
SECCIONES
Uruguay: Contra
los incansables
productores de miseria
El modelo llamado neoliberal se ha desplegado sin límites en estas
dos últimas décadas. Globalizó su contenido a gran parte
del mundo. Mostró con desparpajo su cínico rostro. Fue produciendo
más y más miseria para los pueblos. Una miseria lacerante, despiadada.
Sus transnacionales sembraron prepotentemente, a cara descubierta, la muerte.
Su fría guadaña destrozó cuerpos e ilusiones. Fueron
el capital financiero, las industrias del medicamento, las de las patentes,
la industria armamentista entre otras. Una articulación coherente marchó
con una misma intención: acumular más riquezas y poder en manos
de unos pocos y sembrar por doquier una miseria desesperante quizás
nunca vista.
Fueron destruyendo hasta donde pudieron las mejoras, las conquistas logradas
en una prolongada, sacrificada y sangrienta cadena de luchas populares a través
de un largo tramo histórico.
Esto le ocurrió a muchos pueblos en diferentes continentes. Le ocurrió
a nuestro pueblo uruguayo. Ese modelo de país que desde el poder llevaron
adelante con cinismo y evocaciones constantes a la "democracia"
y a "nuestro estilo de vida" fue para repartir la riqueza y el poder
entre unos pocos. Fue para obedecer los mandatos imperiales a través
de sus macroorganismos internacionales, fue para que el capital financiero
y las grandes transnacionales dejaran vacío el país. Los banqueros
ladrones contaron siempre con impunidad para su trabajo sucio. Los bancos
se vaciaban y los restauraban para que los siguieran robando.
En este marco llega el "amigo" Atchugarry. El "salvador"
de la sonrisa draculina. El ministro del "milagro". Y, como una
historia de tontos y malvados, casi todos declararán que ha nacido
una esperanza. Se olvidan del telón de fondo, que es lo que importa,
y no reparan en el viejo y tan gastado gatopardismo.
Nuestra gente se va hundiendo en la miseria. No hay trabajo, no hay comida.
El hambre lacera las entrañas y lastima la sensibilidad. Los hijos
piden el pan que no existe. Sobras de cubos de basura y pasto comienzan a
ser un recurso ante el reclamo imperiosamente doloroso de los cuerpos. Y vienen
discursos y discursos, de diferente pelo, todos ellos hablan de dificultades,
de salvar el sistema financiero, de que habría que diseñar una
política que atienda los problemas del país. Todo esto hecho
con ese tipo de gente pudiente que come bien todos los días, amén
de otras cosas. Campea el cinismo, repugnante, la demagogia, la insensibilidad
ante la situación que tienen los de abajo.
Y la realidad llega gritando. Irrumpe la gente en los supermercados. Toma
mercadería en 16 de ellos e intenta lo mismo sin poder concretarlo
en otros 14. Estallido de hambre que no espera.
La respuesta oficial es la de siempre: represión. Gran despliegue policial,
en algunos lugares desenfundando armas, disparando balas, blandiendo palos
frente a menores y mujeres que corren con un paquete de harina, fideos o arroz.
Hay presos, lastimados y un joven de 15 años en estado grave por golpes
brutales propinados por la policía.
Y entonces, en ese mundo orweliano, el verdugo es el bueno y los "miserables"
los malos. La mayoría de los políticos y medios de comunicación
ponen el acento en este desborde, en este "ataque a la propiedad privada".
Y los "miserables" escapados de las páginas de Víctor
Hugo pasan a ser los satánicos "desestabilizadores" que pergeñaron
perfectas estrategias. Tiren a matar contra los malvados que quieren comer
todos los días. Piensan en Medidas de Seguridad.
¿Existe una lucha capital financiero
y transnacionales versus Estado?
Una falacia. El Estado, todo su "aparato ideológico"
y jurídico han estado haciendo espacio para el avance brutal de las
transnacionales de distinto pelo. Son leyes y políticas generales constantes
las que posibilitan dicho accionar y operatividad. Son ideas, todo un material
simbólico, lo que está siendo inyectado a diario para justificar
el genocidio de las poblaciones. Los diseños vienen desde las grandes
potencias, como el G7 (o G8), y son diseños político-económicos.
Se instrumenta el modelo a través de los grandes organismos políticos-económicos
como OMC, FMI, BM, BID. Es sabido, pero conviene reiterarlo, muchos son los
distraídos o amnésicos y quieren salvadores mágicos.
El entramado social del poder dominante no cuenta.
El hecho puntual, de opción coyuntural, de tipo táctico, de
lucha contra las privatizaciones no puede hacernos perder la perspectiva y
focalizar nuestras esperanzas y energías hacia un lugar ajeno a los
intereses populares y solo idóneo para producir y reproducir privilegios
amén de represiones.
Las distintas instancias del sistema se retroalimentan y componen este modelo
operante y bestial. Las fuerzas sociales antagónicas no están
contenidas en estos consagrados circuitos, posiblemente sí en sus "efectos".
Esos "efectos" que componen todo un campo de oprimidos. Los cambios
a esta dinámica perversa no vendrán por los canales trillados,
tramposos y cínicos que el sistema sugiere, con terrorismo ideológico,
como los únicos legítimos. A esto lo para la confrontación
o no lo para nadie.
Jugando al achique y la contención
Y está el campo compuesto por un espectro amplio de fuerzas sociales
y personas que juegan, sépanlo o no, para que el sistema siga funcionando
tal cual es, de repente y como máximo con algún parchecito.
Ponen el grito en el cielo cuando surge algo fuera de su imaginario virtual.
Son los identificados con el sistema o los opositores coptados, funcionales,
que siguen en un universo de perversa fantasía. Son en general gente
quebrada, rutinarios de la política, los que descubren hoy los huevos
de la serpiente y creen que son de oro, los "maduros", ingenuos
políticos, los atrapados por esa telaraña simbólica que
tiene hoy con más poder que nunca, los de buenas intenciones que ya
arrancan una sonrisa a Lucifer cuando los ve venir por ese tan gastado y recorrido
camino.
Un mundo está emergiendo por fuera de estructuras clásicas.
Sabe lo que no sirve y busca lo que sirva. Chocará también con
cierto imaginario social político de quienes se sienten sus representantes
o vanguardias. Vendrán palos teóricos, políticos y los
clásicos que dejan machucones y cabezas rotas.
Es una realidad, la miseria está destruyendo cuerpos y esperanzas de
generaciones enteras, asesinando a nuestros niños ya en este momento.
Y esto no es retórica sino cosa diaria, cruel, inhumana y palpable.
Tampoco confundimos, sería tonto y sin salida hacerlo, que es necesario
trabajar por problemas inmediatos, por mejoras, por defensa de tantas conquistas
pisoteadas. Pero todo ello como problema coyuntural, sin crear falsas ilusiones
y sí tratando de acumular a favor de cambios de verdad.
Están asesinando a nuestros hijos ¡carajo!
Vamos a reiterarlo. Sí, con ese lacerante manto de miseria están
asesinando a nuestros hijos, están asesinando a los pobres en general.
Y los pobres cada día son más. Niños desharrapados y
hambrientos se encuentran en todos los puntos del país. Pidiendo una
moneda, limpiando parabrisas, robando una cartera, desmayándose de
hambre, comiendo pasto, formando banda para robar a otros pobres, golpeando
puertas para pedir cualquier comida, con carritos de mano repletos de nada,
con la sangre llena de plomo, separando sobras de los cubos de basura. Mirando
al mundo con odio y desesperanza, sin juegos infantiles ni alegría,
con hogares disueltos, viendo la agresiva y hostil opulencia de unos pocos.
Así están viviendo gran parte de nuestros niños. De manera
semejante gran parte de nuestro pueblo.
Como siempre, los pueblos buscan salidas y la lucha es su herramienta. Irán
así procesando una estrategia verdadera para logros inmediatos urgentes
y sueños futuros.
Se dice que el anarquismo es una filosofía, pensando, quizás,
en una forma personal de entender la vida o en una especie de código
ético de comportamiento. También que es una ideología,
un conjunto de ideas que forman un cuerpo teórico uniforme y, entendido
de una forma abierta y amplia, es ambas cosas. Pero también es, y esa
es la parte que nos interesa aquí, una propuesta política o
una propuesta de organización social. Es decir, desde la negación
de una estructura autoritaria de gobierno, que es la traducción de
la palabra an-arquía, nos permite proponer una sociedad organizada
horizontalmente. Una sociedad antiautoritaria basada en el libre acuerdo entre
personas y organizaciones, necesariamente participativa, para evitar la delegación
de nuestras responsabilidades en otras personas, lo que las iría confiriendo
poder, base de toda organización autoritaria.
