PERIODICO ANARQUISTA
Nº 192
             JULIO 2004

 

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Los miserables

Nunca como en la época que nos ha tocado vivir, el anarquista ateo y librepensador ha precisado del más amplio y profundo conocimiento de la condición humana. Y no es para menos porque ante la avalancha de datos, informes, imágenes y experiencias que ha de digerir a diario, una de dos: o intenta realizar un frío análisis psicológico de los mismos y sigue en su lucha por muy negras que pinten las expectativas de futuro, o el impacto brutal que puede causar en su sensibilidad lo que ha de ver y aguantar le llevará a la neurosis total o a convertirse en un suicida justiciero y por tanto un enemigo menos para el poder.
Los indiferentes, los ignorantes y sobre todo los interesados dirán que nuestras palabras son la letra de una canción que aburre de tanto oírla. Pero, nosotros los anarquistas seguiremos gritándola día a día en aras de la libertad, la justicia y la dignidad del ser humano. Qué menos podemos hacer ante los nauseabundos y bochornosos sucesos de este mes de mayo en el cual se han vuelto a escribir páginas de ignominia, humillación y muerte en la historia de la "civilización" humana.
Ahí tenemos al glorioso, depredador y asesino ejercito USA cubriéndose de gloriosa mierda en las cárceles y calles de Iraq, cumpliendo satisfactoriamente las "sugerencias" de su no menos genocida gobierno y recuperando los métodos que ya practicaron intensamente en Vietnam y otros lugares ¿O acaso lo habíamos olvidado ya? Lamentablemente a muchos españoles nos vuelve a la memoria los nunca desaparecidos recuerdos fascistas, en las cárceles y campos de concentración del nunca olvidado "invicto caudillo" y gran asesino de nuestra historia.
Basta que varias familias se reúnan unas horas para celebrar cualquier fiesta que les haga olvidar por unos momentos su humillante y triste situación para que los masacren acusándoles de terroristas. ¡Qué rabia, qué dolor y qué impotencia ver a las criaturas amontonadas y destrozadas por la metralla! La palabra asesinos dicen que procede del nombre de una secta que se dedicaba a matar por dinero en la antigüedad. Hoy no es una secta, es un poderoso ejército, un gobierno fascista, unos poderes empresariales inmensos y muchos millones de ciudadanos que los apoyan o consienten lo que hacen, ¿Será "asesinos" la palabra de la era actual que defina a esta pandilla de criminales?
Para no ser menos, sus alumnos aventajados, el fascista y asesino gobierno de Israel, envía a su no menos depredador ejército a la caza de palestinos ¡como si fueran conejos! Política de tierra quemada. Buenos maestros tuvieron: los métodos nazis que ellos padecieron antes y durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial ahora los aplican a los palestinos y con los mismos objetivos que los USA cuando levantaron su "gloriosa" nación sobre cadáveres y las tierras de las numerosas tribus indias. ¡Pobre pueblo palestino condenado a desaparecer ante los ojos de una comunidad política internacional que unas veces por cobardía y otras por complicidad más o menos encubiertas se cruza de brazos! Pero… ¡basta ya de desgracias!¡Levantemos el corazón! Lo tenemos levantado, Señor. No todo iba a ser violencia y muerte en este mayo sangriento. Pongámosle un final feliz. Y qué mejor final que una boda real. ¡Como en las películas!: "El príncipe y la corista", perdón Marilín, "el príncipe y la periodista". Varios miles de invitados en la ceremonia y en el convite: parásitos de todas las clases y de todos los rincones del mundo; políticos y sindicalistas trepadores, mercenarios con sus mejores uniformes y sus medallas al ¿valor?, gente del pueblo que son ¡amigos! De los que roban y oprimen al pueblo, y como he dicho antes ¡sindicalistas también! Banqueros, empresarios y demás sanguijuelas. Realezas parasitarias, en fin, todos aquellos que viven del sudor de los trabajadores y trabajadoras.
Claro que tanto parásito reunido podía despertar los instintos justicieros de algún loco o locos terroristas revolucionarios, así que para evitar cualquier susto que les pudiera aguar la fiesta tan güay qué mejor que tomar la ciudad con un ejército de policías de todo tipo y declarar sospechosos mientras no se demuestre lo contrario a sus cuatro millones de habitantes y potenciados terroristas a cualquiera que viniera de fuera. ¿O es que algún ingenuo cree que incluso los que de buen grado fueron a aplaudir y vitorear a tanto parásito, famoso o famosillo, no estaban siendo observados como si fuesen potenciales asesinos?
Tan fastuosa boda podían haberla celebrado en alguna de las innumerables fincas que poseen algunos de sus amíguetes a lo ancho y largo del territorio, llevarse allí a todos los invitados y de forma discreta montar la ceremonia, el convite y los postres, con los cuerpos bien alegres por los efluvios etílicos darles una escopeta y una canana a cada invitado y como fin de fiesta organizar un ojeo dentro de los limites de la finca. Casi seguro que algún pajarraco o alguna zorra caía.
Pero no, tenían que demostrarnos quién manda aquí, dónde están ellos y cuál es el lugar que le corresponde al pueblo ¿soberano? Lo dicho: Son unos miserables.

