
SECCIONES
La religión es enemiga de las mujeres
La religión es tan vieja como el mundo. El machismo también.
Y eso no es una razón para no luchar contra estas plagas tan íntimamente
relacionadas. Ambas hacen referencia al poder, y el hombre (porque suele ser
una figura masculina) que detenta lo sagrado, detenta el poder. El beneficio
nada despreciable de esta relación de poder banaliza esta forma de
relación jerarquizada que se aplica también a todos los individuos.
Su víctima principal es la mujer. Pero los que piensan que tendría
interés utilizar ese poder, olvidan que tampoco ellos escapan al poder
que otros ejercen sobre ellos.
El vínculo entre religión y patriarcado reposa al menos en dos
razones:
-La fuerza física y el gusto por la conquista atribuidos al hombre
han permitido afirmar una voluntad de dominio sobre la mujer.
-El hombre está fascinado y despistado ante la mujer, a la que no siempre
comprende. Ha optado pues por la vía de la política y la religión
para afirmar esa superioridad que él reivindica.
En lo que concierne a la religión, los misterios de la procreación,
de la muerte, del universo, etc., son lo suficientemente extraordinarios para
que la especie humana haya buscado respuestas y se haya creado un panteón
protector o canalizador de sus angustias. Esas divinidades le han permitido
imaginarse tener un peso sobre su entorno (ceremonias, rituales, sacrificios).
Luego han llegado las religiones monoteístas, retomando el papel del
"padre". El enfrentamiento cara a cara del hombre con la mujer ha
encontrado su oportunidad para ser reconocido, afirmarse y erigirse en dogma.
Dios ha permitido incluso justificar las prerrogativas que se ha otorgado
el hombre, convirtiéndolas en "verdades", es decir, en obviedades.
La cuestión de la procreación es la que ha ofrecido la primera
respuesta: la semilla (el esperma) se ha hecho más importante que la
tierra, la mujer, portadora de vida, reducida de hecho a simple receptáculo.
Sólo se reconoce la función maternal. Para lo demás,
la inferioridad de la mujer, asimilada a una sierva, se convierte en regla.
La mujer es considerada impura, portadora del pecado original, y cargada de
todos los defectos: mentirosa, perversa, hipócrita, manipuladora, menos
inteligente, de un valor en el mercado muy inferior al hombre. El hecho de
que sea mala le impide todo derecho de igualdad con el hombre, al que debe
someterse y del que debe aceptar cualquier injusticia que éste le inflija.
La religión tiene otra función para el hombre. Le ayuda a protegerse
de sí mismo, pero también a justificar su violencia, los excesos
de que es capaz. En efecto, está sometido a pulsiones, sobre todo sexuales,
que le cuesta controlar. A través de los dogmas, inflige en la mujer
el deber de conducir sus pulsiones, atribuyendo las derivas a los defectos
intrínsecos de ella. Por eso debe llevar el velo para no provocar al
hombre, que tiene derecho al adulterio, pero ella no. Para ella el castigo
será temible (lapidación, etc.). El hombre lleva a su manera
su incontinencia sexual sirviéndose de la religión como de un
cinturón de castidad... que hay que poner a la mujer. Culpándola
de todos los males, el hombre justifica todas las violencias que hace sufrir
a la mujer.
Todos estos elementos coinciden en todas las "grandes" religiones.
En la Biblia, la mujer siempre está en situación de inferioridad
(Lilith, Eva y Adán, etc.). ¿Quién ha escrito la Biblia?
Se trata de un conjunto de textos cuyos autores (cerca de cuarenta) son hombres
exclusivamente. Los suras del Corán son interpretados por "especialistas"
(ayatolás) que son todos hombres. Sólo el budismo se plantea
que el sucesor de Buda pudiera ser una mujer. ¡Sin embargo, a día
de hoy, no conocemos a ninguna! Y el mismo menosprecio encontramos en los
textos fundamentales del budismo. El Corán y la Biblia ni siquiera
se toman la molestia de imaginar un dios femenino.
La religión es claramente un instrumento de servidumbre para la mujer.
Y, para dar mayor poder a sus dogmas, el hombre añade lo cultural (tradiciones
locales). Alrededor de la mujer se teje una red que la somete completamente.
Si la religión no tiene respuesta y a veces puede ofrecer cierta libertad
o esperanza ("Dios es amor", "Los últimos serán
los primeros", "Ama a tu prójimo como a ti mismo"),
lo cultural toma el relevo para confirmarle su puesto como ciudadana de segunda:
el hombre delante, la mujer detrás, el aislamiento, el velo, la separación
hombre-mujer, los matrimonios arreglados, la imposibilidad para la mujer de
ocupar el puesto de sacerdote o de imam y su relegación al estatus
de simple feligresa, el puesto de la mujer en la sociedad con sueldos un 30
por 100 inferiores, los crímenes de honor, los infanticidios de niñas
en ciertos países asiáticos, los "mujericidas", las
violencias conyugales, el sexismo, el tráfico sexual, las violaciones
como arma de guerra, la herencia en el mundo musulmán, la situación
de las viudas en la India, la doble jornada de la mujer occidental, etc.
Un último ejemplo: los musulmanes conservadores de Bangladesh (Movimiento
por una Constitución Islámica) se han manifestado el 8 de octubre
pasado para protestar contra la organización del primer campeonato
de fútbol de mujeres. Han amenazado con hacer una sentada ante el Consejo
Nacional de Deportes "mientras no se abandone esa idea diabólica".
Su lema: "¡Stop a las actividades contrarias al Islam, preservemos
el carácter sagrado de la mujer!" Ese carácter sólo
es sagrado cuando es necesario. No se opone a la alienación de la mujer
y es perfectamente compatible con el encierro que se le hace sufrir (burka,
separación de sexos, confinamiento en la casa, prohibición de
relacionarse con el sexo opuesto, ataques con vitriolo, analfabetismo de las
niñas, etc.).
Pero no olvidemos que la religión es también alienante para
los hombres.
Tanto las mujeres como los hombres tienen interés por liberarse de
este suplicio. Debería bastar una simple razón: la religión
rechaza toda idea de democracia directa, de elección, de libertad,
para su buen funcionamiento. Dios decide todo el tiempo y para todo el mundo.
La única respuesta es la emancipación política y religiosa
de todas las mujeres.
Marie-Jo Pothier
(Le Monde libertaire) ![]()
Abstención, el triunfo del pueblo
Después de cualquier votación, los políticos hinchan
sus pechos y sus gargantas para decir lo satisfechos que se encuentran con
los resultados. Esta vez no podía ser diferente; los europeistas presumen
de ese 76,7 por 100 de votantes que han dicho sí al tratado, que no
constitución pese a quien pese. Los partidarios del no, aunque sólo
han conseguido el 17,2 por 100 de los votos, convierten los porcentajes en
cifras y se refieren a los dos millones y medio de ciudadanos "que han
dejado patente su rechazo al acuerdo interestatal".
Sin embargo, el verdadero triunfo es el de la propuesta abstencionista. El
58,68 por 100 no nos hemos acercado a las urnas.
Aunque no podemos caer en la ingenuidad de creer que toda la abstención
ha sido fruto de una profunda meditación y de la concienciación
de los españoles, estamos convencidos de que no es el resultado de
la desidia o la indiferencia, como quiere hacer ver la clase política.
El pueblo sabe pensar, a pesar de que se empeñan en mantenerle en la
ignorancia y llenan su cabeza de mentiras a través de los medios de
comunicación.
El Estado es una lacra para los individuos y cuando muchos Estados se unen
para tomar acuerdos que influyen en nuestras vidas, debemos comenzar a preocuparnos.
Además, un tratado que nos dice en su artículo 1-41 que "la
Unión Europea podrá recurrir a medios civiles y militares que
tengan por objeto garantizar el mantenimiento de la paz, la prevención
de conflictos y el fortalecimiento de la seguridad internacional", produce
cierta inquietud. Todos y todas conocemos lo que se esconde tras esa mezcla
de conceptos.
