
SECCIONES
Nunca como en la época que nos ha tocado vivir, el anarquista ateo
y librepensador ha precisado del más amplio y profundo conocimiento
de la condición humana. Y no es para menos porque ante la avalancha
de datos, informes, imágenes y experiencias que ha de digerir a diario,
una de dos: o intenta realizar un frío análisis psicológico
de los mismos y sigue en su lucha por muy negras que pinten las expectativas
de futuro, o el impacto brutal que puede causar en su sensibilidad lo que
ha de ver y aguantar le llevará a la neurosis total o a convertirse
en un suicida justiciero y por tanto un enemigo menos para el poder.
Los indiferentes, los ignorantes y sobre todo los interesados dirán
que nuestras palabras son la letra de una canción que aburre de tanto
oírla. Pero, nosotros los anarquistas seguiremos gritándola
día a día en aras de la libertad, la justicia y la dignidad
del ser humano. Qué menos podemos hacer ante los nauseabundos y bochornosos
sucesos de este mes de mayo en el cual se han vuelto a escribir páginas
de ignominia, humillación y muerte en la historia de la "civilización"
humana.
Ahí tenemos al glorioso, depredador y asesino ejercito USA cubriéndose
de gloriosa mierda en las cárceles y calles de Iraq, cumpliendo satisfactoriamente
las "sugerencias" de su no menos genocida gobierno y recuperando
los métodos que ya practicaron intensamente en Vietnam y otros lugares
¿O acaso lo habíamos olvidado ya? Lamentablemente a muchos españoles
nos vuelve a la memoria los nunca desaparecidos recuerdos fascistas, en las
cárceles y campos de concentración del nunca olvidado "invicto
caudillo" y gran asesino de nuestra historia.
Basta que varias familias se reúnan unas horas para celebrar cualquier
fiesta que les haga olvidar por unos momentos su humillante y triste situación
para que los masacren acusándoles de terroristas. ¡Qué
rabia, qué dolor y qué impotencia ver a las criaturas amontonadas
y destrozadas por la metralla! La palabra asesinos dicen que procede del nombre
de una secta que se dedicaba a matar por dinero en la antigüedad. Hoy
no es una secta, es un poderoso ejército, un gobierno fascista, unos
poderes empresariales inmensos y muchos millones de ciudadanos que los apoyan
o consienten lo que hacen, ¿Será "asesinos" la palabra
de la era actual que defina a esta pandilla de criminales?
Para no ser menos, sus alumnos aventajados, el fascista y asesino gobierno
de Israel, envía a su no menos depredador ejército a la caza
de palestinos ¡como si fueran conejos! Política de tierra quemada.
Buenos maestros tuvieron: los métodos nazis que ellos padecieron antes
y durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial ahora los aplican a los
palestinos y con los mismos objetivos que los USA cuando levantaron su "gloriosa"
nación sobre cadáveres y las tierras de las numerosas tribus
indias. ¡Pobre pueblo palestino condenado a desaparecer ante los ojos
de una comunidad política internacional que unas veces por cobardía
y otras por complicidad más o menos encubiertas se cruza de brazos!
Pero
¡basta ya de desgracias!¡Levantemos el corazón!
Lo tenemos levantado, Señor. No todo iba a ser violencia y muerte en
este mayo sangriento. Pongámosle un final feliz. Y qué mejor
final que una boda real. ¡Como en las películas!: "El príncipe
y la corista", perdón Marilín, "el príncipe
y la periodista". Varios miles de invitados en la ceremonia y en el convite:
parásitos de todas las clases y de todos los rincones del mundo; políticos
y sindicalistas trepadores, mercenarios con sus mejores uniformes y sus medallas
al ¿valor?, gente del pueblo que son ¡amigos! De los que roban
y oprimen al pueblo, y como he dicho antes ¡sindicalistas también!
Banqueros, empresarios y demás sanguijuelas. Realezas parasitarias,
en fin, todos aquellos que viven del sudor de los trabajadores y trabajadoras.
Claro que tanto parásito reunido podía despertar los instintos
justicieros de algún loco o locos terroristas revolucionarios, así
que para evitar cualquier susto que les pudiera aguar la fiesta tan güay
qué mejor que tomar la ciudad con un ejército de policías
de todo tipo y declarar sospechosos mientras no se demuestre lo contrario
a sus cuatro millones de habitantes y potenciados terroristas a cualquiera
que viniera de fuera. ¿O es que algún ingenuo cree que incluso
los que de buen grado fueron a aplaudir y vitorear a tanto parásito,
famoso o famosillo, no estaban siendo observados como si fuesen potenciales
asesinos?
Tan fastuosa boda podían haberla celebrado en alguna de las innumerables
fincas que poseen algunos de sus amíguetes a lo ancho y largo del territorio,
llevarse allí a todos los invitados y de forma discreta montar la ceremonia,
el convite y los postres, con los cuerpos bien alegres por los efluvios etílicos
darles una escopeta y una canana a cada invitado y como fin de fiesta organizar
un ojeo dentro de los limites de la finca. Casi seguro que algún pajarraco
o alguna zorra caía.
Pero no, tenían que demostrarnos quién manda aquí, dónde
están ellos y cuál es el lugar que le corresponde al pueblo
¿soberano? Lo dicho: Son unos miserables.
Retrospectiva del humanitarismo asesino
Las mujeres son las primeras víctimas en cualquier guerra. La violación
y el abuso degradante son el sello identificativo de los ejércitos
de cualquier país, ideológicamente imbuidos de las actitudes
patriarcales más rancias. Pero la acusación de violación
ha servido a veces como parte esencial de la propaganda de guerra. Las grandes
corporaciones mediáticas se han hecho eco de ello sin examinar las
fuentes cuando así ha interesado. El caso de la guerra de destrucción
de la federación yugoslava es un buen ejemplo. La revista MS publicó
un reportaje que acusaba a las fuerzas serbo-bosnias de realizar violaciones
para producir vídeos pornográficos. Las películas nunca
fueron encontradas y ninguna organización de observadores independientes
apoyó las acusaciones. Medios como el Warburton Report o el New York
Times dieron, desde enero de 1993, cifras en torno a las 200.000 mujeres musulmanas
violadas como estrategia de guerra serbia. Un miembro disidente de su propio
equipo de investigación, antigua ministra francesa y expresidenta del
parlamento europeo, Simone Veil, afirmó que la estimación estaba
basada en entrevistas con cuatro víctimas (dos hombres y dos mujeres).
El New York Times del 19 de octubre de 1993 afirmaba que la única fuente
de información sobre la cifra de 200.000 víctimas era el ministro
de sanidad croata en Zagreb. En la misma línea intoxicadora un titular
del 15 de enero del New York Times decía: "Una niña de
dos meses hija de una adolescente musulmana después de haber sido violada
en un campo de detención serbio". En ese momento la guerra no
había cumplido los nueve meses. En aquella situación la propaganda
fue recogida y amplificada por colectivos sociales que decían defender
los derechos y libertades de la mujer, lo que produjo una sensación
de veracidad en la opinión pública respecto a lo que no eran
más que mentiras planificadas.
El 6 de mayo de este año, Amnistía Internacional hizo pública
una denuncia contra la policía internacional y los efectivos de la
ONU y la OTAN desplegados en Kosovo. Al parecer se están dedicando
al desarrollo de la industria del sexo traducida en el tráfico de mujeres
obligadas a ejercer la prostitución. Textualmente: "Mujeres y
niñas son vendidas a la esclavitud. Son amenazadas, golpeadas, violadas
y efectivamente encerradas por sus dueños. Con clientes entre los que
se encuentran la policía internacional y soldados (ONU y OTAN), las
niñas y mujeres a menudo están demasiado asustadas para escapar."
Hay que tener en cuenta que siendo un 2 por 100 de la población, las
fuerzas "de paz" alcanzan un 20 por 100 de la clientela. El silencio
de las organizaciones feministas y de gran parte de aquellas dedicadas al
respeto de los derechos humanos en general es patente a diferencia del ejemplo
anterior.