En esta mínima introducción se encuentra el punto de partida
de todo el pensamiento anarquista y las bases o ideas fuerza que lo componen,
claramente contrapuestas a la práctica totalidad de las sociedades
que conocemos, basadas en principios jerárquicos o de poder. Serían,
por tanto, ideas básicas del anarquismo las que no permitan generar
estructuras de poder:
- La autogestión, la gestión tanto de la economía por
los propios productores, como de la organización social por los propios
ciudadanos. Lo contrario genera, como sabemos, poder de decisión en
manos de los directivos, poder económico en manos de los dueños
y/o poder político en manos de los gobernantes.
- La acción directa, o acción sin intermediarios. Lo contrario,
la delegación, genera, como también sabemos, toda una pléyade
de intermediarios y vividores, que negocian por nosotros -frecuentemente contra
nosotros- dándoles, además, el poder de una información
que no siempre llega a todo el mundo o llega, peor aún, manipulada.
- El apoyo mutuo o la solidaridad. Lo contrario, la competitividad, nos lleva
a la selva, a la ley del más fuerte, a las jerarquías, al egoísmo,
lo que reproduce una sociedad piramidal, clasista, con el poder o los poderes,
en las diferentes cúspides que se van creando.
- El federalismo, entre individuos y/o organizaciones libres e iguales, nos
permite decidir, en cada momento, con quién, en qué y hasta
cuándo estamos dispuestos a colaborar, sin perder nuestra idiosincrasia
y sin imponer nuestros intereses -o al contrario- al resto de los federados.
Lo contrario, las naciones y, peor aún, los Estados, suponen la negación
para entrar o salir, para ser o no ser, a capricho de gobiernos -dictatoriales
o parlamentarios- o por imposición de guerras y tratados.
Es decir, el poder es la piedra angular en la que se basan todas las organizaciones
autoritarias, es la causa de todas las desigualdades y, por tanto, es el elemento
a combatir, a anular, a destruir.
Bien, estas son algunas de las bases que queremos en nuestro modelo social
anarquista. Pero, ¿cómo conseguirlo? ¿Cómo avanzar
hacia él? En primer lugar, hay que hacer una precisión, fundamental,
de "perogrullo": un modelo social antiautoritario no se puede imponer.
Por tanto, solo cabe convencer, a cada vez más gente, de que es el
mejor. Que esa sociedad será la más justa y equilibrada para
todo el mundo. Será necesario mostrar a la sociedad que la escala de
valores, con el dinero a la cabeza, que la cultura imperante cultiva, genera
desigualdad, pobreza, opresión, violencia o muerte y que sólo
con un sistema represivo feroz se mantiene. Será necesario enseñar
a la gente a desarrollar y aplicar valores como los indicados anteriormente
a través de la propaganda, la difusión y la práctica.
En segundo lugar, parece que la única manera de avanzar en ese cambio,
absolutamente revolucionario en sus planteamientos, es organizándose.
La organización es esencial para clarificar los objetivos, para difundirlos
públicamente con más y mejores medios, para definir y diseñar
las estrategias, para contrastar experiencias y hasta para poner en práctica
ensayos autogestionados o para ir prefigurando el modelo social que preconizamos.
La traducción de esa necesidad organizativa en organizaciones concretas
nos lleva a detenernos en otra precisión fundamental: la concordancia
entre medios y fines o, dicho de otro modo, los fines no justifican los medios.
Es decir, para avanzar hacia una sociedad antiautoritaria, necesariamente
debemos hacerlo a través de organizaciones participativas y no jerárquicas,
que cultiven el consenso, que convenzan en lugar de vencer, que sirvan de
modelo aplicando los principios y los medios que queremos para ese fin: la
sociedad anarquista. Y si importante es esa armonía entre medios y
fines a la hora de estructurar una organización anarquista, no lo es
menos su equivalente en la lucha política: no será creíble
nuestra defensa de una sociedad participativa y autogestionada si practicamos
la pasividad y la delegación; no será creíble nuestra
crítica a los Estados si vivimos de ellos; no será creíble
nuestra propuesta de sociedad solidaria si permitimos la exclusión
y, desde luego, nadie creerá ni tomará en consideración
nuestras denuncias contra una sociedad represiva, violenta y terrorista, utilizando
las mismas prácticas. La consecuencia será la confusión
y el alejamiento de cualquier tipo de simpatía por unas propuestas
que se verán tal falsas como las demás.
Aunque esa armonía entre la finalidad que se persigue y los medios
para conseguirla debería orientar suficientemente las líneas
de trabajo y organización, hay veces que se desarrollan y se enquistan
tendencias donde ya es difícil reconocer el anarquismo. En un sentido,
el pragmatismo, la supuesta mayor eficacia, el llamado reformismo lleva a
elegir un camino, aparentemente exitoso, que no conduce hacia la meta planteada.
Es un camino jalonado de propuestas tentadoras para una organización
que quiera integrarse en el sistema (dinero, medios, parcelas de poder, atención
en los medios de comunicación, aceptación en una comunidad educada
en la pasividad, etc.), pero poco apta para la revolución social. Peor
aún, suele tener el efecto contrario al apuntalar formas de funcionar
autoritarias y ejecutivistas, o plantea soluciones parciales que consienten
situaciones injustas sin cuestionar el fondo. En sentido contrario, pero dándose
la mano, el vanguardismo, cree poder mantenerse incontaminado, luchando aisladamente
y por delante de la sociedad, sin darse cuenta de que, no solamente su esfuerzo
es estéril al estar al margen de la colectividad, sino que, al igual
que el reformismo -de ahí el darse la mano- está cultivando
formas autoritarias, intentando imponer sus verdades a quienes no las comparten
o no les han convencido aún plenamente. Tal vez, el más polémico
y peligroso de los vanguardismos sea la utilización de la violencia
como arma política. Dejando de lado el hecho de que su uso difícilmente
pueda ser justificado desde un punto de vista anarquista, más bien
suelen ser actos que tienen que ver con la venganza, sus efectos suelen ser
nefastos para todo el movimiento anarquista: el control y la represión
policial se acentúan peligrosamente facilitando las infiltraciones;
los medios de comunicación -siempre al servicio del poder, no solo
porque les da de comer, sino porque forman parte de él- crean una imagen
muy negativa, imposible de contrarrestar, en toda la sociedad que echa por
tierra el trabajo de años de las organizaciones anarquistas y anarcosindicalistas
insertadas en la lucha, en frentes muy diversos; se crean agrias polémicas,
descalificaciones y peleas internas que no permiten trabajar hacia el exterior
paralizando el movimiento o, en el mejor de los casos, ocupándolo casi
en exclusiva en la defensa de los compañeros y compañeras que
las diferentes policías hayan elegido como cabezas de turco para reprimir
al anarquismo organizado.
En cualquier caso, el anarquismo dista mucho de estar entre las prioridades
de la inmensa mayoría de la gente y la tarea de los anarquistas y sus
organizaciones es cambiar esa realidad. El hecho de que los capitalistas,
autoritarios y poderosos, vayan ganando por goleada, no resta un ápice
de interés a unas propuestas que persiguen la libertad y justicia social
sin exclusiones y no sólo por el valor intrínseco de ese anhelo,
si no porque la historia ya conocida de las opciones triunfantes es desoladora:
guerras, asesinatos, cárceles, hambre y destrucción, son la
cara más amarga, pero cotidiana, de una sociedad repleta de desigualdades
enormes, con explotadores opulentos y desharrapados indigentes, violentos
opresores y esclavos sin un pedazo de tierra o techo donde gastar una vida
miserable.
Para empezar, hay que conocer las razones de ese desencuentro que, desde luego,
son múltiples y en diferentes planos. La mayoría son, probablemente,
exógenas: el sistema educativo, los medios de comunicación de
masas, las religiones organizadas, las asociaciones estructuradas jerárquicamente
(entre ellas, las propias sindicales que han estrangulado el movimiento obrero)
y, como hemos apuntado anteriormente, la cultura de la delegación.
Pero los factores externos suministran sólo una explicación
parcial. Los factores internos también deben ser considerados. Chaz
Bufe, desde EE.UU., en su escrito "¡Escucha anarquista!",
apunta algunos: marginación (automarginación), prejuicios anti-trabajador
o anti-organizativo, violencia, sectarismo, oscurantismo, etc., incluyendo
otros menos conocidos por estos lares como el primitivismo, lo que él
llama "de vuelta a las cavernas" o el "retroceso al misticismo".
