PERIODICO ANARQUISTA
Nº 191
 JUNIO 2004

 

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Federalismo contra democracia

Los anarquistas no presentan candidatos a las elecciones y, en principio, no votan. Es una perogrullada escribirlo aquí. Se evocan a menudo razones inmediatas y muy válidas: rechazo de los políticos, de sus partidos y sus falsas promesas, rechazo del "dar motivos" al sistema existente, etc. Se trata de posiciones morales porque afectan a la dignidad del abstencionista principalmente, más que una intervención práctica sobre el devenir del mundo.
Sin embargo, la insumisión abre puertas al futuro. No como un arma, sino porque es testimonio de un proyecto social del que somos los portadores: el federalismo, y del Estado que rechazamos: la democracia. La propaganda abstencionista debería ser, ante todo, la del mundo nuevo contra el antiguo.
La democracia, como sistema político, parte del principio de que todos los habitantes de un sector determinado pueden y debe hacer conocer sus opiniones, y decidir en todo lo que sucede en la esfera pública. Por razones evidentes hay que pasar por unos elegidos, unos representantes. Pero los electores no votan por lo que debe hacerse, sobre un contenido, sino sobre quién va a decidir qué es lo que debe hacerse.
Así, el sistema parlamentario se ve perfectamente duplicado en un sistema administrativo: prefectos y altos funcionarios de toda clase. Y, en la práctica, la aplicación de las decisiones tomadas se basa en su buena voluntad. Un proyecto que no conviene a la administración puede hacerse fracasar desde más arriba, según el modo en que se presente la información necesaria para su ejecución. Y como garantía, por la inercia legendaria del cuerpo de funcionarios. Las próximas elecciones nunca están lejos...
Por último, los elegidos son conducidos a relacionarse asiduamente con una multitud que no tiene nada de popular, toda una banda de notables. Ello contribuye a que, aunque procedan de medios proletarios, esta influencia se vea reducida en beneficio de los ricos y poderosos.
Observemos que, desde el momento en que se alcanza cierto nivel en el que exista un pequeño principio de poder, la lucha interna de los partidos políticos y las tensiones de las campañas electorales dan ventajas a las bajezas, las traiciones, las amistades dudosas, etc. Los "puros" no llegan a las cabezas de lista y no son elegidos. Quedan los crápulas...
El federalismo libertario plantea el principio: cada uno se mete en lo que le importa, y en la medida en que le importe. Eso implica, en lugar de una amplia consulta cada cinco o seis años seguida de cierta opacidad, una multiplicidad de decisiones en común y a pequeña escala tomadas por los interesados.
Las atribuciones de las instituciones de amplia competencia, como las asambleas regionales, nacionales o europeas -si subsisten- se ven muy reducidas a sesiones episódicas.
De ello resulta inevitable que los delegados estén provistos de un mandato imperativo: no se vota a un individuo que sepa lo que hay que decidir sino, con un contenido preciso, al hombre que tiene la obligacion de defender ese mandato durante las discusiones y los votos. De ello se desprende la revocabilidad de los elegidos, evidentemente.
Por otra parte, la sociedad federal reposa sobre la noción de contrato, y no sobre la de ley. No hay separación de poderes, legislativo y ejecutivo (que ya no existen). Los que aplican las decisiones, a todos los niveles, son los que las toman. No existe una alta administración permanente, ni Estado. El verdadero federalismo no se concibe sin igualdad económica, y al haber desaparecido el poder ligado a la función y a su permanencia, se puede establecer una rotación rápida de los elegidos, lo que limita la corrupción.
Se ve claramente que nuestro proyecto va mucho más allá de la cuestión del voto. Se trata de un cambio muy profundo de las instituciones o, más exactamente, de la sustitución de lo que es institucional por una organización fluctuante, en la que cada construcción no dure más que el tiempo necesario. Nuestro mensaje no puede reducirse al rechazo de las elecciones: queremos hacer partícipe al mayor número posible de personas de nuestro proyecto de liberación. La abstención es una consecuencia natural, lógica.
La transformación de la sociedad será el resultado de la insurrección de los trabajadores contra los poderosos. Nuestra tarea urgente es pues destilar la idea federalista e igualitaria a las grandes masas, e impulsar la práctica autogestionaria.
Así pues, mantener la costumbre de la delegación democrática es ir contra nuestros propios fines. Presentar o defender candidatos es echar a perder la confianza, tan necesaria y rara hoy en día, que las clases obreras pueden tener en sí mismas. Es negarles su capacidad política. El arma del proletariado es la acción directa; su Constitución es el federalismo. Toda política electoral es enemiga de la emancipación humana.

Max Lhourson
(Le monde libertaire) Subir


La influencia de Proudhon en España

Como cualquier otra figura de la historia del anarquismo, Proudhon tiene una influencia sustancial sobre el movimiento obrero español, en especial, como no podía ser de otra manera, en el anarquismo.
Las primeras lecturas que se hace de Proudhon en España son muy tempranas, y casi todas a través de prensa de raigambre fourierista, como el Pensil de Iberia, donde escribían personajes tan carismáticos para el pensamiento progresista español como Francisco Pi y Margall. La figura de Pi y Margall es capital para entender la influencia de Proudhon en España, pues él es su gran traductor. Se ha querido malinterpretar este acontecimiento, y muchos han tergiversado las influencias decisivas del proudhonismo en Pi y Margall.
Lo primero sería decir que Pi y Margall no era anarquista. Procedía de los núcleos más radicales del liberalismo y será uno de los promotores de las corrientes republicanas federales. Esto es importante en dos factores:
-La gran cantidad de lectores que podía tener Proudhon.
-De las filas de los republicanos federales salieron mucho de los primeros internacionalistas que desembocarían definitivamente en el anarquismo organizado.

Las influencias pimargalianas son tanto de Proudhon como de Hegel, pero al respecto del primero Pi dice: "Si desea apreciarse en su justo valor fije lo visto sobre Proudhon, sobre este coloso de la época, que hoy es el verdadero representante de la revolución del siglo XIX. No se espante ante sus formas audaces: lea los libros que ha consagrado a su explicación y estoy convencido de que su razón cederá ante la ley de su inflexible lógica. Proudhon es la dialéctica personificada, el tamiz de la ciencia moderna, el gigante de la razón humana. Es atrevido, duro, terrible, vehemente, metafísico, profundo, de difícil compresión, árido, quiero decir antipoético, y apenas existe algún hombre pensador que no devore sus obras con afán. Las he leído casi todas y no precisamente una vez: las he explicado, las explico y puedo responder del mérito inmenso que contienen. Cada día las veo más grandes. Este hombre cada día se nos va presentando más y más como el Hércules de la economía política".
Las obras que mas influyen en Pi y Margall de Proudhon son "La idea general de la revolución del siglo XIX" escrita en 1851 que motiva la escritura de "La reacción y la revolución" (1854) de Pi, donde defiende un anarquismo muy próximo al de Proudhon. Y "El principio federativo" de 1863 que motiva tiempo después a Pi y Margall escribir "Las nacionalidades", 1876, con la experiencia republicano-federal ya fracasada.
Pero la influencia proudhoniana sobre el campo socialista español no se queda en la figura de Pi y Margall. Los primeros núcleos de las organizaciones obreras españolas están más en la línea fourierista u owenista, pero ya desde la segunda mitad del siglo XIX se empieza a notar la influencia de Proudhon. Así, muchas sociedades de socorros mutuos ya recurren al mutualismo de Proudhon y el periódico La Asociación ya plantea las soluciones de Proudhon, como el Banco de Pueblo, como fin fundamental.
Pero aparte de estas experiencias organizativas embrionarias y previas a la instauración de la Internacional en España, lo que queda de Proudhon es sobre todo el federalismo. Entendido éste como organización de abajo a arriba. El federalismo que penetra en España es fundamentalmente proudhoniano, pero merced al triunfo de las tesis bakuninistas en España, ese federalismo pasa por el tamiz de Bakunin. Es decir, el federalismo de Proudhon es perfeccionado por el internacionalismo español, gracias a las aportaciones del anarquista ruso de Torjok.
La idea federal defendida por los internacionales españoles es aquella que defiende que la estructura de la Internacional tenga una organización de abajo a arriba, donde cada una de las secciones funcionara de manera asamblearia. Esto chocó de manera frontal con la idea centralista que los marxistas presentaban en el seno de la Internacional.
La ruptura de la Internacional llegó a España en 1872, y aunque el movimiento anarquista quedó atomizado merced a la represión generada por las políticas conservadoras y caciquiles del Estado español, siguió defendiendo la idea de federalismo. No en vano casi todas las organizaciones que surgían en España llevaba el titulo de federación: Federación Regional Española, Federación de Trabajadores de la Región Española, Federación de Sociedades de Resistencia de la Región Española o Federación de Resistencia al Capital. Todo hasta desembocar en la Confederación Nacional del Trabajo y la Federación Anarquista Ibérica. También muchos periódicos llevaron el titulo de Federación, como en el de las sociedades obreras de Barcelona, donde la figura de Rafael Farga Pellicer destacaba en el movimiento anarquista.
Este convencimiento de que sólo la federación horizontal era la solución a los problemas llevó a considerar que el proyecto que las organizaciones anarquistas y anarcosindicalista ibéricas perseguían eran la Federación de Autonomías Ibéricas, donde se solucionarían todas las cuestiones de todos los ámbitos de la vida. Es el modelo y el ejemplo que se exportaba. Está muy influido por el texto de Isaac Puente "El comunismo libertario".
Por fortuna, todo lo que España recoge de Proudhon es esa parte constructiva que le hace una de las figuras singulares del anarquismo. En su parte más negativa, como su machismo y misoginia, las organizaciones anarquistas españolas se quedaron mucho más con el discurso de Bakunin de igualdad humana sin distinción de sexos. Pero este es otro debate. También digno de mención sería el europeismo de Proudhon, que ha llevado a tergiversaciones, pues corrientes del liberalismo español como el krausismo también reivindicaron en algunos escritos a Proudhon en este aspecto. Todo esto está muy lejos de la realidad de quien fue uno de los pensadores socialistas más importante de la historia, y al que tanto debe el nuestro movimiento anarquista internacional.

