
SECCIONES
El capitalismo europeo, amparado por el capitalismo internacional, ha dado
una nueva vuelta de tuerca para salvaguardar sus privilegios y mantener su
estatus de poder. Con la Constitución europea, toda la construcción
capitalista que están llevando a cabo queda amparada bajo un texto
jurídico que supera todas las anteriores cartas que cumbre tras cumbre
y tratado tras tratado han ido forjando.
Y es que el proceso de construcción europea capitalista que hoy nos
presentan como innovador no es nuevo. Una larga historia, sobre todo tras
la finalización de la II Guerra Mundial, le ampara. Y es lógico
que para criticar lo actual nos acerquemos a su proceso de formación.
Evidentemente este no es el lugar para tal menester, pero sólo decir
que las teorías que en el período de entreguerras propugnan
personajes como Richard Coudenhove-Kalergi o Aristide Briand, o ya después
de la II Guerra Mundial personajes como Adenauer, Monnet, Schumann, Delors,
etc., nos conducen a este callejón sin salida que es la Europa capitalista,
de los mercaderes, que poco a poco y con un proceso bien asentado del neoliberalismo
están alcanzando.
Pero ante tanta ignominia nosotros no podemos quedarnos parados. La Constitución
que aquí nos presentan no es exactamente un texto constitucional. Los
capitalistas europeos han sabido recubrir toda su campaña con ese halo
jurídico que las sociedades democráticas impulsan. Pero evidentemente
un texto que contiene casi 350 artículos de raigambre económica,
la mayoría de ellos vinculantes a todos los países miembros,
y sólo unos pocos donde se tratan asuntos sociales y políticos,
y todos de manera consultiva, poco tiene que ver con un texto constitucional.
Y con esto no queremos defender una constitución sino que queremos
hacer justicia ante lo que los capitalistas nos están mostrando, que
no es ni mucho menos un paisaje idílico como nos lo quieren presentar.
Esta construcción europea con su Constitución capitalista tuvo
un gran debate sobre una cuestión en principio secundaria, pero que
hay que darle mucha importancia. Nos referimos al debate religioso, donde
si bien llegaron a un acuerdo en el que no se especificara ninguna religión
en particular, si ponen a la religión como uno de los factores de cohesión
de Europa. Los dirigentes europeos olvidan que fue precisamente la religión
quien ahogó a Europa durante siglos y que hoy todavía vivimos
momento aciagos por la intransigencia religiosa, aglutinando aquí todos
los credos. Si basan su unidad en la desigualdad y la lucha, tenemos desde
luego el primer punto en desunión.
Igualmente nos bombardean con propaganda que establece la libertad del ser
humano, la dignidad, la democracia, la igualdad, etc. Pero día tras
día vemos cómo esos países que defienden tales criterios
violan los derechos dentro y fuera de sus fronteras. Cómo utilizan
la mano de obra barata, representada hoy como ayer por los más desfavorecidos,
para incrementar su beneficio económico. Por ello fomentan abiertamente
la inmigración, que ellos mismo tachan de ilegal, cayendo una vez más
en la ignominia y en la contradicción, porque defender los derechos
humanos y tachar a una parte de la humanidad de ilegal es algo que choca abiertamente.
Con esta política la explotación del hombre por el hombre queda
a salvo y bajos sus formas más criminales, como son la economía
sumergida, el trabajo precario y el mayor beneficio al menor precio.
Su lucha por la paz queda completamente anulada cuando todos los países
miembros de la Unión Europea, en menor o mayor medida, según
la circunstancia y el grado de beneficio, han apoyado las guerras fratricidas.
Han lanzado a los pueblos a la lucha y a la desunión, cuarteando más
el sentimiento de solidaridad. Porque para el capitalismo la lucha constante
es positiva y solo a través de ella salvaguarda su posición.
En la última crisis de Iraq, si bien los países europeos se
dividieron ante dicha catástrofe, no podemos dejar pasar la oportunidad
de analizar más de cerca este aconteciendo. Los países de la
Unión Europea que secundaron tal acción, entre ellos los gobiernos
de España y el Reino Unido, son cómplices directos de crímenes
contra la humanidad. La intervención se produce por el control de los
recursos económicos de un país y no por la caza al terrorista
o por la existencia de armas de destrucción masiva. Muchos han sido
los debates sobre este acontecimiento y no vamos a analizarlos más.
Pero es cierto que países como Francia o Alemania se oponen al ataque,
en este caso no por una convicción antibelicista y antimilitarista,
sino porque su parte de los gastos no quedaba compensada en el reparto futuro
del pastel. Esta es la paz que promueven los capitalistas europeos que han
tenido otros ejemplos históricos y recientes como la guerra en Afganistán
o el bombardeo sobre Kosovo, entre otros.
Con esto último ponemos también en tela de juicio esa tan manejada
política exterior que la Unión Europea presume tener. Queriéndose
equiparar a potencias mas poderosas, la Unión Europea, con este tipo
de actitud, se coloca como un enano político en el concierto internacional.
Fuera de los tristes acontecimiento bélicos, ¿Cuál ha
sido la actitud de la Unión Europea ante conflictos como el chipriota,
que desangra durante décadas a las sociedades griega y turca? ¿Cuál
ha sido la posición de la Unión Europea ante el conflicto palestino-israelí,
posicionándose con un gobierno o con otro, pero olvidando completamente
que quien sale perdiendo es el pueblo palestino y judío? ¿Que
visión ha dado la Unión Europea de conflictos como el de Chechenia,
donde incluso se ha dado alas al presidente Putin y con ello envalentonando
a los integristas de la zona, tan criminales los unos como los otros? ¿Y
de la última crisis política en Ucrania, donde se apoya a Yushenko
por considerarlo candidato prooccidental, cuando años antes el hoy
presidente de la República de Ucrania, Kuchma, se declaraba como tal
y hoy es un confeso prorruso? Lo único que han hecho en todos estos
acontecimientos es acto de presencia y nada más, mostrando su poca
ética política, si es que a los capitalistas les queda algo
de esto.
La explicación a todo esto es clara. Están formando la Europa
de los mercaderes, la Europa del capitalismo. Y una vez más quienes
salimos perdiendo somos los trabajadores, los de abajo, los que nos tenemos
que ganar la vida día tras día. Nuestros derechos han quedado
fuertemente recortados. Todo lo destinado a seguros sociales queda vetado
para la nueva Europa neoliberal. Ahora quien es más fuerte es quien
gana. Intentan formular un imposible capitalismo social, sobre todo por parte
de los sectores más progresistas de esta Europa. Pero desde los años
setenta lo que se impone es el neoliberalismo, la verdadera arma actual del
capitalismo internacional. La políticas de privatización en
todos los países de la Unión, están llevando a reconversiones
industriales salvajes, deslocalización que está provocando infinidad
de parados y con ello precariedad. Todos los sectores se resienten y aquí
en España, aparte de todo lo anterior tenemos que acordarnos del campo
andaluz, que con la Política Agraria Común (PAC) de la Unión
Europea sale fuertemente perjudicado. Esas políticas que llevan a los
enfrentamientos entre los trabajadores franceses contra los españoles,
los italianos contra los alemanes, y así una larga lista. Lo único
que quiere el capitalismo es no vernos unidos. Pero de nosotros siempre va
a recibir una contundente respuesta. Incluso los derechos más elementales
como la educación o la sanidad son susceptibles de privatización
y las reformas que establecen van encaminadas a ese fin. ¿Vamos a dejar
pisotear nuestros derechos por mucho más tiempo?
