
SECCIONES
Congresos anarquistas internacionales
Desde que las maquinaciones del bloque autoritario en el seno de la Asociación
Internacional de los Trabajadores (AIT) dieron al traste con los anhelos revolucionarios
y emancipadores de la clase obrera mundial, los antiautoritarios de todas
las latitudes han intentado coordinar sus esfuerzos para abatir el sistema
social existente de dominio y explotación.
En 1872, delegados de varios países se dieron cita en Saint-Imier para
celebrar un congreso que fijaría las líneas de acción
del anarquismo social y revolucionario: organización al margen de la
política burguesa, mediante la solidaridad de la acción revolucionaria;
todo poder político presuntamente revolucionario es falso, por tanto
hay que ir a la destrucción de cualquier clase de poder político;
pacto de solidaridad, amistad y apoyo mutuo; la sociedad ha de fundarse en
el trabajo y la libertad: libre organización del trabajo contra las
tiranías política y religiosa; todo Estado es injusto y tiránico
y debe ser sustituido por la libre federación de los grupos productivos
fundada en la solidaridad.
En el mes de julio de 1881 se celebró en Londres el que sería
el primer congreso anarquista internacional. Asistieron delegados de África,
América, Asia y Europa en representación de alrededor de 50.000
militantes anarquistas. Es un congreso clandestino. Se parte de los acuerdos
de Saint-Imier y se trata, fundamentalmente, de dos asuntos: la violencia
revolucionaria y la creación de una organización internacional
específicamente anarquista. Si bien se llegó a crear un organismo
relacionador, la oleada de represiones gubernamentales desatada en la época
impidió la celebración del congreso que daría carta de
naturaleza a la internacional anarquista.
Hasta 1907 no se pudo reunir otro congreso. Fue celebrado en Amsterdam durante
el mes de agosto. Convocados por los grupos belgas y holandeses, acudieron
delegados de América, Asia y Europa. Se habló, sobre todo, de
sindicalismo y de organización anarquista. Se tomaron decisiones muy
flexibles, con las que quedaba clara la realidad del anarquismo en sus diferentes
facetas. Se perfilaron dos grandes corrientes: la que daba a la acción
sindical preponderancia sobre las demás acciones a emprender y la que,
sin quitar importancia a la acción obrera, declara que ésta
es un medio para llegar a la anarquía, nunca un fin en sí misma.
Hubo unanimidad, en cambio, a la hora de afirmar que anarquismo y organización
son ideas complementarias. Se llegó a la creación de la internacional
anarquista con una oficina de relaciones, con sede en Londres. Esta oficina
desarrolló su trabajo durante unos años. Tras la Primera Guerra
Mundial y el estallido de la Revolución de Octubre en Rusia, hubo otras
reuniones internacionales. Su corolario fue la reactivación en 1922
de la Asociación Internacional de los Trabajadores, heredera de la
Primera Internacional y del Congreso de Saint-Imier. Diseñada como
internacional del sindicalismo revolucionario (anarcosindicalismo), su actividad
llega hasta nuestros días.
En plena Guerra Fría se llevaron a cabo otros intentos de organización
internacional estable. El congreso de Londres, celebrado el verano de 1958,
reactiva las relaciones internacionales y, por medio de un boletín
interno de aparición frecuente, se intercambian opiniones entre las
diferentes federaciones anarquistas. De esta forma se organizará el
congreso de Carrara de 1968.
Marcado por la explosión del movimiento juvenil y por la represión
desatada tanto en el bloque capitalista como en el soviético, este
congreso supondrá el inicio de una organización universal estable:
la Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA). Además de los estatutos
de dicha organización, el congreso debatirá sobre una serie
de asuntos: movimiento obrero, revoluciones del siglo XX, bloques imperialistas,
religiones, economía revolucionaria
Las bases ideológicas
y orgánicas para el trabajo internacional estaban aseguradas.
Las federaciones anarquistas se vuelven a dar cita en París en 1971.
Si bien en este congreso no se llegó a conclusión alguna, los
debates resultaron reveladores de la problemática por la que atravesaba
el movimiento anarquista.
En 1978, y de nuevo en la ciudad de Carrara, se celebra otro congreso. De
él salen interesantes acuerdos sobre bases ideológicas, cuestiones
científicas en relación con la revolución, el movimiento
estudiantil, el terrorismo y el marginalismo.
París será otra vez, en el otoño de 1986, sede de un
nuevo congreso. Se debatió sobre los problemas del momento: luchas
de liberación nacional, política de bloques, militarización
y se trazaron las perspectivas de transformación social y lucha anarquista.
En Valencia, en 1990, un congreso analizará la situación mundial
y tomará un acuerdo sobre la posición de los anarquistas en
el movimiento obrero, además de debatir cuestiones de organización
y redactar un nuevo pacto asociativo de la IFA.
Siete años después, en la ciudad francesa de Lyón, un
nuevo congreso analizará, entre otras cuestiones, los mecanismos de
dominación y explotación mundiales.
El, hasta la fecha, último congreso, se celebró en Besançon
el pasado mes de abril. Allí se analizó la situación
mundial, se dio entrada en la Internacional a nuevas federaciones y se debatió
sobre el desarrollo de la IFA y sus intrumentos de trabajo, con una reflexión
sobre la situación del movimiento libertario en el mundo.
Hemos seleccionado una serie de documentos de estos siete últimos congresos,
los propios de la IFA. El criterio ha sido elegir textos que sean idóneos
en las luchas actuales. No queremos decir con esto que los que aquí
no aparecen carezcan de utilidad; en absoluto. Simplemente han sido superados
por los acontecimientos o por otros acuerdos posteriores.
En cualquier caso, que nadie pretenda encontrar en estos textos recetas magistrales.
Los congresos anarquistas internacionales no determinan ninguna línea
fija y obligatoria. Son reuniones donde todo el mundo aporta cuanto sabe y
los acuerdos se toman por unanimidad.
Resolución
sobre la actuación
política del proletariado
Considerando:
Que querer imponer al proletariado una línea de conducta o un programa
político uniforme, como la única vía que pueda conducirlo
a su emancipación social, es una pretensión tan absurda como
reaccionaria;
Que nadie tiene derecho a impedir a las secciones y federaciones autónomas
el derecho incontestable a determinar por sí mismas y seguir la línea
política que crean la mejor, y que toda tentativa en sentido contrario
conduciría fatalmente al más indignante dogmatismo;
Que las aspiraciones del proletariado no pueden tener otro objetivo que el
establecimiento de organizaciones y federaciones económicas absolutamente
libres, fundadas sobre el trabajo y la igualdad de todos y absolutamente independientes
de todo gobierno político, y que estas organizaciones y federaciones
no pueden ser otra cosa que el resultado de la acción espontánea
del proletariado, de las organizaciones de oficio y de los municipios autónomos;
Que toda organización política no puede ser otra cosa que la
organización del dominio en beneficio de una clase y en detrimento
de las masas, y que el proletariado, si quisiera apoderarse del poder, se
convertiría en una clase dominante y explotadora.
El congreso reunido en Saint-Imier declara:
1.- Que la destrucción de todo poder político es el primer
deber del proletariado;
2.- Que toda organización de un poder político llamado provisional
y revolucionario para llevar a esa destrucción no puede ser otra cosa
que un engaño más, y sería tan peligroso para el proletariado
como todos los gobiernos existentes en la actualidad;
3.- Que rechazando todo compromiso para llegar a la realización de
la revolución social, los proletarios de todos los países deben
establecer, fuera de toda política burguesa, la solidaridad de la acción
revolucionaria.
Asociación Internacional de los Trabajadores
Saint-Imier 16 septiembre 1872 ![]()
Bases ideológicas
del anarquismo social,
organizador y revolucionario
El congreso internacional de federaciones anarquistas, confirmando la posición
histórica del movimiento anarquista organizado, tomada en la Conferencia
de Saint-Imier, y las resoluciones del Congreso de Carrara de 1968, tomando
en consideración las aportaciones de las federaciones y de los grupos
anarquistas adherentes a la IFA, considera, después del correspondiente
estudio, que las bases ideológicas, tácticas y de organización
establecidas por nuestros teóricos (Bakunin, Kropotkin, Malatesta,
Rocker y otros) históricamente confirmadas por las experiencias de
las luchas sociales y revolucionarias de los pueblos y los trabajadores, particularmente
por la Comuna de París, la Revolución rusa y la Revolución
española, son valederas y de actualidad.
Estos principios son los siguientes:
-Negación de toda autoridad y de toda clase de poder.