Sabíamos desde el mismo momento de su convocatoria cuál sería
el resultado de este referéndum. Nuestra esperanza estaba en la rebeldía
del pueblo ante las urnas. La abstención superó el 70 por 100
en Ceuta y Melilla, alcanzó el 66,73 por 100 en Baleares y el 63,13
por 100 en Canarias. Hubo pueblos de la Comunidad de Madrid como Parla con
79,68 por 100 de abstención, Fuenlabrada con 78,30 y Leganés
con 70,03 por 100 que dejaron bien patente que un tratado redactado a sus
espaldas y donde sus intereses no eran tenidos en cuenta, no les interesaba
para nada.
No nos importan los tratados que firmen los Estados, nuestra meta es su desaparición,
la suya fortalecer los privilegios de los poderosos a costa de los mas débiles;
por eso, en esta ocasión la abstención ha sido el triunfo del
pueblo.
Invitamos a reflexionar a quienes se empeñan en marcarnos el lugar
por donde debemos caminar. La abstención no es una anécdota
sin importancia, es una postura a tomar en cuenta. Es el modo que tenemos
muchas personas de gritar que no nos gusta este sistema, que queremos una
sociedad diferente y que no necesitamos a nadie que piense por nosotros.
Ya ha trascurrido un año desde que nos levantamos aquella mañana
y pudimos comprobar horrorizados la mayor matanza de civiles que se producía
en Madrid desde los bombardeos fascista durante la Guerra Civil. Y aunque
toda España se consternó, los que vivimos cerca de donde se
produjo la barbarie, que incluso salvamos la vida por las casualidades del
destino, todavía nos horrorizamos ante lo sucedido. Porque muchos esa
mañana no cogimos el tren por haber huelga en la Universidad. Quizá
este artículo y esta reflexión no hubiesen existido nunca. Como
me dijo un compañero de organización pocos días después
"tu puedes decir que eres hijo de una huelga".
Pero el horror y la barbarie no fue obstáculo para que sigamos adelante
en nuestra lucha y para que podamos realizar un somero análisis ante
lo ocurrido hace un año.
Han pasado ya 365 días y son muchos los acontecimientos que han sucedido.
El pueblo español salió a la calle en las horas siguientes al
atentado, y felizmente no para pedir venganza sino para pedir paz y que se
parara la escalada de violencia. Como se había producido un año
antes ante la guerra en Iraq, donde el gobierno de España actuó
de manera tiránica y prepotente contra un pueblo como el iraquí
(¿pero qué gobierno y Estado no es prepotente?), el pueblo español
no se quedó en casa aterrorizado de miedo.
Otro punto positivo es que el pueblo español no permitió la
mentira y la manipulación. Cuando desde instancias gubernamentales
se insistía en la autoría de ETA y todos los indicios apuntaban
al terrorismo islámico, nadie o casi nadie se dejó engañar.
La gente salio a la calle nuevamente, ahora para exigir la verdad. Pero lo
más triste es que aún hoy siguen muchos escudándose en
su mentira y no se bajan del burro. Las víctimas y sus familiares para
ellos no tienen ningún valor.
Igualmente pudimos comprobar cómo al demostrarse la autoría
islámica nadie arremetió contra los inmigrantes con quienes
convivimos. Se supo distinguir muy bien dos fenómenos completamente
distintos, la inmigración y el terrorismo. Y esto a pesar de que algunos
demagogos intentaron llevar el debate a estos extremos.
Sobre el cambio de gobierno del 14 de marzo los anarquistas no albergamos
ninguna esperanza. Esa no es nuestra lucha. La actitud caciquil y despótica
de la derecha española (que mostró su verdadera cara en este
tiempo haciendo gala de toda su historia) fue aprovechada por el oportunismo
de un PSOE ansioso de poder. No nos valen gestos como el de la retirada de
la tropas españolas de Iraq si ello no va acompañado de una
condena explícita al militarismo y a todas las guerras.
En la misma medida son criticables y censurables los gestos de una Iglesia
católica que para lo único que valió fue para dar una
misa a las víctimas. ¿Se planteó la Iglesia la posibilidad
de que entre las victimas hubiera gente de distinta concepción religiosa
o ateos? El clero jamás se plantea tales cuestiones y el 11-M fue una
muestra más, en todos los sentidos, de cuáles son las actitudes
de todas las religiones.
No quiero olvidarme de la actitud hipócrita de la inútil Casa
Real. Sus lágrimas de cocodrilo fueron rechazadas por mucha población,
que a la entrada de los hospitales les reprocharon que solo hayan muerto pobres
y trabajadores, los que cogen los trenes por la mañana. Y allí
nunca se veía a Juan Carlos de Borbón, Felipe o Letizia Ortiz.
Y ello no fue óbice para que apenas dos meses después se celebraran
los fastos públicos de una boda real en Madrid (que nos costó
un ojo de la cara) donde no tuvieron ni la dignidad de rendir un homenaje
a las 192 victimas del 11-M cuando pasaron por delante de Atocha.
El compadreo del poder solo sirvió para llevar adelante una estúpida
comisión que analizara los hechos. Pero para algo ha servido. Lo primero
para volver a comprobar la prepotencia y chulería de José Maria
Aznar y séquito, donde insultaron a diestro y siniestro a todo aquel
que no comulgara con ellos.
La pantomima de comisión también nos sirvió para ver
y escuchar el testimonio desgarrador de la madre de una víctima, Pilar
Manjón. Yo tengo que reconocer que su testimonio me impresionó.
Pero más me impresionó aún cuando un dirigente conservador
del PP, a la sazón Eduardo Zaplana, le preguntaba si militaba en algún
partido o sindicato de la oposición.
Cuando ocurrió la catástrofe, la CNT de Guadalajara y el grupo
Nestor Majnó de la FAI fuimos de los primeros en condenar el acto en
nuestra zona. Nuestro comunicado se difundió por medios locales y provinciales.
Un año después pensamos lo mismo. A la barbarie, el terrorismo
y la guerra nuestra más enérgica repulsa y condena en todas
sus variantes. Los culpables del 11-M son varios. El integrismo islámico
como ejecutor, pero los servicios secretos del Estado deberían de explicar
muchas cuestiones. El Estado plenipotenciario es otro de los culpables.
Ese día murieron trabajadores y estudiantes, es decir los de abajo,
es decir, el pueblo. Y por eso el pueblo respondió. Elocuente fue la
frase de una compañera mía norteamericana que, cuando vio las
imágenes del 11-M, le vinieron a la cabeza las imágenes del
11-S. Ella me dijo: "Los americanos después del 11-S pidieron
guerra. Los españoles pedísteis paz". El pueblo pidió
paz y que tome nota quien la tenga que tomar.
Pero la violencia y la barbarie es idiosincrasia de este sistema y sus acólitos,
como la religión y el nacionalismo. Y mientras viva este sistema desgraciadamente
seguirán existiendo 11-M o guerras. Los anarquistas siempre estaremos
con el pueblo y con las víctimas, nunca con los poderosos y los verdugos.
La energía
nuclear en Francia:
una alianza entre el capital y el Estado
El efecto invernadero se ha convertido hoy en la preocupación de muchos
países del mundo. Para combatirlo, el recurso a la energía nuclear
sería la solución del futuro. Pero ¿de qué futuro
estamos hablando? Analicemos la situación global de Francia.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el general De Gaulle ofrece al Estado
francés los medios para formar parte de las potencias nucleares. En
1956, la instalación de Marcoule, cerca de Aviñón, empieza
a generar energía eléctrica. Marcoule se construyó primero
para proveer de plutonio (que es mineral de uranio que ha ardido en un reactor
nuclear) a los militares franceses. Su uso civil es secundario, pero el Estado
francés redobla el esfuerzo de construcción de centrales para
uso civil. Al mismo tiempo, la descolonización amenaza los recursos
petrolíferos que controlaban los países occidentales.
