
SECCIONES
La insurrección del 20 de diciembre es una bisagra en la historia
de las luchas populares argentinas. Con una demostración de fuerza
espontánea, irreverente y valiente de un pueblo cansado de humillaciones,
el día después no es para quedarse en el anecdotario de la refriega.
El gobierno de Fernando De La Rúa, sumido en el desprestigio, aislado,
sostenido por un sector del capital financiero, de las empresas privatizadas
pero abandonado hasta por la Casa Blanca y enfrentado al sector industrial,
los multimedios, a las centrales sindicales, al Partido Justicialista y odiado
por el conjunto de la población condenada al ajuste infinito, se agotó
y desangró en horas.
En las calles se autoconvocaron vecinos, empleados, hombres, mujeres, niños,
ancianos, de a pie, en auto, con cacerolas, palos, bengalas. La Plaza de Mayo
a tope. En cada barrio de la ciudad de Buenos Aires durante la noche del 19
al 20 de diciembre se ocuparon las esquinas, se desconoció el estado
de sitio, había que echar a ese gobierno, es la voz del pueblo en la
calle. El gobierno no le daba miedo a nadie.
Se ha recuperado la calle, el espacio público para hacer política.
Pero curiosamente una de las señales distintivas de la manifestación
fue el absoluto rechazo a las banderas de partido. Esta actitud, alentada
desde los medios de comunicación de masas, jugaba a favor de la desorganización
y la fragmentación, caldo de la derecha, y cerraba las puertas allí
donde las organizaciones populares no habían alcanzado desarrollo ni
legitimidad. La única identidad aceptada fue la bandera celeste y blanca,
el único canto unánime el himno nacional, la única consigna
Argentina, Argentina.
La rebelión puede leerse como el emergente de un proceso de hartazgo
del pueblo en su conjunto. La apropiación de la Plaza de
Mayo fue la conquista del espacio que representa históricamente la
toma de decisiones en el país. Por eso la importancia, tanto para el
gobierno (consciente) como para las fuerzas populares (instintiva) de mantener
su dominio. La lucha se desarrolló entonces en el terreno de lo simbólico,
pero su fuerza fue material, de cuerpo contra cuerpo. Metro a metro se defendió
la Plaza de Mayo. A medida que las horas se sucedían y la represión
radicalizaba las formas de lucha, los sectores medios y las personas más
moderadas se fueron retirando del terreno de batalla. En ese sentido puede
afirmarse sin dudas que a De La Rúa lo echó la heroica resistencia
de la juventud.
Ya cuando la medianoche del 20 cubría con un manto de negra incertidumbre
el sueño de los barrios de la periferia porteña, se advertían
tiroteos en las cercanías de los centros de almacenamiento de los grandes
hipermercados (que resultaron menos afectados porque los cuidó muy
bien la policía provincial y sus guardias privadas). Y comenzó
a correr el rumor de que los vecinos descontrolados ante el fracaso de su
incursión de saqueo se dirigían a los barrios obreros a arrasar
con las casas de los trabajadores. El cuadro de psicosis se completó
con mensajes repetidos una y mil veces por radio y televisión que hablaban
de vecinos saqueando casas de vecinos.
En todo el territorio conurbano y por cuatro noches se organizaron piquetes
de vecinos armados que aguardaban la llegada de los saqueadores, que jamás
se presentaron. La paranoia fue el modo de pensamiento en estos barrios, alimentada
por las operaciones de las policías, los servicios de inteligencia
del Estado o militantes del Partido Justicialista que sembraban el miedo,
la psicosis y el enfrentamiento de barrio contra barrio.
La dolorosa evidencia de la muerte se siente en el exacto momento en que podemos
identificar el rostro de quien ya no podrá acompañarnos. Un
odio de clase con nombre y apellido. La justicia del pobre, la justicia de
acá abajo, esa por la que peleaban Carlos Pepete Almirón
y los anónimos nombres de los muertos de la insurrección en
Argentina, unos muertos cada vez menos anónimos.
El pueblo vio expropiada su victoria por una banda de ladrones. Los peronistas
se reparten cargos sobre los muertos del pueblo. Petete los odiaba, y los
seguiría repudiando si le quedara un aliento de fuerza para volver
a tirarles una piedra aunque más no sea.
Fue un país virtualmente sin gobierno. Cualquier partidario del caos
y de la anarquía mal entendida festejaría la hazaña,
pero lo cierto es que ninguna fuerza popular organizada, ni el pueblo
por sí mismo han sido capaces de aportar un rumbo coherente a la vida
social del país el día después de la pueblada.
Los anarquistas nos hallamos en la dispersión más absoluta.
En las escaramuzas callejeras se ha visto individualidades repartiendo piedra
y a nuestros militantes compartiendo la organización de barricadas
con otras fuerzas, pero hablamos de expresiones mínimas de un movimiento
que en Argentina tiene una deuda pendiente con su pueblo.
La revuelta en Argentina nos deja un gran aprendizaje -que aún debemos
sistematizar- pero sobre todo una gran reflexión sobre nuestras propias
limitaciones. No teníamos un sistema de acción ni de ruptura
para casos de insurrección autoconvocada. También dejó
en evidencia que la izquierda en general no fue considerada como interlocutor
valido por el "pueblo" alzado. Y que los anarquistas como tales
no pueden atribuirse responsabilidad alguna en el rumbo de los acontecimientos,
sencillamente porque nuestra participación fue anónima y numéricamente
insignificante.
Si bien la pueblada no puede ser leída dentro del proceso de ninguna
estrategia política particular, en ella confluyen experiencias de más
de diez años de enfrentamientos de la clase trabajadora contra el neoliberalismo
y nuevos actores, nuevas maneras y nuevos valores para entender la política.
Por eso no es posible hablar de un todo, ni central ni descentralizado.
Los y las manifestantes han suprimido la palabra, sustituyéndola por
el ruido ensordecedor de la cacerola. Hubo ausencia de espacios de socialización,
reflexión y análisis.
Presos de la dinámica de la lucha, los MTD, actores indiscutibles del
proceso de resistencia en este año que se apaga, no han alcanzado el
desarrollo político y la ascendencia necesaria para imprimir una dirección
de clase a las fuerzas populares, orientación que corresponde a la
clase trabajadora en su conjunto.
Debemos tener en cuenta que las luchas de la clase en todo este tiempo, no
sólo de los desocupados, han sido muy fuertes, a pesar de la lacra
burocrática que continuamente frena con mayor o menor éxito
la actividad de lucha de trabajadores y trabajadoras.
Se abre de todos modos una oportunidad a las fuerzas revolucionarias.
Habremos de dar pelea ideológica en los mismos barrios en los que vivimos
desde nuestras organizaciones populares de pertenencia; llamar en las zonas
en que tengamos presencia al resto de las organizaciones para evaluar lo sucedido
y para desarrollar herramientas que enfrenten el terror estatal y constituir
organización popular o por lo menos germen de ésta, que no se
retroalimente la violencia horizontal.
Es una tarea de conversar, de ver, de luchar contra la desconfianza en lo
colectivo, en la política y contra el miedo.
No hemos contado con un proyecto global de oposición al capitalismo.
Claro que esta propuesta no es invento de cuatro cabezas sino experiencia
concreta de un pueblo. El pueblo en la calle ha puesto límites
a los saqueos del poder. Pero el conflicto con el sistema capitalista no se
resuelve en las calles: éste puede ser su escenario principal de confrontación,
pero el conflicto de clases se resuelve en las oficinas, en los talleres,
en las fábricas, en las empresas, en el campo, en las minas...
No se podrá borrar de la memoria colectiva el 20 diciembre pero si
tratará la burguesía de otorgarle un nuevo significado a partir
de las nuevas relaciones de fuerzas que abre. Debemos recordar que el Partido
Justicialista posee una estructura que atraviesa todo el tejido social y que
la burguesía actúa como una clase aún superando sus pujas
internas. Ante esta crisis orgánica queda al desnudo la orfandad de
un proyecto revolucionario encarnado en un movimiento popular unificado. Se
luchó contra los gobernantes y contra los políticos, los
jueces, etc. pero no contra el capital.
Hemos iniciado un proceso que recoge una rica herencia de lucha popular pero
que necesita de nuevas herramientas para crecer. Debemos desarrollar una actividad
común para afianzar la permanencia de resistencia.
O.S.L.
Memoria y presente de la lucha social
La memoria es una de las herramientas más nobles y eficaces de la
resistencia.
La persistencia en la memoria popular de las luchas por la dignidad humana,
es el desafío contra el ocultamiento que ejercen los poderosos, es
la confrontación entre la resistencia cultural de los de abajo y el
afán de impunidad de los que a lo largo del tiempo, con arteras maniobras,
pretenden borrar las huellas de la rebeldía.