(Este texto es el resumen de la conferencia pronunciada por nuestro compañero en el acto de presentación previo a la celebración del Congreso Anarquista Internacional de Besançon, el pasado mes de abril.)

Julián Vadillo subir


Anarquía no es caos

A menudo solemos escuchar en los medios de comunicación, como la televisión o la radio, la utilización de la palabra anarquía haciendo referencia a algo caótico, algo destructivo y peligroso. Siempre que aparece suele ser reflejada como el desorden y la desorganización más absoluta. Simplemente con prestar un poco de atención al entorno podemos observar que la anarquía es considerada como algo terrorífico y perjudicial. Esta falacia no es nada nuevo: el poder y sus estructuras vienen desde antaño patrocinando y divulgando este falso concepto de la anarquía y del anarquismo, con el fin de que no germine en la sociedad un pensamiento anarquista organizado. El porqué es evidente: la esencia de la anarquía es la consecución de la libertad del individuo y, por tanto, supone la inexistencia de cualquier estructura que limite e impida dicha consecución. Para ser exactos, la anarquía es el orden sin gobierno, lo que implica la desaparición de toda autoridad y lleva a la abolición del Estado, de la propiedad, de las leyes, etc. Y es su objetivo de generar una sociedad nueva, formada por individuos libres que convivan en armonía y basen sus relaciones en el respeto, en el apoyo mutuo y la solidaridad, llegando a acabar con cualquier tipo de esclavitud, ya sea física, moral o económica. Por tanto, la llegada de la revolución social hacia la anarquía supondría el desastre para el sistema opresor vigente; significaría el fin de la desigualdad y, por lo tanto, el fin de los valores burgueses, que sostienen los pilares del sistema económico, social y cultural en los que reposa el Estado.
Cualquier persona que pueda leer esto podrá pensar que la sociedad actual tiene cosas positivas en diversos ámbitos de la vida social, que posee la virtud de ofrecer cierto bienestar al pueblo a pesar de las injusticias que pueda generar. Podría pensar que la organización de las sociedades no es perfecta pero es lo menos perjudicial posible para la humanidad.
Nosotros, los anarquistas, no somos amantes del caos y la destrucción; no somos terroristas violentos con ansias de aniquilar todo lo que se nos ponga por delante, sino todo lo contrario. Pensamos que la sociedad actual y su sistema del llamado "bienestar" del que "disfrutamos" es la representación en sí del caos y la destrucción. Sabemos que a cualquiera le podría sonar extraño, pero sólo es necesario observar detenidamente el mundo y ver qué es lo que sucede, abrir el horizonte de nuestra mente y dejar a un lado los valores inculcados desde nuestra infancia, para sentir la violencia con la que se rigen nuestras vidas, la insolidaridad, la desigualdad, el desorden, el hambre, la muerte, la esclavitud, la aniquilación del planeta y la libertad de cualquier individuo. Conformarse con la dosis de consumismo de un Estado capitalista no supone algo positivo para nuestras vidas y resignarse a creer que la muerte de millones de seres a causa del hambre o la guerra es "lo menos malo" atiende a un posicionamiento pasivo, que siempre aflora bajo la excusa del "progreso".
Los anarquistas defendemos la idea de que todo el planeta tiene un enemigo común, un enemigo feroz, que impide el libre desarrollo de la humanidad, el asesino más violento y despiadado: el Estado.
Sea del signo que sea, su autoridad, sus valores patrióticos, su religión de turno y su correspondiente cuerpo político, legislativo y judicial no son más que la esencia de la tiranía y la negación de la libertad individual.

Grupo Pétalo Subir


Mi generación

(El pasado mes de mayo moría nuestro compañero Fernando Montero. Aunque apartado de la militancia desde hace unos años, el recuerdo de su buen hacer siempre está presente. Hemos querido rendirle un pequeño homenaje con la reproducción de este artículo, publicado en 1980 en la revista Adarga)

