
SECCIONES
Las elecciones presidenciales americanas de noviembre de 2004 tienen
al mundo sin aliento. Nuestro arrogante presidente no electo, Bush, da tanto
miedo que todo el mundo se pregunta si puede realmente volver a ser elegido.
¿No es sorprendente que el petrolero tejano se mantenga en los sondeos
a pesar de haberse descubierto sus mentiras y meteduras de pata, mientras
que su adversario, John Kerry, carece de iniciativa y se mantiene mudo? ¿Qué
pasa?
Recordemos que John Kerry ha dado pruebas de verdadero valor durante la guerra
americana contra Vietnam. No hablo de su heroismo bajo el fuego, cuando el
joven oficial se cubría de medallas mientras Bush desertaba y Cheney
mentía y trampeaba para evitar el servicio militar. Hablo de su coraje
moral al volver de Vietnam, cuando devolvió sus medallas y se manifestó
contra la guerra ante el Congreso de Washington, y se implicó en la
asociación radical de antiguos combatientes contra la guerra.
Kerry decepciona a sus bases
¿Cómo entender hoy día que el antiguo héroe antiguerra
no denuncie la guerra de Iraq en los mismos términos? Hoy, la mayoría
de los americanos cuestiona esta guerra tras el escándalo de las torturas,
la pérdida de Faluya y la muerte de cerca de mil hombres y mujeres.
Más de medio millón de americanos se han manifestado en Nueva
York para denunciarlo. Recordemos que, hace ya seis meses, la precampaña
del candidato antiguerra Dean había galvanizado al Partido Demócrata,
por entonces moribundo, y movilizado a las bases de jóvenes, mujeres
y sindicatos progresistas. Parecía que iban a llegar. Pero, de pronto,
la dirección centrista del Partido Demócrata maniobra para imponer
como candidatos a los millonarios John Kerry y John Edwards, y el entusiasmo
vuelve a caer.
¿Va a seguir Kerry apoyando la política agresiva de Bush en
Iraq, puesto que ha expresado públicamente su apoyo al voto senatorial
a favor de la guerra de Bush, aún sabiendo ya que las armas de destrucción
masiva financiadas por Saddam y sus relaciones con Al-Qaeda eran un mito?
Y aún más, cuando Bush ha admitido, con cierto candor, que la
"victoria" en la guerra contra el terror, era realmente "imposible",
Kerry ha reaccionado acusando a Bush de debilidad. Así, Kerry no sólo
mantendría las tropas estadounidenses en Iraq, sino que las reforzaría.
¿Quién es más macho?
Por tanto, estas elecciones "palpitantes" se van a decidir como
un concurso hollywoodiano: ¿Quién será el más
macho? En ese concurso de coña, los métodos mediáticos
mentirosos de Bush -el desertor de Vietnam que representa muy bien el papel
de sheriff colérico- funcionan mejor que la valentía documentada
del héroe de guerra Kerry, cuestionado además por publicidades
calumniosas muy mediatizadas. Además, Bush cuenta con Arnold Schwartznegger,
musculoso gobernador de California y admirador de Hitler. Este verdadero héroe
hollywoodiano es mucho más verosímil en el papel de duro que
el flacucho de Kerry, al que Terminator ha calificado de "mujercita"
en su alocución televisada del Congreso Republicano de Nueva York.
Kerry ya puede fotografiarse haciendo motorismo, alpinismo o wind-surf; el
pobre no se da cuenta de que esos deportes lo señalan como aristócrata
de Boston (vagamente "francés"), lo que le quita puntos ante
los americanos burgueses.
Así, son los burgueses los que van a decidir finalmente las elecciones
según la estrategia "centrista" común a los dos partidos.
Mientras que los demócratas, mucho más numerosos en el país,
podrían ganar en principio cualquier elección si movilizaran
a sus enormes bases de sindicalistas, mujeres, jóvenes, inmigrantes,
negros e hispanos con un programa populista y antiguerra, prefieren sin embargo
disputar a los republicanos los votos de un pequeño número de
hombres blancos, de clase media e indecisos, en los estados que más
dudan: los burgueses. ¿Por qué esta estrategia derrotista? Porque
la dirección del Partido Demócrata está controlada por
las "corporaciones" millonarias que reúnen los fondos (que
financian también a los republicanos) y tiene miedo de movilizar a
esas bases demócratas populares proponiéndoles una verdadera
alternativa. En efecto: "Estados Unidos sólo tiene un partido
político, con dos alas derechas" (Gore Vidal). De todos modos,
no merece la pena permanecer en suspenso a la espera de los resultados de
este concurso de machos. Como veremos muy pronto, Bush ya lo tiene todo organizado
para trampear y llevárselo en crudo, como en 2000, llegado el caso.
La banalización del anarquismo
Los acontecimientos vividos en España entre los días 11 y 14
de marzo, que aún están a la espera de un análisis concienzudo
por parte del movimiento libertario de nuestro país, han provocado
un cambio de escenario político tan abrupto como inesperado. El atentado
del integrismo islamista no tenía la capacidad suficiente para alterar
la vida política nacional, pero no cabe duda que agudizó algunas
tendencias latentes de la sociedad española: la identidad progresista
de la mayoría de nuestros conciudadanos, la creciente hostilidad que
despertaba la política reaccionaria del Partido Popular, el bloqueo
de la democracia formal...
Si el terremoto social de marzo de 2004 ha instalado en el estupor a un Partido
Socialista que aún no tenía previsto gobernar y a un Partido
Popular que no había sospechado un desalojo tan precipitado del poder,
es fácil imaginar lo que ha provocado en el campo de la izquierda institucionalizada,
especialmente en Izquierda Unida. Si la estrategia del sorpasso de Julio Anguita
sólo consiguió aupar a José María Aznar hasta
el gobierno, la táctica de frente único de Gaspar Llamazares
se ha revelado como el abrazo del oso socialista: su proximidad ha matado
al más débil de los amantes.
Los resultados electorales de Izquierda Unida, sólo tres diputados
propios, es decir, uno menos de los que consiguió el PCE en 1982, han
convertido a esa heterogénea alianza centro-izquierdista en una jaula
de grillos en la que todos gritan ¡sálvese quién pueda!
mientras unos y otros corren en cualquier dirección buscando una improbable
salida. El colapso de IU ha sido tan letal que ya ha provocado la "independencia"
de su sucursal vasca, Ezker Batua, con la oposición de los últimos
restos del Partido Comunista de Euzkadi (en cuya dirección se sentó
un tal Andoni Elorza que hace años que anda repartiendo actas de defunción
de la CNT).
Aunque nada humano nos es ajeno, la crisis de Izquierda Unida nos queda muy
lejana; pero la ruptura de la izquierda institucionalizada está provocando
cambios que repercuten en nuestra actividad sindical y en nuestra presencia
social. En primer lugar, porque junto a una corriente reformista que quiere
deconstruir el marxismo, encabezada por Gaspar Llamazares, y una línea
comunista ortodoxa que quiere apuntalarlo, liderada por Francisco Frutos,
hay una tendencia radical, con un resucitado Julio Anguita por adalid, que
envuelta en la bandera de la Segunda República y con la excusa de recuperar
la memoria histórica está intentando una apropiación
hostil de la ideología anarquista, mientras esconde bajo la alfombra
un recio pasado marxista-leninista.
Si el viejo alcalde comunista de Córdoba se ha declarado anarcosindicalista
hace pocos meses, ya podemos suponer que no nos encontramos ante una conversión
ideológica o una rectificación de su tradicional línea
política: estamos ante una nueva muestra de oportunismo. El desprestigio
de los países del llamado socialismo real, donde la ineptitud y la
crueldad iban de la mano, la falta de referentes internacionales (tras la
deserción de China sólo quedan como modelos Fidel Castro o Hugo
Chávez), la falta de respuestas de catecismo para todas esa nuevas
preguntas que Karl Marx ni siquiera imaginó... no es fácil presentarse
ante el electorado español sin más credenciales que la hoz y
el martillo. Pero unas gotas de anarquismo dan un toque de rebeldía
juvenil, un halo romántico, un prestigio heroico y un pasado histórico
más que presentable que ayudan a digerir una política pasada
de fecha, rellena de errores y sazonada con un falso radicalismo con cargo
a los Presupuestos Generales del Estado.