Esta actitud de los militares no debería causar sorpresa a tenor de
las experiencias anteriores con los envíos de fuerzas "de paz"
bajo el mando de la ONU o de la OTAN (se trata de los mismos verdugos con
cascos de diferentes colores). El caso de Camboya es especialmente clarificador,
ya que fue la misión más grande y espectacular de Naciones Unidas
en toda su historia. Con el despliegue de miles de funcionarios internacionales
a Phnom Penh, su capital, se multiplicó de forma inmediata la prostitución
en la ciudad. En 1991, justo antes de la entrada de los militares, se había
diagnosticado un caso de sida en todo el país y diez años después
se habla de un 4 por 100 de la población diagnosticada y en aumento.
El responsable de las fuerzas de la ONU, el japonés Yasushi Akashi,
reaccionó al escándalo de la prostitución prohibiendo
aparcar los vehículos blancos con las letras "UN" en azul
delante de los prostíbulos (práctica habitual), se supone que
siguiendo aquella máxima de "lo que no se ve, no existe".
Respecto a las reiteradas peticiones de análisis de seropositividad
a sus soldados contestó: "Todo el mundo, incluso los soldados,
tiene derecho a disfrutar de compañía femenina, y no podemos
discriminar a aquellos que sean seropositivos". Este sujeto fue designado
inmediatamente después como responsable de la misión de la ONU
en Yugoslavia con idénticos criterios.
Al margen de otro tipo de atrocidades que todos conocemos, es interesante
por último volver la vista hacia Afganistán, lugar hacia el
que representantes de la cultura y de la defensa de los valores feministas
de este país dirigieron por un momento su voz con el grito "Una
flor para Kabul". El pistoletazo de salida de la campaña lo dio
Emma Bonino, comisaria europea, en febrero de 1998 y todavía se encuentran
en Internet apoyos a la campaña hasta el verano del año 2001.
Todos sabemos lo que pasó el 11 de septiembre de aquel año.
Pudimos ver, poco después del ataque a sangre y fuego estadounidense,
las imágenes propagandísticas de una mujer arrojando el burka
y de un hombre afeitándose la barba. Hoy es de dominio público
que las mujeres afganas siguen igual de sometidas, usando el mismo burka,
pero ya no hay flores para ellas. La única libertad que se ha restablecido
en el país es para la heroína que vuelve a correr desmesuradamente
hacia las venas de los jóvenes de la Europa del Este sobre todo. El
ejército español acaba de aumentar sus efectivos en aquel país
para tan gloriosa empresa, mientras gran parte de la "izquierda"
aplaude el regreso del despliegue iraquí sin hacer mención alguna
al contingente afgano.
No se puede dejar de hacer referencia a los motivos fundamentales de las intervenciones
"humanitarias" que traen tan funestos resultados. Y quién
mejor para expresarse al respecto que Javier Solana: "Lógico es
que quienes hemos estado trabajando por la paz allí con nuestros soldados,
también tengamos un reconocimiento de ese esfuerzo desde el punto de
vista económico para nuestras empresas y, al fin y al cabo, para el
empleo de España" (en declaraciones a la Revista Española
de Defensa, febrero de 1996).
Las conclusiones de todo lo expuesto anteriormente son claras. Los sectores
del capital que intervienen por intereses particulares en una u otra parte
del mundo por la fuerza de las armas necesitan dar una cobertura moral a sus
crímenes contra la humanidad. Qué mejor que en la fase previa
a la violencia haya organizaciones sociales que critiquen la situación
del país atacando a la sensibilidad de los ciudadanos para que desarrollen
cierta complacencia con la movilización de tropas. Es de exigir que
si la actitud de estas personas y colectivos sociales no pretendía
seguir el juego a los asesinos griten hoy con la misma fuerza con que lo hicieron
entonces. De igual modo, que dirijan sus gritos contra los nuevos verdugos
de las mismas víctimas que antes pretendían defender. Creo que
no lo veremos, pero si se debe a la cobertura que las instituciones del Estado
y de los poderes económicos pusieron a su servicio en aquellos momentos,
debería existir la suficiente honestidad para denunciarlo hoy desde
los medios que todavía se mantienen independientes de sus tentáculos.
El anarquismo siempre ha denunciado que ningún ejército defiende
la paz, y cada día que pasa esa idea cobra más importancia en
vista del carácter "humanitario" con que se pretende revestir
al ejército. Es preciso que en los futuros conflictos tengamos en cuenta
las experiencias a las que se ha hecho referencia para acertar en los análisis
y no bailar al ritmo que marca uno u otro sector del poder.
La sociedad de la (des)información
Vivimos en la época del apogeo del sistema capitalista y de los Estados.
El sistema capitalista tiene dos caras:
1) la que se vive en el primer mundo, donde el capitalismo es bien recibido
por la masa (de borregos): centros comerciales, donde la gente compra lo que
no necesita, le sobra o no sirve de utilidad real alguna; centros de ocio,
donde la juventud se desinhibe de su (mal) vivir cotidiano y le aliena al
conformismo.
2) lo que se vive en el Tercer Mundo y en los países en vías
de desarrollo, donde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se
ceban, donde las multinacionales e internacionales explotan a los trabajadores,
donde se expolia la dignidad (en trabajos malpagados, en los prostíbulos
donde los occidentales hacen perder la dignidad como personas a los niños
y sobre todo a las niñas), donde las guerras fomentadas por el capitalismo
producen dependencias económicas del "amo", la compra de
armamento (a países del Primer Mundo), la militarización y brutalización
de los niños soldados.
Los Estados, por su parte, se han perpetuado en la hegemonía del uso
de la fuerza, monopolio que ejercen sobre todo posible enemigo (es decir,
toda persona que pueda cuestionar su poder o su moralidad o justicia). Los
Estados no sólo pretenden mantenernos el yugo en el cuello, sino que
hacen (o pretenden, consiguiéndolo en muchos casos) vernos como enemigos,
como si fuésemos parte de un ente (del propio Estado). Quien no se
subleva ni dificulta e incluso promueve y deja someterse, le hacen creer que
es parte del Estado, del cual dicen que somos todos, y de esa forma le hacen
sentir peligrar en los casos en que peligre el Estado (haciendo que los vigilados
y manipulados por parte del Estado, vigilen a los demás).
Vivimos en un Estado policial, armado y secreto, que espía desde tu
propio barrio hasta tus conversaciones (e-mail, telefónicamente, sms...
saltando sus dispositivos cuando aparecen determinadas palabras). Vivimos
el nacer de Europol, las SS del Estado europeo, sin control gubernamental
ni judicial.
La precariedad laboral, los bajos salarios, la manipulación informativa,
la dificultad de encontrar vivienda digna, el control y la represión
de los movimientos sociales: esto es nuestro campo de concentración.
La dependencia, indiferencia, pasotismo, conformismo, colaboracionismo de
los ciudadanos con el Estado: esto es nuestra cámara de gas.
La "democracia" oculta bajo la falsa libertad de la representatividad
y el electoralismo, la maquinaria del terror, la dictadura del capitalismo.
La democracia con sangre entra
Alarmantes noticias de torturas y maltrato a los prisioneros iraquíes
nos llegan de aquel lejano y a la vez, por circunstancias informativas, tan
cercano país llamado Iraq, donde el ejército norteamericano
se ha propuesto instaurar la democracia a base de palo y tentetieso.
Al parecer los defensores, los paladines de la libertad internacional, no
han tenido la acogida que esperaban en el país al que, se supone, han
ido a liberar y se han sentido tan ofendidos que han hecho correr la sangre
de todo aquel que disentiese de ellos para lavar la ofensa. Para esto y como
suele ocurrir en estos casos se han pasado por debajo de los mellizos la Convención
de Ginebra en su apartado de trato a los prisioneros de guerra y, no contentos
con ello, encima lo han filmado y fotografiado todo para llevarse un recuerdo
de su democrático comportamiento a su país de origen. Atrás
quedan las armas de destrucción masiva que, hipotéticamente,
tenía el dictador Saddam y las víctimas que había provocado
entre kurdos, iraníes y chiítas. Lo que ahora se pregunta el
"liberado" pueblo iraquí es: ¿Quién nos libera
ahora de los angloamericanos? A los anarquistas no nos ha causado ninguna
sorpresa el descubrimiento de este comportamiento por parte de los soldados
yanquis, pues aparte de que se sienten impunes por la negativa del gobierno
norteamericano a que sus soldados sean juzgados por el Tribunal Internacional
de crímenes de guerra, este comportamiento contrario a las más
elementales reglas del tratamiento a los prisioneros de guerra está
a la orden del día, no sólo en el ejército yanqui, sino
en todos los ejércitos y ejemplos los hay a patadas, desde el trato
que reciben los prisioneros afganos en Guantánamo, pasando por las
vejaciones infringidas por los británicos a los argentinos en Las Malvinas,
hasta las barbaridades cometidas por los soldados soviéticos con los
prisioneros chechenos.