El viernes 4 de enero, desde las 21 horas, en el local la F.L.A. (Federación
Libertaria Argentina) se desarrolló un acto por la memoria y contra
la impunidad, el recordatorio de la Semana Trágica de 1919. Un panel
en el que Roberto Guilera de la F.L.A., Carlos A. Solero de la Biblioteca
y Archivo Alberto Ghiraldo de Rosario (adherida a la F.L.A.), Raquel Dissenfeld
del Colectivo Mujeres Libres, Cecilia Moretti de la Biblioteca Popular José
Ingenieros y Juan Carlos Espinoza (Independiente), expusieron su visión
de los acontecimientos de enero de 1919 y de cómo se entrelazan con
las protestas callejeras del pueblo de Argentina en estos días.
R. Guilera dio comienzo a la actividad, que contó con una importante
concurrencia, explicando que desde hace cuatro años junto a los vecinos
de los barrios de Nueva Pompeya, Parque Patricios y San Cristóbal se
realizan muestras de artistas plásticos, exposiciones y debates para
recordar la gesta proletaria de 1919.
C. Solero, orador en nombre de la F.L.A., reseñó los antecedentes
y los hechos que desembocaron en la huelga de los obreros de la fábrica
Vasena y la solidaridad de los sindicatos de la F.O.R.A. (Federación
Obrera Regional Argentina), el protagonismo de los anarquistas y la represión
policial, militar y parapolicial del gobierno de Yrigoyen a través
del general Dellepiane y la Liga Patriótica, que realizó el
primer pogromo en el barrio de Once.
Raquel Dissenfeld, del Colectivo Mujeres Libres, leyó dos testimonios
de mujeres que protagonizaron la lucha popular de 1919: Salvadora Medina Onrubia
de Botana y Juana Rouco Buela; y realizó el análisis de esas
jornadas y las recientes manifestaciones populares como los cacerolazos y
movilizaciones callejeras.
Cecilia Moretti explicó los objetivos de Mujeres Libres y su accionar
por la construcción de una sociedad sin racismo ni exclusiones, donde
la solidaridad social reemplace al egoísmo y la autogestión
al poder patriarcal y autoritario.
Juan Carlos Espinoza expuso sus reflexiones sobre el acontecimiento y leyó
su poema Romance de los obreros de Vasena.
El debate entre el público asistente y los oradores se prolongó
hasta la medianoche.
Las jornadas recordatorias de la semana de enero de 1919 continuarán
el próximo sábado 12 de enero cuando, desde las 19 horas, partan
las columnas de militantes anarquistas junto a vecinos, organizaciones sociales,
culturales y políticas, desde la esquina de Pepirí y Amancio
Alcorta hasta la plaza Martín Fierro, donde estaba la empresa Vasena.
Han transcurrido más de ocho décadas desde la trágica
semana de enero, pero como dijo alguna vez Van Gogh: el molino ya no está,
pero el viento sopla todavía.
Quedan aun muchas luchas que librar para que la libertad y la justicia tengan
vigencia en esta latitud.
Marina Legaz y Carlos A. Solero ![]()
Más de 10.000 (6.000 según la Policía belga) personas
de todos los países de Europa (principalmente) respondimos a la convocatoria
de la coordinación anarquista europea para realizar una gran manifestación
anarquista con motivo de la Cumbre de Jefes de Estado de la U.E. en Laeken,
el sábado 15 de diciembre en Bruselas.
Bajo el lema "Una gran manifestación por el poder de gestionar
nuestra vida, por la gestión y la propiedad colectiva de todas las
riquezas del mundo, por una sociedad sin dominación ni explotación,
por la globalización de la solidaridad, por una enseñanza que
apueste por la autonomía y la libertad del individuo, por la mundialización
del desarme", más de 10.000 anarquistas belgas, holandeses, alemanes,
franceses, españoles y de América del Sur (entre las organizaciones:
Federación Anarquista, Alternative Libertaire, No Pasarán!,
Red Libertaria Apoyo Mutuo, F.A.U., C.A.T., colectivos libertarios autónomos
belgas y alemanes...) recorrimos el centro de Bruselas y los barrios populares
durante toda la mañana del día 15. La reacción de los
habitantes fue muy positiva, a pesar de la criminalización, las fruterías
y demás pequeños comercios de los barrios populares permanecieron
abiertos y bastante gente nos animaba desde portales y ventanas.
La manifestación discurrió sin incidentes hasta que fue bloqueada
por los antidisturbios belgas en los límites de la Eurozona, momento
en el cual se levantaron algunas barricadas en previsión de las cargas
policiales y los chorros de agua helada a presión de los camiones de
la Policía federal belga. La policía de paisano realizó
varias detenciones de militantes, principalmente alemanes, en ese momento,
siendo detenidas alrededor de una veintena de personas. Las cargas policiales
para dispersar la manifestación provocaron que se retrocediera hacia
el lugar del que había partido la misma. Durante este retroceso, salpicado
de enfrentamientos con los antidisturbios, fueron atacadas varias sucursales
bancarias y cámaras de vigilancia, además de un night club y
varios vehículos de lujo (la Policía daño algunos más
en sus cargas). En este "retroceso", policías infiltrados
entre los manifestantes realizaron más detenciones entre grupos que
se habían quedado separados del grueso de la manifestación.
Al final de la jornada hubo más de cincuenta detenidos y tres heridos
(un policía, un ciudadano que observaba la manifestación y un
manifestante).
La manifestación se unió, como estaba previsto, con la "street
party" que iba a recorrer un barrio popular cercano a la estación
du Midi, en ese momento quedábamos unas 7.000 personas. La "street
party" fue muy bien acogida por las habitantes del barrio (principalmente
inmigrantes españoles y magrebíes, que rechazaban la presencia
policial. El alcalde del barrio comentó a la televisión pública
que la presencia policial estaba totalmente fuera de lugar y que fue la causa
de los incidentes). De nuevo los antidisturbios acosaron a los manifestantes
situándose a ambos extremos de la "street party" y realizando
nuevas cargas y detenciones. Los "disturbios" prosiguieron hasta
bien entrada la noche.
Yo no creo en un Dios lejano que nos aconseja cómo ser obedientes
con los amos y que hay que conformarse con vivir en un mundo lleno de injusticias.
El premio ¡ya lo tendremos después de muertos!
No creo en un Dios que nos aconseja mal, diciéndonos que actuemos en
contra nuestra y a favor del sistema imperante, por injusto que éste
sea. No creo en un Dios paternalista que nos aconseja no oírnos a nosotros
mismos, sino a los mandamases. No, no puedo creer en un Dios tan lejano de
lo que somos realmente.
Yo creo en lo existente y, de entre ello, en mí mismo, que me siento
y estoy seguro de mi existencia; creo en un mundo cada vez más justo
y menos destructivo, creo que hemos de lograr un mundo real y positivo para
todo lo existente, odio la muerte y amo lo infinito. Si algo hemos de hacer,
lo haremos en el presente, no en la espera de un cielo fantasioso inventado
por personas con vocación para manipularnos, impidiendo que veamos
con claridad cuáles son nuestros derechos.
Para el papismo, Satán era malo porque quiso hacer las cosas por su
cuenta, no quiso obedecer al Supremo, era diabólicamente
orgulloso y, por ello, se condenó. Con esta condena, se condena todo
acto de rebeldía. No creo en un Supremo enemigo de los
que pedimos lo nuestro: mi Dios soy yo y todo lo que me rodea, ¡Dios
somos todos nosotros! No creamos en la muerte ni en el Más Allá,
sino en todo lo que tenemos realmente, en este mundo que nos rodea. No, no
creo en fantasmas que nos impidan ver la realidad.
Una vez, hablando con alguien, me dijo que yo era un hombre de fe y que mi
fe estaba en el género humano, y yo añadiría que tengo
fe en todo lo existente y en todos los que nos rodean, tengo fe en que algún
día lograremos un mundo realmente hecho para todos, no uno como el
de hoy, que está al servicio de unos pocos depredadores de todo lo
existente en el mundo, en el que ellos mismos son víctimas del odio
y la destrucción a la que se ven abocados para la conservación
de unos privilegios robados a los demás.
La cuna del naturalismo integrista
Vamos a empezar por la ecología. La mayor parte de los historiadores
de la ecología tienen una curiosa forma de despachar la personalidad
y función de Ernst Haeckel (1834-1919), fundador de la ecología
como disciplina científica. Se le suele presentar como un personaje
secundario o sin influencia. Sin embargo, no se limitó a forjar el
neologismo ecología. Definió detalladamente su dominio,
muy amplio, y lo hizo adoptar. El enfoque organicista y biológico del
mundo que desarrolla, y que da prioridad a lo vivo, se corresponde con el
biocentrismo contemporáneo y se opone al antropocentrismo. Haeckel
lo integra en el monismo, filosofía que postula la unidad de lo inerte
y lo vivo, y que no es otra que el equivalente al holismo contemporáneo.
Con esta base, Haeckel, celoso propagandista de Darwin, construye un auténtico
social-darwinismo que reclama el regreso a la naturalidad y un
orden social natural adaptado a las leyes eternas de la naturaleza.
Preconiza la eugenesia y la pena de muerte como instrumentos de selección.
Su obra El monismo (1897) está prologada por el racista y arianista
George Vacher de Lapouge (1854-1936), que sugiere en ella sustituir la divisa
libertad, igualdad, fraternidad por el eslogan determinismo,
desigualdad, selección. Desde sus orígenes, la ecología
y el ecologismo se han visto tocados por un sesgo reaccionario.