Desde luego, muchos de estos problemas los conocemos en casi todas partes.
Uno de los más desagradables y pernicio son las luchas intestinas,
a las que siempre hay quien se dedica con verdadero deleite, poniendo un empeño
y persistencia dignos de mejor causa y donde, al final, todo el mundo tiene
que poner las mejores energías detrayéndolas de otras luchas,
las de la calle, para las que ya no quedan fuerzas.
Las organizaciones:
En el último cuarto de siglo, el que empieza con la muerte del dictador
Franco, se recuperan dentro de España las formas clásicas de
organización, que ya funcionaron antes del final de la guerra civil
y la revolución española, así como en el exilio posterior.
A veces cruzándose, pero con campos de actuación principales
en los que ejercen su actividad, organizaciones como C.N.T., F.A.I., F.I.J.L.,
MM.LL o los ateneos libertarios, trabajan, con altibajos y no sin problemas,
desde hace muchos años. Otros grupos, con menos continuidad pero no
menos entusiasmo, han trabajado en diferentes ámbitos (ecología,
antimilitarismo, etc.) y, en los últimos años, otros más
trabajan en aspectos muy concretos de la lucha por una revolución social,
como la ocupación o los presos que, si bien reciben solidaridad de
diversos grupos y sindicatos cenetistas, tienen en la Cruz Negra Anarquista
(C.N.A./A.B.C.) una organización que no desfallece en su ayuda. Más
recientemente, se han elegido temas como la globalización o la inmigración
como problemas emergentes, siempre tratados desde un punto de vista anarquista.
Finalmente, hay experiencias llevadas a cabo por grupos que tratan de poner
en práctica las ideas en diferentes espacios, como la pedagogía
(aquí merece singularizarse la experiencia de la escuela Paideia, primero
en Fregenal de la Sierra y posteriormente -más de veinte años
ya- desde Mérida (Badajoz), el campo, la edición/distribución,
ocupada, en parte, por editoriales comerciales -mientras fue rentable económicamente-
pero que, salvo excepciones como Virus o Madre Tierra, tuvo que ser retomada
como actividad militante por la C.N.T., a través de la Editora Confederal
y la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo (F.A.L.), etc.
Cualquiera de estas experiencias y, desde luego, las organizaciones con una
trayectoria más larga, merecen un tiempo y un espacio suficientes,
que no podemos dedicar aquí
En España, Bélgica, Holanda, Francia... nuevas corrientes neofascistas
han renacido alarmantemente; el rebrote no es espontáneo, es la salida
de las agazapadas víboras de sus cuarteles de invierno, pendientes
de la primera oportunidad para extender su veneno.
Esta nueva situación no está orquestada por un clásico
aspirante a dictador, rodeado de seguidores con camisas adornadas con la esvástica.
En su lugar, una nueva camada de extremistas de derechas han aprovechado el
momento político y se han dado cuenta de que el juego fascista puede
ser jugado de muchas formas, utilizando las más sofisticadas tácticas
para ser ocultadas bajo apariencias democráticas.
Los han traído los deméritos de todos los otros políticos
profesionales, la falsedad de su juego sólo atentos a sus propios intereses
personales y de partido, su alejamiento de los problemas cotidianos.
Suben porque la gente está cada vez más cansada de las mentiras
emanadas de los parlamentos politizados, de su falta de eficacia, de sus escándalos,
de su favoritismo a los privilegiados del sistema.
El aumento de estos movimientos respaldados electoralmente, ha coincidido
con un dramático incremento de crímenes racistas; según
las últimas estadísticas del Parlamento europeo, se produce
una agresión racista cada tres minutos.
Con un lenguaje adaptado a los económicamente desencantados, los demagogos
de extrema derecha se han hecho un hueco con su discurso entre los parados,
culpando a los exiliados e inmigrantes de su falta de trabajo. Los inmigrantes
del Tercer Mundo, de Europa del Este y de donde sea, son considerados una
amenaza para nuestra estabilidad económica. Continúa la cacería
contra el descamisado, sea hombre o mujer, en estos tiempos en que estamos
sometidos al desempleo y a los recortes sociales.
Los neofascistas están teniendo éxito en las urnas porque le
dicen al pueblo lo que quiere oír; promesas de que con ellos no se
le acabará este pequeño bienestar social dentro de esta sociedad
de consumo que nos fabrican y para ello es necesario creer y actuar en consonancia
con su mensaje antiemigrantes.
Sobre esto, los comensales del pesebre político a falta de nuevas ideas
e impacientes para desviar la atención de sus propios fallos, son demasiado
benevolentes con la descrita "ralea" no muy distante en actitudes
de la de ellos mismos, los mercenarios de la puerca política.
Como cualquier "tienda de gandinga" manufacturan los chorizos y
demás embutidos. Éstos nos fabrican los anticristos, sobre todo
si son pobres de solemnidad, para eso están estos fieles vigilantes
del sistema montado, que todo quede como está, "que no se lo muevan";
ese y no otro es el miedo que le quita el sueño al todopoderoso Occidente.
Mientras que algunos grupos marginales llevan con ellos la herencia del Tercer
Reich y de los regímenes de Mussolini, Franco, Pinochet o cualquier
otro carnicero, los estrategas fascistas más astutos saben que es mucho
mejor para sus intereses el no destapar las similitudes en cuanto a creencias.
Pero para que un bloque sea estable necesita poderosos enemigos y el sistema
los fabrica, vuelven a vocear sus sagrados valores y a alertar al pueblo crédulo
contra esos malvados que quieren dinamitar nuestra civilización. Unos
extraños, crueles muertos de hambre, que quieren quitarnos nuestra
"sociedad del bienestar".
El fascismo está en marcha de nuevo, no podemos predecir la fortaleza
que puede llegar a adquirir. Es sólo cuestión de tiempo, pero
probablemente el fascismo de la primera década del 2000, bajo nuevos
nombres pero siempre portadores del mismo "orden", "tiranía"
y "barbarie", y nos venderán la burra de que son "responsables"
y "democráticos"; desde luego tendran puesta la piel de cordero
respetable.
Lo sentimos, todo esto sonará a broma. Algunos parecen interesados
en asustarnos, algo ganarán con ello. La bestia no reside en camisas
polvorientas o mojadas; está entre nosotros. Intentan que nos traguemos
más bichos que contiene una charca, y lo haremos si les seguimos el
juego planteado. Nos hará mucho daño, como siempre. Ese momento
vemos que está próximo; al tiempo.
Con la salvedad de lo ocurrido en Francia. Para que Le Pen no entrara en palacio,
los tradicionales votantes de las "izquierdas" tomaron la dura obligación
de ir a las urnas con unas pinzas en la nariz para soportar el asco de votar
a quien les repugna.
Desechemos las urnas y sus falsos mensajes y unámonos todos para construir
un mundo justo, sin patrias ni banderas, sin delegar en partidos o gurús.
Hemos de ser nosotros mismos quienes sobre la base de la anarquía consigamos
el objetivo deseado, un mundo libre, justo y solidario que será donde
nos lleven nuestras energías de lucha y ansias de libertad.
El hecho de que la máquina militar, policial y judicial del Estado
tenga como función la defensa del "orden" autoritario-capitalista,
las medidas a que recurren frecuentemente los gobiernos y los patronos para
impedir el desarrollo de las luchas sociales de los explotados y oprimidos,
y la propia lógica de la dominación muestran claramente que
sólo por la fuerza es posible aniquilar socialmente a la clase dirigente
y explotadora. Debido a la violencia organizada del capitalismo, los explotados
y oprimidos se ven forzados a recurrir a la violencia revolucionaria si quieren
liberarse de la explotación y de la opresión.
Un movimiento anti-capitalista y anti-estatal, basado unicamente en una huelga
general, no apoyado por una organización de defensa revolucionaria,
que no incluya en una acción ofensiva y organizada en el ámbito
particular de la lucha "militar", sería inevitablemente aplastado
por la contra-revolución armada, ya que los trabajadores no constituyen,
incluso en una situación revolucionaria, un conjunto homogéneo.
La huelga general activa y la revolución social no son efectos inevitables
de determinadas condiciones económicas y sociales, "resultados
ineluctables del desarrollo de las contradicciones económicas del capitalismo",
como dicen ciertos marxistas. Su realización presupone la existencia,
no sólo de una situación social explosiva, sino también
de una voluntad revolucionaria. Su realización exige también
que se haga conscientemente en ese sentido un esfuerzo organizado, incluso
en el ámbito de la defensa.