Curioso es también su formulación del federalismo. Un federalismo
que ellos conciben de arriba a abajo por la imposición. Se olvidan
que el federalismo es de abajo a arriba por medio de la libre asociación.
Pero este federalismo sólo lo podremos conseguir nosotros para construir
la verdadera sociedad justa, igualitaria y fraternal, para construir esa sociedad
de libres e iguales que se oponga al capitalismo y lo derrote definitivamente.
El federalismo que los capitalistas propugnan, acorde con el capitalismo emergente,
llevará irremediablemente al enfrentamiento entre ellos, a su propia
destrucción para ver cuál de ellos tiene más fuerza.
Porque como dijimos anteriormente, el capitalismo es la ley del más
fuerte y al final sólo uno va a quedar, a no ser que antepongamos una
organización sólida y fuerte que combata el capitalismo.
El engaño alcanza también a su propia propaganda a la hora de
las elecciones. Nos venden un parlamento europeo que legisla, pero es una
mera comparsa que por sus complicadas políticas internas queda vacío
de poder. Es un órgano colegislativo con el Consejo europeo, pero siempre
bajo la atenta vigilancia de la Comisión, motor de la Unión
Europea.
Igualmente el articulado constitucional habla de unidad ante el terrorismo.
Desde aquí queremos condenar todo tipo de terrorismo, sea éste
integrista, nacionalista o de Estado. Los capitalistas hablan de terrorismo
y acusan de terrorista a todo aquel que no piense como ellos. Pero el capitalismo
es terrorismo porque día a día mata a millones de personas,
porque es cobijado por Estados que asesinan impunemente. Porque la mayor arma
terrorista a la que nos enfrentamos se llama Estado y de ahí nacen
todos sus hijos, que adquieren distintas caras pero que tiene un embrión
común.
Dentro de pocos días nos convocan a un referéndum constitucional
europeo. Unos piden el sí y otros el no. Nosotros vamos a optar por
la abstención. Pero por una abstención activa. No queremos el
sí, porque es darle la cobertura que el capitalismo necesita. No nos
posicionamos al no, porque en un país donde los referéndums
son consultivos y donde por tradición todo está atado y bien
atado, es inútil. El gobierno del PSOE tiene dentro de su programa
electoral la Constitución europea. ¿Creemos que un no masivo
iba a echar hacia atrás el proyecto de José Luis Rodríguez
Zapatero? La abstención que nosotros propugnamos no es la de la desidia.
La abstención pasiva no nos vale. Nuestra abstención tiene que
estar basada en una alternativa clara a la Europa capitalista. Porque con
la abstención activa estamos diciendo no a la Constitución pero
también a la construcción europea.
Nuestra lucha debe ir encaminada a preservar y aumentar nuestros derechos
día a día. Esos que los capitalistas se empeñan en arrebatarnos,
que son el fruto de las luchas políticas, sociales y sindicales de
lustros de historia. No nos lo podemos dejar arrebatar de manera gratuita.
Para nosotros la dignidad humana está por encima de cualquier cosa.
No nos olvidamos de la importancia de Europa. En este continente en el que
vivimos se han forjado parte de las páginas más gloriosas de
la lucha de trabajadores. Y precisamente por la lucha de los trabajadores
de la Comuna de Paris, de la verdadera Revolución rusa, de las luchas
del proletariado y campesinado del movimiento obrero europeo, de la Revolución
española que alcanzó los más altos estadios de libertad
humana, por esta lucha no podemos olvidar que nuestro cometido es el mismo.
Pero como internacionalistas que somos no nos encerramos en Europa y miramos
por la construcción general de una sociedad nueva, verdaderamente federalista
y libertaria. Nos quedamos con la asveveración anarquista de que ¡la
emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores
mismos! Esto, hoy como ayer, tiene total vigencia. Y en virtud de ello deberemos
de trabajar, desenmascarando a la Europa del capital, de los mercaderes, al
capitalismo internacional. Su contracción no nos vale, su visión
de la inexistencia de fronteras tampoco porque la principal frontera de la
desigualdad sigue en pie. Solo la unión y la capacidad de lucha libertaria
lograrán derribar los muros del capitalismo y construir sobre sus ruinas
la sociedad nueva.
No he podido poner título, no me decidí. Unas veces el título
es lo primero y de ahí arranca todo, otras veces surge al terminar,
de modo que empecé a escribir: "Este es uno de los que se me ocurrirá
al final", pensé. Pero no, tampoco se me ha ocurrido al final,
y es que es difícil quedarse con un solo titular, entre tantos que
podrían encajar con Federica:
"Federica y Federica", que resaltaría los contrastes y contradicciones
de una larga e intensa vida, pero se queda corto. O bien "La mujer que
hablaba", para significar su elocuencia y su visibilidad pública
excepcional, aún hoy, pero alguien podría pensar que sólo
hablaba y no hacía. O la "Mujer torera" como la imaginaba
de chavala la escritora Antonina Rodrigo cuando su madre le decía que
llenaba las plazas de toros; pero tampoco, porque no es apropiado y además
porque no se limitaba a abarrotar las plazas de toros, monumentales y todo,
sino los velódromos, cocheras y cuantos recintos imaginemos.
Eso me recuerda la primavera, creo que del 82, cuando habló en la Casa
de Campo, en una gran Fiesta Libertaria, que duró varios días,
en un mitin en el que también oímos a obreros de Solidarnosc,
aún ilegal en Polonia. Yo tenía curiosidad, pero estaba más
en lo de ayudar a los del Sindicato de Gastronomía a abrir panes como
locos para los bocadillos. Había mucha gente, no me podía imaginar
cómo sería aquello de Federica porque, por un lado, tiempo atrás
había visto pintadas de los pasotas: "Eo, eo, Federica al museo"
y también había oído decir fugazmente a mayores: "Federica
se equivocó" o "Federica se equivoca", el exilio esto
y el exilio lo otro, y cuando les mirábamos para que continuasen la
frase hacían unos silencios extraños con los que ellos se entendían,
pero nosotros, no.
Era la primera vez que la iba a ver en carne y hueso, animé a venir
a mi familia y a mis amigos. En los preámbulos me corté la mano,
me estaba dando siete puntos un compañero del Sindicato de Sanidad,
cuando empezó a hablar Federica: como un resorte me levanté
y salí de la tienda sanitaria: No había oído nada igual
en mi vida, pero verla, además era desconcertante: menuda, con aspecto
frágil, sin leer una nota, estuvo pegando un repaso a la actualidad
internacional de la época, del que todavía me acuerdo, sobre
todo cuando se refería a los actos del IRA y de la ETA, decía
todo lo que había que decir, pero sin que la "autoridad gubernativa"
pudiera achacarle nada. Estaba a la última. Era un libro abierto. Ella
tenía 77 años y yo 24, desde chica yo ya sabía que en
el reparto a mí me había tocado nacer en una familia obrera
y me gustaba, pero al ver su capacidad, lamentaba que el reparto no me hubiera
compensado ni siquiera con la centésima parte de la elocuencia de Federica
y desde luego, su memoria. ¿A quién decíamos que había
que mandar al museo?