Sin duda se podría pensar que Haeckel no es representativo de la ecología
verdadera (y del ecologismo verdadero), que no tuvo influencia ideológica
o política, y que ha seguido siendo marginal. Pero no ha sido así
en absoluto.
En primer lugar, su vocablo ecología -y en consecuencia
todos sus derivados- se adoptó a principios del siglo XX en detrimento
de otros vocablos que habían propuesto otros sabios, como etología,
fisiografía o biogeografía, para designar
la misma cosa, pero con diferente significado.
Muy pronto la Liga Monista fundada por Haeckel desempeñaría
un papel considerable. Sus miembros, como Willibald Hentschel y Wilhelm Ostwald
(1853-1932), premio Nobel de Química, influirían sobre una generación
de ecólogos reputados que se perpetuarían generación
tras generación, como Alfred James Lotka (1880-1949), su colega Raymond
Pearl (1879-1940), Vladimir Vernadsky (1863-1945), que conceptualiza sobre
el término biosfera y propone el de noosfera, o incluso George Evelyn
Hutchinson (nacido en 1903). Hutchinson ha formado a otros ecólogos
conocidos como los hermanos Odum, Raymond Lindeman, Lawrence Slobodkin y Rachel
Carson. El conjunto constituye una verdadera cadena histórica e ideológica
de maestros a discípulos desde finales del siglo XIX hasta nuestros
días.
El planteamiento haeckeliano encuentra su prolongación en el vitalismo.
Esta filosofía de moda en la primera mitad del siglo XX da una prioridad
mística, si no social-darwiniana, a la vida, en distintos registros.
Ha sido desarrollada por Henri Bergson (1859-1941), Jan Christian Smuts (1870-1950),
cofundador del apartheid y creador del vocablo holismo, Wilhelm
Dilthey (1833-1911), su discípulo Oswald Spengler (1880-1936), profeta
de la decadencia cercano al nacionalsocialismo y Alfred North Whitehead (1861-1947).
Antimaterialista convencido, Whitehead ha influido sobre numerosos ecólogos-ecologistas
(Robin Attfield, Alfons Auer), a través del grupo ecológico
de la universidad de Chicago (William Morton Wheeler, Warder Allee, traductor
de Haeckel al inglés, Thomas Park, Alfred Emerson, Karl Schmidt, etc.).
Varios ecólogos influyentes, que adoptaron la ecología de Haeckel,
comparten las mismas implicaciones ideológicas social-darwinianas,
como Frederic Clements (1874-1945) y Victor Shelford (1877-1968), creadores
de la bio-ecología. En geografía, la ecología
de Haeckel se prolonga en la biogeografía de su alumno Friedrich Ratzel
(1844-1904), teórico del espacio vital (Lebensraum), que
será retomada por los geopolíticos nazis. Encuentra también
ecos en Vidal de La Blache (1845-1918), pilar ideológico de la conservadora
y colonialista III República Francesa, que hizo adoptar la expresión
geografía humana, más neutra, en detrimento de la
de geografía social propuesta por su contemporáneo
Elisée Reclus. El primer sabio que sostuvo una tesis de sociología
en Francia (al fin y al cabo, una tesis de sociología animal), es un
pensador organicista que se considera seguidor de Haeckel, Alfred Espinas
(1844-1922).
Como prolongación de Haeckel, y más allá, se dibuja toda
una corriente científica e ideológica continuadora de la ecología
que mantiene, a través de diferentes escuelas, sobre todo en Estados
Unidos y Alemania, un enfoque naturalista y biológico de los hechos
sociales. Tal es el caso de la célebre y problemática ecología
urbana de Chicago (Robert Ezra Park, William Burguess, Roderick MacKenzie,
etc.), ligada al ecólogo naturalista Amos Hawley.
Hay que destacar que en el seno de la ecología científica los
debates sobre terminología son muy virulentos, así como las
implicaciones ideológicas de ciertas concepciones. Uno de los puntales
del sistema y creador del concepto de ecosistema, el ecólogo Arthur
Tansely (1871-1955) pone especial cuidado en evitar la confusión entre
el sistemismo y el holismo, del que rechaza la pretensión sociobiológica,
globalista, integrista, social-darwiniana y totalitaria.
Es evidente que diversas corrientes ideológicas, diferentes al naturalismo
integrista, han dado forma a la ecología científica y al movimiento
ecologista. No obstante, la tendencia que domina, aún siendo multiforme,
da la primacía a la naturalidad sobre la humanidad, a la biología
sobre la sociología y al determinismo sobre la libertad. Esta es la
que, en mi opinión, forja las premisas de la ecología profunda
en los países anglosajones protestantes (Estados Unidos, Escandinavia,
Alemania, Australia), ampliada por una buena parte del movimiento ecologista
poderoso en esos mismos países (sobre todo en Alemania).
La derrota fascista y la hegemonía intelectual del marxismo tras la
Segunda Guerra Mundial sacaron a relucir la línea de fondo del naturalismo
integrista, mientras los Treinta Gloriosos orientaban las preocupaciones sociales,
culturales y geopolíticas hacia otros sentidos. El ecologismo va a
renacer al otro lado de la palestra política.
El fascismo verde
Vayamos ahora a un análisis breve del fascismo. Hay un aspecto que
no hemos de olvidar si queremos comprender plenamente la cuestión:
el fascismo proviene histórica e ideológicamente tanto de la
derecha, clásica o extremista, como de la izquierda e incluso de la
extrema izquierda (una facción de los sindicalistas italianos; los
maximalistas mussolinianos; la mayor parte de los sorelianos; los SA; por
tanto, gente como Déat, Doriot, Jouvenel, Quiesling, Mosley, algunos
inconformistas de los años 30, etc.).
Se comprenderá con facilidad por qué la derecha renovada de
la posguerra, avergonzada de la colaboración, así como la izquierda
domesticada por el estalinismo, es decir, un totalitarismo que no tiene nada
que envidiar al fascismo y que le ha ofrecido incluso su alianza con el pacto
germano-soviético de agosto de 1939, prefieren correr un púdico
velo sobre esta realidad histórica del fascismo. Además, el
fascismo aureolado por su radicalidad anticonformista, ha seducido a multitudes
y a elites (futuristas como Marinetti, intelectuales brillantes como Gentile,
Drieu la Rochelle, Berl, Heidegger, Watsuji, etc.).
No se trata de dar una lección, de distinguir entre buenos y malos,
sino de comprender cómo una parte no desdeñable de la extrema
izquierda, empezando por los líderes como Mussolini o Doriot, termina
en los brazos del extremismo de derecha, arrastrando con ellos a militantes
y a una importante fracción de la población. Sería demasiado
largo examinar aquí este proceso (podríamos referirnos a obras
estimulantes como las de Zeev Sternhell, Philippe Burrin, Robert Paxton, Ian
Kershaw, etc.), pero, lo que vamos a señalar a partir de ahora es algo
importante: una ideología puede tener sus derivaciones, no hay ninguna
razón para que lo que ha surgido en la Historia no pueda reproducirse
un día. Esto vale tanto para el fascismo como para cualquier otro movimiento,
bajo una forma (neo-fascismo, post-fascismo) u otra (nuevos totalitarismos,
integrismos, ecofascismo, etc.). El problema es saber si esta derivación
está ya presente en la base o no. De todas formas, podemos ver que
las cosas son complejas, multiformes y a veces contradictorias. ¿Cómo
reconocerlas?
Aquí interviene otro importante hecho de la historia política
e ideológica: la convergencia que se produjo, en la primera mitad del
siglo XX, entre una parte del ecologismo y el fascismo, especialmente en Alemania
en su versión nacionalsocialista.
No hay que olvidar que el nazismo extrae una buena parte de sus fuerzas y
de sus ideas del naturalismo integrista. En Alemania, el ultranacionalismo
y su derivación antisemita se han combinado con una mística
de la naturaleza. El célebre nacionalista Ernst Moritz Arndt (1769-1860)
es además un ferviente defensor de los bosques. Wilhelm Heinrich Riehl,
su discípulo, hace un llamamiento por los derechos de la naturaleza
salvaje (1853). El escritor Ludwig Klages (1872-1956), que denunció
la extinción de las especies, la deforestación, la liquidación
de pueblos aborígenes, la alienación creciente de los hombres
respecto a la naturaleza, el utilitarismo económico y el nefasto papel
del cristianismo, y todo ello en 1913, es un ultraconservador y un antisemita
venenoso.
Ludwig Klages inspiró el famoso movimiento juvenil de los Wandervögel
en los años 20-30, justamente definido como hippismo de derechas
y cuya mayor parte sigue el nazismo sin cortapisas sobre una base mística
de regreso a la naturaleza y al paganismo, a la imagen de los teóricos
naturalistas Fedor Fuchs, Hans Surén, o del bailarín de Monte
Verità Rudolf von Laban, que se convirtieron en figuras culturales
del nacionalsocialismo. Se añaden a éstos otros autores ya citados,
como Dilthey, Spengler, Heidegger y el propio Ernst Haeckel que, al final
de su vida, fundó la famosa sociedad de Thulé que, con Rudolf
Hess y Alfred Rosenberg especialmente, es el origen del partido nazi.