La adhesión de los trabajadores a una huelga general activa y el ejercicio
integral de sus funciones revolucionarias (por ejemplo, la expropiación
de la burguesía) dependen en gran medida de lo que nosotros, los anarquistas,
definimos como propaganda por el hecho revolucionario. Ahora, las fuerzas
organizadas de la contra-revolución, fuerzas estatales y para-estatales,
no dejarán de intentar impedir, por medio de la violencia, este tipo
de propaganda, una práctica propia de la organización especificamente
anarquista. La propaganda por el hecho revolucionario destructivo implica
necesariamente encuentros violentos entre la organización revolucionaria
y la organización armada de la contra-revolución capitalista.
Si bien no es posible vencer a las fuerzas armadas de la contra-revolución
sin una huelga general activa, es decir, no solamente luchar en el campo de
acción específico de las fuerzas militares y militarizadas del
Estado, es también evidente que la huelga general expropiadora es vulnerable
a la violencia contra-revolucionaria, esto es, necesita ser defendida. La
huelga general activa, además de ser una condición necesaria
es un medio fundamental de la revolución social, necesita ser complementada
con una insurrección armada anti-estatal. En suma, la huelga general
activa y la insurrección armada anti-estatal deben ser encaradas como
dos aspectos indisociables de un movimiento insurgente anti-capitalista y
anti-estatal.
Por consiguiente, la actividad de preparación y organización
de la insurrección armada anti-estatal constituye una tarea fundamental
del movimiento libertario organizado y revolucionario. Por no ser institucionalizables,
por ser totalmente irrecuperables por el sistema democrático-capitalista,
las asociaciones especificamente anarquistas desempeñan, en este ámbito
de acción, un papel decisivo.
No sólo en el período insurreccional, sino también en
el período que tiene lugar la obra destructiva y constructiva de la
revolución, los anarquistas deben adoptar medidas de autodefensa. En
la base de sus grupos de autodefensa, deben costituir las milicias de trabajadores
para asegurar la defensa de las comunas o municipios anarquistas. Es importante
tener presente que la revolución social no alcanzará el mismo
nivel en todas las regiones del Globo y que el ritmo de su desarrollo no es
el mismo en todos los países ni en todas las partes de una región.
En algunas regiones, la construcción por vía revolucionaria
de comunas anarquistas y su unión federativa surgirá asociada
a una guerra civil, como ocurrió en España en 1936. Como es
evidente, la organización de defensa de las comunas anarquistas debe
ser ser controlada por sus propias asambleas, no debe estar constituida por
especialistas, sino por trabajadores voluntarios, debe estar descentralizada
y sus órganos funcionales y de coordinación, de diferentes niveles,
deben estar constituidos por delegados o mandatarios de los milicianos y no
por jefes militares. A los ejércitos, a la jerarquía militar,
los anarquistas revolucionarios oponen el pueblo en armas. Contrariamente
a los marxistas, los anarquistas ponen en duda, desde el inicio de su lucha,
todas las divisiones que caracterizan a la actual sociedad: la división
entre trabajo y política, entre los que trabajan y los que mandan trabajar
a los demás, entre economía y defensa, etc., etc.
Enfrentándose con un medio social basado en la violencia y el crimen,
enfrentándose con una contra-revolución organizada y armada,
el movimiento anarquista incluye necesariamente prácticas de carácter
violento. La acción de los anarquistas pacifistas, si bien es muy positiva,
es manifiestamente insuficiente. Los anarquistas pacifistas no dan la debida
importancia al hecho de que la clase dominante esté dispuesta a ofrecer
una resistencia encarnizada a todas las luchas que pongan en causa sus privilegios
y su posición social.
Los actos violentos de los anarquistas son completamente distintos a los actos
terroristas, efectuados, por ejemplo, por ciertas agrupaciones leninistas
y nacionalistas. La violencia anarquista es algo completamente diferente de
la violencia a que recurren las organizaciones que luchan por la conquista
del poder, es algo totalmente ajeno a la violencia política. Los anarquistas
no secuestran a nadie, no torturan a la gente y no agreden individuos indiscriminadamente.
Los anarquistas respetan la dignidad de todos los individuos, inclusive sus
enemigos, y no imponen sus ideas por el terror, ya que su acción es
liberadora y no política. Los anarquistas no quieren dominar a nadie
por la violencia física, por el terror ni por ningún otro medio.
Rechazando cualquier género de responsabilidad colectiva, que consideran
una mera abstracción, los anarquistas piensan y actuan de acuerdo con
el principio de que cada persona debe ser responsabilizada por sus acciones
o, mejor, cargar con las consecuencias de sus actos. Si por razones de defensa,
y no por venganza, pueden decidir liquidar, por ejemplo, a un dictador, jamás
los anarquistas responsabilizan a una colectividad entera por crímenes
cometidos por algunos de sus miembros (por ejemplo, sus jefes). Contrariamente
a los reformistas brutales, los anarquistas poseen una visión crítica
de la violencia.
La violencia de los anarquistas es una manifestación de su espíritu
insumiso y de revuelta, es una violencia social, esto es, corresponde a las
necesidades de la lucha social de los oprimidos y rebeldes, y constituye una
respuesta necesaria a la violencia organizada de la sociedad autoritaria,
o sea, es de carácter defensivo. Siendo para ellos la violencia una
dura necesidad, y no un placer, los anarquistas procuran reducirla al mínimo
indispensable. Lo que mueve a los anarquistas es la obra positiva de la revolución
social, la construcción de un medio social basado en la libertad.
El combate anarquista es esencialmente una lucha colectiva y organizada, pues
sólo así es posible enfrentarse con eficacia a las fuerzas organizadas
de la contra-revolución capitalista y estatal. El movimiento libertario
es un movimiento organizado, en el que están incluidas, por ejemplo,
uniones federativas de sindicatos revolucionarios y federaciones de grupos
especificamente anarquistas. Con todo, la práctica de un militante
anarquista no se reduce a la mera participación en acciones colectivas,
pues no puede ser considerado como un simple miembro de una asociación
libertaria. Si bien que asociacionista, según principios antiteológicos
de asociación, el movimiento libertario se basa también en la
autonomía de los individuos y asociaciones que lo constituyen. Por
consiguiente, la práctica anarquista incluye también acciones
de carácter indivudual. El aspecto colectivo y organizado del movimiento
libertario se manifiesta en la existencia de una coordinación y conjugación
libres de los esfuerzos individuales.
En el ámbito de la práctica anarquista, son también relevantes
los actos de revuelta indidividual, actos que, en la mayor parte de los casos,
asumen formas violentas y que no son, obviamente, determinados por consideraciones
de orden táctico o estratégico. Siendo nitidamente exteriorizaciones
de elevados sentimientos éticos, evidenciando la existencia de sensibilidades
humanas que no soportan en forma alguna las injusticias que cometen los defensores
del desorden capitalista, estos actos individuales, a pesar de su carácter
excepcional, contribuyen mucho a que el movimiento anarquista no se enrede
en el lodazal de las "libertades" concedidas y reguladas por el
Estado llamado de Derecho, para que no se transforme en algo comparable a
los partidos políticos. Es importante comprender que la organización
especificamente anarquista es, por definición, anti-legalista, algo
totalmente incompatible con la mentira democrática. Las libertades
que utiliza son aquellas que el pueblo conquista por la fuerza, es decir,
violando la ley.
Como complemento al artículo "Sobre la violencia", los compañeros de la F.A.I de Portugal nos remiten estos textos de Errico Malatesta para tratar de esclarecer algunos aspectos de la práctica anarquista.
Mc Kinley, ex jefe de la oligarquía americana, instrumento y defensor
de los grandeas capitalistas, traidor de los cubanos y filipinos, el hombre
que autorizó la masacre de los huelguistas de Hazleton, las torturas
de los mineros de Idaho y las mil infamias que hoy se cometen en contra de
los trabajadores en la "república modelo", el que encarnaba
la política militarista, conquistadora e imperialista a la que se lanzó
la oronda burguesía norteamericana, cayó víctima de un
disparo anarquista.
¿De qué quereis que nos aflijamos, de no ser por la suerte reservada
al hombre generoso que, oportuna o inoportunamente, con buena o mala táctica,
se ha ofrecido en holocausto por la causa de la igualdad y de la libertad?
"El acto de Czolgosz (podría responder L'Agitazione) no ha servido
en absoluto a la causa del proletario y de la revolución; a Mc Kinley
le sucede alguien parecido a él, Roosevelt, y todo queda como estaba,
con excepción de los anarquistas, cuya situación será
aún más difícil que antes". Y puede que L'Agitazione
tenga razón: incluso, en el ambiente norteamericano, por lo que yo
sé, me parece probable que así sea.