Ese letrero lo vi cada día durante varios años, en el trabajo.
Imposible olvidar el porqué. El día que me trasladaban al Instirtuto
de Enseñanza Secundaria "Federica Montseny", los compañeros
de trabajo, casi todos de la UGT, se hartaron a reír, escondidos detrás
de un armario -"Sí que ha tenido tino el ordenador con esta moza".
Creí que era una broma pero luego me hizo ilusión y tanto el
primer día, como todos los demás a la primera que veía
cuando llegaba al trabajo era a una sonriente Federica, en la fachada, con
una frase debajo: "Mujer que habla, bandera de libertad".
Ése también podría ser un buen título, pero al
punto recordé que me parecía algo extraño poner el nombre
a una escuela de alguien que nunca asistió a ninguna. En todos las
publicaciones del centro aparecía siempre el mismo lema, pero la chavalería
ignoraba que esa señora de la foto nunca necesitó ir a la escuela
porque sus padres eran intelectuales anarquistas, que estaban en condiciones
de facilitarle una esmerada educación estimulante, individualizada
y racionalista, lejos del autoritarismo, del dogmatismo, de la religión,
del atavismo... y de la escuela pública. Cuando sus familias reciben
a alguien en casa, desde luego no se suele tratar de personajes como Max Nettlau
o Reclus, además sus padres no son conocidos públicamente por
un seudónimo y no por su nombre real como los de Federica: Juan Montseny
(Federico Urales) y Teresa Mañé (Soledad Gustavo). Y qué
decir de sus heroínas: Louise Michel, Teresa Claramunt, Emma Goldman,
Libertad Ródenas y tantas otras, mientras que en los sueños
de la chavalería del Federica Montseny -como mucho- hay futbolistas
y cantantes, un aprobado o la delgadez de una modelo. Este año del
centenario del nacimiento de Federica Montseny (12 de febrero de 1905) o de
los 11 años de su muerte (14 de enero de 1994), si realizan algún
homenaje, sus profesores no sabrán cómo abordar su figura, probablemente
no sepan quién fue, ni lo que hizo, no sabrán o no podrán
presentarla como un personaje político (y apolítico) de primera
magnitud de la historia de España y de la libertad, sería algo
incómodo.
Próximo al "Federica Montseny" está el "Victoria
Kent", también cerca está el "Utopía",
sin embargo está lejos el "Dolores Ibárruri", lo cual
es muy lógico y pensando en estas tres mujeres un artículo sobre
Federica bien podría titularse "El feminismo del antifeminismo",
o "Más feminista que el feminismo", pues repudiaba el sufragismo
y el feminismo al que consideraba burgués, pero no se arrugaba ante
sus oportunidades para ocupar espacios reservados a los hombres; en sus giras
se apartaba en al menos un acto con las compañeras y mujeres; su secretario
con minúscula era un hombre y sus Secretarias de Sanidad y Asistencia
Social eran dos mujeres, una de ellas "mujer libre", la doctora
Amparo Poch; de Federica escribió sesgadamente García Oliver:
"No sé cómo podríamos relegar al gineceo a esta
mujer (...) Tenemos una organización llamada Mujeres Libres a la que
nunca perteneció y a la que jamás dio aliento ni directrices.
Se mete, en cambio, en los grupos de la FAI, se hace nombrar por los comités
de la CNT". Federica fue la primera mujer ministra de Europa Occidental,
siempre defendió los derechos de la mujer y en su escaso tiempo en
el cargo demostró las ideas más avanzadas en su campo. Federica
tomaba -no pedía- sus derechos, eso está claro ¿Cómo
se podría llamar a eso? No se casó hasta su etapa en Francia,
por las circunstancias y, aunque admiraba a Emma Goldman, le chocaba que,
por su rechazo a la maternidad se hubiera hecho extirpar los ovarios, ella,
a la que consideraba la mujer más libre que había conocido como
trabajadora emigrante, luchadora encarcelada por la jornada de ocho horas,
pacifista expulsada de Estados Unidos.
No la comprendía porque Federica pensaba que una mujer no podía
considerarse completa sin desarrollar su faceta maternal, aunque defendía
el derecho de la mujer a la planificación conceptiva y apoyó
el decreto catalán del aborto, extendiéndolo de facto al resto
del territorio (no dio tiempo a sacar el nacional). ¿Cómo se
podría llamar a eso?
Adorando a sus hijos, sin embargo los dejaba frecuentemente con su familia,
para ir de acá para allá con las charlas, los mítines,
los trajines como ministra, los trajines intentando conseguir armas... Uno
de esos trajines fueron los relacionados con los sucesos de mayo del 37 en
Barcelona, estando el gobierno en Valencia, con el asalto de la Telefónica,
ocupada por la CNT desde el principio de la guerra, lo que le permitía
a la Confederación intervenir las comunicaciones entre Generalitat,
Gobierno, partidos, etc., poder que el PSUC no estaba dispuesto a consentir
más, entre otras muchísimas cosas como las intrigas en Francia
con Esquerra. Al lugar de los hechos primero se trasladaron los Comités
Nacionales de la CNT y la UGT, después Juan García Oliver y
Mariano R. Vázquez y, por último, Federica, como mediadora.
Cinematográficamente se dice que cuando consiguió entrar, llevaba
los tacones manchados de sangre. El resultado ya le conocemos. También
conocemos el antes y el después: unos días antes, en el mitin
del 1 de Mayo de 1937 en Valencia, Federica defendió la disolución
de la CNT y la UGT en una nueva y única central sindical dando un gran
giro pragmático a su anterior radicalismo; y lo que sucedió
después también lo sabemos: el coche en el que salía
de Barcelona con Mariano R. Vázquez fue tiroteado.
Pensándolo bien, el título del libro de Irene Lozano "Una
anarquista en el poder" hubiera estado bien, ya que Federica se mantuvo
en posiciones de lo más ortodoxas en cuanto a la participación
en estructuras oficiales casi toda su vida (que fue mucha y larga) y, sin
embargo, ejerció de ministra, no obstante, también se puede
referir al poder que tenía o que los demás le daban, por su
capacidad, fortaleza y energía que le generó amigos, menos amigos
y enemigos, durante toda su vida. Una vida tan larga y tan intensamente presente
da lugar a evolucionar, e incluso, cambiar de opinión sobre asuntos
cruciales, estaba en su derecho. Este problema de los giros de Federica se
presentó en diferentes épocas. El hecho destacable quizá
sea que la habilidad para convencer de Federica inclinaba la balanza hacia
el lado en el que ella se posicionaba, así que, si se equivocaba ella...
se equivocaban muchos. Y, a veces, compañeros honestos que defendían
otras tesis pero que no hicieron daño, fueron pulverizados y barridos
por su elocuencia, tuvieron mala suerte, porque, de haberles pillado en otro
momento de Federica, quizás hubiesen encontrado comprensión
y no hubieran sido lacerados por el arma de sus palabras. Creo que ella lo
comprendió finalmente. Hay muchos ejemplos de las vehemencias de Federica:
Con el Manifiesto de los Treinta, encabezado por el entonces secretario general
de la CNT, Ángel Pestaña, secundado por Peiró, entre
otros, en agosto de 1931, la familia Urales distanciada de la CNT por historias
viejas y recientes (el asunto de la liberación de Malatesta) se sintió
aludida porque el manifiesto defendía la sustitución del "anarquismo
individualista que consideraban de tipo aristocrático" por uno
de "multitudes, de realizaciones sociales, de soluciones prácticas".