Una buena parte de los dirigentes y teóricos nazis, que frecuentemente
son vegetarianos convencidos y amantes de los animales (Hitler, Himmler, Hess)
cultiva un naturalismo integrista, que se puede considerar a posteriori como
ecofascismo histórico. Preconizan una mística de la naturaleza,
la defensa del terruño, de lo salvaje, la denuncia de las Luces, de
la razón, del materialismo y del progreso. Constituyen eso que el historiador
Peter Staudenmaier llama el ala verde del partido nazi. Además
de las celebridades ya citadas (Himmler, Hess), tenemos a Walter Schoenichen
(director de la Agencia del Reich para la protección de la naturaleza),
al arquitecto paisajista Willy Lange (discípulo de Haeckel), al agrario
Walther Darré (ministro de Agricultura), a Fritz Todt (ministro de
Equipamiento, paisajista de autopistas), al ecólogo Reinhold Tüxen,
a Alwin Seifert, Josef Perl, Ehrard Mäding, etc. Ellos fueron los que
elaboraron las diferentes legislaciones nazis para la protección de
la naturaleza o de los animales (1933, 1935, 1942, 1943).
Habría también mucho que decir sobre las contradicciones del
fascismo (que incluye además corrientes no ecologistas) o sobre las
otras tendencias del integrismo naturalista que desembocan en el ecofascismo
(el primer grupo alemán de teosofía, fundado por Ernst Haeckel,
fue acaparado por Rudolf Steiner (1861-1925), fundador de la antroposofía
que preconiza una agricultura biológica pero elabora también
una teoría sobre las razas elegidas; su discípulo, el S.A. Werner
Haverbeck, controla después de la guerra la poderosa Liga Mundial para
la Protección de la Vida en Alemania; pero necesitaríamos más
espacio (sobre el tema se pueden leer los trabajos de Peter Staudenmaier,
Peter Bierl, Janet Biehl, Daniel Gasman, Anna Bramwell, Raymond H. Dominick,
Robert A. Pois, Roland Roth, Gert Gröning, David Pepper, etc.).
Por ello resulta muy lógico que la extrema derecha actual se refiera
a la ecología (posición antinuclear del Frente Nacional y a
favor de las energías renovables, declaraciones de Mégret, Le
Pen, Alain Benoist, etc.), y que una parte del ecologismo alemán, frecuentemente
procedente de la extrema izquierda, desemboque en un verdadero ecofascismo,
como el antiguo disidente Rudolf Fahro, que reclama un Führer verde,
compaginado con el ecoconservadurismo de un Herbert Gruhl o con la tiranía
vigilante del filósofo Hans Jonas.
La socialdemocratización del ecologismo del sesenta y ocho
Sin duda, una gran parte del movimiento ecologista procedente de los años
70 surge de una corriente contestataria más cercana a la izquierda,
incluso a lo libertario. Pero, del mismo modo que el fascismo nació
en el seno de la extrema izquierda italiana para combinarse muy pronto con
las corrientes de la derecha, el ecologismo contemporáneo ha terminado
encontrando, más o menos (el grado y el impacto están sometidos
a discusión), el pedestal ideológico del naturalismo integrista,
a medida que la parafernalia libertaria se deshilacha y el movimiento profundo
de la sociedad le extirpa la protesta socialista (crisis del comunismo autoritario,
anestesia del mitterrandismo, renovación del liberalismo, cambios de
chaqueta, etc.).
El integrismo naturalista, que no ha desaparecido jamás y que aflora
sin cesar (Robert Hainard en Francia, por ejemplo, o incluso la ambigua herencia
del antiguo doriotista Bertrand de Jouvenel), se refuerza con la lógica
autoritaria de una urgencia que está dispuesta a adoptar cualquier
medio, incluso los más dictatoriales porque, como en el fascismo y
el estalinismo, es por una buena causa (salvar el planeta). A
partir de aquí, todas las convergencias y todas las recomendaciones
político-ideológicas son posibles, y lo serán en un futuro
próximo, incluso en el presente inmediato, aunque adopten otras formas
porque el contexto ha cambiado.
No obstante, bajo el pretexto de una demonización, no hay que ignorar
todos los aspectos complejos del fascismo y del nacionalsocialismo. Tampoco
debemos, cegados por la ingenuidad, el angelismo y el aura fatalmente positiva
que desprende la palabra ecología, olvidar todos los aspectos,
en ocasiones ambiguos y confusos del ecologismo, que no son en absoluto marginales.
Basta con ahondar un poco, a nuestro alrededor, para encontrar posiciones
cuando menos cuestionables.
Precisemos también que la denuncia del cristianismo como anti-ecológico
y la valoración del paganismo como ecológico está
desmentida por los hechos. El sintoísmo, arquetipo de una filosofía
biocéntrica de fusión con la naturaleza y aún en auge,
no ha impedido, sino todo lo contrario, que Japón, donde predomina,
se haya convertido en una potencia industrial con increíbles destrucciones
ecológicas.
No podemos ser optimistas con estas conclusiones. Señales de alerta,
una voluntad de comprender, el regreso del fascismo populista en Europa o
las derivaciones de las buenas intenciones ecológicas son los factores
que me han llevado a este análisis a veces introspectivo. Así
lo he reflejado en Limposture écologiste (1993), citado a veces,
criticado en ocasiones y raramente leído con seriedad. En ese libro
evoco no sólo el ecofascismo (muchos se han quedado sólo con
eso), sino también la socialdemocratización como posible evolución
del ecologismo mayoritario en Europa, segunda hipótesis que se confirma
en nuestros días.
Más vale un exceso de vigilancia que una ingenua o estúpida
ceguera que evolucione sobre el mismo registro que la de los estalinistas
o los compañeros de viaje de antaño. Siempre habrá quien
diga que no hay que desesperarse, que el balance es más positivo que
negativo, etc. En una época en la que el comunismo autoritario se ha
derrumbado ideológicamente, en que triunfa el liberalismo absoluto,
incluso entre los que se consideran de izquierdas, en la que las intervenciones
del Pentágono son aplaudidas por los antiguos ecologistas-pacifistas,
en la que el liberal-libertario se hará liberal a secas, si no lo es
ya, todo puede suceder...
Philippe Pelletier
(Le Monde libertaire) ![]()
El Opus Dei, los
peligros de una secta
Decía el Papa León XIII que la historia no puede ser una conspiración
contra la verdad y Pio X afirmaba La Iglesia no teme a la verdad porque
su misión es difundirla. Sin embargo, la religión católica,
como cualquier otra religión, no hacemos excepciones en este sentido,
está plagada de mentiras porque ellas son el único pilar en
el que basar su existencia.
La canonización de Escrivá de Balaguer no es en sí relevante,
el papa Wojtyla canoniza y beatifica casi con la misma facilidad con que se
desplaza de un lugar a otro en su avión privado, pero es una prueba
más de cómo se manipula a la gente de buena fe.
Para canonizar a alguien la iglesia dice que necesita un milagro y, como éstos
no existen, cuando las circunstancias lo requieren lo mejor es fabricarlo
a la medida.
Cuentan los miembros del Opus Dei que una monja, naturalmente prima hermana
de uno de los altos jerifaltes de la empresa que montó
Escrivá de Balaguer, tenía bultos en distintas partes
de su cuerpo y que éstos desaparecieron tras una oración dirigida
al fundador de la Obra.
Como al parecer no se practicó una biopsia de tales bultos, es difícil
decir cual era su etiología. Pero se puede afirmar, sin necesidad de
poseer ninguna licenciatura en medicina, que no es el primer caso en que surgen
tumores benignos producidos por el estrés, que desaparecen cuando la
persona afectada se encuentra en situación de mayor relajación.
Si las religiones son un cáncer que debilita la voluntad de los pueblos,
la secta católica es un lastre para un país como España,
que dice tener una constitución laica. Y, por si fuese poco, dentro
de ella ha surgido una subsecta, con todas las características de las
más destructivas, que se va adueñando del poder, de las fuentes
de la economía y de la credibilidad de las gentes sencillas.
Las sectas se caracterizan por el culto a un individuo y el Opus Dei rinde
culto a Escrivá de Balaguer. Las sectas, al igual que el Opus Dei,
están jerarquizadas y exigen a sus miembros obediencia ciega porque
el que manda no se equivoca nunca. Las sectas obligan a sus miembros
a desprenderse de una buena parte de sus ingresos a favor de su líder
y el Opus Dei ha podido construir gracias a ese dinero una ciudad-fortaleza
en Barbastro (Huesca) situada en un lugar privilegiado.
Por si existiesen pocas ideas de dios, pocas formas de manipular las mentes
y aligerar los bolsillos, lo cual es casi una misma cosa, la Iglesia de Roma
se une con la Iglesia de España y decide elevar por encima de los demás
seres humanos al fundador de una secta tan nefasta como el Opus Dei (aunque
todas lo son, debemos reconocer que ésta ha logrado ser la más
cáustica por su capacidad camaleónica de infiltrarse en la sociedad).