Grupo Camilo Berneri Subir


Retrospectiva del humanitarismo asesino

Las mujeres son las primeras víctimas en cualquier guerra. La violación y el abuso degradante son el sello identificativo de los ejércitos de cualquier país, ideológicamente imbuidos de las actitudes patriarcales más rancias. Pero la acusación de violación ha servido a veces como parte esencial de la propaganda de guerra. Las grandes corporaciones mediáticas se han hecho eco de ello sin examinar las fuentes cuando así ha interesado. El caso de la guerra de destrucción de la federación yugoslava es un buen ejemplo. La revista MS publicó un reportaje que acusaba a las fuerzas serbo-bosnias de realizar violaciones para producir vídeos pornográficos. Las películas nunca fueron encontradas y ninguna organización de observadores independientes apoyó las acusaciones. Medios como el Warburton Report o el New York Times dieron, desde enero de 1993, cifras en torno a las 200.000 mujeres musulmanas violadas como estrategia de guerra serbia. Un miembro disidente de su propio equipo de investigación, antigua ministra francesa y expresidenta del parlamento europeo, Simone Veil, afirmó que la estimación estaba basada en entrevistas con cuatro víctimas (dos hombres y dos mujeres). El New York Times del 19 de octubre de 1993 afirmaba que la única fuente de información sobre la cifra de 200.000 víctimas era el ministro de sanidad croata en Zagreb. En la misma línea intoxicadora un titular del 15 de enero del New York Times decía: "Una niña de dos meses hija de una adolescente musulmana después de haber sido violada en un campo de detención serbio". En ese momento la guerra no había cumplido los nueve meses. En aquella situación la propaganda fue recogida y amplificada por colectivos sociales que decían defender los derechos y libertades de la mujer, lo que produjo una sensación de veracidad en la opinión pública respecto a lo que no eran más que mentiras planificadas.
El 6 de mayo de este año, Amnistía Internacional hizo pública una denuncia contra la policía internacional y los efectivos de la ONU y la OTAN desplegados en Kosovo. Al parecer se están dedicando al desarrollo de la industria del sexo traducida en el tráfico de mujeres obligadas a ejercer la prostitución. Textualmente: "Mujeres y niñas son vendidas a la esclavitud. Son amenazadas, golpeadas, violadas y efectivamente encerradas por sus dueños. Con clientes entre los que se encuentran la policía internacional y soldados (ONU y OTAN), las niñas y mujeres a menudo están demasiado asustadas para escapar." Hay que tener en cuenta que siendo un 2 por 100 de la población, las fuerzas "de paz" alcanzan un 20 por 100 de la clientela. El silencio de las organizaciones feministas y de gran parte de aquellas dedicadas al respeto de los derechos humanos en general es patente a diferencia del ejemplo anterior.
Esta actitud de los militares no debería causar sorpresa a tenor de las experiencias anteriores con los envíos de fuerzas "de paz" bajo el mando de la ONU o de la OTAN (se trata de los mismos verdugos con cascos de diferentes colores). El caso de Camboya es especialmente clarificador, ya que fue la misión más grande y espectacular de Naciones Unidas en toda su historia. Con el despliegue de miles de funcionarios internacionales a Phnom Penh, su capital, se multiplicó de forma inmediata la prostitución en la ciudad. En 1991, justo antes de la entrada de los militares, se había diagnosticado un caso de sida en todo el país y diez años después se habla de un 4 por 100 de la población diagnosticada y en aumento. El responsable de las fuerzas de la ONU, el japonés Yasushi Akashi, reaccionó al escándalo de la prostitución prohibiendo aparcar los vehículos blancos con las letras "UN" en azul delante de los prostíbulos (práctica habitual), se supone que siguiendo aquella máxima de "lo que no se ve, no existe". Respecto a las reiteradas peticiones de análisis de seropositividad a sus soldados contestó: "Todo el mundo, incluso los soldados, tiene derecho a disfrutar de compañía femenina, y no podemos discriminar a aquellos que sean seropositivos". Este sujeto fue designado inmediatamente después como responsable de la misión de la ONU en Yugoslavia con idénticos criterios.
Al margen de otro tipo de atrocidades que todos conocemos, es interesante por último volver la vista hacia Afganistán, lugar hacia el que representantes de la cultura y de la defensa de los valores feministas de este país dirigieron por un momento su voz con el grito "Una flor para Kabul". El pistoletazo de salida de la campaña lo dio Emma Bonino, comisaria europea, en febrero de 1998 y todavía se encuentran en Internet apoyos a la campaña hasta el verano del año 2001. Todos sabemos lo que pasó el 11 de septiembre de aquel año. Pudimos ver, poco después del ataque a sangre y fuego estadounidense, las imágenes propagandísticas de una mujer arrojando el burka y de un hombre afeitándose la barba. Hoy es de dominio público que las mujeres afganas siguen igual de sometidas, usando el mismo burka, pero ya no hay flores para ellas. La única libertad que se ha restablecido en el país es para la heroína que vuelve a correr desmesuradamente hacia las venas de los jóvenes de la Europa del Este sobre todo. El ejército español acaba de aumentar sus efectivos en aquel país para tan gloriosa empresa, mientras gran parte de la "izquierda" aplaude el regreso del despliegue iraquí sin hacer mención alguna al contingente afgano.
No se puede dejar de hacer referencia a los motivos fundamentales de las intervenciones "humanitarias" que traen tan funestos resultados. Y quién mejor para expresarse al respecto que Javier Solana: "Lógico es que quienes hemos estado trabajando por la paz allí con nuestros soldados, también tengamos un reconocimiento de ese esfuerzo desde el punto de vista económico para nuestras empresas y, al fin y al cabo, para el empleo de España" (en declaraciones a la Revista Española de Defensa, febrero de 1996).
Las conclusiones de todo lo expuesto anteriormente son claras. Los sectores del capital que intervienen por intereses particulares en una u otra parte del mundo por la fuerza de las armas necesitan dar una cobertura moral a sus crímenes contra la humanidad. Qué mejor que en la fase previa a la violencia haya organizaciones sociales que critiquen la situación del país atacando a la sensibilidad de los ciudadanos para que desarrollen cierta complacencia con la movilización de tropas. Es de exigir que si la actitud de estas personas y colectivos sociales no pretendía seguir el juego a los asesinos griten hoy con la misma fuerza con que lo hicieron entonces. De igual modo, que dirijan sus gritos contra los nuevos verdugos de las mismas víctimas que antes pretendían defender. Creo que no lo veremos, pero si se debe a la cobertura que las instituciones del Estado y de los poderes económicos pusieron a su servicio en aquellos momentos, debería existir la suficiente honestidad para denunciarlo hoy desde los medios que todavía se mantienen independientes de sus tentáculos.
El anarquismo siempre ha denunciado que ningún ejército defiende la paz, y cada día que pasa esa idea cobra más importancia en vista del carácter "humanitario" con que se pretende revestir al ejército. Es preciso que en los futuros conflictos tengamos en cuenta las experiencias a las que se ha hecho referencia para acertar en los análisis y no bailar al ritmo que marca uno u otro sector del poder.

Julio Reyero subir


La sociedad de la (des)información

Vivimos en la época del apogeo del sistema capitalista y de los Estados.
El sistema capitalista tiene dos caras:
1) la que se vive en el primer mundo, donde el capitalismo es bien recibido por la masa (de borregos): centros comerciales, donde la gente compra lo que no necesita, le sobra o no sirve de utilidad real alguna; centros de ocio, donde la juventud se desinhibe de su (mal) vivir cotidiano y le aliena al conformismo.
2) lo que se vive en el Tercer Mundo y en los países en vías de desarrollo, donde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se ceban, donde las multinacionales e internacionales explotan a los trabajadores, donde se expolia la dignidad (en trabajos malpagados, en los prostíbulos donde los occidentales hacen perder la dignidad como personas a los niños y sobre todo a las niñas), donde las guerras fomentadas por el capitalismo producen dependencias económicas del "amo", la compra de armamento (a países del Primer Mundo), la militarización y brutalización de los niños soldados.
Los Estados, por su parte, se han perpetuado en la hegemonía del uso de la fuerza, monopolio que ejercen sobre todo posible enemigo (es decir, toda persona que pueda cuestionar su poder o su moralidad o justicia). Los Estados no sólo pretenden mantenernos el yugo en el cuello, sino que hacen (o pretenden, consiguiéndolo en muchos casos) vernos como enemigos, como si fuésemos parte de un ente (del propio Estado). Quien no se subleva ni dificulta e incluso promueve y deja someterse, le hacen creer que es parte del Estado, del cual dicen que somos todos, y de esa forma le hacen sentir peligrar en los casos en que peligre el Estado (haciendo que los vigilados y manipulados por parte del Estado, vigilen a los demás).
Vivimos en un Estado policial, armado y secreto, que espía desde tu propio barrio hasta tus conversaciones (e-mail, telefónicamente, sms... saltando sus dispositivos cuando aparecen determinadas palabras). Vivimos el nacer de Europol, las SS del Estado europeo, sin control gubernamental ni judicial.
La precariedad laboral, los bajos salarios, la manipulación informativa, la dificultad de encontrar vivienda digna, el control y la represión de los movimientos sociales: esto es nuestro campo de concentración.
La dependencia, indiferencia, pasotismo, conformismo, colaboracionismo de los ciudadanos con el Estado: esto es nuestra cámara de gas.
La "democracia" oculta bajo la falsa libertad de la representatividad y el electoralismo, la maquinaria del terror, la dictadura del capitalismo.