Ajado el viejo uniforme del marxismo-leninismo (modelo stalinista, maoísta,
albanés o trotskista), hay que cubrir las vergüenzas con la bandera
tricolor y unos complementos libertarios: aquí un poco de Durruti,
allí un broche con la A, por acá algo de anarquismo de salón,
nada serio. Porque para sus propósitos políticos es necesario
convertir la ideología libertaria en una estética sin ética,
apropiarse de los ácratas del pasado y ningunear a los anarquistas
de hoy, en una palabra, banalizar la ideología anarquista con su profunda
carga revolucionaria. Y así, este verano, hemos visto a los ultraortodoxos
de la Corriente Roja celebrar unas jornadas de estudio en la "asamblearia"
Marinaleda, a los jóvenes trotskistas de Espacio Alternativo organizar
un campamento juvenil en Ruesta bajo el paraguas de la CGT, a Julio Anguita
declararse anarcosindicalista, a algunos dirigentes de Izquierda Unida expulsados
de CC OO entrar en la CGT (en Madrid y Extremadura)... ¡y lo que nos
falta por ver!
Pero además, la ruptura política de Izquierda Unida puede traer
como consecuencia la ruptura sindical de Comisiones Obreras, el viejo sindicato
comunista que se ha deslizado hacia el centro reformista a mayor velocidad
que Gaspar Llamazares y los suyos. En el texto con el que la Corriente Roja
abandonaba la coalición, ya se enunciaba la necesidad de contar con
un referente sindical que no podía seguir siendo Comisiones Obreras,
central a la que se daba por perdida en la órbita de la socialdemocracia
más light. Y no es un brindis al sol; éste no es el primer intento
de fundar una correa de transmisión sindical de la izquierda institucionalizada;
en Andalucía ya se intentó hace unos años con el sector
minoritario de CC OO, CGT, STEC y el SOC.
Volverá a intentarse, utilizando de nuevo el "anarquismo posmoderno"
de la CGT y de algunos personajes que, dentro de Izquierda Unida, se autoproclaman
libertarios. Y para este giro sindical se vuelve a necesitar la banalización
del anarquismo, su reducción a una cáscara vacía en la
que cabe la revolución cofinanciada con el Estado, los libertadores
que primero deciden "liberarse" ellos (por si no llega la libertad
para todos), la transformación del mito del "superhombre"
nietzschiano (que ahora es un político anarquista que hace la revolución
"desde arriba")
En cualquier caso, se pondrá a prueba
su fidelidad a unos principios y la capacidad de sobrevivir haciendo, sencillamente,
sindicalismo.
Che Guevara: más allá del mito
Diarios de motocicleta, película del director brasileño Walter Salles, recientemente presentada en el Festival de Cannes, traza el viaje realizado a través de América Latina, en 1953, por un joven burgués argentino llamado Ernesto Guevara de la Serna. Este largometraje evoca algunos meses de la vida del joven Guevara. Las bases de la obra de Walter Salles descansan sobre los diarios de Guevara y su compañero de viaje, Alberto Granado. La odisea relatada por ambos jóvenes aventureros argentinos desvela el impacto que tuvo sobre Guevara el descubrimiento de los problemas de la pobreza y la injusticia en su continente. Sin embargo, el joven Guevara de la película está muy lejos del mito del Che. Salles trata el tema con lirismo y humanidad, en lugar de centrarse en las posteriores decisiones políticas de Guevara. Todos conocemos al Che Guevara, el guerrillero heroico que sacrificó su vida por la revolución. Conocemos su participación en los preliminares de la revolución cubana, sus responsabilidades ministeriales en la isla del Caimán Verde y su muerte trágica en Bolivia. Pero, más allá del mito, del icono revolucionario en que se ha convertido hoy día, ¿cuál fue su itinerario y cuáles sus decisiones políticas?
Los años anteriores a la revolución cubana
Guevara participó a los 26 años en la revolución nacionalista
del presidente Arbenz, en 1954, en Guatemala. Con su título de medicina
en el bolsillo, deseaba ser útil en un país que trataba de instalar
una serie de reformas sociales. Pero la CIA derrocó el gobierno de
Arbenz, que se rindió sin lucha. Guevara tuvo que abandonar Guatemala
con dirección a México. El fracaso de Arbenz marcó profundamente
al joven Guevara. Acababa de descubrir la miseria en el continente americano,
por lo que se radicalizó y puso en cuestión la izquierda no
comunista, a la que consideró culpable del fracaso.
En Guatemala conoció a un grupo de exiliados cubanos tras el fracaso
de la toma del cuartel de la Moncada, en Santiago de Cuba, en 1953, por las
primeras tropas de Fidel Castro. En 1955 volvió a encontrarlos en México,
donde le presentaron a Castro, que acababa de salir de la cárcel. Castro
y Guevara se cayeron bien y estuvieron de acuerdo en un punto: la lucha armada
como único camino para la revolución. El Che se había
hecho marxista y lo afirmaba, mientras que Fidel Castro hacía numerosas
declaraciones públicas en las que hablaba sobre democracia y nacionalismo.
Pronto el Che aceptó que Castro se convirtiera en el jefe de la expedición
cubana que debería poner fin a la dictadura de Batista.
Cuando los supervivientes de la expedición frustrada a bordo del Granma
(1), en 1956, en la que fue herido Guevara, se emboscaron en Sierra Maestra,
el Che decidió optar por el papel de soldado al servicio de la causa
revolucionaria cubana. Con varios hombres de refuerzo llegados de los pueblos,
formó el segundo frente de la guerrilla en apoyo de Castro.
De la guerrilla al poder
Algunos meses más tarde, Guevara había dado pruebas de su audacia
y su valor en el combate. Tanto, que un día Castro le dijo que añadiera
comandante a su nombre. En los meses que siguieron, Guevara, segundo comandante
de la guerrilla, llevó a cabo toda una serie de arrojadas acciones:
creó un territorio libre en El Hombrito, donde trató de instalar
una comunidad civil con escuela, hospital, taller de fabricación de
armas, panadería, periódicos y, más tarde, la Radio Rebelde.
El Che consideraba por entonces la dirección clandestina del Movimiento
del 26 de julio (2) insuficientemente revolucionaria, simplemente antiimperialista.
Castro solicitó la ayuda de todos, no sólo de la Unión
Soviética. Un país le dio su apoyo: Estados Unidos. El 31 de
marzo de 1958 llega a la Sierra Maestra un gigantesco cargamento de armas
procedente de Costa Rica. Su presidente, José Figueres, cercano a Estados
Unidos, colaboraba con la CIA. Esas armas hicieron posible la expansión
de la guerrilla hacia el centro de la isla. Después, los archivos de
la CIA han hablado, pero en La Habana y Washington se quedaron mudos.
Guevara fue el encargado de defender él solo una zona de la Sierra,
cometido de importancia pero más anónimo que espectacular. Lo
que confirma su posición de segundo comandante de la revolución
fue la invasión de la isla y su fulminante avance hacia Cuba.
Más espectacular todavía que el asedio y la batalla de Santa
Clara fue la toma del tren enviado como refuerzo por Batista, que Guevara
atacó, obligando a los militares a rendirse. Por sus acciones, Guevara
se convirtió, gracias a las cámaras de televisión y de
prensa americanas, en la figura decisiva de la revolución, situando
a Castro en segundo plano.
La toma de Las Villas fue dramática para los seguidores de Batista.
Durante la batalla, un grupo de militares, atrincherados en un hotel, se rindió.
Los prisioneros fueron ejecutados sumariamente y sin juicio, en presencia
de fotógrafos, periódistas y cámaras. Las víctimas
eran en su mayoría jóvenes campesinos y parados recientemente
reclutados en el ejército.
Uno de los objetivos de Guevara y de Castro fue controlar el segundo frente
de Escambray, muy importante desde el punto de vista militar y político,
porque se encontraba en el centro de Cuba, donde operaban las fuerzas independientes
del comandante Gutiérrez Menoyo (3), y las del Directorio Revolucionario.
Guevara, deseoso de la colaboración del viejo Partido Comunista, firmó
un pacto con el Directorio Revolucionario y marginó a las fuerzas de
Menoyo, degradando a los comandantes del Movimiento del 26 de julio.
Director de prisiones y presidente del Banco Nacional
Tras la huida de Batista, Castro restableció su poder ordenando a Camilo
Cienfuegos que tomara el cuartel de Columbia. Envió al Che al cuartel
de La Cabaña, posición secundaria a la entrada de la capital.