Debemos buscar un mundo sin dios ni amo, sin sectas, gurús, ni nada
que impida el libre ejercicio de la libertad individual. Si en nuestra infancia
nos hubiesen enseñado a pensar, nos hubiesen dado una educación
racional y razonada, todos los Escrivá de Balaguer del mundo no hubiesen
tenido nada que hacer. Si hubiesen inculcado en nuestras mentes y nuestros
corazones unos principios éticos y no el temor al castigo que se deriva
de la cultura judeocristiana, no necesitaríamos escribir artículos
como éste.
Por eso, la educación, la cultura, la idea de un mundo donde el ser
humano pueda elegir entre el bien y el mal es tan querida para el movimiento
libertario.
Hoy los católicos tienen un santo más a quien rezar, una mentira
más con que convencer y manipular.
Ética, intelecto
y vanguardias
Escuché por boca de Antonio Serrano (un viejo compañero anarquista,
exiliado de la revolución española): el anarquismo es
una posición ética ante la vida. Aunque muchas veces no
lo haya admitido, me costó un poco entender la magnitud de dicha exclamación
tan bella. Aunque limitada al describir completamente el anarquismo -y eso
lo entiende muy bien nuestro compañero Serrano- no deja de ser un punto
fundamental de nuestro apreciado movimiento; lo cual deseo analizar en este
pequeño escrito, por su importancia en la actualidad y la poca relevancia
que algunas personas le atribuyen. La cuestión sobre cómo debemos
valorar la vida o no, es un debate perdido, escaso muchas veces dentro del
mismo seno libertario, que se ha dejado influir por el romanticismo guerrillero
de los 60, en el caso de colocar toda nuestra lucha como un hecho violentistas;
o la vida contemplativa expuesta por los griegos, quienes concebían
el mundo como un castigo y el cuerpo la cárcel de su alma, por tanto,
el pensar y sólo asumir la vida como medio de contemplación,
le daba noción a un tipo de ética que los acercara a sus dioses,
que inducía a negar nuestras pasiones y que las religiones hoy en día
tratan de seguir expresando este sentido, ya sean occidentales u orientales.
Pero no es de esta ética de la que habla el anarquismo. La vida contemplativa
es insuficiente para dar una solución real a nuestros problemas, cosa
que los antiguos militantes supieron apreciar muy bien, y que se podría
incluso sintetizar en esa frase que dice: la emancipación del obrero
será obra de él mismo o no será, lo cual demuestra la
responsabilidad del militante ante la vida, de su concordancia con el saber
y el actuar, muy distinto a aquello planteado por Sartre: Primero pienso,
después existo. Muy parecido a lo planteado por Platón y algunos
otros griegos.
Por otro lado, he visto el gran impacto que ha dejado el guerrillerismo de
los 60 en muchos núcleos llamados libertarios. Para empezar, no creo
que la violencia sea algo de lo que el anarquismo se tenga que enorgullecer,
destacar o venerar, pues es de ella de quien se tiene que deshacer si desea
una vida en armonía. La violencia es un mal que hay que erradicar,
que se opone a la vida, y que muchas veces estamos sujetos a ella por circunstancias,
lo cual implica que si el anarquismo hace uso de ella, ésta siempre
tendrá algo de negativo a pesar de que en un momento dado deje algo
más positivo. Pero nuestro verdadero accionar está en la educación
y el sabotaje. El mundo de las guerrillas solo trajo una cultura violenta
y jerarquizada que los pueblos inmiscuidos en ella no pueden deslastrarse.
Miles de niños sufren la secuela de dicho movimiento, y esas imágenes
que hoy vemos y que deseamos hacer de ellas un símbolo de la libertad,
como lo es el niño centroamericano cargando un fusil y todo sucio y
flaco, no es más que la falta de mártires que vienen a llenar
un vacío dejado por nuestra propia inactividad. Aquellos niños,
los cuales luego de la guerrilla tuvieron que pasar a centros de rehabilitación,
no fueron los culpables sino las víctimas de una realidad dada por
Norteamérica y que muchas veces no alcanzaron a tener una solución
más lucida por el tipo de realidad. La figura del militarismo, es algo
que de siempre los ácratas de todas partes hemos atacado, aunque sea
sólo de forma teórica, y no es por tanto justo que ahora tratemos
de mistificar la guerrilla o la figura del Che como panacea de
libertad. Cuando hablo de guerrilla vería con ojos muy distinto a lo
que pasa actualmente con el E.Z.L.N., quienes no son parte de un movimiento
de guerrilla clásica, e incluso pondría en duda si son o no
una guerrilla, pero es algo que en este artículo por su temática
no abordaré.
Hoy queda demostrada la diferencia entre el humanismo que promueve el anarquismo
y aquel falso testimonio de gratitud que expresan los que desean humanizar
a lo inhumano, el capitalismo, que entre sus formas teóricas
buscan un apoderamiento del conocimiento. Cosa posible sólo
por medio de la ignorancia del otro. Ética por tanto, no sólo
se reduce a ver si hay concordancia entre lo dicho y lo hecho, a buscar el
juicio acusador entre los compañeros y el resto de la sociedad; nuestra
ética trata de revalorizar nuestra experiencia, de acercarnos a lo
que nos induzca a generar vida, promoverla y con esto no hablo de natalidad,
sino de lo humano, como algo mas allá de nacer para comer, crecer,
trabajar, casarse y morir.
La ética y la libertad se funden, casi imperceptible en sus diferencias,
pues, sólo un ser humano que viva libre, en igualdad y rodeado del
más profundo saber, sin que le sea negado como actualmente lo hace
el capitalismo, significará una sociedad del respeto, donde no existiría
el castigo, y dejaríamos de contemplar para pasar al gozo
pleno de nuestras facultades. Esto sería un principio de la ética
emancipadora, social. Antiético es el capitalismo, que a costa de unos
pocos, mata de hambre a una inmensa mayoría, que sabiendo científica
y experimentalmente, que lo narra miles de años y nuestros propios
instintos, nos niega el alimento, el agua, un ambiente sano para nuestras
plenas facultades mentales; nos expone a procesos con los mínimos componentes
necesarios para mantenernos como entes productores de sus bienes, pasivos
y con ficciones de libertad, con estrategias cooptativas, más sutiles,
en la que tu eres tu propio verdugo, pero no menos dañinas que el capitalismo
antiguo. La prueba la tenemos en su discurso muy en boga, como la falsa de
la flexibilidad laboral, para amarrarte al trabajo, o el de crear
necesidades impuestas, para argumentar que ahora el trabajador tiene
mucho que perder, pues ahora tiene televisión, casa y auto aunque
viva de esclavo toda su vida, a consecuencia de estos bienes. Que todo es
un arrendamiento, pero no del producto, sino de nuestras vidas.
El anarquismo ve en el humano un ser integro, de carne, de ideas, dotado de
un cerebro que puede percibir sus emociones, que no ve un espíritu
fuera de él, sino sus procesos químicos internos, que le permiten
obtener un mundo de pasiones dispuestas para su propia satisfacción.
que no es un castigo como la Iglesia lo ha querido hacer ver, sino por el
contrario, es un don provisto por la misma naturaleza.
Es allí donde no encontramos, por nuestra propia razón, una
creencia en dioses, Mesías, o intelectuales que nos quieran guiar,
sin siquiera querer empapar de la acción y asumirse a sí mismos
como humanos llenos de las grandes cualidades con que nos ha provisto la naturaleza.
No creo que los militantes anarquistas debieran de buscar la intelectualidad,
sino el intelecto, la acción en sí, la regulación equitativa
de nuestra persona, que equivale a decir ser humano, que no divorciar
pensamiento de realidad y menos de qué hacer. Ver el intelecto como
bien común, no como ente pasivo crítico, sino como una riqueza
más que es administrada individualmente, e intercambiable a cada momento,
donde cada uno de nosotros pueda nutrirse cuando así le plazca, lo
que le da un sentido social, en función de todos y por la emancipación
de cualquier yugo. Por tanto, ideas y acción son parte de la ética,
que busca un camino de perfección social, utilidad en la búsqueda
de nuevos caminos, y que incluso tomando un concepto de la biología,
me atrevería a decir, en búsqueda de una evolución de
nuestra propia especie, en función de la misma naturaleza. Nuestra
ética se encuentra hoy en asumir un todo en nosotros, no en una forma
de concebir la vida, sino en el actuar mismo dentro de ella. Ya que no basaríamos
nuestro conocimiento en lo que hasta ahora hemos conocido como malo o bueno
dado por los valores capitalistas, sino valorados desde el más profundo
empirismo y conocimiento adquirido a través de la historia, para llegar
a la concepción de la vida. Lo malo y lo bueno tendría otro
sentido muy distinto a lo que el capital nos han enseñado. Estaríamos
hablando entonces de una nueva moral, que no es algo de elevación espiritual,
sino de encuentro con nuestro sentidos más primarios para llegar a
cosas mucho más complejas como nuestra economía, nuestro sentido
de justicia y por tanto nuestra equidad. Con capacidad de ver a cada individuo
aportando una cuota de su fuerza laboral, y preocupados por todos a su vez,
pues en sociedad, necesitamos vivir. Pero dicha sociedad no tiene sentido
por el simple aglutinamiento de personas, sino que es la dirección
que toma, sus esfuerzos y trazos de caminos, es esto lo que la definiría,
y estamos ante la pregunta ¿Deseamos la vida o seguir atentando contra
ella, como hasta ahora hace el capitalismo con su explotación del medio
ambiente y de nuestra persona?