Grupo Alas Negras Subir


La democracia con sangre entra

Alarmantes noticias de torturas y maltrato a los prisioneros iraquíes nos llegan de aquel lejano y a la vez, por circunstancias informativas, tan cercano país llamado Iraq, donde el ejército norteamericano se ha propuesto instaurar la democracia a base de palo y tentetieso.
Al parecer los defensores, los paladines de la libertad internacional, no han tenido la acogida que esperaban en el país al que, se supone, han ido a liberar y se han sentido tan ofendidos que han hecho correr la sangre de todo aquel que disentiese de ellos para lavar la ofensa. Para esto y como suele ocurrir en estos casos se han pasado por debajo de los mellizos la Convención de Ginebra en su apartado de trato a los prisioneros de guerra y, no contentos con ello, encima lo han filmado y fotografiado todo para llevarse un recuerdo de su democrático comportamiento a su país de origen. Atrás quedan las armas de destrucción masiva que, hipotéticamente, tenía el dictador Saddam y las víctimas que había provocado entre kurdos, iraníes y chiítas. Lo que ahora se pregunta el "liberado" pueblo iraquí es: ¿Quién nos libera ahora de los angloamericanos? A los anarquistas no nos ha causado ninguna sorpresa el descubrimiento de este comportamiento por parte de los soldados yanquis, pues aparte de que se sienten impunes por la negativa del gobierno norteamericano a que sus soldados sean juzgados por el Tribunal Internacional de crímenes de guerra, este comportamiento contrario a las más elementales reglas del tratamiento a los prisioneros de guerra está a la orden del día, no sólo en el ejército yanqui, sino en todos los ejércitos y ejemplos los hay a patadas, desde el trato que reciben los prisioneros afganos en Guantánamo, pasando por las vejaciones infringidas por los británicos a los argentinos en Las Malvinas, hasta las barbaridades cometidas por los soldados soviéticos con los prisioneros chechenos.
Sin ir tan lejos, en el ejército español, lo primero que te enseñan es que el prisionero enemigo no es nadie y como nadie debes tratarlo y de esto puede dar fe cualquiera que haya tenido la desgracia de hacer el servicio militar.
La población civil también recibe su parte en esta y en todas las guerras y, como siempre, es la peor parte ya que a los muertos en los bombardeos de hospitales, mercados, colegios y demás "objetivos militares" se unen los ametrallamientos de bodas y otras celebraciones con un número considerable de víctimas inocentes. Muy cerca de Iraq, en el inventado e impuesto Estado de Israel, la, a la fuerza, impuesta democracia judía siembra en la franja de Gaza y en Cisjordania el terror, la muerte y la desolación en una población civil que sólo cuenta con piedras y desesperados suicidas cargados de explosivos para defender su maltrecha dignidad y su identidad como pueblo. ¿Qué clase de democracia es aquella que pone en el poder a un asesino como Sharon para pisotear, exterminar y expoliar a un pueblo (el palestino) por el hecho de tener una cultura diferente?
Buen maestro tuvieron los judíos en su verdugo nazi al cual imitan con verdadera pasión en tierras de palestinos.
La democracia, la libertad, la justicia social siempre han de imponerse por la razón y las armas sólo han de servir para defenderlas. La democracia, la libertad y la justicia social siempre están en el pueblo soberano y no en la soberanía del poderoso frente al débil. Ningún ejército regular lucha por liberar a los pueblos, sino por imponerse a ellos por la fuerza, subyugarlos y someterlos.
Los anarquistas estamos por la libertad del pueblo iraquí y la de todos los pueblos de la tierra, por la convivencia pacífica entre ellos, sin imposiciones, sin sanciones, sin fronteras, fraternal y solidariamente, separados solamente por el hecho cultural y unidos por todo lo demás.
Los poderosos nos llaman, por pensar así, utópicos y nosotros les decimos con la firmeza de la razón que la historia siempre nos ha dado: ¡Viva la utopía!

Grupo Ekaitz Beltza Subir


Del desarrollo al decrecimiento

Reproducimos a continuación una de las mociones aprobadas en el XLI Congreso de la Federación Anarquista francófona celebrado el pasado mes de mayo.

El desarrollo de las fuerzas "productivas", concebido por el capitalismo como la finalidad de la historia, ha engendrado una nueva religión, la del crecimiento económico. Según las promesas de la ideología liberal, la felicidad debería medirse por el mismo rasero que el producto nacional bruto.
Después de medio siglo de "progreso", la enorme cantera de los "modernistas" ofrece un aspecto ruinoso. El hombre ha sido alcanzado en su carne y en su dignidad: alienación por el trabajo, paro, precariedad, estrés, soledad, malestar, etc. Las desigualdades sociales, tanto entre países ricos como entre países pobres, como en el interior de cada nación, no han sido nunca tan grandes. Encendidos y alimentados sobre todo por cuestiones estratégicas, los conflictos armados germinan en todos los continentes.
Pero, sobre todo, porque se pone gravemente en peligro a las generaciones futuras, el balance ligado al desarrollo se adivina como desastroso. La huella ecológica global de la humanidad (es decir, el nivel de agotamiento de las reservas y de perturbación de los mecanismos reguladores) sobrepasa ya el veinte por ciento de las capacidades biológicas de la Tierra. A un plazo más o menos largo, si se mantienen las tendencias actuales, necesitaremos recursos equivalentes a los de varios planetas. El crecimiento ya no es posible.
Para remediar esta situación, ha sido diseñado el "desarrollo sostenible" por los detentadores del poder (político, económico, mediático, etc.), así como por la fracción altermundista que sueña con "humanizar" el capitalismo, como si fuera una panacea. Pero la superchería no resiste a cualquier reflexión un poco seria. La ambigüedad propia del término asegura el éxito: enmascara el problema dando la impresión de resolverlo. Y peor aún, desplaza el problema para crear otro más espinoso. Para los beneficiarios de la "globalización", no se trata en absoluto de cuestionar el principio de economía liberal, sino de lograr que se acepten las reglas de la Organización Mundial del Comercio, con la perspectiva, para unas cuantas multinacionales, de privatizar un poco más los elementos vitales como el agua, la alimentación o la salud. El mercado se encarga de remediar la destrucción del planeta producida por... el mercado, con la única concesión consistente en atenuar los desgastes más visibles siempre que subsistan los beneficios.
Puesto que el impacto ecológico pone en evidencia un "super-régimen" respecto a los recursos del planeta, hay que orientarse hacia un decrecimiento físico, es decir, hacia reducir progresivamente la cantidad de materias primas y energéticas. El decrecimiento no es una elección ideológica; es una necesidad absoluta.
Si ninguna sociedad es ecológicamente inocente, es decir, si el desarrollo de la humanidad va siempre acompañado de una transformación del medio, por la carrera hacia el beneficio y la acumulación, con la creación continua de necesidades artificiales, se produce una aceleración fulgurante de la degradación de los ecosistemas. Lo previsible a la puesta en marcha de este decrecimiento será la desaparición del capitalismo. Porque este sistema necesita un crecimiento para sobrevivir, y puesto que su lógica propia es una dinámica suicida, no puede llevar a cabo ese decrecimiento... a no ser que suprima masivamente a las poblaciones pobres, es decir, perpetrando genocidios.
La segunda condición es la supresión del Estado, en la medida en que esta dinámica capitalista sólo se acelerará con la colaboración de los diferentes gobiernos: múltiples subvenciones, puesta en marcha de infraestructuras, responsabilidad de los poderes públicos en la formación, la investigación, los costes medioambientales, las pérdidas económicas... No aplicarse a la desparición del Estado supondría menospreciar un pilar fundamental del sistema y un adversario temible, y, por tanto, hacer imposible la transformación profunda de la sociedad.
Cualquier solución que lleve a cabo la economía de una redistribución de las riquezas estará fatalmente condenada al fracaso. Para que el decrecimiento pueda ser dominado por las diferentes poblaciones, para que no abra la vía de la barbarie de los conflictos por la apropiación de los recursos, o de las medidas draconianas del totalitarismo, el problema debe plantearse por fuerza desde una perspectiva de igualdad económica y social, pudiendo constituir la gratuidad de los servicios públicos una palanca esencial en esta construcción.
Si el desarrollo individual de sencillez voluntaria, es decir, la adopción de un modo de vida diferente, puede representar la base "filosófica" de una sociedad preocupada por las generaciones futuras, está claro que la suma de los comportamientos individuales ecológicamente "responsables" no bastaría para edificar una sociedad de decrecimiento. Y ello se debería a que los ámbitos más devoradores de energía y de materias primas (complejo militar-industrial, transportes, agricultura, etc.) seguirían políticas globales y, por tanto, decisiones colectivas. Sería ilusorio pensar que nosotros podríamos hacer la economía de una revolución.
Porque el dominio de cada uno de su propia existencia, porque la definición de cada uno de sus propias necesidades, no pueden en ningún caso justificar una producción bulímica, fruto de un trabajo alienante, sólo una sociedad federalista, autogestionaria, podrá asumir conjuntamente la igualdad económica, la justicia social y la conservación de los recursos naturales.

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¿Hacia una sociedad sin petróleo?

