
SECCIONES
Viene siendo costumbre que el último fin de semana de junio se celebren
actos lúdicos de orgullo homosexual. Como todas las fechas reivindicativas
integradas en el Sistema (1 de Mayo, 8 de Marzo...) la cosa se limita a rebelarse
en esa jornada, manifestarse contra los prejuicios morales en materia sexual
y poco más. Pero, ¿por qué esa fecha?
La noche del 28 de junio de 1969 los clientes del bar neoyorkino "Stonewall"
(en Christopher Street) reaccionaron violentamente ante una redada de la policía.
Era la primera vez que los homosexuales no bajaban la cabeza avergonzados
ante la irrupción policial en uno de sus locales de reunión.
Los desórdenes se prolongaron durante tres días. Fue el comienzo
de la toma de conciencia de muchos homosexuales sobre su discriminación.
Indudablemente, el movimiento contra la guerra de Vietnam había minado
las bases de la sociedad americana: una oleada de protestas y de tomas de
conciencia recorría el país. En Europa no había sido
diferente (Mayo francés, Primavera de Praga) y todos los principios
morales sobre los que se basaba el capitalismo -privado o estatal- se ponían
en tela de juicio. Es en este clima de protesta en el que se mueven los homosexuales
del mundo. Stonewall marca el comienzo de una lucha por la ruptura de los
estrechos marcos morales establecidos por el Poder.
A partir de entonces nacen numerosos grupos, que fueron identificados con
el nombre del más famoso: Frente de Liberación Homosexual (Gay
Liberation Front); el último fin de semana de junio se convertiría
en la jornada internacional del orgullo homosexual, un día para demostrar
que la homosexualidad es una opción, no una degeneración y,
además, para manifestar que en una sociedad que niega el placer para
afirmar el espectáculo, la sexualidad no puede ser más que un
mecanismo de represión que contribuye a alienar un poco más
nuestra vida cotidiana. La lucha por la liberación se convierte, así,
en un desafío a la autoridad, un desafío que transgrede lo meramente
sexual para cuestionar a la autoridad en sí misma.
Estas son las premisas para una auténtica liberación sexual
y social; nada que ver con esas procesiones glamourosas a que nos tienen acostumbrados
homosexuales disfrazados que sólo quieren decir: soy lesbiana y me
gusta, soy homosexual y estoy contento. Eso está bien, aunque sabe
a poco. El Sistema puede llegar a admitir la homosexualidad masculina o femenina
en sus estructuras, como poco a poco lo está haciendo. Pero no podemos
quedarnos ahí. Luchemos por la desaparición de los prejuicios
morales, para que la sexualidad sea, principalmente, una forma de comunicación
y de placer en libertad, sin coacciones legales, económicas, físicas
o religiosas. Por la anarquía.
Nota: Este artículo está realizado por militantes de la F.A.I. y a la vez de la C.N.T. Nos creemos con derecho para hablar desde un plano anarquista de cosas no muy agradables que se están desarrollando alrededor de la C.N.T. Cualquier relación que se quiera ver como el que la F.A.I. controla, o intenta controlar a la C.N.T. debe ser descartada por ilusa. Nosotros seremos los primeros en denunciar y combatir cualquier imposición que se le quiera dar a la C.N.T. desde fuera y desde dentro si se quieren saltar sus acuerdos. Quede claro.
Llevamos varios años, quienes nos proponemos ser y actuar como anarquistas,
padeciendo un mal dentro de nuestra casa común libertaria, o dentro
de una de sus habitaciones, como lo queráis tomar. Desde diferentes
medios comunicativos, incluso a veces desde los nuestros, se nos viene a culpabilizar
a los anarquistas llamados ortodoxos de todo, o casi de todos los males ocurridos
dentro del movimiento libertario y para recalcar más, dentro de la
C.N.T.
Se dice que nuestra ortodoxia anula cualquier espacio para un debate interno.
Algo a todas luces falso, como ejemplo está la conferencia de sindicatos
celebrada en Villaverde por la C.N.T. donde los "ortodoxos" dejamos
exponer posturas claramente antilibertarias y anticonfederales y no nos comimos
a nadie ni le dimos capones ni nada parecido. Ahí está el periódico
CNT plagado en los últimos años de escritos supercríticos
contra los "anarquistas puristas" (como si se pudiera ser semianarquista
o anarquista light) e incluso contra los acuerdos de la C.N.T. Calificar de
dogma a la ideología anarquista y desde dentro de nuestro movimiento
es ya parte de una jugada vieja, archiconocida y rastrera, pues se toman argumentos
propios del ideario libertario para en un retruécano argumental dar
al ideario ácrata por viciado, deformado o pasado de moda (como si
el anarquismo tuviera que adscribirse a modas para seguir vivo). Llamarnos
tradicionalistas es ya colarse; decirnos "guardianes" por el simple
hecho de mantener una ética ácrata es buscar camorra de antemano.
Llamar rancios a nuestros panfletos y debates, teniendo quien lo dice la posibilidad
de hacer panfletos y debates "supermodernos" es ya puro mecanismo
de tirar cualquier trabajo abajo y no aportar nada "novedoso" a
cambio.
Quienes juegan a esto están jugando con nuestro movimiento, están
sembrando discordia, la mayoría de las veces sin dar la cara, bajo
seudónimos o amparados en no sabemos qué privilegios comunicativos
ofrecidos por algunos medios libertarios. Enmierdar, simple y llanamente,
es su lema preferido. "Finalidades que no se adaptan a la realidad circundante"
es su último descubrimiento, y esto querrá decir que el comunismo
libertario, finalidad de la C.N.T., es algo pasado de moda y añejo.
Grandes "favores" hacen al ideario con estas pamplinas. "Tradicionalistas"
nos llaman a quienes simplemente queremos mantener una organización
en su justo punto revolucionario, sin dar pasos atrás, a pesar de que
los hayan dado la mayoría de las organizaciones que hasta hace veinte
años se llamaban revolucionarias. Vómitos nos producen algunos
llamados confederales cuando se ríen porque se llame revolucionaria
a la C.N.T.
Quizás haya sido un problema de ir dejando pasar demasiadas cosas,
de callar en ciertas ocasiones por no empeorar la situación, de no
querer romper la baraja para que no lo utilicen contra la C.N.T. Tal vez llegue
el momento de "desenterrar las hachas de guerra" y mantener la verdadera
tensión "anárquica" hasta cierto punto y lograr, entre
otras cosas, que nuestros medios no sirvan para que desde dentro se socave
a la organización anarcosindical o a todo el movimiento libertario.
Ya está bien de que vengan a la C.N.T. para no sabemos bien qué,
y todos a una nos pongamos en la C.N.T. (todos los que nos llamamos anarquistas
y todos los que no) para que la organización mejore y vaya por unos
cauces lógicos y salgamos del bache en el que nos encontramos. Si todas
las energías que se emplean para tirar por tierra a los "puristas
libertarios" o "ácratas ortodoxos" se emplearan para
hacer organización y acción directa otro gallo cantaría.
Sorprende que quienes por método nos acusan de ortodoxos, puristas
y demás zarandajas un día se lleven un dinerito de la C.N.T.
a su casa, se liberen por un sindicato del régimen, o simplemente desaparezcan
del "espectro libertario". Mal vemos también el apoyo de
algunos militantes "reconocidos" a estos elementos discordantes
que en muchas ocasiones pasan a ser elementos indeseables. O nos ponemos las
pilas o un día nos echerán de la C.N.T. por anarquistas. ¡Qué
cosas veremos, Ignacio!
En la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Técnica
de Berlín tuve la oportunidad de asistir a un trabajo que me llenó
de emoción y que me despertó recuerdos de propias experiencias.
Se tituló "El proceder moral. El ansia de esclarecimiento".
La expositora fue Ulrike Freund. Se trató de las personalidades altruistas.
Más exactamente de todos aquellos que pusieron en peligro sus vidas
por salvar a los perseguidos. Para estudiar tal fenómeno humano, Alemania
lleva a cuestas ese escenario del horror que fue el período nazi, con
sus crímenes raciales y políticos y la actuación de organizaciones
al servicio del terror de Estado. La preocupación se podría
sintetizar en la pregunta: ¿Por qué hubo gente que arriesgó
sus vidas para salvar a otros y en cambio la mayoría se encogió
de hombros y pronunció esa frase -que tanto nos llega a los argentinos-
"por algo será"? ¿Por qué hay seres altruistas
en mayorías egoístas? ¿Por qué en momentos en
que los países caen en regímenes sin garantías las mayorías
prefieren la banalidad del mal, la pérdida de la solidaridad humana,
buscan explicaciones para justificar ese mal imaginando exteriores y crucificándolos
de acuerdo con la versión oficial? Pero, ¿por qué al
mismo tiempo existen personas que se atienen a principios éticos dispuestos
a acompañar en la cruz a los ladrones buenos y malos para no compartir
los doce dineros de Judas ni jugar a los dados con los centuriones de turno
las pertenencias de los crucificados por el poder y los Pilatos de circunstancias?