-Negación de la jerarquía.
-Negación de las leyes jurídicas.
-Libertad, igualdad, solidaridad, justicia social, pacto libre, libre iniciativa,
ateísmo, antimilitarismo, internacionalismo, descentra-lización,
autonomía, federalismo, autogestión y comunismo liberta-rio.
La negación de la autoridad y de toda clase de poder es el principio
esencial y el signo distintivo del anarquismo y del movimiento anarquista.
Los otros principios libertarios resultan de esta negación de la autoridad
y del poder.
El poder asume tres formas distintas en la sociedad actual:
-Poder económico representado por la propiedad y por el capital.
-Poder político expresado por el Estado, los partidos políticos
y los grupos de presión.
-Poder espiritual y moral ejercido por las religiones y las iglesias, igualmente
por todos los organismos e instrumentos de información, de educación,
de instrucción, de orientación y de dominación espiritual,
cultural y moral.
El poder, toda clase de poder, se traduce por la explotación del hombre
por el hombre y por la opresión del hombre por el hombre, opresión
y dominación material, espiritual, moral y también física.
Estas tres formas de poder están orgánicamente ligadas entre
si y a los privilegios que condicionan su existencia y de los que, a su vez,
derivan.
Por esta razón la posición social y revolucionaria del anarquismo
se expresa por la lucha irreductible contra todo privilegio, para la igualdad,
asegurada por la posesión social de las riquezas naturales, de los
medios de producción, de transporte, de intercambio y de reparto de
los productos frutos del trabajo colectivo, por la autogestión de la
vida social, política, económica y cultural.
La libertad, condición imprescindible para el funcionamiento normal
de todo organismo social y sano; la solidaridad garantizando la fuerza por
la unión y la justicia social: principios únicos de una verdadera
moral, determinan la estructura realmente viable de la futura sociedad libre.
Los principios del anarquismo no sufren cambio alguno, afirman la incompatibilidad
del anarquismo con el marxismo, ya sea éste dogmático o no,
ya que no cuestiona la cadena lógica del pensamiento que, partiendo
de la teoría conduce a la práctica o al reconocimiento del poder
estatal, así como todas las teorías autoritarias representadas
bajo una forma liberal, en estos principios básicos del anarquismo
reafirmados, reconocemos la posibilidad de efectuar un nuevo análisis
anarquista, siguiendo las condiciones socio-económicas contemporáneas.
Este análisis, concebido como crítica anarquista y no como crítica
al anarquismo, puede enmarcarse en el cuadro siguiente no limitativo: análisis
diferente del siglo XIX, estimando la función actual del Estado, de
la composición y de las relaciones entre las clases, de la evolución
de la ciencia y de su vulgarización, la función de esta última
en el refuerzo de la alienación, de la utilización de medios
de comunicación de masas por el Estado y los partidos políticos,
de formas alternativas tendentes a transformar la vida cotidiana.
La realización, la edificación y funcionamiento armonioso de
esta sociedad, no puede ser sino la obra de los hombres directamente interesados,
es decir de los individuos que por su situación social o por motivaciones
de carácter ideológico, son solidarios con la clase trabajadora.
A la hora de escoger los medios de realización de las aspiraciones
a la emancipación total del hombre, el anarquismo social rechaza el
parlamentarismo y el reformismo. La emancipación social no podrá
ser alcanzada mas que por la acción directa sostenida que conduce a
la revolución social, es decir la transformación radical de
la sociedad y de todas sus estructuras.
La espontaneidad revolucionaria es un fenómeno natural y necesario,
pero una de las condiciones esenciales para la realización de la meta
final es la existencia de organización revolucionaria antes y durante
la revolución.
Esta necesidad exige la organización de fuerzas ideológicas,
la creación de grupos libertarios, territorialmente federados, nacional
e internacional-mente, de igual forma que la organización de los trabajadores
por ellos mismos, en la empresa, el taller, por profesiones y ramos de producción,
así como territorialmente a todos los niveles.
Perspectivas para
una revolución
social de inspiración anarquista
El sindicalismo contemporáneo y el anarquismo
El sindicalismo actual en el mundo entero (excepción hecha del anarcosindicalismo
y como ejemplo la CNT de España), se ha convertido en una estructura
de integración al sistema capitalista, privado o estatal: Correa de
transmisión de los partidos políticos (Francia, España,
Italia), engranaje estatal (países del Este y Escandinavia), corporativo
sin perspectivas generales ni siquiera reformistas (USA), o las tres opciones
a la vez como en Alemania.
La finalidad de los anarquistas es la revolución social y el comunismo
anarquista, utilizando la acción directa antiparlamentaria y el federalismo
autogestionario.
Las comunidades y las cooperativas rurales y urbanas
en el marco de la sociedad actual y su cometido.
La filosofía y la acción revolucionaria anarquistas tienen por
finalidad la liberación del individuo y la emancipación de la
humanidad.
Existen dentro de nuestra sociedad dos fenómenos que forman parte de
la expresión y de la acción libertaria: las comunidades y las
cooperativas.
-Las comunidades libertarias buscan la forma de suprimir las relaciones autoritarias
entre los individuos sobre el plano afectivo y humano.
-Las cooperativas están limitadas a la producción y al reparto
de bienes de consumo. Se conocen dos formas:
a) Las cooperativas del siglo pasado, por ejemplo los falansterios, creadas
con el fin de intentar esbozos de socialismo libertario, han degenerado por
una burocratización interna impuesta por el medio capitalista que finaliza
por digerirlas.
b) Hoy día, en ciertos casos, los trabajadores están forzados
a crear una cooperativa con el fin de salvaguardar sus empleos. Con esta situación,
el carácter tomado por el fenómeno cooperativista, puede ir
de la autogestión hasta la burocracia más compleja, pasando
por la convivencia de los dos aspectos.
Es importante demostrar la convergencia entre esos dos fenómenos sociales
cuyos límites no son estrictos y se barajan con frecuencia.
Las cooperativas y las comunidades demuestran que la anarquía no es
una utopía, sino que es viable, en el plano de las relaciones entre
individuos, como en el de relaciones de producción. Por consiguiente
esas cooperativas y esas comunidades son interesantes como valor de ejemplo
y permiten a algunos sustraerse temporalmente de una parte de nuestra opresión
cotidiana. Estos islotes de libertad y de igualdad, no derrumbarán
ellos solos la sociedad capitalista y estatal, que ha sabido en el transcurso
de la historia y por varias veces, dejarlas vivir, cuando éstas no
la han puesto en peligro.
Evidentemente, por el hecho de poner en causa la autoridad, las tentativas
comunitarias y cooperativistas son molestas para el poder del capital y del
Estado, por ello nuestros opresores harán todo lo que puedan para destruirlas
o bien integrarlas en sus ruedas jerárquicas.
Estas formas de liberación precaria y parcial no hacen la economía
de una revolución social, que queda como el primer puntal indispensable
a nuestra emancipación. No condenamos las cooperativas y las comunidades,
se puede comprender que anarquistas participen en ellas, pero su presencia,
aún muy desarrollada, no bastará para concretar nuestro ideal.
Estos intentos libertarios no son incompatibles con la penetración
del anarquismo social en el movimiento obrero, condición indispensable
de la revolución social y total.
La juventud y los estudiantes
(moción sobre la educación)
La cultura actual, para nosotros anarquistas adheridos a la IFA, es la expresión
y el principal vehículo de los valores morales e intelectuales de la
clase dominante. A estas estructuras autoritarias y represivas, los anarquistas
proponemos ciertas críticas y ejes de lucha frente a la educación
y a la escuela.
La escuela, además del sistema selectivo (favoreciendo a los jóvenes
de la burguesía) tiende a servir de vía muerta para los jóvenes
que esperan incorporarse al trabajo.
La sociedad, por conducto de la familia y de la escuela, moldea al individuo
a fin de inculcarle el reflejo de obediencia que aumentarán y utilizarán
posteriormente el ejército y la fábrica.
Partiendo de este análisis, la Internacional de Federaciones Anarquistas:
-Estimula las iniciativas de la lucha radical para contrarrestar la función
y la estructura de la escuela, desechando particularmente su contenido ideológico,
la separación entre la escuela y el trabajo, la limitación,
a un período de la vida y a una minoría, de la instrucción.
-Preconiza el desarrollo de una cultura específicamente anarquista.