Eso quiere decir que, en tiempos de guerra, hay movimientos acertados y otros
equivocados, hay combatientes prudentes y otros que, dejándose llevar
por el entusiasmo, ofrecen blanco fácil al enemigo, comprometiendo
incluso la posición de sus compañeros; eso quiere decir que
cada uno debe aconsejar, defender y practicar aquella táctica que cree
la más adecuada para alcanzar la victoria en el menor tiempo posible;
pero nada puede alterar el hecho fundamental, evidente, de que el que lucha,
bien o mal, contra nuestro mismo enemigo y con nuestros mismos objetivos,
sea nuestro amigo y tenga derecho, no, por supuesto, a nuestra aprobación
incondicional, sino a nuestra cordial simpatía.
Que la unidad de lucha sea una colectividad o un solo individuo no puede cambiar
nada al aspecto moral de la cuestión. Una insurrección armada,
en un momento inoportuno, puede producir un daño real, o aparente,
a la guerra social que practicamos como lo hace un atentado individual que
hiere el sentimiento popular; pero, si la insurrección se produce para
conquistar la libertad, nadie se atreverá sobre todo a negar el carácter
de combatientes político-sociales de los insurrectos vencidos. ¿Por
qué debería ser de otro modo si el insurrecto es uno solo?
Aquí no se trata de discutir de táctica. Si se tratara de eso,
diría que, en líneas generales, prefiero la acción colectiva
a la individual, sobre todo porque con la acción colectiva, que requiere
cualidades medias bastante comunes, se puede contar más o menos, mientras
que no se puede contar con el heroísmo, excepcional y de naturaleza
esporádica, que requiere el sacrificio individual. Se trata ahora de
un nivel más alto de la cuestión: se trata del espíritu
revolucionario, se trata del sentimiento casi instintivo de odio contra la
represión, sin el cual no cuenta para nada la letra muerta de los programas,
por muy libertarias que sean las propuestas afirmadas; se trata de aquel espíritu
combativo sin el cual también los anarquistas se domestican y acaban,
de una manera u otra, en el pantano del legalismo.
(L´Agitazione, 22-IX-1901)
Todo el mundo encontraría ridículo pensar que, al ser nosotros
partidarios de la libertad, quisiéramos que cada uno tuviera la libertad
de matar a sus semejantes.
La libertad que nosotros deseamos no es el derecho abstracto de hacer según
su propio deseo, sino de poder hacerlo; por lo tanto, supone en cada uno los
medios para vivir y actuar, sin someterse a la voluntad ajena. Y, como para
vivir, la primera condición es la de producir, es un principio necesario
de la libertad la libre disposición por parte de todos del suelo, de
las materias primas y de los instrumentos de trabajo.
(Umanità Nova, 24-XI-1921)
Los anarquistas están en contra de la violencia. Todo el mundo lo
sabe. La idea central de la anarquía es la eliminación de la
violencia en la vida social; es la organización de las relaciones sociales
fundadas sobre la libre voluntad de los individuos, sin intervención
policíaca. Por eso somos enemigos del capitalismo que obliga, apoyándose
en la protección policíaca, a los trabajadores a dejarse explotar
por los poseedores de los medios de producción, o incluso a quedar
en situación de paro y a pasar hambre cuando a los patronos les conviene
explotarlos. Por eso somos también enemigos del Estado que es la organización
coercitiva, o sea violenta, de la sociedad.
Pero, si un buen hombre dice que considera estúpido y bárbaro
razonar a golpes de bastón y que es injusto y salvaje obligar a alguien
a someterse a la voluntad de otro bajo la amenaza de una pistola ¿es
acaso razonable deducir que este buen hombre se va a dejar golpear y va a
someterse a la voluntad ajena sin recurrir a los medios más extremos
de legítima defensa?
La violencia es justificable sólo cuando es necesaria para defenderse
a sí mismo y a los demás contra la violencia. Allí donde
cesa la necesidad empieza el delito... El esclavo está siempre en estado
de legítima defensa y, por lo tanto, su violencia contra el amo, contra
el opresor, es siempre moralmente justificada y debe estar sólo regulada
por el criterio de la utilidad y de la economía del esfuerzo y de los
sufrimientos humanos.
(Umanità Nova, 25-VIII-1921)
Los anarquistas no tienen hipocresía. Hay que rechazar la fuerza por
la fuerza: hoy contra las represiones de hoy; mañana contra las represiones
que podrían intentar sustituir a las de hoy.
(Pensiero e Volontà, 1-IX-1924)
Consideramos la violencia necesaria e indispensable cuando es defensiva,
pero sólo cuando es defensiva. Y, por supuesto, no sólo defensiva
en contra de la agresión física, directa, inmediata, sino también
en contra de todas aquellas instituciones que, por la violencia, mantienen
a la gente en estado de esclavitud.
Estamos en contra del fascismo y querríamos derrotarlo oponiendo a
su violencia una violencia aún mayor. Estamos, sobre todo, en contra
del gobierno, que es la violencia permanente.
(Umanità Nova, 21-X-1922)
La huelga general me ha parecido siempre un medio óptimo para desencadenar
la revolución social. Pero evitemos, en todo caso, caer en la ilusión
dañina de creer que la huelga general convertirá en superflua
la insurrección.
Se pretende que, parando de golpe la producción, los trabajadores arruinarán
en pocos días a la burguesía, constreñida, para no morir
de hambre, a rendirse. Personalmente no veo mayor absurdo. Los primeros en
morir de hambre, durante la huelga general, no serán los burgueses
que tienen a su disposición todos los productos acumulados, si no los
trabajadores que sólo tienen su fuerza de trabajo para sobrevivir.
La huelga general, tal como nos la han descrito, es una pura utopía.
O el obrero, muerto de hambre después de tres días de huelga
volverá al taller, con la cabeza gacha, y contaremos una derrota más,
o, en cambio, decidirá apoderarse de los productos por la fuerza. ¿Quién
se lo impedirá? Soldados, gendarmes, si no los mismos burgueses, y
entonces la cuestión se tendrá que resolver a tiros. Será
la insurrección y la victoria sonreirá al más fuerte.
Preparémonos, por ello, a esta insurrección inevitable, en vez
de limitarnos a exaltar la huelga general, como si fuera la panacea para todos
los males. Y que no se me diga que el gobierno está armado hasta los
dientes y será siempre más fuerte que los rebeldes. En la Barcelona
de 1902 el ejército no era numeroso y no estaba preparado para la lucha
armada y los trabajadores, no comprendiendo que el poder político era
el verdadero adversario, mandaban delegados al gobernador para pedirle que
hiciera ceder a los patronos.
Por lo demás, la huelga general, aunque reducida a lo que es realmente,
todavía es un arma de doble filo que hay que utilizar con prudencia.
El servicio de abastecimiento no puede admitir suspensiones prolongadas. Será
necesario apoderarse por la fuerza de los medios de aprovisionamiento en seguida,
sin esperar que la huelga se convierta en insurrección.
(Congreso de Amsterdam, 1907)
Algunas falacias del neoliberalismo
El liberalismo económico es la doctrina política que establece
y sustenta los dogmas que garantizan los privilegios sociales de los enriquecidos.
Esta doctrina, gracias al dominio absoluto del capital sobre los medios de
comunicación, reconvertidos en aparatos de propaganda, se ha difundido
tan insistentemente que ha logrado excluir cualquier forma de pensamiento.
El deterioro social, la degradación del medio ambiente, los enfrentamientos
y guerras constantes, el aumento de la morbilidad, la inseguridad y precariedad
son algunas de las consecuencias que ilustran el precipicio al que nos conduce
la senda del neoliberalismo. A la humanidad le espera un futuro, ya anticipado
para tres cuartas partes de ella, de guerras atómicas, catástrofes
naturales, enfermedades y hambrunas. El hombre convertido en el peor enemigo
del hombre. La propaganda neoliberal pretende que no nos demos cuenta de esta
situación, que pensemos que tenemos la suerte de vivir en el mejor
de los mundos posibles, que nunca antes la humanidad ha disfrutado de una
vida tan agradable, que no es posible otro mundo. Así corremos alegremente
hacia el abismo.
Liberados de los prejuicios religiosos, los descubrimientos científicos
y los avances tecnológicos han abierto la puerta de la esperanza. Pero
la gestión de estos progresos por el capitalismo, que atiende exclusivamente
a su propio interés, depredando sin importarle los daños que
ocasiona, ha conseguido que por esa puerta entren las peores pesadillas con
las que ha soñado la humanidad.