Prohibió a la tropas del Directorio Revolucionario que acompañaran
a los rebeldes a la entrada de la capital. Guevara había marginado
a Menoyo; Fidel, por su parte, reducía la influencia del Directorio
y la de Guevara.
La fortaleza de La Cabaña, bajo la dirección de Guevara, el
guerrillero histórico, se convirtió en cárcel y centro
de ejecuciones.
Guevara y Raúl Castro estaban preocupados por el resurgimiento de un
movimiento obrero y estudiante independiente, y por la popularidad de algunos
comandantes y ministros no comunistas. Por entonces, declaró Guevara:
"Hay que terminar con todos los periódicos, no se puede hacer
una revolución manteniendo la libertad de prensa. Los periódicos
son instrumentos de la oligarquía". En los meses que siguieron,
la prensa cubana fue prohibida, y sólo subsistió el órgano
del Comité Central del Partido Comunista, el diario Granma. Toda oposición
a cualquier acercamiento a la Unión Soviética fue severamente
reprimida. Los anarquistas fueron detenidos, torturados, condenados a largas
penas de cárcel u obligados a exiliarse (4).
Contrariamente a Fidel, que deseaba "ganar tiempo", Guevara y Raúl
Castro deseaban enfrentarse abiertamente a los Estados Unidos y pactar con
los comunistas.
En marzo de 1959, la tensión entre Raúl Castro, Guevara y los
viejos comunistas por un lado, y Fidel Castro por el otro, se exacerbó
a propósito de la reforma agraria; los primeros eran partidarios de
expropiar las tierras de los latifundistas, mientras que Fidel quería
una ley.
A partir de su nombramiento, en noviembre de 1959, como presidente del Banco
Nacional y responsable de la economía cubana, el Che surge de nuevo
como segundo personaje oficial de la revolución cubana. En 1960 se
convirtió en uno de los protagonistas de la crisis del petróleo,
durante el control de las refinerías americanas e inglesas y la posterior
firma de los acuerdos con Mikoyan (5). Raúl Castro controlaría
a partir de entonces el poder militar y policial; Guevara, la economía
y la industria a partir de 1961. En cuanto a Castro, dirigía la reforma
agraria y la política en general.
Guevara, que se inspiraba en el más rígido de los modelos soviéticos,
creía ciegamente en la centralización, la planificación,
la destrucción de toda forma de propiedad, grande o pequeña.
Creía también que, desde el poder, era posible destruir el capitalismo
y construir el socialismo. Castro y Guevara ordenaron la nacionalización
del ochenta por ciento de la riqueza cubana: tierras, minas, comercios, fábricas,
transportes, bancos e industrias. El primer síntoma de la crisis surgió
en la agricultura, durante la asamblea de producción de 1961, en que
se decretó el racionamiento de los productos nacionales y extranjeros.
El 26 de junio de 1961, el Che declara que "los trabajadores cubanos
deben poco a poco acostumbrarse a un régimen de colectivización.
Y de ninguna manera deben hacer huelga". En efecto, habían estallado
numerosas huelgas para protestar contra la bajada de los sueldos decretada
por el poder. La CTC (Central de Trabajadores Cubanos) fue purgada de parte
de sus dirigentes y los comunistas se hicieron con el aparato sindical.
Guevara soñaba con una industrialización rápida en Cuba,
olvidando sus pequeñas dimensiones, su débil población,
su falta de recursos energéticos y de capitales. Y, sobre todo, que
lo más urgente era conservar, y no destruir la industria existente,
en activo desde hacía más de un siglo. La del azúcar,
por ejemplo, con sus ciento cincuenta fábricas, su red de transporte,
de almacenamiento, de transformación y fabricación de productos
derivados, era de tipo capitalista, como las industrias textiles, del tabaco,
del alcohol, del cuero y de la alimentación. El país, con todos
sus problemas estructurales de monocultivo, de latifundio y de mercado único,
tenía una economía que permitía al setenta por ciento
de la población tener un nivel de vida de tipo occidental, y al treinta
por ciento restante continuar con un nivel de pobreza típico del tercer
mundo.
Guevara destruyó sin construir nada
Cuba producía pieles curtidas y calzados de buena calidad. Guevara
nacionalizó las grandes fábricas y los pequeños talleres,
suprimió los puestos de zapateros que había por todo el país
y envió a la mayoría de los obreros del calzado al campo. Rápidamente
dejó de haber zapateros y zapatos, y lo mismo sucedió con las
panaderías, los tejidos, los dentífricos, el tabaco y las cerillas.
Su fe en los "países hermanos" Checoslovaquia, Polonia, Rumanía
y Bulgaria, le empujó a comprar -y a ellos a vender- todas las máquinas
improductivas que les quedaban.
La ruptura con Fidel Castro
Cuba es una de las grandes reservas de níquel del mundo. Con buenas
inversiones, veinticinco mil obreros del níquel podrían producir
tantas divisas como el medio millón de trabajadores de la industria
del azúcar, siempre más cara y casi siempre no rentable. Fidel
Castro pasó a ser pro-azucarero cuando había sido contrario,
y a partir de sus viajes a Moscú, en 1963 y 1964, empezó a vender
azúcar a los soviéticos.
Dando muestras por primera vez de su megalomanía, declaró: "Produciré
diez millones de toneladas de azúcar, será la recolección
más grande de toda la historia de Cuba, desarrollaré al cien
por cien la industria azucarera, Kruschev me enviará esas máquinas
de cortar la caña que se llaman las liberadoras".
Este objetivo no se alcanzó jamás. La reforma agraria despojó
a los campesinos de todo poder, la gestión de las cooperativas agrícolas
pasó a las manos de los burócratas nombrados por el poder del
momento. Cuba se endeudó en más de mil millones de dólares
con Europa. Esta suma, destinada al níquel, debía permitir desarrollar
la industria y toda la economía cubana. Pero el azúcar y el
sociofidelismo devoraron implacablemente esos millones de dólares prestados,
provocando además la ruina de la producción del níquel.
Guevara, decepcionado, abandonó la economía y la industria;
tenía una visión clínica de la realidad, que no disfrazaba
ni idealizaba como Fidel. Su problema no era, por tanto, la visión
de la realidad, sino su dogma, es decir, el socialismo de Estado, del que
no podía dudar. Guevara, gracias a sus relaciones económicas
con los países del Este y con la URSS, empezó a descubrir el
socialismo "real". Se acercó políticamente a China,
a Vietnam y a Corea del Norte. A finales de 1964, su suerte estaba echada
y el Ministerio de Industria fue absorbido por el INRA (Instituto Nacional
de Investigaciones Agrónomas). Su sueño de industrializar Cuba
se desvanecía. La revolución se hundía en la burocratización
y la militarización.
Sabiendo que no podía alejarse de las normas soviéticas, y que
estaba condenado a un porvenir burócrata, decidió entregarse
a la guerrilla latinoamericana con el proyecto lejano de crear una alianza
intercontinental que reuniera a África, América Latina y Asia.
Guevara, que al principio fue el mejor apoyo de los viejos comunistas cubanos
y de la URSS, se fue haciendo con el tiempo más crítico con
el sistema soviético y con el "caudillismo" de Castro. Los
métodos de Fidel le parecían inadecuados para crear un hombre
nuevo y una nueva conciencia social capaz de construir el socialismo. Durante
un Seminario en Argelia, en 1965, acusó a la URSS de neocolonialismo.
A su regreso a Cuba, Guevara fue acusado de indisciplina por Fidel, Raúl
Castro y el presidente Dorticos, así como de irresponsabilidad y de
haber comprometido las relaciones de Cuba con la URSS. Guevara aceptó
los reproches.
El fin trágico del guerrillero
Desapareció de la circulación, y la prensa mundial empezó
a tejer el misterio guevarista. ¿Dónde ha ido el comandante
argentino? ¿Qué le ha pasado? En realidad, como se sabría
más tarde, Guevara había viajado a África.
En 1966 vuelve a Cuba, tras su fracaso africano. Luego marcha a Bolivia, en
busca de la derrota o la muerte. ¿Por qué Castro no hizo por
Guevara lo que habrían hecho por él? Presión soviética,
celos o maquiavelismo.
¿Fue el Che un instrumento en manos de Fidel Castro? No supo o no pudo
nunca actuar independientemente de Castro. Che Guevara era más un utopista
que un realista. ¿De quién fue víctima, de la CIA, del
KGB o de Castro? Sin duda el peor enemigo de Ernesto Guevara fue el Che. En
un mundo dominado por Washington y por Moscú, se enfrentó a
las dos potencias a la vez. Don Quijote internacionalista, Robespierre tropical,
idealista y cruel a la vez. Personalidad compleja, representativo probablemente
de las ilusiones y confusiones de su tiempo, la historia guardará de
él una imagen de aventurero, de un personaje patético que vivió
en esa época violenta, idealista, inhumana y pragmática llamada
Guerra Fría.