Sobre los problemas de las mujeres y su movimiento
La Internacional de Federaciones Anarquistas apoya la rebelión de las
mujeres porque entre los movimientos de protesta, éstas llevan una
parte muy importante de la potencialidad libertaria. Por la doble opresión
que a las mujeres se les impone en nuestra sociedad -explotación económica
y dominación falocrática- sus luchas ponen en evidencia lo nefasto
de las bases fundamentales de la sociedad dominadora:
-El patriarcado y su corolario, la estructura familiar.
-La educación.
-La sexualidad.
La IFA incita al conjunto de sus militantes a emprender una intensa actividad
para impulsar una toma de conciencia poniendo en tela de juicio la sociedad
desde una óptica libertaria. La IFA demanda un trabajo real por todos
los grupos federados, de los problemas fundamentales que plantean las mujeres
a través de sus luchas; la IFA no relega a un segundo plano el problema
de la mujer y no se conformará con una discusión teórica
sin una aplicación en la vida cotidiana.
Esperanto
El Congreso sugiere el estudio y la práctica del esperanto para las
relaciones internacionales y para ser utilizado conjuntamente con los otros
idiomas empleados hasta aquí.
Actitud de la IFA
frente al terrorismo,
a las diferentes formas de violencia, al "marginalismo"
y a las manifestaciones "revolucionarias" folklóricas
La Internacional de Federaciones Anarquistas proclama, para los anarquistas,
la libertad de escoger todo medio de acción que no esté en contradicción
con los principios libertarios y las finalidades perseguidas por el movimiento.
Que sea individual, minoritaria o de masas, violenta o pacifica, reivindicativa
o revolucionaria, legal o clandestina, la acción anarquista debe reflejar
en ella misma la altura moral de los postulados fundamentales del anarquismo.
El derecho, individual y colectivo, a la insubordinación, a la revuelta
y a la insurrección es imprescriptible e incodificable. Es un hecho
natural y espontáneo. Los anarquistas, organizados en la IFA, que se
interesan verdaderamente por el problema de la revolución, es decir,
la supresión del privilegio económico, social y cultural, tienen
conciencia de que se emplazarán en una situación de violencia.
Para los anarquistas, existe un problema ético en la utilización
de una violencia que no puede confundirse con la fuerza pública, legalizada
por el poder del Estado y del Capital; no tiene equivalente con la brutalidad
que los referidos imponen diariamente y de forma sistemática contra
los individuos. Esta violencia del Estado, cuyo fundamento cultural debe buscarse
en el patriarcado, causa de otra violencia, encuentra su expresión
más consumada a través de la militarización creciente
de la sociedad.
La IFA rechaza las formas de acción política fundadas sobre
la violencia ciega e innecesaria, la ausencia del respeto a la dignidad humana
de sus enemigos mismos y mucho más de los neutros e inocentes. Denuncia
toda forma de manipulación, violencia y terrorismo militarista y estatal,
que se profundizan con frecuencia en la acción de organizaciones políticas,
las cuales, hoy perseguidas y luchando en pro de causas justas, aspiran la
mayor parte de ellas, por sus métodos e ideologías, a constituirse
en futuro poder de Estado.
El recurso a la lucha armada traduce la transformación de enfrentamiento
de clase en enfrentamiento militar, por una práctica de guerra entre
aparatos especializados, grupos armados y bandas represivas del Estado. La
extensión cotidiana de tales prácticas no demuestra sus éxitos,
al contrario, contribuye al refuerzo de medidas de represión del Capital
y del Estado, quienes después de hacer pagar los gastos de la crisis
a los trabajadores, hacen pesar sobre ellos una represión acentuada.
Y resulta suicida esta práctica cuando no se ha trabajado por la creación
de una capacidad ofensiva en el movimiento obrero. Los anarquistas no creen
que la propaganda por el hecho, concebida como el despertar mítico
de la conciencia del proletariado siempre dispuesto a la réplica, pueda
tener el menor éxito. Si esta línea política se afirmara,
no podría más que profundizar el foso entre activistas y la
población.
La radicalización de los enfrentamientos tiene su punto de partida
tras las grandes esperanzas suscitadas por las luchas de 1968-69, cuando la
creatividad popular chocaba contra el muro de su propia impreparación
a la autogestión, permitiendo el renacer de burocracias neorreformistas
de grupúsculos. La incapacidad de hacer la revolución "enseguida
y a no importa qué precio" ha llevado a numerosos compañeros
y militantes de izquierda o de extrema izquierda a una práctica cotidiana
hecha de compromisos a la sombra de la política parlamentaria, a un
repliegue individualista del "dejad hacer", a un repliegue basado
en una concepción de clandestinidad. Esto es el fruto de concepciones
que sólo pueden conducir a un reformismo oportunista o a un extremismo
militarizado.
Decimos que es hora de empezar de nuevo la actividad del revolucionario en
el terreno que es suyo, en el seno de las luchas de los trabajadores y paralelamente
de darle cuerpo a la propaganda específica anarquista, buscando hacer
reconocer la profunda validez de nuestro pensamiento.
La solidaridad de los anarquistas significa ante todo defender a todos los
que combaten al Capital y al Estado, practicando correctamente la crítica
y no la calumnia hacia estos militantes. Solidaridad y crítica son
los dos aspectos de nuestra ética, porque somos conscientes de que
a partir de la liquidación física de estos militantes, el Estado
emprende el ataque contra todas las actitudes antirreformistas y antiautoritarias.
Los anarquistas afirman que la revolución social es imprescindible
para la instauración de una sociedad sin clases, sin Estado ni patriarcado,
donde la violencia haya desaparecido. Por lo tanto, no creemos que las clases
dominantes renuncien a sus privilegios económicos, sociales y culturales,
sin que estén obligadas a hacerlo. El enfrentamiento violento está
por tanto inscrito en la fase insurreccional, violencia que no puede ser mas
que colectiva, como siempre han sido las revoluciones pasadas.
En tanto que movimiento organizado, el anarquismo debe establecer una estrategia
de lucha, basada en la inteligencia, capaz de analizar con lucidez las lecciones
de la historia y la situación y devenir de nuestra sociedad. En esto
reside el interés fundamental del concepto de acción directa,
ya sea violenta o pacífica, medio de acelerar la toma de conciencia
de las capacidades de auto-organización y de auto-emancipación
colectivas.
Como Errico Malatesta, no estamos de acuerdo con los opuestos a toda violencia
ni con los compañeros partidarios de cualquier violencia. Ni aprobamos
ni condenamos en bloque toda forma de "terrorismo".
Estamos inducidos a constatar que estos actos terroristas son motivados por
otro terrorismo: el que hace prevalecer una clase dirigente sobre el pueblo;
constatamos igualmente que las consecuencias serían negativas o nefastas
sobre el movimiento obrero en general y el movimiento anarquista en particular.
Pensamos que la práctica de la violencia revolucionaria no puede ser
comprendida y aceptada mas que cuando existe paralelamente un potente movimiento
obrero organizado y ampliamente partidario de las ideas libertarias.
Marginalismo
Marginalismo es un término demasiado genérico. Es necesario
que con este término entendamos los fenómenos que abarcan una
vasta capa popular compuesta de jóvenes que, por su elección
ideológica de vida o por las condiciones objetivas en las que están
obligados a vivir, están situados al margen de la sociedad "oficial".
Los marginales no van más allá del rechazo de la sociedad en
la que viven, plantean solamente un problema de resistencia y supervivencia
en el plano individual, buscando refugio en fenómenos como la droga,
el misticismo, etc. Existen no obstante marginales que van más allá
de esta simple "resistencia" y buscan nuevos modelos de vida, nuevos
sistemas de comunicación, nuevos lenguajes y nuevos métodos
liberadores para remontar algunas de las miserias cotidianas.
En el primer caso, existe entre estos marginales potenciales revolucionarios,
si consideramos su práctica de rebelión y de resistencia cotidiana.
En el segundo caso, existe ya un embrión revolucionario libertario.
Si el marginalismo no se plantea el problema esencial de la transformación
social, al menos aporta una enorme contribución al cambio en las relaciones
humanas.
La organización
de la economía
en una sociedad anarquista o durante la etapa
de transición revolucionaria hacia la anarquía
Revolución social libertaria indispensable
La organización de la economía con orientación y finalidad
libertarias y su desarrollo hace indispensable un cambio radical del sistema
capitalista y estatal y asimismo del llamado comunista de Estado imbuido de
todos los principios marxistas-leninistas. Este cambio implica necesariamente
abolir y superar ambos y asentar las bases fundamentales de la nueva economía
y de la sociedad anarquista o del verdadero socialismo en marcha hacia ella.