Sin ir tan lejos, en el ejército español, lo primero que te
enseñan es que el prisionero enemigo no es nadie y como nadie debes
tratarlo y de esto puede dar fe cualquiera que haya tenido la desgracia de
hacer el servicio militar.
La población civil también recibe su parte en esta y en todas
las guerras y, como siempre, es la peor parte ya que a los muertos en los
bombardeos de hospitales, mercados, colegios y demás "objetivos
militares" se unen los ametrallamientos de bodas y otras celebraciones
con un número considerable de víctimas inocentes. Muy cerca
de Iraq, en el inventado e impuesto Estado de Israel, la, a la fuerza, impuesta
democracia judía siembra en la franja de Gaza y en Cisjordania el terror,
la muerte y la desolación en una población civil que sólo
cuenta con piedras y desesperados suicidas cargados de explosivos para defender
su maltrecha dignidad y su identidad como pueblo. ¿Qué clase
de democracia es aquella que pone en el poder a un asesino como Sharon para
pisotear, exterminar y expoliar a un pueblo (el palestino) por el hecho de
tener una cultura diferente?
Buen maestro tuvieron los judíos en su verdugo nazi al cual imitan
con verdadera pasión en tierras de palestinos.
La democracia, la libertad, la justicia social siempre han de imponerse por
la razón y las armas sólo han de servir para defenderlas. La
democracia, la libertad y la justicia social siempre están en el pueblo
soberano y no en la soberanía del poderoso frente al débil.
Ningún ejército regular lucha por liberar a los pueblos, sino
por imponerse a ellos por la fuerza, subyugarlos y someterlos.
Los anarquistas estamos por la libertad del pueblo iraquí y la de todos
los pueblos de la tierra, por la convivencia pacífica entre ellos,
sin imposiciones, sin sanciones, sin fronteras, fraternal y solidariamente,
separados solamente por el hecho cultural y unidos por todo lo demás.
Los poderosos nos llaman, por pensar así, utópicos y nosotros
les decimos con la firmeza de la razón que la historia siempre nos
ha dado: ¡Viva la utopía!
Del desarrollo al decrecimiento
Reproducimos a continuación una de las mociones aprobadas en el XLI Congreso de la Federación Anarquista francófona celebrado el pasado mes de mayo.
El desarrollo de las fuerzas "productivas", concebido por el capitalismo
como la finalidad de la historia, ha engendrado una nueva religión,
la del crecimiento económico. Según las promesas de la ideología
liberal, la felicidad debería medirse por el mismo rasero que el producto
nacional bruto.
Después de medio siglo de "progreso", la enorme cantera de
los "modernistas" ofrece un aspecto ruinoso. El hombre ha sido alcanzado
en su carne y en su dignidad: alienación por el trabajo, paro, precariedad,
estrés, soledad, malestar, etc. Las desigualdades sociales, tanto entre
países ricos como entre países pobres, como en el interior de
cada nación, no han sido nunca tan grandes. Encendidos y alimentados
sobre todo por cuestiones estratégicas, los conflictos armados germinan
en todos los continentes.
Pero, sobre todo, porque se pone gravemente en peligro a las generaciones
futuras, el balance ligado al desarrollo se adivina como desastroso. La huella
ecológica global de la humanidad (es decir, el nivel de agotamiento
de las reservas y de perturbación de los mecanismos reguladores) sobrepasa
ya el veinte por ciento de las capacidades biológicas de la Tierra.
A un plazo más o menos largo, si se mantienen las tendencias actuales,
necesitaremos recursos equivalentes a los de varios planetas. El crecimiento
ya no es posible.
Para remediar esta situación, ha sido diseñado el "desarrollo
sostenible" por los detentadores del poder (político, económico,
mediático, etc.), así como por la fracción altermundista
que sueña con "humanizar" el capitalismo, como si fuera una
panacea. Pero la superchería no resiste a cualquier reflexión
un poco seria. La ambigüedad propia del término asegura el éxito:
enmascara el problema dando la impresión de resolverlo. Y peor aún,
desplaza el problema para crear otro más espinoso. Para los beneficiarios
de la "globalización", no se trata en absoluto de cuestionar
el principio de economía liberal, sino de lograr que se acepten las
reglas de la Organización Mundial del Comercio, con la perspectiva,
para unas cuantas multinacionales, de privatizar un poco más los elementos
vitales como el agua, la alimentación o la salud. El mercado se encarga
de remediar la destrucción del planeta producida por... el mercado,
con la única concesión consistente en atenuar los desgastes
más visibles siempre que subsistan los beneficios.
Puesto que el impacto ecológico pone en evidencia un "super-régimen"
respecto a los recursos del planeta, hay que orientarse hacia un decrecimiento
físico, es decir, hacia reducir progresivamente la cantidad de materias
primas y energéticas. El decrecimiento no es una elección ideológica;
es una necesidad absoluta.
Si ninguna sociedad es ecológicamente inocente, es decir, si el desarrollo
de la humanidad va siempre acompañado de una transformación
del medio, por la carrera hacia el beneficio y la acumulación, con
la creación continua de necesidades artificiales, se produce una aceleración
fulgurante de la degradación de los ecosistemas. Lo previsible a la
puesta en marcha de este decrecimiento será la desaparición
del capitalismo. Porque este sistema necesita un crecimiento para sobrevivir,
y puesto que su lógica propia es una dinámica suicida, no puede
llevar a cabo ese decrecimiento... a no ser que suprima masivamente a las
poblaciones pobres, es decir, perpetrando genocidios.
La segunda condición es la supresión del Estado, en la medida
en que esta dinámica capitalista sólo se acelerará con
la colaboración de los diferentes gobiernos: múltiples subvenciones,
puesta en marcha de infraestructuras, responsabilidad de los poderes públicos
en la formación, la investigación, los costes medioambientales,
las pérdidas económicas... No aplicarse a la desparición
del Estado supondría menospreciar un pilar fundamental del sistema
y un adversario temible, y, por tanto, hacer imposible la transformación
profunda de la sociedad.
Cualquier solución que lleve a cabo la economía de una redistribución
de las riquezas estará fatalmente condenada al fracaso. Para que el
decrecimiento pueda ser dominado por las diferentes poblaciones, para que
no abra la vía de la barbarie de los conflictos por la apropiación
de los recursos, o de las medidas draconianas del totalitarismo, el problema
debe plantearse por fuerza desde una perspectiva de igualdad económica
y social, pudiendo constituir la gratuidad de los servicios públicos
una palanca esencial en esta construcción.
Si el desarrollo individual de sencillez voluntaria, es decir, la adopción
de un modo de vida diferente, puede representar la base "filosófica"
de una sociedad preocupada por las generaciones futuras, está claro
que la suma de los comportamientos individuales ecológicamente "responsables"
no bastaría para edificar una sociedad de decrecimiento. Y ello se
debería a que los ámbitos más devoradores de energía
y de materias primas (complejo militar-industrial, transportes, agricultura,
etc.) seguirían políticas globales y, por tanto, decisiones
colectivas. Sería ilusorio pensar que nosotros podríamos hacer
la economía de una revolución.
Porque el dominio de cada uno de su propia existencia, porque la definición
de cada uno de sus propias necesidades, no pueden en ningún caso justificar
una producción bulímica, fruto de un trabajo alienante, sólo
una sociedad federalista, autogestionaria, podrá asumir conjuntamente
la igualdad económica, la justicia social y la conservación
de los recursos naturales.
¿Hacia una sociedad sin petróleo?
Recordar que las materias primas, y especialmente el petróleo, son
una de las claves de la potencia industrial no sirve de nada. Todos lo sabemos
desde hace tiempo. Pero vivimos en un mundo en el que el día de hoy
viene dado por el de mañana, en el que la idea misma de que el mañana
tiene que ser diferente de lo que vivimos ahora resulta iconoclasta. Sin embargo,
nuestra relación con el petróleo está cambiando insensiblemente.
Las reservas no son eternas. El despertar será brutal cuando nos demos
cuenta de que no hay tanto grano para moler como desearíamos y que
ese grano se va haciendo cada vez más escaso, lenta pero certeramente.