El empirismo no niega el saber, ni menos el intelecto, cada uno de los grandes
pensadores que se han dado en el transcurso de la historia han respondido
a realidades concretas, de análisis de lo que les rodea y por tanto
inmersos en su realidad. Incluso uno de los grandes sabios que ha tenido el
anarquismo, como lo ha sido Kropotkin, no dejó de ser un ejemplo en
vida de sus ideas, y mucho menos dejó de ser un trabajador para sólo
dedicarse a pensar. Pues fue de su lúcida experiencia de vida, lo que
le permitió exponer su critica y su propuesta. No lejos quedaron también
otras figuras del anarquismo, o aquel viejo y honrado militante español,
hoy tan idealizado por las grandes obras que intentó hacer y que le
fueron arrebatadas a partir del 36 por el fascismo de Franco, Hitler, Mussolini
y el autoritarismo, no muy lejano a las ideas de Stalin.
Las tácticas y principios del anarquismo quedan a juicio de la ética,
como el mismo Bakunin decía, a la libertad solo a través de
ella misma, por tanto la vanguardia dentro del anarquismo no tiene razón
de ser, pues el anarquismo no se asume como verdad única o proyecto
acabado, sin darse el lujo de seguir siendo complementada. Si fuese así,
sería una idea ciega, dogmática y que poco serviría para
afrontar los nuevos retos, que incluso la globalización nos coloca.
Por considerar al vanguardismo un acto donde se niega la participación
íntegra de cada individuo, la vanguardia es un acto anti ético
que permite la jerarquización, dado por el supuesto saber, donde se
subestima a la sociedad y un grupo considerado a sí mismo como iluminado
desea guiar al resto, como si se tratara de que ellos fuesen el cerebro y
el pueblo el cuerpo, y por tanto caemos en aquel viejo mito griego de que
la vida contemplativa está por encima de la vida terrenal,
culpable de cualquier aberración.
Pero la única forma de contrarrestar dicho mal es asumir que cada persona
es un ente racional capaz de alcanzar un alto grado de conocimiento, pero
este conocimiento no siempre está en los medios académicos,
o sólo en los libros, pero sí asume que cualquier ser humano
es apto para afrontar sus propias responsabilidades dentro de lo social para
no dejarse engatusar. Asumir la responsabilidad de aprender significaría
darse cuenta de la ignorancia bien preparada, que planeada mucho antes, incluso,
de que hayamos nacido, busca nuestra sumisión. Pero tal vez ahí
si esté nuestra función como anarquistas, como seres éticos
y no vanguardistas, la de los que creemos en la libertad; la de servir de
despertador, de agitadores, pero nunca de cerebro, pues una vez armada la
revuelta, somos uno más del pueblo y por tanto trataremos de dar nuestro
punto de vista y argumentar lo mejor posible, como también mantendremos
los oídos bien atentos para aprender a escuchar al resto de nuestros
iguales. Que la sociedad aprenda a decidir por ella misma su dirección,
que sin ánimo de caer en posiciones mecanicistas o cientificistas,
sólo nuestra propaganda y el estudio serio y ejemplo de nuestras actividades
es lo que podrá demostrar la veracidad de la libertad sin tener que
imponerla. Esa vieja reflexión del marxismo-leninismo de que la libertad
es una concepción pequeño-burguesa, debe desaparecer sepultada
por nuestra práctica, no a través de simples debates envueltos
en teorías, sino con ejemplos ante lo que es el verdadero jurado de
la vida: la sociedad. Con esto también me opongo a los que creen que
la sociedad tiene que pasar primero por grandes libros para entenderse a sí
misma y luego hacer la revolución, pues admito que mientras mejor esté
educado el pueblo mucho más fácil será el cambio, y mucho
menos violento a su vez. Pero es que acaso no podemos nosotros simplemente
facilitar algunos medios para que el pueblo consiga una educación interactiva,
¿qué aprenda de su experiencia, de su propia sensación?
¿No es acaso esto lo que buscaba Ferrer y Guardia en la escuela racionalista?
Que me disculpen aquellos que quieren hacer pasar a todos por la universidad,
pero es ahí donde menos conocimiento he hallado, pues el conocimiento
no se da por tener miles de datos en la cabeza, sino por comprender los hechos,
por interpretarlos, por vivirlos y, por tanto, por hacer una ética
que nos sirva para emanciparnos y convivir en forma justa, que podamos apoyarnos
unos a otros en nuestro entender.
Que el saber se convierta en un bien comunitario y no para elites.
El día 6 de abril de 1998, en la estación de Lista del Metro
madrileño, un chico de 19 años se encontró indispuesto
y cayó al suelo semiinconsciente. Padecía anorexia y su delgadez
hizo creer al Jefe de Seguridad y a los vigilantes jurados, que se trataba
de un drogadicto con anticuerpos de IVH. Ese fue motivo suficiente para que
le sacasen a la superficie y le abandonasen en la calle. Un transeúnte
llamó al SAMUR y lo llevaron al Hospital de la Princesa, pero ya había
entrado en coma por una bajada de glucosa y su organismo no respondió
a las técnicas de reanimación. Se había perdido un tiempo
precioso.
Aquel muchacho era hijo de la diputada Francisca Sauquillo y su madre ha movido
todos los hilos posibles hasta sentar en el banquillo al Jefe de Seguridad
y los vigilantes jurados que dejaron morir a su hijo. Los seis millones de
pesetas que pide el fiscal a los encausados, no pueden devolver la vida a
Javier T. Sauquillo, pero si pueden ser la demostración de que aún
hay hechos que no pueden quedar impunes.
Sin embargo, ¿qué hubiese ocurrido de tratarse de un emigrante,
del hijo de un obrero de la construcción o de un habitante de cualquier
barrio marginal? Los periódicos han querido dejar bien patente que
Javier no era drogodependiente ni tenía anticuerpos del sida, pero
eso no es realmente relevante, al menos para quien escribe esto. Los seres
humanos tenemos una historia y unas motivaciones para nuestros actos; tenemos
una libertad individual que podemos usar hasta para equivocarnos e incluso
destruirnos, pero merecemos el respeto de nuestros semejantes. Los vigilantes
del metro no pueden abandonar en la calle a una persona basándose en
un criterio digno de cualquier miembro de las SS hitlerianas.
Todas las vidas son valiosas, también las de los drogadictos, los pobres
y los marginados, se llamen Mustafá, Antonio Pérez o Javier
T. Sauquillo.
Cada vez damos menos importancia a la vida. Estamos acostumbrándonos
a contemplar en la pantalla de la TV o en las páginas de los periódicos,
demasiados cadáveres desconocidos ya han pasado a formar parte de nuestra
cotidianidad. Hoy comparten nuestro interés con la subida o bajada
de la bolsa, la prevaricación del juez de turno o la noticia de algún
político que se está enriqueciendo a costa de nuestros impuestos.
Pero la vida, por si alguien lo ha olvidado, es el bien más preciado
de los hombres y las mujeres. Cada vez que desaparece un ser humano, desaparece
un trocito de la Humanidad.
La muerte del hijo de Francisca Sauquillo ha llegado a los periódicos
porque se trata de una persona conocida; nos gustaría que todos los
casos similares tuviesen el mismo tratamiento, que los vigilantes de seguridad
vigilasen realmente la seguridad de quienes viajamos en el metro y no utilizasen
su tiempo en reprimirnos. ¿Quiénes son ellos para hacer juicios
de valor? ¿De dónde han sacado su capacidad para decidir qué
ser humano es merecedor de ayuda médica y quién debe ser abandonado
a su suerte porque su vida no vale una llamada telefónica?
Hace pocas fechas tuve la oportunidad de leer el libro Los anarquistas españoles
y el poder, de César Martínez Lorenzo, y las siguientes líneas
son para hacer una pertinente crítica sobre lo que allí se expone,
por considerar que las teorías anarquistas quedan degeneradas y muy
mal paradas.
Bien es cierto que el libro es un documento interesante, pues ofrece multitud
de datos a tener en cuenta, sobre todo desde el punto de vista del historiador.