Ni la sociedad anarquista ni siquiera la comunista libertaria se van a realizar
por arte de encantamiento en un día, ni de manera sincronizada en el
plano mundial, en una fase concreta de la historia universal. La revolución
social no será simultánea en todos y cada uno de los países
del mundo a la vez. Ni tampoco podrá ser uniforme, a base de un tipo
o patrón único, pues las condiciones geográficas, climáticas,
étnicas, demográficas, de desarrollo industrial, de riquezas
naturales, de existencia o no de materias primas, de posibilidades agrícolas,
de ambiente, mentalidad, cultura, etc., influirán en las variantes
constructivas de esta revolución, bajo la influencia libertaria. Según
su implantación y los caracteres específicos señalados,
el sistema aparecerá en cada país con estructuras nuevas bajo
perfiles y aspectos múltiples y diversos, en una búsqueda incesante
de perfeccionamiento y armonía.
Las características esenciales de la sociedad anarquista y de los medios
y procedimientos prácticos y eficaces para llegar a ella, deben manifestarse
clara y vigorosamente para prender en la realidad desde hoy con miras a las
eclosiones futuras.
La finalidad de la nueva economía libertaria y de la sociedad anarquista
debe ser la libertad y el bienestar de todos, en un medio de igualdad social
y de solidaridad humana.
Para realizar este fin se hace indispensable la desaparición del Estado,
así como toda dictadura, aunque se llame transitoria. Hay que suprimir
todas las instituciones autoritarias del capitalismo, la propiedad privada,
todas las formas de explotación y de opresión del hombre por
el hombre, las clases sociales, jerarquías, privilegios y el salariado.
Aunque la revolución social en un país no puede ir, desgraciadamente,
en sus primeras fases, más allá de ciertas condiciones determinadas
que impondrán inevitablemente las características del proprio
país y los medios con que el mismo cuente en el momento que estalle
o se produzca aquella, al menos en el orden económico, pues la economía
globalmente considerada no se crea ni desarrolla en un instante, desde el
primer momento, imprimiendo su huella fecunda y su voluntad realizadora firmemente
definida, por parte de los anarquistas se ha de tener la preocupación
de plasmar en la realidad la máxima esencia, realizaciones y desarrollo
libertarios.
El lema debe ser: libertad, pan, vestido, vivienda, cultura y recreo para
todos. "De cada uno según sus posibilidades, a cada uno según
sus necesidades". Habrá que destruir y borrar todos los obstáculos
interiores que se opongan a la libre organización de la sociedad nueva.
No se podrá contar mucho con la solidaridad revolucionaria mundial
apoyando la revolución social del país que fuere, sobre todo
si se presenta con tipología preponderante definidamente anarquista.
Toda ayuda de los bloques mundiales predominantes tenderá a la satelización.
Además, hay que contar que en todo cambio revolucionario profundo se
produce un período de marasmo económico, de tanteo experimental,
de ajuste de las estructuras, y todo ello pone a prueba la capacidad revolucionaria
de un pueblo, sobre todo su capacidad de construir.
Asegurar la existencia y el
libre funcionamiento de la sociedad
Desde el primer momento se hace necesario asegurar la producción, el
abastecimiento, incrementar el rendimiento, la productividad, sin explotar
al hombre productor, sin extenuarle, sin aprisionarle en normas de trabajo
alienadoras.
El triunfo inmediato de la revolución social y su consolidación
y las fases futuras de su desenvolvimiento progresivo dependerán en
mucho de la propia capacitación social, económica, cultural
e ideológica de los trabajadores, de la que podríamos llamar
capacidad específica revolucionaria y libertaria, individual y globalmente
considerada. El factor esencial del orden nuevo debe ser el hombre libre y
consciente de sí mismo.
Ningún tipo de economía, desechando todo cuanto puede suponer
sistema capitalista estatal o comunista de Estado, es consustancial con el
anarquismo.
Nuestro fin es vivir en libertad y hacer todo lo posible para que todos los
seres puedan disfrutar de ella y gozar, en igualdad de condiciones, de cuanto
la Tierra, la naturaleza y el esfuerzo solidario de los hombres pueda proporcionar
a todos y a cada uno indistintamente.
Concepto del anarquismo social
Por las mismas razones nuestra concepción del socialismo integral es
simple y no exhaustiva, ni uniforme en sus posibilidades y modalidades de
aplicación práctica. Y si nuestras preferencias van hacia el
comunismo libertario, como sistema abierto y perfectible, no rechazamos absolutamente,
aparte de los sistemas burgueses y autoritarios, otras modalidades de organización
social, ya sean de tipo mutualista, colectivista, cooperativista, siempre
que quede excluida toda explotación del hombre por el hombre. La libertad
de experimentar diferentes sistemas económicos en una sociedad en vías
de transformación, según principios anárquicos, se debe
asegurar a condición de que una planificación libre y federativamente
elaborada, así como libremente aceptada, garantice la producción
de los bienes necesarios y el funcionamiento normal de los servicios esenciales,
a fin de satisfacer las necesidades de todos según las posibilidades
de la época.
Libertad de experimentación
La experimentación y coexistencia de diferentes tipos de socialización:
mutualista (Proudhon), colectivista (Bakunin-Mella), comunista (Kropotkin-Malatesta),
cooperativista (no comercializados), a escala local, comarcal, regional o
nacional, puede ser posible, dentro del sistema libertario, salvaguardando
el principio anárquico esencialmente antiautoritario, fundamentalmente
autónomo y federalista. Y máxime si se entiende, como es lógico,
que la evolución humana y la de las formas sociales no se estanca y
que ninguna estructura económica podría considerarse definitiva
e inmutable. Crear siempre más libertad, más bienestar, más
abundancia de todo, mayor perfección, y las más óptimas
condiciones para el pleno desarrollo del individuo, del grupo social, del
conjunto humano, tal debe ser la orientación y el fin de la sociedad
anarquista.
Esbozos sociales y económicos del pensamiento libertario
La economía no puede desarrollarse sin base social. Y donde existe
el ser o el grupo humano, surge la sociedad, de la misma convivencia. Las
necesidades de la vida en sociedad hacen que los hombres se vean en la obligación
de buscar un principio regulador para hacerla al menos compatible. Es preciso
un pacto o contrato libre y conscientemente aceptado, y aplicado de igual
forma.
En la concepción anarquista -al menos en la que admite la base organizadora
por pacto libre- el comunismo libertario es el sistema mas adaptado al desarrollo
de una sociedad que quiere vivir sobre los principios citados.
Base de la nueva sociedad: la comuna libre
La idea de comunas independientes para las agrupaciones territoriales y
de grandes federaciones de oficio para las agrupaciones con funciones sociales
-ambas relacionadas y prestándose apoyo para satisfacer las necesidades
de la sociedad- permite a los anarquistas concebir de una manera concreta,
real, la organización posible de una sociedad libre. No hay más
que añadir las agrupaciones por afinidad personal (innumerables, efímeras
o de larga duración, surgiendo según las necesidades del momento
y para todo lo imaginable) agrupaciones que ya vemos surgir en la sociedad
actual, aparte de los grupos políticos y profesionales.
Estas tres maneras de agruparse, entrelazándose como una red, permitirán
la satisfacción de todas las necesidades sociales: el consumo, la producción
y el intercambio; las comunicaciones, la sanidad y la educación; la
protección contra las agresiones, el apoyo mutuo y la defensa del territorio;
en definitiva, la satisfacción de las necesidades científicas,
artísticas, literarias y recreativas. Todo lleno de vida y siempre
listo para responder a nuevas necesidades y a las nuevas influencias del medio
social e intelectual.
Si una sociedad de este tipo se desarrollara en un territorio tan amplio y
poblado que permitiera la necesaria variedad de gustos y necesidades, se corroboraría
que la coacción por la autoridad, sea cual sea, sería inútil.
P. Kropotkin: Ciencia moderna y anarquismo
La piedra angular de la nueva organización social libertaria además
del individuo, del grupo, de la colectividad, del sindicato, es la comuna
libre.
La comuna libre, constituída por todos y cada uno de los ciudadanos,
puede tener la función de coordinación social general, en el
aspecto simplemente administrativo, nunca un papel de poder o de institución
política, sino de servicio social, en el plano local. Sus funciones
deben ajustarse a aquellas resoluciones y decisiones que las propias asambleas
libres comunales hayan tomado de consenso mutuo. De la organización
comunal ha de desterrarse todo autoritarismo y toda burocracia.
Las federaciones comarcales, regionales y nacionales de comunas libres podrán
constituirse en el plano general de un país o zona geográfica
y étnica determinada, y confederarse internacionalmente.