Recordar que las materias primas, y especialmente el petróleo, son una de las claves de la potencia industrial no sirve de nada. Todos lo sabemos desde hace tiempo. Pero vivimos en un mundo en el que el día de hoy viene dado por el de mañana, en el que la idea misma de que el mañana tiene que ser diferente de lo que vivimos ahora resulta iconoclasta. Sin embargo, nuestra relación con el petróleo está cambiando insensiblemente. Las reservas no son eternas. El despertar será brutal cuando nos demos cuenta de que no hay tanto grano para moler como desearíamos y que ese grano se va haciendo cada vez más escaso, lenta pero certeramente. El petróleo ya no es únicamente la gasolina para nuestro coche, sino numerosos productos corrientes que, al escasear o desaparecer, modificarán profundamente la sociedad en la que vivimos. Y este es el problema que está a punto de pasar al primer plano de la actualidad.
Los directivos de la Shell, la primera potencia petrolera mundial, acaban de experimentar la dolorosa experiencia. Se han tenido que retractar porque habían mentido en cuanto al montante de las reservas petrolíferas de que disponían.
Tratemos de comprender ese miniseísmo del planeta petrolífero. Tenemos un cierto número de nociones que van a determinar el porvenir de nuestro mundo en los años venideros, y quizás más rápidamente de lo que creemos. Para muchos científicos, la reserva mundial de materias primas es una cantidad que no puede aumentar porque es fruto de la evolución geológica de nuestro planeta. Se dice que es una cantidad finita. No puede sino disminuir a medida que se utiliza. Un geólogo, llamado Hubbert, ha calculado la curva de utilización de las materias primas y ha lanzado una hipótesis que ha recibido el nombre del "pico de Hubbert". Ese pico es el momento en que la mitad más uno de las reservas de materias primas ha sido utilizado y, a partir de entonces, se dirigen a su desaparición. Se pasa de la abundancia a la escasez. Podemos comprender enseguida cuáles serán las consecuencias. Las sociedades humanas no han retrocedido jamás ante una guerra a la hora de echar mano de las reservas mineras, por lo que el porvenir se anuncia nada menos que sombrío.
En el caso del petróleo, hay tres clases de reservas. Hay que manejar las cifras con extremada precaución. Según los artículos y declaraciones, pueden indicarse en barriles o en toneladas. Se trata de informaciones estratégicas de la mayor importancia. Son verdaderos secretos militares. Imaginemos dos minutos lo que podría suponer hoy un ejército sin carburante...
Las reservas que han sido "probadas" son las que se conocen desde hace tiempo y son fácilmente utilizables. Se calculan, según las fuentes, entre 850 y 1.213 miles de millones de barriles (un barril equivale a 158,5 litros). ¿A qué corresponde eso? Parece ser que en 1970, según las estimaciones de las empresas petrolíferas, había 70 miles de millones de toneladas de petróleo de reserva, que darían para unos 30 años de consumo. En treinta años, hemos consumido en realidad 90 miles de millones (habríamos consumido 133 miles de millones desde 1860), y dispondríamos hoy de 140 miles de millones de reserva.
Además de estas reservas mencionadas, están las probables, es decir, las que se supone que, según las nuevas prospecciones, otros estudios geológicos y cálculos de probabilidad, existen aquí o allá, en campos petrolíferos no explotados lo suficiente o bien sin explotar.
Y luego están las reservas no convencionales, que parecen abundantes pero cuya extracción resultaría demasiado cara con las técnicas actuales.
Primera constatación: estamos todos muy cerca del "pico de Hubbert". Habida cuenta de la fiabilidad de esta proyección, incluso lo habríamos superado. Si hacemos algún pequeño cálculo, teniendo en cuenta que en treinta años hemos gastado una media de 3.000 millones de toneladas al año, nos queda sólo para cuarenta años más. ¡Aún hay tiempo! Sin embargo, no es tan sencillo. El consumo de los países llamados desarrollados no disminuye, mientras que el de cierto número de países emergentes aumenta. No olvidemos que en este momento China consume un tercio de la producción mundial y que no se va a detener. Por eso es por lo que cuando la Shell reconoce haber sobreestimado sus reservas del veinte por ciento, la situación empieza a ser seria. Algunos analistas temen que la situación sea igual de confusa entre los demás grandes del petróleo.
Y en este marco, la guerra de Iraq toma todo su sentido. En efecto, el Oriente Medio custodia los dos tercios de las reservas petroleras. Ahí tenemos la guerra. De la tentación de echar mano a esas reservas a impedir su uso por terceros sólo hay un paso.
Estamos ante un futuro que hay que analizar y debemos tenerlo en cuenta en nuestros proyectos. El tipo de sociedad en la que vivimos está probablemente, a medio término, llegando a su fin. Salvo algún descubrimiento técnico siempre posible, nuestro modo de vida de consumo no continuará mucho tiempo. El consumo al que nos ha obligado la publicidad, catecismo del capital, va a estar reservado a algunos, y ese cambio suscitará enormes descontentos. Los conflictos nacidos de esta frustración serán, en una óptica anarquista, contradictorios con el tipo de sociedad que nosotros deseamos promover. Vivimos hoy día en una población de drogados por el consumo o los tranquilizantes (138 millones de euros en Prozac, en 2001, en Francia). Tendremos que afrontar una desintoxicación que será dolorosa.
Si la hipótesis militar se realizara, que es lo más fácil, es probable que los desfiles y otras manifestaciones no bastaran para frenar el proceso que se presentaría como necesario para preservar nuestro nivel de vida actual, una marcha hacia el abismo que sería, sin duda, muy popular.
Pero hay otras posibilidades. Las energías alternativas conocidas, solares o eólicas, pueden ocupar el lugar del petróleo en lo relativo a la energía pura, es decir, para sustituir a la electricidad que pone en marcha nuestro frigorífico o calienta nuestra agua. Hace poco, la General Electric compró las patentes en California para todo lo relativo a células fotovoltaicas, al darse buena cuenta de la existencia de un buen filón para explotar. A este respecto, hay que reconocer que el trabajo de comunicación a favor de ese tipo de energía, llevado a cabo por los ecologistas, ha dado sus frutos. En una estrategia económica liberal, las inversiones necesarias para la producción de electricidad de origen nuclear no pueden ser llevadas a cabo más que por el Estado. La presión cada vez mayor de un electorado opuesto a ese modo de fabricación unida al déficit presupuestario crónico, deja la puerta abierta a la iniciativa privada hacia energías "suaves".
La búsqueda de nuevos recursos oculta el hecho de que el petróleo no sólo sirve para poner en marcha los motores, sino que ha tomado una importancia determinante en todos los productos derivados. En la vida diaria, el plástico ocupa un puesto irreemplazable. Desde las bolsas del supermercado hasta los envases de los yogures o los forros polares, el petróleo está omnipresente. Con su escasez programada, todos esos productos se harán cada vez más caros.
Una sociedad que se base esencialmente en energías renovables sin haber tratado de resolver el problema del "poder" no será sino una sociedad de carencia, de escasez.
Es probable que en los años venideros el carácter fundamental de la recuperación de los desechos de toda clase y su reutilización sean el origen de una renovación de un proletariado industrial, mano de obra a buen precio. Los optimistas piensan que, como de costumbre, la humanidad encontrará un medio de seguir su curso hacia un mayor confort material. Ahí tenemos las investigaciones en tecnología punta a través de las OGM, las microtecnologías y los descubrimientos venideros que abren posibilidades al crecimiento de una sociedad en la que la deshumanización crecerá a la vez que su desarrollo técnico.
La cuestión que se nos plantea a los libertarios es la siguiente: ¿qué sociedad podemos proponer hoy día? ¿Cómo pensar en una sociedad en la que el consumo no sea la palabra clave?
El cambio obligatorio de modo energético puede abrir el camino a algo distinto a la confiscación de las energías "nuevas" por el capital. El equivalente no ha sido inventado aún, pero el modelo Internet es probablemente el que hay que seguir para el desarrollo de la sociedad que deseamos: la multiplicación de pequeños centros de decisión y de producción de energía utilizando las rutas de los grandes polos, de tal manera que todo ataque contra esa circulación ponga en peligro a los propios centros.
Nosotros, anarquistas, libertarios y antiautoritarios, debemos poner todo el esfuerzo en la elaboración de nuevas posibilidades. Hay que dejar sitio a la utopía creadora. Al lado de las reivindicaciones y denuncias, al lado de los análisis y reflexiones, hay que imaginar situaciones nuevas. Los anarquistas de hoy deben describir otro mañana. No se trata de hacer ciencia-ficción. Se trata de crear un imaginario que haga soñar e ilusionarse, incluso si vamos a contrapelo de la sociedad actual.