Hace unos catorce años, los Who titularon así una de sus más conocidas canciones; hace unos catorce años, la efervescencia del mundo joven se aupaba exultante; hace unos catorce años, en España existía una dictadura, y hace unos catorce años hacían sus primeros escarceos los antecedentes del pasota.
Hay una diferencia sustancial entre los muchachos que dejaban de romperse los zapatos jugando a la pelota y aquellos otros muchachos de hace cuarenta y tantos años que ya iban bien si tenían zapatos. Estos últimos se metieron en un proceso revolucionario, quizá porque las inmediatas condiciones sociales les llevaron a ello, y estos otros hemos brujuleado entre la contestación, la rebeldía, el hastío y el pasotismo. Unos reivindicaban trabajar y los otros, el no hacerlo. Unos soñaban con un cambio social y los otros con que les dejen en paz.
Sin embargo, nadie se resigna a dejar de contar sus vicisitudes. Todo el que piensa que tiene historia no suele escribirla en un libro; se la cuenta insistentemente a todos los que tiene a su alrededor. ¡Qué distintas efemérides y cuánto pegote notorio! De las aventuras excitantes de la revolución a las no menos atrayentes de los ácidos en Nochebuena, los canutos en el parque, las comunicaciones comunitarias o los viernes por la tarde en los conciertos del MM. Y aunque se dice que el hombre es el único animal capaz de superar sus circunstancias, quien más y quien menos anda a cuestas con el orteguiano "yo soy yo y mis circunstancias". Los que ahora tenemos más de veinte y aún no llegamos a los cuarenta tuvimos una represión distinta a la del hambre. Nuestra represión fue cultural y sociológica más que política. Lo político era muy sencillo, tanto, que suena a maximalista: había que cepillarse al régimen.
Hoy no está aquel régimen, pero hay una generación, casi toda una generación, que se debate entre la decepción y la desesperanza. Pomposamente se les llama pasotas. A mí me parece que los pasotas son algo contradictorio y complejo, porque ante todo son un producto de su tiempo. En potencia resultan una gente de derechas, porque con la inhibición no se cuestiona el sistema; pero yo diría que tienen una fina sensibilidad izquierdosa, propia de esa innata rebeldía ante todo lo que suene a autoridad. Los pasotas son esa especie de acracia feliz, o libertarios de derechas, que dicho así suena raro; pero las definiciones tienen el problema de complicar a veces lo definido. La lucha real, que no dialéctica, de estos dos componentes lleva a esa calle de en medio que no tiene salida.
Me parece, cada día más, que el movimiento anarquista desperdició o está a punto de desperdiciar todo ese potencial de insatisfacción que está en la calle. No se trataba de capitalizarlo al modo de los partidos políticos, sin inculcar la necesidad de la lucha estructural. De hecho, no ha habido sintonía entre la calle y los libertarios organizados. Ha habido, eso sí, incomprensión, sectarismo y, sobre todo, falta de paciencia. Porque hay mucho pasota que, rebotado de partidos políticos, se pone en ascuas cada vez que se le habla de una organización; porque hay mucho pasota que se da cuenta de que en realidad no pasa nada; porque hay mucho pasota que desea ver una perspectiva clara de lucha; porque hay mucho pasota que está harto de que le conviertan en moda progre; porque hay mucho pasota al que damos un cierto retufo a "nueva iglesia"; porque hay mucho pasota que curra para comer y no ve posibilidades de lucha en las confrontaciones laborales; porque hay demasiados porqués que no se han analizado.
En este juego de la sucia política de cara a los jóvenes parece que vale todo. Se pueden inventar autonomías, se puede legalizar la hierba, se puede jugar a modernos desde las Diputaciones, hasta que llega un fulano que dice: "Yo ejerzo de pasota con algún desliz inconexo". ¿Y qué? Pues a darle a la bolita, que esto es como rizar el rizo de las falacias. Por ejemplo, en Andalucía, donde más parados y pasotas se ubican, han tratado de sustituir la conciencia social por una supuesta conciencia nacional. ¡Vaya un bisnes que han hecho los andaluces con el estatuto! Pero en las manifestaciones proautonómicas de los partidos de la izquierda no se han escuchado consignas como "un porro, una tía y Estatuto de Autonomía" o "Ácidos, canutos, queremos un estatuto". Mi generación les está fallando.
Es que todo es aburrido, me dice un porrero amigo: -Pongo la tele y escucho: "Se han entrevistado el secretario general del partido tal, con el ministro cual. Ambos estadistas pasaron revista a los temas de actualidad y manifestaron, una vez concluida la entrevista, que ésta se había desarrollado en un clima de cordialidad y con enorme sentido constructivo". Un día sí y otro también. Pongo la radio y hasta la FM se ha vuelto un coñazo. La "nueva ola" esa no hay quien la aguante y yo soy como la canción de los Jethro Tull "demasiado viejo para el rock and roll, demasiado joven para morir". Voy al parque y si no hay peta no te enrollas, tío. El cine es un muermazo, y a mí las discotecas nunca me han ido: mal rollo, música mangui, ¡que paranoia, colega! El tate está caro y cada día es más chungalí. Me flipa el jazz, pero viene alguien farde y te clavan casi un talego, tronco ¡que es demasiao! Y encima la madera to el día en la calle. No te puedes pegar una movida tranquilo. Los picotazos tienen unas subidas chungas y además hay un golfeo macarra que alucina, hermano. Luego planto un tiesto en la Kell (sic) y leo en un libro que el rock mata la maría. ¡Qué mogollón, tío, qué mogollón!
Le dejo al pobre, porque está a punto de coger un complejo de carroza, aunque no es tarra el amiguete. Otro colega que va para sexólogo o algo parecido me dice que la lotería y las quinielas son un factor importante en los países capitalistas. La sublimación de la suerte para combatir la miseria de la vida cotidiana. Los pasotas ya ni hacen quinielas. Un tercero, que va para sociólogo, me divide a los pasotas en: macarrillas, intelectualoides, justificacionistas e idealistas. "¿Hay filosofía pasota?" le pregunto. "Bueno, pues teniendo en cuenta que los pasotas tienen una mezcla de existencialismo a lo Kierkegaard y nihilismo de Nietszche unido a un vitalismo esperpéntico con atisbos comunales y rituales orientalistas..." Este hombre no ha entendido nada. Yo, tampoco.
Seguimos la ruta, estoy dispuesto a escribir lo que sea con la condición de que no tenga un ápice de moralina. Un supuesto anarquista ha arremetido contra esta gente como no lo hubiera hecho el tipo más retrógrado. La incomprensión a la que aludíamos, porque de esa guisa no es extraño que gane la partida hasta el cura de la parroquia. Los curas son listos, los políticos son listos y los que deberíamos agudizar el ingenio nos metemos en las torres de marfil y esperamos que caiga el maná; traducido: que la gente venga, se conciencie sola, perdón, comparta nuestros puntos de vista.
Mi generación continúa deambulando por las calles a la búsqueda de todo o de nada. Una más de las generaciones perdidas que han pululado por la Historia en una etapa de cambios. Es la juventud de la era de la tecnología y la informática. Pensando en la bomba atómica y el humor de Woody Allen.
El parque cada vez es más sombrío; otoño y las hojas secas suenan al son de las pisadas. Paseo despacio con mi amigo el porrero. El tibio sol no nos llega a calentar el coco. La cerveza de las dos de la tarde, la charla habitual, las mismas caras y las mismas gentes.
Comemos juntos, el café humea y hablamos de viejas cosas. Esas efemérides nuestras. Los viajes de saco y macuto, las grandes bascas de principios de los setenta, la música que ya debe sonar un poco vieja. Nostalgia, nostalgia, nostalgia. En la calle, la extravangancia política hace estragos. "Impotencia para impedirlo" sería un epitafio menos necio que el "passo de todo" crispante. Los días van pasando a ritmo a veces vertiginoso, a veces desesperante. "Un colocón, que no lo soporto", apostilla mi amigo. Es edificante observar cómo se pasa de líderes, y a los que no quieren líderes es difícil acoplarles sucedáneos.
Estuve dándole vueltas al tema, conversé con los socios de mi generación y se fueron desvanenciendo los halos mágicos. El sueño ha sido largo y por ahí es irrealizable. Una revista marginal decía que sólo quedan dos caminos, la esquizofrenia o las barricadas. El desvaído sol se apaga y los colegas en su mayoría han elegido o les han hecho elegir, que es más doloroso, la esquizofrenia. ¿Quién le pone el cascabel a ese gato.

Fernando Montero Subir


Análisis de la situación mundial

(Reproducimos el acuerdo alcanzado en el punto 3º del orden del día del Congreso de la Internacional de Federaciones Anarquistas -IFA- celebrado el pasado mes de mayo en la ciudad francesa de Besançon.)

La guerra permanente como
paradigma del dominio estatal y capitalista

Hoy, la lógica del dominio y del lucro constata el enfrentamiento de todos los poderes entre sí, unidos sólo por la voluntad de empobrecer, humillar y masacrar a las clases bajas. Por lo demás, los mecanismos ideológicos de un tiempo -incluso el neoliberalismo imperante por todas partes- son relativamente secundarios ante el escenario de una feroz confrontación por el predominio mundial, donde los objetivos son la supervivencia inmediata y la anulación del enemigo a cualquier precio, llegando incluso a la destrucción de las posibilidades de vida en el planeta.
En estos últimos años hemos asistido a la confirmación del paradigma de la "guerra permanente". Enunciado tras los espectaculares atentados contra el pentágono y las Torres Gemelas, se ha perfeccionado en el período sucesivo definiendo un esquema que coloca la guerra como elemento constante del panorama político. El pretexto de la "guerra al terrorismo" se ha convertido en la llave maestra de una política belicista dirigida a imponer las razones del más fuerte en detrimento de las "reglas" del derecho internacional, llegando hasta las últimas consecuencias al desautorizar cualquier función residual de mediación de la ONU.
La guerra permanente, preventiva, global, no es más la última fórmula para asegurar el dominio del más fuerte, confirmando las "razones" de quien explota, esclaviza y oprime a la mayor parte de la población del planeta. Estas "razones" se definen en función de los espacios en juego, evidentes aunque desconocidos en el ámbito propagandístico. El principal es el control de las fuentes energéticas (no sólo petróleo; también agua y los minerales necesarios para las tecnologías de control de los satélites civiles y militares) y las vías de comunicación que garantizan el aprovisionamiento.
El instrumento bélico empleado en las áreas cruciales para los intereses estadounidenses les garantiza una primacía, en el plano económico en Europa, Japón, Rusia, India y China que, por el contrario, no disponen ni de dispositivos bélicos ni de la autonomía necesaria para confrontar las pretensiones hegemónicas de Washington. En efecto, una posible clave para la comprensión de la escalada bélica de los últimos diez años pasa por la transformación de las ambiciones de los "aliados" históricos de EE UU entre los nada secundarios objetivos de la locura belicista de la administración norteamericana.
Los países europeos han asumido en los últimos años el papel, cada vez más dificil y ambiguo, de "aliado-competidor" de los EE UU y de su política belicista. Carentes de fuerza bélica de choque y de capacidad de coordinación política eficaz, los países de la Unión Europea se debaten entre crear un polo militar y el acompañamiento, en clave de competencia, a la política belicista de EE UU. Aparece ridícula la pretensión propagandística del europeísmo democrático de construir un polo alternativo al imperialismo norteamericano.