La comuna no debe concentrar en sí el poder político, y menos
militar, que debe desaparecer absolutamente. Ni siquiera poder revolucionario.
Todo poder político debe ser abolido y nadie debe ejercerlo. Tampoco
debe haber en la comuna propiedad económica, que haga de su término
geográfico e histórico un coto cerrado o un feudo. Toda comuna
debe estar abierta a la solidaridad, practicarla y recibirla, basándose
en el principio de que toda riqueza natural, creada o fabricada, todo producto,
herramienta o material, es patrimonio común y permanece a disposición
de todos, siendo su usufructo regulado por las normas colectivas establecidas
por todos libremente.
Del sindicato revolucionario y de sus funciones
El organismo que en la sociedad socialista mejor puede asegurar la organización
del trabajo, es el sindicato de carácter sindicalista revolucionario,
constituido por los trabajadores libres de la industria, del campo, de la
mina, de los laboratorios, de los centros de investigación, los de
especialidades técnicas. Los sindicatos, agrupados por ramos de industrias,
en federaciones locales, comarcales, regionales, nacionales e internacionales
y administrando directamente, bajo su responsable control, fábricas,
talleres, campos, minas, puertos, institutos científicos y tecnológicos,
son organismos aptos para asegurar la producción de todos los artículos
y cosas indispensables a la sociedad y a sus componentes, a tenor de las necesidades
que se hagan sentir y se presenten, persiguiendo el objetivo de crear la abundancia
con la aportación de cada uno al esfuerzo común, según
sus fuerzas y capacidades y sin explotación de nadie ni privilegio
alguno. Todos los recursos materiales, económicos y técnicos,
los artículos manufacturados, los productos agrícolas, ganaderos,
de pesca, etc., habrán de ponerse a disposición de todos, por
medio de los organismos adecuados, para la distribución, el cambio
y el reparto más equitativos.
Las federaciones de sindicatos podrán formarse por categorías
de producción, ya sea industrial, agrícola, etc., o de servicios
públicos: correos, comunicaciones, transporte y demás.
La revolución social, con la desaparición de la burguesía
y de las estructuras capitalistas y autoritarias, deberá establecer
un nuevo orden económico, que implicará necesariamente otras
modalidades de trabajo, reajuste de fabricación, reconversiones profesionales,
especialidades distintas de producción.
Los sindicatos por profesión o industria tampoco habrán de disponer
de poder político ni de propiedad de fábrica, de maquinaria
o de productos elaborados. No se debe dejar germinar la propiedad corporativa
en la sociedad anarquista o comunista libertaria.
La autogestión ha de tener por base asegurar la mayor y más
racional organización del trabajo y la función productiva, controladas
por un elevado sentido de responsabilidad individual y profesional consciente
y voluntario.
Los comités o comisiones de autogestión de fábrica, empresa,
taller o colectividad productora serán nombrados directamente por el
propio personal ocupado en las mismas estando sujetos a renovaciones periódicas
y siendo revocables en todo momento.
La burocracia debe desterrarse de los comités y de todas partes. Al
mismo personal técnico no ha de conferírsele, en ninguna circunstancia,
categoría de mando.
Nos manifestamos contrarios a admitir el principio de "todo el poder
a los sindicatos", como el de concederlo a cualquier persona técnica
o especializada, encargada responsablemente de un trabajo, quien deberá
considerar a los demás trabajadores en un plano de igualdad moral y
efectiva, como hombres y como productores, cooperando en las labores de una
empresa común al servicio del bien general.
Sobre el salario o remuneración
Si los anarquistas nos hemos fijado como finalidad el suprimir la explotación
del hombre por el hombre, el abolir las clases y el salariado, lógicamente
no podríamos pronunciarnos por el mantenimiento de un tipo de salario
o de categorías salariales por el trabajo efectuado.
Indudablemente son muchos y numerosos los problemas que supone la supresión
del salario. Y buscar procedimientos de remuneración por concepto de
trabajo o unidades y especialidades del mismo, tampoco sería una solución
libertaria y todavía menos compatible con un alto sentido de justicia
y de solidaridad humana.
Partiendo de este razonamiento, nos manifestamos partidarios de la aplicación
del principio "de cada uno según sus posibilidades, a cada uno
según sus necesidades", considerando que el trabajo de cada uno
le da derecho a la satisfacción de sus necesidades personales y a procurarse
libremente el abastecimiento de cuanto sea indispensable, en los almacenes,
cooperativas o centros de distribución común.
El hecho de ser trabajador o productor -como los enfermos, inválidos,
ancianos o niños- dará derecho a beneficiarse de todos los servicios
comunes. La socialización de los mismos, como también los de
la vivienda, sanidad, espectáculo y recreo, ha de considerarse como
una de las fórmulas más accesibles para atender este objetivo.
Cada ser humano válido debe tener asegurada una plaza, un empleo, en
la organización común o colectiva del trabajo. Es un derecho
inalienable e imprescindible reconocido y establecido por la sociedad anarquista,
por la nueva organización social comunista libertaria.
Distribución y consumo
El fin de la organización social que defendemos y preconizamos, no
debe ser el beneficio o el provecho industrial o comercial, manipulado o monopolizado
por un grupo, clan, entidad u organismo cualquiera, sino el bien común,
dentro de la federación o asociación de comunas libres y solidarias.
Por otra parte entendemos que las formas y mecanismos económicos de
la sociedad anarquista no deben encajarse en una rígida armadura, en
un régimen monolítico y de estructuras inamovibles.
Respetando el principio fundamental de no explotación del hombre por
el hombre, de comunidad de riquezas, bienes, tierras, máquinas y productos,
todo ha de ser puesto a la disposición, consumo y utilización
individual y común.
Y así la libertad, el pan, la cultura y la independencia dentro de
la unión solidaria quedarán mejor garantizados y asegurados
para todos.
La distribución general coordinada y detallada de productos agrícolas
y manufacturados podrá ser asegurada por las asociaciones o federaciones
de consumidores, mediante almacenes de abastecimientos y suministros al por
mayor, donde los sindicatos de producción y colectividades podrán
suministrar y depositar los productos, y por medio de las cooperativas de
consumo y de los economatos o centros calificados para la distribución
al consumidor, exentos de todo mercantilismo.
Organismos de la revolución: las colectividades
Las colectividades de producción, y hasta las mixtas de producción
y consumo, sobre todo en el medio rural, pueden ser también un factor
importante entre los medios eficaces de asentamiento de la nueva economía,
como organismos vitales funcionando sobre el principio de libre cooperación
en la nueva economía solidaria, sin mercantilismos ni competencias.
Hasta la fecha, experimentalmente, como ejemplo práctico y eficaz de
realización colectivista-comunista, puede ofrecerse el de las colectividades
de tipo libertario durante la Revolución española, en una situación
dada de trascendental realismo histórico, manifestándose como
organismos eficaces para asegurar el desarrollo económico de un pueblo,
sobre todo porque funcionaron vinculadas a los sindicatos y demás organismos
comunales, complementarios unos de otros y atendiendo las necesidades económicas
y sociales de la nueva sociedad.
Consejos económicos y sociales
Para completar las informaciones y las acciones necesarias para el buen funcionamiento
de esta economía, se pueden añadir a estas colectividades consejos
de economía de ámbito local, regional y nacional. El conjunto
desembocaría en el consejo general de la economía nacional federada.
Estos organismos permitirán una organización más perfecta,
una mejor coordinación de las informaciones sobre experiencias nuevas
y mayores posibilidades para el desarrollo económico y la explotación
de nuevas riquezas en común.
Los consejos económicos no tendrán más que un carácter
consultivo y de investigación, jamás ejecutivo.
Los componentes de estos consejos, que podrían ser denominados consejos
sociales y económicos, serán designados con carácter
temporal y revocable. Podrán ser elegidos por la comuna, los sindicatos,
las cooperativas y centros de consumo, los organismos técnicos y culturales.
Podemos citar los siguientes consejos sociales y económicos: alimentación,
vivienda, vestido, producción, agricultura, minería, pesca,
transporte, comunicaciones, prensa, ediciones, industria metalúrgica
y siderúrgica, agua, electricidad, energía, industrias químicas
y los diversos ramos del vidrio, la cerámica, la madera, la construcción,
la sanidad, la cultura, artes y oficios, ciencia, investigación, técnica,
intercambios, relaciones exteriores, importación y exportación.
Todos estos consejos conforman, con sus diversas ramificaciones y sin ningún
tipo de centralismo, un consejo general de coordinación y solidaridad.