Durante las crisis del petróleo de los años 70 (nacionalización
en Argelia y Libia de las compañías petroleras privadas e inicio
de la guerra entre Israel y los países árabes), el gobierno
francés toma la decisión de duplicar la construcción
de centrales nucleares. Esta decisión, tomada en 1973 y en sólo
tres días, sin consultar a las santas instituciones republicanas (Asamblea
Nacional, Senado) llevará a Francia a convertirse en el país
más nuclearizado del mundo (56 reactores nucleares) por detrás
de los Estados Unidos. De los 14.000 millones de KWh de electricidad producidos
por las centrales atómicas francesas en 1973 hemos pasado hoy a 100.000
millones de KWh en 1982 (1).
Durante este tiempo, los militares, a partir de 1960, estimulados por los
diferentes gobiernos, realizan 17 simulacros con la bomba atómica francesa
en Reggane, en Argelia, por entonces colonia francesa. Francia ha alcanzado
su objetivo, que es entrar en el círculo cerrado de las potencias nucleares,
con la URSS, los Estados Unidos e Inglaterra. Con la descolonización
seguirá en la Polinesia "francesa", en Mururoa y en Fangataufa.
No se detendrá hasta 1991, después de 167 simulacros atmosféricos
o subterráneos.
¿Cuál es el futuro de la energía nuclear civil y
militar?
Hace algunos meses, la compañía Electricité de France
(EDF), servicio público de producción de energía eléctrica,
ha decidido prolongar la duración de la vida de las centrales atómicas
treinta o cuarenta años más. Los riesgos de accidente en instalaciones
que se habían pensado para una duración limitada son mayores.
La decisión de sustituir el parque de centrales atómicas por
un nuevo prototipo bautizado "EPR" (el enfriamiento de los reactores
se haría con agua a presión) ya ha sido prácticamente
adoptado por el Estado. Esta decisión implicará a Francia durante
40 o 50 años en la dirección de las nucleares. El proyecto ITER,
un proyecto colosal de dimensiones internacionales, debería construirse
en Cadarache, emplazamiento industrial nuclear cercano a Marsella. ITER es
un experimento científico termonuclear para crear una fusión
de 150 millones de grados.
En el campo militar, está en construcción un experimento llamado
"láser Mégajoule", cerca de Burdeos, para continuar
los ensayos en un espacio cerrado para modernizar la bomba atómica
francesa. Se está construyendo un submarino nuclear, y la flota actual
cuenta con 10 motores, de los que al menos 3 están equipados con misiles
atómicos.
En otro terreno, la compañía EDF ha experimentado en junio de
2004 una privatización parcial (el 20 por 100 de su capital se ha privatizado)
y la potente compañía Areva, controlada en un 90 por 100 por
el Estado francés, lider en el mercado de las instalaciones nucleares,
privatizará el 40 por 100 de su capital. Estas dos privatizaciones
llevan a temer por las economías del sector de la seguridad de las
instalaciones nucleares, ahora bajo la presión de los accionistas.
¿Quién resiste y por qué?
Mientras los tecnócratas del Estado, aliados con las finanzas internacionales,
se obstinan en lo nuclear, las respuestas a las preguntas cruciales sobre
los desechos nucleares y la financiación de los trabajos para desmontar
los reactores agotados siguen sin aparecer. Se están estudiando y contruyendo
zonas de almacenamiento de desechos nucleares. No existe ninguna posibilidad
inmediata de destruir la nocividad radiactiva de los desechos procedentes
de instalaciones en activo. Por último, son muchos los millones de
euros necesarios para desmontar los 58 reactores franceses. El sector privado
no pagará esta suma, así que lo financiará el Estado.
Todos esos elementos y muchos otros han sido difundidos por los antinucleares
franceses. Principalmente reagrupados en la red Sortir du nucléaire
(Salir de las nucleares), que federa a más de 650 asociaciones opuestas
a la energía nuclear; la resistencia contra la industria civil y militar
atómica es muy difícil porque la frivolización de esta
energía actúa en contra de sus enemigos. Ni el coste colosal
de la contrucción y desmontaje de los reactores, ni las recientes revelaciones
de las víctimas civiles y militares de experimentos nucleares en Argelia
y en la Polinesia, ni los peligros que crean las instalaciones viejas, o la
proliferación de los desechos dispersados por todo el territorio...
hacen reaccionar a la población de una manera decisiva. La oposición
sigue siendo difícil. La última manifestación nacional
ha tenido lugar en enero de 2004 en París, con 15.000 personas: está
en marcha una campaña de desobediencia civil de bloqueo administrativo
de los pagos de las facturas de electricidad, lanzada por la red Salir de
las nucleares. Sin embargo, los sondeos más recientes consideran que
la opinión francesa se oponía a un relanzamiento de los programas
electronucleares. Pero los mercados internacionales se orientan cada vez más
hacia la energía nuclear para asegurarse la autonomía respecto
al petróleo, y para seguir el tratado de Kioto sobre la lucha contra
los gases con efecto invernadero. En realidad, la energía nuclerar
contamina lo mismo, y el el mineral de uranio no es inagotable (alrededor
de cincuenta años de reserva).
El reformismo contra la energía nuclear no sirve de nada
La parte más importante del movimiento antinuclear francés es
reformista y opone las energías renovables a la nuclear, denunciando
el efecto del lobby nuclear a nivel nacional y europeo. En realidad, la energía
nuclear debe su existencia a la investigación de dominio militar (dominar
la bomba) y a una investigación de carácter económico
(proporcionar energía nuclear para evitar la dependencia del petróleo).
Y eso sólo es posible con una alianza objetiva entre el capital y los
Estados. Ningún país del mundo ha desarrollado una industria
nuclear sin la implicación fuerte, política y económica,
de los Estados.
Dado que el movimiento antinuclear apenas logra obtener victorias, habrá
que cambiar de estrategia. Por ejemplo, buscar alianzas con otros sectores
de la sociedad como los que combaten los organismos genéticamente modificados
(otra mentira del Estado y de la ciencia, que crea adicción en los
usuarios y beneficios para las multinacionales), o con los trabajadores de
EDF que se oponen a la privatización del servicio público de
las energías son soluciones realistas. Los anarquistas y los anarcosindicalistas,
demasiado poco presentes en estas luchas, podrían ser los lazos entre
esos sectores (2). Denunciar los efectos desastrosos de la energía
nuclear civil y militar afirmando un proyecto de sociedad donde la producción
de energía sea una propiedad colectiva y autogestionada, en lugar de
alimentar el crecimiento devastador de una organización social y económica
fuertemente consumidora de energías, es una de las facetas del combate
anarquista. Esta lucha está entre nuestros objetivos: permitir a las
colectividades una autonomía de la gestión y de la producción
de energías (renovables o no, pero cercanas) en un marco federalista
y no de competencia, sin Estado y sin capital.
Notas:
(1) La electricidad se exporta a Europa: España es cliente de la energía
nuclear producida en Francia.
(2) El joven Sébastien Briat, militante de la CNT-Vignoles, murió
el 7 de noviembre de 2004 en un accidente que se produjo cuando impedía
que un tren con desechos nucleares siguiera su ruta.
Relaciones Internacionales de
la FA Francia, Bélgica ![]()
Julio Verne, escritor sin dios ni amo
El 24 de marzo de 1905 moría, a los 77 años de edad, uno de
los más populares novelistas de lengua francesa: Julio Verne. Considerado
autor para la infancia, nunca fue incluido en los anales de la literatura
francesa. En todos sus escritos, la sociedad prevista por este visionario
es de raíz técnica y moralmente anarquista, seguramente inspirada
por largas conversaciones con su amigo Piotr Kropotkin.