El petróleo ya no es únicamente la gasolina para nuestro coche,
sino numerosos productos corrientes que, al escasear o desaparecer, modificarán
profundamente la sociedad en la que vivimos. Y este es el problema que está
a punto de pasar al primer plano de la actualidad.
Los directivos de la Shell, la primera potencia petrolera mundial, acaban
de experimentar la dolorosa experiencia. Se han tenido que retractar porque
habían mentido en cuanto al montante de las reservas petrolíferas
de que disponían.
Tratemos de comprender ese miniseísmo del planeta petrolífero.
Tenemos un cierto número de nociones que van a determinar el porvenir
de nuestro mundo en los años venideros, y quizás más
rápidamente de lo que creemos. Para muchos científicos, la reserva
mundial de materias primas es una cantidad que no puede aumentar porque es
fruto de la evolución geológica de nuestro planeta. Se dice
que es una cantidad finita. No puede sino disminuir a medida que se utiliza.
Un geólogo, llamado Hubbert, ha calculado la curva de utilización
de las materias primas y ha lanzado una hipótesis que ha recibido el
nombre del "pico de Hubbert". Ese pico es el momento en que la mitad
más uno de las reservas de materias primas ha sido utilizado y, a partir
de entonces, se dirigen a su desaparición. Se pasa de la abundancia
a la escasez. Podemos comprender enseguida cuáles serán las
consecuencias. Las sociedades humanas no han retrocedido jamás ante
una guerra a la hora de echar mano de las reservas mineras, por lo que el
porvenir se anuncia nada menos que sombrío.
En el caso del petróleo, hay tres clases de reservas. Hay que manejar
las cifras con extremada precaución. Según los artículos
y declaraciones, pueden indicarse en barriles o en toneladas. Se trata de
informaciones estratégicas de la mayor importancia. Son verdaderos
secretos militares. Imaginemos dos minutos lo que podría suponer hoy
un ejército sin carburante...
Las reservas que han sido "probadas" son las que se conocen desde
hace tiempo y son fácilmente utilizables. Se calculan, según
las fuentes, entre 850 y 1.213 miles de millones de barriles (un barril equivale
a 158,5 litros). ¿A qué corresponde eso? Parece ser que en 1970,
según las estimaciones de las empresas petrolíferas, había
70 miles de millones de toneladas de petróleo de reserva, que darían
para unos 30 años de consumo. En treinta años, hemos consumido
en realidad 90 miles de millones (habríamos consumido 133 miles de
millones desde 1860), y dispondríamos hoy de 140 miles de millones
de reserva.
Además de estas reservas mencionadas, están las probables, es
decir, las que se supone que, según las nuevas prospecciones, otros
estudios geológicos y cálculos de probabilidad, existen aquí
o allá, en campos petrolíferos no explotados lo suficiente o
bien sin explotar.
Y luego están las reservas no convencionales, que parecen abundantes
pero cuya extracción resultaría demasiado cara con las técnicas
actuales.
Primera constatación: estamos todos muy cerca del "pico de Hubbert".
Habida cuenta de la fiabilidad de esta proyección, incluso lo habríamos
superado. Si hacemos algún pequeño cálculo, teniendo
en cuenta que en treinta años hemos gastado una media de 3.000 millones
de toneladas al año, nos queda sólo para cuarenta años
más. ¡Aún hay tiempo! Sin embargo, no es tan sencillo.
El consumo de los países llamados desarrollados no disminuye, mientras
que el de cierto número de países emergentes aumenta. No olvidemos
que en este momento China consume un tercio de la producción mundial
y que no se va a detener. Por eso es por lo que cuando la Shell reconoce haber
sobreestimado sus reservas del veinte por ciento, la situación empieza
a ser seria. Algunos analistas temen que la situación sea igual de
confusa entre los demás grandes del petróleo.
Y en este marco, la guerra de Iraq toma todo su sentido. En efecto, el Oriente
Medio custodia los dos tercios de las reservas petroleras. Ahí tenemos
la guerra. De la tentación de echar mano a esas reservas a impedir
su uso por terceros sólo hay un paso.
Estamos ante un futuro que hay que analizar y debemos tenerlo en cuenta en
nuestros proyectos. El tipo de sociedad en la que vivimos está probablemente,
a medio término, llegando a su fin. Salvo algún descubrimiento
técnico siempre posible, nuestro modo de vida de consumo no continuará
mucho tiempo. El consumo al que nos ha obligado la publicidad, catecismo del
capital, va a estar reservado a algunos, y ese cambio suscitará enormes
descontentos. Los conflictos nacidos de esta frustración serán,
en una óptica anarquista, contradictorios con el tipo de sociedad que
nosotros deseamos promover. Vivimos hoy día en una población
de drogados por el consumo o los tranquilizantes (138 millones de euros en
Prozac, en 2001, en Francia). Tendremos que afrontar una desintoxicación
que será dolorosa.
Si la hipótesis militar se realizara, que es lo más fácil,
es probable que los desfiles y otras manifestaciones no bastaran para frenar
el proceso que se presentaría como necesario para preservar nuestro
nivel de vida actual, una marcha hacia el abismo que sería, sin duda,
muy popular.
Pero hay otras posibilidades. Las energías alternativas conocidas,
solares o eólicas, pueden ocupar el lugar del petróleo en lo
relativo a la energía pura, es decir, para sustituir a la electricidad
que pone en marcha nuestro frigorífico o calienta nuestra agua. Hace
poco, la General Electric compró las patentes en California para todo
lo relativo a células fotovoltaicas, al darse buena cuenta de la existencia
de un buen filón para explotar. A este respecto, hay que reconocer
que el trabajo de comunicación a favor de ese tipo de energía,
llevado a cabo por los ecologistas, ha dado sus frutos. En una estrategia
económica liberal, las inversiones necesarias para la producción
de electricidad de origen nuclear no pueden ser llevadas a cabo más
que por el Estado. La presión cada vez mayor de un electorado opuesto
a ese modo de fabricación unida al déficit presupuestario crónico,
deja la puerta abierta a la iniciativa privada hacia energías "suaves".
La búsqueda de nuevos recursos oculta el hecho de que el petróleo
no sólo sirve para poner en marcha los motores, sino que ha tomado
una importancia determinante en todos los productos derivados. En la vida
diaria, el plástico ocupa un puesto irreemplazable. Desde las bolsas
del supermercado hasta los envases de los yogures o los forros polares, el
petróleo está omnipresente. Con su escasez programada, todos
esos productos se harán cada vez más caros.
Una sociedad que se base esencialmente en energías renovables sin haber
tratado de resolver el problema del "poder" no será sino
una sociedad de carencia, de escasez.
Es probable que en los años venideros el carácter fundamental
de la recuperación de los desechos de toda clase y su reutilización
sean el origen de una renovación de un proletariado industrial, mano
de obra a buen precio. Los optimistas piensan que, como de costumbre, la humanidad
encontrará un medio de seguir su curso hacia un mayor confort material.
Ahí tenemos las investigaciones en tecnología punta a través
de las OGM, las microtecnologías y los descubrimientos venideros que
abren posibilidades al crecimiento de una sociedad en la que la deshumanización
crecerá a la vez que su desarrollo técnico.
La cuestión que se nos plantea a los libertarios es la siguiente: ¿qué
sociedad podemos proponer hoy día? ¿Cómo pensar en una
sociedad en la que el consumo no sea la palabra clave?
El cambio obligatorio de modo energético puede abrir el camino a algo
distinto a la confiscación de las energías "nuevas"
por el capital. El equivalente no ha sido inventado aún, pero el modelo
Internet es probablemente el que hay que seguir para el desarrollo de la sociedad
que deseamos: la multiplicación de pequeños centros de decisión
y de producción de energía utilizando las rutas de los grandes
polos, de tal manera que todo ataque contra esa circulación ponga en
peligro a los propios centros.
Nosotros, anarquistas, libertarios y antiautoritarios, debemos poner todo
el esfuerzo en la elaboración de nuevas posibilidades. Hay que dejar
sitio a la utopía creadora. Al lado de las reivindicaciones y denuncias,
al lado de los análisis y reflexiones, hay que imaginar situaciones
nuevas. Los anarquistas de hoy deben describir otro mañana. No se trata
de hacer ciencia-ficción. Se trata de crear un imaginario que haga
soñar e ilusionarse, incluso si vamos a contrapelo de la sociedad actual.
