosos progromos y fueron el
centro de la ira de muchos. En 1905 el ministro del Interior Pleve, partidario
de la rusificación, impulsó una política antisemita,
acusando a los judíos de ser los responsables de los acontecimientos
revolucionarios de 1905.
Nos encontramos, pues, ante un panorama de pauperización, con un régimen
político despótico y unas estructuras atrasadas. El ensimismamiento
que tanto el zarismo como la religión ejercían sobre el pueblo
poco a poco fue diluyéndose y generó la aparición de
los primeros movimientos renovadores y revolucionarios que cambiarían
la forma de pensar y las estructuras en Rusia.
Las ideologías politico-sociales
Si algo ha ido fuertemente unido al progreso de la humanidad ha sido la
aparición de ideas y pensamientos que han conseguido agitar las conciencias
de las gentes. La Revolución rusa no ha sido menos. Vamos a analizar
algunas de esas corrientes, porque a la hora de especificar su participación
en los acontecimientos, agrandaremos lo que aquí expongamos. Igualmente
trataremos brevemente el anarquismo, si bien dedicaremos posteriormente un
capítulo especial a su desarrollo y participación durante la
Revolución de 1905.
Liberalismo: El movimiento liberal tuvo sus primeros focos entre la nobleza. Muchos de los militares de alta graduación que habían participado en las guerras napoleónicas conocieron de cerca su ideario. Por ello es la nobleza uno de los sectores que se rebela contra el régimen zarista en 1825 en la llamada revolución de los decembristas (aunque esta revolución también se extendió entre los campesinos y otras capas sociales). Pero a la altura de 1905 el movimiento liberal es muy minoritario y prácticamente residual. La llamada "inteligentsia" había desarrollado tal movimiento y se quedaba como fruto de esas capas acomodadas que veían que sólo una revolución burguesa y liberal sería suficiente para sacar a Rusia de su atraso económico. Cuando la Revolución de 1905 fuerza la apertura de una Duma (parlamento), los liberales fundan el que será su partido más representativo el Partido Constitucional-Demócrata, conocido como Partido Kadete (pues las siglas de Constitucional-Demócrata en ruso daban ese sonido). Este partido también fue conocido como Partido de la Libertad del Pueblo. Aun así su influencia fue realmente escasa, aunque iba en constante crecimiento.
Populismo: Fue un movimiento característicamente ruso (que no hay
que confundir con los populismo latinoamericanos). El populismo aunaba en
su seno las corrientes de un pasado idílico con un contenido progresista.
Fue un movimiento puramente romántico que nació de la inspiración
de Alexandr Herzen. El populismo poco a poco se fue organizando como corriente
y dio lugar a la creación de una organización, Narodnaïa
Volia (La Voluntad del Pueblo). De ideario poco definido, La Voluntad del
Pueblo cayó en acciones terroristas, confundiéndose en ocasiones
con otro movimiento de amplia implantación en Rusia: el nihilismo.
Durante los sucesos de 1905 el partido que mejor aglutinaba las aspiraciones
del populismo fue el Partido Social-Revolucionario (PSR) nacido en 1900. De
base agraria, toma casi todos los postulados de Herzen, aunque también
bebe del terrorismo propio del nihilismo y de la acción directa más
propia del anarquismo. Fue una de las opciones revolucionarias en 1905, aunque
con posterioridad el partido se dividió en la tendencia de derecha
conocida como eserista, la tendencia de izquierda y los maximalistas, que
acabaron uniéndose a los anarquistas.
Marxismo: Al igual que otras ideologías revolucionarias, el marxismo
creció con fuerza fuera de las fronteras de Rusia. Fue Georgi Plejanov
el primero en introducir el marxismo en Rusia, creando el grupo Liberación
del Trabajo. Al principio embrionario, pues el movimiento populista estaba
más extendido, a partir de 1898 creció el marxismo, merced a
que ese año se funda en Minsk el Partido Obrero Social-Demócrata
de Rusia (POSDR), que tenía como precedente la Unión de Lucha
para Liberación de la Clase Obrera. Uno de sus órganos de expresión
fue Iskra (la chispa). En su II Congreso (Londres, 1903) el partido tuvo una
división interna en dos facciones. Por una parte la encabezada por
Lenin, que consideraba que el triunfo revolucionario en Rusia solo vendría
si el POSDR encabezaba un movimiento revolucionario impulsado por el proletariado
industrial. Mientras que la facción de Martov (y por entonces también
Trotski) consideraba que el cambio tenía que ser paulatino y se tendría
que producir primero el cambio de las condiciones objetivas para poder pasar
a las condiciones subjetivas propias de la filosofía marxista. A la
primera corriente se la llamó bolchevique (mayoría) y a la segunda
menchevique (minoría). En esta situación llegan a la Revolución
de 1905, pues la ruptura definitiva no se produciría hasta 1912, cuando
la facción bolchevique se constituye como partido sin renunciar a la
terminología socialdemócrata.
Dentro de este grupo habría que incluir al Bund, el partido socialdemócrata
de los judíos. Aunque dividido en varias facciones y muy extendido
por todo el territorio, el Bund fue un movimiento muy determinante en numerosas
cuestiones de política revolucionaria de Rusia.
Anarquismo: Dos de las grandes figuras del anarquismo fueron rusas, Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin, pero se hicieron anarquistas fuera de Rusia. El desarrollo del anarquismo ruso fue muy limitado hasta prácticamente el siglo XX. Merced a la poca claridad de ideas, se tendía a confundir al anarquismo en muchas ocasiones con el populismo y con el nihilismo. Los grupos minimamente organizados estaban en Moscú, San Petersburgo y la que fue la ciudad del anarquismo en Rusia, Bialystok. Sacaron órganos de expresión y realizaron en algunas ocasiones incautaciones de tierras. También propagaron los escritos de autores como Kropotkin, Malatesta o Merlino. Pero si por algo se caracterizó el anarquismo ruso fue por las distintas tendencias que mostró dentro de Rusia, entre los partidarios de la acción terrorista, los partidarios del comunismo o los partidarios del sindicalismo. Cada sector lo analizaremos posteriormente con más profundidad.
Las acciones terroristas: El terrorismo ruso tuvo bastante importancia hasta prácticamente los albores de la Revolución. Una de sus principales fuentes inspirativas fue el nihilismo. Al principio fue un movimiento cultural, cuyo desarrollo se debe a personajes como Dobroliubov, Pisarev y en menor medida Chernichevski. Estas corrientes al final acabaron en acciones individuales de carácter terrorista. Consideraban que el principal problema era determinadas figuras que retrasaban el desarrollo de Rusia. Eliminando tal figura se eliminaba el problema. Los nihilistas influyeron con su propaganda a los populistas y a determinados grupos anarquistas, contagiados por la idea distorsionada que sobre el anarquismo dio Serguéi Nechaev. Así se produjo el atentado que acabó con la vida de Alejandro II en marzo de 1881. Esta acción fue completamente impopular, pues el pueblo ruso no entendió esa actitud. Todos los autores eran miembros de Narodnaïa Volia y fueron condenados a muerte. Graneveztki fue el autor material del atentado. Fue condenado a muerte junto a Perovskaia, Jeliabov, Kibalchich, Mijaílov y Rysakov. Otros ministros, sobre todo del Interior, fueron ejecutados por difusos movimientos terroristas, la mayoría de ellos vinculados al PSR. Así Balmachov ejecutó al ministro Sipiaguin, Sazonov a Pleve y Kaliagev ejecutó al gran duque Sergio. Estas acciones servían para que las autoridades ejercieran una fuerte represión contra el movimiento organizado a través de la Ojrana, la policía política del zarismo.