Una sociedad de quienes son capaces de extender la mano y otros que dan vuelta
a la cara antes de preguntar qué pasa ante una injusticia. En el estudio
realizado por Ulrike Freund se investigó el origen familiar y educativo
de quienes, comprobadamente, arriesgaron sus vidas para ayudar al perseguido.
En general, los altruistas pertenecen a familias donde se aprendieron los
principios de la ética cristiana, pero también a hogares con
principios humanísticos y sociales donde la ética se conjuga
de acuerdo con los principios de igualdad ante la ley y el derecho a la libertad.
Aunque también entre los que fueron capaces de arriesgar su vida por
otros se hallan seres criados en la calle sin conexión directa con
ejemplos familiares o educativos. Y que, a la pregunta de por qué pusieron
en juego sus vidas por un semejante, respondieron con toda sencillez: "Cualquiera
en lugar mío lo hubiera hecho". Es decir, también el fenómeno
se presenta como algo espontáneo, nacido con la naturaleza misma del
humano y aún no transformada en miedo o en adaptación a normas
dictadas con la punición al pecado a la altura de un púlpito
desde los galones de un uniforme. Los motivos que adujeron los altruistas
para su acto solidario podemos dividirlos en dos distintas fuentes, una de
ellas sería interpretada por la palabra "asistir" o "hacer
el bien"; la otra, por el "deber de justicia". En la primera
se subsuman los principios de "condolerse", de "compasión"
y de "por afecto a la solidaridad". En el deber de justicia, se
incluyen el "respeto al Derecho", al "principio de igualdad"
y a la "consideración de la criatura humana".
Alemania ha condecorado a todos aquellos altruistas que se enfrentaron al
poder total con sólo su coraje civil y su mano extendida. Es una forma
de educar. Porque una de las máximas de la educación en las
escuelas debe ser el valor del altruismo en el ciudadano, en otras palabras:
el coraje civil. Pero nosotros, los argentinos, no premiamos a quienes en
la noche negra reaccionaron contra las desapariciones, la tortura y el robo
de niños. En representación de tantos héroes civiles
mencionaremos a dos: la partera María Luisa Martínez de González
y la enfermera Genoveva Fratassi, quienes asistieron en el parto de una detenida
embarazad: Isabella Valenzi, que había sido llevada por el tristemente
célebre médico policial Bergés. Las dos mujeres cumplieron
con su deber humano: avisaron a la familia de la parturienta del nacimiento
del niño. Desde entonces, estas dos heroínas de la civilidad
están desparecidas. Se las vio en el campo de concentración
de El Vesubio por última vez en 1977 (aquí cabe la pregunta:
¿Qué hicieron hasta ahora después de casi dos décadas
el gobernador Duhalde y el jefe de policía bonaerense comisario Klodczyk
por averiguar algo de la suerte de estas dos mujeres del pueblo? Hago la pregunta
porque los ví muy preocupados por mantener en las filas policiales
nada menos que al doctor Bergés, acusado de torturar bestialmente a
jóvenes embarazadas y de secuestrar niños.) La democracia y
la libertad se consiguen con coraje civil y enseñando con el ejemplo
de los héroes civiles. Pero en nuestras escuelas, los niños
aprenden que el gobernador de Tucumán es el general Bussi, uno de los
militares que más acusaciones tiene en la historia, por asesinatos,
secuestros, torturas y delitos de lesa humanidad. Pero de la partera González
y de la enfermera Fratassi, ni noticias. Alguna vez, manos sin manchas de
sangre y conciencias limpias de toda corrupción bajarán de calles
de Quilmes el nombre de generales y políticos venales y pondrán
el de esas dos mujeres generosas y bellas. Hace ya dos décadas que
la Argentina comenzaba a vivir el tiempo del desprecio. Sufrí en carne
propia aquello de estar "en una lista". Se decía que al general
Sánchez de Bustamante no le había gustado mi investigación
histórica sobre la Patagonia o que a los oficiales jóvenes les
había caído mal La Patagonia rebelde. Esos eran los cánones
de la justicia y esos eran los dueños de la vida y de la muerte en
los tiempos de la mercenariedad. Y mientras los dueños del país
actuales iniciaban su loca acumulación de riquezas de la mano de Martínez
de Hoz, los "enemigos de la identidad occidental y cristiana" teníamos
menos seguridades que un insecto. Pero enfrente de los uniformados Camps,
Suárez Mason y Bussi había seres humanos como Domingo Martínez.
Don Domingo Martínez, obrero panadero, español, socialista libertario.
Hombre toda su vida de la Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A.).
Fue de aquellos legendarios panaderos que lograron las leyes obreras a fuerza
de una lucha sin cuartel y una honestidad a toda prueba. Cuando me ofreció
refugio tenía él una quinta de hortalizas en las afueras de
Quilmes. "Aquí puedes dormir tranquilo", me dijo, sin mucho
preámbulo: "Por este umbral no entra ni el Papa, te lo aseguro
yo". No faltaba agregar nada. Después hubo otra comunicación:
"En esta casa no entra ni prensa burguesa, ni radio burguesa, ni televisión
burguesa. Si quieres leer, ahí tienes", y me mostró todos
los teóricos del anarquismo en anaqueles abarrotados de libros. Me
alcanzó un tomo de Eliseo Reclus. Sí, libertad, cultura, ecología.
Pasé días rodeado del verde de las hojas, el rumor de los pájaros
y el frescor de los amaneceres. Y los sueños de Reclus. Gracias a la
mano extendida de don Domingo. Este verano lo visité. Está ciego
y nonagenario. Después del abrazo nos pusimos a hablar de los ideales
de Eliseo Reclus. Pensé: nunca vencerá definitivamente el gatillo
fácil ni la picana ni la corrupción mientras haya brazos extendidos
y manos abiertas. Los altruistas, como Domingo Martínez.
Dejad que los niños se acerquen a mí
Los curas siempre nos advirtieron, mientras movían amenazantes sus
manos como si de hachas dispuestas a caer sobre nuestros cuellos se tratase,
de los graves peligros, tanto físicos como psíquicos, que entraña
la masturbación. Nos hicieron temblar ante la idea de ver nuestro cuerpo
cubierto de granos purulentos, nuestras neuronas resecas y nuestro cerebro
presa de un arrebato de locura.
Después, cuando el velo con que habían pretendido cubrir nuestra
inocencia cayó, descubrimos que aquellas prédicas eran palabras
que se llevaba el viento. Los curas practicaban aquello que condenaban en
nosotras y no tenían granos ni ataques de locura, al menos suficientemente
importantes como para ser reseñados. Los ataques eran más bien
de lujuria, de egoísmo o de avaricia.
El escándalo que se ha levantando actualmente con los casos de pederastia
protagonizados por sacerdotes católicos en Estados Unidos, está
dejando al descubierto una vez mas la hipocresía encerrada en la Iglesia
católica. No importa lo que se haga mientras no se sepa; para lavar
la conciencia están el confesonario, las bulas papales y las indulgencias
plenarias.
Los pederastas son los individuos con más baja catadura moral porque
sus delitos se dirigen hacia los seres más débiles e indefensos;
porque corrompen lo más limpio de esta sociedad ya bastante podrida
y porque se apoyan en la mentira, en unos supuestos valores morales y en la
utilización de las supersticiones como armas...
El Papa de Roma se ha reunido con sus obispos y les ha echado una reprimenda
paternal como si se tratase de corregir una pequeña travesura. ¿A
quién se le ocurre poner a la Iglesia en esta situación? Al
fin y al cabo recibe todos los años muchos millones salidos de los
bolsillos de sus seguidores y el conocimiento de estos hechos puede disminuir
las aportaciones.
La primera reacción de la Iglesia fue tapar las bocas de las víctimas
y sus familiares con unas atractivas indemnizaciones, pero, a medida que nuevos
casos be abusos y violaciones iban saliendo a la luz, la cifra a pagar crecía
y el desembolso amenazaba con vaciar las arcas, habitualmente bien provistas.
Lo que menos desean los jerarcas católicos es que su voto de pobreza
se convietrta en realidad después de demostrar que el de castidad es
una falacia.
La noticia ya está en todos los medios de comunicación e incluso
en las conversaciones de los católicos de base; no es necesario pagar
a nadie para evitar que la mancha de aceite crezca, porque se ha llegado demasiado
tarde. Sólo queda dejar que el tiempo transcurra y el olvido lo borre
todo. La gran maestría adquirida durante siglos en el arte de la manipulación,
puede ser una gran ayuda.