Pierre Sommer
(Le monde libertaire) ![]()
Valentín
González (1979-2004):
25 años después
El próximo viernes 25 de junio se cumplirán 25 años
de la muerte del joven trabajador valenciano Valentín González
Ramírez, durante la huelga de las collas del mercado de abastos de
Valencia. En aquellos días los trabajadores exigían el cobro
de los atrasos salariales del convenio apenas firmado. La respuesta de los
empresarios del ramo y del Gobierno Civil no fue sino el envío de numerosos
efectivos de la Policía Nacional para disolver lo que no era sino una
justa y legítima concentración de trabajadores en defensa de
sus más básicos intereses. La brutal carga policial contra los
obreros allí concentrados era la buena prueba del talante "democrático"
del nuevo sistema político recién estrenado. El resultado: la
muerte casi al instante de Valentín como resultado del fortísimo
impacto recibido en el pecho por una pelota de goma disparada a quemarropa.
Viejos métodos para nuevos tiempos. Ése fue el trágico
precio que tuvo que pagar este joven compañero por tratar de ayudar
a su padre que estaba siendo apaleado por las fuerzas de "orden público".
Valentín, como su padre y gran parte de los trabajadores de las collas,
estaba afiliado a la CNT.
El asesinato de Valentín González provocó (como no podía
ser de otra manera) la rabia y la indignación de miles de obreros y
de buena parte de la opinión pública valenciana. El tratamiento
que la prensa dio, así como la inverosímil versión policial
posterior de los hechos acabó por colmar la paciencia de un proletariado
que veía cómo la llegada de la democracia, la Constitución,
no significaba absolutamente nada cuando se trataba de reprimir al movimiento
obrero. La función clasista y servil de los cuerpos represivos y las
instituciones del Estado se hacía una vez más patente. Así
pues, y convocadas por la CNT a todas las fuerzas sindicales y políticas
de izquierdas, se convocó una jornada de huelga general y para las
primeras horas de la tarde, una multitudinaria manifestación en Valencia
en repulsa por el enésimo acto de barbarie de la policía contra
trabajadores, estudiantes, jóvenes, proletarios en general. Ni que
decir tiene que el seguimiento fue abrumador. Dicho acto contó con
la asistencia de centenares de miles de trabajadores y ciudadanos en general.
Una de las más grandes manifestaciones celebradas en Valencia a lo
largo de su historia más reciente. Algo a lo que pocos hoy día
dedican algún recuerdo, y que en los historiadores de distinto signo
político que han tratado la llamada "transición democrática"
parece no merecer mayor tratamiento. Los sentimientos de unidad, compañerismo,
solidaridad y libertad son valores que acompañaron y deberían
acompañar siempre a los explotados de todos los tiempos, a los hijos
del trabajo.
Valentín González no fue la única víctima de aquella
época. Desgraciadamente, y en un contexto de grave crisis económica
y de pujanza del movimiento obrero (a pesar de los intentos de los sectores
recuperadores y reformistas de domesticar la autonomía de los proletarios
en sus luchas), fueron varios los sucesos luctuosos con igual balance trágico.
Recordemos por ejemplo el asesinato de la joven Mª Luz Nájera
en Madrid por impacto de un bote de humo, cuando protestaba por el asesinato
por mano fascista del obrero Arturo Ruiz; el asesinato del militante de izquierdas
Germán Rodríguez en Pamplona durante los sanfermines de ese
año; o la muerte en 1979 de Gladys del Estal en Tudela por disparo
con fuego real de la Guardia Civil en una marcha antinuclear. Todas ocurridas
ese año. Años más tarde el Gobierno "socialista"
respondía con idéntica medicina para sofocar a los obreros de
Reinosa (Cantabria) cuando protestaban contra la reconversión industrial
de la región. La represión que en todo tiempo y lugar hemos
sufrido los trabajadores (con mayor o menor intensidad) es algo que debe estar
presente en todas nuestras luchas, en nuestras actuaciones cotidianas.
Basta echar un vistazo a los últimos años para encontrar actuaciones
arbitrarias del poder en cuanto al cierre de medios de comunicación,
ilegalización de formaciones políticas, encarcelamiento de activistas
y militantes ecologistas, sindicalistas, jóvenes, antimilitaristas,
etc. y últimamente aventuras militaristas con las que la clase dirigente
de este país intenta subirse al carro del imperialismo en tierras ajenas.
Por no hablar de una de las peores condenas: la ley del silencio con que el
Estado castiga a todos los sectores disidentes del orden político y
económico existente. La muerte de estos jóvenes hace veinte
cinco años deber ser, pues, recordatorio para nuevas generaciones de
militantes proletarios en sus sueños de un mundo mejor. No hemos creído
nunca ni creeremos jamás en este "Estado social y democrático
de derecho" que no ha dudado nunca en utilizar la violencia y la represión
para mantener los privilegios económicos de la clase dirigente. Pecar
de ingenuos es un error que no nos podemos permitir.
Hoy, 25 años después, y por iniciativa de la Confederación
Nacional del Trabajo, rendimos homenaje a Valentín González,
y con él, a todas las víctimas de la barbarie policial y fascista,
que han tratado siempre de sofocar los anhelos de libertad y de justicia social,
de un mundo mejor y más justo, sin amos ni explotadores.
Valentín pertenecía a la CNT, pero podía haber pertenecido
a otro sindicato, o quizá a ninguno. Con este acto, no pretendemos
crear mártires ni mucho menos caer en la nostalgia, sino recuperar
la memoria robada con que el poder trata de silenciar episodios de nuestra
historia reciente.
Pero parece que también entre los muertos hay clases sociales. Valentín
no fue víctima del "terrorismo". Como si no fuera terror
lo que han sentido los trabajadores en infinidad de ocasiones en enfrentamientos
con los cuerpos represivos en la defensa de su dignidad como trabajadores.
No interesa a la burguesía de hoy día recordar hechos como éste.
Ninguna iniciativa en recuerdo de Valentín González ha sido
acogida favorablemente por el Ayuntamiento. Hoy, mientras cientos de jóvenes
disfrutan de las instalaciones deportivas y escolares del antiguo mercado
de abastos, la figura de Valentín queda como un fantasma en las negras
conciencias de sus asesinos y un desconocido para la juventud. Ninguna placa,
ninguna flor, ningún recuerdo.
Sirva pues para recuperar la memoria histórica, para dignificar este
mundo podrido por el dinero y el individualismo, para mejorar como seres humanos.
Para no olvidar.
Federación Local de
Valencia de la CNT-AIT ![]()
(Reproducimos el editorial publicado en la edición de junio-julio del periódico de nuestros compañeros de la Comisión de Relaciones Anarquistas -CRA- de Venezuela, nuevamente en la calle para hacer frente al maniqueísmo tramposo que hoy abruma la escena político-social de este país y para proponer alternativas consecuentes de libertad e igualdad en solidaridad)
Con la convocatoria a referenda revocatorios de los mandatos del Presidente
de la República y de diversos diputados de la Asamblea Nacional, se
abre un lapso electoral -tomando en cuenta sus diferentes momentos- de por
lo menos tres años de duración. Arranca de esta manera un período
oscuro para los movimientos sociales de diverso signo del país, nefasto
en tanto la electoralización de la crisis sólo legitima las
dirigencias de los dos bandos neoliberales (chavismo cupular y oposición
mediática) que actualmente se disputan el país. De las tantas
consecuencias que esta realidad implica, sólo resaltaremos dos: la
agudización del chantaje acrítico y la supeditación de
las reivindicaciones concretas a la lógica suprema de la acumulación
político-partidista.
Uno de los aciertos de los conserjes del poder de ambas toldas es haber consensuado
mediáticamente una polarización política de los venezolanos,
maniqueísmo falso en tanto el accionar económico de ambos favorece
al capital internacional y se exhibe ante ellos como garantía de gobernabilidad
y apego a los cánones de la formalidad democrática. En un discurso
vacío de propuestas y contenido, cada sector demoniza al adversario
y se presenta a sí mismo como la garantía de valores abstractos
-la "revolución" o "la libertad"- promocionados
discursiva y emocionalmente a través de sus medios de comunicación.