Para que la obra de Verne adquiera todo su sentido, hay que situarla en relación
a tres corrientes ideológicas del siglo XIX francés: la solidaridad
con las nacionalidades, la fe saintsimoniana en la expansión económica
y la crítica social anarquista llevada hasta la negación más
radical.
Esta última tendencia empuja a Julio Verne a la crítica social
y al individualismo libertario. Es la más escondida, la más
secreta. En este dominio sería preciso contentarse con anotaciones
fugitivas, con episodios y personajes aparentemente secundarios, incluso con
deducciones, si hacia el final de su existencia Julio Verne no hubiese dado,
repentinamente, libre curso a sus simpatías anarquistas, si el grito
"ni dios ni amo" no hubiese resonado bruscamente en el universo
que él creara mediante Los náufragos del Jonathan, obra póstuma
de una importancia considerable por la inteligencia de su pensamiento político
y en la que nos expone, retrospectivamente, una de las "claves"
del conjunto de su obra.
En su serie de Viajes extraordinarios arremete contra el oro, considerado
como instrumento ficticio de potencia y de riqueza. En Cinco semanas en globo
(primero de los Viajes extraordinarios) el oro representa un valor convencional
y muy relativo. El doctor Ferguson, cuyo globo se posó en pleno desierto
africano, lastró el ingenio con enormes sacos de cuarzo aurífero:
los bloques de mineral serán arrojados por la borda a medida que el
viaje se prolonga y sea necesario aligerar el aerostato.
El único caso donde el oro aparece con otra significación es
el episodio de los galeones de la Bahía de Vigo reencontrados por Nemo
gracias a su Nautilus, que le facilitan recursos ilimitados. Sin embargo,
el oro esta vez está al servicio de un hombre que ha roto con la sociedad
y que sabe, no obstante, y lo considera preciso, ayudar a los oprimidos. Para
el caso, Nemo remite una cantidad importante a un emisario de los insurrectos
candiotas de 1868.
Sin embargo, no va más lejos en el análisis del juego de las
fuerzas económicas y las desigualdades sociales. Prácticamente
no hace referencia a la producción, la explotación del trabajo
por el capital, noción, sin embargo, bien conocida en la época.
Por el contrario, aunque sea indirectamente, ataca al derecho de propiedad.
Las atribuciones de terrenos a los mineros auríferos o diamantíferos,
la fragilidad de las bases sobre las cuales aquéllas descansan, los
errores que las mismas comportan, le dan ocasión para demostrar más
generalmente el carácter convencional -y de rechazo la fragilidad,
lo fortuito, lo revocable- de la propiedad individual del suelo.
La crítica social es vigorosa, aunque no llegue a ser específicamente
anarquista. La disconformidad con la autoridad estatal, la distribución
de las tierras, la existencia de fronteras, es más específicamente
anarquista. Julio Verne repudia profundamente, al parecer, el carácter
frágil, litigioso de las fronteras y de las soberanías territoriales.
En César Cascabel esta contingencia resulta novelesca. El tratado de
cesión de Alaska a los Estados Unidos de América y de transferencia
de soberanía entra en vigor el día mismo que un proscrito ruso
se presenta en la frontera y teme caer en manos de la policía zarista.
En cuanto al nacionalismo, a pesar de algunos arranques de patriotismo, no
influye en el conjunto de su obra. La comunidad social creada por el capitán
Nemo es la expresión más explícita de esa preocupación
de superar las nacionalidades. La tripulación del Nautilus habla un
lenguaje artificial e incomprensible del cual se nos da una muestra; solamente
ante la muerte, cuando un pulpo gigante se lo lleva, uno de los marineros
recurre de nuevo a su lengua natal para gritar socorro en francés.
Los jueces son formulistas y pretenciosos: todo acusado es, para ellos, un
culpable. Los policías son antipáticos y cínicos. El
error judicial, tema familiar en la literatura anarquista de la época,
este símbolo del conflicto de la sociedad y del individuo y del carácter
inseguro de la justicia establecida, tiene asimismo un lugar importante en
el universo de Los Viajes extraordinarios. La posición de Julio Verne
referente a la criminalidad es equívoca. Las bandas de forajidos y
de piratas intervienen con frecuencia en sus relatos, y bajo rasgos en apariencia
muy desfavorables, muy convencionales: "hez de la sociedad", "miserables",
"criminales endurecidos". Sin embargo, observándolo de cerca,
el autor ¿no testimonia una estima secreta por el vigor humano de estos
fuera de la ley?
A la sociedad establecida, con sus obligaciones y sus montajes ficticios,
los anarquistas oponen los "medios libres", las pequeñas
comunidades voluntariamente creadas y fundadas en la solidaridad y la ayuda
mutua según la tradición proudhoniana. Tales comunidades encontraremos
con frecuencia en Los mundos conocidos y desconocidos; nacidas, claro, fortuitamente,
a resultas de catástrofes o de aventuras: los colonos de La isla misteriosa,
donde su globo es abatido a causa de una tempestad; la guarnición del
Fuerte-Esperanza, enviada por la Compañía de la Bahía
de Hudson para crear un establecimiento subpolar, instalándose, aquélla,
sobre una plataforma de hielo cubierta de tierra, la cual deriva sin remedio
posible; Hatteras y sus compañeros, invernando cerca del Polo dentro
de su fortín de hielo; la colonia del capitán Savardac, llevada
por el cometa Galia; los náufragos de Segunda patria, continuación
servil del célebre Robinson suizo; los pupilos de la pensión
Chairman, abandonados en una isla del Estrecho de Magallanes durante dos años,
debido al naufragio de su "brick", a la deriva desde Nueva Zelanda
sin ningún adulto a bordo (Dos años de vacaciones); la tripulación
del Nautilus.
Todas estas colectividades nacidas de la aventura se caracterizan por su natural
armonía; los conflictos de nacionalidad no existen, o se esfuman; cada
cual puede desarrollar sus cualidades humanas, concretando escuelas de iniciativa
y solidaridad a la vez. Sin embargo, se distinguen de los "medios libres"
anarquistas (incluidas sus relaciones novelísticas como Terre Libre
de Juan Grave) por un rasgo fundamental: las colectividades de Verne son dirigidas
por un jefe, un organizador de la actividad económica y de la vida
social. Ese jefe es, generalmente, un oficial (el capitán Savardac,
el teniente Hobson den En el país de las pieles), un técnico
y un sabio (Nemo, Robur, el ingeniero Cyrus Smith). Igualmente los muchachos
de la pensión Chairman sienten la necesidad de elegir un jefe por sufragio
universal.
Cuando Verne exalta la revuelta del individuo frente a la sociedad, se sitúa
muy próximo a la ideología anarquista. En Veinte mil leguas
de viaje submarino, la bandera de Nemo es negra y la planta, en señal
de posesión, en el Polo Sur, tierra libre de toda implantación
estatal en la época. Esta aparición de la bandera negra de la
anarquía y de la piratería es tanto más significativa
por repetirse con frecuencia en el universo verneriano. Igualmente, los campesinos
canadienses enarbolan la enseña negra al rebelarse contra los ingleses
(Familia sin nombre), con voces terminantes: "Fuera, tiranos; el pueblo
despierta
Unión de los pueblos, terror de los grandes
Antes
una lucha sangrienta que la opresión del Poder corrupto"; este
pabellón negro lleva una calavera y dos huesos en cruz, con el nombre
de los gobernadores detestados, Dalhouise y Craig. El pabellón del
ingeniero Robur es negro con un sol amarillo, pero el pirata Sacratif también
iza el pabellón negro, marcado esta vez con una S, cuando ataca a los
navíos griegos en lucha contra los turcos (El archipiélago en
llamas); es el mismo trapo negro que enarbolan los piratas que sitian a los
colonos de La isla misteriosa; es decir, que la bandera negra aparece en la
obra de Verne con una ambigüedad muy significativa, a la vez como emblema
de personajes menospreciables y de héroes positivos.
