PERIODICO ANARQUISTA
Nº 200
 MARZO 2005

 

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La religión es enemiga de las mujeres

La religión es tan vieja como el mundo. El machismo también. Y eso no es una razón para no luchar contra estas plagas tan íntimamente relacionadas. Ambas hacen referencia al poder, y el hombre (porque suele ser una figura masculina) que detenta lo sagrado, detenta el poder. El beneficio nada despreciable de esta relación de poder banaliza esta forma de relación jerarquizada que se aplica también a todos los individuos. Su víctima principal es la mujer. Pero los que piensan que tendría interés utilizar ese poder, olvidan que tampoco ellos escapan al poder que otros ejercen sobre ellos.
El vínculo entre religión y patriarcado reposa al menos en dos razones:
-La fuerza física y el gusto por la conquista atribuidos al hombre han permitido afirmar una voluntad de dominio sobre la mujer.
-El hombre está fascinado y despistado ante la mujer, a la que no siempre comprende. Ha optado pues por la vía de la política y la religión para afirmar esa superioridad que él reivindica.
En lo que concierne a la religión, los misterios de la procreación, de la muerte, del universo, etc., son lo suficientemente extraordinarios para que la especie humana haya buscado respuestas y se haya creado un panteón protector o canalizador de sus angustias. Esas divinidades le han permitido imaginarse tener un peso sobre su entorno (ceremonias, rituales, sacrificios). Luego han llegado las religiones monoteístas, retomando el papel del "padre". El enfrentamiento cara a cara del hombre con la mujer ha encontrado su oportunidad para ser reconocido, afirmarse y erigirse en dogma. Dios ha permitido incluso justificar las prerrogativas que se ha otorgado el hombre, convirtiéndolas en "verdades", es decir, en obviedades.
La cuestión de la procreación es la que ha ofrecido la primera respuesta: la semilla (el esperma) se ha hecho más importante que la tierra, la mujer, portadora de vida, reducida de hecho a simple receptáculo. Sólo se reconoce la función maternal. Para lo demás, la inferioridad de la mujer, asimilada a una sierva, se convierte en regla. La mujer es considerada impura, portadora del pecado original, y cargada de todos los defectos: mentirosa, perversa, hipócrita, manipuladora, menos inteligente, de un valor en el mercado muy inferior al hombre. El hecho de que sea mala le impide todo derecho de igualdad con el hombre, al que debe someterse y del que debe aceptar cualquier injusticia que éste le inflija.
La religión tiene otra función para el hombre. Le ayuda a protegerse de sí mismo, pero también a justificar su violencia, los excesos de que es capaz. En efecto, está sometido a pulsiones, sobre todo sexuales, que le cuesta controlar. A través de los dogmas, inflige en la mujer el deber de conducir sus pulsiones, atribuyendo las derivas a los defectos intrínsecos de ella. Por eso debe llevar el velo para no provocar al hombre, que tiene derecho al adulterio, pero ella no. Para ella el castigo será temible (lapidación, etc.). El hombre lleva a su manera su incontinencia sexual sirviéndose de la religión como de un cinturón de castidad... que hay que poner a la mujer. Culpándola de todos los males, el hombre justifica todas las violencias que hace sufrir a la mujer.
Todos estos elementos coinciden en todas las "grandes" religiones. En la Biblia, la mujer siempre está en situación de inferioridad (Lilith, Eva y Adán, etc.). ¿Quién ha escrito la Biblia? Se trata de un conjunto de textos cuyos autores (cerca de cuarenta) son hombres exclusivamente. Los suras del Corán son interpretados por "especialistas" (ayatolás) que son todos hombres. Sólo el budismo se plantea que el sucesor de Buda pudiera ser una mujer. ¡Sin embargo, a día de hoy, no conocemos a ninguna! Y el mismo menosprecio encontramos en los textos fundamentales del budismo. El Corán y la Biblia ni siquiera se toman la molestia de imaginar un dios femenino.
La religión es claramente un instrumento de servidumbre para la mujer. Y, para dar mayor poder a sus dogmas, el hombre añade lo cultural (tradiciones locales). Alrededor de la mujer se teje una red que la somete completamente. Si la religión no tiene respuesta y a veces puede ofrecer cierta libertad o esperanza ("Dios es amor", "Los últimos serán los primeros", "Ama a tu prójimo como a ti mismo"), lo cultural toma el relevo para confirmarle su puesto como ciudadana de segunda: el hombre delante, la mujer detrás, el aislamiento, el velo, la separación hombre-mujer, los matrimonios arreglados, la imposibilidad para la mujer de ocupar el puesto de sacerdote o de imam y su relegación al estatus de simple feligresa, el puesto de la mujer en la sociedad con sueldos un 30 por 100 inferiores, los crímenes de honor, los infanticidios de niñas en ciertos países asiáticos, los "mujericidas", las violencias conyugales, el sexismo, el tráfico sexual, las violaciones como arma de guerra, la herencia en el mundo musulmán, la situación de las viudas en la India, la doble jornada de la mujer occidental, etc.
Un último ejemplo: los musulmanes conservadores de Bangladesh (Movimiento por una Constitución Islámica) se han manifestado el 8 de octubre pasado para protestar contra la organización del primer campeonato de fútbol de mujeres. Han amenazado con hacer una sentada ante el Consejo Nacional de Deportes "mientras no se abandone esa idea diabólica". Su lema: "¡Stop a las actividades contrarias al Islam, preservemos el carácter sagrado de la mujer!" Ese carácter sólo es sagrado cuando es necesario. No se opone a la alienación de la mujer y es perfectamente compatible con el encierro que se le hace sufrir (burka, separación de sexos, confinamiento en la casa, prohibición de relacionarse con el sexo opuesto, ataques con vitriolo, analfabetismo de las niñas, etc.).
Pero no olvidemos que la religión es también alienante para los hombres.
Tanto las mujeres como los hombres tienen interés por liberarse de este suplicio. Debería bastar una simple razón: la religión rechaza toda idea de democracia directa, de elección, de libertad, para su buen funcionamiento. Dios decide todo el tiempo y para todo el mundo. La única respuesta es la emancipación política y religiosa de todas las mujeres.

Marie-Jo Pothier
(Le Monde libertaire) Subir


Abstención, el triunfo del pueblo

Después de cualquier votación, los políticos hinchan sus pechos y sus gargantas para decir lo satisfechos que se encuentran con los resultados. Esta vez no podía ser diferente; los europeistas presumen de ese 76,7 por 100 de votantes que han dicho sí al tratado, que no constitución pese a quien pese. Los partidarios del no, aunque sólo han conseguido el 17,2 por 100 de los votos, convierten los porcentajes en cifras y se refieren a los dos millones y medio de ciudadanos "que han dejado patente su rechazo al acuerdo interestatal".
Sin embargo, el verdadero triunfo es el de la propuesta abstencionista. El 58,68 por 100 no nos hemos acercado a las urnas.
Aunque no podemos caer en la ingenuidad de creer que toda la abstención ha sido fruto de una profunda meditación y de la concienciación de los españoles, estamos convencidos de que no es el resultado de la desidia o la indiferencia, como quiere hacer ver la clase política. El pueblo sabe pensar, a pesar de que se empeñan en mantenerle en la ignorancia y llenan su cabeza de mentiras a través de los medios de comunicación.
El Estado es una lacra para los individuos y cuando muchos Estados se unen para tomar acuerdos que influyen en nuestras vidas, debemos comenzar a preocuparnos. Además, un tratado que nos dice en su artículo 1-41 que "la Unión Europea podrá recurrir a medios civiles y militares que tengan por objeto garantizar el mantenimiento de la paz, la prevención de conflictos y el fortalecimiento de la seguridad internacional", produce cierta inquietud. Todos y todas conocemos lo que se esconde tras esa mezcla de conceptos.
Sabíamos desde el mismo momento de su convocatoria cuál sería el resultado de este referéndum. Nuestra esperanza estaba en la rebeldía del pueblo ante las urnas. La abstención superó el 70 por 100 en Ceuta y Melilla, alcanzó el 66,73 por 100 en Baleares y el 63,13 por 100 en Canarias. Hubo pueblos de la Comunidad de Madrid como Parla con 79,68 por 100 de abstención, Fuenlabrada con 78,30 y Leganés con 70,03 por 100 que dejaron bien patente que un tratado redactado a sus espaldas y donde sus intereses no eran tenidos en cuenta, no les interesaba para nada.
No nos importan los tratados que firmen los Estados, nuestra meta es su desaparición, la suya fortalecer los privilegios de los poderosos a costa de los mas débiles; por eso, en esta ocasión la abstención ha sido el triunfo del pueblo.
Invitamos a reflexionar a quienes se empeñan en marcarnos el lugar por donde debemos caminar. La abstención no es una anécdota sin importancia, es una postura a tomar en cuenta. Es el modo que tenemos muchas personas de gritar que no nos gusta este sistema, que queremos una sociedad diferente y que no necesitamos a nadie que piense por nosotros.

