
SECCIONES
En Arabia Saudí, una empresa, el Binladen Group, ha basado su prosperidad
en los lazos que sus propietarios tienen con la familia real. Constructor
exclusivo del rey, a principio de los años 30 el grupo se encargó
rápidamente de la construcción de las infraestructuras del reinado.
En el proceso, Bin Laden padre se acerca a los Mafuz, propietarios del Banco
Comercial (BCCI), el banco saudí más grande. En los años
70, asociados los miembros de la familia real, el BCCI se implanta en Houston
(Texas), realiza negocios con los grandes de Wall Street, e invierte en Disneylandia
y otros. Así es como, en 1987, compra Harken, una compañía
petrolífera tejana en dificultades. Uno de sus accionistas y directores
era George Bush hijo.
Al igual que los retoños de la familia real y de la familia Mafuz,
la mayor parte de los Binladen son diplomados de prestigiosas universidades,
frecuentan las tiendas más chics de Nueva York y de Ginebra, compran
propiedades en Florida, en Manhattan y en la Costa Azul. Unos días
después del ataque del 11 de septiembre de 2001, todos esos elegantes
se ponen precipitadamente bajo protección, abandonan los Estados Unidos
en un avión privado, aunque el espacio aéreo está cerrado...
Durante ese tiempo, miles de inmigrantes árabes y pakistaníes,
árabes americanos, son detenidos e interrogados. El organizador del
charter de lujo, con el consentimiento del Estado americano, fue el príncipe
Bendar, sobrino del rey Fahd, embajador de los Estados Unidos desde 1983.
Amante de lo bueno, acostumbrado a los sitios lujosos y a las carreras de
caballos, Bandar es un íntimo del clan Bush.
"La familia Bush y la familia Saud comparten una historia común
desde hace más de veinte años. No sólo son cómplices
en los negocios y amigos; los Bush y los Saud han compartido los mismos negocios
turbios y las mismas guerras. Han compartido secretos que ponían en
juego increíbles riquezas privadas, un espectacular poder militar,
los más ricos recursos del mundo y los crímenes más inimaginables
y odiosos"
Al final de los años 40, un consorcio dominado por varias compañías
petrolíferas norteamericanas inicia la explotación petrolífera
a gran escala en Arabia Saudí. En 1970, Estados Unidos duplica el volumen
de sus importaciones, y el porcentaje de los saudíes en la exportación
del oro negro asciende a un cuarto del total, convirtiendo a los jefes de
tribu saudíes en riquísimos rentistas. Una buena parte de sus
ingresos revierten en Estados Unidos bajo la forma de contratos e inversiones,
y Houston, capital del petróleo, se convierte en "la Meca del
capitalismo saudí". Allí tienen lugar las alianzas políticas
entre el capitalismo norteamericano y los saudíes. El clan Bush desempeñará
un importante papel.
Procedente de la gran burguesía financiera de la costa Este, George
Bush padre llega a Texas después de la II Guerra Mundial para crear
empresas petroleras. Su política consistía en conseguir negocios
por otros medios, iniciando su carrera en el Partido Republicano, prestando
atención a su gruesa cartera de acciones petrolíferas. En 1976
es jefe de la CIA; en 1981, vicepresidente de Ronald Reagan.
Los años 70 marcaron el fin de la Guerra Fría. La revolución
iraní y la guerra Irán-Iraq dieron la vuelta a la situación
del Oriente Medio. El antiguo sistema de alianzas fue modificado y Arabia
Saudí sustituye a Irán como aliado principal de los Estados
Unidos. En la guerra Irán-Iraq, Estados Unidos apoya discretamente
a su antiguo peón Sadam Hussein . Ronald Rumsfeld representa el poder
americano junto al Partido Baas iraquí y garantiza la utilización
de armas químicas. Durante ese tiempo, Estados Unidos autoriza a Israel
a vender armas a Irán . Los intereses geopolíticos y los económicos
iban a la par; se trataba de debilitar los dos regímenes árabes
con el fin de proteger a la Arabia saudí, y salvaguardar las reservas
petroleras. A pesar de la oposición del Estado de Israel, los Estados
Unidos empezaron a armar al reino, recuperando de golpe una parte de los ingresos
petrolíferos. De 1980 a 1990, los saudíes compraron cientos
de millones de dólares en armas. El Binladen Group se benefició
de los gigantescos trabajos de infraestructura militar. En Texas, los saudíes
hacen fructificar sus petrodólares, invirtiendo y comprando bancos.
Los banqueros Mafuz (BCCI) se alían con financieros como James Baker,
miembro del clan Bush y republicano influyente. El embajador Bandar también
resulta útil; lo encontraremos implicado en la financiación
de la guerrilla anticomunista de Nicaragua, mediante el dinero procedente
de la venta de armas a Irán.
Cuando termina la guerra Irán-Iraq, en 1988, "los Estados Unidos
habían contribuido a transformar a Iraq en la fuerza militar más
poderosa de Oriente Medio" . El freno de la revolución iraní
y de la radicalización de las corrientes chiítas había
producido una situación de inestabilidad nueva.
Los terroristas de la libertad
A finales de 1979, Brzenzinski, secretario de Estado del presidente demócrata
Carter, declaraba: "Ahora tenemos la oportunidad de ofrecer a la URSS
su guerra de Vietnam" . En efecto, la intervención soviética
en Afganistán aceleró la crisis final del capitalismo de Estado.
El apoyo de la CIA a la guerrilla anticomunista quedará como una de
las grandes operaciones de la historia de la guerra fría. Los servicios
secretos pakistaníes y saudíes organizaban por lo bajo la ayuda
económica a los "luchadores por la libertad". Miles de militantes
religiosos fueron arrastrados por la CIA y los servicios pakistaníes
a acciones de guerrilla y de terrorismo. Osama Bin Laden es uno de los responsables
de los campos de entrenamiento .
De nuevo, la estrategia americana tendrá consecuencias imprevisibles.
Cuando el ejército soviético abandona Afganistán, en
febrero de 1989, la CIA se había introducido en una poderosa organización
terrorista internacional islámica, conocida como Al-Qaeda (la base).
Durante la guerra de Bosnia, sus dirigentes romperán con los Estados
occidentales, sustituyendo su financiación por financiaciones privadas.
La "privatización" de esta filial de los servicios occidentales
constituye el acto de nacimiento del "terrorismo" moderno.
La desaparición de la URSS, el fin del reparto del mundo en dos bloques
y el resurgimiento de antiguas zonas de influencia abrirán un nuevo
periodo de conflictos. Tras la revolución iraní y la guerra
de Afganistán, la invasión de Kuwait por Iraq en agosto de 1990
amenaza de nuevo el control norteamericano de los recursos petroleros, desencadenando
una respuesta militar inmediata. Es entonces cuando algunos miembros de la
clase política americana -republicanos asociados a la derecha israelí
del Likud - proponen rediseñar el mapa de Oriente Medio, redefiniendo
las alianzas de las élites árabes con Estados Unidos. A corto
plazo, los rentistas saudíes se regocijan de la derrota del poder iraquí.
Pero a largo plazo sus intereses se oponen a la transformación de Arabia
Saudí en base militar. Un espacio político se abre ante Al-Qaeda,
portaestandarte del nuevo nacionalismo panárabe, esta vez bajo la cobertura
ideológica de la yihad y ya no del marxismo-leninismo. Cuando la administración
demócrata de Clinton se decide a atacar a las fundaciones caritativas
islámicas que apoyaban a Al-Qaeda, se descubre que la élite
saudí está bien representada: son todos cercanos a la familia
real y al embajador Bandar, los Bin Laden y los banqueros Mafuz.
Al igual que para las demás clases dirigentes árabes, el destino
de la élite saudí está ligado a la suerte del capitalismo
americano. Empresas como Carlyle Group y Halliburton simbolizan esa fusión
de intereses. Entre los accionistas de Carlyle -una de las diez empresas de
venta de armas más grandes del mundo- hay poderosos hombres políticos
norteamericanos y británicos (James Baker, George Bush padre y otros)
y la familia real saudí... Esta última gasta sus petrodólares
en armas, recuperando los dividendos en avales. Halliburton -gigante de los
servicios de la industria petrolera cuyo antiguo director es el vicepresidente
Cheney- posee también intereses colosales en Arabia Saudí. Pero
esa fusión de intereses oculta la debilidad del régimen saudí
y el reforzamiento de la corriente nacionalista, de la que Al-Qaeda es la
vanguardia. El primer atentado contra el World Trade Center, en Nueva York,
en 1993, y el ataque a un centro de la Guardia Nacional saudí en Ryad,
en 1995, marcan el comienzo de la guerra de Al-Qaeda contra Estados Unidos
y la dinastía saudí.
Con la elección (trucada) de Bush hijo en 2000, los representantes
del capitalismo petrolero y de la industria militar se colocan directamente
a la cabeza del Estado . Muy pronto se manifiestan los desacuerdos en el seno
de los servicios de información. El Centro de Coordinación Antiterrorista,
dirigido por Richard Clarke, destaca la amenaza de Al-Qaeda, y avisa del peligro
de los aliados saudíes y pakistaníes. Ese planteamiento es inaceptable
para la administración Bush, cuya historia es inseparable de los intereses
comunes con esos regímenes. La amenaza de Al-Qaeda se relega a un segundo
plano, tratada en el marco del control de Afganistán y de las relaciones
con los servicios pakistaníes. Es prioritaria la invasión de
Iraq, el asegurarse los recursos petrolíferos. Cuando, en el verano
de 2001, los servicios secretos advierten de un peligro inminente, la administración
Bush se muestra indiferente. Tras los ataques de Al-Qaeda, mantiene al jefe,
invade Iraq y da carta blanca a la política del Likud en Israel, poniendo
en una situación difícil al sistema de alianzas de Estados Unidos
con los países árabes y los grandes países capitalistas.