Veinte mil leguas de viaje submarino es la obra de Verne más reveladora
de sus secretas simpatías libertarias, por lo menos hasta la publicación
de Los náufragos del Johathan, siendo esta la ocasión de recordar
la curiosa leyenda según la cual Louise Michel sería la verdadera
autora de la novela, cuyo argumento habría vendido por cien francos
en un día de miseria. Esta leyenda, por la forma en que ha sido explicada,
es evidentemente falsa; el manuscrito de la obra fue remitido a Hetzel en
diciembre de 1868, es decir, mucho antes de la fecha supuesta de la cesión
a Julio Verne; es particularmente imposible que Louise Michel haya imaginado
el nombre de Nautilus recordando las conchas denominadas "nautilus"
que ella encontrara en las playas de Nueva Zelanda durante su deportación.
El estudio de los archivos de Verne quizás revele que, desde el fin
del Imperio, el autor estuvo en relación con la inteligentsia antiautoritaria
de París, sabiéndose al efecto que en el periodo posterior entabló
gran amistad con los hermanos Reclus y su grupo, y que su amigo Nadar evolucionó
hacia el anarquismo.
Los náufragos del Jonathan, obra póstuma editada en 1909, fue
redactada en las postrimerías de la vida de Julio Verne, en fecha incierta.
No existe razón alguna para sospechar de su autenticidad como hizo
un erudito italiano de la Sociedad Julio Verne. Contrariamente, esta novela
de un vigor excepcional, reincide coherente y explícitamente en los
temas anarquistas veladamente introducidos en los volúmenes de los
Viajes extraordinarios; nadie que no fuese Verne habría sido capaz
de operar ese reagrupamiento, ese legado aclaratorio del tema. Puede igualmente
notarse que el Jonathan es la única obra, con Los hijos del Capitán
Grant y La isla misteriosa, que Julio Verne ha elaborado sobre un plan ternario,
más amplio y más dramático; todas sus demás producciones
tienen una o dos partes, lo que indica una vez más que se trata de
una obra de importancia muy particular, ya que Verne nada confiaba al azar
en materia de composición literaria.
En una isla del Estrecho de Magallanes, la isla Hoste, vive un proscrito,
Kaw Djer (tal es el nombre que le dan los fueguinos); este anarquista abandonó
el mundo civilizado, no conociendo otro principio social que la libertad de
cada individuo; frente a la civilización, él prefiere la vida
primitiva de los habitantes del país. Un navío americano, el
Jonathan, naufraga en aquellos parajes; sus pasajeros son emigrantes que una
compañía colonizadora reclutó en California para expedirlos
en África. Toda esa gente desembarca en plena confusión, en
desorden, y Kaw Djer queda, contra su gusto, obligado a dirigir, a mandar,
a organizar la vida social de los recién integrados a la isla. Gracias
a los efectos transportados por el navío, destinados a ser utilizados
en África, los náufragos se preparan para soportar el invierno.
El gobierno chileno -del cual la isla depende desde la firma de un tratado
de partición con la Argentina- acuerda la independencia de la isla
Hoste si los colonos aceptan el compromiso de explotarla. De ello resulta
el nacimiento de un pueblo, una experiencia de sociedad nueva. Una villa emerge:
Liberia, pero la experiencia no resulta afortunada. Políticos socialistas
y comunistas se crean clientelas particulares incapaces de organizarse en
colectividad.
El hambre aparece con el segundo invierno, se forman bandas de pillos y una
guerra civil se entabla entre el socialista Beauval (que consiguió
que se le eligiera gobernador) y la banda del comunista Dorick.
Por segunda vez Kaw Djer acepta la función de dirigente cuyo principio
le causa horror. Restablece el orden, reorganiza la agricultura y el comercio
y rechaza una invasión de los patagones; pero asiste impotente a una
marcha en pos del oro que atrae a la isla Hoste a aventureros de los cinco
continentes, cuando son descubiertas algunas pepitas. El desorden se reinstala
y Kaw Djer se ve obligado a hacer disparar contra los mineros en revuelta,
contándose más de mil muertos, dando pretexto a Chile para revocar
su concesión de independencia. Kaw Djer abdica, refugiándose
en la isla Hornos para entregarse a la vida solitaria.
Varios temas anarquizantes que ya hemos seguido a través de la obra
de Verne vuelven a esta novela, esta vez para ocupar un lugar esencial; los
del oro, la propiedad, las fronteras territoriales y las soberanías
estatales. El carácter ficticio del oro como fundamento del valor económico
es tanto más manifiesto tratándose de una sociedad nueva, potencialmente
libre de toda convención. Por otra parte, el derecho a la propiedad
privada es puesto, abiertamente, en duda. El problema del acaparamiento estatal
de los territorios del planeta, el carácter ficticio y convencional
de fronteras y soberanías, temas ya apuntados varias veces en otras
obras, se plantean igualmente en el Jonathan, esta vez a plena luz. La Magallania,
al empezar la novela, es definida como tierra libre de toda implantación
estatal, como el Polo Sur cuando Nemo planta en él el pabellón
negro; es esa condición de la isla la que atrajo a Kaw Djer para quedarse
en ella.
Julio Verne se ocupa igualmente en el Jonathan del carácter irrisorio
de las declaraciones de guerra y de las formalidades diplomáticas que
llevan consigo. El mundo de los náufragos es un microcosmos que revela
(para el mal, según Verne) toda la experiencia histórica de
las sociedades humanas. A propósito de una joven que quiere casarse
contra la voluntad de su padre, estalla una crisis entre el gobernador (el
socialista Beauval) y el grupo de amigos de Kaw Djer; y como la tensión
se encrespa, los kaw-djeristas derriban el puente de madera que separa sus
casas de la zona ocupada por los adversarios.
Ciertos temas libertarios ya expuestos por Verne en otras obras se incluyen
en el Jonathan con más fuerza y nitidez. No obstante, el interés
de la novela -según entendemos- radica en que el autor expone sus ideas
anarquistas a través del protagonista, Kaw Djer. Exposición
notable por su tono familiar, de interioridad; pero sobre todo por el hecho
de que Verne no quebranta sino a propósito del anarquismo la regla
de mutismo político que parece se fijó para el conjunto de los
Viajes extraordinarios. Kaw Djer es el único personaje en toda la obra
de Verne que desarrolla sistemáticamente y de forma coherente una filosofía
política, y ello no en un desliz de párrafo según la
técnica secreta de la cual disfrutara extraordinariamente Verne. Todos
sus comentaristas han notado el fenómeno, ya desde el primer capítulo,
de manera que el lector no tenga duda.
A lo largo de Jonathan la disposición de Kaw Djer por la anarquía
es señalada en varios episodios. "Sus ojos despedían refulgencias
inquietantes" cuando uno de sus adversarios pronunció el vocablo
"leyes". Es el culto a la libertad y a la independencia que el protagonista
inculca a sus amigos fueguinos: "dueño no puede haberlo para un
hombre digno de este nombre", les explica. Kaw Djer es, se ve claro,
"un alma feroz, indomable, intransigente, refractaria a todas las leyes".
Seguidamente, Julio Verne toma la precaución de distinguir dos categorías
de anarquistas: unos "corroídos por la envidia y el odio, siempre
prestos para la violencia y la muerte"; otros "verdaderos poetas
que ensueñan una humanidad quimérica de la que el mal será
arrojado para siempre"; Kaw Djer pertenece "a la sección
de ensoñadores y no a la de los profesionales de la violencia".
El nudo esencial de la novela se resume en la confrontación trágica
entre las concepciones anarquistas de Kaw Djer y la sociedad que se organiza
en la isla Hoste tras el naufragio. Jonathan no relata una simple aventura
para la juventud, sino un drama moral que le confiere una intensidad particularísima.