Los jóvenes, los niños y niñas víctimas de estos
seres desaprensivos, degenerados e hipócritas, no cuentan, sólo
son una anécdota entre las muchas aberraciones cometidas en nombre
de un dios.
Oriente Medio: Estado de terror
Un número importante de anarquistas se siente actualmente implicado
en el drama de Oriente Medio. Se han impuesto encontrar una postura que se
corresponda tanto con sus exigencias éticas como de eficacia.
Israelíes y palestinos viven una tragedia, pero la situación
no es paralela. Existe por un lado un poder militar mayor, sostenido por unas
superpotencias hegemónicas, y por otro, una serie de islotes en los
que subsiste una población aislada e indefensa. Gran parte de ella
vive en miserables campos de refugiados y sobrevive a una ocupación
militar que dura ya treinta y cinco años, es decir, toda una generación.
Su condición es comparable a la de los negros de Sudáfrica en
la época del apartheid: esos grupos humanos no son sino colonias con
todos los símbolos de un Estado.
Si algunas de sus organizaciones se han lanzado a los atentados suicidas,
que sustentan sin duda el terrorismo, estos actos se desarrollan en un marco
que no es el de la guerra tal como la explican los comentaristas, sino el
de una guerra colonial. Además, la invasión israelí de
su territorio, tras la implantación sistemática de asentamientos
israelíes en sus alrededores, sumadas a las declaraciones de Sharon
sobre introducir en el país dos o tres millones de judíos, expresan
una voluntad deliberada de eliminar a una población por todos los medios
posibles.
El movimiento libertario se encuentra dividido, como lo estuvo en 1914, en
1939 y, más recientemente, en la guerra de Argelia. ¿Puede participar
con los manifestantes que gritan ¡Alá es grande!? ¿Debe
exigir un Estado palestino para poner fin a la masacre? ¿Puede aislarse
de un movimiento social cada vez más evidente? En su posición
ultraminoritaria ¿tiene otra elección? No puede exponerse al
mismo reproche que hace Péguy a los cristianos: "Tienen las manos
limpias, pero no tienen manos". Hay que analizar muy bien la situación
y las posibilidades que se ofrecen al movimiento libertario.
En primer lugar, se puede subrayar que el drama palestino no es el único
en el mundo contemporáneo. Pero el Oriente Medio nos es cercano y quizá
ofrece más posibilidad de acción. Hay, por tanto, que examinar
las razones de quienes reclaman un Estado palestino.
Su razonamiento es el siguiente: si los judíos tienen derecho a un
Estado, los palestinos también. Es cierto. Y también los vascos,
los bretones, los corsos y los gitanos. Pero ¿cómo puede un
libertario reclamar en una misma frase la autonomía de un pueblo y
dotarle de un Estado? ¿No resulta contradictorio y perverso? El Estado
de Israel fue un error, denunciado en su momento por algunos judíos.
La autonomía de las personas en el conjunto del territorio palestino
sólo puede entenderse en una estructura federal en la que participen
todos sobre bases de afinidad más que étnicas, aunque se rompan
en ocasiones.
Otro argumento hace alusión a la situación de urgencia, al realismo
que se impone ante un movimiento de fuerzas limitadas. Pero el realismo está
en que la decisión de un Estado se cumplirá sin pedir la opinión
a los libertarios. Por una parte, siempre se puede llamar Estado a cualquier
colectividad territorial, e incluso, por qué no, a una isla desierta
o a un campo de refugiados. Por otra parte, Bush quiere parar las masacres
en Oriente Medio con el fin de continuar con las suyas en Iraq o en otra parte.
Los medios de comunicación hace meses que no hablan de la suerte de
los palestinos. Si se interesaran por ello ahora, sería porque existe
un desacuerdo entre los que deciden: el gobierno israelí por una parte,
el de los Estados Unidos por la otra. Así, nos encontramos encerrados
en el espacio restrictivo de un discurso que nos impone a la vez el objeto
de nuestra reflexión y sus propias alternativas.
El tercer argumento es de orden ético: no se pueden dejar de lado los
dispositivos para un etnicidio. Es cierto, pero no será apoyando a
Hamás o a Hezbolah, o incluso a Arafat, como se logrará. El
valor moral de un acto no mira sólo a las intenciones sino también
en función de sus consecuencias. Y, precisamente, la situación
minoritaria de los libertarios, el hecho de que no se les consultarán
nunca las decisiones cotidianas, constituye una baza: deberán pensar
a largo plazo y buscar una eficacia que se corresponda con su espíritu.
Hay otras opciones posibles. Por ejemplo, el apoyo a los militares insumisos
y a los israelíes y palestinos partidarios de una alianza entre los
pueblos. Es hora de organizar su defensa y de expresarse en público
a favor de esta Liga de los Derechos Humanos que, más de una vez, ha
sabido mostrar su dignidad con los pacifistas pero también con todas
las asociaciones y personas activas en pro de la defensa de la dignidad humana.
Ronald Creagh
(Le monde libertaire)
Insumisión en Israel
Tengo 18 años de edad. Me he negado a prestar mis servicios en el
ejército israelí, y muy pronto seré enviado a una prisión
militar por este motivo. He decidido poner por escrito esta declaración
antes de ser detenido, porque creo que mucha gente comparte los motivos por
los que me niego a servir en el ejército.
Cuando se me ordena que me integre en una institución tan enorme y
violenta como es el ejército israelí, debería preguntarme
qué tipo de actividades lleva a cabo dicha institución y a quién
sirve. Mis padres, profesores y compañeros podrían responderme
que el ejército del Estado es necesario para preservar mi seguridad
y la de mis conciudadanos. Me encantaría que tanto ellos como yo pudiéramos
vivir con seguridad. Y, sin embargo, creo que ésta es una respuesta
insatisfactoria. No veo de qué manera el espacio puramente judío
que el Estado de Israel ha intentado crear por la fuerza desde su fundación
puede incrementar nuestra seguridad. No veo de qué manera la represión
de la resistencia palestina por medio del terrorismo de Estado (aún
más cruel y con un alcance mayor que el contraterrorismo que provoca)
sirve a la sociedad de la que formo parte. ¿De qué manera la
actividad del Estado, tal como es puesta en práctica por el Ejército,
me beneficia a mí y a mis seres queridos?
El "esterilizado" espacio judío creado por el Estado de Israel
es un gueto para sus habitantes judíos, evitando que se integren en
la región del Oriente Próximo. Nadie está seguro en este
espacio: ni judíos, ni árabes.
Aún así, podrían argumentar mis contrincantes: el Estado
de Israel es una democracia y su ejército es el ejército del
pueblo. Me pregunto dónde vive esta gente. No tengo la capacidad suficiente
para poder influir sobre las acciones del ejército, aunque mis amigos
y yo lo intentamos. Yo no puedo poner fin a la guerra, el paro o las desigualdades.
La amplia mayoría de ciudadanos israelíes desea cambiar el actual
estado de cosas. Y aún con todo ello, el Estado hace todo lo posible
por bloquear el camino hacia la paz, el bienestar y la igualdad. Misteriosamente,
todo termina beneficiando a los intereses de los capitalistas y los generales.
Los militares israelíes y los capitalistas, junto a sus homólogos
palestinos, hacen todo lo posible por mantenerse en el poder. Sus medios de
comunicación y sus sistemas educativos difunden un tipo de propaganda
nacionalista cruel, difunden el odio y el miedo. Así, han conseguido
dividirnos y gobernarnos a su antojo. Nos incitan a enfrentarnos unos contra
otros, árabe contra judío, Occidente contra Oriente, mientras
ellos siguen llevando las riendas. Ellos son nuestros verdaderos enemigos
porque impiden que alcancemos una seguridad física y económica
real. Es contra ellos contra quienes árabes y judíos deberíamos
enfrentarnos conjuntamente.
No pienso aceptar este estado de cosas. Y mucho menos aún pienso contribuir
a que se mantenga sirviendo en el ejército israelí o en cualquier
otra organización terrorista.
Yair Hilu
Nota: El autor de esta declaración
se encuentra actualmente
en una prisión militar. Se le puede escribir a la siguiente dirección:
MID 7274070 - Military Prison Nº 4 - MPC 02507, IDF - Israel.
Judíos y musulmanes unidos contra
las mujeres
En un colegio de niñas de La Meca, se declaró un incendio y
los bomberos acudieron rápidamente para salvar a las alumnas. Pero
la policía religiosa impidió con firmeza a las jóvenes
escolares abandonar el lugar en llamas porque, en su huida, habían
olvidado ponerse el velo, obligatorio para las mujeres de Arabia. Con esa
misma lógica, impidieron también a los bomberos entrar en la
escuela. Balance: quince niñas muertas en nombre de la moral religiosa.