Clarke hablará de un costoso error estratégico:
"Hemos dado a Al-Qaeda el mayor argumento de militarización y
propaganda, y hemos puesto difícil a los gobiernos islámicos
amigos el trabajar abiertamente con nosotros" .
El escenario del complot
Las consecuencias de la guerra de Iraq y los signos de la guerra civil venidera
en Arabia Saudí, demuestran que la clase dirigente americana puede
tomar decisiones que respondan a intereses capitalistas particulares e inmediatos,
aunque se revelen irracionales respecto a las relaciones con el sistema a
largo plazo. La tesis del complot resulta seductora para el caso de la política
"antiterrorista" norteamericana. Tiene dos versiones. La clase dirigente
habría organizado directa o indirectamente, poco importa, el ataque
del 11 de septiembre de 2001 con el fin de crear las condiciones de una política
de dominación del Oriente Medio y de represión interna. Esta
versión infantil es sustituida por otra más matizada. Indiscutiblemente,
ante los proyectos de ataque al suelo norteamericano, el poder habría
dejado libertad de actuación .
Varios factores podrían explicar la actitud del Estado americano frente
a las amenazas de Al-Qaeda y rechazar la tesis del complot. Un ataque al corazón
del sistema resultaba inconcebible para los dirigentes formados en la escuela
del imperialismo triunfante. La amenaza sólo podía proceder
de Estados enemigos y no de una red internacional, criatura menospreciada
de los servicios occidentales. Y aún es más, las alianzas políticas
entre los rentistas saudíes y el capitalismo americano dificultarían
la percepción de la nueva situación, especialmente la fragilidad
de la dinastía Saud y el juego ambiguo del régimen pakistaní.
Así, el gobierno pudo aprovechar la situación votando leyes
represivas (Patriot Act) necesarias para el fortalecimiento del Estado y,
sobre todo, la creación de la coartada ideológica de "la
guerra contra el terrorismo" para justificar la guerra de Iraq. Por último,
las dificultades de la economía han sido determinantes en la decisión
política a favor de la guerra. El recurrir al déficit público,
el constante aumento de los gastos militares, parecen ser el único
antídoto a la crisis persistente de la rentabilidad del capital privado.
Gabriel Kolko habla de la "miopía de la clase dirigente"
norteamericana en su recurrir constante a las acciones militares que van en
contra de los objetivos a alcanzar. Al recordar que "la racionalidad
no constituye la esencia del sistema sino más bien su antítesis",
retoma los anuncios revolucionarios en vísperas del desencadenamiento
de la barbarie de la II Guerra Mundial: un sistema incapaz de regular las
consecuencias sociales de la producción de beneficio no podrá,
evidentemente, dominar la guerra ni sus consecuencias. Partiendo del caso
norteamericano, Kolko demuestra que "durante el siglo XX, las guerras
no fueron sólo el resultado de fuerzas constitutivas estructurales,
económicas y geopolíticas, y del nacionalismo, sino también
de concepciones y estrategias militares de los dirigentes sobre la naturaleza
de los conflictos armados". Así nace la idea de la guerra como
solución a los problemas, mientras que a lo largo de la historia moderna
se ha demostrado que la guerra engendra situaciones imprevisibles y consecuencias
que la clase capitalista es incapaz de afrontar. Es lo que Kolko llama "el
impasse de la guerra" bajo el capitalismo moderno. La actual situación
es buen ejemplo de ello.
La teoría del complot es una variante de la idea según la cual
puede regularse el sistema capitalista. Las manipulaciones, las acciones maquiavélicas
y bárbaras forman parte, sin duda, de la política burguesa,
dentro de los límites marcados por la irracionalidad de la producción
de beneficio. Las clases dirigentes accionan y raccionan en las circunstancias
históricas que expresan conflictos de intereses de clase. Actuando
así, producen otras condiciones históricas con nuevas contradicciones.
Esa es la lógica de la política en el sistema capitalista. La
"teoría del complot" es el trasfondo de esta irracionalidad
inherente al sistema y tiende a transmitir una visión infalible de
la clase dirigente, que lo controla todo durante todo el tiempo.
Charles Reeve
(Le Monde libertaire) ![]()
En defensa de las milicianas del 36
El conflicto bélico que dividió a España en dos mitades
en 1936 y la revolución social que se llevó a efecto paralelamente,
han despertado durante estos últimos treinta años, el interés
de numerosos estudiosos de diversas tendencias ideológicas. Ahora le
toca el turno a Jorge M. Reverte con su obra "La batalla de Madrid"
editada por Crítica, que ha salido a las librerías el pasado
día 7 de septiembre.
No he leído su trabajo y, por tanto, no estoy en condiciones de juzgar
su calidad literaria ni de afirmar o negar la importancia histórica
de los datos que aporta, pero un resumen aparecido en el suplemento del diario
El País del 5 de septiembre, ha despertado mi indignación como
mujer y como militante anarcosindicalista.
Habla Reverte de los cafés servidos por "dirigentes de la CNT"
según sus palabras textuales "frecuentados por putas del tres
al cuarto que quieren contar que son milicianas y vienen de pelear contra
los requetés de Mola en la sierra".
El señor Reverte debería informarse mejor antes de usar los
sustantivos. La CNT no ha tenido, tiene ni tendrá dirigentes, sino
militantes; es un sindicato con un funcionamiento anarquista alejado de las
jerarquías y los instrumentos de poder. En la CNT los cargos son ejecutivos
y las decisiones se toman en las asambleas de base.
En cuanto al apelativo de "putas de tres al cuarto" con el cual
se atreve a calificar a las mujeres que lucharon en las trincheras junto a
sus compañeros varones en defensa de la libertad del pueblo, es propio
de una mente machista, castrada y falta de sensibilidad.
Entiendo que su cerebro troglodita no pueda valorar en la misma medida la
lucha de los hombres y la de las mujeres. Como él, muchos varones consideraron
en el 36 que sus compañeras sólo debían estar en el frente
para vendar heridas, guisar el rancho o fregar las ollas, pero han pasado
sesenta y cinco años y al señor Reverte se le supone más
culto, más preparado, más moderno... Al menos entonces no las
llamaron putas, simplemente no comprendieron su derecho a formar parte activa
de la historia.
Probablemente, las mujeres a quienes el señor M. Reverte se refiere,
pertenecían al colectivo de Mujeres Libres, fundado en 1936 por las
cenetistas Amparo Poch, Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada.
Aquellas mujeres, que nos facilitaron el camino a las que hemos venido después,
fueron un ejemplo de dignidad, valentía y sentido ético. Eran
capaces de elegir en libertad a sus compañeros sexuales con la misma
claridad de ideas que empleaban para enfrentarse a los requetés del
General Mola. Pero practicar el amor libre nada tiene que ver con la prostitución.
Puta es la que vende su sexo, libre la que hace de él una entrega voluntaria.
El hombre ha practicado siempre el sexo en libertad y no ha merecido jamás
palabras despectivas por hacerlo ¿acaso el cromosoma que nos diferencia
a uno y otro género debe marcar los privilegios?
Una de las primeras tareas que se propuso el colectivo Mujeres Libres fue
la creación de los denominados "liberatorios de prostitución",
es decir, talleres donde las mujeres podían aprender un oficio para
que no tuviesen que alquilar su cuerpo como único recurso para subsistir
tanto ellas como sus hijos. Pero claro, a usted señor Reverte, eso
no le importa. Para usted, las mujeres que iban al frente eran putas y los
anarquistas que proclamaron la revolución unos inoportunos, aunque
algo más dignos por ser hombres.
Quien no sabe tratar a las demás personas con respeto, no merece ser
respetado.
La escuela (en sus diferentes etapas formativas) como institución
educativa en las actuales sociedades que se autodenominan libres, abiertas
y democráticas, constituye una de las más importantes formas
de manipulación ideológica y control social en manos del moderno
Estado capitalita. Junto con otras, como la religión o la comunicación
de masas, juega un importante papel en la aceptación general de la
desigualdad y en la más específica del sistema político
y económico, que constituye la base del poder y el privilegio de las
clases dominantes.
En ese sentido, la escuela proporciona las bases históricas, étnicas,
científicas y éticas que legitiman la cultura política
y económica imperante en nuestros días, sobre las que se sustenta
este sistema basado en la desigualdad, la explotación y la violencia.
Forma a los estudiantes en función de las necesidades del mercado y
persiguiendo crear "buenos" ciudadanos, es decir, trabajadores sumisos,
consumidores compulsivos e individuos pasivos.