Marilés subir


11-M. Un año después

Ya ha trascurrido un año desde que nos levantamos aquella mañana y pudimos comprobar horrorizados la mayor matanza de civiles que se producía en Madrid desde los bombardeos fascista durante la Guerra Civil. Y aunque toda España se consternó, los que vivimos cerca de donde se produjo la barbarie, que incluso salvamos la vida por las casualidades del destino, todavía nos horrorizamos ante lo sucedido. Porque muchos esa mañana no cogimos el tren por haber huelga en la Universidad. Quizá este artículo y esta reflexión no hubiesen existido nunca. Como me dijo un compañero de organización pocos días después "tu puedes decir que eres hijo de una huelga".
Pero el horror y la barbarie no fue obstáculo para que sigamos adelante en nuestra lucha y para que podamos realizar un somero análisis ante lo ocurrido hace un año.
Han pasado ya 365 días y son muchos los acontecimientos que han sucedido. El pueblo español salió a la calle en las horas siguientes al atentado, y felizmente no para pedir venganza sino para pedir paz y que se parara la escalada de violencia. Como se había producido un año antes ante la guerra en Iraq, donde el gobierno de España actuó de manera tiránica y prepotente contra un pueblo como el iraquí (¿pero qué gobierno y Estado no es prepotente?), el pueblo español no se quedó en casa aterrorizado de miedo.
Otro punto positivo es que el pueblo español no permitió la mentira y la manipulación. Cuando desde instancias gubernamentales se insistía en la autoría de ETA y todos los indicios apuntaban al terrorismo islámico, nadie o casi nadie se dejó engañar. La gente salio a la calle nuevamente, ahora para exigir la verdad. Pero lo más triste es que aún hoy siguen muchos escudándose en su mentira y no se bajan del burro. Las víctimas y sus familiares para ellos no tienen ningún valor.
Igualmente pudimos comprobar cómo al demostrarse la autoría islámica nadie arremetió contra los inmigrantes con quienes convivimos. Se supo distinguir muy bien dos fenómenos completamente distintos, la inmigración y el terrorismo. Y esto a pesar de que algunos demagogos intentaron llevar el debate a estos extremos.
Sobre el cambio de gobierno del 14 de marzo los anarquistas no albergamos ninguna esperanza. Esa no es nuestra lucha. La actitud caciquil y despótica de la derecha española (que mostró su verdadera cara en este tiempo haciendo gala de toda su historia) fue aprovechada por el oportunismo de un PSOE ansioso de poder. No nos valen gestos como el de la retirada de la tropas españolas de Iraq si ello no va acompañado de una condena explícita al militarismo y a todas las guerras.
En la misma medida son criticables y censurables los gestos de una Iglesia católica que para lo único que valió fue para dar una misa a las víctimas. ¿Se planteó la Iglesia la posibilidad de que entre las victimas hubiera gente de distinta concepción religiosa o ateos? El clero jamás se plantea tales cuestiones y el 11-M fue una muestra más, en todos los sentidos, de cuáles son las actitudes de todas las religiones.
No quiero olvidarme de la actitud hipócrita de la inútil Casa Real. Sus lágrimas de cocodrilo fueron rechazadas por mucha población, que a la entrada de los hospitales les reprocharon que solo hayan muerto pobres y trabajadores, los que cogen los trenes por la mañana. Y allí nunca se veía a Juan Carlos de Borbón, Felipe o Letizia Ortiz. Y ello no fue óbice para que apenas dos meses después se celebraran los fastos públicos de una boda real en Madrid (que nos costó un ojo de la cara) donde no tuvieron ni la dignidad de rendir un homenaje a las 192 victimas del 11-M cuando pasaron por delante de Atocha.
El compadreo del poder solo sirvió para llevar adelante una estúpida comisión que analizara los hechos. Pero para algo ha servido. Lo primero para volver a comprobar la prepotencia y chulería de José Maria Aznar y séquito, donde insultaron a diestro y siniestro a todo aquel que no comulgara con ellos.
La pantomima de comisión también nos sirvió para ver y escuchar el testimonio desgarrador de la madre de una víctima, Pilar Manjón. Yo tengo que reconocer que su testimonio me impresionó. Pero más me impresionó aún cuando un dirigente conservador del PP, a la sazón Eduardo Zaplana, le preguntaba si militaba en algún partido o sindicato de la oposición.
Cuando ocurrió la catástrofe, la CNT de Guadalajara y el grupo Nestor Majnó de la FAI fuimos de los primeros en condenar el acto en nuestra zona. Nuestro comunicado se difundió por medios locales y provinciales. Un año después pensamos lo mismo. A la barbarie, el terrorismo y la guerra nuestra más enérgica repulsa y condena en todas sus variantes. Los culpables del 11-M son varios. El integrismo islámico como ejecutor, pero los servicios secretos del Estado deberían de explicar muchas cuestiones. El Estado plenipotenciario es otro de los culpables.
Ese día murieron trabajadores y estudiantes, es decir los de abajo, es decir, el pueblo. Y por eso el pueblo respondió. Elocuente fue la frase de una compañera mía norteamericana que, cuando vio las imágenes del 11-M, le vinieron a la cabeza las imágenes del 11-S. Ella me dijo: "Los americanos después del 11-S pidieron guerra. Los españoles pedísteis paz". El pueblo pidió paz y que tome nota quien la tenga que tomar.
Pero la violencia y la barbarie es idiosincrasia de este sistema y sus acólitos, como la religión y el nacionalismo. Y mientras viva este sistema desgraciadamente seguirán existiendo 11-M o guerras. Los anarquistas siempre estaremos con el pueblo y con las víctimas, nunca con los poderosos y los verdugos.