Este consejo funcionará de abajo a arriba y sin ninguna función
ejecutiva.
Por descontado que esta lista de posibles consejos no es definitiva: según
las necesidades de las diversas especialidades se crearán los consejos
oportunos; todo de común acuerdo entre los interesados, directamente
y sin ninguna imposición.
Consideraciones generales
Al esbozar esta serie de fórmulas lo hacemos con la preocupación
principal de evitar las influencias y reminiscencias autoritarias, las tendencias
centralizadoras y el deseo de dar a la libertad, a la autonomía, contenido
vivaz, estructurado, funcional, práctico y estimulante para un progreso
incesante.
Tomamos al ser humano como fundamento de la dinámica social, considerándolo
como unidad autónoma asociado voluntariamente a la comunidad.
En las etapas de realización del comunismo libertario, cuando la producción
todavía sea insuficiente, será necesario regular la distribución
lo más racional y justo que sea posible.
Durante cierto tiempo se puede mantener un sistema de remuneración,
siempre que sea igualitario, ya que de otra forma resurgirían el egoísmo
y la desigualdad y, a la larga, se caería en la injusticia, el rencor
y volvería la desigualdad.
La existencia del dinero, tan controvertida, debe acabar. Con el establecimiento
de un sistema de bonos se evitará la centralización de un organismo
de tipo bancario. Estos bonos, emitidos por la comuna, no deben tener un valor
de adquisición general.
Hay que evitar la acumulación, de la naturaleza que sea. Acumulación
de una comuna, de una colectividad o de una empresa poderosa, una región
más desarrollada, así como la centralización y el monopolio.
Cuando se haga sentir la necesidad de un plan económico general, no
se podrá realizar más que por el acuerdo de todas las partes
interesadas. Pues si la voluntad general se manifiesta y se impone, con la
omnipotencia de un poder eficaz e indiscutible, se crearían las condiciones
para que se diera un nuevo régimen de opresión, surgiendo la
revuelta como reacción defensiva inevitable.
La sociedad debe ser como un organismo vivo en el que todos los órganos
cumplen sus funciones para asegurar la vida. Pero con la diferencia esencial
de que en este organismo social el hombre se manifiesta de forma autónoma,
contribuyendo con su individualidad a enriquecerlo, a darle vida y conciencia
con su inteligencia, su razón y sus conocimientos; dándole un
desarrollo armonioso y creciente.
Lejos de nosotros la idea de definir de manera inmutable las bases sociales,
éticas y económicas del anarquismo. Nuestras definiciones escapan
al menos de un gran peligro: no utilizamos la palabra política a causa
de las confusiones que puede provocar.
Sabemos que la historia no sigue una línea continua ascendente sino
que avanza de forma discontinua resolviendo sus contradicciones. Las formas
sociales y el desarrollo del pensamiento humano pasan y se renuevan sin parar.
La propia dialéctica de la vida crea el germen que hace avanzar a la
humanidad.
Conscientes de ello, nosotros, anarquistas, luchamos por los logros sociales
y mantenemos vivo y activo el espíritu revolucionario. No trazamos
límites a este desarrollo.
Perspectivas de
transformación
social y lucha anarquista
Para la Internacional de Federaciones Anarquistas la realidad social actual,
en el Este como en el Oeste, en el Norte como en el Sur, se estructura a la
vez alrededor de la explotación del hombre por el hombre y de la opresión
del hombre por el hombre.
Pensamos que un cambio social pasa de forma ineludible por un cambio económico
y por consiguiente por la destrucción de la estructura económica
del capitalismo. Pero pensamos igualmente que nuestra intervención
en el terreno económico, en la fábrica, en la oficina, en el
campo, debe integrar todas las luchas tendentes a cambiar la vida en un sentido
libertario (antimilitarismo, luchas contra la opresión religiosa, ecología,
luchas de las mujeres, luchas de liberación sexual...).
El combate de la IFA se apresta a destruir las estructuras económicas,
políticas, sociales, ideológicas... del capitalismo, a multiplicar
las alternativas a este sistema en el plano económico, político,
social... para que, una vez destruida la estructura económica del capitalismo,
estas alternativas, que hoy no pueden resultar más que embrionarias,
puedan abrazar la totalidad del campo social y estructurar la construcción
del mundo nuevo que llevamos actualmente en nuestros corazones.
Antimilitarismo
La militarización no se reduce al sólo problema del ejército
o de la guerra. Hoy, en el Este como en el Oeste, la militarización
abarca la totalidad del espectro social (refuerzo de los cuerpos represivos,
de las instituciones estatales, del autoritarismo, de la jerarquía...
en la vida social).
Por ello estamos contra todos los ejércitos, contra todos los imperialismos
- tanto los grandes (USA, URSS) como los pequeños (Europa, Sudeste
asiático...).
Por ello no creemos en tratados de paz o de desarme establecidos entre los
Estados.
Por ello, asimismo, creemos en la solidaridad internacionalista de los pueblos
que se desembaracen del capitalismo y del Estado.
Por ello nuestro antimilitarismo se sitúa en el interior y en el exterior
de los cuarteles.
Ecología y nucleares
El capitalismo, privado o estatal, no se contenta con explotar y oprimir a
los hombres. Explota igualmente la naturaleza hasta destruir las condiciones
mismas de la vida (aniquilación de los recursos naturales, poluciones
de todas clases...).
Por ello oponemos a esta lógica un sistema donde la producción
estaría basada en las necesidades reales de la gente. Este sistema,
que excluiría el despilfarro energético, no tendría ninguna
necesidad de energía nuclear.
Por ello oponemos a la lógica actual un sistema autogestionario basado
en el federalismo. En efecto: un sistema autogestionario federal no tendría
ninguna necesidad de una producción energética centralizada,
en la que las nucleares son el ejemplo típico.
Ateísmo
Las religiones, confesionales y laicas, por su creencia absoluta en un ser
supremo o en un paraíso futuro, son un obstáculo para el cambio
de la realidad social actual. Siempre hay un contacto estrecho entre las religiones
y el poder. Actualmente las ideas laicas están de capa caída
y las religiones confesionales, por medio de un vistoso aparato externo, aprovechan
para captar a una nueva juventud.
Por ello rechazamos todas las religiones y combatimos las estructuras de alienación
que ellas vehiculan.
Educación
La escuela, privada o estatal, tiene como objetivo, en tanto que institución,
el mantenimiento y consolidación de la estructura social dominante.
Lo realiza con la imagen de una educación muy determinada que considera
al individuo y al niño como una esponja.
La escuela produce una ideología; su función es permitir al
niño insertarse en el sistema existente.
El objetivo final de la educación actual no es ayudar al individuo
a ser feliz, sino hacerle aceptar la explotación y la opresión
que sufre. Los anarquistas han creado, desde hace mucho tiempo, espacios de
autogestión del saber, de desenvolvimiento autónomo del niño,
de permisividad sexual...
Estas experiencias de educación libertaria permiten al niño
expansionarse libremente y desarrollar la autogestión de su propia
vida, no han querido ser jamás "islas de libertad" en un
océano de opresión. Todas se han producido en relación
estrecha con los momentos de lucha contra el capital, el Estado, la Iglesia,
etc. No son utopías, sino elementos de un enfrentamiento social e instantes
de madurez de la humanidad en marcha hacia su emancipación.
Opresión sexual
La sociedad capitalista (en el Este como en el Oeste) es una institución
patriarcal, dominada por los valores del machismo (opresión de la mujer
por el hombre, asimilación de comportamientos no conformes con las
normas del machismo como desviaciones: homosexualidad...). El poder (Estado,
religión, etc.) produce y explota esta situación que le permite
dividir a los explotados y oprimidos.
La IFA, que está por la libertad y la igualdad entre todos los individuos,
rechaza y combate toda discriminación y opresión sexual.
Por ello, estamos por la abolición de la familia patriarcal en tanto
que institución y por la reconstrucción de relaciones humanas
basadas en el libre acuerdo.
Por ello la IFA denuncia y se opone a todas las violencias sexuales hachas
contra las mujeres. La IFA lucha para que las mujeres en el mundo entero puedan
disponer libremente de su cuerpo (contracepción e interrupción
voluntaria del embarazo libre y gratuitamente) y de su porvenir (igualdad
económica y social).
Racismo
El capitalismo, privado o estatal, coloca siempre los problemas de las diferencias
entre los individuos en términos de desigualdad. Y esto con el fin
de dividir a los explotados y oprimidos. Actualmente, y no por casualidad
pues la crisis económica se muerde la cola, el racismo encuentra un
nuevo vigor. La IFA afirma que el racismo no es más que una consecuencia
de la división de la sociedad en clases.