Si entendemos cada conglomerado como un partido, podemos fácilmente
constatar cómo cada uno le exige a sus afiliados una incondicionalidad
ciega, en la que todos los errores o componendas son siempre achacables a
la eterna conspiración de los otros. Los cuestionamientos autocríticos,
cuando los hay, se hacen en voz baja; si se ventilan demasiado los propios
pares lo silencian con la sentencia "no hay que darle armas al enemigo".
Respondiendo con "espíritu de cuerpo", militantes honestos
de base se han pervertido al justificar lo injustificable, o en los peores
casos, tolerar en su seno los actos que dicen combatir de los otros en aras
de la "victoria definitiva". Si cualquier mínima disidencia
interna era rápidamente adjetivada de "traición",
en los días que se avizoran serán prácticamente autocensuradas
desde el inicio.
Las elites políticas de lado y lado necesitan una participación
de los suyos a conveniencia. Las agendas de cada movimiento social y su propia
autonomía se hipotecan en pos de coyunturas decididas desde arriba.
Las movilizaciones y los esfuerzos de cada cual se enfocan en legitimar a
su bando como "la mayoría", postergando sus propias reivindicaciones
para un momento que nunca llegará: la supuesta "profundización
del Proceso" o la pretendida "restauración de la libertad".
El movimiento popular ha cedido al chantaje y se ha convertido en un mero
apéndice de una estrategia que legitima al Estado y sus mecanismos
institucionalizados de participación, repetimos, una participación
de piernas muy cortas. Después del aprendizaje experimentado a partir
de 1992 -post Caracazo, con un accionar beligerante en ascenso-, desde 1998
los venezolanos somos únicamente convocados para hacer bulto de la
comparsa electoral, pegar carteles e inscribir votantes. La autonomía
de acción de los colectivos oprimidos -y su propia agenda política-
queda relegada a un segundo plano, cuando no explícitamente recuperada
o
inmovilizada. En este sentido las experiencias castradas de la toma de la
Universidad Central de marzo de 2001, de las nueve fábricas "tomadas"
por los trabajadores, la llamada "Constituyente petrolera", las
ocupaciones de edificaciones urbanas y las asambleas de vecinos deberían
aleccionarnos sobre qué camino evitar.
El trabajo inaplazable en el momento actual es profundizar las redes sociales
de los de abajo, de los oprimidos y las minorías, prefigurando aquí
y ahora las relaciones sociales liberadoras de todas las miserias que nos
agobian. Señalar a quienes pretenden convencernos de elegir por lo
"menos malo" y postergar nuestros deseos para un hipotético
mañana como lo que son: burócratas -o aspirantes a serlo- ávidos
de un pedazo del pastel. Revocar un cargo dejando la estructura de dominación
intacta es permitir al poder que se reconfigure bajo nuevas formas y perpetuar
la miseria, el desempleo, la inseguridad social y la entrega de nuestros salarios
y riquezas al capitalismo globalizado, ese que bien representan las dos cúpulas
en pugna.
Autogobierno, autonomía y autogestión ¡Ahora!
Dos Estados para
dos naciones:
dos Estados más que sobran
(Nuestros compañeros de la Iniciativa Comunista Anárquica participaron en la gran manifestación por la paz celebrada recientemente en Tel Aviv. Reproducimos el manifiesto que repartieron para difundir su posición)
Si el Estado de Israel y la autoridad palestina llegan a un acuerdo de "paz",
no será la consecuencia del deseo israelí de "seguridad"
para los ciudadanos, ni del deseo palestino de "independencia".
Será más bien una consecuencia de los intereses geopolíticos
internacionales de las potencias, pues esos conceptos no tienen nada que ver
con su modo de ver las cosas. Los acuerdos de Ginebra, iniciados por políticos
y hombres de negocios, se han firmado y aplicado como se preveía (y
son ya dos cosas diferentes), y serán la expresión de esos intereses,
y así será con cualquier otro acuerdo político que se
pueda imaginar.
El término más adecuado para describir el tratamiento del Estado
de Israel hacia los habitantes que no se incluyen en la categoría de
los judíos israelíes que gozan de plenos derechos, es el de
apartheid: una regla de separación chauvinista, que confisca la tierra
a los campesinos, restringe la libertad de movimiento a las personas que van
a trabajar, y obstruye las capacidades de los capitalistas palestinos para
desarrollar su economía. Todo eso a la vez que el Estado de Israel
trata de lograr la cooperación de los dirigentes palestinos.
Las personas que se consideran activistas por la paz se preguntan seriamente,
al margen de las respuestas oficiales de la izquierda, cuáles son las
razones que sostienen la política común de todos los gobiernos
israelíes (ya sean de izquierdas o de derechas) respecto a los palestinos.
Nosotros consideramos que no se trata sólo de la conquista de un pueblo
por el torbellino de los antiguos imperios, ni de la expresión de una
creencia en una tierra de Israel indivisible, sacada de la Biblia. No es más
que el bloqueo debido a la presión de un importante lobby de dirigentes
de los colonos, que a su vez desempeñan un papel importante en la situación.
El apartheid debe verse como algo que sirve a intereses poderosos. Sirve a
los capitalistas israelíes al proporcionarles mano de obra a costes
pequeños, utilizada principalmente por los pequeños y medianos
empresarios en las empresas industriales y de la construcción. Los
"árabes israelíes" que estaban bajo la ley militar
durante los años 1948-1966 han cumplido con su papel y aún más
que los habitantes de las regiones ocupadas en 1967. Sólo recientemente,
como resultado de la Intifada, con la "importación" masiva
de trabajadores inmigrantes temporales, el acceso libre a cierta mano de obra
se ha visto interrumpido. Las grandes compañías israelíes
han aprovechado la ocupación de 1967 principalmente porque ha abierto
un gran mercado de consumo libre de toda competencia. El sistema militar,
que siempre ha sido poderoso en Israel, ha apreciado, y sigue apreciando,
las carreras garantizadas por el gobierno y las industrias una vez acabado
el periodo de servicio. Los militares tienen mucho interés en que el
apartheid (y el conflicto) perdure porque les asegura posiciones sociales
y derechos. Interesa igualmente a los Estados Unidos, que se benefician desde
los años 50 de los servicios que les ha prestado el Estado de Israel,
bajo una amenaza permanente y necesitado de su apoyo.
Una llamada de atención: las discusiones serias a propósito
de la creación de un Estado palestino han comenzado hace sólo
quince años, al final de la primera Intifada. Casi ninguno de los dirigentes
de la izquierda sionista y de la izquierda más radical actual, que
parecen haber conseguido reescribir su historia en un estilo más o
menos orwelliano, puede imaginar que tal acuerdo sea posible. Incluso al principio
del período de los acuerdos de Oslo, sólo hablaban de autonomía.
La OLP y la izquierda antisionista hablaban de la creación de un Estado
soberano compuesto por todos los ciudadanos (binacional). La autoridad palestina
no existía en absoluto antes de que Israel contribuyera a que la OLP
asumiera sus funciones. El acuerdo de paz que afectaba a los dos Estados para
dos naciones no estuvo en el orden del día hasta que, tras la Intifada
y los cambios de la economía mundial, no comenzó a interesar
a ciertas franjas capitalistas israelíes y norteamericanas.
¿Qué significa esa paz? Si comparamos la situación en
el Israel ampliado con un apartheid como el que ha existido en Sudáfrica,
podemos ver que la paz significa el sometimiento de la Intifada a una junta
dirigente palestina que servirá a Israel. Una paz como esa, a menudo
denominada "normalización", se vincula al proceso que se
expresa en el mundo entero bajo el término de globalización
y a las iniciativas a favor de una cooperación económica regional
que deberá culminar en una "región de libre intercambio
en todos los países mediterráneos".
En todo el mundo, tales acuerdos tienen como consecuencia el control de las
economías locales por los intereses multinacionales, la violación
de los derechos humanos más elementales, el deterioro del estatus y
condiciones de las mujeres y los niños, la violencia social y la destrucción
del medio ambiente.
¿Y tal acuerdo aportará, por lo menos, el fin de la violencia?
No lo creemos: los baches y dificultades económicas aumentarán,
el problema de los refugiados seguirá sin resolverse y la legitimidad
del apoyo económico internacional ofrecido a numerosas personas sin
trabajo en la franja de Gaza y Cisjordania se pondrá en entredicho
(como ha sucedido en parte tras los acuerdos de Oslo y más recientemente).