Julián Vadillo Subir


La energía nuclear en Francia:
una alianza entre el capital y el Estado

El efecto invernadero se ha convertido hoy en la preocupación de muchos países del mundo. Para combatirlo, el recurso a la energía nuclear sería la solución del futuro. Pero ¿de qué futuro estamos hablando? Analicemos la situación global de Francia.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el general De Gaulle ofrece al Estado francés los medios para formar parte de las potencias nucleares. En 1956, la instalación de Marcoule, cerca de Aviñón, empieza a generar energía eléctrica. Marcoule se construyó primero para proveer de plutonio (que es mineral de uranio que ha ardido en un reactor nuclear) a los militares franceses. Su uso civil es secundario, pero el Estado francés redobla el esfuerzo de construcción de centrales para uso civil. Al mismo tiempo, la descolonización amenaza los recursos petrolíferos que controlaban los países occidentales.
Durante las crisis del petróleo de los años 70 (nacionalización en Argelia y Libia de las compañías petroleras privadas e inicio de la guerra entre Israel y los países árabes), el gobierno francés toma la decisión de duplicar la construcción de centrales nucleares. Esta decisión, tomada en 1973 y en sólo tres días, sin consultar a las santas instituciones republicanas (Asamblea Nacional, Senado) llevará a Francia a convertirse en el país más nuclearizado del mundo (56 reactores nucleares) por detrás de los Estados Unidos. De los 14.000 millones de KWh de electricidad producidos por las centrales atómicas francesas en 1973 hemos pasado hoy a 100.000 millones de KWh en 1982 (1).
Durante este tiempo, los militares, a partir de 1960, estimulados por los diferentes gobiernos, realizan 17 simulacros con la bomba atómica francesa en Reggane, en Argelia, por entonces colonia francesa. Francia ha alcanzado su objetivo, que es entrar en el círculo cerrado de las potencias nucleares, con la URSS, los Estados Unidos e Inglaterra. Con la descolonización seguirá en la Polinesia "francesa", en Mururoa y en Fangataufa. No se detendrá hasta 1991, después de 167 simulacros atmosféricos o subterráneos.

¿Cuál es el futuro de la energía nuclear civil y militar?
Hace algunos meses, la compañía Electricité de France (EDF), servicio público de producción de energía eléctrica, ha decidido prolongar la duración de la vida de las centrales atómicas treinta o cuarenta años más. Los riesgos de accidente en instalaciones que se habían pensado para una duración limitada son mayores. La decisión de sustituir el parque de centrales atómicas por un nuevo prototipo bautizado "EPR" (el enfriamiento de los reactores se haría con agua a presión) ya ha sido prácticamente adoptado por el Estado. Esta decisión implicará a Francia durante 40 o 50 años en la dirección de las nucleares. El proyecto ITER, un proyecto colosal de dimensiones internacionales, debería construirse en Cadarache, emplazamiento industrial nuclear cercano a Marsella. ITER es un experimento científico termonuclear para crear una fusión de 150 millones de grados.
En el campo militar, está en construcción un experimento llamado "láser Mégajoule", cerca de Burdeos, para continuar los ensayos en un espacio cerrado para modernizar la bomba atómica francesa. Se está construyendo un submarino nuclear, y la flota actual cuenta con 10 motores, de los que al menos 3 están equipados con misiles atómicos.
En otro terreno, la compañía EDF ha experimentado en junio de 2004 una privatización parcial (el 20 por 100 de su capital se ha privatizado) y la potente compañía Areva, controlada en un 90 por 100 por el Estado francés, lider en el mercado de las instalaciones nucleares, privatizará el 40 por 100 de su capital. Estas dos privatizaciones llevan a temer por las economías del sector de la seguridad de las instalaciones nucleares, ahora bajo la presión de los accionistas.

¿Quién resiste y por qué?
Mientras los tecnócratas del Estado, aliados con las finanzas internacionales, se obstinan en lo nuclear, las respuestas a las preguntas cruciales sobre los desechos nucleares y la financiación de los trabajos para desmontar los reactores agotados siguen sin aparecer. Se están estudiando y contruyendo zonas de almacenamiento de desechos nucleares. No existe ninguna posibilidad inmediata de destruir la nocividad radiactiva de los desechos procedentes de instalaciones en activo. Por último, son muchos los millones de euros necesarios para desmontar los 58 reactores franceses. El sector privado no pagará esta suma, así que lo financiará el Estado.
Todos esos elementos y muchos otros han sido difundidos por los antinucleares franceses. Principalmente reagrupados en la red Sortir du nucléaire (Salir de las nucleares), que federa a más de 650 asociaciones opuestas a la energía nuclear; la resistencia contra la industria civil y militar atómica es muy difícil porque la frivolización de esta energía actúa en contra de sus enemigos. Ni el coste colosal de la contrucción y desmontaje de los reactores, ni las recientes revelaciones de las víctimas civiles y militares de experimentos nucleares en Argelia y en la Polinesia, ni los peligros que crean las instalaciones viejas, o la proliferación de los desechos dispersados por todo el territorio... hacen reaccionar a la población de una manera decisiva. La oposición sigue siendo difícil. La última manifestación nacional ha tenido lugar en enero de 2004 en París, con 15.000 personas: está en marcha una campaña de desobediencia civil de bloqueo administrativo de los pagos de las facturas de electricidad, lanzada por la red Salir de las nucleares. Sin embargo, los sondeos más recientes consideran que la opinión francesa se oponía a un relanzamiento de los programas electronucleares. Pero los mercados internacionales se orientan cada vez más hacia la energía nuclear para asegurarse la autonomía respecto al petróleo, y para seguir el tratado de Kioto sobre la lucha contra los gases con efecto invernadero. En realidad, la energía nuclerar contamina lo mismo, y el el mineral de uranio no es inagotable (alrededor de cincuenta años de reserva).

El reformismo contra la energía nuclear no sirve de nada
La parte más importante del movimiento antinuclear francés es reformista y opone las energías renovables a la nuclear, denunciando el efecto del lobby nuclear a nivel nacional y europeo. En realidad, la energía nuclear debe su existencia a la investigación de dominio militar (dominar la bomba) y a una investigación de carácter económico (proporcionar energía nuclear para evitar la dependencia del petróleo). Y eso sólo es posible con una alianza objetiva entre el capital y los Estados. Ningún país del mundo ha desarrollado una industria nuclear sin la implicación fuerte, política y económica, de los Estados.
Dado que el movimiento antinuclear apenas logra obtener victorias, habrá que cambiar de estrategia. Por ejemplo, buscar alianzas con otros sectores de la sociedad como los que combaten los organismos genéticamente modificados (otra mentira del Estado y de la ciencia, que crea adicción en los usuarios y beneficios para las multinacionales), o con los trabajadores de EDF que se oponen a la privatización del servicio público de las energías son soluciones realistas. Los anarquistas y los anarcosindicalistas, demasiado poco presentes en estas luchas, podrían ser los lazos entre esos sectores (2). Denunciar los efectos desastrosos de la energía nuclear civil y militar afirmando un proyecto de sociedad donde la producción de energía sea una propiedad colectiva y autogestionada, en lugar de alimentar el crecimiento devastador de una organización social y económica fuertemente consumidora de energías, es una de las facetas del combate anarquista. Esta lucha está entre nuestros objetivos: permitir a las colectividades una autonomía de la gestión y de la producción de energías (renovables o no, pero cercanas) en un marco federalista y no de competencia, sin Estado y sin capital.

Notas:
(1) La electricidad se exporta a Europa: España es cliente de la energía nuclear producida en Francia.
(2) El joven Sébastien Briat, militante de la CNT-Vignoles, murió el 7 de noviembre de 2004 en un accidente que se produjo cuando impedía que un tren con desechos nucleares siguiera su ruta.