Esta escuela de la "democracia" puede considerarse como un órgano
de propaganda al servicio de la clase dominante, que trata de socializar a
los individuos de forma que éstos eviten hacerse preguntas sobre las
cuestiones importantes, alejándoles de la clase de razonamiento crítico
y objetivo que lleva a comprender las razones y relaciones que anteceden a
los hechos. Para ello basa su método en un aprendizaje rutinario y
acumulativo de simple memorización, donde el espíritu crítico
y creativo se diluye en beneficio de la verdad oficial, y la obediencia sustituye
al pensamiento individual. Considerando al estudiante, en vez de como un agente
de la historia, como un simple objeto vacío, a rellenar con ideas predeterminadas
y alejadas de la realidad social, ideas precocinadas por la élite dominante,
adecuadas para legitimar y reforzar las bases del sistema político,
económico e ideológico que sustenta su poder y privilegio. Por
ejemplo, la historia suele ser contada de forma simplificada y emotiva, a
la vez que se falsean, encubren u omiten los hechos; dando una versión
dulcificada y dirigida a ensalzar aquellas partes de la realidad histórica
que mejor refuerzan la doctrina vigente y los intereses actuales de la élite
económico-política. Aunque educando de esta forma se dan un
sinfín de contradicciones, es gracias a la desarticulación,
que impone la escuela, del tipo de conocimiento que fomenta una actitud crítica
y que permite relacionar los hechos de forma objetiva, como se anula la conciencia
ocultando la realidad de la historia tras la atractiva y simplificada verdad
oficial. De esta forma es sencillo que cuelen para la gran masa del público
conceptos como el de las guerras humanitarias, llevadas a cabo para "democratizar"
los Estados dictatoriales del Tercer Mundo y liberar a la población
a base de bombardeos indiscriminados sobre aquellos a quienes se trata de
liberar; o el concepto de accidente laboral, que se considera como algo casi
consustancial al trabajo, sin valorar el hecho de que la mayoría de
los accidentes son causados por la necesidad de las empresas de aumentar constantemente
su productividad (no destinando los suficientes recursos a la seguridad en
el trabajo) para ser más competitivas en un mercado globalizado como
el actual.
Este hipócrita sistema educativo, cuya principal virtud es la ignorancia,
castiga el conocimiento crítico y la capacidad del alumno para relacionar
los hechos que le permitan llegar a un conocimiento objetivo de la realidad.
Y por contra premia la docilidad con la que el alumno acepta su propia idiotización,
al convertirse en lo que se supone que es el "buen estudiante" que
repite lo oído abandonando cualquier tipo de pensamiento individual,
aceptando la verdad oficial como un dogma de fe. De igual forma el mundo del
trabajo no premia tanto, en la gran mayoría de los casos, el conocimiento
real de las diferentes materias, sino el grado de asimilación del sistema
de valores y de la ideología dominante, asimilación que garantiza
la escuela en sus diversas fases, y que suele ser proporcional al nivel de
estudios alcanzado por los individuos. En este sentido, un estudio realizado
en los EE UU a 370 escolares mostraba que el apoyo a la ideología capitalista
dominante aumentaba a medida que pasaban de curso; aunque la escuela no sea
la única causa, puede dar una idea de cómo el sistema de propaganda
del Estado colabora con las clases dominantes en la aceptación de su
ideología, alejando así a los individuos de una compresión
crítica y coherente del mundo en el que viven, limitando la conciencia
de sí mismos con respecto a los demás y de los hechos que se
suceden a lo largo de su vida.
Afortunadamente no todos los alumnos aceptan voluntariamente y de forma acrítica
esta pedagogía de la mentira, siendo conscientes del adoctrinamiento
al que la escuela, fundamentalmente, trata de someterles. Y algunos pocos
profesores tratan de fomentar el tipo de conocimiento crítico, individual
y objetivo que permite alcanzar la verdad por uno mismo. A la vez el sistema
se defiende de estos comportamientos, marginando a esas personas, impidiendo
que alcancen puestos de responsabilidad y limitando las recompensas, que están
en gran medida distribuidas en función de la asimilación de
los valores y la ideología dominantes, en vez de como se le supone
a estas sociedades meritocráticas, que teóricamente reparten
los diferentes puestos de la sociedad en función de las capacidades
y conocimientos personales. Incluso en casos extremos en los que el sistema
"democrático" neoliberal entra en crisis, es decir en el
momento en el que la población exige una verdadera participación
en los asuntos públicos y comienza a cuestionarse la legitimidad de
sus dirigentes y la legalidad de sus acciones, el Estado optará por
la violencia para acabar con la intelectualidad disidente sin cuestionarse
lo más mínimo la contradicción que supone esto para la
propia idea de democracia y libertad que defienden.
Con todo, no quiero decir que la escuela o la universidad sean negativas en
sí mismas, sino que si no somos capaces de extraer nuestras propias
conclusiones a través de un conocimiento crítico, individual
y objetivo, sólo servirán para nuestra domesticación
y adoctrinamiento, convirtiéndonos en individuos pasivos y sumisos,
que sin conciencia de sus propios problemas e incapaces de organizarse activamente
para darles respuesta, se moverán en función del camino que
les marque el mercado y las grandes corporaciones.
Sólo la persona que pretende conocer la verdad representa un auténtico
peligro para el sistema doctrinal dominante, que es la base de la desigualdad,
la esclavitud, la explotación y la violencia, y sólo destruyendo
este sistema ideológico podrá construirse una sociedad basada
en los verdaderos principios de democracia, igualdad y solidaridad.
"Fue el propio mosén Prats, que apenas había nacido cuando
sucedieron los hechos del Collell, pero que no los ignoraba, quien me contó
la historia real o apócrifa según la cual, al tomar los regulares
de Franco el santuario, no dejaron con vida a un solo guardián de la
prisión, y quien me dio las indicaciones precisas para llegar al lugar
en que se produjo el fusilamiento, la mañana inconcebible de enero
en que, sesenta años atrás y en aquel mismo paraje, cincuenta
hombres vieron de golpe la muerte y dos de ellos consiguieron eludir su mirada
de medusa" (Javier Cercas, Soldados de Salamina). De los dos que eludieron
la muerte, uno era Rafael Sánchez Mazas, fundador de Falange, más
tarde ministro de Franco. Quienes hacían de fusileros eran las fuerzas
de Enrique Líster.
"Proudhon escribe en interés de los proletarios. No escribe en
interés de la Crítica, que se basta a sí misma, partiendo
de un interés abstracto y forjado por sí mismo, sino de un interés
de masa, real, histórico, un interés que conducirá a
algo más que a la crítica, es decir, a la crisis. Proudhon no
sólo escribe en interés de los proletarios; él mismo
es proletario, ouvrier. Su obra es un manifiesto científico del proletariado
francés y encierra, por tanto, una significación literaria completamente
distinta de la que puede tener el amaño literario de cualquier crítico"
(Carlos Marx y Federico Engels, La Sagrada Familia).
El Parlamento inglés dicta en 1802 la primera ley a favor del obrero,
la ley de protección de la infancia, que reduce a doce horas la jornada
laboral de los niños menores de nueve años. Aún hoy hay
países donde los niños de esa edad y menores trabajan ese número
de horas.
Karl Korsch, marxista consejista, escribió: "El movimiento obrero
español de cuño sindicalista y anarquista, preparado insistentemente,
infatigablemente, en una discusión sostenida durante largos años,
tanto en las grandes ciudades como en los más apartados rincones del
campo, tenía una completa claridad respecto a sus fines económicos
y una idea acerca de los primeros pasos a dar para la consecución de
estos fines mucho más realista de lo que el llamado movimiento obrero
marxista del resto de Europa ha demostrado tener en circunstancias similares"
(Escritos políticos).
El desarrollo cultural en España ha sido obstaculizado a lo largo de
estos siglos por dinámicas diversas, aunque sustentadas todas ellas
en una concepción del mundo autoritaria y jerarquizada, de raíz
profundamente católica y apostólica. "Por eso -dice Gonzalo
Pontón, director de la editorial Crítica, en el Congreso de
Editores- no hemos tenido nunca grandes editoriales de pensamiento y cultura".
E. Sábato: Creo que la falta de justicia es universal.
Roa Bastos: Entonces ¿qué nos queda?
E. Sábato: Confiar en que algunos hombres y mujeres sigan luchando.
Roa Bastos: Y que esa lucha no se abandone.
"La gente vive principalemente de hábitos, y actúa como
se le ha enseñado a actuar, sin detenerse a pensar primero. La dificultad
más grande a la que se enfrenta el hombre que trata de crear una nueva
sociedad es la de que tiene que comenzar con personas que han sido educadas
para vivir en alguna otra sociedad" (F. Lington, Estudio del hombre).
"Vivimos con arreglo a lo que dijo Moisés, a lo que dijo Buda,
Jesús, Mahoma u otros pastores de hombres, cuando lo natural y lógico
sería vivir con arreglo a lo que pensamos nosotros mismos". (Los
muertos mandan).
"El despotismo está tanto en la forma del Estado o del poder como
en el principio del Estado y del poder político" (Adolfo Vogt).
"Como periodista de El País en Roma y el Vaticano, acompañé
al papa Juan Pablo II a Samoa. Recuerdo que al Papa le esperaba el rey con
el Parlamento en pleno, vestidos con faldas de cortezas de árbol. Allí
no había tiendas ni monedas. Las chozas de paja estaban abiertas. En
una de ellas, un joven abanicaba a su mujer, tendida desnuda sobre una red,
mientras nos sonreía sin pudor. Allí, Juan Pablo II se enteró
de algo muy curioso: aquellos aborígenes no conocían el robo
antes de llegar los misioneros. Lo conocieron cuando les construyeron una
iglesita con puertas y cerraduras. Preguntaron que para qué era aquello.
Los misioneros respondieron que para que no robaran los objetos sagrados.
Y así supieron que se podían robar las cosas.
Por otra parte, las ideas y pensamientos sobre las cualidades que debe poseer
la mujer impuestas por el régimen franquista en España durante
cuarenta años, eran ya viejas en la historia hispana. Esas ideas y
pensamientos se desarrollan desde 1820, cuando, bajo la monarquía de
Fernando VII, la Iglesia domina el poder político y a porrazo limpio
va imponiendo por doquier su pensar y su sentir, su autoritarismo dominante
sobre todos y cada uno; que nadie escape de la red que sujeta a todos lo que
forman la humanidad que es España. "Allí nos enseñaron
a llevar cilicios en brazos y piernas y a azotarnos la espalda con cuerdas
trenzadas. A los más piadosos les permitieron colocar en las cuerdas
trocitos de cuchillas de afeitar para hacerse más daño"
(Juan Arias).