El estallido revolucionario
Hemos comprobado anteriormente que Rusia, a pesar de tener un régimen
político, económico y social anclado en posicionamientos feudales,
desarrolló un movimiento contestatario y de oposición que cada
vez se fue haciendo más fuerte. Y hemos visto ya cómo determinadas
ideologías hicieron acciones contra el zarismo, unas más afortunadas
que otras.
Al final del siglo XIX la situación rusa se tornaba cada vez más
convulsa. En 1884 un decreto clausuraba y prohibía la formación
de círculos y sociedades estudiantiles, que cada vez eran más
antizaristas. Los estudiantes se convierten desde entonces en un eje de oposición
y el Gobierno considera que el único camino para aplacar este frente
es la represión y la incorporación de los estudiantes al Ejército.
En respuesta a estas medidas, el estudiante Karpovich asesinó en 1901
al ministro de Educación Bogolopov.
Aparte de los conflictos nacionalistas, que iban en aumento, los trabajadores
también comenzaron a movilizarse. En 1899 se desata una dura crisis
depresiva en la industria textil. Igualmente en 1903 los obreros petrolíferos
de Bakú y Batum comienzan una lucha por las mejoras de sus puestos
de trabajo. Esta actitud de lucha se extendió a varias zonas de Ucrania.
A estas cuestiones hay que añadir lo impopular que estaba comenzado
a ser la guerra ruso-japonesa. Iniciada en febrero de 1904, la propaganda
rusa fue tremendamente triunfalista. A finales de año la derrota rusa
era una realidad y la pérdida de Port Arthur en diciembre de 1904 fue
la chispa que desencadenó los acontecimientos.
Poco a poco se van formando círculos obreros y de oposición
política. Socialdemócratas, social-revolucionarios y anarquistas
extienden cada vez más sus actividades, sobre todo en las grandes ciudades.
Este avance del movimiento obrero hace que las autoridades intenten controlarlo.
Se crean por ello organizaciones obreras legales para vaciar de contenido
revolucionario las protestas y así ofrecer visos de preocupación
de las autoridades ante el problema obrero. La Ojrana infiltra en estos círculos
a elementos adeptos a ella. En Moscú lo hace Zubatov y en San Petersburgo
el pope Gapón.
Zubatov fue rápidamente descubierto, por lo que no pudo llevar a cabo
su plan. Sin embargo Gapón en San Petersburgo llevó una actividad
más disimulada, hasta tal punto que finalmente llegó a confraternizar
con los trabajadores. Constituyó las llamadas Secciones Obreras, donde
se excluyó la participación de los miembros de partidos y organizaciones
revolucionarias. Se instruyó a los obreros en una lucha legal para
controlar sus actividades. La misión de Gapón era precisamente
alejarlos de cualquier influjo revolucionario.
A finales de 1904 hubo problemas laborales en la fábrica Putilov, donde
Gapón tenía adeptos. Se planteaba hacer la huelga general. Gapón
intentó que la movilización se llevara por cauces legales. Pero
no resultó eficaz tal actitud, por lo que los obreros pedían
explicaciones a Gapón de porqué se estaba utilizando esa vía.
Al final se accedió a redactar un manifiesto donde se expondría
la situación de los obreros y se entregaría directamente al
Zar. Se mostraba una vez más la idea de benevolencia que el pueblo
tenía respecto al Zar.
Aquí vieron la oportunidad los social-revolucionarios (que entonces
tenían más adeptos) y solicitaron que las peticiones no fueran
tan complacientes con el régimen. Prácticamente su programa
mínimo quedó reflejado. Pedían libertad de expresión
y asociación, educación pública y gratuita, igualdad
ante la ley, libertad para los presos políticos, legislación
laboral, paulatina entrega de la tierra al campesinado, separación
Iglesia-Estado, etc. Era una petición moderada, típica de una
revolución burguesa y democrática, pero que para el zarismo
significa nada menos que su propia desmantelación.
Gapón había confraternizado con los obreros aunque desde una
posición triunfalista. Veía cómo el zarismo podía
caer y él seria el idolatrado líder de las masas. Incitó
a un juramento por el cual si el Zar no aceptaba las peticiones o eran reprimidos,
los súbditos se podrían considerar desvinculados del Zar y habría
que utilizar todos los medios para destronarlo.
Se acordó que el día 9 de enero de 1905 se haría la marcha
hasta el Palacio y allí una delegación encabezada por Gapón
le entregaría la solicitud al Zar.
Pero el Zar no estaba en San Petersburgo y la orden era la represión.
Los soldados abrieron fuego contra las masas de trabajadores indefensos, que
en muchos casos portaban iconos religiosos e incluso retratos de Nicolás
II. La masacre se había consumado. Gapón fue herido y sacado
fuera de Rusia. Se conoció este acontecimiento como el Domingo Sangriento.
El divorcio entre el Zar y el pueblo ya era una realidad.
Gapón fue cuidado por los social-revolucionarios, pero al final volvió
a entrar al servicio del Estado zarista, presa de la desesperación
y de la vida desenfrenada. Esta vez fue descubierto y ejecutado por los trabajadores
cuando volvió a Rusia años después.
Pero el mes de enero de 1905 fue el inicio de la llama que ya no pararía
en Rusia hasta la liquidación del zarismo.
Es en este contexto de lucha donde hay que situar el nacimiento del soviet.
La historiografía liberal y marxista tiende a confundir el nacimiento
de este órgano obrero. Para algunos historiadores como Oskar Anweiler,
el soviet como tal nace en verano de 1905. Otros sitúan su origen en
la comisión oficial de Chidlovski. Para otros el verdadero origen es
a final de 1905, cuando León Trotski toma el poder del soviet de San
Petersburgo. Pero es Volin (Vsevolod Mijáilovich Eichembaum) quien
nos narra mejor cómo surgió el soviet, merced a que él
estuvo presente en ese acontecimiento.
El nacimiento del soviet se produjo en enero-febrero de 1905. Para Volin "El
nacimiento del soviet fue un acontecimiento completamente privado, en ambiente
muy íntimo, al abrigo de toda publicidad, al margen de toda campaña
o acción de envergadura".
A tenor de la huelga de la fábrica Putilov y la represión del
Domingo Sangriento el 9 de enero de 1905, Volin se va convirtiendo en un referente
entre determinadas personalidades del movimiento obrero. Antes de la movilización
él ya advirtió que el Zar no iba a ceder ante semejante postura.
Tras la movilización llegó a casa de Volin un desconocido, Georgi
Nossar, que al igual que Volin, simpatizaba con el movimiento obrero pero
no pertenecía a ningún partido. Nossar conocía a personalidades
de la oposición liberal que estaban dispuestas a ayudar a los afectados
por las movilizaciones del 9 de enero.