1ª falacia: La ausencia de regulación
garantiza la libertad de mercado
El mercado es la piedra angular sobre la que se sustentan los dogmas neoliberales.
La libertad del mercado, entendida como ausencia de regulación del
mercado, es la primera mentira que levantan. Un mercado sin regulación
es la Ley de la Selva, el más fuerte domina y acaba con el mercado.
Esto pone en evidencia la falta de coherencia interna del neoliberalismo,
defensor del sacrosanto mercado, bajo su dominación ideológica
florecen la fusiones y absorciones de empresas, los monopolios. Donde existe
monopolio no hay mercado.
Que el mercado sin regulación es la Ley de la Selva, la tiranía
del más fuerte, es así en cualquier situación. Más
todavía cuando se aplica en sociedades donde ya existen fuertes desigualdades
y privilegios. En las teorías neoliberales la libertad de mercado se
aplica en sociedades utópicas, donde todos los individuos gozan de
las mismas oportunidades, de los mismos bienes y de idénticos derechos,
en esas sociedades, nos explican, la libertad de mercado garantiza el éxito
del más eficiente. Pero los neoliberales son utópicos realistas.
Se creen, o quieren hacernos creer, que las sociedades que imaginan en sus
ensayos existen en la realidad, y que hay que adaptar nuestros comportamientos
a esas sociedades. Es el gran error del neoliberalismo, la gran mentira, ese
utopismo realista. El pensamiento utópico pretende hacer realidad los
sueños, el falso utopismo del neoliberalismo quiere que vivamos en
un sueño, que vivamos la impostura. Por eso, cuando se aplican los
dogmas neoliberales a sociedades concretas, con fuertes desigualdades, la
realidad se convierte en una pesadilla, la libertad en poder de opresión
del más fuerte, en tiranía absoluta sobre los débiles.
2ª falacia: Solamente el mercado garantiza
la distribución eficiente y justa de bienes y servicios
Las sociedades más avanzadas, en cualquier situación y momento
histórico, se han caracterizado por establecer sistemas de redistribución
de la riqueza complementarios del mercado. Las relaciones que cohesionan un
grupo humano hasta hacer del mismo una sociedad son numerosas y de naturaleza
variada y compleja. Los vínculos en los que media un intercambio mercantil
son solamente una parte de esas relaciones sociales. Como la distribución
de bienes y servicios fluye por los intercambios mercantiles, si no se establecen
sistemas complementarios al mercado para distribuir bienes y servicios las
necesidades que no están vinculadas al flujo mercantil nunca se atenderían.
El ejemplo más primario de esto son las necesidades de defensa. Imaginemos
un grupo humano primitivo que logra establecerse en una determinada comarca.
Hay individuos que se dedican a cultivar la tierra o a fabricar objetos, estos
individuos prosperan, intercambian sus productos y se enriquecen, pero atraen
la codicia de otros grupos humanos. Por tanto, tiene que haber otros individuos
dentro del grupo que atiendan a la vigilancia y defensa de la sociedad, su
subsistencia no la pueden conseguir del mercado, ya que no tienen productos
que intercambiar. Por tanto, el mercando no satisface todas las necesidades
de ese grupo humano, hay que establecer formas alternativas de distribución
de bienes y servicios. Los impuestos son una de ellas.
Muchas necesidades de una sociedad no pueden ser atendidas por el mercado,
a la vez que la contribución y el valor que un individuo aporta a una
sociedad no puede ser retribuido exclusivamente por el mercado. Son muchas
las necesidades sociales que no atendería nunca el mercado, y sin embargo
esas necesidades son precisamente las que garantizan que exista actividad
mercantil. Sanidad, educación, infraestructuras, pensiones... Solamente
se puede hacer frente a estas necesidades redistribuyendo la riqueza de otra
forma a como lo hace el mercado.
Uno de los objetivos del neoliberalismo es acabar con la fiscalidad directa
y progresiva, en parte lo están consiguiendo. El fenómeno paralelo
que acompaña a esa política fiscal es la desatención
de necesidades sociales básicas, lo que produce la ruptura de la cohesión
social, la degradación y violencia en las relaciones personales, que
terminan por perjudicar la actividad económica promoviendo el empobreciendo
generalizado.
3ª falacia: La libre competencia garantiza la selección
de los más eficientes, siendo el motor de la evolución de las
sociedades
Ya hemos expuesto que un mercado sin regulación no puede existir, es
una contradicción en sus propios términos. Si el mercado es
algo es regulación, no puede haber ningún juego, ninguna competencia,
sin reglas ( ¡ojo!, no planteamos aquí la cuestión de
la legitimidad de las reglas, si las reglas deben ser producto de acuerdos
tomados directamente por los afectados, o impuestos mediante leyes por gobernantes).
Este principio del neoliberalismo de promover la competición, la lucha,
entre los individuos, convierte a las sociedades en una especie de guerra
sucia de todos contra todos. La máxima expresión de competitividad
es subirse al tejado de la vivienda con un rifle y cargarse a los vecinos.
Desgraciadamente cada vez se producen más ejemplos de este éxito
del liberalismo.
Hay otros ejemplos que ilustran sobre los efectos de la libre competencia,
que constituyen el fundamento de la propaganda neoliberal.
Los pontífices del neoliberalismo ilustran las ventajas de la desregulación
al asegurarnos que eso favorece la competitividad, y por tanto el éxito.
Nos dicen: si Europa quiere ser competitiva debe desaparecer el estado del
bienestar, el sistema público de pensiones, la sanidad y enseñanza
públicas, se debe liberalizar el mercado de trabajo, abolir las normas
de protección del medio ambiente, bajar los impuestos sobre el capital
y las fortunas... Esto pone en evidencia la perversión intrínseca
del neoliberalismo, en él nada hay de inocente, todo está predeterminado
a conciencia para llevarnos al desastre.
Nos explican que en un mundo globalizado, donde todos compiten entre si, quien
sobrevive es el más competitivo, el que es capaz de producir a menor
coste. Si el país, la región o la empresa vecina produce a menor
coste, tenemos que imitarla, o desapareceremos. Si el país vecino produce
a menor coste, porque puede esquilmar impunemente la naturaleza y degradarla,
ya que en ese país no hay medidas de protección de la naturaleza,
como a las empresas les sale más barato producir sin cuidar el medio
ambiente, las empresas de ese país terminarán dominando el mercado
al introducir productos a menor coste, y desaparecerán las empresas
del país que protege el medio ambiente. Este es el argumento que utiliza
el neoliberalismo para acabar con las sociedades: competir en ser los peores.
Si un país tiene una mano de obra barata, no se pagan impuestos porque
no hay pensiones, ni sanidad, ni enseñanza pública, las empresas
se trasladan a ese país porque la producción no tiene casi costes,
mientras que los países que tienen salarios dignos, y se atienden las
necesidades básicas de la sociedad no son competitivos, son abandonados
por las empresas y se empobrecen. Lo mismo respecto de cualquier cuestión.
Si en un país se puede explotar a lo niños en trabajos infrahumanos,
la empresa que se instale en ese país y contrate a esos niños
podrá competir con éxito en el mercado, las empresas que no
contraten niños desaparecerán.
Las reformas laborales que sufrimos están fundadas en este mecanismo
diabólico. Nos dicen: no se crea empleo porque las prestaciones sociales
desincentivan la búsqueda de trabajo y porque las empresas tienen miedo
a contratar por el coste de los salarios y del despido. Continúan:
si acabamos con las prestaciones sociales y reducimos los costes laborales
incrementaremos el empleo, las empresas se instalarán en España
en lugar de ir a otros países. Pero la realidad es tozuda y no atiende
a burdas simplificaciones y a atajos fraudulentos. España es el paraíso
de los bajos salarios y la precariedad laboral, eso origina que tengamos la
tasa de natalidad más baja del mundo, y que la sociedad sea inviable
dentro de 25 años. Se ha conseguido aumentar algo el empleo a costa
de destruir la cohesión social y el futuro. Además, como el
empleo que se crea, fundamentalmente en el sector servicios, de camareros
y empleadas de hogar, no es atractivo para la población nacional, se
incentiva la inmigración. Para alguien que está al límite
de la subsistencia tener cualquier trabajo que le permita mal vivir es muy
atractivo, y acuden los desesperados a ocupar los puestos de trabajo degradados
que crea la economía española. Pero como internamente los ciudadanos
nacionales no tienen la motivación de los desesperados, la solución
del gobierno es producir la desesperación en los nacionales para que
busquen activamente un empleo degradado, por eso se acaba con las prestaciones
sociales y las ayudas asistenciales. Convirtamos a toda la población
en individuos desesperados, y ya veremos cómo luchan por conseguir
unas migajas. Entonces habrá pleno empleo a cambio de hambre general.