Relaciones Internacionales de
la FA Francia, Bélgica
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Julio Verne, escritor sin dios ni amo

El 24 de marzo de 1905 moría, a los 77 años de edad, uno de los más populares novelistas de lengua francesa: Julio Verne. Considerado autor para la infancia, nunca fue incluido en los anales de la literatura francesa. En todos sus escritos, la sociedad prevista por este visionario es de raíz técnica y moralmente anarquista, seguramente inspirada por largas conversaciones con su amigo Piotr Kropotkin.
Para que la obra de Verne adquiera todo su sentido, hay que situarla en relación a tres corrientes ideológicas del siglo XIX francés: la solidaridad con las nacionalidades, la fe saintsimoniana en la expansión económica y la crítica social anarquista llevada hasta la negación más radical.
Esta última tendencia empuja a Julio Verne a la crítica social y al individualismo libertario. Es la más escondida, la más secreta. En este dominio sería preciso contentarse con anotaciones fugitivas, con episodios y personajes aparentemente secundarios, incluso con deducciones, si hacia el final de su existencia Julio Verne no hubiese dado, repentinamente, libre curso a sus simpatías anarquistas, si el grito "ni dios ni amo" no hubiese resonado bruscamente en el universo que él creara mediante Los náufragos del Jonathan, obra póstuma de una importancia considerable por la inteligencia de su pensamiento político y en la que nos expone, retrospectivamente, una de las "claves" del conjunto de su obra.
En su serie de Viajes extraordinarios arremete contra el oro, considerado como instrumento ficticio de potencia y de riqueza. En Cinco semanas en globo (primero de los Viajes extraordinarios) el oro representa un valor convencional y muy relativo. El doctor Ferguson, cuyo globo se posó en pleno desierto africano, lastró el ingenio con enormes sacos de cuarzo aurífero: los bloques de mineral serán arrojados por la borda a medida que el viaje se prolonga y sea necesario aligerar el aerostato.
El único caso donde el oro aparece con otra significación es el episodio de los galeones de la Bahía de Vigo reencontrados por Nemo gracias a su Nautilus, que le facilitan recursos ilimitados. Sin embargo, el oro esta vez está al servicio de un hombre que ha roto con la sociedad y que sabe, no obstante, y lo considera preciso, ayudar a los oprimidos. Para el caso, Nemo remite una cantidad importante a un emisario de los insurrectos candiotas de 1868.
Sin embargo, no va más lejos en el análisis del juego de las fuerzas económicas y las desigualdades sociales. Prácticamente no hace referencia a la producción, la explotación del trabajo por el capital, noción, sin embargo, bien conocida en la época. Por el contrario, aunque sea indirectamente, ataca al derecho de propiedad. Las atribuciones de terrenos a los mineros auríferos o diamantíferos, la fragilidad de las bases sobre las cuales aquéllas descansan, los errores que las mismas comportan, le dan ocasión para demostrar más generalmente el carácter convencional -y de rechazo la fragilidad, lo fortuito, lo revocable- de la propiedad individual del suelo.
La crítica social es vigorosa, aunque no llegue a ser específicamente anarquista. La disconformidad con la autoridad estatal, la distribución de las tierras, la existencia de fronteras, es más específicamente anarquista. Julio Verne repudia profundamente, al parecer, el carácter frágil, litigioso de las fronteras y de las soberanías territoriales. En César Cascabel esta contingencia resulta novelesca. El tratado de cesión de Alaska a los Estados Unidos de América y de transferencia de soberanía entra en vigor el día mismo que un proscrito ruso se presenta en la frontera y teme caer en manos de la policía zarista.
En cuanto al nacionalismo, a pesar de algunos arranques de patriotismo, no influye en el conjunto de su obra. La comunidad social creada por el capitán Nemo es la expresión más explícita de esa preocupación de superar las nacionalidades. La tripulación del Nautilus habla un lenguaje artificial e incomprensible del cual se nos da una muestra; solamente ante la muerte, cuando un pulpo gigante se lo lleva, uno de los marineros recurre de nuevo a su lengua natal para gritar socorro en francés.
Los jueces son formulistas y pretenciosos: todo acusado es, para ellos, un culpable. Los policías son antipáticos y cínicos. El error judicial, tema familiar en la literatura anarquista de la época, este símbolo del conflicto de la sociedad y del individuo y del carácter inseguro de la justicia establecida, tiene asimismo un lugar importante en el universo de Los Viajes extraordinarios. La posición de Julio Verne referente a la criminalidad es equívoca. Las bandas de forajidos y de piratas intervienen con frecuencia en sus relatos, y bajo rasgos en apariencia muy desfavorables, muy convencionales: "hez de la sociedad", "miserables", "criminales endurecidos". Sin embargo, observándolo de cerca, el autor ¿no testimonia una estima secreta por el vigor humano de estos fuera de la ley?
A la sociedad establecida, con sus obligaciones y sus montajes ficticios, los anarquistas oponen los "medios libres", las pequeñas comunidades voluntariamente creadas y fundadas en la solidaridad y la ayuda mutua según la tradición proudhoniana. Tales comunidades encontraremos con frecuencia en Los mundos conocidos y desconocidos; nacidas, claro, fortuitamente, a resultas de catástrofes o de aventuras: los colonos de La isla misteriosa, donde su globo es abatido a causa de una tempestad; la guarnición del Fuerte-Esperanza, enviada por la Compañía de la Bahía de Hudson para crear un establecimiento subpolar, instalándose, aquélla, sobre una plataforma de hielo cubierta de tierra, la cual deriva sin remedio posible; Hatteras y sus compañeros, invernando cerca del Polo dentro de su fortín de hielo; la colonia del capitán Savardac, llevada por el cometa Galia; los náufragos de Segunda patria, continuación servil del célebre Robinson suizo; los pupilos de la pensión Chairman, abandonados en una isla del Estrecho de Magallanes durante dos años, debido al naufragio de su "brick", a la deriva desde Nueva Zelanda sin ningún adulto a bordo (Dos años de vacaciones); la tripulación del Nautilus.
Todas estas colectividades nacidas de la aventura se caracterizan por su natural armonía; los conflictos de nacionalidad no existen, o se esfuman; cada cual puede desarrollar sus cualidades humanas, concretando escuelas de iniciativa y solidaridad a la vez. Sin embargo, se distinguen de los "medios libres" anarquistas (incluidas sus relaciones novelísticas como Terre Libre de Juan Grave) por un rasgo fundamental: las colectividades de Verne son dirigidas por un jefe, un organizador de la actividad económica y de la vida social. Ese jefe es, generalmente, un oficial (el capitán Savardac, el teniente Hobson den En el país de las pieles), un técnico y un sabio (Nemo, Robur, el ingeniero Cyrus Smith). Igualmente los muchachos de la pensión Chairman sienten la necesidad de elegir un jefe por sufragio universal.
Cuando Verne exalta la revuelta del individuo frente a la sociedad, se sitúa muy próximo a la ideología anarquista. En Veinte mil leguas de viaje submarino, la bandera de Nemo es negra y la planta, en señal de posesión, en el Polo Sur, tierra libre de toda implantación estatal en la época. Esta aparición de la bandera negra de la anarquía y de la piratería es tanto más significativa por repetirse con frecuencia en el universo verneriano. Igualmente, los campesinos canadienses enarbolan la enseña negra al rebelarse contra los ingleses (Familia sin nombre), con voces terminantes: "Fuera, tiranos; el pueblo despierta… Unión de los pueblos, terror de los grandes… Antes una lucha sangrienta que la opresión del Poder corrupto"; este pabellón negro lleva una calavera y dos huesos en cruz, con el nombre de los gobernadores detestados, Dalhouise y Craig. El pabellón del ingeniero Robur es negro con un sol amarillo, pero el pirata Sacratif también iza el pabellón negro, marcado esta vez con una S, cuando ataca a los navíos griegos en lucha contra los turcos (El archipiélago en llamas); es el mismo trapo negro que enarbolan los piratas que sitian a los colonos de La isla misteriosa; es decir, que la bandera negra aparece en la obra de Verne con una ambigüedad muy significativa, a la vez como emblema de personajes menospreciables y de héroes positivos.