Federica que se había afiliado en ese año a la CNT arremetió
contra ellos desde el El luchador llamándoles ambiciosos e imbéciles.
A Pestaña le acusó de estar vendido al Gobierno en el asunto
de la huelga en el Alto Llobregat. No cabe duda de que expresiones como "pasividad
de los comités", "domesticación de multitudes que
realizan sus elementos moderados" y todo lo demás, catapultaba
a lo más alto a Federica, a la que muchos creían por su radicalismo
en la FAI, en la que no ingresó hasta 1936. Acababa de nacer "La
Leona".
El contraste se da en la época de Bondía cuando éste,
sabiendo que para consumar su estrategia de llevar a la CNT a las elecciones,
necesita al exilio, le explica a Federica que es la única solución
y se dice que Federica no se lanza a su yugular, sino que responde tras larga
conversación "Adelante", viniendo al Congreso de Barcelona,
el VI, en 1983. Esto no lo sabíamos los que íbamos de delegados
al congreso, al menos la que escribe esto. La desolación que se le
notaba en el cierre del congreso, no sabíamos interpretarla en toda
su dimensión, recuerdo que llamó a la unidad, recordando el
asunto de las federaciones de industria, debió hacer un gran esfuerzo.
No me cabe duda de que tenía las mejores intenciones, pero ¿qué
habría dicho "La Leona" de haberla tenido enfrente?
"El concepto del comunismo libertario y Federica", sería
otro título probable. Con Federica, en la cuestión del anarcosindicalismo,
sindicalismo y anarquismo todo se volvía apasionado. Al primer congreso
de la CNT que fue Federica fue el de Zaragoza de 1936, como delegada del Sindicato
de Profesiones Liberales de Barcelona, participó en la ponencia sobre
el "Concepto confederal del comunismo libertario", de la que dice:
"puede servir de guía a las multitudes, pero ha sido en cierto
modo fatal para las ideas anarquistas, que han perdido terreno, influencia
y pureza". Sin comentarios, no hay más que leer ese entrañable
texto para relativizar totalmente esto.
Quizás se le había olvidado aquél cuento que ella refiere
de Salvador Seguí, el Noi del Sucre, sobre la diferencia entre anarquismo
y sindicalismo: "(...) El genio comprendió las reservas que expresaba
el hombre práctico y dejó en sus manos la realización
inmediata de aquellas ideas que él considerara en consonancia con la
mentalidad de sus conciudadanos y la ardua tarea de ganarlos lentamente para
la consecución íntegra del ideal... El genio es el anarquismo;
el hombre práctico e inteligente es el sindicalismo" (1917).
Cuando murió Federica no hubo proliferación de actos propios
en su memoria, tanto es así que en Madrid costó trabajo organizar
un acto en el Ateneo. Unos días antes se hizo un acto de homenaje en
el Centro de Salud que lleva su nombre en Vallecas, gracias a la voluntad
de un compañero de esa barriada, también relacionado con el
"bautismo" del centro. No había mucho interés en organizar
nada, sobre todo pesaba esa prevención libertaria ante el culto a la
personalidad. Ni tanto, ni tan calvo.
Vinieron Vida y María, y muchos compañeros y compañeras
mayores, en la mesa el entonces director provincial del Insalud tuvo que aguantar
el mensaje que queríamos dar, básicamente el siguiente:
Había que expresar que con el silencio sobre Federica Montseny, lo
que se pretendía era enterrar todo lo que para ella fue su vida, por
eso no se podía consentir ese apagón informativo, aunque no
nos gusten las necrológicas, aunque no nos guste alimentar mitos.
Con relación a la figura de Federica Montseny cuando no había
habido un silencio espantoso, había lanzamientos envenenados y sibilinos,
como los del editorial de El País del 18 de enero de 1994, repletito
de imprecisas e inciertas reflexiones históricas, que provocaban las
ganas de gritar: ¡no enterréis tanto!
Aseguraba que Federica no había querido venir a España y que
debía haber tenido un gran entierro... de paso, a lo mejor quería
enterrar El País al anarquismo. Echaba de menos el editorial que no
hubiera habido más políticos en el entierro (quizás si
algunos tuvieran menos ganas de entrar en la historia, habría menos
muertos que enterrar en las guerras).
En las enciclopedias, Federica Montseny figura como feminista, ministra, dirigente
y personaje excepcional, de modo que no ha pasado a la historia por sus largos
88 años entre nosotros, sino por unos pocos meses.
¿Por qué Federica habiendo llegado tan lejos no era feminista?
Porque le bastaba con estar en la CNT, organización de trabajadores
y trabajadoras, en la que hombres y mujeres están incursos en los mismos
problemas, los mismos derechos y deberes, y en la FAI.
La verdad es que el ideal del feminismo clásico la dejaba indiferente
pues su ideal era la organización de una sociedad sin gobierno, y por
eso el feminismo que aspira al gobierno y al poder no tenía lugar para
ella, pues su idea es que la emancipación social global iba siempre
por delante.
Tampoco era dirigente en el sentido usual, dado que las organizaciones en
que estaba encuadrada tienen un esquema antiautoritario, si bien su influencia
fue grande en ellas.
En cuanto al cargo de ministra, según decía, lo aceptó
para que no pensaran que sentía miedo de los peligros de Madrid: La
ironía es que la invitación a anarquistas y anarcosindicalistas
al gobierno de Largo Caballero era una coartada para evitar las críticas
ante el abandono de Madrid que ya estaba decidido. La diferencia es que anunciaron
que cuando todo terminara volverían a su trabajo, como por ejemplo
Peiró, al horno de vidrio en Mataró.
A estos cuatro ministros se les planteó un dilema: abandonar el gobierno
o abandonar Madrid, no eligieron ninguna e hicieron lo que pudieron por responder
a las dos. El sueldo que tomaban estos ministros era el mismo que el de un
miliciano.
De noviembre del 36 a mayo del 37 con Montseny en el Ministerio de Sanidad:
se crearon los liberatorios de prostitución; el proyecto de decreto
de interrupción artificial de embarazo en determinadas circunstancias
(más amplias que las de ahora), que se quedó en la mesa del
Presidente, porque la mayoría de los ministros eran hostiles al proyecto,
recurriendo a aplicar los beneficios del aprobado en Cataluña, a instancias
del Dr. Félix Martí y hecho aprobar por Pedro Herrera, de la
CNT; se reconvirtieron los hospicios y asilos en hogares; se dieron facilidades
para el ensayo sobre la gangrena seca, de mucha utilidad en los siguientes
años; también se encargaron de la OCEAR (Oficina Central de
Evacuación y Asistencia al Refugiado, hacia México, Francia
y Rusia).
En aquellos tiempos el millón de afiliados de la CNT trabajaba tanto
para ganar la guerra, como para la revolución social: colectivización,
autogestión, justicia redistributiva, orden sin imposición,
sin coacción, sin jefes, en el convencimiento de que no luchaban para
la República, que se había dedicado a perseguirlos, sino con
la fuerza de quien piensa que su emancipación será obra de ellos
mismos.