Es una obra válida para contrastar con otros escritos de los mismos
temas y mirados desde otros puntos de vista. Pero aquí no pretendo
actuar a manera de historiador, sino hacer una crítica anarquista comportándome
como tal. Es normal que el texto mantenga una postura tibia y revisionista
respecto al anarquismo, pues el autor de la obra es hijo de Horacio Martínez
Prieto, figura reformista y revisionista donde las haya dentro de la historia
del anarquismo español. Durante todo el libro se hace una defensa enconada
del anarquismo realista frente a la sinrazón del puritanismo,
y a veces sectarismo, de los anarquistas que no tenían sentido de la
realidad. La valoración de todos estos hechos es que el autor no tiene
un conocimiento suficiente y eficiente del anarquismo, pues está valorándolo
desde el punto de vista equivocado. Y con esto no quiero decir que yo tenga
la verdad absoluta sobre lo que es el anarquismo, pues personalmente creo
que el anarquismo puede tener diversas explicaciones, pero hay puntos básicos
sobre los que el anarquismo reposa, y las ideas de Horacio M. Prieto y que
César Martínez Lorenzo defiende, lo viola.
El anarquismo no puede ser jamás partícipe, como se quiere defender,
de creación de estructuras políticas partidistas para tomar
el poder, porque sencillamente el anarquismo quiere destruir el poder. Claro,
pero los anarquistas formaron parte del gobierno nos puede decir mucha
gente, y eso es una contradicción. Es cierto, los anarquistas
formaron parte del gobierno y eso es efectivamente un contradicción,
y ya es hora de que hablemos de ese asunto. El haber entrado en el gobierno
de la República es un error histórico que aún hoy pagamos
los anarquistas. Pero echando un vistazo por encima a los que compusieron
aquel gobierno, por los anarquistas encontraremos cosas curiosas. Dos de los
que formaron el gabinete, Juan López (ministro de Comercio) y Juan
Peiró (ministro de Industria) era del sector revisionista y reformista
del movimiento libertario. Ambos habían firmado el Manifiesto de los
Treinta, y eran partícipes de que la C.N.T. se ajustara a las reformas
de la República. No es pues de extrañar que ellos aceptaran
de buen grado el formar parte del gobierno de la República. Juan García
Oliver (ministro de Justicia), a pesar de ser un orador vehemente y de grandilocuente
retórica, siempre fue muy estricto a la hora de la disciplina, pero
no abogando por la autodisciplina, sino más por una disciplina fuerte.
Sin ir más lejos, García Oliver podía ser un defensor
del anarquismo plataformista de Archinov (otro día hablaremos de este
movimiento). Sólo Federica Montseny (ministra de Sanidad), aceptó
aquel cargo contra su voluntad y, tras la II Guerra Mundial , en un congreso
anarquistas en el exilio se retractó públicamente de haber tomado
un cargo de tal índole. De este error muchos se aprovechan y los oportunistas
y miembros de la reacción nos critican por ello. Pero no todo se lo
vamos a criticar, y aunque no estemos de acuerdo, aquello sucedió y
los que tomaron los cargos sabrían por qué lo hicieron. Es más,
aunque no sea motivo de orgullo, los mayores avances en materia social en
el gobierno se produjeron cuando los anarquistas fueron ministros. Esta actitud
hay que entenderla aunque no la apoyemos.
Por otra parte, el libro también critica que los anarquistas formaron
parte de los consejos revolucionarios, a los que el autor considera también
elementos de gobierno. Es otra idea poco afortunada. Los consejos revolucionarios
no estaban con el Estado sino que estaban contra éste. Es cierto que
lo formaron diversas organizaciones, no solo anarquistas, pero aquellos en
aquel momento también se declaraban revolucionarios, aunque después
fueran quienes traicionaran la revolución. Los anarquistas no querían
volver a caer en el error bolchevique de eliminar a los que no defendían
sus ideas y creían en una revolución con todos los frentes en
lucha, pues también había una guerra. Pero el exceso de confianza
costó caro. Pero siguiendo con el hilo argumental, los consejos revolucionarios
no son gobiernos, sino instrumentos de ordenación de la clase trabajadora,
pues los obreros formaban parte de ellos (eran los protagonistas del proceso).
Igualmente había antecedentes de participación anarquista en
consejos revolucionarios. Ejemplos hay en Rusia, durante la revolución,
donde incluso el soviet de Bialystok fue de mayoría anarquista. El
empuje libertario en los soviets lo frenaron los bolcheviques con la politización
de los mismos, como nos muestra Lenin en un escrito nefasto titulado Socialismo
y Anarquismo. Otro ejemplo de participación anarquista en consejos
revolucionarios fue el levantamiento consejista de Baviera de 1919, donde
los anarquista Gustav Landauer (autor del gran libro llamado La Revolución)
y Erich Müsham participaron en ellos. ¿Vamos a poner ahora en
duda la ideología anarquista de Müsham o Landauer? Incluso Bakunin
formo parte de algún consejo revolucionario por no hablar del soviet
de Gulay-Pole donde Nestor Majno llego a ser su presidente. ¿También
vamos a poner en duda el anarquismo de Bakunin o Majno?
Todo esto entre una multitud de datos históricos que es imposible enumerar
en un artículo, es lo que nos muestra las ideas de César Martínez
Lorenzo. La guinda la pone cuando hace la defensa enconada del Partido Socialista
Libertario que Horacio M. Prieto propone. Sin embargo, y como sorpresa, encuentra
disolvente el Partido Sindicalista de Pestaña, el Partido Obrero del
Trabajo de García Oliver o el Partido Laborista. Desde una perspectiva
anarquista hay que decir que cualquier estructura política es negativa
para el anarquismo, pues va contra sus principios. El revisionismo y el reformismo
son a claras luces enemigos de la Revolución y cualquier partido, provenga
de donde provenga, siempre luchará contra los intereses del anarquismo
y del anarcosindicalismo.
En definitiva, texto muy interesante, que junto a otros libros de revisionistas
de nuestro movimiento, deberíamos leer, sobre todo como manuales para
saber lo que no hay que hacer.
(Una reflexión al artículo publicado en el nº 161 de
Tierra y libertad)
Bueno, ante todo decir que el libro del que hace referencia el artículo
publicado es un libro bastante interesante desde el punto de vista de que
la biografía de Lucio es una puerta hacia un mundo desconocido por
la mayor parte de la militancia anarquista, un mundo lleno de sombras y luces
en lucha hacia un sistema más justo donde el ser humano se pueda realizar
con total plenitud,en libertad.
Lo que cabría preguntarse es: ¿Dónde está Lucio?
Un personaje tan dispar,una persona que ha vivido esa vida entre la clandestinidad
y su trabajo de solador. Una persona que podría transmitir sus vivencias
a la militancia más joven para impregnarla de la esencia libertaria
de la que Lucio hace tanta gala a lo largo de su agitada existencia.
Yo, personalmente, descubrí a Lucio Uturbia cuando en una publicación
dominical le hacían una entrevista referente a la salida a la calle
de su biografía.Lucio estaba en París,me imagino, por la forma
y el contenido de la entrevista, haciendo buena vida alejado de los centros
obreros, y dedicandose en cuerpo y alma a admirar la torre Eiffel en céntricos
cafés parisinos a la espera de la revolución.
Después de un tiempo y habiendo leído su libro,un día
teniendo su biografía en la mano,una persona militante de la C.G.T.
se acerca y con el estilo inconfundible de los oportunistas de esta organización
que nada tiene de obrera, asegura: Yo conozco al compañero Lucio. A
mi de entrada me importa lo mismo que conozca a Lucio como si tiene este vende-obreros
el brazo incorrupto de Santa Teresa a pie de cama.Pero luego asegura: Vino
al último congreso de la C.G.T. a firmar con dedicatorias su biografía.
¡Vaya con el compañero Lucio!, ahora va a los congresos
de los burgueses liberados de la C.G.T. a entregar su vida plasmada en 301
páginas dedicándola a personas que se reúnen con la patronal
a remachar las cadenas de los trabajadores, cadenas que él antes se
dedicó a romper.
En definitiva,desde las movilizaciones antiglobalización estamos asistiendo
al surgimiento de personas y vivencias que aprovechándose del sentimiento
libertario salen ahora a la luz en un intento esnobista de acaparar el bello
ideal ácrata, aunque ésto no es nada nuevo porque siempre hemos
conocido a los anarquistas de salón. Lo que nunca antes se había
conocido son declaraciones como las del señor Zapatero autoafirmándose
en sus concepciones socialistas libertarias, por suerte el señor presidente
le dejó muy claro que él no era libertario ni por asomo, a lo
cual el señor Fraga añadió que todo lo que esté
fuera de la familia es la anarquía, y que lo mejor que había
hecho la U.R.S.S. había sido eliminar a los anarquistas. ¿Quién
sabe?, a lo mejor Fraga quiere mandar a la G.P.U. a la caza de Zapatero.
El problema de este personaje tan singular, es que, cualquiera que lea su
biografia puede recordarle a través de su vida, aspectos ya casi olvidados
de la resistencia antifranquista.
Lo único que quiero es ante todo que lo expuesto anteriormente lo lea
el compañero que escribió el articulo en el Tierra y libertad
nº 161 titulado: La historia de Lucio Uturbia, para que vea
los aspectos más recientes de este personaje y reflexione en lo dicho.
Yo no me callo. Pasan tantas cosas a mi alrededor que no me puedo callar.
Además, la lucha y la rebeldía es cada día, no solamente
el Primero de Mayo, en una manifestación o en cualquier otro evento
donde nos podamos mostrar.