En todas partes, la mujer ha sido menopreciada; pero ella siempre ha sabido
luchar por ocupar su puesto en igualdad respecto al hombre y sigue luchando
por sus reivindicaciones: ayer fue por el divorcio, hoy su lucha mayor es
el aborto. Algo ha conquistado ya, pero sigue luchando por su libertad total:
ella debe ser dueña de su cuerpo. La primera ley del mundo sobre la
libertad para abortar fue dada en España, en los días de la
guerra civil, por la ministra de Sanidad, Federica Montseny.
La anarquía es una sociedad de iguales, no trata de administrar a los
hombres y a las mujeres, sino las cosas que les son comunes, que les pueden
hacer la vida más fácil o simplemente vivir dignamente.
"Yo no me acerqué al anarquismo por haber leído libros
o folletos de Kropotkin o de ningún otro; me acerqué por la
calidad moral de los obreros que había conocido y tratado. Esa calidad
moral fue nuestro tesoro, y no seremos nada si deja de existir" (Diego
Abad de Santillán).
La mente humana es capaz de concebir teorías de lo más variopintas,
y con una cierta coherencia interna. Si dispone de la suficiente audiencia
y credibilidad en la sociedad es posible que contagie estas ideas al resto
y se organicen para aplicarlas. Cualquier experimento social se puede realizar
con tal de disponer de hegemonía y neutralizar a los opuestos. Esto
no necesariamente se tiene que hacer partiendo de la mala fe, sino que probablemente
todos los experimentos sociales se han propuesto desde posiciones bien intencionadas.
Sorprende el automatismo con el que los seguidores de una determinada doctrina
prosiguen adelante con el experimento, más allá de cuando se
ha demostrado su ineficacia y son patentes las contradicciones internas que
genera. Parece que llegan a un punto en el que solamente su eliminación
física puede pararles. El nazismo nos proporciona un ejemplo de esas
ansias de inmolación antes enfrentarse con la recapacitación
crítica.
El mismo fenómeno lo observamos hoy en los nuevos amos del mundo. A
la vista de todos está la devastación que la intervención
neoliberal está produciendo sobre la humanidad y el planeta. Sin embargo
nos encontramos con individuos inteligentes, con una sensibilidad y cultura
admirables, que trabajan ardorosamente en las instituciones que imponen el
dogma neoliberal, nunca se les ocurrirá dudar del alcance de sus disposiciones.
El FMI ha sufrido tantas críticas que evidencian su desafortunada intervención,
que ahora reconoce que en ocasiones ha contribuido a agudizar los daños.
Esta recapacitación del FMI es mero disimulo para volver a ganarse
la confianza, y reincidir en la aplicación del experimento neoliberal.
La doctrina neoliberal está concretada en lo que se conoce como el
'Consenso de Washington', protocolos informales suscritos entre empresas multinacionales,
entidades financieras, la Reserva Federal estadounidense y las instituciones
monetarias internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional
o la Organización Mundial del Comercial. Este consenso se fue gestando
durante los años 80 y 90, y constituye el programa político
del neoliberalismo. Su objetivo es establecer al Capital como única
fuente de poder y derecho, sometiendo al mismo a individuos y naturaleza.
El camino es la liquidación de cualquier control social sobre el Mercado.
El señuelo es una nueva Tierra Prometida, la implantación de
un Gobierno Mundial sin Estado. Un Mercado Global Autorregulado donde todos
los individuos concurrirían libremente y satisfarían sus necesidades,
en función de sus respectivas capacidades, al menor coste.
Esta fantasía del Mercando Global Autorregulado es la nueva utopía
totalitaria, allí donde se aplica se convierte en una pesadilla. Debe
de tener gran capacidad para excitar la imaginación, puesto que bajo
su bandera se cobijan individuos procedentes de todo el arco del pensamiento
político: fascistas, comunistas, socialdemócratas, sindicalistas
institucionales, integristas religiosos acompañando a la tradicional
plutocracia. Algunos utilizan el término anarcocapitalismo para dar
un barniz progresista a este nuevo dogma, otros utilizan la desestatalización
del mercado que promueve el neoliberalismo para critircar las ideas anarquistas.
Aquí conviene hacer un alto y separar el trigo de la paja.
Decimos y demostraremos que el neoliberalismo es una utopía totalitaria
opuesta absolutamente a la utopía libertaria, de tal forma que anarquismo
y capitalismo son términos antitéticos, imposibles de conjugar
juntos.
En el neoliberalismo el mercado es el fin de todo lo que existe. Todo debe
convertirse en mercancía y encontrar su precio en el mercando global.
El hombre/mujer es mercancía, sólo tiene valor en la medida
en que tengan precio: su imagen, su cuerpo, sus esfuerzos, sus ideas. Algo
que no tiene precio no tiene valor alguno.
En la utopía libertaria el hombre/mujer es el centro y medida de todas
las cosas. El cosmos se compone/descompone/recompone en un juego infinito
de interacciones donde la parte más pequeña es reflejo del Todo.
Cada hombre o mujer encierra en sí mismo un valor infinito, son microcosmos
imposibles de preciar, tasar, medir o limitar. En esta utopía ocurre
lo contrario, es precisamente aquello que no tiene precio, lo apreciado, lo
que más valor tiene: la tierra, el aire, el agua, el sol, la naturaleza.
Cuando algo adquiere precio automáticamente se banaliza, pierde el
valor y el respeto que le corresponde. Se degrada.
Cada uno es libre de utilizar las palabras con el sentido que quiera, pero
que no nos confundan, el Mercado Total Autorregulado no tiene nada que ver
con las ideas anarquistas, es precisamente lo opuesto.
Esta fantasía del Mercado Total parte de la falacia de que existe una
mano invisible que ordena la oferta y la demanda de tal forma que consigue
optimizar al máximo la actividad económica. Esta mano invisible
es un cuento de hadas. Sorprende que el liberalismo, la ortodoxia económica,
esté basado sobre fundamento tan inconsistente, sabiéndolo no
debería extrañarnos que sus efectos sean deletéreos.
Este cuento no se lo creen los neoliberales. Thomas Friedman, el patriarca
neoliberal, asesor de Pinochet, ha explicado hasta la saciedad que este Mercado
Global no funcionará sin un 'puño de hierro'. Y aquí
es donde los neoliberales se dejan de gaitas. Nada de mano invisible, lo que
realmente funciona es el puño de hierro, el Estado policial, Pinochet.
He aquí otra prueba de que neoliberalismo y anarquía pertenecen
a mundos completamente diferentes. No hay ningún punto de contacto
entre ambas, solamente los malintencionados pueden confundirse. Para el neoliberalismo
la condición para que funcione el Mercado es el 'puño de hierro',
a más liberalización del mercado mayor control social, mayor
represión. Sin embargo, en la utopía libertaria, la mayor libertad
individual facilita que se desarrolle una actividad colectiva, suma de la
voluntad soberana de los individuos, donde la coacción y la violencia
son innecesarias. A la vez esa falta de violencia facilita un desarrollo más
pleno y vigoroso de individuos libres, que se asocian a otros para conseguir
cada vez grados más elaboradores de cooperación y apoyo mutuo,
lo que permite a la sociedad alcanzar nuevos objetivos.
En el neoliberalismo no. El neoliberalismo no implica la reducción
o desaparición del Estado, todo lo contrario, el neoliberalismo es
la quintaesencia del Estado. Para que exista el Mercado es necesario un Estado
que controle de forma policial y absoluta a todos los individuos, ese es el
'puño de hierro' que reclaman los neoliberales. Un Estado que controle
hasta los pensamientos más íntimos. Y en eso estamos. Vemos
que en aquellas regiones donde el neoliberalismo progresa el Estado se hace
más fuerte, más totalitario. Hay una pérdida de derechos
civiles a favor del poder del Estado. Los analistas que relacionan el Mercado
Global Autorregulado con la desaparición del Estado solamente ponen
en evidencia su propia torpeza mental. Neoliberalismo es igual a Estado Totalitario.
Estos analistas inciden en una confusión que ha dado lugar a muchos
equívocos conceptuales, confunden Estado con República. El neoliberalismo
es un Estado sin República, mientras que la anarquía es una
República sin Estado. El Estado es el conjunto de instituciones jurídicas
que legalizan el monopolio de la violencia por una clase social. La República
es el conjunto de acuerdos alcanzados en una sociedad para satisfacer las
necesidades comunes. Una República sin Estado, sin violencia, es una
sociedad anárquica. Un Estado sin República, sin derechos civiles,
ni bienes públicos, es la tiranía del más fuerte. El
neoliberalismo es un estado permanente de violencia. El incremento de la violencia
en las sociedades avanzadas está en relación con el grado de
mercantilización alcanzado.
Podemos establecer tres grandes categorías de organización,
en las que podemos incluir a cualquier sociedad.
1.- El Estado sin República. El feudalismo estaría incluido
en esta categoría. El neoliberalismo cada vez se parece más
a un nuevo feudalismo, lejos de prefigurar una sociedad rica y plural el neoliberalismo
facilita la creación de grandes monopolios que reproducen la relación
de Amo y Siervo con los consumidores, donde la libertad de mercado ha desaparecido.
En la dinámica de las fusiones empresariales podemos intuir el resultado
final del proceso. Una decena escasa de 'hipermultinacionales' sobrevivirán
a la lucha despiadada, se identificará trabajador con consumidor, que
pasará a estar vinculado por un pacto de fidelidad feudal a una concreta
empresa, dependiendo de ella tanto para trabajar como para vivir, entregándole
cuerpo y mente. Al margen de estas empresas, que absorberán todos los
recursos del planeta, la mayoría de la humanidad vagará sobre
los escombros, al objeto de que sirvan de advertencia a los fidelizados, y
no se les ocurra discrepar del señor. Esta es la pesadilla que nos
espera si triunfa el neoliberalismo.