Veinte mil leguas de viaje submarino es la obra de Verne más reveladora de sus secretas simpatías libertarias, por lo menos hasta la publicación de Los náufragos del Johathan, siendo esta la ocasión de recordar la curiosa leyenda según la cual Louise Michel sería la verdadera autora de la novela, cuyo argumento habría vendido por cien francos en un día de miseria. Esta leyenda, por la forma en que ha sido explicada, es evidentemente falsa; el manuscrito de la obra fue remitido a Hetzel en diciembre de 1868, es decir, mucho antes de la fecha supuesta de la cesión a Julio Verne; es particularmente imposible que Louise Michel haya imaginado el nombre de Nautilus recordando las conchas denominadas "nautilus" que ella encontrara en las playas de Nueva Zelanda durante su deportación. El estudio de los archivos de Verne quizás revele que, desde el fin del Imperio, el autor estuvo en relación con la inteligentsia antiautoritaria de París, sabiéndose al efecto que en el periodo posterior entabló gran amistad con los hermanos Reclus y su grupo, y que su amigo Nadar evolucionó hacia el anarquismo.
Los náufragos del Jonathan, obra póstuma editada en 1909, fue redactada en las postrimerías de la vida de Julio Verne, en fecha incierta. No existe razón alguna para sospechar de su autenticidad como hizo un erudito italiano de la Sociedad Julio Verne. Contrariamente, esta novela de un vigor excepcional, reincide coherente y explícitamente en los temas anarquistas veladamente introducidos en los volúmenes de los Viajes extraordinarios; nadie que no fuese Verne habría sido capaz de operar ese reagrupamiento, ese legado aclaratorio del tema. Puede igualmente notarse que el Jonathan es la única obra, con Los hijos del Capitán Grant y La isla misteriosa, que Julio Verne ha elaborado sobre un plan ternario, más amplio y más dramático; todas sus demás producciones tienen una o dos partes, lo que indica una vez más que se trata de una obra de importancia muy particular, ya que Verne nada confiaba al azar en materia de composición literaria.
En una isla del Estrecho de Magallanes, la isla Hoste, vive un proscrito, Kaw Djer (tal es el nombre que le dan los fueguinos); este anarquista abandonó el mundo civilizado, no conociendo otro principio social que la libertad de cada individuo; frente a la civilización, él prefiere la vida primitiva de los habitantes del país. Un navío americano, el Jonathan, naufraga en aquellos parajes; sus pasajeros son emigrantes que una compañía colonizadora reclutó en California para expedirlos en África. Toda esa gente desembarca en plena confusión, en desorden, y Kaw Djer queda, contra su gusto, obligado a dirigir, a mandar, a organizar la vida social de los recién integrados a la isla. Gracias a los efectos transportados por el navío, destinados a ser utilizados en África, los náufragos se preparan para soportar el invierno. El gobierno chileno -del cual la isla depende desde la firma de un tratado de partición con la Argentina- acuerda la independencia de la isla Hoste si los colonos aceptan el compromiso de explotarla. De ello resulta el nacimiento de un pueblo, una experiencia de sociedad nueva. Una villa emerge: Liberia, pero la experiencia no resulta afortunada. Políticos socialistas y comunistas se crean clientelas particulares incapaces de organizarse en colectividad.
El hambre aparece con el segundo invierno, se forman bandas de pillos y una guerra civil se entabla entre el socialista Beauval (que consiguió que se le eligiera gobernador) y la banda del comunista Dorick.
Por segunda vez Kaw Djer acepta la función de dirigente cuyo principio le causa horror. Restablece el orden, reorganiza la agricultura y el comercio y rechaza una invasión de los patagones; pero asiste impotente a una marcha en pos del oro que atrae a la isla Hoste a aventureros de los cinco continentes, cuando son descubiertas algunas pepitas. El desorden se reinstala y Kaw Djer se ve obligado a hacer disparar contra los mineros en revuelta, contándose más de mil muertos, dando pretexto a Chile para revocar su concesión de independencia. Kaw Djer abdica, refugiándose en la isla Hornos para entregarse a la vida solitaria.
Varios temas anarquizantes que ya hemos seguido a través de la obra de Verne vuelven a esta novela, esta vez para ocupar un lugar esencial; los del oro, la propiedad, las fronteras territoriales y las soberanías estatales. El carácter ficticio del oro como fundamento del valor económico es tanto más manifiesto tratándose de una sociedad nueva, potencialmente libre de toda convención. Por otra parte, el derecho a la propiedad privada es puesto, abiertamente, en duda. El problema del acaparamiento estatal de los territorios del planeta, el carácter ficticio y convencional de fronteras y soberanías, temas ya apuntados varias veces en otras obras, se plantean igualmente en el Jonathan, esta vez a plena luz. La Magallania, al empezar la novela, es definida como tierra libre de toda implantación estatal, como el Polo Sur cuando Nemo planta en él el pabellón negro; es esa condición de la isla la que atrajo a Kaw Djer para quedarse en ella.
Julio Verne se ocupa igualmente en el Jonathan del carácter irrisorio de las declaraciones de guerra y de las formalidades diplomáticas que llevan consigo. El mundo de los náufragos es un microcosmos que revela (para el mal, según Verne) toda la experiencia histórica de las sociedades humanas. A propósito de una joven que quiere casarse contra la voluntad de su padre, estalla una crisis entre el gobernador (el socialista Beauval) y el grupo de amigos de Kaw Djer; y como la tensión se encrespa, los kaw-djeristas derriban el puente de madera que separa sus casas de la zona ocupada por los adversarios.
Ciertos temas libertarios ya expuestos por Verne en otras obras se incluyen en el Jonathan con más fuerza y nitidez. No obstante, el interés de la novela -según entendemos- radica en que el autor expone sus ideas anarquistas a través del protagonista, Kaw Djer. Exposición notable por su tono familiar, de interioridad; pero sobre todo por el hecho de que Verne no quebranta sino a propósito del anarquismo la regla de mutismo político que parece se fijó para el conjunto de los Viajes extraordinarios. Kaw Djer es el único personaje en toda la obra de Verne que desarrolla sistemáticamente y de forma coherente una filosofía política, y ello no en un desliz de párrafo según la técnica secreta de la cual disfrutara extraordinariamente Verne. Todos sus comentaristas han notado el fenómeno, ya desde el primer capítulo, de manera que el lector no tenga duda.
A lo largo de Jonathan la disposición de Kaw Djer por la anarquía es señalada en varios episodios. "Sus ojos despedían refulgencias inquietantes" cuando uno de sus adversarios pronunció el vocablo "leyes". Es el culto a la libertad y a la independencia que el protagonista inculca a sus amigos fueguinos: "dueño no puede haberlo para un hombre digno de este nombre", les explica. Kaw Djer es, se ve claro, "un alma feroz, indomable, intransigente, refractaria a todas las leyes". Seguidamente, Julio Verne toma la precaución de distinguir dos categorías de anarquistas: unos "corroídos por la envidia y el odio, siempre prestos para la violencia y la muerte"; otros "verdaderos poetas que ensueñan una humanidad quimérica de la que el mal será arrojado para siempre"; Kaw Djer pertenece "a la sección de ensoñadores y no a la de los profesionales de la violencia".
El nudo esencial de la novela se resume en la confrontación trágica entre las concepciones anarquistas de Kaw Djer y la sociedad que se organiza en la isla Hoste tras el naufragio. Jonathan no relata una simple aventura para la juventud, sino un drama moral que le confiere una intensidad particularísima.
Kaw Djer ve, en efecto, sus teorías rebatidas, o por lo menos defraudadas en razón del comportamiento de los náufragos: apego a la propiedad, individualismo, aceptación de la autoridad ajena, menosprecio por el interés general, incluso la guerra civil acudirá para desgarrar ese microcosmos. Mas las convicciones anarquistas del protagonista no serán quebrantadas, sino solamente reafirmadas.
En resumen, el anarquismo por el que Julio Verne ha podido sentir algún interés, una cierta simpatía, es el de los años 1880-1890, situado antes de la corriente de atentados (de los cuales los Viajes extraordinarios prácticamente no hacen mención). Es igualmente anterior al reencuentro entre el anarquismo intelectual y el movimiento obrero, es decir, el anarcosindicalismo. A tal efecto se puede notar que el proletariado de la gran industria moderna está totalmente ausente, o casi, de la obra de Julio Verne.