Pierre Sommer
(Le monde libertaire) Subir


Valentín González (1979-2004):
25 años después

El próximo viernes 25 de junio se cumplirán 25 años de la muerte del joven trabajador valenciano Valentín González Ramírez, durante la huelga de las collas del mercado de abastos de Valencia. En aquellos días los trabajadores exigían el cobro de los atrasos salariales del convenio apenas firmado. La respuesta de los empresarios del ramo y del Gobierno Civil no fue sino el envío de numerosos efectivos de la Policía Nacional para disolver lo que no era sino una justa y legítima concentración de trabajadores en defensa de sus más básicos intereses. La brutal carga policial contra los obreros allí concentrados era la buena prueba del talante "democrático" del nuevo sistema político recién estrenado. El resultado: la muerte casi al instante de Valentín como resultado del fortísimo impacto recibido en el pecho por una pelota de goma disparada a quemarropa. Viejos métodos para nuevos tiempos. Ése fue el trágico precio que tuvo que pagar este joven compañero por tratar de ayudar a su padre que estaba siendo apaleado por las fuerzas de "orden público". Valentín, como su padre y gran parte de los trabajadores de las collas, estaba afiliado a la CNT.
El asesinato de Valentín González provocó (como no podía ser de otra manera) la rabia y la indignación de miles de obreros y de buena parte de la opinión pública valenciana. El tratamiento que la prensa dio, así como la inverosímil versión policial posterior de los hechos acabó por colmar la paciencia de un proletariado que veía cómo la llegada de la democracia, la Constitución, no significaba absolutamente nada cuando se trataba de reprimir al movimiento obrero. La función clasista y servil de los cuerpos represivos y las instituciones del Estado se hacía una vez más patente. Así pues, y convocadas por la CNT a todas las fuerzas sindicales y políticas de izquierdas, se convocó una jornada de huelga general y para las primeras horas de la tarde, una multitudinaria manifestación en Valencia en repulsa por el enésimo acto de barbarie de la policía contra trabajadores, estudiantes, jóvenes, proletarios en general. Ni que decir tiene que el seguimiento fue abrumador. Dicho acto contó con la asistencia de centenares de miles de trabajadores y ciudadanos en general. Una de las más grandes manifestaciones celebradas en Valencia a lo largo de su historia más reciente. Algo a lo que pocos hoy día dedican algún recuerdo, y que en los historiadores de distinto signo político que han tratado la llamada "transición democrática" parece no merecer mayor tratamiento. Los sentimientos de unidad, compañerismo, solidaridad y libertad son valores que acompañaron y deberían acompañar siempre a los explotados de todos los tiempos, a los hijos del trabajo.
Valentín González no fue la única víctima de aquella época. Desgraciadamente, y en un contexto de grave crisis económica y de pujanza del movimiento obrero (a pesar de los intentos de los sectores recuperadores y reformistas de domesticar la autonomía de los proletarios en sus luchas), fueron varios los sucesos luctuosos con igual balance trágico. Recordemos por ejemplo el asesinato de la joven Mª Luz Nájera en Madrid por impacto de un bote de humo, cuando protestaba por el asesinato por mano fascista del obrero Arturo Ruiz; el asesinato del militante de izquierdas Germán Rodríguez en Pamplona durante los sanfermines de ese año; o la muerte en 1979 de Gladys del Estal en Tudela por disparo con fuego real de la Guardia Civil en una marcha antinuclear. Todas ocurridas ese año. Años más tarde el Gobierno "socialista" respondía con idéntica medicina para sofocar a los obreros de Reinosa (Cantabria) cuando protestaban contra la reconversión industrial de la región. La represión que en todo tiempo y lugar hemos sufrido los trabajadores (con mayor o menor intensidad) es algo que debe estar presente en todas nuestras luchas, en nuestras actuaciones cotidianas.
Basta echar un vistazo a los últimos años para encontrar actuaciones arbitrarias del poder en cuanto al cierre de medios de comunicación, ilegalización de formaciones políticas, encarcelamiento de activistas y militantes ecologistas, sindicalistas, jóvenes, antimilitaristas, etc. y últimamente aventuras militaristas con las que la clase dirigente de este país intenta subirse al carro del imperialismo en tierras ajenas. Por no hablar de una de las peores condenas: la ley del silencio con que el Estado castiga a todos los sectores disidentes del orden político y económico existente. La muerte de estos jóvenes hace veinte cinco años deber ser, pues, recordatorio para nuevas generaciones de militantes proletarios en sus sueños de un mundo mejor. No hemos creído nunca ni creeremos jamás en este "Estado social y democrático de derecho" que no ha dudado nunca en utilizar la violencia y la represión para mantener los privilegios económicos de la clase dirigente. Pecar de ingenuos es un error que no nos podemos permitir.
Hoy, 25 años después, y por iniciativa de la Confederación Nacional del Trabajo, rendimos homenaje a Valentín González, y con él, a todas las víctimas de la barbarie policial y fascista, que han tratado siempre de sofocar los anhelos de libertad y de justicia social, de un mundo mejor y más justo, sin amos ni explotadores.
Valentín pertenecía a la CNT, pero podía haber pertenecido a otro sindicato, o quizá a ninguno. Con este acto, no pretendemos crear mártires ni mucho menos caer en la nostalgia, sino recuperar la memoria robada con que el poder trata de silenciar episodios de nuestra historia reciente.
Pero parece que también entre los muertos hay clases sociales. Valentín no fue víctima del "terrorismo". Como si no fuera terror lo que han sentido los trabajadores en infinidad de ocasiones en enfrentamientos con los cuerpos represivos en la defensa de su dignidad como trabajadores. No interesa a la burguesía de hoy día recordar hechos como éste. Ninguna iniciativa en recuerdo de Valentín González ha sido acogida favorablemente por el Ayuntamiento. Hoy, mientras cientos de jóvenes disfrutan de las instalaciones deportivas y escolares del antiguo mercado de abastos, la figura de Valentín queda como un fantasma en las negras conciencias de sus asesinos y un desconocido para la juventud. Ninguna placa, ninguna flor, ningún recuerdo.
Sirva pues para recuperar la memoria histórica, para dignificar este mundo podrido por el dinero y el individualismo, para mejorar como seres humanos. Para no olvidar.

Federación Local de
Valencia de la CNT-AIT Subir


Actualidad venezolana

(Reproducimos el editorial publicado en la edición de junio-julio del periódico de nuestros compañeros de la Comisión de Relaciones Anarquistas -CRA- de Venezuela, nuevamente en la calle para hacer frente al maniqueísmo tramposo que hoy abruma la escena político-social de este país y para proponer alternativas consecuentes de libertad e igualdad en solidaridad)