En casa de Volin se hicieron las primeras reuniones. Allí surgió
la idea de la creación del soviet: "Así es como una tarde,
en mi casa, donde se hallaba Nossar y, como siempre, muchos obreros, surgió
entre nosotros la idea de crear un organismo obrero permanente, especie de
comité o más bien de consejo que vigilara el desarrollo de los
acontecimientos, sirviera de vinculo entre todos los obreros, les informara
sobre la situación y, llegado el caso, pudiera reunir en torno a él
las fuerzas obreras revolucionarias".
A este organismo se le dio el nombre de Soviet de Delegados Obreros. Se ofreció
a Volin la posibilidad de ser su presidente, pero como Volin no era obrero
rechazó tal proposición en varias ocasiones. Después
se lo propusieron a Nossar, que a pesar de no ser obrero, aceptó el
cargo con el nombre de Jrustalev. Fue el primer presidente del soviet de San
Petersburgo, primero que surgió en la historia. Sacaron una hoja informativa
llamada Izvestia (noticias) del Soviet de Delegados Obreros.
Como hemos dicho algunos situaron el origen del soviet en la llamada Comisión
Chidlovski, que fue el intento gubernamental de articular el control obrero.
Nossar acudió a esta comisión como delegado del soviet, por
lo tanto éste ya existía cuando se creó la comisión.
Las peticiones de la Comisión Chidlovski eran la jornada laboral de
8 horas de trabajo, el seguro estatal, la libertad de organización
y representación y la finalización de la guerra ruso-japonesa.
El desarrollo de esta comisión desilusionó al soviet, por lo
que Nossar la abandonó.
El soviet se extendió por otras ciudades, pero fue de efímera
existencia. El de San Petersburgo se mantuvo durante un tiempo, pero Nossar
fue arrestado. Fue entonces cuando, en otoño de 1905, Trotski accede
a la presidencia del soviet como un menchevique. Fue por lo tanto el segundo
presidente del soviet de San Petersburgo.
Uno de los puntos más importantes referentes al soviet fue la actitud
que el POSDR tuvo hacia él. Todo el empeño de los socialdemócratas,
sobre todo de los bolcheviques, fue el de controlar el soviet. Lo consideraban
un elemento rival, pues según los bolcheviques duplicaba la tarea que
debía llevar el POSDR. Emitieron un comunicado para que se pusieran
al servicio del partido. El soviet se negó en rotundo. El POSDR lo
consideró un organismo apartidista pues su dirigente Nossar era un
sin partido, por lo que lo consideraron un rival político.
Nadie puede dudar la importancia que atesoraban los soviets. Según
Anweiler "el motivo para la formación de los soviets fue el deseo
de agrupar y dirigir su lucha dispersa, y en ningún caso la toma del
poder político". Es decir, la introducción de la teoría
de la toma del poder del Estado por los soviets surge cuando la influencia
socialdemócrata ya ha calado en su seno.
Aun así Anweiler no comparte el origen del soviet cn Volin. Según
él su origen esta en Ivanovo-Voznesensk en la llamada "Mánchester
rusa". Es lógico que conozca este origen del soviet pues como
dijo Volin su surgimiento primero fue en un ambiente privado y fuera de la
publicidad. Los soviets de Ivanovo-Voznesensk se crearon con motivo de las
huelgas del textil de esa zona (cercana a Moscú), aunque estaban presididos
por electricistas y grabadores. Sus puntos eran: A) Dirigir el paro laboral,
B) No permitir acciones ni negociaciones separadas, C) Cuidar de la actitud
ordenada y organizada de los trabajadores, D) Comenzar el trabajo no antes
de que lo conviniera el soviet. El soviet de San Petersburgo lo sitúa
en octubre de 1905, aunque sí sitúa a Nossar-Jrustalev como
su primer presidente. Es en ese momento cuando el soviet comienza a ser controlado
por la facción menchevique.
Como podemos comprobar, la revolución de 1905 no se quedó focalizada
en San Petersburgo y Moscú sino que se extendió por diversos
lugares de Rusia. En el verano de 1905 ya hemos visto cómo los trabajadores
del textil de Ivanovo-Voznesensk fueron a la huelga. Las huelgas se extienden
hacia el sur y los ferroviarios de Odessa se suman a la movilización.
Estas huelgas que se fueron manteniendo en el tiempo fueron enormemente respaldadas
a partir de octubre de 1905, cuando se vuelve a producir una nueva oleada
revolucionaria. Aquí es donde hay que situar la revuelta del acorazado
Príncipe Potemkim. Este navío había sido enviado para
reprimir los movimientos huelguísticos de Odessa por orden del ministro
Trepov. Las condiciones de los marineros a bordo eran extremadamente duras.
La comida estaba en mal estado y el comandante Golikov tenia un trato inhumano
hacia la tripulación.
Los marineros se rebelan contra sus mando por sus pésimas condiciones
y en solidaridad con las huelgas del interior del país. El marinero
Vakulinchuk encabeza al principio la revuelta pero es asesinado por la oficialidad.
Matiushenko toma las riendas de la rebelión, iza la bandera roja y
elimina a la oficialidad, entre ellos a Golikov. Cuando llegan a Odessa apoyan
la huelga allí declarada y muestran el cadáver de Gregori Vakulinchuk.
La represión se cierne sobre Odessa y el acorazado parte. Toma como
miembros de la tripulación a un grupo de mencheviques que querían
dar un impulso político al motín.
Pero la protesta se desinfla y acaban llegando al puerto rumano de Constanza
para evitar la feroz represión de las autoridades zaristas.
De la revuelta del Potemkim es de la que más se habla merced a la película
de Eisenstein (ver comentario en páginas centrales). Los soldados del
Zar cada día estaban más disgustados con su situación
y en muchas ciudades confraternizaron con los huelguistas. Entre el verano
y el otoño de 1905 numerosas guarniciones de soldados de Sebastopol
y Balistok confraternizaron con las huelgas y las movilizaciones de los trabajadores.
Destaca por ejemplo la revuelta que encabezó Petrov en el regimiento
de Brest.
Otros acorazados como el Ochakov o el Rostilov también izaron bandera
roja a imitación del Potemkim. El oficial de la marina retirado Schmidt
se puso a la cabeza del buque Ochakov en Sebastopol. Los marineros, junto
con la población civil, controlaron la situación y evitaron
el más que posible progromo contra los judíos de la zona.
Finalmente la reorganización de las fuerzas gubernamentales logró
aplastar la revuelta y Schmidt fue fusilado.
Posteriormente desarrollaremos las consecuencias políticas y sociales
de estos acontecimientos. Ahora sólo adelantamos que las autoridades
zaristas asediadas frenaron el avance revolucionario con la apertura de una
Duma (parlamento) que después ellos mismos clausuraron.
Si bien la Duma frenó la revolución y la represión desmembró
parte de las organizaciones revolucionarias, a finales de 1905 volvieron a
surgir movimientos huelguísticos en la zona de Moscú, aunque
en esta ocasión fueron mucho más focalizados. Que no se generalizaran
hizo que las huelgas de diciembre de 1905 fueran fácilmente aplastadas.