En Israel, los judíos religiosos se han opuesto al endurecimiento de
la legislación sobre la violencia conyugal. Según ellos, golpear
a la mujer pertenece a la tradición judía sefardí, que
valora el respeto y la admiración hacia el padre de familia. Para el
diputado ortodoxo Zeev, "si se castiga en exceso a los maridos que golpean
a sus mujeres o a sus hijos, se corre el riesgo de romper los vínculos
familiares". Buena concepción de la familia... Por último,
el mencionado diputado exige "que no se metan malas ideas en las cabezas
de las mujeres maltratadas", que les llevarían a quejarse ante
sus maridos, con el riesgo de comprometer a su familia por la ausencia del
padre... Para convencerlas de que no se quejen, no hay más que encerrarlas
en un edificio y prender fuego: más vale un buen ejemplo que un largo
sermón...
Vivimos inmersos en una sociedad violenta. Las noticias que nos llegan de
guerras, catástrofes naturales, accidentes industriales... afectan
a todo el planeta. También en el ámbito local y doméstico
la violencia es permanente. Por ello, si hay algo que suscite el rechazo absoluto
de la población es la violencia.
Tanto es el rechazo de la violencia que los amos del mundo, causa y origen
de la violencia, se cuidan de aparecer como violentos. Vemos como los monopolios
de la violencia, los ejércitos y policías, aparecen ante la
opinión pública como fuerzas pacificadoras. Su violencia se
adorna con la calificación de intervenciones humanitarias. Destruyen
sistemáticamente las sociedades, masacran a la población, arrasan
hospitales, escuelas, vías de comunicación. Siembran la muerte,
la destrucción y el odio. Sin embargo, en la publicidad aparecen como
personas bondadosas que ayudan a las ancianitas a cruzar la calle, y acunan
en su regazo a recién nacidos.
Contrasta esta estrategia de camuflaje de los poderosos, con la imagen que
grupos y organizaciones anarquistas adoptan. El anarquismo pretende acabar
con el dominio y la explotación de unas personas por otras. Toda relación
de poder se sostiene mediante la violencia. Por ello, la lucha contra el poder,
contra la autoridad, es una lucha contra la violencia. Sin embargo, la imagen
que en muchas ocasiones se difunde desde los propios medios anarquistas sobre
el anarquismo, aparece teñida de violencia, hay una especie de exaltación
de la violencia. Hasta tal extremo que en la población mal informada
se identifica anarquismo con violencia. Esta identificación no es solamente
una manipulación del sistema, algunos autotitulados como anarquistas,
imitando las caricaturas que el Poder difunde sobre el anarquismo, se identifican
con la violencia. Esa identidad entre anarquismo y violencia nos enajena la
simpatía de un sector muy amplio de la sociedad, que de otra manera
se acercaría a nuestros postulados.
Deberíamos reflexionar sobre esta paradoja: Los verdaderamente violentos,
los ejércitos y policías, aparecen revestidos de pacifistas,
y los anarquistas, contrarios a la violencia, aparecen como ultraviolentos.
Violencia y lucha social
El rechazo de la violencia no debe ser una mera cuestión de imagen.
Jamás podrán los grupos y organizaciones anarquistas derrotar
militarmente, con el sólo uso de la violencia, al poder. Históricamente
no se ha conseguido. Y es que, por mucho empeño que se ponga en ello,
jamás tendremos los tanques, los aviones, destructores y misiles necesarios.
Pero, aunque los consigamos, y acumulemos una capacidad destructora superior
a la de los ejércitos, después de derrotarles nos daremos cuenta
que lo único que se ha conseguido por esa vía es reproducir
lo mismo contra lo que luchábamos.
El rechazo de la violencia no debe identificarse con la pasividad. Es tarea
fundamental del anarquismo poner en evidencia la violencia que se oculta detrás
de una relación de poder, al objeto que quienes la padezcan sean conscientes
de su explotación e intenten liberarse, solidarizándose inmediatamente
con todas las luchas de emancipación que se surjan, llevándolas
hasta sus últimas consecuencias.
Pero, las luchas que surjan de esa necesidad de liberación, deben ser
luchas "sociales", no luchas de anarquistas. Los anarquistas no
podemos iniciar la guerra por nuestra cuenta, olvidándonos de la sociedad.
Y por tanto, es el sector social implicado en una determinada lucha de emancipación
quien tiene que decidir cuáles son los medios, tácticas y fines
que se persiguen, ofreciendo los anarquistas nuestros criterios, pero nunca
imponiéndolos.
Cualesquiera que sean los medios que una sociedad adopte para liberarse, nunca
podrán ser tachados de violentos, porque la violencia es la fuerza
que se usa para establecer y mantener un poder. No la fuerza que se usa para
librarse de ese poder.
Es absurdo iniciar una actividad de fuerza cuando una sociedad no ha desbordado
el marco legal que le ha sido impuesto. En la actualidad, en el Estado español,
y dejando al margen los conflictos nacionalistas, nos encontramos con un marco
legal que nos viene muy ancho. Hay libertad de asociación, y pocos
se organizan. Libertad de expresión y la mayoría que no quiere
escuchar. Hay muchas cosas que no se hacen, no porque exista un policía
o una ley que lo prohiba, sino porque la sociedad no se organiza para realizar
esa tarea. Hay situaciones de explotación que están prohibidas
y perseguidas por la ley, y sin embargo quienes la padecen no son conscientes
de padecer una situación injusta, y aunque lo sean no son capaces de
exigir sus derechos. Hemos construido un edificio de cinco plantas, y a la
gran mayoría le da vértigo pasar de la primera. ¿Dónde
vamos con los cohetes?
Es más, el sistema no se sostiene solamente por el uso de la coacción
y la violencia. El sistema lo consolidamos todos al realizar cotidianamente
actos voluntarios. Nadie nos fuerza a ver la televisión, a comprar
en centros comerciales, a seguir las modas culturales del sistema. Cuando
digo que nadie nos fuerza, me refiero a la generalidad de la sociedad, claro
que hay comportamientos individuales que no incurren en esas actuaciones.
Pero la mayoría de la sociedad caemos en ellos.
Es cierto que cuando se inicia una lucha y se desborda el marco legal, aparece
la violencia del sistema para controlar la situación. Por tanto no
debemos ser ingenuos, sabemos que en el momento en que la sociedad se organice
autónomamente, apareciendo una alternativa al sistema, acudirán
la fuerzas del orden para acabar con esa alternativa de forma violenta. Pero
no tiene sentido iniciar acciones de fuerza antes de desbordar el marco legal.
Si al común de la gente le da vértigo subir al segundo piso,
¿para quiénes vamos a construir un edificio de veinte plantas?
La cuestión de la violencia entendida como el uso de la fuerza indiscriminada
contra la injusticia produce las contradicciones siguientes:
1.- Se vuelve contra quien la utiliza.
2.- Es inútil cuando se pone en práctica en una sociedad que
no ha desbordado el marco legal en el que se desenvuelve.
3.- Es ineficaz cuando trata de suplir la lucha de una sociedad por su liberación,
debe ser la expresión de la sociedad, y no de un grupo elitista.
Violencia y manipulación
Sabemos que el sistema tiene gran capacidad para manipular los movimientos
que surgen en su contra. Esa capacidad alcanza el grado máximo cuando
se enfrenta con grupos o movimientos que utilizan la violencia como medio.
Es necesario poner ejemplos concretos para explicarme mejor.
Las organizaciones armadas que surgen en Europa Occidental tras Mayo del 68,
sobre todo las Brigadas Rojas en Italia y los GRAPO en España, han
sido objeto de grandes manipulaciones, sin que hasta la fecha sepamos a qué
intereses servían realmente. La sincronía entre las acciones
de las Brigadas Rojas y la táctita política de la secta masónica
Propaganda 2 es sorprendente. También conocemos que los GRAPO han sido
la excusa perfecta de los involucionistas franquistas para desarrollar su
estrategia. Ninguna acción de los GRAPO ha servido para desarrollar
un mayor grado de conciencia social, ni para promover la organización
de luchas sociales. Sabemos que estas organizaciones han estado infiltradas
hasta las cúpulas. No pensamos que los miembros de estas organizaciones
sean fascistas o involucionistas, todo lo contrario. Pero sí afirmamos
que han sido utilizados en contra de los intereses por los que decían
luchar. Y es que, antes de ejercer como aprendiz de guerrillero hay que pensárselo
dos veces, no nos salga el tiro por la culata.