Aquí nos tendríamos que preguntar: ¿Cuándo todos
seamos peores, haya salarios de hambre en todo el planeta, no haya sanidad,
ni salud, ni protección social, cuándo hayamos acabado con la
naturaleza, en qué nuevas perversiones tendremos que caer para ser
competitivos? ¿No será esa competición irracional, el
fundamento del neoliberalismo, la causa que explique los males que padecemos?
En lugar de competir en lo peor, imitar lo malo, sería más lógico
que los países desarrollados se propusieran extender los principios
que produjeron su desarrollo a los demás. Las mejoras sociales no son
consecuencia de las sociedades avanzadas, sino que fueron la causa del desarrollo
de las sociedades, si nos deshacemos de ellas volveremos a la Edad Media.
El comercio internacional tiene que primar a aquellos países que se
preocupen por el bienestar de sus sociedades, protejan el medio ambiente,
y respeten los derechos humanos, impidiendo el dumping* social, ecológico
y democrático. De esta forma se invertiría el proceso de degradación
mundial. Pero todas las ayudas del Banco Mundial, del FMI, y demás
organismos se dedican precisamente a aquellos países que compiten en
ser los peores, mientras que castigan a los países que tienen conciencia
social, preocupación planetaria.
Repito, el neoliberalismo no es inocente, es un sistema deliberadamente establecido
para degradar a los individuos, a las sociedades, y al planeta. Sobre las
ruinas que deje se levantará un totalitarismo terrorífico.
Borges decía: Desconocemos los designios del universo, pero sabemos
que si obramos con justicia y pensamos con lucidez favorecemos la realización
de esos designios.
La sociedad es un ecosistema formado por una red intricada de interdependencias,
cualquier modificación que se introduce afecta a la totalidad, siendo
imposible predecir los cambios concretos que va a ocasionar. En estos sistemas,
aparentemente caóticos, se cumple el principio de indeterminación,
ejemplificado por el 'efecto mariposa': el vuelo de una mariposa en Honk Kong
puede producir una tormenta en Nueva York. Un hecho aparentemente intrascendente,
se va amplificando hasta producir efectos globales. Esta indeterminación
contrasta con la seguridad con la que los neoliberales describen el futuro.
La indeterminación no debe conducirnos a la resignación, se
puede actuar en la sociedad, tanto local como globalmente, aunque no sepamos
los efectos concretos de nuestros actos. Lo importante es saber si nuestros
actos favorecen la realización de los designios del universo.
Si observamos el universo, la naturaleza, vemos que el proceso de autoorganización
de la materia, la evolución, está promovida por la cooperación,
el apoyo mutuo, la solidaridad, la unión. Allí donde aparece
una realidad nueva, hay una cooperación que la alumbra. Esto sirve
tanto para el mundo mineral, como para la vida ( P. Kropotkin: "El apoyo
mutuo"; F. Capra: "La trama de la vida").
Cuando una molécula de hidrógeno se une a otra de carbono aparecen
los hidrocarbonos. Un compuesto con unas cualidades distintas al hidrógeno
y al carbono. Aparece, entre otras cualidades, el sabor dulce. Los hidrocarbonos
son los responsables del dulzor del pan cuando se mastica. Malamente intentaremos
buscar la partícula responsable del sabor dulce, deshacemos los hidrocarbonos
y encontramos hidrógeno y carbono, nada más. El sabor dulce
es una cualidad que emerge del proceso de autoorganización de la materia.
De la misma forma, en los organismos multicelulares aparecen cualidades nuevas
que no se encuentran en los unicelulares. En el proceso de autoorganización
y especialización de las células aparecen cualidades nuevas,
el instinto, los sentidos, el pensamiento, la conciencia... Malamente intentaremos
buscar las partículas responsables de estas cualidades, separaremos
las órganos y profundizaremos en la división, y solamente encontraremos
células idénticas a los organismos unicelulares. Y es que uno
más uno es más y distinto de dos.
Por tanto, desconocemos los designios del universo, pero sabemos que si promovemos
la cooperación, la solidaridad, el apoyo mutuo favorecemos la realización
de esos designios. Y al contrario, si promovemos el enfrentamiento, la competitividad,
la lucha, la división, favorecemos la degradación del sistema.
Esta es la prueba del nueve que nos permite conocer la orientación
y el sentido de las propuestas sociales. Sometiendo al neoliberalismo a esta
prueba queda en evidencia la maldad intrínseca de sus planteamientos.
El neoliberalismo es la exaltación de la competitividad, del enfrentamiento,
de la guerra de todos contra todos, del individualismo insolidario, las consecuencias
de todo ello están a la vista. El neoliberalismo es una conducta antisocial
que socava los fundamentos de la naturaleza.
Frente a esta barbarie neoliberal, y el caos que produce, no tardarán
en surgir, como reacción, viejas formas de gregarismo social, que copiaran
recetas obsoletas del nazismo o del estalinismo. El liberalismo económico
es el heraldo que anuncia la llegada del totalitarismo político. Esta
mutación del liberalismo en totalitarismo está ya anunciada
en las medidas de control policial que promueven los gobiernos neoliberales.
Parece que la humanidad está condena a bandear entre el gregarismo
político o el grupo de alimañas. Es curioso observar como el
lobo muda en cordero y viceversa. En España son los herederos biológicos
del franquismo, sociedad gregaria por excelencia, los que auspician el neoliberalismo
salvaje. A la vez, son estos neoliberales quienes están creando la
sociedad policial que nos llevará al totalitarismo gregario.
Las sociedades autoritarias, estructuradas jerárquicamente, oprimen
la libertad individual, y aunque inicialmente tienen cierto éxito al
forzar un orden artificial en el caos en el que surgen, la falta de libertad
individual acaba con la creatividad, por lo que se estancan y no evolucionan.
Estas sociedades cuando colapsan son depredadas por un individualismo que
se nutre de la energía que se libera al romper las estructuras de cohesión
social. Del caos que se crea surgirán nuevas formas de sociedades autoritarias
y vuelta al ciclo.
Es como si no hubiera más alternativa que ser lobo o cordero. Sin embargo,
el socialismo libertario ofrece desde hace tiempo una solución armónica
al conflicto entre sociedad e individuo. El establecimiento de sociedades
no jerárquicas, donde cada individuo conserva íntegramente su
soberanía personal, su libertad, sin que exista delegación ni
usurpación de esa soberanía, rompe el círculo vicioso,
mantiene íntegra la capacidad creativa del individuo, que se trasmite
con rapidez a estructuras sociales abiertas. El principio de igualdad que
se aplica en las sociedades libertarias permite la redistribución de
bienes y servicios en función de los intereses generales de la sociedad,
sin que ello suponga falta de estímulo individual. La ausencia de delegación
o usurpación de soberanía supone que el individuo conserva íntegramente
su responsabilidad, se siente causa y dueño de su destino. Aunque reciba
ayuda, apoyo, fraternidad, nunca se le priva de su soberanía, eso le
incita a participar activamente en solucionar los problemas que le afectan.
Esa ayuda interesada de la sociedad nunca es causa de desmotivación,
sino todo lo contrario, es la motivación para contribuir desinteresadamente
a la sociedad.
Juan de la Lama
*Dumping: "Practica económica que consiste en vender por debajo del coste de producción". En el coste de producción hay que incluir salarios dignos, protección social y ambiental. En economía clásica, las empresas, los países que producen sin tener en cuenta estos costes deben ser expulsadas del mercado. Con el neoliberalismo es al contrario, las empresas y países que hacen dumping social y ecológico son primados y ayudados, y quienes atienden a esos costes son castigados.
La poesía como herramienta de rebeldía
Estoy hasta el glande de que me digan: el poeta radical... visceral... u
otras "denominaciones" por quienes en realidad... estoy seguro de
que de radicales no tienen nada... bueno, y su rebeldía no suele estar
al día, ya que sus poemas o composiciones se adaptan bastante a la
conformidad social o Pax romana (ahora en el 2002).
No voy a citar nombres ni "obrillas" ya que mis dardos suelen ser
más pícaros y no están pasados de fecha en el decir o
cantar. Tampoco trato de darle propaganda a quienes en ningún medio
se la han dado...
No solamente a puntapiés nos dice el amigo Miguel (en su "Viaje
al Parnaso" de 1614) que Quevedo, el genial Francisco, echaría
a los malos y mediocres poetas o petillas del famoso monte... ya que otras
muchas voces nos van repitiendo lo mismo, desde entonces hasta ahora.