Con ello se cierra el período revolucionario de 1905. Ahora pasemos
a analizar el papel que jugó el anarquismo en este movimiento.
El papel del anarquismo
Anteriormente hemos mostrado brevemente que la implantación del
anarquismo en Rusia fue cada vez más importante.
Si por algo se caracterizó el anarquismo ruso fue porque todos los
grupos buscaban la misma finalidad, la desaparición de la sociedad
de clases y la formación de la vida sin Estado. Pero no todos los grupos
consideraban que había que utilizar los mismos medios para llegar a
tal finalidad. Algunos eran más coherentes que otros a la hora de establecer
la relación de medios y fines.
Tras los progromos de 1903, fue en las ciudades judías, los shtetls,
donde se estructuró un fuerte movimiento anarquista. Bialystok se convirtió
en el centro del anarquismo. Esto se debió también a la radicalización
del Bund.
Los anarquistas rusos tuvieron desde el inicio una fuerte disputa con los
socialdemócratas. Les acusaban de tener luchas de poder, lo que hacía
que sus perspectivas de acción se diluyeran. El marxismo se olvidaba
del campesinado ruso en la revolución y sólo centraba su actividad
en la minoría proletaria industrial. Los anarquistas criticaban que
las demás corrientes del socialismo contemporizaban con la sociedad
existente. Por ello muchos anarquistas se lanzaron a la ocupación de
tierras y otros a acciones de tipo terrorista.
Todavía en 1903-1904 el movimiento anarquista está en pleno
período de formación y es aún un movimiento embrionario.
Los anarquistas rusos tienen varias fuentes de influencias propias de la tierra
rusa:
-Rescatan el pensamiento de Bakunin y Kropotkin, aún vivo en esas fechas.
-Toman la tradición revolucionaria rusa de Stenka Razin y Yemelian
Pugachev.
-Beben de los círculos tolstoianos. León Tolstoi es una figura
que alcanza tintes míticos.
-Los círculos de Petrachevsky, que defendía el socialismo de
Fourier en San Petersburgo, también son tenidos en cuenta.
-Askasov desarrolla un eslavismo influido por Proudhon, Stirner y Fourier.
-Una parte del anarquismo también se deja influeir por algunas corrientes
del populismo de Herzen.
Lo curioso es que la mayor fuerza del movimiento anarquista ruso estuvo más
fuera que dentro de las fronteras. A pesar de la influencia de Bakunin y Kropotkin,
dentro del territorio ruso sólo se conoció durante el siglo
XIX a un oscuro personaje como fue Sergei Genmadierich Nechaev. A pesar de
mostrar admiración por Bakunin, fue más un prototipo de dictador
y de inductor de atentados. Por ello Bakunin se desvincula de Nechaev.
En Ginebra hay que destacar al círculo kropotkiano del armenio Alexandr
Atabekian. Funda la Biblioteca Anarquista que edita en ruso textos de Bakunin,
Kropokin, Malatesta y Merlino.
En 1902 se edita en Londres "La conquista del pan" con el titulo
de Jleb i Volia (pan y libertad). Este mismo título lo utiliza un periódico
que surge en Ginebra en 1903. Debajo del título se podía leer
la frase de Bakunin "La urgencia por destruir es también la urgencia
creadora". Este periódico se introdujo en Rusia y donde tuvo mayor
éxito fue en Bialystok a través del grupo Borbá (lucha).
El grupo Borbá editó también textos clásicos y
la obra de un colaborador de Kropotkin, Vaarlam Nikolaevich Cherkesov, que
escribió quizá una de las mejores críticas al marxismo.
También editaron un relato sobre la huelga de Chicago de 1886, de Orgiani.
En Londres existía también un grupo de anarquistas judíos
que publicaron los periódicos Der Arbayter Frayind y Zsherneral.
Con la revolución de 1905 la influencia de los grupos anarquistas va
en aumento. En las manifestaciones últimas de diciembre, el protagonismo
corresponde en su mayoría a socialdemócratas y anarquistas.
Igualmente, antes de la revolución de 1905, Bialystok tenía
grupos anarquistas embrionarios. En octubre de ese año ya existían
cinco círculos con un importante trasvase de miembros social-revolucionarios
al anarquismo. El soviet de la ciudad es de mayoría anarquista.
Existieron importantes grupos en Varsovia, Vilna, Riga, Minsk, Grodno, Kovno
y Gend. A estos hay que añadir el surgimiento de grupos en Moscú
y San Petersburgo. Los shtetls también contaban con grupos anarquistas.
En el sur aparecen en Odessa y Ekaterinoslav así como en Jarkov, Kiev,
el Cáucaso y Crimea. En Georgia contaban con un periódico llamado
Nobati cuyo miembro más representativo fue Cherkezishvili. Hacia él
se dirigieron las críticas de un incipiente Stalin menos conocido.
Determinados grupos anarquistas consideraban que la mejor manera para conseguir
la sociedad sin Estado era la acción terrorista. El grupo Chornoe Znamia
(bandera negra), aun autodeterminándose kropotkiano, siguió
esta línea. Tenían fuerza en el oeste y en el sur del país.
Su órgano de expresión fue Anarjiya (anarquía). Desde
su periódico mandaban mensajes incendiarios contra el poder. En el
verano de 1905, en Bialystok utilizaron su órgano de expresión
para criticar al Estado y la propiedad como los verdaderos enemigos de los
rusos y no los japoneses. También criticaron la modalidad de lucha
que los socialdemócratas y los social-revolucionarios empezaron a llevar
a cabo. A pesar de todo esto, para estrategias más precisas tuvieron
contactos con socialdemócratas, social-revolucionarios, bundistas y
sionistas.
Otro grupo en esta línea fue Beznachalie (sin autoridad). Sus puntos
fuertes fueron San Petersburgo, Varsovia, Minsk y Kiev. Se proclamaban anarcocomunistas
aunque mostraron admiración por Stirner, Tucker, Nietzsche y Nechaev.
Su fundador fue un joven llamado Bidbei cuyo verdadero nombre era Nicolai
Romanov, curiosamente igual que el Zar. Publicaron un periódico titulado
Listok Grupy Beznachalie (el panfleto del grupo Sin Autoridad). Mezclaron
a Bakunin con Nechaev y a Marx y con Kropotkin. Tuvo como continuador del
grupo a Rostovtsev, que formaba parte de un grupo anarcocomunista en San Petersburgo
en 1905. Tenían una bandera con el siguiente lema: "Por la tierra,
por la libertad, por un destino anarquista". Durante la revolución
de 1905 hizo llamamientos al luddismo y advirtió de la actitud del
Zar. Un infiltrado policial, Dimitri Bogoluvov, provocó la caída
del grupo en 1906.
Otros grupos a destacar fueron el Grupo Internacional de Riga y la Organización
de Combate del Sur de Rusia. En Kiev y Moscú existían grupos
de propaganda. En Kiev destaca German Borisevich Sandomirski y Vladimir Ivanovich
Zabrezhnev. Surge después el grupo Svoboda (libertad) que distribuye
propaganda en Moscú y Nizhi Novgorod.