2.- La República en el Estado. Es el camino característico de
la socialdemocracia. Intentar utilizar las instituciones del Estado para que
atiendan al bien común, encauzando las ansias depredadoras de las empresas
a través de una regulación que garantice el juego limpio y depure
las consecuencias más desagradables. Esta vía está perdiendo
todas las batallas frente al neoliberalismo ya que no puede competir en su
mismo territorio. El neoliberalismo actúa a nivel global, y la socialdemocracia
a nivel Estatal. Cuando la regulación gana alguna baza en un Estado
concreto, el neoliberalismo ni siquiera se molesta en luchar, le basta con
deslocalizarse y llevarse bienes y servicios a otro Estado. La desesperación
que produce el mecanismo infernal de la deslocalización, la facilidad
para empobrecer cualquier territorio del planeta, lleva a que la mayoría
de los socialdemócratas se hayan reconvertido en neoliberales, pensando
que es más fácil encauzar a la bestia si se asocia a ella. Blair
es el ejemplo más patético de esta solución. Le ha salido
el tiro por la culta, la república, la cosa pública, ha desaparecido
completamente en Gran Bretaña gracias a que Blair ha legitimado y facilitado
las transformaciones neoliberales.
Algunos socialdemócratas lúcidos han comprendido que la única
forma de embridar al Mercado Global Autorregulado sería creando un
Estado Global Parlamentario, una ONU con capacidad reguladora. Pero el Parlamentarismo
se ha demostrado ineficaz para representar la voluntad popular en una nación
concreta. Los procesos electorales están corrompidos, los partidos
políticos están corrompidos y no representan a nadie. Los medios
de comunicación, dominados por el capital financiero, crean y destruyen
líderes a su antojo. Los parlamentos secuestran la voluntad popular.
La apatía electoral es absoluta, y quien vota sabe que no se le va
a escuchar, por eso ahora se vota no por alguien, sino contra alguien. Con
estos mimbres difícilmente se podrá construir un Parlamento
Global que represente los intereses de la humanidad. Lo más probable
es que ese Parlamento Global también fuera ocupado por los neoliberales,
que lo utilizarán para legitimar su violencia, y amordazar cualquier
forma de crítica.
Esta vía pseudodemocrática sí satisface plenamente las
expectativas de los arribistas, quienes encuentran un medio de promocionarse,
y un instrumento para excluir a la mayoría. Estos arribistas terminan
asimilados y anulados por el poder económico, traicionan la causa que
defendían y que les encumbró, a cambio de los privilegios de
su cargo.
Este modelo podría revitalizarse si se cuestionara la forma de legalización
del poder político, reformando la forma de constituirse los parlamentos,
dando posibilidad a que exista mayor control de los ciudadanos. Sin embargo
esa reforma del parlamentarismo, donde exista más democracia directa,
implicaría la desaparición de los partidos tradicionales, que
son los únicos que pueden promover esas reformas, lo que las hace imposibles.
3.- La República sin Estado. La sociedad natural es una República sin Estado, se ha plasmado sobre todo en sociedades primitivas, pero pervive en la actualidad en la forma de Sociedad Civil. La Sociedad Civil está conformada por la suma de las relaciones que surgen al margen del Mercado y del Estado. Mercado y Estado conspiran contra la Sociedad Civil. Ésta es el sujeto histórico que ha conseguido los derechos sociales. Si alguien la confunde con el Estado es porque el Estado ha sido obligado a asumir sus reivindicaciones: Alimentación, Sanidad, Educación, Seguridad Social, Vivienda... para todos por el mero hecho de ser hombre o mujer.
La Sociedad Civil es imposible de delimitar, pero a veces sí lleva
a cabo actuaciones y se materializa en organizaciones. Hoy asistimos a su
nuevo despertar. Las manifestaciones masivas contra las cumbres globalitarias
y la guerra, los foros sociales, nos muestran una constelación de organizaciones
estructuradas sin jerarquías, que cuentan exclusivamente con la participación
directa de sus asociados.
La responsabilidad de contribuir a crear un mundo mejor no se puede delegar
en nadie. Cada individuo debe ser consciente de que sus actos cotidianos contribuyen
decisivamente a conformar la realidad. La realidad es algo que estamos recreando
continuamente con nuestros pensamientos y actos. Éste es el principio
impulsor, ser concientes de la capacidad creativa de cada uno de nosotros,
y potenciarla en los demás. El parlamentarismo adormece la responsabilidad
personal frente a la realidad, crea individuos inhibidos que se escudan en
la ignorancia para no asumir su cuota de responsabilidad. La Sociedad Civil
exige individuos autónomos con capacidad de actuar inmediata y directamente,
con lucidez para concretar los valores que se deben proteger del ansia depredadora
del Capital y con sensibilidad para asociarse en colectivos autogestionados.
El desarrollo pleno de esta Sociedad Civil es el único agente que puede
detener la barbarie neoliberal y alumbrar la esperanza.
No se está proponiendo aquí la implantación de ningún
modelo social predeterminado. Todo lo contrario, creo que el libre juego de
valores contrapuestos es el mejor corrector de los excesos. La libertad de
mercado ha traído progresos materiales incuestionables. La racionalidad
parlamentaria, de luz y taquígrafos, ha acabado con la legitimación
deísta del poder y la resignación social. Una Sociedad Civil
activa que contrarreste los excesos del Estado o del Mercado es la garantía
de evolución, dinamismo y cambio.
Granados y Delgado,
justicia
con 41 años de retraso
El día 17 de agosto de 1963 se despertaba como una jornada más
de aquel caluroso verano. Sin embargo, para dos hombres encerrados en la cárcel
de Carabanchel en Madrid sería su último amanecer. Francisco
Granados y Joaquín Delgado, dos anarquistas acusados de un acto de
violencia que no habían cometido, fueron ejecutados a las cinco en
punto de la mañana.
El garrote vil, que destrozó sus gargantas, convirtió su muerte
en una ofrenda a la dictadura franquista. Habían transcurrido veinticuatro
años desde que Franco divulgara aquel famoso parte de guerra que dio
paso a una larga y sangrienta dictadura y desencadenó una de las represiones
más brutales y silenciosas que haya sufrido el pueblo de España.
Un deseo de acabar con todo aquello había ido tomando conciencia en
todos los luchadores por la libertad, matar a Franco. Dos bombas estallaron
en Madrid el 29 de julio de 1963, una en la Dirección General de Seguridad
en la Puerta del Sol, otra en el edificio de sindicatos. El resultado de la
primera bomba fue de dos mujeres gravemente heridas, cinco personas de pronóstico
reservado y algunas más con rasguños y magulladuras.
La prensa procuró esconder los auténticos motivos políticos
del atentado. En España nunca ocurría nada y cualquier suceso
por grave que fuese se minimizaba. Aquí se vivía en paz por
decreto, aunque esa paz fuese la de los cementerios. No obstante, los atentados
habían ocurrido en pleno centro de Madrid y su ocultación resultaba
imposible. "El viejo anarquismo actúa impulsado por los mecanismos
elementales de los más bajos instintos", escribía el periódico
ABC. "Estos atentados tienen todas las características de los
que ejecutan los anarquistas", afirmaban los adictos al régimen,
que no podía dejar pasar actos semejantes.
Cuando estalló la primera bomba, Delgado y Granados estaban saliendo
de la piscina Moscardó, pero un cúmulo de circunstancias y el
deseo del régimen de encontrar cuanto antes un chivo expiatorio, hizo
que la "justicia franquista" se ensañase con ellos.
El régimen de Franco solo necesitó diecinueve días para
detener, juzgar, condenar y ejecutar a Granados y Delgado.
No han sido los primeros ni serán los últimos anarquistas que
han muerto por el único delito de ser coherentes con sus ideas. Antes
lo fueron los cinco trabajadores conocidos como los mártires de Chicago,
el sueco emigrante en EE UU Joe Hill, los cenetistas que cayeron bajo las
balas de los matones de la propiedad en la Cataluña industrial del
principios del siglo XX o tantos otros hombres y mujeres que murieron por
la libertad. Pero existe un caso que guarda un curioso paralelismo con el
que nos ocupa, el de los estadounidenses de origen italiano Nicolo Sacco y
Bartolomeo Vanzetti. También ellos fueron acusados de un robo con dos
muertos que no cometieron, también fueron sometidos a una caricatura
de juicio y también el Estado terminó con sus vidas. Uno de
los jueces que los condenó declaró "no sé si son
o no culpables de robo y asesinato, pero son anarquistas y eso es suficiente
delito".
Sacco y Vanzetti murieron en la silla eléctrica el 23 de agosto de
1927 y su muerte despertó numerosas protestas en todo el mundo. Otro
23 de agosto, pero éste cincuenta años después, Michael
Dukakis, gobernador del Estado de Massachussets, reconocía públicamente
su inocencia, pedía perdón a su familia y solicitaba que todo
estigma fuese apartado de sus nombres para siempre.
El pasado día 3 de septiembre, el periódico El País se
hacía eco de la siguiente noticia "El Tribunal Constitucional
acaba de estimar el recurso del caso Granados y Delgado y declara nulo el
Consejo de Guerra que los juzgó y condenó en 1963 y, así
mismo, corrige la decisión de la Sala Militar del Tribunal Supremo
que en 1999 denegó el recurso amparándose en la ya clásica
"estructura legal del franquismo".
Aunque este reconocimiento de su inocencia no puede devolver la vida a nuestros
compañeros de militancia, nos alegra profundamente y nos sirve de acicate
en nuestra lucha.