1.- "Granma" significa en argot inglés "abuela",
nombre del barco que atracó en Cuba el 1 de noviembre de 1956. De los
86 hombres que embarcaron, sólo sobrevivieron 12.
2.- Día del ataque a La Moncada, en Santiago de Cuba.
3.- El comandante Eloy Gutiérrez Menoyo era hijo de republicanos españoles
refugiados en Francia en 1939, y hermano de un resistente del maquis francés.
Abandonó Cuba en 1961. Unos años después, organizó
una expedición armada que desembarcó en Cuba para derribar el
poder castrista. Fue capturado y condenado a veinte años de cárcel.
4.- Se puede conultar el libro El anarquismo en Cuba, de Frank Fernández,
editado por la Fundación Anselmo Lorenzo.
5.- Anastas Ivanovitch Mikoyan (1895-1978), bolchevique prototípico
del estalinismo más servil.
Daniel Pinós
(Le Monde libertaire) ![]()
Conscientes de la componente cultural de las relaciones sociales en lo político
y en lo económico, aquellas personas atentas a la transformación
de nuestro mundo, aun desde el progresismo, nos preguntamos acerca de la educación
como medio transformador. Se abre entonces ante nosotros un camino incierto
y tal vez fecundo. El desafío de todos aquellos que pensemos en la
función social de la educación y que tengamos intención
de transformar esta sociedad se caracteriza por su complejidad y por la necesidad
de mirarnos en espejos crudos que nos muestren qué cambiar en nosotros
mismos y en nuestra actividad.
Es evidente que no somos los únicos en reflexionar en torno a la educación
como instrumento político. Ningún plan de gobierno ha desatendido
jamás este aspecto central del domino social. Ya sea desde la llamada
"educación formal" o desde cualquier otra forma de educación,
llámese medios de comunicación, formación laboral o empresarial,
o cualquier forma de propaganda, la formación de los habitantes ha
sido siempre un instrumento que los sistemas políticos han sabido usar
apropiándose de los mecanismos necesarios para controlarlos de la forma
más eficaz y hegemónica posible.
En este sentido parece fácil distinguir entre el enfoque reproductivo
o el transformador de la educación. Ya se nos vuelve raro hablar de
instrucción cuando hablamos de educación, y se ha vuelto más
corriente la idea de formación para quitar del medio esa incómoda
idea de sometimiento que se liga a la idea de instruir. Pareciera ser suficiente
el constructivismo en reemplazo del conductismo, discusión ya un tanto
avejentada, para que la educación deje de ser reproductora del orden
social existente y pase a ser el órgano transformador por excelencia.
Pero cabe la pregunta: ¿Hasta dónde puede la educación
como instrumento social generar una genuina transformación? ¿Bastará
modificar esquemas pedagógicos o habrá que ir un poco más
allá?
Educar
En la idea misma de educación, aun en las más progresistas y
hasta en las que presumen radicalismo, se carga implícitamente con
la noción de conducción, incorporada en la idea y en la misma
palabra. Ni hablar de los hechos. Sea "conducir hacia fuera" o "conducir
desde fuera" la educación implica siempre una extracción.
En tanto existe el educador y el educando, la extracción es conducida
por la parte activa de la fórmula. Suele sugerirse que el actor es
el educando, que es el alumno, ya despojado de su condición de hambriento,
de su incultura, quien saca de sí mismo su alimento, su cultivo, su
cultura. Y entonces educar es un ente autónomo, la botella sacando
su vino, un recipiente autogestionario que toma de sí su saber y lo
ofrece a la sociedad. Entiendo esta idea más fundada en la culpita
que da someter y en la necesidad de justificar el sometimiento que persiste,
que en la de una formación genuina, un auténtico desde adentro,
aunque sea individual. Ese "conducir hacia fuera" no explica la
existencia del educador, que en todo caso debería ser motivador, catalizador,
o lo que sea menos conductor de algo que se conduce solo.
Entiendo mejor la idea del paciente dócil que es conducido hacia la
cultura por un conductor que extrae de él los elementos de su naturaleza
que le harán asumir el pacto social, el producto de su cultivo, y se
lo deja como capital para su futuro desempeño. Esta sería la
idea más exagerada del "conducir desde fuera".
Desde la experiencia cívica de la educación, pudimos y podemos
comprobar que existen los matices, que nadie educa pensando en la raíz
latina de la palabra sino en el contexto social en el que está, en
el salario que recibe, y, muy habitualmente, en la siesta postergada por asuntos
de la planificación y de la corrección de exámenes. Pero
el mecanismo que se aplica en la educación formal no es en lo fundamental
sino el mecanismo de la conducción. Y en la educación no formal
ese mecanismo es aún más evidente. Los medios de comunicación
conducen la opinión, la reflexión (cuando la hay, raramente)
y la reacción de los educandos de una manera ya tan notoria que avasalla.
En la estructura tradicional del seno familiar, ámbito materno regido
por el padre, aparece también el mismo mecanismo. Padre y madre imponen
condiciones, a veces más conscientemente, a veces menos, que son inculcadas
a los hijos en la crianza, "con la leche templada y en cada canción"
parafraseando a Joan Manuel Serrat. Y esta crianza no se acaba con la infancia,
donde los límites de la conducción aparecen más borrosos
y difíciles de determinar, sino que se extiende tanto como se extienda
la influencia formativa de los padres sobre los hijos. En cada ámbito
en el que la educación aparece, aparece la conducción y con
ella la reproducción de las condiciones culturales de los educadores
en los educandos. Esta reproducción es inevitable en tanto la formación
esté en manos de la educación.
El educador es quien prepara la tierra, pone la semilla, riega y supervisa
los brotes hasta completar el cultivo del inculto, del alumno, con miras a
la reproducción de la cultura. El educando es el campo en que se siembra,
el terreno de cultivo. Si se plantan manzanas, crecerán manzanas, y,
aunque siempre existe el error, no dejará de serlo. El hombre culto
es aquél que ha sido trabajado, que ha sido cultivado, y que ha rendido
frutos. En la efectividad del sistema radica la pureza del jugo que habremos
de beber.
De nuevo en los matices, es sabido que hay prácticas docentes que se
esfuerzan por salir de esta situación, que buscan en la educación
el ámbito transformador que ofrezca al individuo un contacto con la
cultura presente sin que esto le quite el juicio crítico y sin pretender
interponerse en la formación de la nueva cultura que se desprenda de
su papel activo. Pero entiendo que la estructura educativa es mucho más
amplia que el campo de acción de un educador y que la utilización
misma de la palabra educación expresa la mecánica social educativa,
es decir, la conducción del tránsito formativo del individuo
dirigiéndolo hacia el horizonte de los intereses creados en la sociedad
presente, aun cuando esos intereses sean, en el caso puntual de un docente,
contrarios a los que rijan hegemónicamente la coyuntura política.
"Cada maestrillo tiene su librillo" es una frase trillada en el
ámbito docente, trillada como se trilla la tierra, trillada para sembrar.
¿Quién puede esquivar, aún con la mejor cintura, los
condicionantes de la escuela, de la ley, de los ministerios, de las supervisiones
y, como un juego de espejos enfrentados, de la formación docente? ¿Cuánto
vive un maestro y cuánto vive una escuela? ¿Y cuánto
la escolaridad? Se nos enseña que se enseña lo que se quiere
enseñar, para que creamos que enseñamos lo que queremos. El
campo de acción de, en el mejor de los casos, un enseñante institucionalizado,
es decir, de un docente sin voluntad de conducir, está restringido
drásticamente porque el poder quiere educar, y para eso su gendarme,
el sistema educativo, opera ley en mano para evitar rebeldes.
La herencia positivista e iluminista de nuestro pensamiento progresista nos
confunde. Estamos acostumbrados a creer que la razón nos libera y que
es posible emancipar con la verdad. Se nos ha pasado de vista que no hay razón
ni verdad, sino modos, voluntades, vivencias e interpretaciones. Formas. No
es la razón quien nos libera, sino el modo en que la usemos. No hay
verdad que pueda iluminarnos con la incontestabilidad de los hechos. Si fueran
los hechos tan absolutos y tan manifiestos a nuestro entendimiento, si existiera
la objetividad, no existiría la historia, no sería necesaria.