Ya en 1906 surgieron en Moscú los grupos Svobodnaie Comuna (Comuna
Libre), Solidarnost (Solidaridad) y Bezvlastie (Anarquía). Tuvieron
relaciones con el PSR y con el POSDR.
Un grupo de menor importancia numérica pero que también existió
fueron los anarcoindividualistas. Destacan Alexei Aleksevich Borovoi y Lev
Chornyi. Su propaganda se centró en combatir al Ejército. Critican
la táctica de Kropotkin y también la de los anarcosindicalistas.
Publicaron el periódico Volnyi Rabochi (el trabajo libre). Apoyaron
la expropiación de tierra pero con sentido.
La corriente sindicalista surge con fuerza a raíz de que en Rusia se
está formando la clase obrera industrial. Para grupos como Bandera
Negra o Sin Autoridad, influir sobre el obrero no tenía sentido si
no es a través de la violencia política.
Los sindicalistas rusos bebían directamente del sindicalismo francés,
cuyo representante más destacado fue Fernand Pelloutier, muy próximo
al anarquismo. El sindicalismo revolucionario que surge en Francia tiene como
fuentes al anarquismo con su oposición al Estado y a la política
profesional impulsando la creación de consejos obreros. De los marxistas
tomaron el concepto de lucha de clases, también inserta en la propaganda
anarquista. Del tradeunionismo toman la solidaridad de clase.
El grupo Jleb i Volia de Kropotkin tuvo defensores del sindicalismo como María
Korn y Gogelia Orgiani. Los movimientos previos a 1905 lo vieron como el embrión
de esa lucha de clases que podía encauzar el sindicato. Abogaron por
la creación de un sindicato al estilo de la CGT francesa y a la creación
de bolsas de trabajo también formuladas por Pelloutier.
El máximo impulsor del sindicalismo es D.I. Novomirski. Inspirado en
el sindicalismo francés, intentó la creación de una Unión
Revolucionaria del Trabajo de Rusia. Con ello imprimía al sindicalismo
un carácter anarquista alejando a los obreros de un sindicalismo oportunista.
Contó con apoyo de socialistas, social-revolucionarios y anarquistas.
De hecho, los grupos anarcocomunistas de Jleb i Volia llegaron a aprobar la
inclusión de sus efectivos en los sindicatos.
Durante el periodo de 1905 a 1907, se desarrollaron fuertemente los sindicatos
por parte de Ucrania y de Rusia, llegando a aglutinar a casi 5.000 adherentes.
Estuvieron muy vinculados a los grupos anarquistas, sobre todo en Moscú.
Es decir, el impulso de los sindicatos se produce durante el periodo de 1905
y es gracias a los anarquistas.
La emigración rusa en EE UU y Canadá también se organizó
sindicalmente por la Unión Anarcosindicalista de Obreros Rusos en EE
UU y Canadá.
Los defensores de la postura sindical rusa vieron que desde finales del siglo
XIX e inicios del siglo XX, las oleadas revolucionarias que llegaban a Rusia
eran una prueba de que sólo la organización obrera era la solución
para poder sacar al trabajador ruso de su situación.
La revolución de 1905 vino a confirmar tal hipótesis. De hecho,
el surgimiento del soviet lo vieron los sindicalistas como ese órgano
que recogía la tradición del pasado y preparaba el futuro. Un
órgano creado desde la base por los obreros y vacío de contenido
politicista era el objetivo de anarquistas y sindicalistas. Aquí es
donde se trabó la lucha contra el POSDR y otras corrientes del socialismo.
Muchos anarquistas fueron vetados en los soviets. El 28 de noviembre de 1905
el Consejo Ejecutivo de Soviets de Diputados Obreros, ya en manos mencheviques,
veta la entrada de los anarquistas a los mismos. Lenin apoya tal actitud en
un artículo publicado en Novaya Zhin. Y esto a pesar de que el contenido
del soviet estaba más cercano al anarquismo que al bolchevismo.
En Rusia, tras la revolución de 1905, se repitió un debate generado
en el congreso anarquista internacional de Ámsterdam de 1907. Allí
Pierre Monatte defendió la lucha sindical como la única válida
y más efectiva para la derrota del sistema capitalista. Por su parte
Errico Malatesta consideraba que el sindicalismo era una vía, pero
no la única. El sindicalismo era susceptible de reformismo y de caer
en el control de los socialistas marxistas. Por ello llamaba a la precaución.
Siempre que el sindicalismo fuera revolucionario, podría tener posibilidades
de éxito, pero sin desdeñar otras vías. Por esto Malatesta
fue injustamente tachado de antisindicalista.
Los anarquistas rusos entendieron mal las palabras de Malatesta. Los grupos
Bandera Negra y Sin Autoridad eran abiertamente antisindicalistas, pues consideraban
que el sindicalismo era aceptar las bases legales del sistema y puro reformismo,
y que sólo buscaba cuestiones particulares y puntuales. En esta línea
están los hermanos Grossman (Juda y Abraham Solomovich).
El anarcocomunista German Karlovich Askasov estaban más en la línea
de Malatesta y de Kropotkin. Distinguía entre el sindicalismo tradeunionista,
que era puramente reformista, y el sindicalismo revolucionario, que hundía
sus raíces de lucha en la I Internacional. Los anarquistas podían
participar de este segundo, pero cuidando de que no cayera en control partidista,
pues sus estructuras era susceptible para ello. Aun así Askasov defiende
el modelo de lucha revolucionaria puramente anarquista como más efectivo.
Aunque algunos aplacaron sus discursos, como los miembros del primer grupo,
tras la revolución de 1905 se forzó la posibilidad de tolerar
por el régimen zarista agrupaciones obreras (ya desde principios de
siglo existían consejos de fábrica profesionales donde actuaron
sindicalistas). Esto permitió la expansión de propaganda sindical
por los anarquistas, lo que les valió el calificativo de "anarquistas
legales".
Pero en algo coincidieron todos los anarquistas, aunque en el fondo seguían
sus diferencias de táctica. El momento de la revolución debía
ir acompañado de una enseñanza a todo el ser humano. Rechazaban
la profesionalización e intelectualismo en la revolución. Cualquier
movimiento vanguardista y con élites desembocaría en una nueva
dictadura. Seguían aquí el ideario de Bakunin y de un ex marxista
polaco llamado Jan Vaclav Machayski, que con su obra "El obrero mental"
criticaba las corrientes socialistas elitistas. Machayski también elogió
a ideólogos como Kropotkin que daban planteamientos científicos
al anarquismo. Por este aspecto también un grupo de anarquistas acusaron
a otro de cientificismo y dogmatismo.
Pero de lo que no se puede dudar es de la influencia del anarquismo en aquellas
decisivas jornadas. Después fue creciendo en influencia hasta representar
una alternativa diáfana al bolchevismo.
Triunfo reformista
Las actividades revolucionarias de 1905 llevaron al zarismo al borde del
colapso. Evidentemente el zarismo quería salvar la situación
y concedió determinadas prerrogativas que, si para muchos simbolizaban
el cúlmen de sus posibilidades, para otros eran el primer paso en sus
objetivos, pues colmaban sus programas mínimos. Sólo los anarquista
y algunos socialdemócratas veían que la nueva situación
era el balón de oxígeno que el zarismo necesitaba para poder
salvar la situación.