Los nombres de Delgado y Granados no tienen ningún significado para
la mayoría de nuestros conciudadanos. La injusticia que se cometió
con ellos ha quedado enterrada con sus cenizas bajo la losa del silencio.
En tanto que en el caso Sacco-Vanzetti el mundo entero se sublevó ante
la injusticia de su muerte y su nombre apareció en baladas como la
que compuso para ellos Joan Baez, o películas, como la dirigida por
Giuliano Montaldo, la muerte de Delgado y Granados ha permanecido en el olvido.
Sólo un documental titulado "Granados y Delgado, un crimen legal",
realizado en el 30 aniversario de su muerte por Lala Gomá y Xavier
Montanyá, y el libro del periodista Carlos Fonseca "Garrote vil
para dos inocentes", publicado por Ediciones Temas de Hoy en 1998, se
han preocupado de dar a conocer los hechos.
Estamos ante un momento histórico. Si la revisión judicial se
lleva a efecto se habrá hecho un ejercicio de justicia tanto con las
víctimas como con sus familiares que podrán recobrar su memoria.
El 16 de octubre de 1854 (según algunos, 1856) nació en Dublín Oscar Wilde. Al cumplirse 150 años de su nacimiento, hemos querido hacerle un pequeño homenaje, por lo que publicamos el siguiente texto de Rudolf Rocker, extraído de su libro "Artistas y rebeldes".
"No debe juzgarse siempre a un hombre por sus actos. Puede cumplir la
ley y ser a pesar de eso un criminal; violar las leyes y poseer un carácter
noble; ser malo sin cometer jamás una mala acción; puede ser
culpable contra la sociedad y no obstante esa culpa puede llevarlo a una perfección
verdadera".
Estas palabras admirables del brillante ensayo de Oscar Wilde, El alma del
hombre bajo el socialismo, contienen uno de los pensamientos psicológicos
más profundos y al mismo tiempo, inconscientemente, un rasgo biográfico
del poeta mismo. Él también se había hecho "culpable
ante la sociedad", en cuyo seno vivía, y ésta tomó
venganza del pecador: lo enterró en vida entre las paredes oscuras
de una cárcel e infamó públicamente su nombre, borrándolo
de la lista de las personas "puras e inocentes". Ese mismo hombre
que había sido uno de los artistas más generosos y valerosos
de su época, un hijo de los dioses, nacido en el templo de la inmortalidad,
fue arrojado bruscamente desde su luminoso trono poético al abismo
profundo de los perdidos, al mundo tenebroso de los "ex hombres",
donde los últimos rayos de amor y de esperanza se pierden, temblorosos,
en la oscuridd eterna.
Entre los muros fríos y grises de una cárcel sangraba el corazón
del poeta. Y cada gota de sangre se convertía en un acorde, uniéndose
los sonidos en melodías poderosas, en un ritmo sublime de pureza y
armonía maravillosas; y el mundo de los expulsados, el mundo de los
criminales y ladrones, fue purificado por la sangre del bardo. La prisión
oscura se convirtió en templo y con las lágrimas y los sufrimientos
de los infelices, el genio cautivo cantó ese bello poema, La balada
de la cárcel de Reading, obra maestra de perfección poética.
El que haya leído La balada de la cárcel de Reading, esa expresión
grandiosa de un alma dolorida y desesperada que exige amor y misericordia
para los caídos; quien haya sentido el mortífero dolor moral,
el terror horrible que se coloca cual mano helada sobre los corazones de los
prisioneros para ahogar sus últimas esperanzas, aquél olvidará
que el escritor había incurrido en un pecado contra la sociedad y sólo
verá el tremendo crimen que ésta ha cometido contra el artista
desdichado.
Con la publicación de un pequeño volumen de poesías en
1881, Oscar Wilde inició su carrera literaria. En general, se nota
en ellas bien poco de la genial individualidad que revelan sus obras posteriores.
La forma técnica es aún demasiado fría y rígida,
y la inspiración no siempre halla su expresión adecuada. No
obstante, esos primeros trabajos contienen algunos cuadros de gran belleza,
como por ejemplo la composición Impresión matutina, que trata
de la influencia que ejerce en Londres una mañana de otoño.
Aquello es algo más que una poesía común: es una pintura
poética que produce en el ánimo del lector un efecto indescriptible.
Delante de nosotros, a ambas orillas del Támesis, se extiende la ciudad
gigantesca, y la neblina espesa y pesada atraviesa los puentes, cambiando
todas las formas. Los edificios sombríos parecen espectros, sombras
negras en la neblina con ojos fatigados y enfermos. Al reflejo mortecino de
un farol está parada una mujer pálida, de ojos febriles y corazón
de piedra.
El cuadro está admirablemente descrito, influye como un recuerdo personal
y halla en nuestra alma un eco sombrío y misterioso. Jamás podremos
olvidarlo, y en ciertos momentos recordaremos siempre a aquella mujer solitaria
de labios rojos y pálido rostro, parada en medio de la bruma oscura,
a orillas del Támesis.
En las tentativas poéticas sucesivas se desarrollan cada vez con mayor
precisión la poderosa fuerza creadora y las delicadas formas de expresión
de Wilde, hasta que por fin logró escribir su obra maestra, La esfinge.
Este libro es uno de los monumentos más notables de la literatura moderna,
y aún aquellos que no ven en él sino el arte de un decadente
no podrán negar la grandeza majestuosa de su realización.
En La esfinge, Wilde nos ofrece un símbolo de la gran tragedia del
sexo, una manifestación potente y genial de esas pasiones salvajes
que torturan el alma humana, exigiendo constantemente nuevos medios de encanto
para ahogar el dolor y calmar las horribles sensaciones de miedo y de terror.
En medio de la cálida arena de Egipto, no lejos de las costas fecundas
del Nilo, está tendida Ella, semi-mujer y medio bestia; en sus ojos
se refleja el gran enigma del Principio y del Fin de la vida y de la muerte.
Hace millares de años que está en el mismo sitio. En la noche
de la historia han nacido y han perecido pueblos, se mezcló la vida
con la muerte en miles de formas distintas; todos, reyes y mendigos, sacerdotes
y guerreros, le han ofrecido holocausto y ella amó y mató a
todos. Ha visto la locura humana en sus manifestaciones incontables, millones
de seres le han gritado con voces roncas y labios desecados, bajo el dominio
de pasiones violentas, en el éxtasis supremo del deseo sexual. Miembros
desnudos se han entrelazado y cuerpos febriles se fundieron para presentar
sacrificios a la diosa Astarté. Todo lo ha visto ella, todo lo sabe;
el destino de pueblos enteros se desarrolló ante sus ojos, pero sus
labios han quedado mudos, igual que el gran enigma de los milenios.
El libro nos recuerda las misteriosas esfinges del pintor belga Fernando Khnopff,
que no pueden ser olvidadas una vez vistas. Todos los arcanos ocultos en el
fondo del alma humana se reflejan en esas figuras y llegan a nuestros corazones
con la misma fuerza sombría que las cálidas palabras del poema
genial de Oscar Wilde. Ahí está delante de nosotros, muda y
fría como la misma eternidad, pero una voz interior nos dice que esa
serenidad magnífica no es más que una pasión reprimida;
sentimos el poder invencible de ese fuego infernal que abrasa a mundos y pueblos;
esos labios fríos podrían revelarnos el secreto eterno, podrían
decirnos la palabra libertadora, pero se mantienen herméticos como
el destino inexorable, y tal convicción nos vuelve tristes y melancólicos.
Y esa melancolía se extiende cual delicado velo vaporoso sobre la labor
poética de Wilde y nos obliga a pensar en lo perecedero de todo lo
existente.
Dos aspectos principales constituyen la base de la labor artística
de Oscar Wilde: la expresión acentuada de la individualidad y un concepto
del mundo puramente estético-filosófico. Para Wilde, el arte
es todo y su único principio es la belleza. Es un vigoroso defensor
del viejo principio griego del "arte por el arte". Según
él, la vida sólo es un medio para una finalidad artística.
Toda nuestra cultura no es más que una transformación constante
de la naturaleza en formas artísticas. Dice Wilde: "La vida tiende
mucho más a imitar al arte que el arte a la vida; la causa de ello
no sólo reside en el hecho de que el objeto de la vida consiste en
descubrir una expresión y el arte le ofrece ciertas formas bellas para
realizar ese instinto".
Esta concepción estética del mundo presta al arte de Wilde un
carácter admirable, y cuando ella se une a la delicadeza natural de
sus sentimientos y sensaciones más íntimas, esa fusión
da origen a magníficos cuadros de belleza indescriptible. ¡Cuán
hermosos son en este sentimiento sus cuentos El príncipe feliz, El
ruiseñor y la rosa, La casa de las granadas! ¡Con qué
esplendor y con cuánta fuerza se revela allí la imaginación
del escritor y qué maravilloso es el colorido de los cuadros que se
nos presentan con una perfección encantadora! Esos relatos influyen
igual que la música sobre nuestros corazones y nos trasplantan a regiones
lejanas y desconocidas. ¡Y cuán profundo es el pensamiento que
encierra esa historia del joven príncipe que sueña que el manto
de púrpura y la corona de los reyes están hechos con las lágrimas
y los inacabables sufrimientos humanos, y por eso los rechaza el día
que quieren proclamarlo rey!
Allí donde el artista logra hallar una expresión pura para esa
fina melancolía que domina los sentimientos más hondos de un
alma, la impresión que causa es siempre poderosa. Verdad es que Wilde
posee también otros méritos brillantes: su ironía mordaz,
su amargo sarcasmo, sus retruécanos espirituales son cualidades generalmente
conocidas, mas nunca producen sensaciones tan puras. Debido a eso, en las
obras donde la razón triunfante predomina sobre el sentimiento la impresión
no es extraordinaria. Eso puede notarse en las dos comedias Un marido ideal
y Una mujer sin importancia. Ambas abundan en ocurrencias ingeniosas y sin
embargo nos dejan fríos y no impresionan demasiado.