Federica no era tan excepcional, era producto de un tiempo y de una educación
determinada que demuestra los principios de la educación libertaria,
la cual potenció sus rasgos, su capacidad innata para hablar en público
sin leer, pero no era una santa, ni ella, ni los que la rodearon, recordarla
no significa beatificarla, sino respetarla, como una compañera más
que representa a los miles de compañeros y compañeras que vivieron
y murieron de acuerdo con un ideal.
No era mejor o peor que otros, sino una más de los que han dedicado
su vida a la transformación social, a la idea revolucionaria, que consiste
ni más ni menos que en hacer lo que nadie ha hecho nunca.
Si cada compañero y compañera que la precedió o que la
sobrevivió escribiera sus memorias causaría la misma conmoción
que las de esta luchadora libertaria, criada en la exigente escuela del racionalismo,
pero debido a lo inabarcable de la revolución española, es imposible
hacer a sus protagonistas la justicia que se merecen. Su militancia incesante
es la constante que conmueve a los estudiosos del fenómeno.
La condición de mujer y madre no le facilitó las cosas a Federica,
pero tampoco fue una excepción, pues hubo y hay otras, como Libertad
Ródenas, Teresa Claramunt, Rosario Dulcet, Amparo Poch, Lola Iturbe
y un largo etcétera de conocidas y de anónimas.
Finalmente, nos debe constar que los mínimos derechos y las mínimas
ideas y estructuras que hoy disfrutamos no hubieran sido posibles sin esas
generaciones de cenetistas y anarquistas, a cuyo compás latió
el corazón del mundo hace setenta años.
Breve introducción al anarquismo
La Enciclopedia de Quillet, en una de sus ediciones, define así el
anarquismo: "Sistema político y filosófico, basado en el
ideal de una sociedad sin gobierno".
La palabra anarquía deriva del griego an -no- y arkía -gobierno.
Sin embargo, de una manera deliberada se ha generalizado otra acepción
del vocablo. Anarquía es hoy sinónimo de desorden, de caos.
Anárquico es interpretado como algo desordenado, caótico.
El anarquismo jamás es definido como "ideal de una sociedad sin
gobierno", sino como un movimiento compuesto por individuos violentos,
propensos a utilizar, en todo momento, el terror, la intimidación,
para imponerse en la sociedad y para entablar la lucha con sus adversarios.
El anarquismo ha sido difamado, deformado y calumniado con igual unanimidad
por conservadores y por comunistas.
No obstante, nadie puede negar las bases científicas y filosóficas
del anarquismo. Sus teóricos más eminentes han sido hombres
de ciencia como el príncipe Pedro Kropotkin, el geógrafo Eliseo
Reclus, el economista Domela Nieuwenhuis, el pensador Rudolf Rocker o el historiador
Max Nettlau.
El estudio de las sociedades primitivas y de la evolución de la especie
llevó a Kropotkin y a Reclus a la conclusión de los efectos
nocivos del Estado, que en lugar de ejercer función de árbitro
y regulador de las relaciones sociales, se convirtió universalmente
y a lo largo de sus múltiples transformaciones, en defensor de los
intereses creados por los que lo detentaban y por los que habían confiscado
los bienes de la colectividad en beneficio propio. Es decir, lo que lanzaban
como grandes líneas políticas y filosóficas Proudhon
y Bakunin, lo iluminaron con la luz de sus estudios y de su experiencia científica
los hombres que continuaron y ampliaron la obra.
El anarquismo es, pues, una doctrina social basada en la libertad del hombre,
en el pacto o libre acuerdo de éste con sus semejantes y en la organización
de una sociedad en la que no deben existir clases ni intereses privados, ni
leyes coercitivas de ninguna especie. El hombre, movido por sus dos instintos
paralelos, el egoísmo y el altruismo, que con él nacen y en
él viven, sin imposiciones ni educaciones destinadas a dominarlo y
a malearlo, sabrá, por egoísmo, ponerse de acuerdo con los demás
hombres, para facilitar su trabajo, su defensa y el medio en que debe desenvolverse,
y, por altruismo, sabrá aportar su apoyo solidario a los más
débiles y desvalidos.
Sin caer en el infantilismo roussoniano, el anarquismo ha creído en
el hombre y ha considerado que si se producían anormalidades fisiológicas,
determinadas por la herencia o por malformaciones congénitas, la ciencia,
la medicina estaban ahí para curarlo, para remediarlas.
Un pensador anarquista argentino, Rafael Barret, definió con estas
palabras profundas la posición de los anarquistas en este sentido:
"La maldad es cosa de enfermos". Un hombre normalmente constituido,
en posesión de todas sus facultades, sano, libre, con todos los medios
a su alcance para vivir feliz, no será malo y buscará la sociedad
con sus semejantes, ya que el hombre, como especie, es sociable, necesita
la compañía de los demás hombres para desarrollarse y
vivir armoniosamente.
Para el anarquismo, sin embargo, la sociedad no puede ser y no debe ser sinónimo
de esclavitud, de uniformidad ni de promiscuidad. Los derechos del individuo
a la soledad, si así lo desea, al trabajo solitario, si sus inclinaciones
a ello le llevan, son siempre reconocidos. La base del anarquismo es el hombre,
sus derechos inalienables, el pacto libre con los demás hombres y la
organización de una sociedad donde esos derechos estén garantizados
por el conjunto armonioso de todos los hombres reunidos.
Pi y Margall, que sin ser específicamente anarquista tantas ideas libertarias
expresara en su obra, definió muy bien los límites únicos
que tiene el ejercicio de la libertad individual, tal como la conciben los
anarquistas: "La libertad de uno termina donde empieza la libertad de
otro". (...)
Porque, contra lo que piensa el vulgo mal informado, nadie se preocupó
tanto de los aspectos prácticos de la organización del mundo,
después de la revolución social que debería terminar
con la existencia del Estado y establecer las líneas generales de la
sociedad futura, como los anarquistas. Los teóricos marxistas, atrincherados
en la teoría del Estado en manos de la clase trabajadora o de las minorías
dirigentes, rara vez abordaron el tema. (...)
A pesar del pesimismo de los futurólogos, que prevén calamidades
sin cuento a la humanidad de los siglos venideros; pese a las amenazas y a
los peligros que hacen correr al mundo las armas atómicas y las formidables
fuerzas que puede liberar la energía nuclear; sin olvidar los problemas
que cada día planteará al mundo la demografía y los que
ya son una realidad, como es la polución, la plaga de las modernas
ciudades creadas por el universo concentracionario en que se han encerrado
los hombres, somos optimistas.
Estamos convencidos de que el instinto de conservación del hombre y
sus excepcionales facultades de adaptación salvarán a la especie
de sí misma y desbaratarán los planes de los que, consciente
o inconscientemente, laboran contra ella.
Y estamos convencidos también de que profundas transformaciones del
medio social en que vivimos son inevitables. Ellas llevarán a ensayar
todas las nuevas concepciones de la sociedad ofrecidas a la humanidad por
la inquietud y el propio sentido de continuidad de las generaciones que se
han ido sucediendo sobre la tierra. Y sabemos que, ensayadas todas las fórmulas
autoritarias, gastada hasta el tuétano la idea del Estado, en sus múltiples
interpretaciones y transfiguraciones, fatalmente, por la fuerza misma de las
cosas y la dinámica de los hechos, las sociedades venideras adoptarán
las soluciones propuestas por los anarquistas.