De la guerra humanitaria
a la guerra permanente

El fin de la Guerra Fría ha representado un cambio importante, no sólo porque de un mundo bipolar se ha pasado a otro monopolar, sino porque se ha impuesto la obligación de redibujar la imagen del enemigo. En efecto, la disgregación del "imperio del mal" hace imposible ver al enemigo como alguien que amenaza tu existencia, capaz de desplegar una potencia bélica que provoque la destrucción del planeta y el fin de la especie humana. De las dos caractrísticas peculiares de la imagen del enemigo, ser malo y ser una amenaza directa, la segunda había disminuido ya que no parecía amenazar ningún peligro a la única superpotencia. No era posible para los EE UU y sus países aliados prefigurar la guerra como excusa defensiva contra una amenaza mortal. En esta perspectiva se rediseña progresivamente un nuevo paradigma bélico, una concepción renovada del papel y de la función de la maquinaria militar, que de ninguna otra forma se podría ver, si no exactamente desautorizada, sí redimensionada su función propia.
Se esboza así la lógica de la ingerencia humanitaria que, al chocar con el viejo principio de la no ingerencia en los asuntos internos de un país, curiosamente lo arrincona. De manera que la ingerencia humanitaria se convierte en la coartada perfecta, siempre disponible aunque nunca definida de modo preciso en el derecho internacional. A la ingerencia humanitaria que se invoca para justificar la guerra en Kosovo sirve de contrapunto la aplicación del principio de la no ingerencia en los asuntos internos para casos como la masacre de Chechenia o la guerra contra la población kurda, por no hablar del cada vez más cruel conflicto de Palestina e Israel. El paradigma de la "guerra humanitaria" hace resurgir el tema de la guerra "justa", la guerra desencadenada para imponer una verdad, un orden, una visión del mundo. Una guerra sucia porque su coartada son las víctimas y los refugiados entre la población civil y porque tal coartada exige cada vez más personas asesinadas, torturadas, violadas, cada vez más gente sin hogar y sin esperanza, peones atónitos de una partida decidida lejos.
Este esquema era todavía escasamente útil porque la necesaria motivación para cosechar el consenso entre la población de los países occidentales, particularmente la estadounidense, para la realización de empresas bélicas "humanitarias" encontraba limitaciones por el fracaso evidente de los objetivos declarados del conflicto.
La guerra "humanitaria" ha mostrado con pruebas fehacientes ser un perverso mecanismo que acentúa los males que pretende curar, poniendo en escena un drama real, en el que el dolor, la sangre y la destrucción son la escenografía obscena que esconde a los ojos de los espectadores lo que hay detrás del escenario, el espacio oscuro tras las bambalinas del espectáculo.
El 11 de Septiembre representó la ocasión, poco importa si directamente favorecida o indignamente explotada, para ejecutar el salto cualitativo necesario que diera alas a la vocación imperialista de los EE UU, siempre decididos a arrojar sobre la balanza de las relaciones internacionales su indiscutible superioridad militar. Viene nuevamente rediseñada la imagen del enemigo: malo, incluso malísimo, y con posibilidades de golpear directa y gravemente el territorio de los Estados Unidos y el de sus aliados. No coincide con una organización estatal, pero tiene posibilidades de infiltrar, dirigir, contaminar y aliarse con todos los Estados que no estén dispuestos a aceptar el liderazgo de los EE UU. Tal enemigo abre la puerta de la guerra permanente contra los Estados considerados "perversos" y contra quienes, incluso desde el interior, amenazan el orden mundial. Este enemigo asume la imagen del integrismo islámico. El integrismo islámico permite redimensionar, según la clásica contraposición amigo-enemigo, el concepto de civilización occidental. Es un concepto "vacío" que se define por oposición, ya que carece de sentido e identidad propios. Cristaliza de hecho en torno al cristianismo conservador tanto católico como protestante, al liberalismo más nihilista, a todas las formas tradicionales de nacionalismo, racismo, populismo y cultura democrática.
En esta guerra, que en su versión más reciente puede ser incluso "preventiva", el enemigo no debe "demostrar" con los hechos su propia naturaleza perversa, sino que debe ser combatido porque "es" perverso. La cuestión en torno a la que se ha construido la "justificación" del ataque a Iraq es en ese sentido ejemplar. La presunta posesión de armas de destrucción masiva se convierte en razón suficiente para que se desencadene la guerra. El desequilibrio entre quien ataca (y seguramente posee armas de destrucción masiva) y quien es atacado se lleva al terreno de la "guerra justa", que se hace porque el enemigo es malo y, potencialmente, peligroso. Es malo y, por ello, aliado natural del terrorismo que mata a mujeres, niños, personas indefensas. Poco importa que la misma definición se pueda aplicar a la política de EE UU y sus aliados. ¿Acaso no es el objetivo de la guerra instaurar el terror entre la población del Estado enemigo para debilitar la resistencia? La naturaleza inmoral de la guerra nos recuerda la naturaleza inmoral de los Estados y la imposibilidad de pensar en un orden realmente justo del mundo simplemente reformando la estructura.

Guerra externa y guerra interna
El paradigma de la "guerra permanente" provoca víctimas no sólo entre la población de los Estados "perversos" de turno, sino también entre los opositores al orden constituido. Los pacifistas, los antimilitaristas, los trabajadores en lucha, los antirracistas, son equiparados con los terroristas en una operación propagandística que recuerda de cerca las acusaciones de "colaboracionismo" con el enemigo promulgadas el siglo pasado contra quienes no aceptasen la lógica de la guerra, del militarismo, de los Estados.
En Estados Unidos la promulgación de la Patriot Act (que ha permitido la detención extrajudicial de simples sospechosos, aparte de una militarización de la vida social americana) es el signo inequívoco de que la política de guerra infinita acaba impregnando incluso al corazón mismo de la mayor potencia.
Las políticas preventivas de los últimos años han visto crecer a escala mundial las medidas represivas en el ámbito del "frente interno", que se traduce en la disciplina forzada de los trabajadores, indigentes e inmigrantes y en el enmudecimiento de toda oposición.

Guerra interna
Los términos de la guerra interna han cambiado como resultado de la desintegración del comunismo soviético. La desaparición de una "alternativa" al capitalismo privado permite al Estado presentar al capitalismo como único camino para el futuro, con la consiguiente minimización de la amenaza de revuelta popular. El capitalismo, siempre con el apoyo de los Estados, ha empezado un ataque progresivo a las modestas conquistas de los trabajadores que caracterizaban el modelo socialdemócrata. El thacherismo y el reaganismo deliberadamente atacaron estas conquistas, y esto se transformó en un síntoma permanente del sistema tras la caída del régimen soviético. La ofensiva neoliberal se desencadena en muchos frentes. La precarización de las relaciones laborales ha destruido la relación estable de los trabajadores que permitía el desarrollo de formas colectivas de autoorganización y de lucha. Con el pretexto de la modernización y de los gastos, sectores tradicionalmente sustraidos a la lógica capitalista fueron abiertos a la explotación. La salud, la educación, los transportes, las comunicaciones, en general los servicios públicos, empezaron a ser privatizados. La reacción a este frente abierto por el capital contra la humanidad ha provocado una gran respuesta a nivel global de la clase trabajadora, con un incremento general de las huelgas y de las luchas. El movimiento anarquista ha estado siempre presente en estas luchas y su influencia se refuerza manteniendo vivas las iniciativas y aclarando la naturaleza global del proceso en curso.
Nuestra resistencia debe ser tan global como es el capital.
Guerra interna y guerra externa tienen un mismo frente y son entabladas con la misma determinación y ferocidad. La militarización de la vida social a través de procedimientos que trasgreden los límites de la "normalidad" democrática, sin excesivas repercusiones en el ámbito de la conflictividad interna, ha sido posible gracias a la gigantesca operación de anestesia detonada por el "brote" terrorista. El miedo representa un potente vector que favorece la criminalización de toda forma de efervescencia social, por pequeña que sea. Los recientes paquetes de medidas preventivas aprobados en Francia y Gran Bretaña representan un claro ejemplo, del que hace de oportuno contrapeso la equiparación entre terrorismo y luchas sociales desarrolladas en diferentes países hace tiempo.