Hacía tiempo que a las actividades subversivas se había unido
el grupo de los liberales. Su objetivo era llegar a una situación que
forzara la apertura de una Duma, el parlamento ruso, donde poder legislar
y establecer una Constitución de talante democrático y liberal.
Organizaron sus asociaciones profesionales como la Unión de Uniones,
también la clandestina Unión de la Liberación y finalmente
el ya citado Partido Constitucional-Demócrata o Kadete.
Con una situación bastante tensa, el Plan Bulyguin pretendió
la apertura de una Duma con un sistema muy restringido. Pero las revueltas
lo abortaron. La llegada de Serguéi Witte al Ministerio del Interior
impulsó la creación de una Duma mas seria.
Las manifestaciones de octubre de 1905 pusieron en jaque al zarismo. Todo
el país quedó paralizado. El Zar promulga entonces un manifiesto,
el llamado Manifiesto de Octubre, en el que convoca la Duma de Estado a imitación
de los Estados Generales en la revolución de 1789. Por ello los incondicionales
del Zar crean el Partido Octubrista.
Con esto se pretendía resolver dos cuestiones:
-Dar una imagen de normalización democrática en el extranjero
y poder conseguir así un empréstito.
-Yugular la revolución con una concesión liberal.
Ambos objetivo se cumplieron. Francia concedió el empréstito
y la apertura de la Duma para muchos era la conclusión de la revolución,
pues todo lo que habría de conseguirse se haría ahora desde
la normalidad democrática.
Por ello, una vez que el régimen cogió el aire que necesitaba,
le fue fácil emprender la represión. La teórica libertad
de prensa pronto fue suprimida y las figuras que habían encabezado
el soviet, como Jrustalev y Trotski, fueron encarcelados. Todos los medios
fueron efectivos para debilitar la revolución. Los intentos de reacción
ya explicados, como la huelga de diciembre de 1905, fueron inútiles.
Por ello lo único tangible que se había obtenido de la revolución
de 1905, dejando a un lado toda la enseñanza que después mostró,
fue una Duma que cuando el régimen se vio con fuerza también
suprimió.
En las primeras elecciones, las organizaciones que se presentan son: la Unión
del Pueblo Ruso, un partido de carácter ultrarreaccionario y antisemita.
A pesar de entrar en la Duma se consideraba antiparlamentarista y fuertemente
zarista. El Partido Octubrista y la Unión 17 de Octubre eran partidos
menos reaccionarios, monárquicos, minoritarios y de la alta burguesía.
El Partido Kadete o Partido de la Libertad del Pueblo era el partido de la
burguesía. Unos querían una república liberal y otros
aspiraban a una monarquía constitucional. El lado obrero del parlamento
quedaba completado por el PSR y el POSDR. Fuera de ese arco parlamentario
estaban los anarquistas.
Esta Duma fue clausurada en el verano de 1906. La oposición que dirigió
contra Nicolás II forzó su cierre. Muchos diputados se retiraron
a Vyborg (Finlandia). Otros prepararon la campaña para la nueva Duma
que se iba a abrir. Pero ésta también fue clausurada. Cada Duma
que se abría era más conservadora y reaccionaria, pero para
un régimen como el autocrático zarista era demasiado. Al final
fue un órgano completamente controlado por el zarismo.
Las aspiraciones revolucionarias quedaron frenadas por las reformas de Stolypin.
Aun así los movimientos antizaristas fueron en aumento y es lo que
llevó a que en febrero de 1917 el Zar tuviese que abdicar. Se inauguraba
un nuevo periodo revolucionario que merece un análisis más extenso.
Epílogo
La represión que se desató contra las organizaciones revolucionarias
mermó considerablemente sus actividades. Con la revolución de
1905 se llega a tres conclusiones importantes:
-Con esta revolución se acaba la leyenda de que el Zar estaba engañado
por una burocracia indecorosa y que le impedía escuchar al pueblo.
La represión fue dura y a la cabeza de la misma estaba el propio Nicolás
II. Su crédito se fue perdiendo y la I Guerra Mundial le sentenció
definitivamente.
-Durante las jornadas de 1905 no llegó a cuajar ningún organismo
obrero de clase, ya que los soviet estaban en estado embrionario, con ello
se abrieron las puertas al oportunismo de cualquier partido político
para poder controlar una futura revolución. Esto pasaría factura
en 1917.
-Se habían sembrado las semillas para una nueva revolución.
El zarismo no era infalible y, aunque recuperó terreno, tras 1905 salió
seriamente erosionado.
Entre 1906 y 1916 no hay movimientos destacables en el interior de Rusia.
Huelgas y motines existieron. En Sveaborg y Kronstadt se produjeron revueltas
de renombre y a tener en cuenta.
En lo que respecta al anarquismo, las leves reformas emprendidas tras la revolución
de 1905 fueron criticadas y combatidas, buscando una revolución de
mas amplio alcance. Estas reformas y la represión merman al anarquismo.
El exilio de los anarquistas rusos tuvo dos focos fundamentales. En París
existió la organización Hermandad de los Comunistas Libertarios,
donde Karelin hizo una fuerte campaña contra el zarismo y la represión
que sufría el anarquismo en tierras rusas.
En apoyo de los presos rusos surgió en 1907 la Cruz Roja Anarquista,
que posteriormente se empezó a denominar Cruz Negra Anarquista, para
no confundirse con la organización humanitaria homónima.
En 1906 surgió en París el periódico El Petrel. Orientado
hacia las teorías de Kropotkin y el sindicalismo, otras plumas más
reacias a estas corrientes también participaron en él. Nicolai
Rodgaev y Maxim Raevski encabezaban este grupo.
Aparte de la Federación Anarquista de Londres y otros focos en Ginebra
con el periódico Buntar, fue en EE UU donde se articuló un fuerte
movimiento anarquista ruso. Allí surge el grupo Goloss Truda (la voz
del trabajo) y el periódico del mismo nombre. Con el tiempo se convierte
en el verdadero órgano de los anarcosindicalistas rusos. En este momento
comienzan a sonar con fuerza los nombres de personajes anarquistas rusos como
Alexandr Berkman (ya famoso en EE UU con anterioridad), Emma Goldman o Volin.
Cuando se preparaba un congreso anarquista internacional en Londres, impulsado
por Kropotkin y por Shapiro y que iba a servir para acercar posturas, estalla
la I Guerra Mundial. El anarquismo tiene en ese momento una pequeña
división entre los llamados anarquistas aliadófilos, que como
Kropotkin o Grave, consideraban que el triunfo de las fuerzas germanas sería
un retraso para la revolución, y los anarquistas antibelicistas, que
consideraban la guerra como un elemento de control capitalista y que los intereses
de los trabajadores no estaban en ningún bando sino en el triunfo de
la revolución.
En el interior de Rusia el anarquismo tardó en reorganizarse por la
represión desatada contra él. En 1911 surge en el Instituto
Comercial de Moscú un círculo anarquista que compara las tendencias
teóricas y practicas del anarquismo. En 1913 este círculo se
constituye en Grupo Anarcocomunista de Moscú y toma contacto con Goloss
Truda en EE UU. Entre sus representantes está V. Judolei. Su actividad
se propagó como un reguero de pólvora y pronto el anarquismo
tomó fuerza en otros lugares. En el interior también se produjeron
discusiones entre aliadófilos, que serán fieles a Kropotkin,
y antibelicistas.