Kaw Djer ve, en efecto, sus teorías rebatidas, o por lo menos defraudadas
en razón del comportamiento de los náufragos: apego a la propiedad,
individualismo, aceptación de la autoridad ajena, menosprecio por el
interés general, incluso la guerra civil acudirá para desgarrar
ese microcosmos. Mas las convicciones anarquistas del protagonista no serán
quebrantadas, sino solamente reafirmadas.
En resumen, el anarquismo por el que Julio Verne ha podido sentir algún
interés, una cierta simpatía, es el de los años 1880-1890,
situado antes de la corriente de atentados (de los cuales los Viajes extraordinarios
prácticamente no hacen mención). Es igualmente anterior al reencuentro
entre el anarquismo intelectual y el movimiento obrero, es decir, el anarcosindicalismo.
A tal efecto se puede notar que el proletariado de la gran industria moderna
está totalmente ausente, o casi, de la obra de Julio Verne.
Jean Chesneaux
(condensado de su artículo Drapeau noir) ![]()
"Dejad que China duerma; cuando despierte, el mundo temblará",
dicen que esta expresión la pronunció Napoleón, hace
casi doscientos años.
Eso parece, el gigante empieza a despertar, lo que ha provocado un nerviosismo
histérico en los americanos, que llevan años cantándole
nanas para retrasar el evento. A Europa también le ha entrado una urgencia
de hegemonía imposible, como no habíamos antes percibido, mandando
al personal a votar porque al igual que los americanos, queremos ser fuertes
y prepotentes. Llevamos más de cincuenta años queriendo ser
europeos y de repente nos meten tanta prisa que vamos dejando tiras de identidad
propia sin llegar a parte alguna ni coordinar ningún logro social,
mientras en este largo y penoso caminar vamos perdiendo parte de algunas de
las ventajas sociales que tan penosamente hemos alcanzado y que los que llegan
detrás y de alguna otra parte, no alcanzarán. La recesión
en todos sus términos se acelera.
Al coloso chino le temen todos. Los neoliberales, muy contentos ellos, con
eso de la globalización, temen que los productos chinos elaborados
a bajos precios y con la avalancha que se avecina, les roben cuotas de mercado.
Las multinacionales, sabias ellas, decidieron, antes de que el Acuerdo Multifibras
expirara (últimos de 2004), poner a trabajar a los chinos, así
con la tecnología occidental y la férrea disciplina heredada
del comunismo, buen número de chinos ya está produciendo múltiples
artículos básicos que se unirán a los producidos en occidente
para abaratar precios, dicen.
Las empresas que no son punteras, están pidiendo a gritos que les suban
los sueldos a los obreros chinos, que no los dejen sólo con el tazón
de arroz diario, para que los productos que lleguen a Europa lo hagan con
precios más acordes con los nuestros. Otro sector piensa refugiarse
en la tecnología mientras amaina el temporal, y se equilibran los mercados,
por creer que los asiáticos no dominan la técnica como ellos.
A los que estamos lejos de las especulaciones de mercado, inversión
y beneficios, a los que la vorágine devorará sin más,
se nos hiela el corazón y el ánimo al ver las imágenes
de las fábricas chinas donde los obreros uniformados cantan el himno
del productor satisfecho y complaciente, desfilan como robots y trabajan con
la cabeza agachada sobre la labor a realizar, mientras el encargado, a modo
de carcelero, vigila que todos estén en sus sitios, que nadie se mueva
ni para lo necesario. Tantos años de comunismo, de feroz adoctrinamiento,
han conducido a este apacible pueblo a unos grados de despersonalización
escalofriantes.
Se trata de mil trescientos millones de personas. Millones que lo mismo desfilan
en las naves industriales como lo harían junto a las armas camino de
la muerte.
El hermoso ideal de hacer hombres libres, responsables y solidarios se va
configurando cada día como la utopía de soñadores e iluminados;
este ideal, de cuantos no queremos que los fundamentalismo múltiples
y acechantes nos devoren, tanto si vienen de América, como de los países
árabes y ahora también, cómo no, de los países
asiáticos.
Apuntes sobre terrorismo militar y comercio letal
Terrorismo. Los gobiernos hablan de terrorismo pero, al no existir una definición
de este término, la idea es un tanto vaga en cuanto a su significado.
Esta ambigüedad hace que los gobiernos la utilicen en beneficio propio
para señalar acciones del enemigo como terrorismo y las propias como
acciones militares en legítima defensa, salvaguardando principios democráticos
o, en el colmo del esperpento, acciones humanitarias con desgraciados daños
"colaterales". De esta manera la llamada "opinión pública"
es manipulada para condenar las acciones ajenas y justificar, o al menos tolerar,
las propias.
En el Código de EE UU y en el de sus propias Fuerzas Armadas aparece:
[Un] acto de terrorismo es cualquier actividad que:
Signifique un acto violento o un acto peligroso para la vida humana que viola
las leyes criminales de EEUU o de cualquier Estado, o que sea una violación
criminal si ha sido cometido dentro de la jurisdicción de EE UU o de
cualquier Estado.
Parezca pretender intimidar o coaccionar a la población civil, influenciar
la política de un gobierno por intimidación o coacción;
o afecte la conducta de un gobierno por asesinato o secuestro.
Según esto, los primeros en cometer actos terroristas son los Estados,
ya que actúan frecuentemente según los dos apartados, especialmente
el segundo.
El Estado, junto al capitalismo, son causantes de miles y miles de muertes
en todo el mundo, necesitan de la guerra para reforzar y ampliar su dominio
en el mundo. Declaran la guerra a países más pobres para aprovechar
y arrasar sus recursos naturales y fuentes de riqueza. Con estas guerras aumentan
sus beneficios las empresas armamentistas, aterrorizan a la población
en sus lugares de origen, y quien verdaderamente las sufre son la clase trabajadora
y el pueblo. Tampoco son desdeñables los beneficios obtenidos por parte
de las empresas "constructoras" y la posterior invasión "pacífica"
de los territorios arrasados.
La Unión Europea, compuesta por Estados de gran tradición colonialista
y bélica, ha unido sus pasos a los de EE UU en objetivos, estrategia
militar, económica, tecnológica y favoreciendo al poder capitalista
a través de las guerras declaradas por toda la tierra, desde los Balcanes,
Europa central, Turquía, Tibet, Pakistán, etc.
Con el dinero que el Estado usurpa a la clase trabajadora mediante los impuestos,
financia entrenamientos militares en todas las partes del mundo repartidos
en diversos programas, departamentos y agencias gubernamentales en donde EE
UU es el primer foco terrorista. Estos programas, catalogados como asistencia
de seguridad, sirven para mejorar la habilidad de las fuerzas militares amigas,
con entrenamiento y actividad de combate. Dotan de subvenciones a las fuerzas
armadas de otros países para adquirir armas, servicios y entrenamiento.
EE UU ha destinado 4.100 millones de dólares a estos programas en el
año 2003.
Después del ataque a las Torres Gemelas, Israel y Egipto son los principales
receptores de este tipo de ayuda. Pakistán e India suman subvenciones
de 50 millones de dólares, Nepal 5 millones, Colombia 98 millones para
entrenar y equipar brigadas que protegen un oleoducto. Estos tan sólo
son algunos ejemplos.
El comercio letal. Se excusa por parte de los gobiernos la ausencia de un
sistema para rastrear las armas pequeñas y la munición, inhiben
su responsabilidad los países exportadores de que sus armas lleguen
a manos de dictadores, criminales de guerra y a países donde priman
abusos y delitos contra la humanidad. Este tráfico "ilegal"
perpetúa conflictos entre pueblos, no hay desarrollo educativo ni cultural
del individuo porque los gobiernos gastan el dinero de los presupuestos en
la compra de armas.