Jean Chesneaux
(condensado de su artículo Drapeau noir) Subir


Van despertando

"Dejad que China duerma; cuando despierte, el mundo temblará", dicen que esta expresión la pronunció Napoleón, hace casi doscientos años.
Eso parece, el gigante empieza a despertar, lo que ha provocado un nerviosismo histérico en los americanos, que llevan años cantándole nanas para retrasar el evento. A Europa también le ha entrado una urgencia de hegemonía imposible, como no habíamos antes percibido, mandando al personal a votar porque al igual que los americanos, queremos ser fuertes y prepotentes. Llevamos más de cincuenta años queriendo ser europeos y de repente nos meten tanta prisa que vamos dejando tiras de identidad propia sin llegar a parte alguna ni coordinar ningún logro social, mientras en este largo y penoso caminar vamos perdiendo parte de algunas de las ventajas sociales que tan penosamente hemos alcanzado y que los que llegan detrás y de alguna otra parte, no alcanzarán. La recesión en todos sus términos se acelera.
Al coloso chino le temen todos. Los neoliberales, muy contentos ellos, con eso de la globalización, temen que los productos chinos elaborados a bajos precios y con la avalancha que se avecina, les roben cuotas de mercado. Las multinacionales, sabias ellas, decidieron, antes de que el Acuerdo Multifibras expirara (últimos de 2004), poner a trabajar a los chinos, así con la tecnología occidental y la férrea disciplina heredada del comunismo, buen número de chinos ya está produciendo múltiples artículos básicos que se unirán a los producidos en occidente para abaratar precios, dicen.
Las empresas que no son punteras, están pidiendo a gritos que les suban los sueldos a los obreros chinos, que no los dejen sólo con el tazón de arroz diario, para que los productos que lleguen a Europa lo hagan con precios más acordes con los nuestros. Otro sector piensa refugiarse en la tecnología mientras amaina el temporal, y se equilibran los mercados, por creer que los asiáticos no dominan la técnica como ellos.
A los que estamos lejos de las especulaciones de mercado, inversión y beneficios, a los que la vorágine devorará sin más, se nos hiela el corazón y el ánimo al ver las imágenes de las fábricas chinas donde los obreros uniformados cantan el himno del productor satisfecho y complaciente, desfilan como robots y trabajan con la cabeza agachada sobre la labor a realizar, mientras el encargado, a modo de carcelero, vigila que todos estén en sus sitios, que nadie se mueva ni para lo necesario. Tantos años de comunismo, de feroz adoctrinamiento, han conducido a este apacible pueblo a unos grados de despersonalización escalofriantes.
Se trata de mil trescientos millones de personas. Millones que lo mismo desfilan en las naves industriales como lo harían junto a las armas camino de la muerte.
El hermoso ideal de hacer hombres libres, responsables y solidarios se va configurando cada día como la utopía de soñadores e iluminados; este ideal, de cuantos no queremos que los fundamentalismo múltiples y acechantes nos devoren, tanto si vienen de América, como de los países árabes y ahora también, cómo no, de los países asiáticos.

Salomé Moltó Subir


Apuntes sobre terrorismo militar y comercio letal

Terrorismo. Los gobiernos hablan de terrorismo pero, al no existir una definición de este término, la idea es un tanto vaga en cuanto a su significado. Esta ambigüedad hace que los gobiernos la utilicen en beneficio propio para señalar acciones del enemigo como terrorismo y las propias como acciones militares en legítima defensa, salvaguardando principios democráticos o, en el colmo del esperpento, acciones humanitarias con desgraciados daños "colaterales". De esta manera la llamada "opinión pública" es manipulada para condenar las acciones ajenas y justificar, o al menos tolerar, las propias.
En el Código de EE UU y en el de sus propias Fuerzas Armadas aparece: [Un] acto de terrorismo es cualquier actividad que:
Signifique un acto violento o un acto peligroso para la vida humana que viola las leyes criminales de EEUU o de cualquier Estado, o que sea una violación criminal si ha sido cometido dentro de la jurisdicción de EE UU o de cualquier Estado.
Parezca pretender intimidar o coaccionar a la población civil, influenciar la política de un gobierno por intimidación o coacción; o afecte la conducta de un gobierno por asesinato o secuestro.
Según esto, los primeros en cometer actos terroristas son los Estados, ya que actúan frecuentemente según los dos apartados, especialmente el segundo.
El Estado, junto al capitalismo, son causantes de miles y miles de muertes en todo el mundo, necesitan de la guerra para reforzar y ampliar su dominio en el mundo. Declaran la guerra a países más pobres para aprovechar y arrasar sus recursos naturales y fuentes de riqueza. Con estas guerras aumentan sus beneficios las empresas armamentistas, aterrorizan a la población en sus lugares de origen, y quien verdaderamente las sufre son la clase trabajadora y el pueblo. Tampoco son desdeñables los beneficios obtenidos por parte de las empresas "constructoras" y la posterior invasión "pacífica" de los territorios arrasados.
La Unión Europea, compuesta por Estados de gran tradición colonialista y bélica, ha unido sus pasos a los de EE UU en objetivos, estrategia militar, económica, tecnológica y favoreciendo al poder capitalista a través de las guerras declaradas por toda la tierra, desde los Balcanes, Europa central, Turquía, Tibet, Pakistán, etc.
Con el dinero que el Estado usurpa a la clase trabajadora mediante los impuestos, financia entrenamientos militares en todas las partes del mundo repartidos en diversos programas, departamentos y agencias gubernamentales en donde EE UU es el primer foco terrorista. Estos programas, catalogados como asistencia de seguridad, sirven para mejorar la habilidad de las fuerzas militares amigas, con entrenamiento y actividad de combate. Dotan de subvenciones a las fuerzas armadas de otros países para adquirir armas, servicios y entrenamiento. EE UU ha destinado 4.100 millones de dólares a estos programas en el año 2003.
Después del ataque a las Torres Gemelas, Israel y Egipto son los principales receptores de este tipo de ayuda. Pakistán e India suman subvenciones de 50 millones de dólares, Nepal 5 millones, Colombia 98 millones para entrenar y equipar brigadas que protegen un oleoducto. Estos tan sólo son algunos ejemplos.
El comercio letal. Se excusa por parte de los gobiernos la ausencia de un sistema para rastrear las armas pequeñas y la munición, inhiben su responsabilidad los países exportadores de que sus armas lleguen a manos de dictadores, criminales de guerra y a países donde priman abusos y delitos contra la humanidad. Este tráfico "ilegal" perpetúa conflictos entre pueblos, no hay desarrollo educativo ni cultural del individuo porque los gobiernos gastan el dinero de los presupuestos en la compra de armas.
Aunque las armas y municiones suelen llevar un número de serie básico, hasta ahora no existe un sistema mundial de registro de esta información en la venta de armas, por lo tanto, los países vendedores de armas suelen alegar que no saben cómo han llegado estas armas del tráfico "ilegal". Este tráfico "ilegal" no acabará con la aparición de un sistema de rastreo, por lo tanto aumentará el mercado armamentista de forma más "legal".
La legalidad o ilegalidad de este tráfico en las actuales condiciones de organización social es poco menos que anecdótico, ya que a la industria armamentista le interesa este mercado para vender su producto y así obtener beneficios, lo de menos es la situación "legal", no nos cabe ninguna duda que la variarán según los intereses del mercado. Por otro lado, las zonas de conflicto también son mantenidas por interés político y económico para el capital.
España y la exportación de armas. En 2003 la cifra de exportación de armas en España ha alcanzado la cifra de 321.9 millones de euros. El 90 por 100 del volumen de ventas en el último año ha tenido como destino países de la Unión Europea, pero el 40 por 100 de los destinos de armas españolas no aprueban el examen del código de conducta de la Unión Europea, como es el caso de Israel, India, Indonesia o Venezuela. Código que, por otra parte, ha sido realizado con la participación del propio gobierno español. Este código establece que no se pueden vender armas a países embargados, en conflicto, inestables, que no respetan los derechos humanos, con problemas de desarrollo o con riesgo evidente de desvio de venta a un tercer país.
Los informes del 2004 de la ECP contrastan la información del gobierno de España en cuanto a estas exportaciones, donde no hay transparencia. Hay productos que no son considerados armamentos por las autoridades, por lo tanto, quedan fuera de los mecanismos de información y control. Éstos productos son aviones de transporte militar y determinadas armas pequeñas y ligeras y sus municiones. Lo mismo sucede con las transferencias que no son exportaciones (donaciones, leasing, venta de productos de segunda mano, ventas de excedentes, etc) de hecho el volumen real de transferencia de armas españolas es un 50 por 100 superior al declarado por el gobierno.
Algunos ejemplos de las operaciones que dice el gobierno son: venta de aviones de transporte militar a Jordania, Colombia, Paraguay, Polonia, Turquía, Francia; venta de cañones de segunda mano a Marruecos por el simbólico precio de un euro la unidad; venta de municiones para armas ligeras a países subsaharianos.
Destaca la exportación a Sudán, un país en guerra desde 1983, donde actualmente existe la peor crisis humanitaria del planeta. En el conflicto de Derfur entre grupos de campesinos y milicias armadas del gobierno, la munición exportada violaba el embargo al que la unión europea impuso a Sudán desde 1994.
En el año 2004 España exportó munición a Costa de Marfil por valor de 80.000 euros.
La lógica de esta sinrazón adquiere sentido dentro del actual sistema económico, basado en el beneficio y el dominio. En tanto la economía no esté basada en la satisfacción de las necesidades de la sociedad en su conjunto y no en el beneficio de la minoría poderosa, continuarán existiendo las guerras que, por muy "humanitarias" que las presenten, continuaran causando estragos, muerte, miedo, miseria para el pueblo y riqueza y poder para unos pocos. En nuestra mano está cambiarlo. Ni guerra entre pueblos ni paz entre clases.