Estas soluciones, por lo demás, no son ni serán jamás
definitivas, ya que, como dijo el profundo pensador libertario Ricardo Mella:
"Más allá del ideal habrá siempre ideal".
No hemos pretendido nunca los anarquistas crear ideologías inamovibles,
modelos de sociedad para siempre. Como Malatesta, creemos que hay que ir hacia
la libertad total, esto es, la Anarquía, por caminos de libertad.
Estos caminos los hemos ido abriendo a lo largo de nuestra práctica
militante y seguirán abriéndolos los que nos sucederán
en el combate y en el esfuerzo por dar cada día un poco más
de felicidad a los hombres, por medio de realizaciones sociales basadas en
la justicia, en la fraternidad, en la solidaridad, en el apoyo mutuo, en el
pacto entre iguales, constantes del anarquismo.
Federica Montseny
(¿Qué es el anarquismo?) ![]()
El 12 de febrero se cumplen cien años del nacimiento de Federica Montseny,
un personaje tan controvertido como fundamental en la historia más
reciente de nuestro país. Como autora de una particular obra literaria,
como propagandista del ideario ácrata, como pionera de la liberación
de la mujer, como protagonista de la Revolución Española, como
ministra que impulsó una política sanitaria adelantada a su
tiempo... son muchos los motivos para recordar a una mujer tan polifacética.
El mismo grupo que, con el apoyo de la Fundación Anselmo Lorenzo, realizó
dos congresos de historia en Guadalajara, uno sobre el centenario de la Escuela
Moderna de Ferrer Guardia (en noviembre de 2001) y otro que recordó
el 75 aniversario de la fundación de la FAI (en noviembre de 2002),
convoca para los días 6, 7 y 8 de mayo en el Ateneo de Madrid, un nuevo
congreso de historia bajo el lema de Mujeres, libres y libertarias. Estructurado
en cinco sesiones, ofrecerá una serie de ponencias, que servirán
de base para el debate posterior, y admitirá la presentación
y exposición de comunicaciones.
Pretendemos conmemorar el centenario del nacimiento de Federica Montseny reflexionando
sobre el feminismo, sobre el anarquismo y sobre la relación entre estos
dos movimientos emancipatorios contemporáneos, que algunos sintieron
complementarios pero que otros han juzgado tan distintos como distantes.
Queremos, en primer lugar, debatir sobre la necesidad de un movimiento feminista
o si, como creía Federica Montseny, el anarquismo ofrece una opción
liberadora para toda la humanidad que hace innecesaria la presencia de un
movimiento social específico para las mujeres. También pretendemos
analizar la historia del movimiento libertario femenino, desde la meritoria
labor de pioneras como Teresa Claramunt, hasta la irrupción de una
generación de mujeres tan identificadas con el ideal anarquista como
protagonistas de las luchas sociales de su tiempo, que tuvieron en la organización
Mujeres Libres su mejor representación.
Contaremos con la presencia de Ana Sigüenza (que inaugurará el
Congreso), Agustín García Calvo (Una visión libertaria
del conflicto de género), Pilar Folguera (Una visión feminista
del conflicto de género), María Jesús Matilla (Feminismo
emancipatorio), Mayte Aguilar García (Feminismo no emancipatorio),
Gloria Espigado Tocino (Las mujeres en el anarquismo español, 1868-1939),
Laura Vicente Villanueva (Teresa Claramunt), José María Montero
Barrado (Mujeres Libres), María José Palma (Las mujeres en el
exilio, 1939-1975), Julián Bravo Vega (Literatura femenina libertaria).
El congreso se cerrará con una mesa redonda sobre Federica Montseny,
moderada por Elena Sánchez Gómez, que contará con la
presencia de Irene Lozano, Antonina Rodrigo y Susanna Tavera.
Para más información, contactar con nosotros en AISAnar@yahoo.es
o en el Apartado de Correos 7056 de 28080 Madrid.
El 8 de marzo de 2003, miles de mujeres procedentes de las barriadas marginales
de París (más de 30.000, según las personas convocantes
de la manifestación), ocuparon las calles al grito "ni putas ni
sumisas". Aquel slogan, conscientemente provocador, fue el inicio de
uno de los movimientos de mujeres más interesantes de la actualidad.
Su creación surgió como respuesta al sesinato de Sohane, una
joven de dieciocho años que fue quemada viva en un sótano de
Cité Balzac, una barriada de Vitry-sur-Seine. Rebelde y orgullosa de
su género, Sohane se negó a disimular su feminidad con ropas
anchas y velos que ocultasen sus cabellos y esa posición le costó
la vida. Sin embargo, la semilla de su insumisión fructificó
en su hermana Kahina y en Samira Bellil, que algunos meses antes había
publicado un libro titulado Dans l´enfer des tournantes (En el infierno
de las sin ubicación). Ambas hicieron públicas las historias
de numerosas jóvenes juzgadas en el "tribunal social" por
los hombres de su entorno y condenadas a ser víctimas de violaciones
en grupo.
Solo existen dos alternativas para las mujeres en estos guetos; una, luchar
por su libertad, en cuyo caso son consideradas putas y castigadas severamente
por la fratría varonil (a veces incluso con la muerte), otra, someterse
a las viejas normas, es decir, comportarse como "buenas musulmanas",
cubrirse con el velo y permanecer vírgenes hasta que un matrimonio
de conveniencia las convierta en propiedad de un hombre.
La lucha del movimiento "Ni putas ni sumisas" fue considerada en
sus comienzos una utopía, era la pequeña hormiga enfrentándose
al enorme paquidermo. Tras el derecho a la diferencia cultural, religiosa
y étnica, se esconden situaciones inimaginables y prohibiciones que
a las mujeres occidentales nos parecen absurdas, ellas no pueden coger la
mano de un muchacho, no pueden enseñar ninguna parte del cuerpo a excepción
de la cara y las manos, no pueden maquillarse, y tampoco adquirir conocimientos
que superen los de los varones de su familia... Pero pese a todas las restricciones
y la incomprensión, las iniciadoras del movimiento decidieron hacer
de él una hermosa realidad. La primera tarea fue romper el silencio
(la omertá, en el lenguaje de la Mafia), conseguir que las mujeres
denunciasen públicamente las vejaciones a que eran sometidas y desafiar
la violencia con que se las quería amordazar.
A finales del pasado año 2004, el Grupo Editorial Anaya ha publicado
un libro cuyo título coincide con el nombre del Movimiento. Su autora
Fadela Amara, presidenta de la Federación Nacional de las "Maisons
de potes", asociaciones de barrio estrechamente ligadas a SOS-Racismo,
hace a través de su propia experiencia un detallado análisis
de la situación que ha llevado a la rebelión a numerosas musulmanas
de las barriadas obreras francesas.
Este libro tiene el mérito de dar a conocer una situación arcaica
que, pese a estarse desarrollando a la puerta de nuestras casas, es ignorada
por una buena parte de la sociedad .