Aunque las armas y municiones suelen llevar un número de serie básico,
hasta ahora no existe un sistema mundial de registro de esta información
en la venta de armas, por lo tanto, los países vendedores de armas
suelen alegar que no saben cómo han llegado estas armas del tráfico
"ilegal". Este tráfico "ilegal" no acabará
con la aparición de un sistema de rastreo, por lo tanto aumentará
el mercado armamentista de forma más "legal".
La legalidad o ilegalidad de este tráfico en las actuales condiciones
de organización social es poco menos que anecdótico, ya que
a la industria armamentista le interesa este mercado para vender su producto
y así obtener beneficios, lo de menos es la situación "legal",
no nos cabe ninguna duda que la variarán según los intereses
del mercado. Por otro lado, las zonas de conflicto también son mantenidas
por interés político y económico para el capital.
España y la exportación de armas. En 2003 la cifra de exportación
de armas en España ha alcanzado la cifra de 321.9 millones de euros.
El 90 por 100 del volumen de ventas en el último año ha tenido
como destino países de la Unión Europea, pero el 40 por 100
de los destinos de armas españolas no aprueban el examen del código
de conducta de la Unión Europea, como es el caso de Israel, India,
Indonesia o Venezuela. Código que, por otra parte, ha sido realizado
con la participación del propio gobierno español. Este código
establece que no se pueden vender armas a países embargados, en conflicto,
inestables, que no respetan los derechos humanos, con problemas de desarrollo
o con riesgo evidente de desvio de venta a un tercer país.
Los informes del 2004 de la ECP contrastan la información del gobierno
de España en cuanto a estas exportaciones, donde no hay transparencia.
Hay productos que no son considerados armamentos por las autoridades, por
lo tanto, quedan fuera de los mecanismos de información y control.
Éstos productos son aviones de transporte militar y determinadas armas
pequeñas y ligeras y sus municiones. Lo mismo sucede con las transferencias
que no son exportaciones (donaciones, leasing, venta de productos de segunda
mano, ventas de excedentes, etc) de hecho el volumen real de transferencia
de armas españolas es un 50 por 100 superior al declarado por el gobierno.
Algunos ejemplos de las operaciones que dice el gobierno son: venta de aviones
de transporte militar a Jordania, Colombia, Paraguay, Polonia, Turquía,
Francia; venta de cañones de segunda mano a Marruecos por el simbólico
precio de un euro la unidad; venta de municiones para armas ligeras a países
subsaharianos.
Destaca la exportación a Sudán, un país en guerra desde
1983, donde actualmente existe la peor crisis humanitaria del planeta. En
el conflicto de Derfur entre grupos de campesinos y milicias armadas del gobierno,
la munición exportada violaba el embargo al que la unión europea
impuso a Sudán desde 1994.
En el año 2004 España exportó munición a Costa
de Marfil por valor de 80.000 euros.
La lógica de esta sinrazón adquiere sentido dentro del actual
sistema económico, basado en el beneficio y el dominio. En tanto la
economía no esté basada en la satisfacción de las necesidades
de la sociedad en su conjunto y no en el beneficio de la minoría poderosa,
continuarán existiendo las guerras que, por muy "humanitarias"
que las presenten, continuaran causando estragos, muerte, miedo, miseria para
el pueblo y riqueza y poder para unos pocos. En nuestra mano está cambiarlo.
Ni guerra entre pueblos ni paz entre clases.
Como es sabido, se llama anarquía a una concepción de la vida
individual o colectiva en la que el Estado no existe, ni el gobierno ni, en
una palabra, la autoridad. Los individualistas anarquistas son anarquistas
que consideran la concepción anarquista de la vida bajo el punto de
vista individual, es decir, basando toda realización anarquista en
el "hecho individual", considerando a la unidad humana anarquista
como la célula, el punto de partida, el núcleo de toda agrupación,
medio o asociación anarquista.
Hay diferentes concepciones del individualismo anarquista, pero, al contrario
de lo que corrientemente se piensa, ninguna se opone a la noción de
"asociacionismo". Todas están de acuerdo, no en oponer el
individuo a la asociación -lo que sería un contrasentido, ya
que ello limitaría la potencia y las facultades del individuo-, sino
en negar y rechazar la autoridad, luchar contra el ejercicio de la autoridad
y resistir a todas sus formas.
Es necesario definir claramente lo que hay que entender por ejercicio de la
autoridad, que es la forma concreta de la autoridad, el aspecto bajo el que
se manifiesta la autoridad en cada uno de nosotros individualmente o asociados.
Existe "ejercicio de la autoridad" cuando un individuo, un grupo
de hombres, un Estado, un gobierno, una administración cualquiera o
sus representantes se sirven del poder que detentan para obligar a una unidad
o colectividad humanas a realizar ciertos actos o gestos que les disgustan
o que son contrarios a sus opiniones, o que incluso realizarían de
otro modo si tuvieran la facultad de obrar según su propio criterio.
Existe ejercicio de autoridad cuando un individuo, grupo humano, Estado, gobierno
o administración (o sus representantes) emplean el poder que detentan
para prohibir a una unidad o colectividad humana actuar a su antojo, para
imponerle restricciones, incluso cuando ese individuo o colectividad obren
por su cuenta y riesgo, sin imponer sus deseos a nadie que esté al
margen de ellos.
Una vez definida la situación respecto de la autoridad, los anarquistas
individualistas pretenden resolver todas las cuestiones prácticas que
surgen de la vida misma tratando de que se adopten soluciones según
las que jamás la unidad humana se halle, obligatoriamente y contra
ella, desposeída y sacrificada en provecho del conjunto social. El
anarquismo individualista no es en manera alguna sinónimo de aislamiento,
porque los anarquistas individualistas ni quieren el aislamiento, ni quieren
la asociación forzosa.
Los individualistas anarquistas no se desarrollarán a sus anchas más
que en un ambiente o ante una humanidad que considere la autonomía,
la integridad, la inviolabilidad de la persona humana -de la unidad social,
del individuo, hombre o mujer- como la base, la razón de ser y el fin
de las relaciones entre los hombres, sin distinción de razas ni de
nacionalidades.
Los individualistas reivindican para el individuo -hombre o mujer- a partir
del momento en que puede determinar sus actos por sí mismo y sin ninguna
restricción, el derecho de existir, de desarrollarse y de expresarse
a su manera, ya sea por su temperamento, sus reflexiones, sus aspiraciones,
su voluntad, su determinismo personal, y sin tener que dar cuenta de sus actos
más que a sí mismo, a la vez que la absoluta y entera facultad
de expresión, de profesión, de difusión, de publicación
del pensamiento -escrito o hablado- en público o en privado, así
como la facultad completa de ensayo, de realización, de aplicación,
en todos los terrenos, métodos, sistemas, modos de vida individual
o colectiva, etc., a los que pueda dar lugar la materialización del
pensamiento, la concreción de la opinión.
Todo esto, desde luego, con reciprocidad respecto del semejante, aislado o
asociado, es lo que designan los anarquistas individualistas como expresión
de libertad recíproca.
Si los individualistas anarquistas reivindican la plena y entera facultad
para toda unidad humana de vivir aisladamente, al margen, fuera de toda agrupación,
asociación o medio, con la misma energía reivindican la facultad
de asociación voluntaria en todos los ámbitos en que pueda ejercerse
e irradiar la actividad humana, sean cuales fueren las experiencias y los
objetivos perseguidos; la plena y entera facultad de federarse para los individuos
aislados, los convenios entre efectivos reducidos o las asociaciones, sea
cual fuere su importancia.
Los individualistas anarquistas reivindican la facultad de aceptar toda clase
de solidaridad, de hacer contratos en no importa cuál sea la rama de
la actividad humana, su objetivo o su duración.
Se ve inmediatamente el abismo que separa la sociedad arquista -gubernamental,
estatista y autoritaria- de la sociedad, de la asociación anarquista,
antiautoritaria. La sociedad arquista obliga al hombre a integrarse en su
seno, forzándole a soportar sus leyes, costumbres y usos, tradiciones
que no permite sean discutidas o rechazadas. Los convenios, los estatutos,
las directivas de la asociación individualista anarquista son voluntarios.