Una impresión distinta produce la tragedia La duquesa de Padua, aunque
la técnica de esta pieza es todavía defectuosa en partes. El
fuego interior, la pasión salvaje, demoníaca, de esta obra,
influyen sobre cada nervio del espectador, y no es posible olvidarla. En ella
Wilde nos muestra el alma humana en sus transformaciones raras y misteriosas.
Todo hombre está sometido a esos cambios de su "yo" interior
y jamás podrá comprenderse a sí mismo. En el alma de
cada ser humano habita algo extraño, un poder oculto, que puede destruir
en cualquier momento el equilibrio íntimo de nuestra existencia moral.
El alma humana es sombría y enigmática, como el mar; a veces
es tersa cual un espejo y brilla a la luz del sol; otras, bulle con pasiones
salvajes y los sentimientos comienzan a hervir hasta que la acción
criminal le devuelve la calma y la redención. Beatrice, la duquesa
de Padua, posee un carácter admirable, dulce y delicado; es una de
esas mujeres raras que no pierden jamás su pureza natural, su inocencia
infantil. Su vida transcurre pacífica y tranquilamente en una mediocridad
armoniosa. De pronto aparece en el palacio un extranjero, Guido Ferrante,
y dos almas se buscan y se encuentran. En cuadros sublimes celebra el poeta
el amor apasionado entre el hombre y la mujer. Beatrice ama, ama con todos
sus nervios, con cada gota de su sangre, pero su alma queda pura y cristalina
hasta el momento en que el destino está por destruir su amor. Una desesperación
salvaje y loca domina los sentimientos de la duquesa. Ya no es la misma Beatrice;
es la encarnación viviente de pasiones extraviadas y de instintos sanguinarios
y mata al esposo para salvar su amor. Pero, aún en ese momento terrible,
permanece pura e inocente y Guido la consuela con estas palabras: "Tu
mano ha cometido un crimen, pero tu corazón es puro". Justificamos
el hecho de sangre, sentimos su necesidad, porque el artista presenta las
horribles convulsiones del alma con tal maestría que dejamos a un lado
las consideraciones morales para ver en el todo la expresión inevitable
de una catástrofe natural.
La perfección dramática más completa la ha alcanzado
Wilde con su Salomé. Un sentimiento sombrío, horripilante, se
extiende cual un velo sobre esta pieza y hace recordar los enigmas de La esfinge
o los primeros dramas de Maeterlinck, en los cuales el poder eterno del destino
pesa como una carga pesada en el alma de los hombres. Los personajes aparecen
ante nuestra vista con tal nitidez cual si fueran figuras de mármol,
pero bajo esas figuras bulle un volcán de pasiones salvajes, sobrehumanas,
la locura del crimen, la voluptuosidad y el homicidio. La obra se desarrolla
en el viejo reino judío de Herodes Antipas, cuando Palestina se hallaba
bajo la hegemonía de Roma. El argumento está tomado del Nuevo
Testamento. Era la época en que la clase dominante trataba de olvidar
su sumisión a los romanos por medio de orgías que amargaban
el corazón del pueblo y producían el descontento entre las multitudes.
Y entonces aparece Juan, el profeta, y comienza a predicar a los pobres y
a los desventurados. "Tenía su vestido de pelos de camello y una
cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida eran langostas y miel silvestres".
En términos vehementes condena el desenfreno de los poderosos y anuncia
a los humildes que el reino de Dios no está lejano. Ataca al rey que
desposara a Herodías, la mujer de su hermano, y el pueblo se entusiasma
con sus palabras rebeldes y lo mira con devoción fanática. La
acción se desarrolla en el momento en que Juan está ya cautivo
en un pozo guardado por los soldados del rey; Herodes no se atreve a matarlo
poque tiembla ante ese predicador salvaje que tanta influencia ejerce sobre
las masas. La cruel Herodías exige la sangre del profeta que la ha
maldecido en presencia del pueblo señalando sus pecados. Pero sabe
que en ese sentido nada logrará del rey y aguarda el momento oportuno.
Con un vigor genial pinta el artista el cuadro grandioso de la corte, la atmósfera
de lujuria que reina en ella. Y en esa atmófera vive Salomé,
la hija de Herodías. Es casta y tiene el alma incontaminada. Su belleza
maravillosa cautivó el corazón de Herodes, que persigue con
ojos apasionados su figura augusta; pero ella se mantiene fría e indiferente
y el amor le es aún desconocido. Salomé es todo un carácter.
Desprecia la vida que la rodea, ignorando si existe otra mejor. Un día
pasa delante del pozo donde está encerrado el profeta y de pronto llegan
a sus oídos las palabras: "Arrepentíos, que el reino de
los cielos está cercano". Ella nunca había visto al Bautista,
pero sabe que condenó a su madre y maldijo a su padrastro. Su voz le
produce una extraña sensación; una nostalgia indefinida abraza
todos los rincones de su alma; jamás había escuchado palabras
semejantes; una mano desconocida ha tocado de improviso las cuerdas más
ocultas de sus sentimientos íntimos y siente deseos de ver al hombre
capaz de pronunciar sentencias tan profundas y enigmáticas. Y Juan
sale de su tumba. Salomé se vuelve pálida de terror; no puede
soportar su mirada. Ahí está delante de ella el profeta del
Señor, terriblemente salvaje como la naturaleza eterna. Su rostro es
amarillo igual que la cera y demacrado como el de la muerte, arde en sus ojos
el fuego de pasiones sobrehumanas, de sus labios parten maldiciones horribles;
pero Salomé nada de eso toma en cuenta: un sentimiento completamente
nuevo, el deseo sexual, acaba de nacer en ella. La fiebre invade cada miembro
de su hermoso cuerpo; ella ama a ese salvaje, lo ama con una pasión
loca, quiere besarlo, desea estrechar su cuerpo enflaquecido, mas él
la rechaza con una maldición y vuelve a la cueva. Y Salomé se
queda sola, gritando con loca pasión: "¡Déjame que
te bese, déjame que te bese!"
Pero nadie le responde. Y de pronto Salomé comprende todo lo ocurrido
y su pasión se transforma en odio mortal. Ella siente que una mano
glacial se coloca lentamente sobre su tierno corazón, apagando allí
la última chispa de amor. Y resuelve que el profeta debe morir.
En el palacio real celebran fiestas ruidosas. Pero Herodes está malhumorado.
Su corazón se ve agitado por sentimientos sombríos y para olvidarlo
ruega a Salomé que baile delante de él. Y ella lo hace. Su cuerpo
divino tiembla de pasiones diabólicas. Aquello no era una simple danza:
son movimientos sobrenaturales, y el rey pierde todo dominio de sí,
sus ojos persiguen con miradas encendidas cada movimiento y, ciego de pasión,
jura concederle todo, aunque fuera la mitad de su reino. Se produce una situación
terrible y Salomé reclama fríamente la cabeza del profeta. El
rey esperaba cualquier cosa menos eso; pero ha jurado y debe cumplir. Algunos
minutos después le traen a Salomé la cabeza sangrienta de Juan.
Ella la toma de los cabellos y sale al jardín. Allí en la oscuridad,
quiere besar los labios muertos que la habían injuriado cuando ella
les exigía amor. Como enloquecida aprieta sus frescos y cálidos
labios contra la boca yerta del profeta. Pero en ese instante un rayo de luz
cae sobre ella y el rey descubre la escena horrible... Eso destruye repentinamente
su amor y con voz fría ordena que maten a Salomé.
La impresión que produce esta pieza es indescriptible; las bellezas
estéticas son maravillosas y el pensamiento del artista está
magníficamente desarrollado. Todos los personajes, especialmente Salomé,
están presentados con gran nitidez. Wilde ha ofrecido con su protagonista
un tipo de extraordinaria fuerza y energía. Salomé es grande
en todos sus actos y si quiere juzgarla debidamente hay que dejar a un lado
el concepto del "bien" y del "mal" y tomar en cuenta la
unidad de su carácter.
La censura teatral inglesa, una de las instituciones más medievales
y reaccionarias de Europa, prohibió, claro está, la representación
de la obra a causa de sus escenas "inmorales" y eróticas.
Sobre esos pequeños filisteos, Salomé produjo una impresión
terrible y es fácil de imaginar con qué energía se empeñaron
en salvar la moral social, esa moral que en el fondo no es más que
una sarta de mentiras convencionales y de máscaras de hipocresía.
De una manera más profunda ha desarrollado Oscar Wilde el carácter
íntimo de sus conceptos en la hermosa obra El retrato de Dorian Gray.
El libro es una ilustración maravillosa del estado de alma en que se
halla el hombre moderno. La lucha trágica entre la razón y el
sentimiento que tan importante papel desempeña en la vida de los contemporáneos,
está expresada en esta obra de una manera maestra y recuerda frecuentemente
los sombríos estados de ánimo del escritor polaco Stanislav
Przybysiewski. Dorian Gray posee un cuadro maravilloso, su propio retrato
que se transforma a medida que él cambia. Es un hombre de una belleza
clásica y esa hermosura queda la misma durante toda su existencia.
Su vida es una especie de vicios desenfrenados, lujurias y crímenes.
Goza de la vida en mil formas distintas; el placer es un principio vital,
prueba todos los goces, pero nunca queda satisfecho; su instinto satánico
lo impulsa constantemente hacia nuevos placeres y nuevas pasiones. Y esa vida
desarreglada no ejerce la menor influencia sobre su físico; en su rostro
se refleja la eterna belleza de la juventud.