Por ello combate todos los racismos y proclama que, por encima de las diferencias
que pudieren existir entre los seres humanos, todos son iguales.
Antiestatismo y federalismo
El sistema capitalista, ya sea privado o estatal, es una fórmula por
la que se explota y oprime a la mayoría. La institución estatal
es uno de los métodos que le permiten reprimir a los explotados y oprimidos
y, de esa manera, perpetuarse. La institución estatal es a la vez causa
y efecto de la división social.
Por ello la IFA quiere destruir el capitalismo y el Estado por medio de la
acción directa, de la autogestión de las luchas, del antiparlamentarismo,
de la insurrección, etc. Lucha en favor de un sistema social federal
basado en la libre relación de los individuos y los grupos sociales:
el comunismo libertario.
Posición
de los anarquistas
sobre el movimiento obrero
La IFA constata que el movimiento obrero organizado juega un papel preponderante
no solamente en el desarrollo de las reivindicaciones inmediatas, sino también
en la creación, en el seno mismo de la sociedad capitalista, lo que
mañana serán las formas revolucionarias de la sociedad futura.
Fueron los sindicatos, en España y otros países que han atravesado
períodos revolucionarios, los instrumentos más adecuados para
la reconstrucción social.
Los hechos históricos muestran que aún cuando el sindicalismo
se limite a una función puramente defensiva de los intereses de la
clase obrera, éste se enfrenta con el capitalismo y con el Estado,
y se ve obligado a hacer frente a situaciones revolucionarias.
Debemos también señalar la situación de una buena parte
del movimiento obrero caído en numerosos países en el reformismo
que, de hecho, ha convertido a los sindicatos en instrumentos del Estado y
del capitalismo privado o estatal. Señalamos, para ilustrar esta comprobación,
lo que son algunos sindicatos en los países del Este, en los Estados
Unidos, en las diversas repúblicas de América Latina y en otros
países. A esto debemos añadir la dependencia en que se encuentran
numerosas centrales sindicales, dirigidas y dominadas unas por los partidos
políticos, otras por la Iglesia.
La IFA declara que los anarquistas no han jugado nunca en las organizaciones
sindicales un papel director o de mando, ni siquiera en los países
en que ellos consiguieron crear organizaciones o sindicatos anarcosindicalistas.
Los anarquistas trabajan como obreros manuales o intelectuales en el seno
de los sindicatos, e intentan convencer a los trabajadores por la propaganda
y por el ejemplo, orientándoles en el sentido revolucionario, mostrándoles
el camino a seguir para llegar a la emancipación integral, respetando
siempre la plena independencia de las organizaciones.
En este sentido es preciso reconocer la obra realizada por las organizaciones
sindicales en España, en Bulgaria, en Italia, en Argentina, en Francia
(no debemos olvidar que la CGT fue fundada por los sindicalistas revolucionarios),
y en otros países, antes de la Primera Guerra Mundial. La AIT, continuadora
de la Primera Internacional, aunque aminorada por la destrucción de
alguna de sus secciones por el fascismo y el autoritarismo, continuó
defendiendo los principios y las tácticas de la Primera Internacional,
siendo la sola organización de carácter sindical internacional
que haya escapado a las desviaciones reformistas o totalitarias.
La IFA emplaza a sus federaciones adherentes a participar en las luchas obreras
bajo todas las formas correspondientes a la realidad de cada país.
Esta participación no podrá naturalmente desenvolverse más
que sobre la base de los principios generales del anarquismo, es decir, acción
directa, federalismo y finalidad de revolución social libertaria.
Partiendo del principio de acción directa, entendiendo por tal la solución
de los conflictos entre el capital y el trabajo tratando directamente patronos
y obreros, prescindiendo de la mediación de cualquier burocracia o
autoridad. La IFA aconseja que los compañeros de las diferentes federaciones
no realicen trabajos de gestión o burocráticos remunerados en
el seno de los sindicatos.
A partir de las situaciones en que cada sección de la IFA se desenvuelva,
ésta acción podrá ser de las siguientes formas:
-Acción en los sindicatos anarcosindicalistas miembros de la Asociación
Internacional de los Trabajadores, AIT.
-Acción no burocrática en otras organizaciones sindicales con
objeto de desarrollar concepciones anarcosindicalistas.
-Acción en los comités de lucha, consejos obreros u organizaciones
de parados y de trabajadores precarios, con objeto de crear un movimiento
autónomo autogestionario.
Las federaciones de la IFA no perderán de vista la necesaria solidaridad
en consideración a los compañeros de otras secciones de la IFA
en las luchas obreras que impulsen. Las federaciones de la IFA se comprometen
a sostener con su solidaridad a las secciones de la AIT y a los movimientos
sociales que puedan surgir, siempre que éstos desarrollen una actuación
anarquista en las luchas obreras.
La IFA constata, a través de los hechos, que cuando las masas laboriosas
están reunidas en organizaciones sindicales independientes y con finalidad
revolucionaria, y que también, cuando los anarquistas puedan apoyarse
en la acción obrera e impulsando otros movimientos sociales, será
posible transformar la condición social de los trabajadores y de todos
los seres humanos en general.
Aspectos de la dominación y la explotación mundiales
La mundialización del capitalismo y la puesta en marcha de organizaciones
estatistas supranacionales (FMI, Banco Mundial, etc.) no se han producido
para satisfacer las necesidades de la humanidad. No están concebidas
ni estructuradas para ser controladas por la población mundial.
En el plano económico, este sistema está sostenido por un número
cada vez más restringido de empresas que constituyen oligopolios: las
multinacionales. Estas orientan y rigen el sistema económico mundial,
evidentemente para obtener el máximo de beneficios.
Para lograrlo se apoyan en la capacidad de control social, militar, policial
y religioso de los Estados y en el control ideológico ejercido por
los medios de comunicación. Estos controles garantizan de hecho la
estabilidad política y, por tanto, la estabilidad económica.
La mundialización del capitalismo es el logro a escala mundial del
movimiento secular de concentración de capital inherente a todo sistema
de competencia. Hoy asistimos a un crecimiento global de los intercambios
comerciales y financieros en el planeta. No obstante, este crecimiento global
permanece al menos en parte en el dominio de lo virtual, concerniendo únicamente
a los títulos de propiedad financieros (obligaciones y acciones) y
a la moneda.
Se constata en efecto una cierta desconexión entre, por una parte,
los intercambios financieros organizados a escala planetaria y, por otra,
los intercambios comerciales y un sistema productivo más o menos estructurado
a escala continental. Esto revela las tensiones de competencia que existen
a escala planetaria por el control de la producción y los intercambios.
Por otra parte, esta economía de "casino" nos hace pasar
de un capitalismo con crisis de producción más o menos cíclicas
a un capitalismo de crisis permanente.
Lejos de desembocar en un sistema monolítico, en la constitución
de algunas superempresas fordistas, este movimiento se ha dotado de una estructura
extremadamente flexible y móvil. El aumento del poder de los holdings
va parejo con un desarrollo de las pequeñas y medianas empresas. Esto
no significa que se esté asistiendo a la puesta en marcha de una economía
a dos niveles. Desde la más pequeña de las empresas hasta el
holding más poderoso, existen vínculos, pero, como debe ser
en el sistema capitalista, esos vínculos son las relaciones de dominación
y explotación.
El sistema económico actual es un sistema de explotación en
cascada. Este mecanismo no es nuevo. Ya había sido puesto de relieve
por Elisée Reclus a finales del siglo XIX a propósito de la
explotación colonial de los indios por los capitalistas británicos
a través de los marajás hindúes. De hecho el sistema
capitalista se basa en una jerarquización de los estatus sociales y
los ingresos.
La mundialización del capitalismo no reduce en absoluto las diferencias
entre zonas geográficas ni entre clases sociales. Lejos de unificar
el planeta y la sociedad en una mítica sociedad de consumo y una hipotética
clase media, la mundialización del capitalismo genera de hecho una
fragmentación sin precedentes entre espacios geográficos y clases.
Acentúa las desigualdades económicas y sociales, incrementa
el número de proletarios y los empobrece cada vez más.
En resumen, la mundialización del capitalismo genera un sistema de
explotación complejo, generalizado en el conjunto del planeta, basado
en relaciones de clases y de poder, oponiendo el proletariado (los que sólo
tienen su fuerza de trabajo) a la burguesía (los que poseen y controlan
los medios de producción y de intercambio), pero también enfrenta
a los proletarios entre ellos y a las diferentes facciones de la burguesía
entre sí.