Con la convocatoria a referenda revocatorios de los mandatos del Presidente de la República y de diversos diputados de la Asamblea Nacional, se abre un lapso electoral -tomando en cuenta sus diferentes momentos- de por lo menos tres años de duración. Arranca de esta manera un período oscuro para los movimientos sociales de diverso signo del país, nefasto en tanto la electoralización de la crisis sólo legitima las dirigencias de los dos bandos neoliberales (chavismo cupular y oposición mediática) que actualmente se disputan el país. De las tantas consecuencias que esta realidad implica, sólo resaltaremos dos: la agudización del chantaje acrítico y la supeditación de las reivindicaciones concretas a la lógica suprema de la acumulación político-partidista.
Uno de los aciertos de los conserjes del poder de ambas toldas es haber consensuado mediáticamente una polarización política de los venezolanos, maniqueísmo falso en tanto el accionar económico de ambos favorece al capital internacional y se exhibe ante ellos como garantía de gobernabilidad y apego a los cánones de la formalidad democrática. En un discurso vacío de propuestas y contenido, cada sector demoniza al adversario y se presenta a sí mismo como la garantía de valores abstractos -la "revolución" o "la libertad"- promocionados discursiva y emocionalmente a través de sus medios de comunicación. Si entendemos cada conglomerado como un partido, podemos fácilmente constatar cómo cada uno le exige a sus afiliados una incondicionalidad ciega, en la que todos los errores o componendas son siempre achacables a la eterna conspiración de los otros. Los cuestionamientos autocríticos, cuando los hay, se hacen en voz baja; si se ventilan demasiado los propios pares lo silencian con la sentencia "no hay que darle armas al enemigo". Respondiendo con "espíritu de cuerpo", militantes honestos de base se han pervertido al justificar lo injustificable, o en los peores casos, tolerar en su seno los actos que dicen combatir de los otros en aras de la "victoria definitiva". Si cualquier mínima disidencia interna era rápidamente adjetivada de "traición", en los días que se avizoran serán prácticamente autocensuradas desde el inicio.
Las elites políticas de lado y lado necesitan una participación de los suyos a conveniencia. Las agendas de cada movimiento social y su propia autonomía se hipotecan en pos de coyunturas decididas desde arriba. Las movilizaciones y los esfuerzos de cada cual se enfocan en legitimar a su bando como "la mayoría", postergando sus propias reivindicaciones para un momento que nunca llegará: la supuesta "profundización del Proceso" o la pretendida "restauración de la libertad". El movimiento popular ha cedido al chantaje y se ha convertido en un mero apéndice de una estrategia que legitima al Estado y sus mecanismos institucionalizados de participación, repetimos, una participación de piernas muy cortas. Después del aprendizaje experimentado a partir de 1992 -post Caracazo, con un accionar beligerante en ascenso-, desde 1998 los venezolanos somos únicamente convocados para hacer bulto de la comparsa electoral, pegar carteles e inscribir votantes. La autonomía de acción de los colectivos oprimidos -y su propia agenda política- queda relegada a un segundo plano, cuando no explícitamente recuperada o
inmovilizada. En este sentido las experiencias castradas de la toma de la Universidad Central de marzo de 2001, de las nueve fábricas "tomadas" por los trabajadores, la llamada "Constituyente petrolera", las ocupaciones de edificaciones urbanas y las asambleas de vecinos deberían aleccionarnos sobre qué camino evitar.
El trabajo inaplazable en el momento actual es profundizar las redes sociales de los de abajo, de los oprimidos y las minorías, prefigurando aquí y ahora las relaciones sociales liberadoras de todas las miserias que nos agobian. Señalar a quienes pretenden convencernos de elegir por lo "menos malo" y postergar nuestros deseos para un hipotético mañana como lo que son: burócratas -o aspirantes a serlo- ávidos de un pedazo del pastel. Revocar un cargo dejando la estructura de dominación intacta es permitir al poder que se reconfigure bajo nuevas formas y perpetuar la miseria, el desempleo, la inseguridad social y la entrega de nuestros salarios y riquezas al capitalismo globalizado, ese que bien representan las dos cúpulas en pugna.
Autogobierno, autonomía y autogestión ¡Ahora!

El libertario Subir


Dos Estados para dos naciones:
dos Estados más que sobran

(Nuestros compañeros de la Iniciativa Comunista Anárquica participaron en la gran manifestación por la paz celebrada recientemente en Tel Aviv. Reproducimos el manifiesto que repartieron para difundir su posición)

Si el Estado de Israel y la autoridad palestina llegan a un acuerdo de "paz", no será la consecuencia del deseo israelí de "seguridad" para los ciudadanos, ni del deseo palestino de "independencia". Será más bien una consecuencia de los intereses geopolíticos internacionales de las potencias, pues esos conceptos no tienen nada que ver con su modo de ver las cosas. Los acuerdos de Ginebra, iniciados por políticos y hombres de negocios, se han firmado y aplicado como se preveía (y son ya dos cosas diferentes), y serán la expresión de esos intereses, y así será con cualquier otro acuerdo político que se pueda imaginar.
El término más adecuado para describir el tratamiento del Estado de Israel hacia los habitantes que no se incluyen en la categoría de los judíos israelíes que gozan de plenos derechos, es el de apartheid: una regla de separación chauvinista, que confisca la tierra a los campesinos, restringe la libertad de movimiento a las personas que van a trabajar, y obstruye las capacidades de los capitalistas palestinos para desarrollar su economía. Todo eso a la vez que el Estado de Israel trata de lograr la cooperación de los dirigentes palestinos.
Las personas que se consideran activistas por la paz se preguntan seriamente, al margen de las respuestas oficiales de la izquierda, cuáles son las razones que sostienen la política común de todos los gobiernos israelíes (ya sean de izquierdas o de derechas) respecto a los palestinos. Nosotros consideramos que no se trata sólo de la conquista de un pueblo por el torbellino de los antiguos imperios, ni de la expresión de una creencia en una tierra de Israel indivisible, sacada de la Biblia. No es más que el bloqueo debido a la presión de un importante lobby de dirigentes de los colonos, que a su vez desempeñan un papel importante en la situación.
El apartheid debe verse como algo que sirve a intereses poderosos. Sirve a los capitalistas israelíes al proporcionarles mano de obra a costes pequeños, utilizada principalmente por los pequeños y medianos empresarios en las empresas industriales y de la construcción. Los "árabes israelíes" que estaban bajo la ley militar durante los años 1948-1966 han cumplido con su papel y aún más que los habitantes de las regiones ocupadas en 1967. Sólo recientemente, como resultado de la Intifada, con la "importación" masiva de trabajadores inmigrantes temporales, el acceso libre a cierta mano de obra se ha visto interrumpido. Las grandes compañías israelíes han aprovechado la ocupación de 1967 principalmente porque ha abierto un gran mercado de consumo libre de toda competencia. El sistema militar, que siempre ha sido poderoso en Israel, ha apreciado, y sigue apreciando, las carreras garantizadas por el gobierno y las industrias una vez acabado el periodo de servicio. Los militares tienen mucho interés en que el apartheid (y el conflicto) perdure porque les asegura posiciones sociales y derechos. Interesa igualmente a los Estados Unidos, que se benefician desde los años 50 de los servicios que les ha prestado el Estado de Israel, bajo una amenaza permanente y necesitado de su apoyo.
Una llamada de atención: las discusiones serias a propósito de la creación de un Estado palestino han comenzado hace sólo quince años, al final de la primera Intifada. Casi ninguno de los dirigentes de la izquierda sionista y de la izquierda más radical actual, que parecen haber conseguido reescribir su historia en un estilo más o menos orwelliano, puede imaginar que tal acuerdo sea posible. Incluso al principio del período de los acuerdos de Oslo, sólo hablaban de autonomía. La OLP y la izquierda antisionista hablaban de la creación de un Estado soberano compuesto por todos los ciudadanos (binacional). La autoridad palestina no existía en absoluto antes de que Israel contribuyera a que la OLP asumiera sus funciones. El acuerdo de paz que afectaba a los dos Estados para dos naciones no estuvo en el orden del día hasta que, tras la Intifada y los cambios de la economía mundial, no comenzó a interesar a ciertas franjas capitalistas israelíes y norteamericanas.
¿Qué significa esa paz? Si comparamos la situación en el Israel ampliado con un apartheid como el que ha existido en Sudáfrica, podemos ver que la paz significa el sometimiento de la Intifada a una junta dirigente palestina que servirá a Israel. Una paz como esa, a menudo denominada "normalización", se vincula al proceso que se expresa en el mundo entero bajo el término de globalización y a las iniciativas a favor de una cooperación económica regional que deberá culminar en una "región de libre intercambio en todos los países mediterráneos".
En todo el mundo, tales acuerdos tienen como consecuencia el control de las economías locales por los intereses multinacionales, la violación de los derechos humanos más elementales, el deterioro del estatus y condiciones de las mujeres y los niños, la violencia social y la destrucción del medio ambiente.
¿Y tal acuerdo aportará, por lo menos, el fin de la violencia? No lo creemos: los baches y dificultades económicas aumentarán, el problema de los refugiados seguirá sin resolverse y la legitimidad del apoyo económico internacional ofrecido a numerosas personas sin trabajo en la franja de Gaza y Cisjordania se pondrá en entredicho (como ha sucedido en parte tras los acuerdos de Oslo y más recientemente). En una situación así, los palestinos no tendrán más elección que depender de "su" Estado, un Estado minúsculo y dependiente del que no hay más remedio que dudar sobre si sabrá estar a la altura de las circunstancias.
Los Estados actúan dentro de un sistema de intereses y se preocupan poco de la gente corriente como nosotros. Si queremos lograr un cambio hacia mejor y disminuir los baches que nos separan, así como los asesinatos mutuos, deberíamos dejar de comportarnos como marionetas obedientes a los líderes económicos financiados por los europeos y los americanos, que se contentan con hacer manifestaciones democráticas. Sería preferible que actuáramos para hacer caer las divisiones nacionales y resistir a las fuerzas militares responsables de una masacre mutua sin fin.
No deberíamos promover un programa político como el de los acuerdos de Ginebra, ni ningún otro acuerdo alternativo. Incluso actuando a un nivel independiente (local), debemos siempre recordar que mientras existan los Estados y perdure el sistema capitalista, toda mejora que consigamos será sólo parcial y siempre amenazada. Por tanto, debemos ver nuestra lucha como una parte integrante de la llevada a cabo en el mundo entero contra el capitalismo mundial y hacer un llamamiento a un cambio revolucionario basado en la abolición de las clases, de la explotación, y por la construcción de una sociedad nueva, sin clases, comunista anárquica. Una sociedad en la que no haya más coerción del Estado, ni violencia organizada, en la que no exista el nacionalismo, ni otros defectos de la era capitalista.