Con respecto a ETA, y no entrando a valorar a esta organización armada
ya que requeriría de una análisis que desbordaría los
presupuestos de este artículo, sí nos sorprenden las declaraciones
que hizo Mayor Oreja nada más conocer la declaración de tregua.
Manifestó a los medios de comunicación que la tregua de ETA
era el mayor desafío, la mayor provocación a la que se enfrentaba
el Estado desde la transición. Vaya, que le sentó mal al señor
ministro que ETA declarase la tregua. Desde entonces, todas las manifestaciones
que hace este individuo son para tranquilizar a los poderes fácticos,
afirmando por activa y por pasiva que no consentirá que lo que ETA
no ha logrado con las armas, lo consigan los vascos con medios políticos,
y se ha empeñado en la tarea de torpedear el proceso de pacificación
vasco, para lograr que ETA vuelva a las armas.
Al objeto de ilustrar la facilidad con la que se puede manipular a los violentos,
¿hay alguien que ignore que la lucha contra ETA y el terrorismo ha
sido el camino más fácil para alcanzar el mal llamado prestigio
social y el enriquecimiento personal? ¿Hay alguien que ignore las ventajas
que ha obtenido Francia para conseguir su colaboración en la lucha
contra ETA? No decimos que ETA haya sido una creación del Estado francés,
sino que el Estado francés se ha lucrado al prestar su colaboración
en la lucha contra ETA. Y es que de la violencia todo el mundo quiere sacar
provecho. Y eso que nos estamos refiriendo a una organización que cuenta
con un amplio respaldo social.
Hay otras formas de violencia que siendo menores son fácilmente manipulables.
Me refiero a las agresiones verbales que en ocasiones se lanzan contra todo
un colectivo. Es frecuente ver pintadas, firmadas con una A, del siguiente
tenor: "cristianos a los leones", "sólo la iglesia que
arde ilumina"... Mientras que se hecha de menos una crítica razonada
de la religión como vehículo de violencia, como medio para constituir
y mantener el poder. La Iglesia católica ha impedido que abortaran
muchas mujeres bosnias que se quedaron embarazadas al ser violadas por los
asesinos de sus familiares y amigos. Será inevitable que esas mujeres
reconozcan en el rostro de sus hijos los rasgos de sus violadores, y los rechacen,
aunque sea a nivel del subconsciente. Esa falta de amor de los hijos será
causa de futuras desgracias y violencias.
Igualmente la Iglesia católica se opone al divorcio y separación
matrimonial, las personas que acuden a pedir consejo a la Iglesia sobre su
matrimonio encuentran la misma respuesta: Hay que aguantar, eso es una cruz
que manda Dios, nunca separarse. Los adeptos a esta Iglesia se encuentran
sin valor moral para afrontar una separación. Son obligados a soportar
una convivencia degradada, que se deteriora día a día. Hasta
que surge la violencia conyugal, las disputas y altercados, y aún así
la Iglesia no aconseja la separación. La tasa tan alta de agresiones
y homicidios en el matrimonio se rebajaría sustancialmente si la Iglesia
no rechazara la separación cuando la convivencia se ha deteriorado.
Igualmente la tasa alta de abortos está directamente relacionada con
la educación sexual en materia de anticoncepción. A mayor información
sobre contracepción menos abortos. La Iglesia se opone a los medios
anticonceptivos, y de esta forma incrementa gratuitamente el dolor y sufrimiento
de la población, y el número de abortos. Como no hay infierno
en la otra vida, parece que algunos se empeñan en que exista en ésta.
Antes de que el cristianismo se convirtiera en la religión oficial
del imperio romano la ciencia, la filosofía y las artes estaban en
una época dorada, después empezó la edad de las tinieblas.
Éstos y otros argumentos que de llegar a los cristianos de base podrían
hacerles reflexionar y replantearse sus creencias, no se realizan. En su lugar
surge el insulto y la agresión. De esta forma fortalecemos el redil.
La antipatía que cualquiera que sea insultado siente hacia su agresor,
hace que nuestras ideas les resbalen. Las ovejas permanecen junto a su pastor
no porque existan perros policías que las guardan, sino por el miedo
a salir del redil y encontrarse con el lobo. A veces los anarquistas somos
esos lobos necesarios para que existan rebaños que pidan la protección
del pastor.
Tras el atentado contra las Torres Gemelas hay nuevos argumentos para que
cualquier organización que aspire a tener una implantación social
se plantee la cuestión de la violencia. Hace falta un gran esfuerzo
clarificador para que una organización antisistema no se vea motejada
automáticamente como terrorista. La manipulación y utilización
del terrorismo por el Poder para acabar con cualquier signo de disidencia
es evidente, hasta el punto que podemos afirmar que el Poder necesita del
terrorismo para mantenerse. Tanto del terrorismo de la violencia con la que
se impone, como del terrorismo de quienes supuestamente combaten un poder
concreto.
Cualquier análisis sobre violencia y terrorismo debe de partir de una
aclaración terminológica, ya que el abuso cotidiano de esos
términos los ha hecho confusos y equívocos, cosas distintas
se invocan utilizando el mismo término, por lo que no hay forma de
entenderse. Por tanto, y para no incidir en el mismo defecto, aclararé
lo que entiendo por violencia y terrorismo, para que todos sepan de que estoy
hablando.
Violencia: Fuerza que se ejerce para cometer o mantener una injusticia.
Terrorismo: Violencia extrema que se ejerce mediante el uso de las armas sobre
la vida e integridad de las personas. Es decir, fuerza que se ejerce mediante
el uso de las armas sobre la vida e integridad de las personas para cometer
o mantener una injusticia.
Estas definiciones, aunque ciñen el ámbito al que nos referimos,
no son suficientes para aclarar si un hecho o situación concreto es
terrorismo o es otra cosa, puesto que hay zonas intermedias que pueden ser
confusas.
Desde el anarquismo se ha utilizado el término 'violencia revolucionaria'
para referirse a la utilización legítima de la fuerza contra
la injusticia. Es evidente que esta 'violencia revolucionaria' no entra en
la definición de violencia que he realizado más arriba. Aquí
aparece con claridad una trampa que el Poder utiliza para reducir a la inactividad
de sus opositores. El Poder, entendido como consolidación de un estado
de injusticia, se sostiene mediante el monopolio del ejercicio de la violencia,
de tal forma que cualquier actividad que se desarrolle en contra de la injusticia
se va a topar con la violencia del Poder, si a esa violencia no se le puede
oponer una fuerza, el estado de injusticia es inatacable. Por tanto, renunciar
al ejercicio de la fuerza contra la injusticia es someterse al Poder.
Para seguir avanzando necesitamos precisar nuevos términos, porque
continuamente nos vamos topando con palabras que de tan manoseadas han perdido
un significado claro. La justicia es una de ellas, que renuncio a definir
positivamente, pero puedo definir en qué sentido utilizo el termino
injusticia.
Injusticia: Situación de desigualdad entre idénticos o semejantes.
Podemos seguir algo más y señalar que allí donde veamos
una desigualdad entre seres, situaciones o cosas que no se justifique por
una diferencia cualitativa en su ser o estado, nos encontramos con una injusticia.
Y cuando se trata de personas, con una injusticia que debe ser reparada, restableciendo
la igualdad. La fuerza que ha provocado o mantiene esa desigualdad es violencia,
la fuerza que trata de restablecer la igualdad no es violencia, no violenta
el orden natural, sino que tiende a restablecerlo.
Ahora podemos intentar definir qué características tiene que
tener esa fuerza contra la injusticia, para que no incurra en la violencia.
Proporcionalidad. Una situación de injusticia debe ser respondida de
forma proporcional a la violencia usada. Si se utiliza más fuerza,
tanto cuantitativa como cualitativa, que la violencia que se ejerce, se produce
una nueva situación de injusticia, un nuevo desequilibrio.
Restablecimiento. La fuerza debe ir encaminada exclusivamente a restablecer
la situación de igualdad, por tanto hay que desterrar la Ley del Talión.
La venganza, fuente de nuevas injusticias, debe rechazarse. Los conflictos
y guerras constantes obedecen a ese permanente saldo de cuentas pendientes,
donde los agravios sufridos son motivo de agresiones nuevas.
Discriminación. La fuerza no debe dañar a nada ni a nadie ajeno
a la situación de injusticia que se combate. Los daños colaterales
son propios de la violencia, es la prueba del nueve que nos indica, siempre
que existen, que estamos ante una acción violenta, y no ante una fuerza
contra la injusticia.