Hay rebeldillos y revolucionarias de un concierto, de una charla o de su sofá.
Hay incoherencias tales, como las de los y las que se dedican sólo
a murmurar de quienes militamos, trabajamos y llevamos a cabo tareas anarquistas,
léase propagar la idea, difundir nuestra cultura por medio de diversas
tácticas, mantener posturas directas y claras, etc.
Evidentemente esas gentes no hacen n-a-d-a, aunque se atreven
a decir que no se puede decir quiénes son anarquistas o no. Debe ser
que solamente están para difundir el No seas anarquista.
Y... dentro del llamado movimiento libertario, abundan varias
y variopintas decenas de estas gentes. Supongo que, cuando vayas por aquí
leyendo estas cousas (cosas), si eres de esas personas, echarás espuma
por la boca y me maldecirás. No pasa nada ya que estoy acostumbrado
a todo tipo de quejas. Así como también hay quien salta de su
silla solamente al ver mi nombre firmando un artículo (ya sea con este
o con el obligado bautizado con que suelo firmar otros).
Es que las críticas de este deslenguado suelen molestar. Pero no solamente
a la gente sumisa al sistema, sino también a otras y otros que dicen
ser muy libertarios... ¡Dicen! Actitudes, formas, lenguaje, incoherencias,
machismo, vulgaridad burguesa, homofobia, empinar el codo en ciertos bares...
y un largo etc. campean en cualquier otro sitio. ¡Vaya, vaya!
Yo no militaba por el año 1977 o 1978 históricos,
pero supongo que, al igual que ahora, mucha gente estaba por estar: e-s-t-a-r.
Lo malo, en cualquiera de las organizaciones libertarias, es que esas personas
frenan el avance de los y las anarquistas, y esto no lo debemos consentir.
No nos fijemos sólo en la cantidad. Observemos la calidad y ganas.
Ese potencial de querer hacer cosas, proponer, actuar, formarnos, propagar
el ideal... no lo debemos apagar, sino atizarlo para que sea mayor. Adelante,
pues.
Añadir aquí que nunca entenderé a quienes, siendo simples
reformistas o sindicalistas o demócratas, están en nuestras
filas, cuando podrían ocupar (no okupar) un cargo en una ONG o en un
sindicato estatal o en una asociación social vecinal y... ¡Cobrar!
¡Ay el dinerillo! Ahora eurillo (ya hay quien piensa en euros).
Intentar ser lo más coherentes entre lo que decimos y hacemos y tener
claro un camino y objetivo es base fundamental.
Saber rechazar y saber rebelarse en su momento oportuno, contra este sistema
capitalista en el que vivimos, es básico y muy necesario.
Impregnarnos y bañarnos en nuestra cultura anarquista, léase
nuestros clásicos, la autogestión, la acción directa,
el ejemplo de la revolución española, el antimilitarismo, el
antiteologismo, el libre acuerdo, el internacionalismo... y un largo etc.
No hay que tener miedo de utilizar las palabras que abren la herida como bien
digo en una de mis poesías, y fomentar la autocrítica.
Hay muchos puntos sensibles para tocar. Mi lengua muscaria no se calla, pero
menos se para mi facultad de observador, que cada día ve o escucha
algo nuevo. ¡Vaya!
Falta mucha formación anarquista por una parte y, por otra, hay quien
cree que ya ha llegado al cénit y todo lo sabe.
También el significado responsabilidad está vacío y muy
flojo. No digamos organización, ya que aquí a veces, en según
qué sitios, grupos u organizaciones, sinónimo es
de caos y desorden.
Cuando Reclus, el sabio compañero, nos dice que la máxima expresión
del orden es la anarquía, aquí orden significa libre acuerdo,
sentir la idea y cada cual según su posibilidad. Nunca significa, ni
nada tiene que ver con el orden burgués impuesto, ni religioso,
ni histórico.
Estas consignas parecen fáciles, pero hay que conocerlas y luego si
te atraen, sentirlas y luchar por ellas.
Nunca se pueden ni podrán fingir. Quien no lo tenga claro o no lo quiera
tener claro sobra.
Para ir terminando este manifiesto cínico, ya que desnuda y enmascara,
ir recordando a quien lea, que aquí no nombro ni siglas ni nombres.
Tampoco quiero. Yo sé dónde estoy y pienso que es ahí
donde debo estar, aunque nada ni nadie me frenará nunca: ni ninguna
sigla, ni ninguna persona. No acato órdenes, ni rindo a nadie ni a
nada pleitesía. Es que, como me dicen a veces: ¡Qué radical!
¡Qué directo! ¡Qué irreverente! Pues contesto: ¡Qué
manera más honrada! ¡Qué valentía!
Añadir que, leyendo despacio esta opinión personal, se pueden
descubrir varias cosas y cosillas que están entre las costillas de
este artículo. A quien le guste, mis saludos y a quien no, dos soluciones:
que le eche miel o que se tire a un pozo de cabeza. ¡Otra vez esta voz!
El proyecto A-Infos está coordinado por un colectivo internacional
de activistas revolucionarios, anti-autoritarios, anti-capitalistas, involucrados
con la lucha de clases, que consideran su actividad como una total lucha social.
Es gente que se considera a sí misma como anarquista revolucionaria,
comunista libertaria, sindicalista y de otros tipos que mantienen opiniones
similares pero usan otros calificativos.
A-Infos está organizado por gente que siente el anarquismo como una
teoría social, y que una revolución es necesaria para darnos
un nuevo orden social falto de clases, y esta revolución solo puede
ser hecha por la gran mayoría de gente trabajadora.
El tipo específico de anarquismo del cual hablamos y promovemos es
el anarquismo de los compañeros de Haymarket y aquellos expulsados
por Karl Marx de la Primera Internacional por criticar su autoritarismo y
elitismo, vanguardista degradación de las masas de trabajadores.
Nosotros no apoyamos el tipo de anarquismo propuesto por algunos pseudo-modernistas
y pseudo-revolucionarios que consideran la actividad simbólica como
sustituto de la lucha de las masas (gente, pueblo) o el tipo de anarquismo
de humanistas, quienes toman otras tareas como iguales o más
importantes que la lucha revolucionaria para abolir el sistema capitalista.
El trabajo de A-Infos no está basado en el egoísmo y egocentrista
individualismo, primitivismo, libre capitalismo sin Estado o incluso
un Estado sin libre capitalismo, los cuales se oponen al orden capitalista
pero no ofrecen un nuevo orden social de libertad, igualdad y solidaridad.
No basta con que individuos y grupos usen la etiqueta anarquista para que
sus textos sean distribuidos por A-Infos.
En la lucha por una sociedad libre, nosotros distribuimos noticias y artículos
en varias leguas, cubriendo un amplio campo de áreas de lucha. Esto
incluye espacios de trabajo y centros de lucha como es la batalla contra el
racismo, sexismo y homofobia.
A-Infos también distribuye noticias sobre indígenas anti-colonialistas
luchando contra colonizadores, ocupación y marginalización,
como también anti-nacionalistas y anti-regionalistas separatistas,
ya que los trabajadores no tienen un país, el mundo es uno solo y no
quieren ejércitos.
A-Infos es una agencia de prensa especializada, al servicio del movimiento
revolucionario de activistas anti-capitalistas que están involucrados
en los varios tipos de lucha social contra las clases capitalistas y contra
éste sistema social.
A-Infos no es un servicio liberal abierto que distribuye cualquier
cosa por la que sintamos simpatía. A-infos no es Indymedia. Es la primera
herramienta de libre distribución para informar acerca de colectivos
anarquistas (y otros anti-autoritarios revolucionarios) que participan en
la lucha.
Los grupos y colaboradores de A-Infos no piensan que son los únicos
que deciden quién, en el campo de lo social-anarquista, es un anarquista
real o no. Como los recursos son limitados, nosotros tenemos el
derecho y la obligación (autónomamente) de elegir qué
distribuimos, lo que pensamos es lo mejor entre varias contribuciones y colaboraciones.
A-Infos tiene un papel en el movimiento anarquista mundial. Información
es fortaleza. A-Infos contribuye a crear un entendimiento del movimiento internacional.
A-Infos es una extensión, de las pocas herramientas organizativas internacionales
del movimiento, para mantener el papel de ser una herramienta al servicio
del movimiento y no un servicio de información gratuito para todos.
A-Infos es una agencia de noticias anarquista autónoma que no es el
megáfono de cualquier movimiento social. Incluso cuando los autoproclamados
anarquistas (si son reales) están implicados, no es una garantía
de que A-Infos distribuirá sus informaciones.
A-Infos distribuye las noticias y los análisis que los trabajadores
quieren compartir con la comunidad mundial de activistas anti-autoritarios,
sobre todo noticias enviadas por colectivos revolucionarios anti-autoritarios
e informes acerca de la acción directa de la lucha social.
Cualquiera que no esta satisfecho con el servicio que proveemos, es bienvenido
para usar otros servicios o construirlos por su cuenta. A-Infos es una herramienta
de organización, una herramienta de propaganda y de información
del movimiento, y no meramente noticias por, para y acerca de anarquistas.