En una situación así, los palestinos no tendrán más
elección que depender de "su" Estado, un Estado minúsculo
y dependiente del que no hay más remedio que dudar sobre si sabrá
estar a la altura de las circunstancias.
Los Estados actúan dentro de un sistema de intereses y se preocupan
poco de la gente corriente como nosotros. Si queremos lograr un cambio hacia
mejor y disminuir los baches que nos separan, así como los asesinatos
mutuos, deberíamos dejar de comportarnos como marionetas obedientes
a los líderes económicos financiados por los europeos y los
americanos, que se contentan con hacer manifestaciones democráticas.
Sería preferible que actuáramos para hacer caer las divisiones
nacionales y resistir a las fuerzas militares responsables de una masacre
mutua sin fin.
No deberíamos promover un programa político como el de los acuerdos
de Ginebra, ni ningún otro acuerdo alternativo. Incluso actuando a
un nivel independiente (local), debemos siempre recordar que mientras existan
los Estados y perdure el sistema capitalista, toda mejora que consigamos será
sólo parcial y siempre amenazada. Por tanto, debemos ver nuestra lucha
como una parte integrante de la llevada a cabo en el mundo entero contra el
capitalismo mundial y hacer un llamamiento a un cambio revolucionario basado
en la abolición de las clases, de la explotación, y por la construcción
de una sociedad nueva, sin clases, comunista anárquica. Una sociedad
en la que no haya más coerción del Estado, ni violencia organizada,
en la que no exista el nacionalismo, ni otros defectos de la era capitalista.
Este panfleto ha sido distribuido por los
anarquistas israelíes traidores a la nación.
Anarquistas Contra el Muro
El pasado 11 de junio seis activistas israelies de "Anarquistas Contra
el Muro" fueron detenidos por haber abierto la barrera que estrangulaba
la aldea palestina de Bezariya. Los seis se encontraban entre las varias docenas
de activistas israelíes e internacionales que se colocaron en ese punto
esa mañana.
Conjuntamente con campesinos palestinos, los activistas quitaron rapidamente
dos montones de tierra que el ejército tenía apilados y que
bloqueaban los accesos de la aldea a Nablús y Tulkarén.
Aparentemente, el ejército y la policia fueron cogidos por sorpresa,
no habiendo señal de ellos cuando la barrera fue levantada y los campesinos
pudieron viajar libremente desde hace meses. Pero en su camino de regreso,
el autobús de los activistas fue interceptado por policías de
paisano, que tomaron los documentos de identidad y pasaportes de toda la gente,
y fotografiaron a todas las personas que ahí viajaban. En un principio,
todos los pasajeros fueron informados de que estaban bajo detención.
Depués, la policía seleccionó a seis, que consideraban
líderes, y fueron trasladados a la comisaría de Ariel, donde
se encuentran detenidos actualmente.
Anarcosindicalismo en Israel-Palestina
En una reunión de los compañeros de la Iniciativa Anarcosindicalista
en Israel-Palestina (ASI), se ha acordado llevar adelante el proyecto de construir
una auténtica organización revolucionaria anarquista de la clase
trabajadora. Hemos decidido pedir la afiliación a la AIT y estar en
el estatus de Amigos de la AIT. Estamos tratando de introducir nuestro manifiesto
el próximo mes.
Los años recientes han sido terriblemente malos para los trabajadores
israelíes y palestinos. Ninguna organización ni partido político
ofrecían ninguna vía; todos ellos servían a las elites
capitalistas dirigentes, no eran sino leales sirvientes de los enemigos de
los trabajadores.
Los sindicatos estatales de Israel y los corrompidos sindicatos de la Autoridad
palestina no proponen sino compromisos con el capital, alianzas con algunos
elementos burgueses "progresistas" y traición burda. El programa
del anarcosindicalismo revolucionario de la ASI llama a la unidad internacional
de los trabajadores, a la lucha obrera en este país y en la región,
contra el movimiento sionista encabezado por los capitalistas locales, contra
la reacción árabe encabezada por la Organización para
la Liberación de Palestina y los islamistas, y los régimenes
colaboradores encabezados por las leales marionetas del imperialismo estadounidense.
Como anarcosindicalistas, estamos a favor de una sociedad basada en la libre
confederación de los sindicatos revolucionarios y congresos generales
de trabajo, por una sociedad libre e igualitaria dirigida por las masas trabajadoras
en el Medio Oriente y en todo el mundo. Admiramos a nuestros amigos de países
como Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, España, Alemania
y otros, que están mostrándose valerosos y trabajando duro contra
las clases dirigentes y sus agentes, en pro de una revolución sindicalista
auténtica.
Esta historia empieza donde termina, en casa, y tiene como protagonista una
carta, que además no esta perfumada, que además no te la trae
el cartero, porque a él siempre le ves. El portador viene, eso sí,
a veces uniformado y otras de incógnito. Por lo general nunca estás
en casa, por lo que no puedes improvisar ninguna estratagema. Hace cuatro
años aproximadamente me encontré con lo que arriba os he descrito.
Efectivamente un día un policía interrumpió el desayuno
o la cena que en este hecho da igual, el caso es que interrumpió la
sosegada vida hogareña. Cumpliendo con su cometido, deber, dirían
algunos, al igual que un chapero, porque sólo sirve para joder. Me
entregó una linda carta, no era la de incorporarme a filas ya que tuve
la suerte de no asistir a la escuela oficial de asesinos humanitarios, ni
la de ejercer de esquirol gratuito. Esta vez me ofrecían algo de lo
mismo pero con más categoría me ofertaban ser presidente suplente,
que no esta mal, pues, son los que siempre se tocan los huevos. Pero, presidente
suplente ¿de qué? Ni más ni menos que de la madre del
cordero, de la mesa electoral del barrio.
Esta vez hice lo propio, como otras veces, con las invitaciones oficiales,
ignorarlas. A lo sumo responder con una notificación de que no estás
muy interesado con lo que te proponen. En esta ocasión lo que les contesté
fue algo así: "Lo siento no podré asistir para formar dicha
mesa por motivos éticos y políticos. No creo en el sistema representativo
como sistema democrático".
Una vez que mandé el telegrama me puse a esperar porque tus administradores
se ponen plazos. Pasó el tiempo. Al principio, estaba nervioso; simplemente
deseaba que pasaran los días y que mi nombre por arte de magia o despiste
de los presentes pasara inadvertido, que no me señalaran como desertor.
Así, lo que fueron unos días inquietos al paso del tiempo se
convirtieron en una anécdota y lo que fue una anécdota con los
años fue olvidado y almacenado en el recuerdo.
La vida siguió como las corrientes de los ríos, con nuevos y
viejos proyectos, con nuevas y viejas alegrías.
El viento no podía estarse quieto y sopló. Sopló con
tanta fuerza que removió entre los papeles y entre éstos apareció
mi nombre. Bueno, no paso así pero algo parecido. Alguien dio a un
botón del teclado para que éste ejecutara un sorteo para formar
aleatoriamente una mesa electoral. Otra vez lo que estaba almacenado salió
a la superficie. Mi nombre volvió a ser elegido por los dioses y con
él la pesadilla volvió a surgir. Era increíble pero cierto:
me había tocado por segunda vez ser miembro de una de las mesas electorales.
Habían pasado cuatro años. Quién me lo iba a decir a
mí que me iba a tocar otra vez. Suponía que una vez que te tocaba
entrabas en una lista de reserva o algo así. Esta vez sabía
qué hacer, aun así, fui al abogado para asegurarme y para ver
si sabía de algún caso sentenciado. Me puse más nervioso
que nunca. Las cosas estaban enrarecidas y con una derecha rancia dispuesta
a imponer con sus mentiras su verdad. Pensé en todas las consecuencias.
Al día siguiente mande otro telegrama con la misma frase y misma objeción
que hace cuatro años, pero, con la añadidura de "¿Dónde
están las armas de destrucción masiva?" haciendo referencia
a la guerra imperialista a la que nos habían metido por cojones. Me
había lanzado por la vía más idealista y menos práctica,
dependiendo del punto de vista que se mire. En esta ocasión le estuve
dando muchas vueltas. Sentía una gran opresión como si dependiera
de la decisión del César para ser aplastado por todo el peso
de un gigante. Me sentía a merced de una simple decisión. Me
puse a esperar como la vez anterior, aunque me notificaron esta vez que mi
objeción no era válida, asunto que ya sabía de antemano.