Homogénea. La fuerza se debe ejercer en el mismo ámbito en el
que se utiliza la violencia. Por ejemplo, si la violencia se ejerce mediante
un control de los medios de comunicación, privando de la capacidad
de expresión a quienes sufren injusticias, la fuerza ha de ir encaminada
a lograr medios de expresión. Ésto es especialmente necesario
en sociedades avanzadas, donde el control de la población no se ejerce
mediante la coacción violenta directa, sino mediante técnicas
de alienación que consiguen que las personas no sean conscientes de
cuáles son sus derechos, deseos y necesidades confundiendo e interiorizando
los privilegios, deseos y necesidades del Poder con los suyos. La respuesta
se debe ejercer en esos ámbitos de alienación.
Coherente. En el sentido de respetar los valores por los que dice luchar.
Siendo valores supremos el respeto a la vida e integridad de las personas,
solamente está justificado el atentado a la vida ajena como acto de
legitima defensa, cuando está en peligro la propia.
Necesaria. La fuerza ha de ser necesaria, que no exista otro modo de restablecer
la igualdad.
Racional. La fuerza que cumple las características anteriores se autoexplica,
de tal forma que la fuerza es 'propaganda por los hechos', a cualquier persona
que la observa se le evidencia su necesidad.
Ahora, utilizando las precisiones terminológicas y las características
de la fuerza contra la injusticia como instrumentos de observación,
podemos analizar situaciones concretas y ver si corresponden a la categoría
de violencia o de terrorismo, o a la de la fuerza legítima contra la
injusticia.
Analicemos si en una sociedad como la española está justificado
responder al Poder y a las injusticias que produce mediante la actividad armada,
realizada por una organización al margen de cualquier control por la
ciudadanía y que atenta contra la vida e integridad de las personas.
Dejo que cada uno recorra su camino, mi conclusión es que no. Por supuesto
que mi conclusión no implica ninguna tolerancia con respecto al Poder
constituido, ni siquiera en lo que se refiere a exonerarle de su responsabilidad
directa en el mantenimiento de esa situación. Pero mi conclusión
es determinante en cuanto a calificar los actos violentos mediante explosivos
o armas como actos terroristas que no tienden a luchar contra las injusticias,
sino que ayudan a que se perpetúen. Siempre referido a la situación
española.
Es el consejo más antiguo para vencer al adversario. Pero en realidad
significa, o al menos así se interpreta hoy día: enfrenta a
tus adversarios unos contra otros.
También había que matizar las llamadas a la unión con
objeto de mostrar un frente único, sólido e invencible. La unanimidad,
la opinión única y sin fisuras, más que lograr la fortaleza,
lo que hace es convertir al grupo en un conjunto de gentes dóciles,
sin pensamiento ni opinión propia: eso no es fortaleza sino debilidad.
La pregunta del millón sería: ¿Los que quieren tener
un objetivo común han de tener una opinión coincidente en todos
los detalles?
Esas posturas absolutistas olvidan quizá que el compromiso personal
con un objetivo común no exige de ninguna manera abdicar del criterio
propio. Estamos hablando de una unión de voluntades y de personas,
no de una aceptación ciega de unos dogmas en nombre de la política,
que no es una ciencia sino un arte...
Otras veces, esta unanimidad se exige como aceptación de la opinión
apoyada por una mayoría en asamblea. Que se acepte la opinión
más votada siempre será un ejercicio de disciplina. Pero lo
más importante en las asambleas es que la votación no haya sido
manipulada y que manifieste realmente, si no una unanimidad, por lo menos
un margen amplio de diferencia. Cuando hay una coincidencia de objetivos y
las condiciones en que se vive son muy semejantes, es lógico que la
gente coincida en sus análisis y en sus soluciones. Lo contrario no
deja de ser sospechoso: por lo menos se puede sospechar que no ha habido suficiente
debate.
Hay técnicas de manipulación de un grupo humano que condicionan
el resultado de una votación. Los que las utilizan saben que lo que
buscan es el triunfo de la opinión de su líder, pero no lo más
conveniente.
Por eso, lo que debilita realmente los partidos, los sindicatos, los movimientos
sociales y las agrupaciones cívicas no es la diversidad de opiniones,
sino los enfrentamientos personales, lo que llamamos los personalismos. Para
mantener lo que llaman el liderazgo -que más que en una autoridad moral
se basa en un culto a la personalidad- lo que se necesita son adhesiones inquebrantables
de tipo emocional más que apoyos y decisiones personales basadas en
razones y opiniones razonables. Pero lo sólido no es el liderazgo,
sino la aceptación de una responsabilidad en la función para
la que has sido elegido libremente. La autoridad moral y la fuerza representativa
dependen del apoyo que se tiene, no solamente en el acto de ser elegido sino
también durante la gestión.
La forma más elemental de dividir a la oposición es comenzar
a desacreditar y descalificar a las personas que la representan. Lo que pasa
es que esa función no puede ser ejercida desde el otro lado: hay que
introducir en la formación opuesta unos topos que acusen con razón
o sin ella. La forma más sencilla es la mentira y como es tan difícil
ser honrado y parecerlo, la acusación de amoralidad es la más
eficaz para romper las adhesiones inquebrantables. Pero no es la única,
hay muchas otras que caen mal a los que apoyan al líder: basta con
tocar los sentimientos en los que se apoya su imagen carismática.
A la vez hay que promocionar a otras personas que tengan ambición política
para convencerlas de que pueden salvar la situación. Y si salen varios
dispuestos a convertirse en salvadores ya hemos metido el veneno de los personalismos
en la formación contraria. Ya está funcionando el adagio antiguo
del divide y vencerás. Se ha dicho que entre el amor y el odio no hay
más que un paso. Pero yo diría que hay por lo menos tres: el
desencanto, el desengaño y el despecho. Es una escalera de tres peldaños.
Cuando uno está enamorado, el primer peldaño que se baja es
el desencanto. Puede pasar en la adhesión a un líder carismático.
El primer paso es dejar de estar hechizado, encandilado y encantado. Ya no
estamos ciegos para dejar de percibir sus defectos.
El segundo peldaño es el desengaño: éste es más
profundo. El desenamorado cree que ha sido engañado por su amante.
De repente cae la venda de sus ojos y uno interpreta como una falsedad completa
todas las señales de confianza. Ya no te fías de él;
te ha estado engañando. Es lo que sucede a una esposa o a un esposo
que descubre las infidelidades de su pareja. Le ha costado, pero la evidencia
se impone...
El tercer escalón es el despecho. El despecho es la indignación
que produce el amor traicionado. Uno ya no se contenta con separarse de la
persona amada. Lo único que calma su indignación es la venganza.
Eso pasa por haber fundado en un sentimiento irracional la completa adhesión
al jefe. Es un sentimiento totalitario: es una adhesión total, que
abarca la totalidad de las esperanzas y las expectativas de vida. Un líder
no es un amante a quien uno se entrega en alma y vida. Ni siquiera cuando
uno elige a un colaborador o a un empleado presupone en él la fidelidad
absoluta. La fidelidad hay que demostrarla día a día. Cuando
un empleado es desleal, no juega limpio, dejas de fiarte de él, lo
despides pero no lo quieres aniquilar, no lo odias...
Cada día es más madura, más consciente y más adulta
la relación entre los miembros de una sociedad. Las formaciones cívicas,
políticas, sindicales y hasta deportivas necesitan, para su estabilidad
y su fortaleza, unas relaciones humanas basadas en la información diáfana,
en el debate abierto y la rapidez de reflejos ante la crisis, precisamente
para evitarlas y superarlas.
Las gentes están hartas de sentirse engañadas, por ejemplo en
los problemas de sanidad y de alimentación. Recordemos el asunto del
aceite de colza, que nunca ha sido totalmente aclarado: se trataba de un bichito
tan pequeño que, si se caía de la mesa, se mataba. Increíble,
pero cierto. Cómo nos vamos a fiar de lo que nos han dicho de la epidemia
de las vacas locas, después de ver cómo se ocultó todo
lo relativo a ella durante varios años y por sucesivos gobiernos en
el Reino Unido. La mejor manera de provocar la indignación general
es ocultar una cosa que tarde o temprano se ha de descubrir.
La vinculación de voluntades en un objetivo común es más
firme cuanto más libre es. La mayor solidez de un grupo social es la
abundancia de información, el debate abierto y el respeto de todas
las personas que integran el grupo, sin descalificaciones ni personalismos.
No es bueno presentarse ante la sociedad como salvadores. Ni el líder
ni el grupo social deben presentarse como tales. Esa presunción está
pidiendo una adhesión inquebrantable y un cheque en blanco para que
el salvador haga lo que crea oportuno, sin pedirnos parecer de antemano: por
la urgencia, sobre todo...
A estos líderes carismáticos habrá que decirles: vísteme
despacio que tengo prisa.