Globalización de las luchas
La mal llamada globalización económica es sólo una fase más del capitalismo que intenta extender sus tentáculos de explotación y hacerlo de manera más eficaz a nivel planetario.
Para nosotros globalización debe significar una extensión de la lucha de clases a todos los rincones del mundo.
Dentro del movimiento antiglobalización, como viene expuesto por los medios de comunicación de masas, se encuentran integrados, entre otros, grupos reformistas, cristianos, marxistas, socialdemócratas... que en muchas ocasiones colaboran con el capitalismo. Son los mismos grupos que trabajan para desarrollar el capitalismo en el Tercer Mundo. Así encontramos a socialdemócratas, a católicos y a otros grupos reformistas entrando en comunidades del llamado Tercer Mundo, encaminándoles hacia la destrucción de su identidad y de sus medios económicos de autoabastecimiento. La consecuente emigración de las comunidades autóctonas más pobres hace que sirvan de mano de obra barata en el mercado de trabajo del Primer Mundo. Un mundo en el que a los inmigrantes les es negada cualquier libertad y dignidad humana porque la falta de documentos les convierte en clandestinos. Frente a esto la IFA debe confirmar su identidad y mantener sus propios objetivos: autogestión generalizada de la sociedad, abolición de la propiedad privada y construcción de una sociedad anarquista. Es por ello importante apoyar los movimientos anarquistas de los países pobres, abriendo canales de comunicación y conocimiento como primer paso para un más amplio enraizamiento del anarquismo.

Medio ambiente
La producción capitalista ha desembocado en una declaración de guerra a la vida misma, una guerra que amenaza al planeta entero. Hay dos áreas principales alrededor de las cuales el movimiento anarquista debe movilizarse:
Primeramente, el pirateo de los recursos, la contaminación y la destrucción del medio ambiente fruto de un modo de producción que sólo ve los beneficios e ignora el hecho de que el ser humano forma parte del medio ambiente y no está separado de él. Después de todo nadie puede comer o respirar dinero.
El segundo aspecto es el desarrollo tecnológico en la línea de servidumbre del poder. Tecnología nuclear tanto militar como civil, nos destruyen con una lenta muerte radioactiva o una total aniquilación. El reciente desarrollo de la ingeniería genética está colonizando la vida y saqueando el conocimiento tradicional.
El esfuerzo anarquista está junto a las poblaciones que luchan contra la devastación ambiental.

Religión y orden moral
Como anarquistas nos oponemos con fuerza a cualquier forma institucionalizada de creencias por ser una forma jerárquica y autoritaria que impone sus preceptos morales a las personas.
Pretendiendo encarnar un inexistente monopolio sobre los valores morales, las religiones intentan interferir sutilmente en la vida privada de las personas. Las religiones debilitan la autonomía de los individuos, negando su capacidad de resolver de manera directa sus propios problemas: quien cree en un paraíso que vendrá no hace nada para mejorar sus condiciones de vida aquí y ahora.
Se siguen pruduciendo guerras en nombre de un dios, ocultando los objetivos de dominio y conquista, muy evidentes en la estrecha ligazón entre las iglesias y los Estados.
Como anarquistas continuamos luchando contra todas las religiones, ya sea la cristiana, islámica u otra. Como anarquistas tenemos gran respeto por todas las creencias personales pero nos oponemos a cualquier fe religiosa, a su base filosófica y luchamos contra cualquier forma de organización jerárquica.
Hoy nos encontramos con integrismos religiosos, ataques a las libertades individuales, de modo especial a los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales que están siendo devorados por normas familiares y religiosas que coaccionan al ser humano en el ámbito privado, llevándole a tomar una actitud conformista. Estos ataques provienen incluso de sectores que se autodefinen como laicos.
Esta situación favorece el patriarcado, al que los anarquistas se oponen como a cualquier otra forma de dominio.

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La gran mentira del comunismo

No es mi pretensión desmontar de raíz la doctrina marxista, no tengo ni cultura, ni un mínimo intelecto para ello. Pero si quiero hacer constar que el pensamiento de este hombre -quizá la influencia más importante en el siglo XX, eso no se puede negar- tomado como dogma, con sus concepciones mesiánicas y, al mismo tiempo, clasistas del proletariado -ya que consideraba que debía existir una jerarquía en el mismo-, estaba abonando el terreno para la existencia de una nueva elite explotadora y finalmente el mayor de los horrores. Es decir, se puede considerar que Marx, y posteriormente Lenin adecuándolo a las circunstancias, consideraban que una brillante vanguardia llevaría a las ignorantes masas al paraíso proletario.
Si algo pretenden estas líneas es señalar lo obvio, la obviedad de una ideología convertida en posiblemente el mayor cataclismo político y cultural del siglo XX, en la forma más perversa de totalitarismo disfrazada de emancipación obrera con el consentimiento de tantas y tantas personas que se decían comprometidas con la "nación de la clase obrera" que constituía la URSS, coetáneos del dictador Stalin y por lo tanto cómplices de la eliminación de multitud de voces disidentes, incluyendo a los anarquistas ucranianos, quizá de los pocos merecedores del calificativo de revolucionarios.
Observando la materialización de las formas más perfectas de totalitarismo -es decir, el control absoluto por parte del Estado de la vida de los ciudadanos, un control que, exista en mayor o menor medida, aspiran los anarquistas destruir de forma definitiva, en su aspiración de máxima libertad-, del que ya nos advirtió una de las pocas mentes lúcidas y honestas de su tiempo, George Orwell, resulta como una terrorífica cebolla en la que vas eliminando capas y capas plagadas de horror y solo es posible encontrar más y más mentiras maquilladas de ideología emancipadora: como ya he tratado de señalar al principio, difícilmente se sostiene, como muchos hoy en día se empecinan en seguir afirmando, que la idea marxista siga siendo válida a pesar del fracaso de su praxis, cuando dentro de su propia doctrina se exige que, para demostrar su validez científica, la teoría debe demostrarse con la práctica, pues bien, la práctica del marxismo ha sido el totalitarismo y el campo de exterminio, sin más lecturas; Stalin fue un digno sucesor de Lenin que ya preparó el terreno para la dictadura de un sólo partido (1), adueñándose y eliminando toda posible revolución democrática y socialista (2); Trotski, que posteriormente sería un recurso de los marxistas disidentes del estalinismo con su revolución permanente (3), y su ejercito rojo acabaron con los intentos autogestionarios de Kronstand -cuya comuna reclamaba total independencia- así como la revolución anarquista ucraniana promovida por Nestor Majnó (4).
En los primeros años de la revolución soviética muchos fueron los que se entusiasmaron con la misma -gran parte de ellos quizá de manera honesta, algunos supieron rectificar-, con esa materialización de los "sueños revolucionarios de la humanidad", la sociedad sin clases, sin olvidar, eso sí, que habría que atravesar primero el "mal trago" de la dictadura del proletariado, naturalmente la dictadura se convirtió primero en la de un solo partido y, muy pronto, en la de una sola persona. Los medios de comunicación europeos no se hacían eco del absolutismo bolchevique, con la excepción de los anarquistas que estaban al corriente de lo sucedido en Ucrania y, además, una delegación de la CNT efectuó una visita a la URSS a principios de los años veinte realizando un informe muy crítico. Hay que mencionar también que dentro de las fuerzas revolucionarias de oposición al bolchevismo en el mismo seno de la revolución, posteriormente a los anarquistas ucranianos y a la comuna de Kronstandt, existió la llamada "oposición obrera" que trató de que los soviets -consejos que funcionaban o deberían funcionar como órganos de gobierno locales- llevaran a la autogestión económica enfrentada a la centralización burocrática y jerarquizada del Estado.
Los posteriores Procesos de Moscú nunca estuvieron basados en la verdad, es decir, divergencias políticas, sino creando las mentiras más disparatadas, aplicadas incluso a antiguos dirigentes bolcheviques caídos en desgracia, acusados de espionaje, sabotaje o traición de cualquier otra índole. En la mejor tradición proveniente de la URSS, los estalinistas españoles durante la Guerra Civil emplearon dicha táctica para acabar con el POUM, llegando a publicar un libro relatando las actividades de espionaje franco-fascistas de ese partido, con un prólogo del prestigioso escritor católico José Bergamín. A colación de este episodio, que acabó finalmente con todo conato auténticamente revolucionario en España, hay que mencionar la actitud de los partidos comunistas europeos como ejecutores de los designios de Stalin, ya que otra de las grandes falacias históricas es la de negar responsabilidades en tantos dirigentes comunistas -alabados en este país gracias a su supuesta lucha antifranquista- así como intelectuales que brindaron su apoyo al Estado soviético, cuyos horrores no solo tenían que ser conocidos sino en muchos casos terroríficamente justificados por tanto pseudorrevolucionario como algo necesario para la construcción del socialismo. Podemos buscar muchas semejanzas entre los sistemas totalitarios que han ensombrecido el siglo XX y una de ellas es la perfección de sus aparatos de espionaje y policiales, hay que recordar el pacto nazi-soviético que llevó a los partidos comunistas a una táctica de propaganda anti-burguesa en contra de las democracias occidentales dejando de lado la expansión nazi que estaba teniendo lugar. Solo con el ataque sorpresa de Hitler a la URSS en 1941 y la consiguiente entrada del Estado soviético en la Segunda Guerra Mundial, Alemania se convirtió para la propaganda oficial comunista en un Estado agresor fascista. En Francia, el Partido Comunista supo venderse muy bien posteriormente como el gran y casi único partido de la Resistencia. En España ocurriría algo similar en la lucha contra el régimen franquista y a la muerte del dictador, el partido que lideraba Carrillo se las arregló para aparecer como el auténtico garante de la democracia de las masas. La historia ha colocado al PCE tan solo parcialmente en su lugar, ya que el olvido histórico toma diferentes formas según los intereses de los que lo traten, sea por parte de aquellos que quisieron aplastar totalmente la libertad mediante la construcción del Estado totalitario o por éstos que no se sonrojan al afirmar esa estupidez de que hemos llegado al fin de la historia, que no solo sostienen que la lucha de clases forma parte ya de otra existencia sino que niegan a tantos hombres y mujeres que quisieron crear un mundo donde no hubiera cabida para la injusticia, que no sustituyera una forma de represión y explotación por otra, como sí hicieron los comunistas.
Soy bastante joven y me cuesta bastante hablar tan categóricamente de todo esto, pero me siento obligado a señalar a aquellos dirigentes comunistas españoles que se las han arreglado para pasar a la historia como defensores a ultranza de las libertades. La realidad fue otra bien distinta. La realidad es que a estas alturas no se puede sostener que los horrores eran cosa del régimen estalinista con el desconocimiento por parte de estas figuras. Por cierto, ahora que por tristes caprichos del dios mercado el asunto de los maquis está en el candelero, hay que hablar de esa terrorífica historia tan poco divulgada que habla del cansancio de Stalin respecto a los guerrilleros españoles y su orden de acabar con los mismos dirigida a una delegación del PCE encabezada por Carrillo e Ibárruri, que acataron su deseo de manera inmediata, llegando incluso por parte de Carrillo a ordenar la liquidación de las últimas guerrillas (5).
La historia se escribe de manera insultantemente maniquea. Durante la mayor parte del tumultuoso siglo que acabamos de abandonar, ese siglo dominado por esa pandemia llamada ideología que, parafraseando a Bakunin, ahoga en cualquier caso el pensamiento, muchos se resistieron a manifestarse en contra del comunismo ante el temor de ser tildados de fascistas, cuando en la práctica hay mínimas diferencias entre estos sistemas totalitarios. Hoy todavía sobrevive gracias a la perpetuación de la mentira en las mentes de tantos izquierdistas el mito de la Cuba comunista, esa maravillosa isla tan maltratada por la historia, atenazada por ese híbrido de dictador bananero y guerrillero pseudorrevolucionario que es Fidel Castro. He tenido ocasión de visitar la isla en un par de ocasiones y he podido comprobar -es presuntuoso quizá utilizar este verbo por respeto a tantas personas víctimas del régimen castrista, emplearé el de intuir- el horror de la mejor tradición estalinista: culto a la personalidad del líder, Estado policial en toda regla, burocracia y centralización llevadas al límite... escuché relatos estremecedores sobre torturas y delaciones promovidas por un sistema que ha llevado a la gente a no tener ninguna esperanza en la mayor parte de los casos, o a alimentarse de la gran mentira en muchos otros. Hubo también quien me preguntó cómo era posible que se siguiera teniendo desde fuera esa imagen "amable" de todo un dictador. La respuesta hay que buscarla en esa gran mentira que es el comunismo.