Sin duda, la burguesía de la triada (América del Norte, Europa
Occidental y Asia del Sudeste) domina actualmente el sistema capitalista mundial.
Explota al conjunto del planeta en función de los beneficios que pueda
obtener de él. No obstante, para lograrlo, no están solos en
el mundo. Se apoyan en una red espesa de burguesías locales presentes
en todos los países, tanto los de la triada como los demás.
Esta jerarquía global no está determinada del todo. Las relaciones
de fuerza que existen en el seno de los diferentes estratos de la burguesía
no están fijadas para siempre. Las nuevas burguesías pueden
surgir tanto a nivel local como a escala internacional. En este último
caso, se incorporan simplemente a las oligarquías existentes, se convierten
por un tiempo en las nuevas dominadoras del mundo.
En definitiva, en lo que concierne a la situación mundial, pensamos
que es muy importante subrayar los siguientes puntos:
1.- La competencia económica mundial y la reducción de los márgenes
de maniobra de las empresas se acentúan paralelamente provocando el
deterioro de las condiciones de vida de las clases sociales proletarias, pobres
o marginadas por todo el mundo. La desigualdad social aumenta, incluidos los
países llamados desarrollados.
En la situación actual, el mantenimiento del sistema capitalista depende
cada vez más del consumo de la mercancía bélica, de las
guerras y siempre las guerras. A pesar de las instancias supranacionales (Unión
Europea, ALEAN, ASEAN, etc.), el desarrollo de la ideología y las políticas
nacionalistas, militaristas y racistas es una necesidad vital del sistema
capitalista en su época actual para dividir y crear rivalidades en
el proletariado del planeta.
2.- La situación de dependencia en la que se encuentran todas las regiones
del planeta frente al mercado capitalista mundial y el nivel de centralización
alcanzado por la economía capitalista han transformado el nacionalismo
"revolucionario" tercermundista en un simple instrumento de las
luchas interimperialistas.
3.- En este período de totalitarismo democrático-mercantil,
se asiste a una deriva completa de las diferentes corrientes del "socialismo"
autoritario o estatista (la derecha y la izquierda se confunden y son intercambiables)
y a la transformación de los sindicatos burocrático-reformistas
en instrumentos de aplicación de los planes represivos de los gobernantes
y los capitalistas. Es decir, en instrumentos de la contrarrevolución.
Los sindicatos reformistas, retomando en esto el papel ancestral de las religiones,
vienen a gestionar ellos solos o con estas últimas la asistencia pública
social, es decir, una parte del control social.
Debemos hacer una crítica radical, rechazando el modelo sindical impuesto
por los Estados, basándonos en una propaganda que los denuncie constantemente.
Debemos defender un modelo sindical diferente, basado en las asambleas generales
de los trabajadores, en la acción directa y la solidaridad, así
como en el apoyo a las diferentes iniciativas que puedan aparecer con vistas
a crear organizaciones anarcosindicalistas por el mundo.
En este período, el capitalismo recupera todas las luchas sectoriales,
transformándolas en simples piezas de teatro políticas o politico-"revolucionarias".
4.- Particularmente en los países de la periferia del capitalismo mundial,
la democracia representativa y el reformismo son, en el periodo actual, medios
decisivos para impedir la eclosión y el desarrollo de la guerra social
de los explotados y los oprimidos contra los explotadores y los opresores.
La democracia y el reformismo son las dos grandes armas ideológico-políticas
de los centros dirigentes del capitalismo mundial.
5.- En el marco actual del capitalismo, los problemas ecológicos, sin
duda muy graves, tienen aún tendencia a agravarse más. Sin embargo,
los proletarios no pueden ser considerados responsables del deterioro del
medio ambiente. La responsabilidad es de todos los que gestionan el sistema
económico: los capitalistas.
6.- La organización de la violencia contrarrevolucionaria constituye
uno de los objetivos prioritarios del conjunto de los gobiernos totalitarios,
fascistas o democráticos, de izquierda o de derecha, en el periodo
actual.
7.- Los problemas económicos y sociales de las clases pobres y proletarias,
así como el conjunto de las consecuencias de la guerra económica
entre capitalistas, constituyen la base sobre la que puede fundarse una guerra
social, oponiendo directamente a los pobres y a los gobernados a las clases
gobernantes y explotadoras. Eso nos conducirá a la revolución
mundial anarquista.
El combate de ideas es indispensable para unir a los proletarios contra la
burguesía, pero no basta por sí solo. Debemos también
favorecer la formación de organizaciones de lucha múltiples
y plurales. No obstante, no puede tratarse de un esfuerzo único que
pretenda construir un solo tipo de organización. Debemos favorecer
la creación y el desarrollo de un conjunto coherente de estructuras
específicamente anarquistas, pero también sindicales, territoriales
(comités de barrio y de municipio) y de los diversos sectores de lucha
(organización de mujeres, de jóvenes, antimilitarista, anticlerical
y antirreligioso, etc.), respondiendo a las diferentes preocupaciones del
proletariado.
Al igual que la lucha sindical no debe conducir al reformismo sindical, está
claro que las luchas ecologistas y territoriales (especialmente municipales)
no deben en ningún caso confundirse con la simple lucha medioambiental
o con la participación en elecciones locales, a las que nos oponemos
como quiera que sean.
El movimiento libertario internacional
El Congreso de la Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA) reunido
en Besançon reafirma que el anarquismo sigue siendo una respuesta actual
y adecuada a los problemas sociales mundiales.
El anarquismo, si quiere integrarse en su entorno, no debe olvidar que éste
evoluciona constantemente con la realidad social y debe definir su estrategia
de acción y su práctica de acuerdo con esta misma realidad.
La opresión y la explotación no conocen fronteras: el problema
social sólo puede resolverse a escala mundial. Por esta razón
los anarquistas organizados se han dotado de un medio apropiado: la Internacional
de Federaciones Anarquistas.
Consideramos unánimemente que la IFA no puede ser un fin en sí
misma. Es un instrumento de coordinación para las luchas y, por esta
razón, tiene que contribuir a federar al conjunto del movimiento anarquista
internacional.
El aumento de las adhesiones a la IFA, así como la aparición
de nuevas realidades que ven con interés las propuestas de la IFA,
son una señal de la vitalidad del anarquismo social y organizativo.
La IFA es una organización federalista, cuya vitalidad reside en los
grupos locales, cuyo desarrollo autónomo es garantía de libertad
y de capacidad para desarrollar luchas eficaces sobre el terreno, donde cada
uno traza el camino que considera más en consonancia con el crecimiento
de la opción anarquista dentro del ámbito social en que trabaja.
El impulso dado al anarquismo al surgir nuevos movimientos de lucha social
y cultural ha producido, sin duda, un crecimiento tanto en la cantidad como
en la capacidad de organizar iniciativas anarquistas, aunque esto no siempre
se ha traducido en una claridad de objetivos y de prácticas libertarias.
Eso demuestra la persistencia de grupos nihilistas carentes de proyecto político,
así como la renovación de las prácticas reformistas y
de colaboración con los organismos de dominación.
Pensamos que las organizaciones anarquistas deben prefigurar la sociedad futura:
no podemos dejar de criticar el principio de las mayorías y de su consecuencia,
la lógica electoral, crítica que ha sido básica en el
anarquismo desde su nacimiento en el Congreso de Saint-Imier en 1872.
Reforzando nuestros lazos, los intercambios, nuestra cooperación con
las diferentes organizaciones anarquistas, en el marco del pacto asociativo
de nuestra Internacional, podemos construir un anarquismo social más
en sintonía con el mundo contemporáneo.
Reafirmamos la importancia de desarrollar prácticas autogestionarias
y horizontales alejadas de cualquier concepción vanguardista, ajena
al anarquismo social y organizativo. La emancipación de los explotados
y oprimidos será obra de ellos mismos. La coherencia entre medios y
fines no es solamente una cuestión ética fundamental, también
es el signo distintivo de una organización social libertaria.
Este análisis nos lleva a adoptar una actitud abierta y constructiva
de la IFA hacia los componentes del movimiento anarquista mundial.
Número monográfico
Congresos anarquistas internacionales
Resolución
sobre la actuación
política del proletariado
Bases ideológicas del anarquismo social, organizador y revolucionario
La organización de la economía
Perspectivas
de transformación
social y lucha anarquista
Posición
de los anarquistas
sobre el movimiento obrero