El rebelde e innovador Góngora nos habla de envidias poéticas,
y contesta que "Si V.M. no puede entender mis poesías, no es mi
problema".
También se me acusa de barroco o de muy clásico. ¡Vaya!
¿Qué mejor elogio? En lo clásico, si es de buena calidad,
está la gracia y la fuente inagotable de lo que hoy vemos, oímos
o contamos.
Muchas columnas se derrumban cuando redescubrimos la modernidad de las cántigas
galaico-portuguesas de los siglos XII y XIII, la lírica popular del
siglo XV o más atrás, la poesía andalusí... Ya
que "grandes" poetas no hacen más que repetir y... venden.
Pero éstos no son la diana de mis dardos, ya que tampoco se decantan
por una poesía comprometida y son los bufones del sistema.
Hablo de las y los que sí se manifiestan contra las injusticias y de
alguna manera son disidentes con este momento histórico que estamos
viviendo... y muriendo.
A alguna de esta gente mi poesía le causa escozores y puede que moleste
su naturaleza tan directa e irreverente... A mi la suya me supone esfuerzo
el leerla ( si se puede leer del todo...) y no hace falta que diga que está
vacía. Algo vacío no contiene, mejor dicho, es nada.
Hay pocos poetas y poetisas buenos. Dentro del movimiento libertario conozco
buenos y mediocres... dentro o por ahí, en el abanico "rebeldillo",
conozco agradables y muy buenos poetas... Esta es una opinión personal.
A lo que voy es al aprendizaje, al respeto y a la labor diaria, que es lo
que se tiene que ver y poner encima de la mesa.
Muchas críticas ¿de quién vienen? De quienes ni hacen
ni aportan nada nuevo, pero todo está mal. ¡Vaya! ¿No
les molestará el agasajo y buena acogida que se le hace a la labor
poética de este deslenguado Goliardo?
El ejemplo del librito que recoge algunas poesías y lleva el título
de "Ceibe", pudo enfadar cuando saben que de mil ejemplares que
hice ya no quedan copias y una tercera edición está a punto
de salir. Mil ejemplares es una cifra muy alta para un librito de poesía
(tema que mucha gente desconoce o no está acostumbrada a leer), y para
un librito sencillamente compuesto y autoproducido... los pedidos, cartas
o intercambios fueron muy numerosos.
Sumo y sigo: Trescientos ejemplares del nuevo librito "Miel y pimienta",
que he editado en junio de este año, se están agotando (¡en
menos de dos meses!) y la segunda edición vendrá pronto... y
habrá más.
Para ser una poesía barroca, demasiado clásica, visceral o regular...
ya le gustaría difundir a quienes lo dicen la mitad de copias con sus
anticuadas y pesadas composiciones "poéticas"... pero la
pereza no les ayuda mucho y el ingenio parece que tampoco debe estar muy aliado
con estos y estas poetas de temporada. Claro que, también, no todos
los poetas tienen que ser comprometidos... ¡je, je! Conformes ya abundan
muchos y muchas, por eso yo fomento y sigo el camino de la rebeldía
y ésta, siempre que puedo, también en poesía:
La poesía es el fuego
del volcán
que está quemando
tus venas.
Ese fuego de las venas del poeta, y llama de rebeldía de la poetisa,
deben arder y morder en poesía. ¡Utilicemos ese fuego!
Y quien le quiera cantar a la rosa, al sol, a la hermosa montaña, a
los milicianos canonizándolos, a las penas o al amor, que lo haga...
pero que no se meta en mi llama ni afile mi dardo, ya que una quema y el otro
pincha.
Termino diciendo que yo también sé cantarle a la montaña
y la sensibilidad no me falta... ya que dos de mis maestros, Rosalía
de Castro y Luis Cernuda, lo hacen mejor que nadie. Gracias a todas y todos
por el apoyo y agasajo que siempre me habeis mostrado. Albricias y que el
murciélago de la lúgubre noche orine encima de los malos y envidiosos
poetillas...
Sacco y Vanzetti: 75 años de su asesinato
Este 23 de agosto se cumplieron 75 años de los asesinatos de Sacco y Vanzetti por el Estado yanki. Reiterando su memoria imperecedera para l@s anarquistas de todo el mundo, aquí va una selección de textos tomados de las últimas cartas que escribieron a familiares, amig@s y compañer@s, tan conmovedoras y actuales como siempre porque ...¡los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos!
"El afecto y el heroísmo de nuestros compañeros de todo
el mundo, la implacabilidad del enemigo, han hecho que en lugar de haber sido
condenados y muertos en el término de pocos meses, como habría
ocurrido si nos hubieseis abandonado a nosotros mismos, hemos sido torturados
siete años, tres meses y cinco días, antes de ser quemados vivos.
Sin embargo, estoy contento de que haya durado tanto, pues, si no otra cosa,
será una lección para la reacción americana como para
quitarle por un tiempo las ganas de desahogar su bestial sadismo sobre otras
víctimas eventuales que acecha vorazmente.
Como anarquista me consuela el saber que si la burguesía me hubiese
dejado vivir todos mis días no habría podido hacer por la gran
revuelta lo que hice involuntariamente a través de mi martirio.
...Nos odian a nosotros y a los nuestros; son amigos de nuestros mortales
enemigos... Todo el poder de la reacción está contra nosotros.
Sí esta es la última, recibid el extremo adiós.
¡Mantened en alto nuestra bandera! ¡Animo compañeros!
Bartolomeo Vanzetti.
Muero como he vivido, luchando por la libertad y por la justicia. ¡Oh,
si pudiera comunicar a todos que no tengo nada que ver con ese horrendo crimen...
Mi corazón está lleno, rebosante de amor por los míos.
¿Como despedirme de vosotros? ¡Oh, mis queridos amigos, mis bravos
defensores, a todos vosotros el afecto de mi pobre corazón, a todos
vosotros mi gratitud de soldado caído por la causa de la libertad!
...Continuad la soberbia lucha, que yo también en lo poco que pude,
he gastado mis energías por la libertad y por la independencia humana.
...¿Que culpa tengo si he amado demasiado la libertad? ¿Por
qué he sido privado de todas las cosas que hacen deliciosa la vida?
Ningún reflejo de la propia naturaleza, del cielo azul y de los espléndidos
crepúsculos en las tétricas prisiones construídas por
los hombres para los hombres. Pero yo no he llevado mi cruz en vano. No he
sufrido inútilmente. Mi sacrificio valdrá a la humanidad a fin
de que los hermanos no continúen matándose; para que los niños
no continúen siendo explotados en las fábricas y privados de
aire y luz.
No está lejos el día en que habrá pan para todas las
bocas, techo para todas las cabezas, felicidad para todos los corazones.
Tal triunfo será mío y vuestro, compañeros y amigos.
Bartolomeo Vanzetti.
¡No hay justicia para los pobres en América!
...¡Oh, compañeros míos, continuad vuestra gran batalla!
¡Luchad por la gran causa de la libertad y de la justicia para todos!
¡Este horror debe terminar! Mi muerte ayudará a la gran causa
de la humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas -altivamente, protestando
hasta lo último contra la injusticia.
...Por eso muero y estoy orgulloso de ello! No palidezco ni me avergüenzo
de nada; mi espíritu es todavía fuerte. Voy a la muerte con
una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que
no será destruída...
Nícola Sacco
Queridos amigos y compañeros del Comité de Defensa.
Mañana, inmediatamente después de la media noche, deberemos
morir en la silla eléctrica.
No tenemos ya ninguna esperanza.
...Hemos decidido, por eso, escribir esta carta para expresar nuestro reconocimiento
y admiración por todo lo que habéis hecho en favor de nuestra
defensa en estos siete años, cuatro meses y once días de lucha.
El hecho de que hayamos perdido y que debamos partir, no disminuye para nada
nuestra actitud y nuestra apreciación de vuestra conmovedora solidaridad
hacia nosotros y nuestras familias.
Amigos y compañeros: ahora que la tragedia de este proceso toca a su
fin, unamos nuestros corazones, nuestros errores, nuestras derrotas, nuestra
pasión, para las batallas futuras, para la emancipación final.
Unamos nuestros corazones en esta hora, la mas negra de nuestra tragedia.
Armaos de valor, saludad a los amigos y a los compañeros de todo el
mundo. Os abrazamos a todos y os damos el último adiós, con
el alma desgarrada, pero llena de amor.
Ahora y siempre un viva a todos nosotros, un viva a la libertad.
Vuestros en la vida y en la muerte
Nícola Sacco - Bartolomeo Vanzetti
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