Sin embargo, aunque no existe la verdad, sí existe la mentira, que
no es otra cosa que la presunción fraudulenta de la verdad. Y esta
mentira es más efectiva en la medida en que la educación persiste,
pues quien controla la educación controla la verdad. Y lo peor de este
asunto, es que la educación es controlable.
La dependencia tecnológica de los medios de comunicación, y
la dependencia económica de la tecnología, permiten que unos
pocos concentren en sus manos la fuerza educativa de los medios de comunicación.
El control político de las sociedades gobernadas hace posible que unos
pocos controlen la institucionalidad y diseñen el currículo
escolar. La concurrencia de intereses entre ambos es la tenaza educativa de
los totalitarismos, sean despóticos o democráticos. Pensar en
un sistema educativo capaz de eliminar la conducción de su vientre,
es pensar en un sistema educativo que no eduque, y a la vez pensar en un sistema
de gobierno que no gobierne. Desde el momento mismo en que el alumno del profesorado
recibe su titulación, puede estar seguro de que el sistema de acreditación
es la partida de defunción de sus intenciones libertarias, si es que
alguna vez las tuvo y no las ha perdido en tantos años de arados y
de trillas.
Instrucción
El racionalismo heredado del formalismo lógico de Aristóteles,
fortalecido, sacralizado y teologizado por la escolástica medieval,
se transformó en cimiento estructural de la cultura de occidente. En
la razón hallamos una forma de certeza distinta a la fe religiosa que
se caracteriza por acreditar con la argumentación lógica de
los silogismos una verdad siempre tan ocasional y revocable que de verdad
sólo tiene la arrogancia y el autoritarismo.
Si bien la utilidad política de este racionalismo es, creo yo, evidente
y manifiesta a esta altura, es importante señalar que no tiene contrato
de exclusividad con ninguna corriente política. Tanto los que intentaron
e intentan sostener lo insostenible, aquellos que buscan las mil formas de
legitimar el robo con la propiedad, la injusticia con el derecho, la esclavitud
con el salario, la obediencia con la opción electoral, y los etcéteras
que haya, como los que intentan e intentaron modificar esa situación
y sancionar esas legitimaciones insalubres, han fundado y suelen fundar en
la razón los argumentos que defienden, y en la irracionalidad los argumentos
que combaten. Esto no quita que buena parte de los tensores sociales y políticos
de occidente sigan amparándose en la fe religiosa para perseguir los
mismos fines. Y es que lo que se reclama, desde cualquier perspectiva de estas,
es la posesión de la certeza. La determinación de la certeza
es la presunción de verdad, y en ambos casos creo yo que se incurre
en un error, que es perder de vista la vulnerabilidad del pensamiento humano,
la flaqueza de su constitución, la dependencia que experimenta respecto
a la convicción individual y colectiva en un momento dado, en una sociedad
cualquiera, en un día de primavera o de otoño.
No es la razón el problema, como tampoco es la fe. El problema es la
doctrina. Cuando una mecánica ofrece todas las respuestas, cuando una
sola parte del pensamiento humano basta para resolver con absolutismos toda
cuestión, el pensamiento se torna obediente a la ley que él
mismo inventó. Y obedecer a las propias órdenes no deja de implicar
obediencia. La idea de que la libertad consiste en obedecerse a sí
mismo es equivalente a la idea de que si la cachiporra la tengo yo me dolerá
menos cuando castigue mi cabeza. Es esta idea la que se reivindica en los
asuntos de la ley y del derecho, de los parlamentos y las democracias, aun
cuando también es mentira. Se dice que los parlamentarios representan
a la población, y que por lo tanto la opinión de uno es la opinión
del otro (primera mentira) y que siendo así, la ley expresa la voluntad
de la población, de modo que obedecer a un Estado parlamentario equivale
a vivir en libertad (doctrina de la cachiporra en mi mano).
Habiendo aclarado esto, vuelvo al racionalismo heredado. La presunción
(o, en el mejor de los casos, la convicción) de verdad llevó
a los educadores más honestos por el camino de la instrucción.
Y digo "a los más honestos" porque a los otros los llevaron
motivos diferentes. El punto es que la instrucción es un asunto técnico
que se refiere a la incorporación de capacidades por parte de los alumnos
a través de su contacto obediente con los instructores, presumiblemente
ya instruidos. Sólo puede hablarse de instrucción cuando es
posible la objetivación del saber, cuando las valoraciones sobre el
comportamiento pueden ser categóricas e inobjetables, y cuando el método
para el buen desempeño puede ser poseído incontestablemente
por los individuos. La instrucción implica una capacitación
objetiva, y es por eso que hablo de técnica.
Aristóteles creía en la técnica como una abstracción
que permitiera saber el por qué de las cosas. De esta forma, el técnico
superaba al práctico, que sólo sabía el cómo.
Así era como el práctico veía sus capacidades reducidas
a los casos particulares mientras que el técnico accedía a la
generalidad. De esta forma, la técnica ofrece la capacidad de resolver
cualquier problema en el ámbito de su competencia de manera certera
y objetiva. El hecho de que la tecnología ofrezca un territorio dócil
para la técnica hizo que la funcionalidad de la técnica se expandiese
a todos los órdenes de la formación cultural en una sociedad
tecnologizada. La escuela contemporánea se desarrolla y se expande
masivamente con el hiperdesarrollo de la industria en busca de una formación
eficiente de los nuevos esclavos, es decir, de los trabajadores industriales
asalariados que debían tener un conocimiento técnico más
complejo que los trabajadores agrarios. La creciente complejidad de la sociedad
en términos de producción y de productividad impuso en la escolarización
una complejidad análoga. Al mismo tiempo, la moral, como técnica
del comportamiento social, se volvió cada vez más necesaria
y, por lo tanto, cada vez más útil.
La hipocresía democrática (o, en el terreno de los grises, la
buena voluntad de algún demócrata honesto) llevó a que
la instrucción cediera el terreno a la educación, entendida
desde una óptica un tanto más liberal. Actualmente ya casi no
se admite la instrucción como recurso formativo a causa de la imposición
doctrinaria que implica. La instrucción usurpa la voluntad de quien
es instruido e impone el absolutismo de la técnica. Como dije anteriormente,
la educación, desde el punto de vista de los educadores, presume de
una liberalidad que no es real en tanto media la conducción de la experiencia
formativa, y en ese sentido representa sólo un avance respecto de la
instrucción, pero no alcanza a despojar la formación del yugo
controlador de las imposiciones. Y esto se debe, creo yo, a que no está
concebida sino para reproducir los factores culturales de una sociedad que
garantice la funcionalidad del esquema social existente. Las luchas sociales
y la evolución de la cultura han ido generando nuevas situaciones que
afectan a la vida social. Ya no es masivamente aceptable que un negro sea
capturado en la sabana, atado de pies y manos y vendido en el mercado de esclavos
para que trabaje para su dueño hasta el día de su muerte. Ya
no es aceptable que el campesino proletario pague sus impuestos con su prole
entregándolos como mercancía. Ahora es aceptable que un asalariado
trabaje para su patrón sin necesidad de cazarlo en la sabana, sea negro,
blanco o amarillo, aunque los patronos siguen prefiriendo a los negros y mestizos,
quizás por tradición. Es aceptable que trabaje durante toda
su vida hasta el día de su jubilación, si la consigue, absteniéndose
de trabajar para sí. Es aceptable que el destino social de una clase
de personas sea trabajar, el de otra consumir y el de otra concentrar los
bienes económicos de la sociedad en los baúles agigantados del
mercado financiero.
La educación, semivestida con una bandera tricolor en el frente de
batalla, desplaza a la instrucción como mecánica reproductiva,
como instrumento de control y como gendarme de la esclavitud en tiempos de
la esclavitud asalariada y de la servidumbre condescendiente y cómplice.
Ambas expresan mecánicamente la lógica de control técnico-moral
de una sociedad en momentos diferentes, sean lógicos o cronológicos.
A pesar de los iluminismos y de las liberalidades, o a causa de ellos, ninguna
servirá para la transformación social con miras a una sociedad
libertaria.