1-Hay quien sostiene que la auténtica revolución antizarista, democrática y popular se produjo en febrero de 1917 y lo que ocurrió en octubre en realidad fue un golpe de Estado bolchevique; la situación en los años posteriores con un cruenta guerra civil y las intervenciones militares extranjeras hacían que fuera muy difícil analizar todo el desarrollo contrarrevolucionario que estaba teniendo lugar. Las primeras deportaciones tuvieron lugar en 1919. Las primeras víctimas fueron los socialistas revolucionarios que tenían en sus manos la Duma (parlamento) tras las primeras elecciones democráticas, muy pronto les siguieron los nacionalistas demócratas y socialistas, ucranianos, georgianos, armenios... y, por supuesto, los anarquistas.
2-Términos que me gustaría pensar que son reconciliables e incluso indisociables, acabando por un lado con el débil concepto de democracia que tienen los "liberales" actuales y por otro con el carácter peyorativo que pretenden darle algunos supuestos revolucionarios. Lo criticabble a mi parecer es la aplicación práctica y el lenguaje que nos impone el sistema, no la propia palabra en sí. Si la definición de democracia es complicada a estas alturas, sin añadirle ningún apelativo podríamos definirla como aquel sistema donde los individuos eligen sobre los asuntos que les atañen con pleno acceso a toda información y cultura, uscando reducir la delegación política a su mínima expresión. Podemos comprobar que en la práctica poco tiene que ver con ello, reduciéndose a ese objeto tan colorista que es una urna y que legitima a determinadas personas -ya tengan uno u otro collar- a decidir sobre nuestros designios sobre determinado período de tiempo.
3-Dicha teoría abogaba por la construcción del socialismo extendida a otros países, idea que ya se encontraba en Lenin y los primeros dirigentes bolcheviques; la idea del "socialismo en un solo país" llegaría posteriormente con Stalin.
4-Dicha epopeya se conoció gracias a los medios anarquistas europeos. Fue un importante movimiento guerrillero y social, en el que dos millones de campesinos ucranianos se organizaron en colectividades y comunas libres inmediatamente después de la revolución; la tradición revolucionaria de la región encontró en la organización libertaria su mejor opción. Dicho movimiento fue ocasionalmente aliado del ejercito rojo ante la amenaza de los ejércitos blancos; naturalmente, tenían poco que ver con los bolcheviques que, bajo las ordenes de Trotski y Lenin y visto el éxito de la gesta majnovista, comenzaron a masacrarlos a partir de 1921. De haberse desarrollado este movimiento habría cambiado la historia de Rusia y, quizá, de la humanidad. Para conocer en su totalidad los hechos hay que remitirse al libro de Volin -otro de los promotores de la gesta- "La Revolución desconocida" (Editorial Proyección, 1977) y una novelización reciente de Héctor Schujman llamada "La Revolución desconocida. Ukrania 1917-1921, la gesta Majnovista" (Nossa y Jara Editores, 1999).
5-Este episodio lo menciona de pasada Carlos Semprún Maura en su libro "Vida y mentira de Jean-Paul Sartre" y cita unas fuentes tan poco sospechosas como Enrique Líster y Federico Sánchez (Jorge Semprún).

José María Fernández Subir


Los combates de Octave Mirbeau

Octave Mirbeau nació en una familia de la pequeña burguesía normanda en 1848, y enseguida se hizo anticlerical tras su estancia en un colegio jesuita, y luego antimilitarista tras la guerra de 1870. Como periodista, escribió por primera vez en en un folleto bonapartista, después en Gaulois, de tendencia monárquica, antes de lanzar su propio periódico, Les Grimaces, en cierto modo antecedente de Le Canard enchaîné. Tras haber leído a Kropotkin, Mirbeau se declaró anarquista: publicó su famosa carta titulada "La huelga de los electores", incitando a los ciudadanos a hacer "la huelga del sufragio universal". Durante el Proceso de los Treinta fue citado a menudo como propagador de las ideas anarquistas. Hubo incluso un periodista que habló de una "escuela literaria" a propósito de la anarquía: "El auditorio parece haberse sorprendido al ver a escritores como Octave Mirbeau, Paul Adam, Bernard Lazare, etc, por no hablar de Élisée Reclus, formar una especie de escuela literaria en torno a la anarquía", escribió un periodista del Gaulois que asistió al proceso de Jean Grave en 1894. Y Mirbeau se hace conocido: a la vez que colabora en numerosos periódicos y revistas anarquistas, sigue escribiendo en los periódicos más leídos del momento (Figaro, Gaulois, Journal, etc.). Apodado "el millonario rojo", es efectivamente uno de los periodistas mejor pagados de su tiempo, y se sirve de su notoriedad para denunciar el colonialismo, para combatir a Boulanger, defender a Dreyfus y apoyar las vanguardias artísticas (Jarry, Ibsen, Maeterlinck, Wagner y muchos otros).