Amara se refiere a Francia, en otro tiempo cuna de los valores universales
de fraternidad, libertad e igualdad, pero las reivindicaciones que "Ni
putas ni sumisas" defiende, nos afectan a todas las mujeres. Actualmente
España se está convirtiendo en uno de los destinos preferidos
por los emigrantes del Magreb y es muy posible que veamos surgir muy pronto
movimientos similares al que nos ocupa.
El laicismo de la escuela francesa que tan cuestionado ha sido por cierto
sector de la sociedad española, debe servirnos de ejemplo. Quienes
defienden la libertad de poder llevar el velo o cualquier otro símbolo
religioso en las escuelas públicas, olvidan defender la libertad de
quienes no desean llevarlos. Citando textualmente a Fadela Amara "Es
muy ilustrativo ver cómo las propias mujeres magrebíes nos han
llamado la atención sobre otro problema ¿qué ocurre con
aquellas que no quieren ponerse el velo? Si la sumisión que supone
llevarlo discrimina, la rebelión que supone quitárselo mata".
Los fundamentalismos son una de las peores plagas que podemos padecer los
seres humanos. Fadela Amara y el resto de las mujeres que forman "Ni
putas ni sumisas" lo dejan bien patente con sus testimonios. Ellas quieren
romper con el victimismo, autovalorarse y sentirse seguras. Su lucha es por
la conquista de lo cotidiano. Yo las comparo con aquellas Mujeres Libres del
36, que practicaban un feminismo sin etiquetas, sin discursos políticos,
sin conquista de poder, sin llamarlo siquiera feminismo. Como ellas, se mantienen
al margen de cualquier instrumentalización y rechazan la dialéctica
de la violencia. Buscan una manera nueva de mirar el mundo y la vida, buscan
sentirse mujeres y estar orgullosas de serlo.
O la clase obrera de los pueblos ibéricos asume el derecho y la responsabilidad
históricos y sociales que les corresponden, o la ambición y
mezquindad de políticos, comerciantes, clérigos, militares,
mercenarios, charlatanes y demás gente que hasta hoy han venido organizando
nuestras vidas y nuestros destinos, conseguirán más pronto que
tarde, que sobre la Península Ibérica vuelvan a correr inmensos
ríos de sangre obrera inocente.
Es necesario pues, sin pérdida de tiempo, que un movimiento asambleario
obrero sin precedentes, recorra la Península de Norte a Sur, de Este
a Oeste en fábricas, talleres, comercios y oficinas entre los trabajadores
de la tierra y del mar, en cualquier tajo o lugar donde tengamos la posibilidad
de dialogar con personas de nuestra clase.
Es necesario que lleguemos a un acuerdo general de clase inmediato, que nos
permita tomar las riendas de nuestro destino lo antes posible, y que gritemos
fuerte y claro a esta gente, que está envenenando nuestras vidas y
nuestros sentimientos, que somos capaces de organizar y vivir sin su participación,
y por supuesto sin su control y dirigismo, que en este trozo privilegiado
de planeta que nos ha tocado en suerte habitar y disfrutar, somos capaces
de convivir y trabajar, con nuestras peculiaridades territoriales, culturales,
y que tenemos la suficiente capacidad, tolerancia, comprensión y solidaridad
para construir una nueva sociedad en paz, libertad e igualdad.
¡Basta ya de una vez por todas! ¡Que nos dejen en paz! Que bastante
tenemos con aguantar su parasitismo, sus mentiras, su explotación,
su violencia física y psicológica. Que ni un solo trabajador
o trabajadora, que ni un solo ciudadano o ciudadana de bien de los pueblos
ibéricos, dé una sola gota de sangre que no sea para el noble
fin de socorrer al enfermo o al accidentado.
¡Escuchad trabajadores y trabajadoras de los pueblos ibéricos!
Ha llegado el momento de decir todos: ¡Basta! a estos profetas y mensajeros
del miedo, de la violencia y de la muerte.
Por una comunidad ibérica obrera, libremente unida, solidaria y en
paz; sin parásitos, sin verdugos y sin fronteras.
¡Tomemos el timón de nuestro destino! ¡No más sangre
obrera derramada inutilmente!
El Estado se ha atribuido siempre el monopolio de la violencia, al menos de la violencia legal, y ha declarado siempre ilegal e ilegítima la violencia que se oponga a él. Tal constatación no regula el problema de la violencia, sino que, al contrario, la mantiene indefinidamente.
Sobre la legitimidad de la violencia
Hoy podríamos hablar de dos tipos de violencia, la buena, la legítima,
la justa y, la otra, la mala, la ilegítima, la perversa e inaceptable.
Más allá de este argumento falaz, que hace de toda autoridad
la depositaria legítima de la violencia, el estatuto de la violencia,
de la fuerza, sobrepasa el marco estricto de la legitimidad del poder. En
efecto, todo poder tiene siempre que basarse y justificar su legitimidad,
lo mismo que tiene siempre que justificar la utilización de la violencia
contra sus opositores. La legitimidad de la violencia cambia cuando cambia
el poder. Así pues, no se puede llegar a comprender sobre el terreno
cuál es el estatuto de la violencia.
La cuestión esencial sería más bien: ¿Qué
desea preservar realmente un sistema económico hasta el punto de ser
capaz de utilizar la violencia? Ahora falta superar el marco del simple discurso
ideológico que enmascara la realidad del poder y del sistema, y examinar
cuáles son los mecanismos de su funcionamiento.
La economía de mercado, o la democracia mercantil, pone por delante
la legitimidad popular del poder. Al estar la legitimidad del poder basada
en el pueblo, toda violencia ejercida contra el poder se ejerce contra el
pueblo. El hecho de que el poder sea legitimado por el pueblo no excluye en
absoluto que el sistema que lo sostiene sea un sistema de explotación
que instrumentaliza al individuo, del que el asalariado es la más perfecta
demostración. Ahora bien, por su naturaleza misma, este sistema viene
a ser un generador de conflictos basados en las condiciones de producción
y de reparto de la riqueza, es decir, de superviviencia. Cosa que oculta,
como lo hacen todos los sistemas de dominación, tras la pantalla de
una moral que se ajusta a sus intereses y de una ideología mistificadora.
La manipulación consiste en afirmar el carácter "natural"
e "insuperable" de este sistema de organización política
basado en una alternancia ficticia, que lo perpetúa, sin por ello resolver
los conflictos. De ahí una situación aparentemente paradójica
de un pueblo que protesta sistemáticamente contra un sistema que reconduce
a sus gestores al poder no menos sistemáticamente.
Esta situación desemboca en una paradoja: la violencia popular es declarada
ilegítima por un poder legitimado por el pueblo. La ambigüedad
es total y propicia al statu quo, pero también a que asistamos hoy
día a la "judicialización", es decir, a la criminalización
de la protesta social.
La trampa del espectáculo de la violencia
La imagen de la violencia es muy mistificadora. Nos envía desde nuestro
subconsciente a las relaciones de fuerza entre animales, respondiendo probablemente
a la parte animal de nuestro cerebro, siendo expresión de un estado
evolutivo que ya hemos superado. Lo hemos visto: las relaciones humanas son
relaciones conscientes y políticas, que han superado el estadio del
instinto.