Mal asunto, cuando el gobernante o el presidente de un partido o de un sindicato
se presenta ante los suyos como un salvador. El salvador tiene que convencer
al que quiere salvar de que es una víctima. Y lo que es más
importante, tiene que identificar al verdugo. De esta forma, el verdugo se
convierte en chivo expiatorio -víctima-. Entonces la víctima
generará otro salvador, que hará del anterior salvador su chivo
expiatorio... De esta rueda infernal no se puede salir: verdugo, víctima
y salvador intercambian constantemente sus papeles.
Seamos morales para poder escoger, y no como los avestruces, cuando estamos
en minoría.
Resucita Franco y se encuentra con un vigilante del Valle de los Caídos:
-Pero, ¿cómo es posible?, pregunta estupefacto el vigilante.
-¡Deje de extrañarse y dígame! ¿Quién manda
en España?
-Mandan los suyos. Mire: de presidente, Aznar...
-¡Buen periodista Manuel Aznar Zubigaray! Escribió "Historia
Militar de la Guerra en España".
-¡No! El nieto del periodista.
-¿Quién es el portavoz del Gobierno?
-Pío Cabanillas.
-¡Muy inteligente! ¡Sí señor! ¡Cabanillas
Gallas! ¡Mi ministro de Información!
-No, el hijo.
-¿Quién está de embajador en Marruecos?
-Arias Salgado.
-¡Bien! Mi otro ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias
Salgado.
-¡No! El hijo.
-¿Y cómo van las relaciones con los marroquíes?
-Hay algunos problemas con la inmigración, pero el Gobierno ha encargado
a Fernández Miranda de esos asuntos.
-¡Hombre, Torcuato! ¡Muy acertado para el cargo!
-¡No, no, no! El hijo, Enrique.
-¿Y en Vascongadas y Cataluña, cómo van las cosas?
-Ahora las regiones se llaman autonomías y el ministro que las coordina
es Jesús Posada.
-¡Posada Cacho!, mi fiel gobernador civil de Soria.
-¡No! El hijo y Oreja es el representante del partido del Gobierno en
Vascongadas.
-¡Hombre, mi fiel Marcelino!
-No, el sobrino.
-¿Y en Justicia quién está?
-Hay uno nuevo, no me acuerdo cómo se llama, pero antes estaba Mariscal
de Gante.
-¡Bien! Mi director general de Régimen Jurídico de la
Prensa, Jaime Mariscal de Gante.
-¡No, tampoco! La hija, Margarita.
-Y en la Puerta del Sol, en la sede de Gobernación, ¿quién
está?
-Un buen amigo de los socialistas, Ruiz.
-¿Pero cómo mi portavoz, Víctor Ruiz Albéniz,
va a ser amigo de los socialistas?
-¡No! Es el nieto, Alberto Ruiz Gallardón.
-Y en Galicia, dime: ¿Quién está en mi Galicia natal?
-Fraga.
-¿El nieto?
-No... ¡El de siempre!
Venezuela: Golpe, mentiras y cintas de vídeo
La vertiginosa situación vivida en este país entre el 8 y el
15 de abril sin duda exigirá un prolongado esfuerzo de reflexión
para comprenderse en detalle, pero es posible adelantar algunos elementos
del análisis que como anarquistas nos corresponde hacer, empezando
a desmontar la trama de falsedades, medias verdades, evasivas y coartadas
que ya empieza a tejerse sobre los acontecimientos.
Todo evidencia que tuvimos un golpe militar de la derecha pro-imperialista,
que intentó aprovecharse de (y justificarse con) la significativa movilización
de masas que estaba propiciando la heterogénea unión de sectores
adversos a Chávez, con su culminación en la enorme manifestación
del 11 de abril en Caracas. Los organizadores del alzamiento -militares de
alto nivel, empresarios y algunos políticos de la vieja guardia- estimaban
que colocando hechos consumados ante otros actores (especialmente, los demás
antichavistas y la mayoría de la Fuerza Armada no vinculada en su trama)
podrían contar con su respaldo, o al menos neutralidad, para ejecutar
lo que de inmediato se anunció como un programa de liquidación
política del chavismo bendecido por Washington, pues al Imperio le
agradaría la idea de eliminar con pocos inconvenientes uno de los focos
de perturbación en esta Latinoamérica que hoy se muestra tan
inquieta.
Pero el cumplimiento del programa golpista implicaba que esos forzados aliados
aprobasen y participasen en un furor autoritario del cual ya tenemos terribles
ejemplos en la historia continental. Ese papel impuesto originó inmediatas
vacilaciones y rechazos; de modo que el 12 de abril, a pocas horas de juramentado
el gobierno golpista, anunciadas por decreto sus intenciones dictatoriales
y tomadas las primeras medidas represivas, arrancó el contragolpe en
Maracay -ciudad donde se localizan los mayores contingentes militares- paralelo
al inicio de una gran movilización de calle en distintas ciudades,
integrada inicialmente por partidarios devotos del presidente derrocado pero
rápidamente acrecentada y respaldada por amplios sectores populares
que intuitivamente comprendieron que si Chávez en tres años
no había dado más que esperanzas, lo que venía pretendía
despojarles hasta de esas ilusiones, pues aún cuando Chávez
incurrió en tantas torpezas y desatinos en 38 meses de gobierno, en
38 horas de mandato sus adversarios hicieron el mayor esfuerzo por superarlo
en ambos renglones.
A medida que corría el 13 de abril, las circunstancias empezaron a
tornarse abrumadoras contra Carmona y sus secuaces de asonada, que en la mañana
perdieron la calle, al mediodía el Palacio presidencial y en la tarde
la posibilidad de cualquier apoyo militar. Para entonces se trataba sólo
de determinar cómo iban a salir del poder y qué hacer con Chávez,
aún preso. Se intentó el envite de mandarlo al exterior para
posponer o debilitar de alguna manera su eventual regreso a la presidencia,
pero la velocidad de los acontecimientos dejaba atrás las posibilidades
de jugarretas de esta clase, así que con la entrada de la noche sólo
restaba esperar el retorno a Miraflores del vencedor, lo cual ocurre en la
madrugada del 14 de abril.
¿Por qué el golpe inicialmente tuvo éxito y pudo hasta
presentarse, con cierta verosimilitud, como expresión de un clamor
colectivo? Aquí ciertamente deben recordarse los niveles a que había
llegado el enfrentamiento entre chavistas y antichavistas en las jornadas
previas, donde las facciones más intransigentes de ambos bandos progresivamente
asumieron la voz cantante, proceso en el que una responsabilidad indudable
le cabe al propio Comandante, que ha sido el primer contribuyente para enrarecer
el clima político con sus palabras desmedidas, poses efectistas y actos
arbitrarios. Poseído de su demagogia mesiánica, propició
y extremó enfrentamientos para los cuales no estaba siquiera preparado,
de los cuales el último y más costoso para él fue contra
ese poder que por discreto no deja de ser decisivo en Venezuela: la tecnocracia
que controla la industria petrolera estatal.
La petulancia autoritaria de Chávez pareció transmitirse -corregida
y aumentada- a la pandilla golpista, que igual que él se sentían
al timón de un país que debía obedecer sin rechistar
las decisiones de los ungidos en el poder. Pero a Chávez el 11 de abril
y a los sediciosos el 13, la calle se encargó de darles una contundente
lección en cuanto a que ahora este país no es rebaño
sumiso ante la arbitrariedad de unos u otros. También esta lección
ha sido para buena parte de los grandes medios de comunicación (TV
y prensa en especial), a quienes el frenesí antichavista llevó
a una aviesa y torpe estrategia de manipulación informativa y autocensura
que fue patente a la mirada irónica o indignada de la población.
Chavistas y antichavistas creen, y pretenden hacernos creer, que Venezuela
se reparte entre ambas parcialidades, pero estos acontecimientos ratifican
que no es así. Ciertamente la realidad socioeconómica indica
que hay dos Venezuelas, pero ello no significa que los bandos en pugna las
representen cabalmente, pues las agrupaciones sociopolíticas que reúnen
unos y otros apenas recogen el sentir de una parte de la población,
menor incluso a lo que hace veinte o cuarenta años congregaban los
partidos políticos tradicionales, que también alcanzaban entonces
mayor adhesión medida en términos de participación electoral.
En esas mayorías que al asomar en las calles fueron decisivas para
los resultados de estas jornadas, vive la esperanza de transformación
a la que apuntamos quienes nos congregamos en la Comisión de Relaciones
Anarquistas ellibertario@hotmail.com,
con propuestas de reflexión y acción que se encuentran en nuestro
vocero El Libertario.
Nunca me gustaron
las normas.
Nunca acaté las leyes
y nunca seguí las líneas...