No era esto lo que esperaba, más bien era la decisión del César.
Las lunas llenas pasaron y con ellas vino la anécdota. Esta iba a ser
archivada en la memoria para perderse en el olvido, cuando una carta llamó
por tercera vez consecutiva a mi puerta. No habían pasado ni tres meses.
Otra vez la maldición había caído sobre mí. No
sabía si reír o llorar. Si llorar de rabia. Rabia porque me
sentía perseguido. La verdad es que nunca he sido titular, siempre
he constado como suplente, pero el hecho de estar obligado a presentarte ante
la mesa, me recuerda a cuando la objeción o a la mili. Es como rendir
cuentas ante alguien superior o divino.
Toda esta historia me ha hecho reflexionar sobre algunas cuestiones o al menos
a plasmarlas en el papel. Durante estos días me he cagado figurativamente
en el sistema. Esta trama ha hecho que me reafirme en mis convicciones ideológicas.
Me pregunto, ¿qué clase de democracia es esta que preconiza
la libertad como pilar de la sociedad a la que aspira, pero que luego obliga
con la coacción a ir en contra de uno? No, no voy a ver si lo que está
pasando es anticonstitucional, porque considero que es una obra más
de su estructura político-económico-social. Más bien
en mi opinión es una cuestión de entendimiento político,
filosófico y ético. En mi entender, el ser nace libre y soberano.
Esto mismo dicen los políticos y algunos que se hacen pasar por hiperprogresistas
hablan de que la escuela te hará libre. Pues bien, he aquí que
un servidor fue a la escuela, a su escuela. Aquí esta el que fue enseñado
a leer y a pensar, aunque nada tienen que ver ellos en el modo de pensar mío,
indignado y ejerciendo su derecho a ser libre, es decir, dispuesto a ser soberano.
Indignado por tener una ley que le obliga hacer aquello que no quiere. Indignado
porque no puedo ser libre como persona soberana que soy. Indignado porque
te coartan la libertad en nombre de una idea, su idea. Eres libre para elegir
lo que quieras, un coche, una camisa, un yogur, un político
pero
no eres libre para negarte a participar en su liturgia democrática.
Al mismo tiempo no eres libre para objetar según tu conciencia. Ellos
te dicen que es tu deber, que es por el bien de todos. Pues, desde estas líneas
les digo y os digo, que las causas por las que me niego a asistir a formar
parte de las mesas electorales es porque creo que no hacen bien a nadie. Creo
objetivamente que participar tanto en su preparación como en el depósito
del voto es dar plenos poderes a los políticos y a los empresarios.
Sin nuestra colaboración o participación no tendrían
legitimidad para poner en marcha esta maquinaría que por sí
sola puede asfixiarte. Lo lamentable es que lo hacen en nombre de la libertad
y de la democracia. Lo curioso es que democracia es el poder del pueblo; eso
no quiere decir que para ejercer ese poder tengamos que ser gobernados y crear
un sistema que prácticamente esta por encima por nosotros. Libertad
es también decir no. No queremos ser gobernados por nadie. Libertad
siendo soberanos de nosotros mismos es respetar la soberanía del otro.
No se puede crear un monstruo que coarte tu propia libertad y veje tu soberanía.
A los que defendéis y decís que esto es la democracia, que no
hay más formas o fórmulas, bien me parece que lo penséis
así, solo os digo: id vosotros a las mesas. ¿Por qué
hacéis partícipe de vuestra verdad a los que no creemos, ni
pensamos así? Decís que soy guardianes y garantía de
nuestras libertades y derechos. Creo que no os he pedido que me guardéis
ni me garanticéis nada. Creo que no he firmado ningún acuerdo.
¿Por qué no dejáis que las personas, soberanas todas,
se organicen por sí solas en barrios, ciudades, regiones, centros de
trabajo como federaciones libres e igualitarias?
Todo me hace pensar que a este sistema le interesa hacer creer que es la única
forma de ser democrático y que su legitimidad está representada
en el voto.
Cuando votamos legitimamos que se ponga en marcha todo este mecanismo. Se
legitima que se hagan reformas laborales, que el "madero" con su
poderosa maquinaria te reprima cuando no estás conforme, además
da la casualidad de que eres el único que está mal, ya que el
resto está medianamente bien. Las guerras se hacen legales y además
con tu dinero se han pagado los uniformes y las bombitas que por surte no
caerán en tu cabeza.
En fin, esta historia parece que no acaba, aunque había dicho que acababa
en casa. Realmente, acaba, de momento, en mi cuarto a la espera que los jueces
me digan qué hacen conmigo, pues no iré a presentarme a la mesa.
Seguro que me dejo algo en el tintero pero por hoy basta. ¡Viva la libertad
y la conciencia!
En Madrid, durante el presente año, 32 personas ancianas han muerto
en sus hogares en el más absoluto abandono. Ya sé que estas
cifras comparadas con las que nos llegan de los distintos conflictos bélicos
que sufre el planeta son como una gota de agua en el océano. Pero a
mí me produce una tristeza infinita cada una de esas historias de vida
y muerte en soledad que nunca podré conocer.
Mientras algunas de esas vidas se extinguían, el Ayuntamiento engalanaba
con flores las calles para la boda del Príncipe, y la concejala Ana
Botella preparaba su pamela para el evento.
No hay dinero en las arcas municipales para atender a los 800 ancianos octogenarios
que viven solos según el censo. Son seres improductivos, noticias desagradables
que aparecen inoportunamente en los periódicos como una molestia más
para el sistema. Solo cuando los políticos necesitan su voto se convierten
en ciudadanos.
El Ayuntamiento afirma que las cifras que baraja la prensa no son fiables,
que probablemente están hinchadas y debemos esperar al otoño,
en que se realizará un censo de mayores, para que se clarifique la
situación. Es decir, los viejos son virtuales, "tamagochis"
que si no comen o reciben los cuidados necesarios desaparecen de la pantalla
sin especiales consecuencias. Naturalmente, como todos los políticos
sin distinción de género ni de partido, son personas realistas
y responsables ¿cómo van a preocuparse de quienes no saben siquiera
si existen y por tanto no pueden conocer sus necesidades?
Que un anciano o anciana que cobra una pensión de 400 euros mensuales
tenga que pagar 60 por una ayuda a domicilio (según información
de los Servicios Sociales del Ayuntamiento) que debería proporcionársele
gratuitamente, es algo que debe avergonzar a quienes emplean nuestro dinero
en alfombras rojas, comilonas de mil quinientos invitados y trajes de seda
natural.
Decididamente los viejos y viejas no son rentables, no proyectan la imagen
de Madrid en el mundo de cara a las próximas olimpiadas, no promocionan
la ciudad para que aumente el turismo ni protagonizan cuentos de hadas que
nos dejen hipnotizados ante el televisor. Unicamente son personas que trabajaron
para dejarnos una vida más cómoda a quienes ahora les ignoramos.
Claro que esos son los viejos y viejas del pueblo, los burgueses solo tienen
personas mayores respetables que son atendidas por enfermeras diplomadas y
cuyos féretros, cargados de coronas, son despedidos con todos los honores.
Los destinatarios de las pequeñas pensiones, aquellos cuya muerte solo
es detectada por el vecindario por el mal olor que desprende su cadáver
al descomponerse, quedan en el olvido. Ni siquiera se les quiere permitir
formar parte anónima de las estadísticas. No existen, no son
nada.
En otras culturas, que muchas veces son rechazadas por quienes temen a todo
lo diferente, la ancianidad era signo de sabiduría, en esta solo significa
rechazo, marginación y soledad.
Estamos tan acostumbrados a que se organicen guerras para buscar armas inexistente;
se canten las bondades de un expresidente nortemericano como Reagan, cuyo
mayor mérito fue financiar a la "Contra" nicaragüense
y se organicen malabarismos para hacernos ver lo negro blanco, que puedo pensar
que los 32 muertos contabilizados son pura fantasía. ¿Lo serán
también los miles de emigrantes sin papeles, las largas listas de espera
de los hospitales o los numerosos contratos precarios que se firman diariamente
en este lugar que llaman Madrid?
Retrospectiva
del
humanitarismo asesino
La sociedad de la (des)información
Valentín
González (1979-2004):
25 años después