Empero, Dorian Gray ha olvidado que existe otro yo, espejo misterioso del
alma, que no se cambia mediante el físico exterior. Los hombres olvidan
generalmente este segundo yo interno, temen echar una mirada sobre ese espejo
misterioso del alma; pero hay ciertos momentos en la vida del hombre en que
el alma se siente solitaria porque pierde el interés por todo fenómeno
exterior y sólo se ocupa de sí mismo. Esas horas no son frecuentes,
pero existen y cuando llegan el hombre siente la respiración pesada
del destino eterno. Dorian Gray conoce también esos momentos y entonces
es cuando se acuerda de su retrato. Mas éste constituye para él
la peor fuente porque le muestra con cruel precisión el estado de su
alma. En medio de la tormenta de las pasiones desenfrenadas, su "yo"
físico se ha conservado joven, mas su "yo" moral se ha puesto
débil y marchito. Contempla el retrato, pero lo que se le ofrece a
su vista ya no es el hermoso y soberbio Dorian Gray, sino un anciano gastado,
de mejillas marchitas y profundas arrugas en la frente. Y los rasgos del cuadro
se vuelven cada vez más horrorosos y, finalmente, Gray no ve más
que una horrible caricatura de lo que antes había sido. Y siente la
verdad, la tremenda, la terrible verdad; sabe que el retrato no miente; que
su aspecto exterior es joven y fresco, pero que su alma ha encanecido y su
corazón se ha tornado viejo y desecado. Y esta verdad lo persigue día
y noche; no puede hallar reposo, el retrato horrible es una pesadilla, la
voz interior que no cambia por las circunstancias exteriores. Por fin, su
odio al cuadro se hace tan grande que trata de destruirlo a fin de librarse
de su horrible presencia. Pero el acero que destruye el retrato hiere su propio
corazón. La destrucción del cuadro es el suicidio de Dorian
Gray.
Esta obra nos recuerda el cuento de Edgar Allan Poe, William Wilson. Pero,
mientras que en el cuento de Poe sentimos exclusivamente el miedo y el terror,
en Dorian Gray las bellezas estéticas y una profunda idea filosófica
desempeñan un papel predominante.
En 1895 llegó para Oscar Wilde la catástrofe. El asunto es demasiado
conocido para que lo repitamos. El artista fue condenado a dos años
de trabajos forzados por haber mantenido relaciones homosexuales con lord
Alfred Douglas. Ese proceso así como la sentencia, es uno de los actos
más vergonzosos que imaginarse pueda. Wilde fue sencillamente aniquilado
por la condena. Todo lo perdió, y los editores hipócritas hasta
se negaron a vender públicamente sus obras, por no ofender los llamados
"sentimientos morales" de la "buena sociedad". El favorito
de las musas, el hombre que estaba en la cúspide de la literatura inglesa,
se convirtió bruscamente en un pobre prisionero, condenado a los más
terribles dolores fisicos y morales. Y en ese estado de ánimo escribió
aquel poema maravilloso: La balada de la cárcel de Reading. Existen
pocas obras literarias en que el dolor humano haya sido expresado con tanta
perfección majestuosa como en esos hermosos versos que el poeta publicó
con el seudónimo del número de su celda: C.3.3. En ese poema
magnífico desaparecen todas las diferencias del mundo exterior. El
poeta está ligado al asesino; el dolor común igual a todos.
Nadie que haya leído esa pequeña obra maestra podrá olvidar
al joven soldado que mató a su amada por amor. Los jueces lo condenaron
a muerte y él pasa sus últimos días en la prisión
de Reading. Oscar Wilde describe las últimas escenas de la vida perdida
de un hombre, con tal rigor dramático que cada palabra penetra en el
alma igual que un fuego sagrado. Todas las mañanas los prisioneros
contemplan al joven soldado con miradas de espanto; saben que debe morir y
sus corazones empiezan a llorar con lágrimas de sangre. Y cuando llega
la última noche, nadie duerme en la cárcel. El terror y la desesperación
se han extendido por todos los pechos y los viejos criminales lloran e imploran,
cada cual en su celda, como niños inocentes. Y cuán hermoso
es el motivo del poema:
Yet each man kills the thing he loves,
By each let this be heard:
Some do it with a bitter look,
Some with a flattering word
The coward does it with a kiss,
The brave man with a sword.
(Y sin embargo, cada hombre mata lo que ama / oigánlo todos: / algunos
lo hacen con una mirada de odio, / otros con palabras acariciadoras, / el
cobarde con un beso, / el valiente con una espada.)
Al salir de la cárcel, el poeta abandonó Inglaterra, yéndose
a Francia. Allí vivió bajo el nombre de Sebastian Melmoth, retirado
y abandonado por todos. Su situación material era también mala
y el mismo hombre que llevara antes una vida de lujo pasó sus últimos
años en la miseria y en la soledad. En 1900 falleció Wilde.
Su amargo destino y los terribles sufrimientos materiales y morales lo quebrantaron
por completo. Después de su muerte se publicó su De profundis,
libro de gran fuerza y belleza.
Oscar Wilde mismo es una figura dramática en el arte moderno; su sino
horrible lo ha convertido en un verdadero mártir. El hombre que ha
escrito con la sangre de su corazón aquellas sublimes estrofas en la
cárcel, vivirá siempre en nuestros corazones como "el prisionero
de Reading".
Gracias a la constante presencia del anarquismo social y a la intervención
comunal de la FMB (Federación Municipal de Base, de Spezzano Albanese,
Italia), el asociacionismo de base, augestionario y solidario se amplía
por el territorio implicando cada vez a más amplias capas comunitarias.
Tras las experiencias de las manifestaciones populares del Comité pro
Spezzano è... Spixana është... ("Spezzano es..."
en italiano y albanés), celebradas en el verano de 2003 paralelamente
y junto al encuentro internacional sobre municipalismo promovido por la FMB,
se ha constituido la As.Pro.S. (Asociación de Promoción Social
"Spezzano è... Spixana është...") sobre la base
de un proyecto específico comunitario que en los últimos años
sin duda ha contribuído a elevar el nivel del debate social y a estimular
a la comunidad entera a sentirse gradualmente activa de un desarrollo territorial
diferente, económico y cultural, influido por una singular mezcla de
historia, arte, artesanía, tradiciones populares, folclore, gastronomía,
agricultura, productos típicos. El proyecto "Spezzano è...
Spixana është..." propuesto públicamente en 2002 por
la Asociación de Comerciantes y Artesanos spezzaneses sobre la base
de una estrecha relación con la FMB, ha dado vida en el mismo año
a la I Edición de Spezzano é... Spixana është... los
días 24 y 25 de agosto. Dadas las peculiaridades sociales características
del proyecto, el año pasado se creó, entre ambas organizaciones,
el Comité Popular pro Spezzano è... Spixana është...,
estructura completamente autónoma y autogestionada a la que ha sido
encargada no sólo la tarea de gestionar los actos de la Edición
de agosto de 2003, sino también la realización del proyecto
comunitario homónimo con el objetivo de implicar a la comunidad entera.
Dicho Comité, realizando su trabajo sobre la base del método
asambleario y de la democracia directa, ha clarificado publicamente su papel
en el curso de los actos estivales, organizados y gestionados con total autonomía,
sin patrocinio de ninguna entidad institucional, a pesar de la contribución
ofrecida por la administración municipal.
En febrero de este año, el Comité, tras un debate interno, se
ha constituido en Asociación de Promoción Social "Spezzano
è... Spixana është..." (As.Pro.S.) con la finalidad
de proseguir en la tarea del proyecto comunitario de la que es expresión.
La As.Pro.S., continuando con la metodología que ha distinguido al
Comité de que es hija, se ha convertido en promotora y organizadora
de los actos de la III Edición (4 y 5 de septiembre de 2004). Dos días
de eventos realizados por la comunidad entera animando el recorrido de las
manifestaciones, abiertas con la pancarta: "No fiesta sino proyección
comunitaria", y cerradas con otra que decía "Participar,
no delegar", trazando un surco significativo para una proyección
tras otra, autogestionaria y solidaria que invita y estimula a convertirse
en artífices del propio futuro.
Exposición de productos típicos locales (entre ellos los de
la As.Pro.S. con la etiqueta/símbolo propio), muestras artísticas
y de artesanía, verbenas populares, espectáculos musicales de
folclore calabrés y albanés a los que se han sumado otros grupos
musicales espontáneos, un debate público muy concurrido sobre
"Producción típica, termas, turismo cultural para un desarrollo
solidario y autogestionario de la comunidad" introducido y moderado por
Domenico Liguori de la As.Pro.S y con las intervenciones del ingeniero agrónomo
Angelo Pagliaro, del alcalde Ferdinando Nociti y de Carolina Luzzi, presidenta
de la As.Pro.S., han revitalizado cuatro plazas y calles del pueblo con entusiasmo,
alegría y discusiones sociales.
Los actos concluyeron con una sorpresa... fuegos artificiales saludados con
grandes aplausos de millares de personas que confluían en las calles
de las cuatro plazas en que se celebraban los actos, que convocadas en el
centro del pueblo han entonado el "arrivederci/mirupafshim" (hasta
la vista, en italiano y albanés) a la IV edición de Spezzano
è... Spixana është... que ya se piensa organizar junto y
en concomitancia con las manifestaciones comunalistas de la FMB.
El haber organizado todo en brevísimo tiempo, sin fondos públicos,
sin subvenciones, con suscripciones populares, con trabajo militante y voluntario
de los socios y de otras personas ajenas, y el haber arrojado un balance positivo
de 459 euros, sin duda ha contribuido a acrecentar con orgullo el ánimo
comunitario.