Formación
Dar forma. El desarrollo de una cultura puede estar en manos de sus propios
creadores en tanto el proceso formativo de esa cultura no tenga que lidiar
con liderazgos ni conducciones. El proceso de formación cultural es
necesariamente social. Este aspecto de la formación hace que según
se ordene la sociedad de una u otra manera, la formación será,
correspondientemente, jerárquica o anárquica. Si la sacralización
de los liderazgos hace de la democracia una jerarquía, la ruptura del
orden cultural que establece el liderazgo abre la puerta a la horizontalidad
de los vínculos sociales. El proceso formativo está en manos
de quienes dan la forma a la nueva cultura. Si lo que se busca es que la formación
no sea meramente un eufemismo para la reproducción social, debe estar
en manos de las nuevas generaciones. El presente cultural ha de ser en tal
sentido, un referente para el proceso formativo, y este proceso es, entonces,
un diálogo dinámico. A partir de aquí, la sinonimia progresista
entre educación y formación desaparece, siendo la educación
un caso particular de formación caracterizado por los recursos de la
conducción y el liderazgo.
El enseñante enseña, y mostrando ofrece su vivencia particular,
su mundo de interpretaciones y sus convicciones, para que los formadores tengan
a mano las herramientas que la sociedad ha ido construyendo a lo largo de
la historia y puedan así servirse de ellas para construir lo que quieran
construir. La transformación social no implica necesariamente la "revolución
cultural" entendida como la destrucción completa y fulminante
del antiguo régimen, sino la caducidad de la antigua lógica,
y la conservación de los aspectos útiles de lo anterior. Pero
esa utilidad es considerada por las nuevas generaciones al dialogar con la
cultura existente, quienes conservarán lo que consideren útil
y adecuado, y no por los delegados de la anterioridad buscando pervivencia
a fuerza de usurpar voluntades y conciencias.
La formación entendida de esta manera puede ser llamada formación
autogestionaria sin temer el uso de una idea tan manipulada como la autogestión.
Si la gestión es el hacer, la autogestión es el hacer por cuenta
propia. El prefijo "auto", proveniente del griego "autós",
hereda semánticamente la idea de "sí mismo". Un automóvil
se mueve por sí mismo como un autogestor gestiona por sí mismo.
En tal sentido, la autoridad es la capacidad de ser "sí mismo".
Acostumbrados a delegar también esa capacidad, democráticamente
asumimos la autoridad como la imposición aceptable de una identidad
sobre otra, y recurrimos a la palabra autoritarismo para denunciar un exceso
en tal atribución. Lo que perdemos de vista es que tal delegación
es de suyo antilibertaria en tanto que priva al individuo o a la comunidad
de la capacidad de decidir por cuenta propia todo cuanto haga a su existencia
misma, a su capacidad de ser. Un proceso de formación no reproductivo
implica la no delegación de autoridades, y es por eso que debe ser
autogestionario.
Saliendo de la disyuntiva revolución versus evolución, el proceso
dinámico de la transformación dialoga con un viceversa conflictivo
en tanto requiere de una nueva cultura social para establecer nuevos vínculos
sociales a la vez que necesita de nuevos vínculos sociales para crear
una cultura nueva. Esta situación hace de la reflexión en torno
a los procesos formativos tendientes a la transformación social, un
territorio profundamente exigente y complejo que merece un cuestionamiento
radical de lo presente en el orden colectivo y en el orden individual. No
creo que sea posible escapar del más visceral y crudo cuestionamiento
individual por parte de los que nos dediquemos, aunque sea por un rato, a
tratar el tema. Tampoco creo posible tratarlo sin apuntar nuestro cuestionamiento
a las raíces de la sociedad presente. En tal sentido es un camino potencialmente
desintegrador, si bien el desafío es ubicar la integridad en un sitio
diferente a la autoafirmación reaccionaria.
Pienso que los docentes y los educadores en general que tengan con honestidad
este propósito habrán de enfrentarse a una incertidumbre por
momentos amenazante y desalentadora. Es imprescindible, entonces, que recuperemos
la idea de proceso que nuestra sociedad hipertecnológica nos ha robado
y que demos tiempo a lo que necesita tiempo, y no perdamos de vista que la
integridad no depende de la fortaleza o de la flexibilidad como absolutos
dicotómicos, sino que requiere de una lúcida capacidad de relacionarse
dinámicamente con la incertidumbre. Y es justamente la incertidumbre
la que dará lugar a la transformación, en tanto deje abierta
la posibilidad de que nuevos horizontes aparezcan.
Es preciso practicar activamente, realizar experiencias y generar espacios
que puedan dar lugar a los nuevos vínculos sociales que sirvan como
mediadores para la nueva cultura. Estos nuevos vínculos no serán
tan nuevos, ya que los que estamos en juego aquí, en tanto enseñantes
potenciales, fuimos formados más de lo que nos hemos formado, y llevamos
en la piel y bajo ella las pautas culturales propias de una sociedad que no
muestra intención alguna de abrir espacios para la transformación.
Sin embargo estos nuevos vínculos sociales pueden ser muy nuevos, en
tanto sean propuestos desde una reflexión radical y con claros propósitos
libertarios.
Se trata de meter la cuña en la fisura de los muros que sostienen la
estructura social. Para esto es también fundamentalmente necesario
que nos aboquemos a nuestra formación como autogestores, que abandonemos
la delegación de las autoridades hoy depositadas en la acreditación
escolar y en la formación académica. Lo que un enseñante
puede ofrecer, que no es poco, es su propia vivencia, y a la hora de servir
de referentes para las nuevas generaciones, es imprescindible que tengamos
algo que ofrecer en cuanto a la formación autogestionaria.
Así como la formación cultural es siempre social, las respuestas
activas a los asuntos sociales son siempre colectivas. No porque nieguen los
procesos individuales ni desconsideren las situaciones vitales siempre únicas
del individuo, sino porque la misma individualidad es asunto social. No podemos
permitirnos evadir la confrontación creativa, el diálogo reflexivo
y la interacción, situaciones propias de la labor colectiva, ni podemos
permitirnos masificar la experiencia y evadir nuestro ser individual. De hecho
tales permisos serían extremadamente perversos en tanto no habría
más motivo para desearlos que la dependencia obsecuente respecto de
las actuales hegemonías.
El desafío es enorme y tan intenso como la plenitud que alcanza la
idea misma de la libertad. De la infinitud de alternativas que podamos imaginar
y de su puesta en marcha como experiencia social, habrán de surgir
las nuevas posibilidades, los nuevos intentos de transformar esta sociedad
en una que sirva.
La religión católica, a través de su Congregación para la Doctrina de la Fe -igual que otros talibanes tienen su ministerio "para la promoción de las virtudes y la supresión de los vicios" (ya sabeis, los que cortan manos o lapidan mujeres)- acaba otra vez de emprender la guerra contra el feminismo y la homosexualidad. Con ello cree denunciar las tendencias igualitarias del feminismo y rechaza el concepto de género como deconstrucción de los géneros masculino y femenino, es decir, preconiza la educación sexuada, socialmente construida con papeles establecidos, con actitudes integradas y atributos supuestos de los individuos de los dos sexos.
Masculinidad y feminidad
Concretamente, un análisis de género (o sexo social) vuelve
a sacar a la luz cómo un muchacho adquiere las normas masculinas (fuerza,
actividad, etc.) y cómo una chica integra las normas femeninas (dulzura,
pasividad, etc.).
Este aprendizaje se hace en el seno de la familia, pero también en
la escuela y en la calle, con el fin de introducir a cada uno y a cada una
en las normas sociales. A las chicas, las muñecas, las cocinitas, los
maquillajes. A los chicos, el deporte, las pistolas, los globos, los coches.
En la escuela, los alumnos no serán tratados del mismo modo si son
niños o niñas. Se esperan comportamientos estereotipados: los
chicos buenos en matemáticas y en deporte; las chicas, buenas en lengua
y en dibujo. Y así la sociedad establece rápidamente los espacios
sociales, las categorías profesionales en función del sexo.
Esta división existe también en el ámbito privado. "Máma
está en la cocina y papá en el salón", leíamos
cuando aprendíamos. Está tan integrada que hace falta ver y
escuchar a las compañeras reivindicar su función familiar: "Me
molestaría verlo en la cocina, no debe hacerlo; y además, no
lo hace como yo, porque no sabe planchar, y además los niños
son cosa de mujeres, que los comprenden mejor, etc." Y sus compañeros
asienten y se complacen de la situación.
Esta mala percepción es la que trata de justificar una injusticia de
hecho con las pretendidas elecciones personales y aptitudes naturales.