El individuo es libre de integrarse o de permanecer al margen. Evidentemente,
el aislado no puede participar de los beneficios de la asociación;
pero bajo ningún concepto existirá ninguna autoridad, gobierno
o Estado anarquista que obligue a nadie a ser miembro de una asociación
dada.
Los anarquistas individualistas pasan por no ser revolucionarios. Es necesario
aclarar esta aseveración: para que el individualismo anarquista se
realice es indispensable que la mentalidad general y las costumbres estén
a un nivel tal que impliquen o garanticen la impotencia o imposibilidad para
toda individualidad, medio, administración, gobierno o Estado -sin
reservas ni artificios-, para inmiscuirse, intervenir, usurpar la vida o las
relaciones de las unidades humanas, entre ellas, el objetivo, la existencia,
la evolución o el funcionamiento de los grupos, asociaciones de individualidades,
federaciones de grupos o asociaciones. La realización de las reinvindicaciones
anarquistas es, pues, función de la transformación, de la evolución
del medio humano en general en el sentido anarquista. Por eso es por lo que
la propaganda individualista anarquista es más bien educativa y se
sirve ante todo del ejemplo, interesándose antes que nada por formar
individuos conscientes, realizadores aislados y asociados de las tesis individualistas
anarquistas. Estos opinan que hay que partir de la unidad anarquista si se
quiere determinar el ambiente en tal sentido. Es la unidad anarquista la que
está llamada a representar, según ellos, el fermento determinante
del ambiente.
Los individualistas anarquistas preconizan, en general, una forma de agitación
que concuerda con todo lo que hemos expuesto y que llama preferentemente a
la reflexión individual más que al adoctrinamiento irracional,
y a la convicción profunda más que a la brutalidad. Los actos
siguientes y de rebeldía son esencialmente anarquistas individualistas:
huelgas de funciones atribuidas por la ley a los ciudadanos, negativa de participación
en todo servicio público, abstención del pago de impuestos,
rechazo a llevar armas y al servicio militar, abstención de concurrir
a los actos civiles del Estado, evitar el envío de los hijos a las
escuelas del Estado o de la Iglesia, y negarse a realizar cualquiera de las
actividades relativas a la fabricación de aparatos de guerra o de objetos
de culto oficial, a la construcción de bancos, iglesias, cárceles,
cuarteles, etc. "Podemos hacernos una idea de la importancia capital
que tiene para la propaganda cualquiera de estos hechos, sobre todo si, fuera
de los muros carcelarios, que no podrán evitar los resistentes, hay
multitud de militantes bien organizados" (Tucker). Es lo que se llama
la resistencia pasiva. Pero los anarquistas individualistas son partidarios
de la legítima defensa y no hacen de la resistencia pasiva un dogma
intangible. No prescriben el uso de la violencia sin discernimiento, como
una panacea o como un remedio, como algo absolutamente necesario. No obstante,
hasta los más pacifistas de los individualistas anarquistas han reconocido
que "si la efusión de sangre pudiese garantizar la libertad de
actuación, sería necesario emplearla" (Tucker).
En resumen, para los individualistas anarquistas el empleo de la violencia
revolucionaria es cuestión de táctica y no de doctrina. Opinan
que la educación y el ejemplo conducirán más eficazmente
a la humanidad hacia la liberación que la violencia revolucionaria.
Es frecuente atribuir a los individualistas anarquistas un supuesto respeto
a la propiedad individual. En verdad, los anarquistas individualistas reivindican
la libertad de disponer del producto obtenido por el trabajo directo del productor,
producto que puede ser un trozo de hierro o una porción de terreno;
producto que en ningún caso es el resultado de la explotación
ajena, del parasitismo o del monopolio. La plena y entera disposición
del trabajo y de sus productos (es decir, la plena y entera facultad de trocar
dicho producto, de cambiarlo, de alienarlo e incluso de legarlo) va acompañada
de la plena facultad de posesión del medio de producción que
se hace valer ya sea individualmente o por asociación. Es comprensible
que existan ciertas producciones que no pueden obtenerse sin una asociación
sólidamente organizada. Lo esencial que hemos de tener presente es
que gracias a la posesión personal de la herramienta o de la máquina
o procedimiento de producción, la unidad productora, en caso de ruptura
de contrato de asociación, no se halle jamás desprovista, entregada
a la arbitrariedad o sometida a las condiciones de un medio social al que
le repugnase pertenecer.
Los medios o métodos de realización de estas reivindicaciones
difieren según las escuelas o las tendencias. Ciertos individualistas
prefieren la idea de la moneda libre, es decir, de un valor de cambio emitido
por el productor o la asociación de productores, que tenga curso solamente
entre los que la adopten como medio de transacción. Otros no quieren
oír hablar, bajo ningún concepto, de valores de cambio. Se puede
ser individualista anarquista y participar, en la asociación a la que
se pertenece, del comunismo libertario. A partir del momento en que una asociación
se compone voluntariamente y funciona sin tener ninguna intención de
imponer su funcionamiento o su organización a las demás asociaciones
o individualidades aisladas, puede ser considerada como un aspecto del individualismo
anarquista. No es individualista anarquista toda unidad o asociación
que quiere imponer a un individuo o a una colectividad humana una concepción
unilateral de la vida económica, intelectual, ética y otras:
esta es la piedra de toque del individualismo anarquista.
En resumidas cuentas, el anarquismo individualista presenta:
a) Un ideal humano: el anarquista, la unidad humana que niega la autoridad
y la explotación que es su corolario económico, el ser humano
cuya vida consiste en una reacción continua contra un medio que no
puede ni quiere comprenderle ni aprobarle, puesto que los integrantes de ese
medio son esclavos de la ignorancia, de la apatía, de las tareas ancestrales
y del respeto por las cosas establecidas.
b) Un ideal moral: el individuo consciente, en vías de emancipación,
que tiende hacia la realización de un nuevo prototipo humano: el hombre
sin dios ni dueño, sin fe ni ley, que no siente ninguna necesidad de
reglamentos o de coacción exterior, puesto que posee bastante potencia
de volición para determinar sus necesidades personales, para servirse
de sus pasiones con el fin de desarrollarse más ampliamente, para multiplicar
las experiencias de su vida y guardar su equilibrio individual.
c) Un ideal social: el ambiente anarquista, una sociedad en la que los hombres
-aislados o asociados- determinarían su vida individual bajo los aspectos
intelectuales, éticos, económicos, por un libre acuerdo consentido
y aplicado, basado en la "reciprocidad", que tiene en cuenta la
libertad de todos sin ponerle trabas a la libertad de nadie.
Es así como, mediante el libre acuerdo de la camaradería, sin
esperar "la nueva humanidad", los individualistas, desde ahora,
quieren realizar entre ellos su propio ideal.
Émile Armand
(Encyclopédie Anarchiste) ![]()
¡Viva la FAI y la CNT!
Luchemos hermanos
contra los tiranos
y los requetés.
Rojo pendón,
negro color,
luchemos hermanos
aunque en la batalla
debamos morir.
En los tiempos de Rivera
y Torquemada,
los fascistas nos querían matar,
aliados con naciones extranjeras
como Italia, Alemania y Portugal.
Empezaremos con el trono
y acabaremos con el clero
que es el animal mas fiero
al servicio del poder.
FAI, FAI.
Si los curas y monjas supieran
la paliza que van a llevar
subirían al coro cantando:
¡Libertad, libertad, libertad!
No sabemos nada del autor de esta canción que se cantaba en las jornadas
previas a la Guerra Civil de 1936-1939. La última estrofa es una parodia
del Himno de Riego (himno oficial de la República Española)
que era muy popular, incluso más conocida que la letra del propio himno.
La religión es enemiga
de las mujeres
Abstención, el triunfo del pueblo