Este panfleto ha sido distribuido por los
anarquistas israelíes traidores a la nación.


Anarquistas Contra el Muro

El pasado 11 de junio seis activistas israelies de "Anarquistas Contra el Muro" fueron detenidos por haber abierto la barrera que estrangulaba la aldea palestina de Bezariya. Los seis se encontraban entre las varias docenas de activistas israelíes e internacionales que se colocaron en ese punto esa mañana.
Conjuntamente con campesinos palestinos, los activistas quitaron rapidamente dos montones de tierra que el ejército tenía apilados y que bloqueaban los accesos de la aldea a Nablús y Tulkarén.
Aparentemente, el ejército y la policia fueron cogidos por sorpresa, no habiendo señal de ellos cuando la barrera fue levantada y los campesinos pudieron viajar libremente desde hace meses. Pero en su camino de regreso, el autobús de los activistas fue interceptado por policías de paisano, que tomaron los documentos de identidad y pasaportes de toda la gente, y fotografiaron a todas las personas que ahí viajaban. En un principio, todos los pasajeros fueron informados de que estaban bajo detención. Depués, la policía seleccionó a seis, que consideraban líderes, y fueron trasladados a la comisaría de Ariel, donde se encuentran detenidos actualmente.


Anarcosindicalismo en Israel-Palestina

En una reunión de los compañeros de la Iniciativa Anarcosindicalista en Israel-Palestina (ASI), se ha acordado llevar adelante el proyecto de construir una auténtica organización revolucionaria anarquista de la clase trabajadora. Hemos decidido pedir la afiliación a la AIT y estar en el estatus de Amigos de la AIT. Estamos tratando de introducir nuestro manifiesto el próximo mes.
Los años recientes han sido terriblemente malos para los trabajadores israelíes y palestinos. Ninguna organización ni partido político ofrecían ninguna vía; todos ellos servían a las elites capitalistas dirigentes, no eran sino leales sirvientes de los enemigos de los trabajadores.
Los sindicatos estatales de Israel y los corrompidos sindicatos de la Autoridad palestina no proponen sino compromisos con el capital, alianzas con algunos elementos burgueses "progresistas" y traición burda. El programa del anarcosindicalismo revolucionario de la ASI llama a la unidad internacional de los trabajadores, a la lucha obrera en este país y en la región, contra el movimiento sionista encabezado por los capitalistas locales, contra la reacción árabe encabezada por la Organización para la Liberación de Palestina y los islamistas, y los régimenes colaboradores encabezados por las leales marionetas del imperialismo estadounidense.
Como anarcosindicalistas, estamos a favor de una sociedad basada en la libre confederación de los sindicatos revolucionarios y congresos generales de trabajo, por una sociedad libre e igualitaria dirigida por las masas trabajadoras en el Medio Oriente y en todo el mundo. Admiramos a nuestros amigos de países como Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, España, Alemania y otros, que están mostrándose valerosos y trabajando duro contra las clases dirigentes y sus agentes, en pro de una revolución sindicalista auténtica.