Pero en vísperas de la revolución de 1917 el anarquismo estaba
reorganizado y con nuevas fuerzas actuando por todo el territorio ruso.
Sin la revolución de 1905 los fenómenos posteriores quizá
no hubiesen existido.
La revolución
en el cine:
El acorazado Potemkin
En diciembre de 1925 se presentó en el Teatro Bolshoi de Moscú
la película "El acorazado Potemkin", considerada por la crítica
internacional como una de las mejores películas -si no la mejor- de
la historia del cine. Su director, Serguéi Mijáilovich Eisenstein,
contaba tan sólo 28 años de edad. Este coloso del cine era hijo
de un ingeniero de origen judeoalemán y de una acomodada mujer eslava.
Estudió arquitectura en Pietrogrado, acudiendo también a la
Escuela de Bellas Artes, donde descubrió el Renacimiento italiano,
que le fascinó. Particularmente le apasiona la figura de Leonardo da
Vinci. También descubre las teorías psicoanalíticas de
Freud, que le interesan tanto que se llega a plantear abandonarlo todo para
marchar a Viena con la idea de seguir los cursos del eminente profesor.
Con el estallido de la Revolución rusa de 1917 toma partido por la
causa proletaria y se alista en el Ejército Rojo. En 1920 ingresa en
el Teatro Obrero del Proletkult como decorador, aunque pronto pasará
a ser director escénico. Abierto a las vanguardias teatrales, él
mismo experimenta en sus montajes: instala un cuadrilátero de boxeo
en el escenario para representar "El mexicano" o convierte una fábrica
de gas en teatro para montar "La máscara de gas". Llega un
momento en que el teatro le queda pequeño y empieza a experimentar
las técnicas cinematográficas. Influido por Griffith y por Vertov
(teórico del "Cine-ojo"), rueda en 1924 su primer largometraje,
"La huelga", que cuenta la lucha de unos obreros metalúrgicos
masacrados por las tropas del Zar. Con este film expone la que será
una de sus características fundamentales: la síntesis entre
el realismo documental más crudo y el simbolismo y expresionismo más
barrocos. La otra gran característica de Eisenstein revolucionará
el lenguaje cinematográfico: hablamos de la importancia del plano en
la unidad del montaje.
En 1925, el Comité Central del Partido Comunista de la Unión
Soviética decidió producir ocho películas que conmemoraran
el vigésimo aniversario de la intentona revolucionaria de 1905. A Eisenstein
le encargaron la realización de un film que, bajo el título
de "El año cinco", recogiera diversos aspectos del estallido
revolucionario. El proyecto pretendía enlazar, con un hilo temático
más ideológico que expresivo, una serie de acontecimientos que
empezaban con la huelga de los obreros de las instalaciones petrolíferas
de Bakú en diciembre de 1904; seguían con la manifestación
del Domingo Sangriento, el 9 de enero de 1905, y con el motín a bordo
del acorazado Príncipe Potemkin, y concluían con la huelga de
Odessa en junio.
Pronto se dio cuenta Eisenstein de que el proyecto era desmesurado, por lo
que consiguió de las autoridades que le permitieran tratar en el film
tan sólo el motín del Potemkin y la huelga de Odessa. Extractamos
el argumento de la película:
-I. Hombres y gusanos.- Es de noche en el acorazado Príncipe Potemkin, anclado frente al puerto de Odessa, en el mar negro. Mientras la marinería duerme en las hamacas, soportando a duras penas el intenso calor, en un rincón apartado de la cubierta, Vakulinchuk y Matiushenko, marineros del movimiento revolucionario clandestino, comentan el despotismo de los oficiales y la mala alimentación a que éstos les someten. Vakulinchuk despierta a los compañeros más concienciados y les incita a la rebeldía. A la mañana siguiente (14 de junio de 1905) los marineros se niegan a comer una carne llena de gusanos. El médico de a bordo afirma que se trata simplemente de larvas de mosca y que su presencia será eliminada en cuanto laven la carne con agua salada. El oficial Giliarovski ordena a los marineros que se dispersen y, a pesar del ambiente hostil, un cocinero parte en trozos la carne agusanada para echarla en los calderos. Llegada la hora de servir la comida, la actitud de resistencia prosigue; los que pueden permitirse pagar su alimentación adquieren latas de conserva en la cantina.
-II. El drama sobre cubierta.- El capitán Golikov ordena que toda la dotación del acorazado forme sobre cubierta. A su orden de que den un paso al frente los que estén conformes con la comida sólo responden los suboficiales y unos pocos tímidos marineros. Ante esta actitud de franca rebeldía, el capitán llama a la guardia y ordena que cubran con una lona a los insurrectos y abran fuego sobre ellos. Pero en el momento en que el oficial Giliarovski da la orden de disparar, Vakulinchuk grita al pelotón de ejecución: "¡Hermanos! ¿Sobre quiénes vais a tirar? ¿Sobre vuestros hermanos?" Los guardias bajan sus armas negándose a cumplir la orden y se suman a los condenados. Éstos, apartando la lona que los cubría, se adueñan rapidamente del barco y corren al depósito de armas, donde se apoderan de fusiles y municiones. Los oficiales tratan de huir, pero la marinería los persigue. Se entabla una lucha violentísima y los oficiales (incluido el hipócrita y cruel pope de a bordo) son arrojados al mar y, nadando a toda prisa, tratan de acercarse al puerto. Vakulinchuk resulta ser la única víctima entre los insurrectos, muerto a traición por el oficial Giliarovski.
-III. La sangre pide venganza.- En una lancha es trasladado al puerto el cadáver de Vakulinchuk y depositado a primera hora de la mañana en el muelle, bajo una tienda de campaña. La población civil confraterniza con los sublevados, desfila en larguísima manifestación ante el cadáver y les envía víveres. Un marino improvisa un discurso incendiario. Un orador, llegado desde Odessa a bordo del Potemkin, advierte a los rebeldes de que los oficiales han establecido relación con el Alto Mando y de que en el Teatro de la Ópera de Odessa se acaba de constituir un Estado Mayor militar contrarrevolucionario. Mientras en el barco los marineros izan la bandera roja, la ciudad es un hervidero, no solo de trabajadores sino tambien de burgueses. Uno de éstos intenta culpar de todo a los judíos, pero es avergonzado por un obrero.
-IV. La escalinata de Odessa.- Diversas embarcaciones llevan desde el puerto hasta el acorazado los regalos de la ciudad. En la gran escalinata situada frente al puerto, una multitud saluda a los sublevados, agitando pañuelos, vitoreándoles, mostrando de todas formas su simpatía. De pronto, en lo alto de la escalinata aparece una fila de cosacos que empieza a disparar con sus fusiles sobre la muchedumbre indefensa. Se produce el pánico; a la primera fila de soldados sucede una segunda, y a ésta una tercera Las tropas, con sus guerreras blancas y sus pantalones oscuros, van descendiendo lentamente los escalones, implacables en su aplastamiento de mujeres, de viejos, de niños, de pacíficos testigos, muchos de ellos simples curiosos. Por la playa aparecen tropas a caballo, que secundan la acción que se desarrolla en la escalinata. En el acorazado, los marineros cargan los cañones y disparan sobre el Teatro de la Ópera. En un jardín, un león de mármol parece despertar de su sueño y prepararse para la acción.