Sin embargo, y quizás a causa de ello, el espectáculo de la
violencia nos fascina y nos engaña sobre su eficacia real. En una relación
de fuerza política (en el sentido amplio), la violencia no es más
que un parámetro, o dicho de otro modo, no es más que un elemento
de un todo, y es la estructura de ese "todo" la que le da su sentido.
Así, la violencia (la instrumentalización del individuo) que
está en la base del sistema mercantil desaparece en cuanto a espectáculo
en la racionalidad de cada uno de nosotros. El explotador se ha apoyado siempre
en el consentimiento del explotado, que se complace en la ilusión de
lo "natural", de la "lógica", de la "fatalidad"
que motivan su sumisión... A falta de eso, siempre ha encontrado argumentos
para convencerse (Dios, la patria, etc.); hoy en día, el mercado.
El sistema de mercado ha alcanzado un justo grado de sofisticación
en materia de justificación moral de sus principios. Para ello cuenta
con la "racionalidad", lo que declara como "equitativo"
el intercambio mercantil; y de esta equidad basada en la lógica, pasa
lógicamente a la equidad en el plano moral. Está última
es universal, indiscutible y... armoniosa, y por supuesto exenta de todo germen
de violencia. La mistificación no necesita ya inventarse divinidades
u otras entidades de fundamento "científico". Se puede decir
que la mistificación está científicamente fundada y justificada.
Ella es lo que ha creado la fuerza de persuasión de este sistema.
La racionalidad del sistema encubre las relaciones de dominio (el asalariado)
sobre las que se basa. Del mismo modo que la fe justificaba y enmascaraba
la explotación, la racionalidad del sistema mercantil justifica y enmascara
la relación de dominación que la sustenta.
Hay pues que invertir la visión de la realidad. La violencia primaria
no es la que se ejerce para combatir la explotación: es la explotación
misma. Es la institucionalización (en sistema económico) de
la violencia social y económica que enmascara la verdadera realidad
y que revela de hecho otra violencia que no es más que su expresión
"en crudo". Así, la violencia ejercida por una revuelta no
es más que la imagen simétrica de la explotación que
combate.
Todo sistema tiene por tanto un interés, y no tiene inconveniente en
presentar la violencia ejercida contra él como una puesta en cuestión,
un atentado al orden del que es representante y garante, lo que, desde cierto
punto de vista, es exacto, olvidando sencillamente explicar el origen y el
sentido de la protesta de que es objeto.
¿Es necesaria la violencia?
Contrariamente a que se nos llevara a creer espontáneamente eso de
que "se combate la violencia con la violencia", la Historia nos
muestra que la violencia brutal, psicológica, primaria, no debe considerarse
un elemento fundamental de cambio; es como mucho un elemento marginal, en
el sentido de que lo que produce el cambio no es la violencia, sino, al contrario,
la construcción, la elaboración de nuevas relaciones sociales.
Sí es, eso es cierto, una forma de violencia contra el sistema en vigor.
Una revuelta, por muy violenta que sea, no ha cambiado nunca nada, al menos
de manera fundamental y determinante. Que en esta obra de construcción
de nuevas relaciones se exprese la violencia es casi inevitable, y por un
razón sencilla: todo edificio social niega sus contradicciones y se
resiste a las fuerzas de cambio y, en última instancia, utiliza la
fuerza bruta.
La no utilización de la violencia
Poner en cuestión el sistema de mercado es hacerle expresar en un momento
determinado lo que es por esencia: una relación de violencia insoportable.
Ponerlo en cuestión planteando una alternativa social y política
no puede sino llevarle a expresar sus verdaderos intereses y objetivos.
Mostrar concretamente que está condenado por una estructura económica
y social basada en principios estatistas desencadenará una respuesta.
Así, caen las apariencias y se revela sin tapujos lo que es: una relación
de dominio, una estructura de instrumentalización de los hombres, las
mujeres y la naturaleza.
Un sistema no se abate a base de golpes de fuerza, sino por la putrefacción
de las relaciones sociales que lo sustentan. La elaboración de nuevas
relaciones sociales es el elemento básico de esta descomposición.
La estrategia de cambio consiste más en construir relaciones sociales
alternativas que en atacar al sistema de frente; el sistema cuenta con dos
ventajas nada despreciables: la fuerza bruta de sus mercenarios armados (policía-ejército)
y su ideología.
La práctica violenta pura, aun acompañada de discursos atractivos,
vehementes e ideológicos, es siempre, aunque se haga ilusiones, históricamente
ineficaz. El terrorismo de masas (atentados indiscriminados) o individual
(asesinatos individualizados) como práctica política para lograr
un cambio es políticamente absurdo. No se construye un mundo nuevo
sobre la base del terror.
El fascismo (forma de terrorismo de Estado) es la forma política que
ha tomado el sistema de mercado cuando ha creído ver amenazados sus
intereses, en oposición a los discursos pseudo-humanistas oficiales
que nos quieren hacer creer que el fascismo es una aberración de la
Historia.
Sin por ello llegar al fascismo (aunque...), el sistema de mercado está
dispuesto a todos los crímenes y todas las infamias posibles para salvaguardar
sus intereses vitales (no hay más que ver los países coloniales
o neocolonizados).
La violencia ejercida como medio de defensa frente al sistema opresor, como
medio de protección de un movimiento de liberación, para defender
los valores, puede ser moral e históricamente justa. A lo mejor, esta
violencia mantiene la situación preexistente; a lo peor, abre la puerta
a una nueva violencia.
La elección de la adopción del principio, del momento y de la
forma del ejercicio de la violencia reenvía la cuestión de la
legitimidad histórica de esto, es decir, de su puesto en el proceso
de cambio de las relaciones sociales y del grado de resistencia del antiguo
régimen.
Cuanto más fuertes sean las fuerzas del cambio en la elaboración
de nuevas relaciones sociales, más irrisoria será la violencia
del adversario y menos deberemos ejercerla. Hagamos que la utilización
de la violencia por parte del adversario sea la expresión de la confesión
implícita de su debilidad política frente a una situación
que ya no controla...
Patrick Mignard
(Le Monde libertaire) ![]()
Oíd, mortales, el grito sagrado
de anarquía y solidaridad;
oíd el ruido de bombas que estallan
en defensa de la libertad.
El obrero que sufre, proclama
la anarquía, del mundo al través,
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido el burgués.
De los nuevos mártires la gloria
sus verdugos osan envidiar,
la grandeza se anidó en sus pechos,
sus palabras hicieron temblar.
¡Viva, viva, la anarquía!
No más el yugo sufrir,
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.
Al lamento del niño que grita:
Dame pan, dame pan, dame pan,
le contesta la tierra temblando,
arrojando su lava el volcán.
Guerra a muerte, gritan los obreros,
guerra a muerte al infame burgués,
guerra a muerte repiten los héroes
de Chicago, París y Jerez.
Desde un Polo hasta el otro resuena
este grito que al burgués aterra
y los niños repiten a coro:
Nuestra patria, burgués, es la tierra.
¡Viva, viva, la anarquía!
No más el yugo sufrir,
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.
En 1812, Blas parera compuso la música del Himno Nacional Argentino; la letra era original de Vicente López y Planes. Años después, los anarquistas cambiaban la letra para convertir un canto patriótico en canción revolucionaria. Ha quedado en el anonimato el autor de la letra que transcribimos.