Periodista, novelista, cuentista y dramaturgo
Autor de numerosas novelas, cuentos y relatos cortos, Octave Mirbeau escribió también teatro. En Les mauvais bergers (Los malos pastores, 1897), "drama obrero", describe la gestación de una huelga y su represión, inspirándose en los acontecimientos de 1870. El título designa claramente a todos los que se alejan o aniquilan a la clase obrera: patronos, diputados, delegados obreros sin energía ni coraje. El personaje de Jean Roule, líder anarquista inspirado sin duda por Jean Grave, designa claramente a los enemigos de la clase obrera:
"Ustedes, diputados... ¡ah! Yo no los he visto en el tajo! ¡Y vosotros mismos, ya habéis olvidado el papel infame... la comedia piadosamente siniestra que representaron en la última huelga... y cómo... después de haber empujado a los obreros a una resistencia desesperada, los han liberado... disminuidos... despojados... atados de pies y manos... al patrón... el mismo día en que un último esfuerzo... un último impulso... los hubiera obligado a capitular... quizás!... Pues bien ¡no!... Yo no quiero que, bajo el pretexto de defenderos, lleguen los intrigantes a imponeros combinaciones en las que vosotros no seríais -entendedlo bien- sino un medio para mantener e incrementar su fuerza electoral... y una presa para satisfacer sus apetitos políticos! ¡No tenéis nada en común con esas gentes! ¡Sus intereses no se confunden con los de otros... que no sean los del usurero y su deudor... o los del asesino y su víctima!"
La obra tuvo un éxito considerable, con Sarah Bernhardt y Lucien Guitry en los papeles principales: cada escena iba seguida de aplausos, los bravos eran reivindicaciones obreras. Los espectadores del cuarto palco gritaron: "¡Viva la anarquía! ¡Muerte al burgués!" Diez llamadas a escena marcaron el fin del espectáculo. En L'épidemie (La epidemia, 1898), Mirbeau se sigue burlando de los representantes del pueblo que actúan únicamente para defender sus propios intereses. Esta "farsa" se representó en la Casa del Pueblo, en París, en una chabola de madera. Se levanta el telón con Laurent Tailhade, que lee su conferencia haciéndose un lío con las hojas. El público se ríe, luego canta con la musa revolucionaria de pañuelo rojo. Llegan entonces los actores, entre ellos Louis Lumet y Octave Mirbeau. Al final de la representación, los espectadores salen cantando La Internacional.
Así, cuando Sébastien Faure va a describir la vida después de la revolución en Mi comunismo, la felicidad universal, aparecido en 1921, no se olvidará de Octave Mirbeau, que dará su nombre al teatro de la ciudad de Burdeos. En esta novela utópica, vemos que el "teatro Mirbeau" ha adoptado la comedia y cuenta con 2.500 butacas, de las que nadie tiene plaza por adelantado: "En el teatro Mirbeau había butacas para todos, la visión del escenario era la misma para todos, y las leyes de la acústica habían sido bien observadas de modo que, se ocupara el puesto que se ocupara, se pudiera entender perfectamente".

Intelectual comprometido con las luchas de su tiempo
El ejemplo de Octave Mirbeau es revelador de los vínculos que existían a finales del siglo XIX entre los escritores y los militantes anarquistas. La correspondencia que mantuvo Mirbeau con Jean Grave (aparecida en la edición de Fourneau en 1944) muestra su preocupación por la opinión del "papa de la anarquía". Jean Grave se interesó por las obras de Mirbeau, le dio consejos y le hizo críticas (a veces encontraba la conclusión demasiado pesimista). El escritor testificó a favor de Jean Grave cuando éste fue perseguido por su libro, en 1894, libro que había prologado Mirbeau, y a propósito del cual había escrito al autor: "Lo que encuentro excepcional de su libro es que es imposible encontrar en él falta de lógica; y su absoluta claridad".
Octave Mirbeau es el ejemplo típico de escritor anarquista comprometido, que combinaba literatura y política. A finales del siglo XIX, los literatos anarquistas son numerosos, y un informe policial de 1891 designa sin errores los nuevos factores de esta preocupación: "No es entre la clase obrera donde hay que buscar a los nuevos anarquistas sino entre la clase de los escritores jóvenes e incluso de los maduros: ¡el señor Octave Mirbeau es un anarquista más peligroso en sus artículos que el propio Père Peinard!
¿Peligrosos los escritores? Proudhon, en 1848, lamentaba que la literatura no fuera en su tiempo "el arte de armonizar las palabras con las épocas". Octave Mirbeau, que probablemente lo leyera, deplora en 1890 (en una carta a Claude Monet) que, al contrario que las ciencias naturales, que descubren los mundos, "¡la literatura siga todavía sollozando por dos o tres estúpidos sentimientos artificiales y convencionales, siempre los mismos, empantanada en sus errores metafísicos, embrutecida por la falsa poesía del panteísmo idiota y bárbaro!"
Y sigue: "He llegado a la convicción de que no hay nada más vacío, nada más estúpido, nada más perfectamente abyecto que la literatura. Ya no creo en Balzac, y Flaubert no es más que una ilusión de palabras vacías".
Y para que la literatura no sea esa suma de "palabras vacías", es necesario que se comprometa plenamente con las luchas de su tiempo. ¿Es el escritor algo más que un "proletario de las letras"?, nos pregunta Octave Mirbeau (que ejerció de "negro" al comienzo de su carrera literaria), apelando a todos los literatos para que "persigan sin tregua sus reivindicaciones contra los representantes del infame capital literario" (Grimaces, 15 de diciembre de 1883).
Hoy las obras de Octave Mirbeau no han envejecido y seguimos encontrando en ellas el mismo placer por "la impetuosidad de su falta de respeto, la violencia de sus ataques contra las ideas convencionales, la ferocidad de su desprecio hacia ciertos hombres, ciertas clases y ciertas instituciones" en palabras de Bernard Lazare.