-V. El paso a través de la escuadra.- La tripulación del Potemkin no se atreve a desembarcar porque llegan noticias de que otros buques de la escuadra zarista se dirigen hacia el puerto de Odessa a toda máquina. Los marineros deciden hacerles frente si fuera necesario. Transcurre toda una noche de tensa expectativa. Al amanecer, el vigía anuncia que los buques esperados se acercan. En el acorazado comienza el zafarrancho de combate. Cargan los cañones, las máquinas aceleran hasta el límite la marcha del navío, que enfila su proa hacia la escuadra. Con las banderas de señales, los revolucionarios piden a sus compañeros de los demás navíos que se unan a ellos, pero nadie responde. El Potemkin dirige las bocas de sus cañones contra el acorazado que arbola la insignia de almirante. Nadie se atreve a iniciar el ataque. El Potemkin avanza majestuoso entre los otros barcos. Un marinero grita: "¡Hermanos!" Desde los demás buques de la escuadra, las tripulaciones agitan sus gorras en honor de los rebeldes del Potemkin, que se aleja mar adentro ondeando la bandera roja.
Esta gran odisea colectiva se filmó casi sin movimientos de cámara;
en cambio, se articuló con más de mil planos combinados con
maestría mediante un montaje rítmico, casi matemático.
Es una obra coral, en la que aparecen brevísimas pinceladas individuales
para humanizar al pueblo, lo que contrasta con la impersonal y casi mecánica
imagen de los soldados.
El éxito de "El acorazado Potemkin" lanzó a Eisenstein
al estrellato en la cinematografía soviética. Pronto triunfaría
también en el resto del mundo, si bien algunos países restringieron
la exhibición de sus películas. En España no pudo verse
"El acorazado Potemkin" hasta 1936, con el triunfo electoral del
Frente Popular.
La siguiente película de Eisenstein sería "Octubre",
un fresco sobre la revolución de 1917, que fue mutilada por las autoridades
soviéticas: la censura suprimió un tercio de su metraje, en
concreto todas las referencias a Trotski. El estalinismo lo controlaba todo.
Siguieron otras películas como "La línea general"
(1929) y "Alexandr Nevski" (1938), donde introduce el sonido. En
1930 viajó a Hollywood para rodar una película, pero al final
no se puso de acuerdo con los estudios y marchó a México, donde
comenzó a rodar la película "¡Que viva México!",
que sufrió numerosos avatares y no llegó a finalizarse.
De regreso a la Unión Soviética, y tras una larga temporada
de reposo debida a una depresión nerviosa, soporta las críticas
del aparato burocrático que le acusa de "tendencias intelectuales"
y de "formalismo". Curiosamente, los conservadores europeos y americanos
le critican por sacrificar la forma al servicio del fondo.
Seguirán los problemas con las autoridades soviéticas. En 1940
comienza a trabajar en la que sería su última película:
"Iván el Terrible".La idea es filmar una trilogía,
pero sólo puede rodar dos partes, pues le sobreviene la muerte en 1948.
La primera parte se estrenó en 1945, obteniendo un enorme éxito.
La segunda parte (en la que introduce el color) fue prohibida por la censura
estalinista y hubo que esperar a 1958 para su exhibición pública.
En toda su filmografía, Eisenstein demostró que el secreto de
la obra de arte depende del talento de quien sabe crear mucho sin apenas medios.
Casi todas las revoluciones del siglo XX han tenido melodías
características que han hecho que perdurara su recuerdo en el tiempo.
A la Revolución rusa de 1905 dedicó Dimitri Shostakóvich
su sinfonía número 11 en sol menor, opus 30, con el título
"El año 1905". Se estrenó en 1958, cuando su autor
era ya un reputado compositor en la Unión Soviética y en el
resto del mundo.
Shostakóvich nació en San Petersburgo en 1906. Siendo todavía
estudiante en el Conservatorio de Leningrado presentó su Primera Sinfonía,
con gran éxito. En 1927 compuso la Segunda ("Octubre") y
dos años más tarde la Tercera ("El Primero de Mayo").
Siguió componiendo con gran éxito de crítica y público
hasta que, en 1936, el diario Pravda le acusó de "haber seguido
demasiado el formalismo y de haber hecho uso en sus obras de medios de expresión
complicados, abstractos y formalísticos". Al año siguiente
volvía a componer según el gusto de la burocracia soviética:
su Quinta Sinfonía fue bien acogida y su Quinteto para piano y cuerda
le valió el Premio Stalin. Pronto volvería a sufrir las críticas
del Kremlin. Un decreto de 1948 declaraba que "la tendencia formalista
antipopular era evidente en las obras de los compositores Shostakóvich,
Jachaturián, Shebalin y otros". Shostakóvich reconoció
públicamente los "errores" y prometió enmendarse.
No lo hizo y consiguió ser uno de los compositores soviéticos
más interesantes.
La Undécima Sinfonía es un poema sinfónico en cuatro
movimientos, cada uno con un subtítulo. El primero (La plaza de Palacio,
adagio) relata la tragedia del Domingo Sangriento. Una pacífica manifestación
de obreros que iba a presentar sus quejas al Zar es dispersada a tiros. La
música crea la atmósfera lúgubre y opresiva con la que
va a germinar la revuelta. Se combinan los violines con toques de trompeta
y con las melodías de dos cantos de cautivos, "Escucha" y
"El convicto".
El segundo movimiento (El 9 de enero, allegro) describe la marcha de la manifestación
y el fuego de los fusiles. Los temas principales son tomados de dos coros
de Chaikovski, "Zar, padre nuestro" y "Descubríos".
Cuando la marea humana se detiene en la Plaza de Palacio, se pone en marcha
la fuerza represiva, con redoble de tambores y toques de trompeta; el ímpetu
de los soldados desemboca en un caos acentuado por los toques de la percusión.
En la Plaza, repleta de víctimas, se escuchan los ecos de motivos del
primer movimiento. Se considera que esta pieza es una de las páginas
descriptivas más logradas de Shostakóvich.
Encadenado al precedente, el tercer movimiento (El toque de rebato, allegro
ma non tropo) comienza con el canto revolucionario "Rabiad, tiranos".
Ha pasado el momento del luto, las masas se alzan con energía y determinación.
Un segundo canto revolucionario, el más célebre de todos, replica
al primero: "La Varsoviana". Chorros orquestales cada vez más
violentos se convierten en grandes unísonos. Con el cuarto movimiento
(Memoria eterna, adagio) se describe el estallido de una amenaza reivindicativa,
y los sonidos de las campanas que la acentúan son los del final de
una época: El pueblo ha perdido su fe porque, verdaderamente, se han
cometido demasiados crímenes. Un fenómeno de rabiosa actualidad.
Número monográfico:
Cien años de la Revolución rusa de 1905