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Mierda, me tocó

Esta historia empieza donde termina, en casa, y tiene como protagonista una carta, que además no esta perfumada, que además no te la trae el cartero, porque a él siempre le ves. El portador viene, eso sí, a veces uniformado y otras de incógnito. Por lo general nunca estás en casa, por lo que no puedes improvisar ninguna estratagema. Hace cuatro años aproximadamente me encontré con lo que arriba os he descrito. Efectivamente un día un policía interrumpió el desayuno o la cena que en este hecho da igual, el caso es que interrumpió la sosegada vida hogareña. Cumpliendo con su cometido, deber, dirían algunos, al igual que un chapero, porque sólo sirve para joder. Me entregó una linda carta, no era la de incorporarme a filas ya que tuve la suerte de no asistir a la escuela oficial de asesinos humanitarios, ni la de ejercer de esquirol gratuito. Esta vez me ofrecían algo de lo mismo pero con más categoría me ofertaban ser presidente suplente, que no esta mal, pues, son los que siempre se tocan los huevos. Pero, presidente suplente ¿de qué? Ni más ni menos que de la madre del cordero, de la mesa electoral del barrio.
Esta vez hice lo propio, como otras veces, con las invitaciones oficiales, ignorarlas. A lo sumo responder con una notificación de que no estás muy interesado con lo que te proponen. En esta ocasión lo que les contesté fue algo así: "Lo siento no podré asistir para formar dicha mesa por motivos éticos y políticos. No creo en el sistema representativo como sistema democrático".
Una vez que mandé el telegrama me puse a esperar porque tus administradores se ponen plazos. Pasó el tiempo. Al principio, estaba nervioso; simplemente deseaba que pasaran los días y que mi nombre por arte de magia o despiste de los presentes pasara inadvertido, que no me señalaran como desertor. Así, lo que fueron unos días inquietos al paso del tiempo se convirtieron en una anécdota y lo que fue una anécdota con los años fue olvidado y almacenado en el recuerdo.
La vida siguió como las corrientes de los ríos, con nuevos y viejos proyectos, con nuevas y viejas alegrías.
El viento no podía estarse quieto y sopló. Sopló con tanta fuerza que removió entre los papeles y entre éstos apareció mi nombre. Bueno, no paso así pero algo parecido. Alguien dio a un botón del teclado para que éste ejecutara un sorteo para formar aleatoriamente una mesa electoral. Otra vez lo que estaba almacenado salió a la superficie. Mi nombre volvió a ser elegido por los dioses y con él la pesadilla volvió a surgir. Era increíble pero cierto: me había tocado por segunda vez ser miembro de una de las mesas electorales. Habían pasado cuatro años. Quién me lo iba a decir a mí que me iba a tocar otra vez. Suponía que una vez que te tocaba entrabas en una lista de reserva o algo así. Esta vez sabía qué hacer, aun así, fui al abogado para asegurarme y para ver si sabía de algún caso sentenciado. Me puse más nervioso que nunca. Las cosas estaban enrarecidas y con una derecha rancia dispuesta a imponer con sus mentiras su verdad. Pensé en todas las consecuencias. Al día siguiente mande otro telegrama con la misma frase y misma objeción que hace cuatro años, pero, con la añadidura de "¿Dónde están las armas de destrucción masiva?" haciendo referencia a la guerra imperialista a la que nos habían metido por cojones. Me había lanzado por la vía más idealista y menos práctica, dependiendo del punto de vista que se mire. En esta ocasión le estuve dando muchas vueltas. Sentía una gran opresión como si dependiera de la decisión del César para ser aplastado por todo el peso de un gigante. Me sentía a merced de una simple decisión. Me puse a esperar como la vez anterior, aunque me notificaron esta vez que mi objeción no era válida, asunto que ya sabía de antemano. No era esto lo que esperaba, más bien era la decisión del César.
Las lunas llenas pasaron y con ellas vino la anécdota. Esta iba a ser archivada en la memoria para perderse en el olvido, cuando una carta llamó por tercera vez consecutiva a mi puerta. No habían pasado ni tres meses. Otra vez la maldición había caído sobre mí. No sabía si reír o llorar. Si llorar de rabia. Rabia porque me sentía perseguido. La verdad es que nunca he sido titular, siempre he constado como suplente, pero el hecho de estar obligado a presentarte ante la mesa, me recuerda a cuando la objeción o a la mili. Es como rendir cuentas ante alguien superior o divino.
Toda esta historia me ha hecho reflexionar sobre algunas cuestiones o al menos a plasmarlas en el papel. Durante estos días me he cagado figurativamente en el sistema. Esta trama ha hecho que me reafirme en mis convicciones ideológicas. Me pregunto, ¿qué clase de democracia es esta que preconiza la libertad como pilar de la sociedad a la que aspira, pero que luego obliga con la coacción a ir en contra de uno? No, no voy a ver si lo que está pasando es anticonstitucional, porque considero que es una obra más de su estructura político-económico-social. Más bien en mi opinión es una cuestión de entendimiento político, filosófico y ético. En mi entender, el ser nace libre y soberano. Esto mismo dicen los políticos y algunos que se hacen pasar por hiperprogresistas hablan de que la escuela te hará libre. Pues bien, he aquí que un servidor fue a la escuela, a su escuela. Aquí esta el que fue enseñado a leer y a pensar, aunque nada tienen que ver ellos en el modo de pensar mío, indignado y ejerciendo su derecho a ser libre, es decir, dispuesto a ser soberano.
Indignado por tener una ley que le obliga hacer aquello que no quiere. Indignado porque no puedo ser libre como persona soberana que soy. Indignado porque te coartan la libertad en nombre de una idea, su idea. Eres libre para elegir lo que quieras, un coche, una camisa, un yogur, un político… pero no eres libre para negarte a participar en su liturgia democrática. Al mismo tiempo no eres libre para objetar según tu conciencia. Ellos te dicen que es tu deber, que es por el bien de todos. Pues, desde estas líneas les digo y os digo, que las causas por las que me niego a asistir a formar parte de las mesas electorales es porque creo que no hacen bien a nadie. Creo objetivamente que participar tanto en su preparación como en el depósito del voto es dar plenos poderes a los políticos y a los empresarios. Sin nuestra colaboración o participación no tendrían legitimidad para poner en marcha esta maquinaría que por sí sola puede asfixiarte. Lo lamentable es que lo hacen en nombre de la libertad y de la democracia. Lo curioso es que democracia es el poder del pueblo; eso no quiere decir que para ejercer ese poder tengamos que ser gobernados y crear un sistema que prácticamente esta por encima por nosotros. Libertad es también decir no. No queremos ser gobernados por nadie. Libertad siendo soberanos de nosotros mismos es respetar la soberanía del otro. No se puede crear un monstruo que coarte tu propia libertad y veje tu soberanía.
A los que defendéis y decís que esto es la democracia, que no hay más formas o fórmulas, bien me parece que lo penséis así, solo os digo: id vosotros a las mesas. ¿Por qué hacéis partícipe de vuestra verdad a los que no creemos, ni pensamos así? Decís que soy guardianes y garantía de nuestras libertades y derechos. Creo que no os he pedido que me guardéis ni me garanticéis nada. Creo que no he firmado ningún acuerdo. ¿Por qué no dejáis que las personas, soberanas todas, se organicen por sí solas en barrios, ciudades, regiones, centros de trabajo como federaciones libres e igualitarias?
Todo me hace pensar que a este sistema le interesa hacer creer que es la única forma de ser democrático y que su legitimidad está representada en el voto.
Cuando votamos legitimamos que se ponga en marcha todo este mecanismo. Se legitima que se hagan reformas laborales, que el "madero" con su poderosa maquinaria te reprima cuando no estás conforme, además da la casualidad de que eres el único que está mal, ya que el resto está medianamente bien. Las guerras se hacen legales y además con tu dinero se han pagado los uniformes y las bombitas que por surte no caerán en tu cabeza.
En fin, esta historia parece que no acaba, aunque había dicho que acababa en casa. Realmente, acaba, de momento, en mi cuarto a la espera que los jueces me digan qué hacen conmigo, pues no iré a presentarme a la mesa. Seguro que me dejo algo en el tintero pero por hoy basta. ¡Viva la libertad y la conciencia!

S.O. Subir


Envejecer en Madrid

En Madrid, durante el presente año, 32 personas ancianas han muerto en sus hogares en el más absoluto abandono. Ya sé que estas cifras comparadas con las que nos llegan de los distintos conflictos bélicos que sufre el planeta son como una gota de agua en el océano. Pero a mí me produce una tristeza infinita cada una de esas historias de vida y muerte en soledad que nunca podré conocer.
Mientras algunas de esas vidas se extinguían, el Ayuntamiento engalanaba con flores las calles para la boda del Príncipe, y la concejala Ana Botella preparaba su pamela para el evento.
No hay dinero en las arcas municipales para atender a los 800 ancianos octogenarios que viven solos según el censo. Son seres improductivos, noticias desagradables que aparecen inoportunamente en los periódicos como una molestia más para el sistema. Solo cuando los políticos necesitan su voto se convierten en ciudadanos.
El Ayuntamiento afirma que las cifras que baraja la prensa no son fiables, que probablemente están hinchadas y debemos esperar al otoño, en que se realizará un censo de mayores, para que se clarifique la situación. Es decir, los viejos son virtuales, "tamagochis" que si no comen o reciben los cuidados necesarios desaparecen de la pantalla sin especiales consecuencias. Naturalmente, como todos los políticos sin distinción de género ni de partido, son personas realistas y responsables ¿cómo van a preocuparse de quienes no saben siquiera si existen y por tanto no pueden conocer sus necesidades?
Que un anciano o anciana que cobra una pensión de 400 euros mensuales tenga que pagar 60 por una ayuda a domicilio (según información de los Servicios Sociales del Ayuntamiento) que debería proporcionársele gratuitamente, es algo que debe avergonzar a quienes emplean nuestro dinero en alfombras rojas, comilonas de mil quinientos invitados y trajes de seda natural.
Decididamente los viejos y viejas no son rentables, no proyectan la imagen de Madrid en el mundo de cara a las próximas olimpiadas, no promocionan la ciudad para que aumente el turismo ni protagonizan cuentos de hadas que nos dejen hipnotizados ante el televisor. Unicamente son personas que trabajaron para dejarnos una vida más cómoda a quienes ahora les ignoramos. Claro que esos son los viejos y viejas del pueblo, los burgueses solo tienen personas mayores respetables que son atendidas por enfermeras diplomadas y cuyos féretros, cargados de coronas, son despedidos con todos los honores. Los destinatarios de las pequeñas pensiones, aquellos cuya muerte solo es detectada por el vecindario por el mal olor que desprende su cadáver al descomponerse, quedan en el olvido. Ni siquiera se les quiere permitir formar parte anónima de las estadísticas. No existen, no son nada.
En otras culturas, que muchas veces son rechazadas por quienes temen a todo lo diferente, la ancianidad era signo de sabiduría, en esta solo significa rechazo, marginación y soledad.
Estamos tan acostumbrados a que se organicen guerras para buscar armas inexistente; se canten las bondades de un expresidente nortemericano como Reagan, cuyo mayor mérito fue financiar a la "Contra" nicaragüense y se organicen malabarismos para hacernos ver lo negro blanco, que puedo pensar que los 32 muertos contabilizados son pura fantasía. ¿Lo serán también los miles de emigrantes sin papeles, las largas listas de espera de los hospitales o los numerosos contratos precarios que se firman diariamente en este lugar que llaman Madrid?

Mª Ángeles García-Maroto Subir


 

Los miserables

Retrospectiva del
humanitarismo asesino

La sociedad de la (des)información

La democracia con sangre entra

Del desarrollo al decrecimiento

¿Hacia una sociedad sin petróleo?

 

Valentín González (1979-2004):
25 años después

Actualidad venezolana

Dos Estados para dos naciones:
dos Estados más que sobran

Mierda, me tocó

Envejecer en Madrid