En muchas cosas
soy contrario
y en muchos gustos...
¿Y qué?
Lo establecido,
lo aceptado, lo normal:
Siempre me he burlado.
La moral católica
no pudo doblegarme
con aquellos castigos;
Tampoco la educación estatal,
por la que no doy dos higos.
El camino recto
siempre lo ando
en zig-zag: ¿Y qué?
Cuando descubrí
el placer carnal,
también me di cuenta
que otra era mi meta...
Así soy, he sido
y seré: ¿Y qué?
El relámpago
es más rápido que que la llama
y la llama debe
quemar y abrasar
los códigos amarillentos...
De la nueva ceniza,
brota el fénix
de la libertad.
Soy irreverente,
satírico y mordaz... ¿Y qué?
Abajo todos los prejuicios,
fuera los abusos
de los injustos juicios
y gritemos: ¡Libertad!
No te dejes engañar
por falsas palabras:
Nosotros y nosotras
tiramos al monte...
¡Y somos "cabras"!
¡Pero bueno! ¿Y qué?
Que no te importe lo que... ¿Dirán?
No hagas caso:
Sigue, camina, lucha...
Rebélate, da ejemplo
y así nuestra llama
quemará su templo.
Hay que derribar
muchos muros,
pero les plantaremos cara,
aunque se pongan duros.
Nunca me gustó obedecer,
nunca participo del "buen parecer"...
Soy criticón,
cínico, inverso,
muscario y protestón.
¿Y qué?
¿Y tú? ¿Qué esperas?
Romperé la telaraña,
no me creeré "su" patraña
y escupiré
mi pensamiento,
tal y como te lo cuento.
Soy diferente
a la gran mayoría
de la "gente"...
¿Y qué?
¡Así estoy contento!
Te agradezco que me
hayas dedicado este
precioso momento.
Cómo no
ser nada o morir
en el intento por ser algo
De un tiempo a esta parte se nos viene a dar razones por parte de compañeros
a los anarquistas, para tragar "sapos y culebras" junto a otras
organizaciones sindicales, sociales... Se nos viene a decir que somos muy
pocos y que para hacer cosas hay que ir conjuntamente con otras personas organizadas,
gente enrollada, marchosa y similar a nosotros en varios aspectos: asamblearios,
emplean la acción directa y mantienen una línea ideológica
coherente. Claro que visto el "patio asociativo" hay de todo en
esta selva de siglas.
Por la misma regla mencionada lo podemos justificar casi todo y quedarnos
tan panchos. Como no hay dinero pillemos todas las subvenciones posibles y
hagamos todo lo posible para pillar más y más cada vez. Como
hay poca militancia tengamos liberados para hacer el trabajo que no se puede
hacer por falta de militancia. Es decir, para hacer algo, o ser algo, tenemos
que dejarnos de ciertos escrúpulos, de principios anticuados y añosos.
En resumidas cuentas; para ser algo hay que dejar de ser, en parte, uno mismo.
Por tanto nunca seremos lo que decimos en nuestros acuerdos que queremos ser.
¿Qué se es entonces? Nada. Pues no siendo lo que te propones
ser y dejando "preceptos" por el camino para aligerar las alforjas
quedas en un estadio inferior, muy cercano o junto a la nada existencial (aunque
esto parezca metafísica no lo es).
Aquí parece que está ahora la piedra filosofal del movimiento
libertario. ¡Queremos ser más! Y todos debemos preguntarnos ¿para
qué? ¿Para ser como otros? Para eso seamos los otros abiertamente
y no un movimiento con una dinámica y una cultura propias, emanada
del pensamiento y la acción de sus componentes. Pienso que la buena
salud de nuestro movimiento no se logra con un ficticio crecimiento a un determinado
precio. Por otro lado se vienen a dar diversas fórmulas mágicas
de crecimiento que han demostrado su resultado desastroso, pues no es la primera
vez ni somos la primera organización que las ha empleado.
Parece que lo único que queda por hacer es una carrera de fondo, de
mucho fondo, y donde convencer sea aún más importante que vencer.
Prefiero ser un militante de a pie que un liberado de rodillas. Prefiero morir
siendo poco que vivir siendo nada.
Ya están aquí, ¡preparemos la bienvenida a los mandamases
europeos! En Sevilla celebrarán una costosa cumbre que pretende avanzar
en su proyecto de extender el neoliberalismo. España deja la presidencia
europea, que ha costado diez mil millones de pesetas, todas ellas sacadas
del dinero de los impuestos que el Estado español nos ha robado.
Pero hemos venido a aguarles la fiesta con las estridentes verdades que exclaman
nuestras pancartas y gargantas. Privatizaciones, precariedad en el empleo,
degradación ecológica, individualismo exacerbado, desindustrialización
de Andalucía (como los Astilleros y las minas de Aznalcollar o Río
Tinto), pérdida de referentes culturales propios, campos de golf a
mansalva, bases militares americanas, guerras, miseria, inmigrantes que se
quedan en el Estrecho, crisis en Argentina, etc., en eso consiste la globalización
capitalista, esas son sus consecuencias más palpables.
Es por ello que, como anarquistas y anarcosindicalistas, nos oponemos a ese
proceso que pretende implantar la barbarie y el caos en todo el planeta. Desde
las altas esferas de la sociedad, los intelectuales vendidos al liberalismo
nos venden la moto diciéndonos que nos traerán mayor bienestar,
cuando realmente las desigualdades sociales no han estado nunca tan marcadas
como hoy, y todo gracias a ellos.
Ni los partidos políticos, ni las ONG de la caridad, ni los sindicatos
que llevan años vendiendo a la clase obrera con sus Comités
de Empresa, ni los grupos marxistas, ni los pseudo-libertarios están
en condiciones de ofrecer alternativas al modelo neoliberal. Tan sólo
proponen medidas keynesianas y socialdemócratas, un capitalismo con
rostro humano incapaz de poner fin a la vieja explotación del hombre
por el hombre; todo esto en el mejor de los casos, cuando no, proponen una
vuelta a la "dictadura del proletariado".
Estamos hartos de que grupos como ATTAC y partidos políticos como I.U.
aprovechen y canalicen el descontento popular para hablar en nombre de todos,
tachando a los anarquistas de "minoría violenta". Se debe
a que saben que a nosotros no nos pueden integrar en el sistema. Si estas
organizaciones se consolidan como portavoces del movimiento antiglobalización,
entonces la derrota está asegurada.
Nosotros, los anarquistas, nos oponemos a esa dinámica de explotación
y muerte, y nuestra alternativa siempre ha sido clara: el comunismo libertario.
Sólo una sociedad organizada de abajo a arriba y con los medios de
producción socializados se ha mostrado capaz de asegurar bienestar
y libertad para todos.
Nuestra estrategia también es clara: militar en las organizaciones
anarquistas y anarcosindicalistas difundiendo en nuestro entorno el ideal
ácrata. ¡Preparemos la Revolución que nos llevará
al comunismo libertario!
Paz a los hombres
y mujeres,
guerra a las instituciones
Nuevamente vuelven a juntarse los opresores. Otra reunión en la que
se contarán lo bien que les va la vida, lo contentos que están
de haberse conocido, lo bonito que ha sido el viaja hasta Madrid, lo bueno
que es el servicio en los hoteles donde se alojan
Porque, a pesar de
lo que nos cuenten los "medios de atontamiento de masas" (prensa,
radio, T.V.), a lo único que han venido es a pasarlo de vicio, a engordar
un poco más.
Nada positivo sacará el pueblo de esta convención de sinvergüenzas:
brindarán con vino español por el asesinato colectivo que sus
Estados, sus empresas y sus ejércitos provocan en sus respectivos países
o en otros (y, para colmo, hasta el vino les estamos pagando).
Pero tienen miedo: se esconden detrás de una nube de matones y policías
(la misma cosa son). Ese miedo suyo y nuestras ansias de justicia son su derrota.
Los anarquistas no queremos reformar la maraña de instituciones que
sustenta toda esta masacre. Queremos acabar con ellas. Queremos que las relaciones
entre los seres humanos se basen en la libertad, la igualdad y el apoyo mutuo
solidario. Queremos vivir en un mundo sin fronteras, sin Estados y sin sus
banderas, sin capitalismo y sin sus esbirros.
Por unas relaciones fraternales entre los pueblos del mundo: paz a las mujeres
y a los hombres, guerra a las instituciones.
¡A la calle, que ya es hora!
Grupo Tierra
Panfleto repartido en las manifestaciones contra la
cumbre U.E. y América Latina y Caribe, en Madrid ![]()
Venezuela: Golpe, mentiras
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Cómo no ser nada o morir en el intento por ser algo
Paz a los hombres y mujeres,