Grupo Tierra Subir


El individualismo anarquista

Como es sabido, se llama anarquía a una concepción de la vida individual o colectiva en la que el Estado no existe, ni el gobierno ni, en una palabra, la autoridad. Los individualistas anarquistas son anarquistas que consideran la concepción anarquista de la vida bajo el punto de vista individual, es decir, basando toda realización anarquista en el "hecho individual", considerando a la unidad humana anarquista como la célula, el punto de partida, el núcleo de toda agrupación, medio o asociación anarquista.
Hay diferentes concepciones del individualismo anarquista, pero, al contrario de lo que corrientemente se piensa, ninguna se opone a la noción de "asociacionismo". Todas están de acuerdo, no en oponer el individuo a la asociación -lo que sería un contrasentido, ya que ello limitaría la potencia y las facultades del individuo-, sino en negar y rechazar la autoridad, luchar contra el ejercicio de la autoridad y resistir a todas sus formas.
Es necesario definir claramente lo que hay que entender por ejercicio de la autoridad, que es la forma concreta de la autoridad, el aspecto bajo el que se manifiesta la autoridad en cada uno de nosotros individualmente o asociados.
Existe "ejercicio de la autoridad" cuando un individuo, un grupo de hombres, un Estado, un gobierno, una administración cualquiera o sus representantes se sirven del poder que detentan para obligar a una unidad o colectividad humanas a realizar ciertos actos o gestos que les disgustan o que son contrarios a sus opiniones, o que incluso realizarían de otro modo si tuvieran la facultad de obrar según su propio criterio.
Existe ejercicio de autoridad cuando un individuo, grupo humano, Estado, gobierno o administración (o sus representantes) emplean el poder que detentan para prohibir a una unidad o colectividad humana actuar a su antojo, para imponerle restricciones, incluso cuando ese individuo o colectividad obren por su cuenta y riesgo, sin imponer sus deseos a nadie que esté al margen de ellos.
Una vez definida la situación respecto de la autoridad, los anarquistas individualistas pretenden resolver todas las cuestiones prácticas que surgen de la vida misma tratando de que se adopten soluciones según las que jamás la unidad humana se halle, obligatoriamente y contra ella, desposeída y sacrificada en provecho del conjunto social. El anarquismo individualista no es en manera alguna sinónimo de aislamiento, porque los anarquistas individualistas ni quieren el aislamiento, ni quieren la asociación forzosa.
Los individualistas anarquistas no se desarrollarán a sus anchas más que en un ambiente o ante una humanidad que considere la autonomía, la integridad, la inviolabilidad de la persona humana -de la unidad social, del individuo, hombre o mujer- como la base, la razón de ser y el fin de las relaciones entre los hombres, sin distinción de razas ni de nacionalidades.
Los individualistas reivindican para el individuo -hombre o mujer- a partir del momento en que puede determinar sus actos por sí mismo y sin ninguna restricción, el derecho de existir, de desarrollarse y de expresarse a su manera, ya sea por su temperamento, sus reflexiones, sus aspiraciones, su voluntad, su determinismo personal, y sin tener que dar cuenta de sus actos más que a sí mismo, a la vez que la absoluta y entera facultad de expresión, de profesión, de difusión, de publicación del pensamiento -escrito o hablado- en público o en privado, así como la facultad completa de ensayo, de realización, de aplicación, en todos los terrenos, métodos, sistemas, modos de vida individual o colectiva, etc., a los que pueda dar lugar la materialización del pensamiento, la concreción de la opinión.
Todo esto, desde luego, con reciprocidad respecto del semejante, aislado o asociado, es lo que designan los anarquistas individualistas como expresión de libertad recíproca.
Si los individualistas anarquistas reivindican la plena y entera facultad para toda unidad humana de vivir aisladamente, al margen, fuera de toda agrupación, asociación o medio, con la misma energía reivindican la facultad de asociación voluntaria en todos los ámbitos en que pueda ejercerse e irradiar la actividad humana, sean cuales fueren las experiencias y los objetivos perseguidos; la plena y entera facultad de federarse para los individuos aislados, los convenios entre efectivos reducidos o las asociaciones, sea cual fuere su importancia.
Los individualistas anarquistas reivindican la facultad de aceptar toda clase de solidaridad, de hacer contratos en no importa cuál sea la rama de la actividad humana, su objetivo o su duración.
Se ve inmediatamente el abismo que separa la sociedad arquista -gubernamental, estatista y autoritaria- de la sociedad, de la asociación anarquista, antiautoritaria. La sociedad arquista obliga al hombre a integrarse en su seno, forzándole a soportar sus leyes, costumbres y usos, tradiciones que no permite sean discutidas o rechazadas. Los convenios, los estatutos, las directivas de la asociación individualista anarquista son voluntarios. El individuo es libre de integrarse o de permanecer al margen. Evidentemente, el aislado no puede participar de los beneficios de la asociación; pero bajo ningún concepto existirá ninguna autoridad, gobierno o Estado anarquista que obligue a nadie a ser miembro de una asociación dada.
Los anarquistas individualistas pasan por no ser revolucionarios. Es necesario aclarar esta aseveración: para que el individualismo anarquista se realice es indispensable que la mentalidad general y las costumbres estén a un nivel tal que impliquen o garanticen la impotencia o imposibilidad para toda individualidad, medio, administración, gobierno o Estado -sin reservas ni artificios-, para inmiscuirse, intervenir, usurpar la vida o las relaciones de las unidades humanas, entre ellas, el objetivo, la existencia, la evolución o el funcionamiento de los grupos, asociaciones de individualidades, federaciones de grupos o asociaciones. La realización de las reinvindicaciones anarquistas es, pues, función de la transformación, de la evolución del medio humano en general en el sentido anarquista. Por eso es por lo que la propaganda individualista anarquista es más bien educativa y se sirve ante todo del ejemplo, interesándose antes que nada por formar individuos conscientes, realizadores aislados y asociados de las tesis individualistas anarquistas. Estos opinan que hay que partir de la unidad anarquista si se quiere determinar el ambiente en tal sentido. Es la unidad anarquista la que está llamada a representar, según ellos, el fermento determinante del ambiente.