Por fuerza las feministas y demás individuos a los que se ha reprimido
la libertad, igualdad y justicia tendrán que levantarse contra esas
actitudes desigualitarias, discriminatorias y alienantes.
Pero el Papa no. Él "ama" a las mujeres y quiere devolverles
"su sitio": los niños, la cocina, la Iglesia. Y en su esquema,
las parejas homosexuales no pueden existir: "¿Quién hace
al hombre, quién hace a la mujer?"
¡Viva el amor libre!
Y aquí tenemos la segunda misión de la Iglesia Católica:
la deconstrucción de los géneros sociales conduciría
a una "sexualidad perversa polimorfa". Es verdad que la sociedad
y los fantasmas sexuales han sido creados pensando en el hombre blanco heterosexual.
Pero, una vez que se ha identificado y combatido ese modelo, se abre la puerta
a nuevas relaciones sociales, sexuales o amistosas. El amor libre es el amor
libremente consentido. Esto se opone a la violaciones, a los abusos sexuales
y a la imposición de normas restrictivas. El amor libre se vive entre
individuos libres e iguales, y la igualdad se conquista mediante la lucha
y los cambios sociales y de comportamiento. La homosexualidad es una de las
formas de amor, y los derechos de las parejas homosexuales deben ser los mismos
que los de las parejas heterosexuales (unión, adopción, representatividad,
visibilidad, etc.).
La sexualidad no está exenta del análisis de género,
es decir, de construcción social de las actitudes. Las mujeres son
percibidas como seductoras y accesibles, pero no demasiado, pues serían
unas guarras. Deben ser dulces, románticas, sumisas a los deseos del
hombre. Cuando son "duras" como en las películas porno, los
amores lésbicos tienen momentos más "suaves" cuando
esperan al hombre, o cuando emplean instrumentos sexuales para sustituir al
hombre.
¡Abajo los curas!
Tras el ataque islamista y la imposición del velo, la Iglesia Católica
arremete también contra las mujeres. ¿Tal vez porque no quiere
dejar el terreno de la reacción a los musulmanes en exclusiva? Curiosamente,
la Iglesia sale de la caverna el mismo año escogido por las asociaciones
feministas para denunciar la violencia contra las mujeres y organizar actividades
mundiales.
En cualquier caso, nosotros nos opondremos siempre a todas las religiones
y aprovecharemos este año para reafirmar nuestro ateísmo y consumar
la separación total de Iglesia y espacio público (1905-2005,
cien años y la lucha continúa). Participaremos en las actividades
de las mujeres y denunciaremos las violencias y discriminaciones de las que
son víctimas. Apoyaremos las manifestaciones homosexuales, combatiremos
a las organizaciones antiabortistas. Por todo ello y más aún,
hemos de estar unidos y actuar como grupos librepensadores, feministas y homosexuales,
con el fin de lograr conectar nuestras luchas y poner en la vanguardia un
nuevo arte de vivir juntos, una sociabilidad libertaria.
Fred
(Le Monde libertaire)
La Iglesia y nosotros
Se podría creer que entre la Iglesia y nosotros no hay ningún
medio de conciliación, ninguna posibilidad de entendimiento. Es un
error. Hay una posibilidad de entente y no soy yo el que la descubrió
sino nuestros adversarios mismos. Yo digo a los cristianos: Señores,
no cesáis de afirmar que únicamente os importan las felicidades
eternas, que los goces terrenales son de calidad inferior, mediocre y que
deben ser desdeñados y despreciados porque pueden perjudicar a la salvación
del alma. Y bien, señores, nada hay más fácil que entendernos.
Si estimáis sinceramente que los bienes de aquí abajo son despreciables,
mientras que solamente os son preciosas las felicidades eternas, el entendimiento
entre nosotros es la cosa más fácil del mundo; esos bienes superiores,
esas felicidades que no se encuentran más que en el cielo, no las ambicionamos;
guardadlas para vosotros; os las dejamos enteramente, pero dejadnos las otras,
las terrenales. Guardaos el cielo, pero dejadnos la tierra que habéis
convertido en un lugar de desesperación y de tormento; la tierra que
habéis poblado de suplicios; la tierra, de la que no queréis
nada, y que nosotros, con el concurso de todos los hombres de buena voluntad
, sabremos hacer un verdadero Paraíso.
Y habrá, cristianos, entre este Paraíso y el vuestro, la siguiente
diferencia: para vuestro Paraíso son -así lo afirmáis-
muchos los llamados y pocos los elegidos, mientras que para el nuestro, todo
el mundo será llamado y todo el mundo será elegido.
Precursores del pensamiento socialista español
Establecer los orígenes ideológicos del socialismo español
es una tarea bastante difícil, pues tenemos que buscar en el marasmo
político que significa el primer tercio del siglo XIX español,
en personajes que reivindican posiciones maximalistas en un mundo que se está
moviendo entre el tradicionalismo representado por el absolutismo político
y un reformado liberalismo que se está adaptando a las estructuras
del poder.
Pero aunque encontrar socialismo en estos momentos no es tarea fácil,
no quiere decir que no existiera y que sea imposible observar tales actitudes
en determinados pensadores españoles. Vamos a destacara tres personajes
principalmente: Joaquín Abreu, Narciso Monturiol y Fernando Garrido.
Podríamos nombrar a muchos más, pero las breves notas que sobre
estos personajes demos serán suficientes para entender los primeros
balbuceos del pensamiento socialista español.
Primeramente habríamos de establecer el contexto histórico en
el que estos personajes se van a mover. El inicio del siglo XIX fue turbulento
para España, pues acababa de terminar una guerra contra los franceses
que había cortado la tradición y el mandato a que los Borbones
llevaban sometiendo al país desde hacia un siglo. La suerte de las
armas fue favorable a la casa de Borbón, que recuperó el trono,
pero se encontró con gravísimos problemas políticos.
A grandes rasgos, por una parte estaban quienes querían seguir con
el sistema absolutista y por otra quienes deseaban un sistema aperturista
con régimen liberal. Entre dimes y diretes de unos y otros, con la
muerte de Fernando VII y la regencia de su esposa María Cristina se
impone un tibio liberalismo que guardaba todavía mucho de absolutismo.
Pero por los problemas sucesorios surge una nueva fuerza que no es tan nueva,
el carlismo, partidario absoluto del sistema tradicional.
En este panorama surge la tercera fuerza ideológica enfrentada tanto
al conservadurismo como al liberalismo, aunque si bien muchos de sus personajes
salieron de las filas liberales, nos referimos a la ideología socialista.
La caída del Trienio Liberal (1820-1823) hizo que muchos personajes
partieran al exilio. Allí comenzaron a conocer la idea socialista que
estaba surgiendo por entonces en Europa, de los posteriormente tildados como
socialistas utópicos. Así conocen las teorías de Charles
Fourier, Saint-Simon o Étienne Cabet. A su vuelta a España son
portadores de tales ideologías.
De todo este grupo de exiliados habría que destacar a un personaje,
Joaquín Abreu. Había sido diputado en Cádiz en el movimiento
de 1812 y también lo fue durante el Trienio Liberal. Si por algo se
caracterizó Abreu fue por pertenecer a la rama más exaltada
del liberalismo político. Pero la caída del Trienio y la vuelta
al absolutismo de Fernando VII hace que Abreu tenga que partir al exilio.
Se ubica en Francia y allí conoce el ideario de Charles Fourier, que
adopta rápidamente. El socialismo de Fourier consistía en crear
pequeñas comunidades llamadas falansterios, en los que se desarrollaría
un trabajo en común de tipo societario y donde se tocarían todos
los campos, desde el trabajo a la educación pasando por el ocio. Y
todo desde una perspectiva racional. Aunque la sociedad falansteriana no llega
a la igualdad, está ya insertada en el marco de la tradición
socialista. Joaquín Abreu queda fascinado ante el panorama que Fourier
ofrece e incluso participa en el ensayo que se hace de falansterio en Coude-Sur-Vesgres
en 1832. El proyecto fracasa y Abreu vuelve a España en 1834, cuando
el absolutismo político ha quedado relegado a un tibio liberalismo
encabezado por la reina regente María Cristina y su ministro Martínez
de la Rosa.
Abreu comienza a propagar el furierismo a través de la prensa y pronto
se hace con un núcleo seguidor con personajes como Pedro de Mugarte,
Manuel Sagrario de Veloy o Faustino Alonso. Comienzan una campaña de
concienciación e intentan crear un falansterio en la zona de Jerez
de la Frontera. A pesar del capital reunido, el proyecto fracasó rotundamente.