Caroline Granier
(Le monde libertaire) Subir


La huelga de los electores

Una cosa que me asombra prodigiosamente -me atrevería a decir que estoy estupefacto- es que en el momento científico en que estoy escribiendo, tras las innumerables experiencias y los escándalos periodísticos, pueda todavía existir en nuestra querida Francia (como dicen en la Comisión presupuestaria) un elector, un solo elector, ese animal irracional, inorgánico, alucinante, que consienta abandonar sus negocios, sus ilusiones o sus placeres, para votar a favor de alguien o de algo. Si se piensa un solo momento, ¿no está ese sorprendente fenómeno hecho para despistar a los filósofos más sutiles y confundir la razón?
¿Dónde está ese Balzac que nos ofrezca la psicología del elector moderno? ¿Y el Charcot que nos explique la anatomía y mentalidades de ese demente incurable?
Lo estamos esperando. Comprendo que un estafador encuentre siempre accionista, que la Censura encuentre defensores, la ópera cómica a su público, el Constitucional a sus abonados, el señor Carnot a pintores que celebren su triunfal y rígida entrada en una ciudad languedociana; comprendo también que Chantavoine se empeñe en buscar rimas; lo comprendo todo. Pero que un diputado, o un senador, o un presidente de la República, o el que sea, entre todos los farsantes que reclaman una función electiva, cualquiera que sea, encuentre a un elector, es decir, a un ser fantástico, al mártir improbable que os alimenta con su pan, os viste con su lana, os engorda con su carne, os enriquece con su dinero, con la sola perspectiva de recibir, a cambio de esas prodigalidades, golpes en la cabeza o patadas en el culo, cuando no son golpes de fusil en el pecho, verdaderamente, todo eso supera las nociones, ya muy pesimistas, que tengo sobre la estupidez humana en general, y la estupidez francesa en particular, nuestra querida e inmortal estupidez.
Esta claro que hablo en este caso del elector avisado, convencido, del elector teórico, del que se imagina, pobre diablo, que actúa como un ciudadano libre, expresando su soberanía, sus opiniones, o imponiendo -locura admirable y desconcertante- programas políticos y reivindicaciones sociales; no me refiero pues al elector "que se las sabe" y que se burla, al que ve en "los resultados de su omnipontencia" nada más que una burla a la charcutería monárquica, o una francachela al vino republicano. Su soberanía consiste en emborracharse a costa del sufragio universal. Él conoce la verdad, porque sólo a él le importa, y se despreocupa del resto. Sabe lo que se hace. Pero ¿y los demás?
¡Ah, sí! ¡Los demás! Los serios, los austeros, el pueblo soberano, los que sienten una embriaguez al mirarse y decirse : "¡Soy elector!" Todo se hace por mi. Yo soy la base de la sociedad moderna. Por mi propia voluntad, Floquet hace las leyes a las que se ciñen treinta y seis millones de hombres, y Baudry d'Asson también, y Pierre Alype igualmente". ¿Cómo hay todavía gente de esta calaña? ¿Cómo, tan orgullosos, cabezotas y paradójicos como son, no se han sentido, después de tanto tiempo, descorazonados y avergonzados de su obra? ¿Cómo puede ser que exista en cualquier parte, incluso en el fondo de las landas más perdidas de Bretaña, o en las inaccesibles cavernas de Cévennes y de los Pirineos, un bonachón tan tonto, tan poco razonable, tan ciego ante lo que ve y tan sordo ante lo que se dice, que vote azul, blanco o rojo, sin que nadie le obligue, sin que nadie le haya pagado o le haya emborrachado?
¿A qué barroco sentimiento, a qué misteriosa sugestión puede obedecer ese bípedo pensante, dotado de una voluntad, orgulloso de su derecho, seguro de cumplir con un deber, cuando deposita en una urna electoral cualquiera una papeleta cualquiera, igual da el nombre que lleve escrito en ella? ¿Qué se dirá a sí mismo, para sí, que justifique o simplemente explique ese acto tan extravagante? ¿Qué es lo que espera? Porque, en fin, para consentir que se le entregue a dueños tan ávidos, que le engañan y golpean, será necesario que se le diga y que espere algo extraordinario que nosotros no nos imaginamos. Será necesario que, gracias a poderosos desvíos cerebrales, las ideas del diputado se traduzcan en él como ideas de ciencia, de justicia, de entrega, de trabajo y de probidad; será neceario que en los nombres de Barbe y Baïhaut, no menos que en los de Rouvier y Wilson, descubra una magia especial y que vea, a través de un espejismo, florecer y expandirse en Vergoin y en Hubbard promesas de felicidad futura y de consuelo inmediato. Y esto es lo verdaderamente horrible. Nada le sirve de lección, ni las comedias más burlescas, ni las más siniestras tragedias.
Sin embargo, por muchos siglos que dure el mundo y que se desarrollen y sucedan las sociedades, iguales unas a otras, un hecho único domina todas las historias: la protección de los grandes y el aplastamiento de los pequeños. No puede llegar a comprender que hay una razón de ser histórica, la de pagar por un montón de cosas de las que no disfrutará jamás, y morir por unas combinaciones políticas que no le atañen en absoluto.
¿Qué importa que sea Pedro o Juan el que le pida el dinero o la vida, si está obligado a desprenderse de uno y entregar la otra? ¡Pues, vaya! Entre sus ladrones y sus verdugos, él tiene sus preferencias, y vota a los más rapaces y feroces. Ha votado ayer y votará mañana y siempre. Los corderos van al matadero. No se dicen nada ni esperan nada. Pero al menos no votan por el matarife que los sacrificará ni por el burgués que se los comerá. Más bestia que las bestias, más cordero que los corderos, el elector designa a su matarife y elige a su burgués. Ha hecho revoluciones para conquistar ese derecho.
Oh, buen elector, incomprensible imbécil, pobre desgraciado, si en lugar de dejarte engañar por las cantinelas absurdas que te cantan cada mañana, a cambio de un céntimo, los periódicos grandes o pequeños, azules o negros, blancos o rojos, pagados para conseguir tu pellejo; si en lugar de creer en esos quiméricos halagos que acarician tu vanidad, que rodean tu lamentable soberanía andrajosa; si en lugar de pararte, papanatas, ante las burdas engañifas de los programas; si leyeras alguna vez al amor de la lumbre a Schopenhauer y a Max Nordau, dos filósofos que saben mucho sobre tus dueños y sobre ti, puede que aprendieras cosas asombrosas y útiles. Puede ser también que, después de haberlos leído, te vieras menos obligado a adoptar ese aire grave y esa elegante levita para correr hacia las urnas homicidas en las que, metas el nombre que metas, estás dando el nombre de tu más mortal enemigo. Los filósofos te dirían, como buenos conocedores de la humanidad, que la política es una mentira abominable, que todo va contra el buen sentido, contra la justicia y el derecho, y que tú no tienes nada que ver, pues tus cuentas ya están ajustadas en el gran libro de los destinos humanos.
Sueña después de esto, si así lo deseas, con paraísos de luces y perfumes, con fraternidades imposibles, con felicidades irreales. Es bueno soñar, y calma el sufrimiento. Pero no mezcles nunca al hombre en tus sueños, porque allí donde está el hombre está el dolor, el odio y la muerte. Sobre todo, acuérdate de que el hombre que solicita tu voto es, por ese hecho, un hombre deshonesto, porque a cambio de la situación y la fortuna a la que tú lo lanzas, él te promete un montón de cosas maravillosas que no te dará y que, por otra parte, tampoco podría darte. El hombre al que tu elevas no representa ni a tu miseria, ni tus aspiraciones, ni a nada tuyo; no representa más que a sus propias pasiones y sus propios intereses, que son contrarios a los tuyos. Para reconfortarte y animarte con esperanzas que pronto se verán defraudadas, no vayas a imaginarte que el espectáculo desolador al que asistes hoy día es propio de una época o de un régimen, y que todo pasará. Todas las épocas y todos los regímenes son equiparables, es decir, que no valen nada. Así que, vuelve a tu casa, buen hombre, y ponte en huelga contra el sufragio universal. No tienes nada que perder, te lo digo yo; y eso podrá divertirte por algún tiempo. En el umbral de tu puerta, cerrada a los solicitantes de limosnas políticas, verás desfilar a la muchedumbre, mientras te fumas tranquilamente una pipa.
Y si existiera, en algún lugar desconocido, un hombre honrado capaz de gobernarte y amarte, no lo eches en falta. Sería demasiado celoso de su dignidad como para enfangarse en una lucha de partidos, demasiado orgulloso para recibir cualquier orden de ti si no la diriges a la audacia cínica, el insulto y la mentira.
Ya te lo he dicho, buen hombre, vete a casa y ponte en huelga.

Octave Mirbeau Subir


El bodorrio

-Una millonada gastada en lujo, fasto y cuestiones superfluas.
-Una celebración casposa con invitados que son los sátrapas de sus países.
-Una falta de respeto inmensa hacia los muertos y los heridos en los atentados del 11-M.
-Un encubrimiento de un sistema feudal-la monarquía y todos los aristócratas-más típico de la Edad Media que de la época actual.
-Un desprecio absoluto por todos los que, en realidad, pagamos el evento: los trabajadores.
-Un desastre de ciudad con el tráfico colapsado y con los cuerpos represivos tomando las calles, campando a sus anchas y molestando a la ciudadanía.
-Un insulto a la inteligencia humana, al intentar hacernos creer que vivimos en un mundo feliz, cuando es todo lo contrario.
-Una tapadera de las barbaridades y las injusticias que los poderosos cometen en este país y en el mundo.
-Un acto de alienación colectiva basado en el simple hecho de que dos personas van a vivir juntas.
-Un ejercicio inmenso de hipocresía de los que se casan y de los acompañantes: aparentan ser la "flor y nata" de la sociedad cuando, en verdad, son los saqueadores del planeta.
-Otro ejercicio absolutamente hipócrita de la Iglesia católica, que está casando a dos elementos de los que sabe que pasan totalmente de la "fe católica" (incluso la novia lo ha dicho).
-Un montaje nacional-católico que nos recuerda épocas ya pasadas y que, lamentablemente, parece que aún no nos hemos quitado de encima.
-Un ensalzamiento de todos los pilares que sustentan este podrido sistema: ejércitos, Iglesia, gobernantes, monarcas, banqueros, aristócratas, policías...
-Un peloteo salvaje de todos los estamentos sociales, empezando por los "medios de comunicación".
-Un espectáculo antieducativo bestial.
-En fin, un horror.
-Y dos preguntas: ¿Por qué tenemos que mantener a esta panda de vagos y sus vicios? ¿Por qué no apagamos la televisión y nos damos cuenta de que no los necesitamos para vivir?

Grupo Tierra Subir


 

Federalismo contra democracia

La influencia de
Proudhon en España

Anarquía no es caos

Mi generación

Análisis de la situación mundial

 

La gran mentira del comunismo

Los combates de Octave Mirbeau

La huelga de los electores

El bodorrio