Los individualistas anarquistas preconizan, en general, una forma de agitación que concuerda con todo lo que hemos expuesto y que llama preferentemente a la reflexión individual más que al adoctrinamiento irracional, y a la convicción profunda más que a la brutalidad. Los actos siguientes y de rebeldía son esencialmente anarquistas individualistas: huelgas de funciones atribuidas por la ley a los ciudadanos, negativa de participación en todo servicio público, abstención del pago de impuestos, rechazo a llevar armas y al servicio militar, abstención de concurrir a los actos civiles del Estado, evitar el envío de los hijos a las escuelas del Estado o de la Iglesia, y negarse a realizar cualquiera de las actividades relativas a la fabricación de aparatos de guerra o de objetos de culto oficial, a la construcción de bancos, iglesias, cárceles, cuarteles, etc. "Podemos hacernos una idea de la importancia capital que tiene para la propaganda cualquiera de estos hechos, sobre todo si, fuera de los muros carcelarios, que no podrán evitar los resistentes, hay multitud de militantes bien organizados" (Tucker). Es lo que se llama la resistencia pasiva. Pero los anarquistas individualistas son partidarios de la legítima defensa y no hacen de la resistencia pasiva un dogma intangible. No prescriben el uso de la violencia sin discernimiento, como una panacea o como un remedio, como algo absolutamente necesario. No obstante, hasta los más pacifistas de los individualistas anarquistas han reconocido que "si la efusión de sangre pudiese garantizar la libertad de actuación, sería necesario emplearla" (Tucker).
En resumen, para los individualistas anarquistas el empleo de la violencia revolucionaria es cuestión de táctica y no de doctrina. Opinan que la educación y el ejemplo conducirán más eficazmente a la humanidad hacia la liberación que la violencia revolucionaria.
Es frecuente atribuir a los individualistas anarquistas un supuesto respeto a la propiedad individual. En verdad, los anarquistas individualistas reivindican la libertad de disponer del producto obtenido por el trabajo directo del productor, producto que puede ser un trozo de hierro o una porción de terreno; producto que en ningún caso es el resultado de la explotación ajena, del parasitismo o del monopolio. La plena y entera disposición del trabajo y de sus productos (es decir, la plena y entera facultad de trocar dicho producto, de cambiarlo, de alienarlo e incluso de legarlo) va acompañada de la plena facultad de posesión del medio de producción que se hace valer ya sea individualmente o por asociación. Es comprensible que existan ciertas producciones que no pueden obtenerse sin una asociación sólidamente organizada. Lo esencial que hemos de tener presente es que gracias a la posesión personal de la herramienta o de la máquina o procedimiento de producción, la unidad productora, en caso de ruptura de contrato de asociación, no se halle jamás desprovista, entregada a la arbitrariedad o sometida a las condiciones de un medio social al que le repugnase pertenecer.
Los medios o métodos de realización de estas reivindicaciones difieren según las escuelas o las tendencias. Ciertos individualistas prefieren la idea de la moneda libre, es decir, de un valor de cambio emitido por el productor o la asociación de productores, que tenga curso solamente entre los que la adopten como medio de transacción. Otros no quieren oír hablar, bajo ningún concepto, de valores de cambio. Se puede ser individualista anarquista y participar, en la asociación a la que se pertenece, del comunismo libertario. A partir del momento en que una asociación se compone voluntariamente y funciona sin tener ninguna intención de imponer su funcionamiento o su organización a las demás asociaciones o individualidades aisladas, puede ser considerada como un aspecto del individualismo anarquista. No es individualista anarquista toda unidad o asociación que quiere imponer a un individuo o a una colectividad humana una concepción unilateral de la vida económica, intelectual, ética y otras: esta es la piedra de toque del individualismo anarquista.
En resumidas cuentas, el anarquismo individualista presenta:
a) Un ideal humano: el anarquista, la unidad humana que niega la autoridad y la explotación que es su corolario económico, el ser humano cuya vida consiste en una reacción continua contra un medio que no puede ni quiere comprenderle ni aprobarle, puesto que los integrantes de ese medio son esclavos de la ignorancia, de la apatía, de las tareas ancestrales y del respeto por las cosas establecidas.
b) Un ideal moral: el individuo consciente, en vías de emancipación, que tiende hacia la realización de un nuevo prototipo humano: el hombre sin dios ni dueño, sin fe ni ley, que no siente ninguna necesidad de reglamentos o de coacción exterior, puesto que posee bastante potencia de volición para determinar sus necesidades personales, para servirse de sus pasiones con el fin de desarrollarse más ampliamente, para multiplicar las experiencias de su vida y guardar su equilibrio individual.
c) Un ideal social: el ambiente anarquista, una sociedad en la que los hombres -aislados o asociados- determinarían su vida individual bajo los aspectos intelectuales, éticos, económicos, por un libre acuerdo consentido y aplicado, basado en la "reciprocidad", que tiene en cuenta la libertad de todos sin ponerle trabas a la libertad de nadie.
Es así como, mediante el libre acuerdo de la camaradería, sin esperar "la nueva humanidad", los individualistas, desde ahora, quieren realizar entre ellos su propio ideal.

Émile Armand
(Encyclopédie Anarchiste) Subir


¡VIVA LA FAI!

¡Viva la FAI y la CNT!
Luchemos hermanos
contra los tiranos
y los requetés.
Rojo pendón,
negro color,
luchemos hermanos
aunque en la batalla
debamos morir.

En los tiempos de Rivera
y Torquemada,
los fascistas nos querían matar,
aliados con naciones extranjeras
como Italia, Alemania y Portugal.
Empezaremos con el trono
y acabaremos con el clero
que es el animal mas fiero
al servicio del poder.
FAI, FAI.

Si los curas y monjas supieran
la paliza que van a llevar
subirían al coro cantando:
¡Libertad, libertad, libertad!


No sabemos nada del autor de esta canción que se cantaba en las jornadas previas a la Guerra Civil de 1936-1939. La última estrofa es una parodia del Himno de Riego (himno oficial de la República Española) que era muy popular, incluso más conocida que la letra del propio himno.

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La religión es enemiga
de las mujeres

Abstención, el triunfo del pueblo

11-M. Un año después

La energía nuclear en Francia: una alianza entre el capital y el Estado

Julio Verne, escritor sin dios ni amo

 

Van despertando

Apuntes sobre terrorismo
militar y comercio letal

El individualismo anarquista

¡VIVA LA FAI!