Este primer grupo, en cuya cabeza ideológica estaba Joaquín
Abreu, abre paso a las experiencias asociacionistas en España. También
dieron a conocer el escrito más importante de Fourier, "La doctrina
social".
Ya por ese tiempo los periódicos republicanos mantienen posturas críticas
al sistema capitalista, aunque si hay que destacar figuras de transición
éstas son Álvaro Flores Estrada y Ramón de la Sagra.
Este último un poco inconsistente, pues pasó de ser saintsimoniano
a proudhoniano para terminar en las filas de los reaccionarios. Son figuras
de transición, pues si bien criticaban la propiedad privada agraria,
como en el caso de Flores Estrada, no lo hacían a nivel general y sus
posturas no se pueden llegar a tachar de socialistas.
Pero una figura que sí se inserta directamente en el mundo socialista
es la de Narciso Monturiol. Si Joaquín Abreu lleva a cabo la expansión
de los ideales de Fourier, Monturiol lo hace con los de Cabet. Fue Cabet uno
de los primeros personajes en la historia que establecía la introducción
de las ocho horas de trabajo. Así en sus ideas dejaba plasmado que
la mejor reducción de jornada laboral tenía que ser de siete
en verano y seis en invierno. Y esta visión ya en 1840. El desarrollo
de sus ideas socialistas están plasmadas en su obra "Viaje a Icaria".
Se hicieron varios proyectos al estilo de Icaria, sobre todo en EE UU, hasta
1895. A través de La Fraternidad, entre 1847 y 1848, Narciso Monturiol
expande la idea de Étienne Cabet y de su obra, que es publicada en
España por entonces. Las ideas de Monturiol se basaban en la de los
icarianos, donde todo esta regentado por la fraternidad, donde el primer derecho
es vivir y el primer deber trabajar. Los principios básicos son la
solidaridad, la igualdad, la libertad, la elegibilidad, la unidad y la paz.
El lema común hará fortuna con posteridad, sobre todo en Kropotkin:
"A cada cual según sus necesidades, de cada cual según
sus fuerzas". Bien es cierto que el sabio anarquista ruso lo desarrolló
con mas fuste y con mejor basamento. Monturiol y su grupo, que tenía
implantación en Barcelona, fue duramente perseguido pues simpatizó
con la Revolución de 1848 en Francia. Narciso Monturiol no solo contribuyó
al socialismo en el plano doctrinal, sino que también era su intención
educar a las grandes masas de campesinos analfabetos con que contaba España.
Pero Monturiol no sólo ha pasado a la historia por su expansión
del socialismo, sino también por sus avances científicos, destacando
la construcción del Ictíneo, primera nave submarina.
El tercer gran precursor de la idea socialista en España es Fernando
Garrido. Las ideas de Garrido se fueron enriqueciendo a medida que iba recibiendo
influencia de varios sitios. Su ideología la podemos definir como a
caballo entre el republicanismo radical que emana de la Revolución
francesa y el incipiente socialismo que por entonces está llegando
a España. Solo con citar las influencias de Fernando Garrido nos damos
cuenta de la cantidad de ideas que conoció. Así, tuvo relaciones
con personajes como Giuseppe Mazzini o Garibaldi. Del socialismo más
reformista y democrático conoce al francés Louis Blanc y la
influencia rusa le llega tanto del populista Alexander Herzen como del anarquista
Mijail Bakunin. Así pues, no podemos establecer en Garrido una ideología
definida. Un dato curioso de su biografía nos lo da Enrique Rodríguez
Solís, que pone a Garrido a la cabeza de un grupo de republicanos españoles
dispuestos a ir a Italia y libertarla del régimen que le imponían
las potencias dominadoras.
Pero todo esto seria banal si no citáramos un dato de Fernando Garrido
que lo ha inmortalizado dentro del mundo socialista: la publicación
de una obra importantísima que tituló "Historia de las
clases trabajadoras". En realidad el título del libro es mucho
más amplio: Historia de las clases trabajadoras, de sus progresos y
transformaciones económicas, sociales y políticas desde los
tiempos más remotos hasta nuestros días, con la biografía
de sus grandes hombres, de sus héroes y sus mártires mas famosos.
Escrito y dedicado a todos los amantes del progreso. Es un título tremendamente
largo pero enormemente esclarecedor. Garrido divide la obra en cuatro volúmenes:
El esclavo, El siervo, El proletario y El trabajador asociado. Aunque hoy
se pueda constatar que la obra contiene datos erróneos, sigue siendo
un referente para todo estudioso del movimiento obrero.
Podríamos citar a otros muchos personajes que ayudan a introducir el
socialismo en España. Por ejemplo, Pi y Margall y de la trascendencia
de sus traducciones de los textos Proudhon en España. Los que vendrán
después organizarán uno de los movimientos obreros más
dinámicos que Europa y el mundo ha conocido.
En 1995 la Federación Anarquista francófona festejó
el centenario de la existencia de su periódico; nueve años más
tarde, el movimiento libertario sopla sus cincuenta velas: paradojas de la
existencia que no deja de sorprender.
¿Cómo puede ser que el periódico de la Federación
Anarquista rejuvenezca a medida que pasan los años? Este prodigio merece
aclaración.
La aparición de nuestro periódico empezó efectivamente
en 1895, bajo el impulso de Sébastien Faure y Louise Michel. El periódico
se llamaba en aquella época Le Libertaire. Estuvo presente en las luchas
que protagonizó el movimiento anarquista y conoció diversa periodicidad
según las circunstancias (diario principalmente durante el proceso
Sacco y Vanzetti, más de un año). Cesa de aparecer durante las
dos guerras mundiales: su posición antimilitarista, entre otras cosas,
hace que lo prohíban los poderes públicos.
Al final de los años cuarenta, la Federación Anarquista se reconstruye
paciente y sólidamente; la tirada de su periódico se acerca
a los 35.000 ejemplares, a veces 100.000 (con ocasión de la huelga
de Renault en 1947, por ejemplo).
Pero al principio de los años cincuenta, un peligro invisible se cierne
sobre el destino prometedor del movimiento anarquista y de su periódico.
Un grupúsculo tan secreto como improbable mina desde hace algún
tiempo la Federación Anarquista: el OPB (Organización Pensamiento
Batalla).
Improbable: ellos intentan el imposible maridaje entre el marxismo y el anarquismo,
están obnubilados por el orden y la disciplina, exigen la eficacia
revolucionaria a toda costa, aunque sea renegando de nuestros principios (lo
veremos más adelante).
Secreto: actuando en el oscurantismo, impone a sus miembros un silencio absoluto
sobre su naturaleza y sus objetivos (sus estatutos llegan a prever la eliminación
física de sus agentes si faltan a la disciplina de hierro que pone
en peligro su organización).
¿La finalidad? Miembros de la Federación Anarquista, los agentes
de la OPB tienen por consigna controlar la estructura para mejor poder hacer
el cambio "marxista libertario" llamando a sus voces apenas mudas.
En el seno de la Federación Anarquista se está cada vez menos
por la maniobra que ellos hacen y en 1953 la ruptura es inevitable, pero el
mal ha avanzado profundamente. Los anarquistas reunidos alrededor de Maurice
Joyeux provocan la escisión y la salida de los que llevados por Georges
Fontenis formaron pronto la Federación Comunista Libertaria, a la vez
que se llevan el periódico Le Libertaire, que ya tenían copado
desde hacía algún tiempo. Empezamos de cero, o casi de cero.
Estamos en 1954. Falta todo menos la energía y el coraje, y en octubre
del mismo año la antorcha se enciende: hace casi sesenta años
aparece el primer numero de Le Monde libertaire.
El resto es de sobra conocido: más de 1.300 números, tantos
temas abordados, luchas llevadas y analizadas, acontecimientos abordados desde
el punto de vista libertario, tantos gritos de cólera, de indignación
y de esperanza.
El tiempo sanciona siempre, en cierta manera, nuestra elección de palabras
y de actos. Lo que hemos publicado en Le Monde libertaire lo podemos reproducir
sin cambiar una coma, con la certeza de haber dicho las cosas con fuerza,
honestidad y pasión.
No pueden decir lo mismo otras cabeceras de la prensa política, que
pretenden defender un cierto sentido de humanidad y que aprovechan para celebrar
sin vergüenza un aniversario cuidadosamente limpio de todo elemento molesto.