
SECCIONES
Otra vez el Estado
miente,
otra vez el ejército asesina
A pesar de los esfuerzos del gobierno y el ejército españoles
por ocultar y retorcer la realidad, los hechos son tozudos y acaban saliendo
a la luz: la O.T.A.N. usó y abusó de las bombas de uranio empobrecido
en la guerra de Yugoslavia. Según la propia alianza militar, fueron
más de 31.000 (treinta y una mil) las bombas que, con este material,
lanzaron sobre Kosovo (no cuentan aquí las que arrojaron sobre el resto
de Yugoslavia), a las que hay que añadir las más de 10.000 (diez
mil) que dispararon sobre el territorio de Bosnia-Herzegovina en la guerra
civil que padeció está república a mediados de los años
90.
Suma y sigue: ahora también nos enteramos de que Estados Unidos y sus
aliados (entre ellos España) usaron bombas con uranio empobrecido en
la guerra contra Irak y ya hay 100.000 soldados estadounidenses y 8.000 británicos
enfermos por lo que denominan, eufemísticamente, Síndrome del
Golfo. Una décima parte de ellos ya no viven para contarlo.
Ahora se nos habla del Síndrome de los Balcanes, y se quiere ocultar
la verdad que ya sale a borbotones: ambos síndromes son las consecuencias
-diversos tipos de cáncer- que provoca en el ser humano el contacto
con material radiactivo (hay otros materiales, como el amianto, que se usan
en los ejércitos, que también son nocivos, así como el
abuso de vacunas que se les aplican a los soldados). Y esto es sólo
la punta del iceberg: dentro de unos años veremos muchas más
consecuencias de todo esto.
La olla a presión en la que han intentado ocultar la verdad de los
hechos está reventando y se empieza a saber que, además del
uranio empobrecido, los ejércitos de la O.T.A.N. han usado bombas con
Uranio 236 -más radiactivo que el empobrecido- y con plutonio -un millón
de veces más radiactivo que el uranio empobrecido-. Se acaba sabiendo
también que el ejército francés está usando bombas
con uranio en ejercicios de tiro en el propio territorio de Francia: ¿Quién
nos asegura que el ejército español no esté haciendo
o no vaya a hacer lo mismo en cualquiera de los campos de tiro que tiene aquí?
Además, el uranio para el ejército se saca de las centrales
nucleares que, supuestamente, son para sacar energía para uso civil.
En España la población empieza a preocuparse: "¿Cómo?
¿Que nuestros soldaditos están enfermando? ¿Que algunos
se mueren?" Pero se olvida del rastro de muerte que soldados españoles,
entre otros, han dejado en Iraq y Yugoslavia. En Iraq los casos de cáncer
se han multiplicado alarmantemente (niños que no conocieron la guerra
mueren cada día de esta enfermedad), y en Yugoslavia -especialmente
en Kosovo- el país está regado de chatarra (tanques, fábricas,
vehículos, casas... todo destruido) contaminada por la radiactividad,
que la gente de allí, empobrecida por la guerra, usa para la compraventa,
como juguete para los niños o para arreglar el tejado de su vivienda:
la siembra del cáncer nuclear ya está hecha. Nuestros "gloriosos"
ejércitos "liberan" países asesinando a sus habitantes
o dejándolos enfermos de por vida: ¡Espléndida tarea humanitaria!
Y, frente a la alarma de los soldados españoles que están o
han estado en Yugoslavia o Bosnia, el ejército y el gobierno a través
de sus "medios de información" intentan seguir engañando
al personal, y el único antídoto que ofrecen es seguir negando
la realidad y mentir al pueblo y a sus propios soldaditos.
Budismo: de la sumisión a la opresión
En esta sociedad, los individuos se sienten cada vez más solos y carentes
de referencias. Las desilusiones políticas contribuyen también
a que la gente no crea que un cambio social pueda resolver los problemas.
No se cree en la política, pero se acomoda uno haciéndose zen.
Según Fréderic Lenoir (sociólogo, autor de dos libros
sobre budismo), muchas personas cercanas al budismo afirman: "en el fondo
no creemos ya en la política, la política no va a cambiar el
mundo, se trata de cambiar uno mismo". Haciéndonos budistas, naturalmente.
Un taoísta parisino lo explica: "En el Extremo Oriente practicamos
la tolerancia, mientras que en Occidente se multiplican los integrismos. La
intolerancia es de origen occidental. Son vuestras religiones las que crean
los conflictos".
El budismo pretende defender unos valores: la tolerancia, la no violencia,
la compasión
Y en Occidente ha encontrado muchas simpatías.
Ello obedece a varias razones: llega de países lejanos que han fascinado
siempre a los occidentales. Una religión nueva, minoritaria y de moda
resulta cada vez más atractiva.
Eso explica el hecho de que el budismo esté en plena expansión
en Francia y Estados Unidos. Y que los medios de comunicación oculten
que está en retroceso en sus países de origen (Tailandia por
ejemplo).
El Dalai Lama es motivo de decenas de libros y las películas propagandísticas,
que rozan el ridículo, aumentan. Por no hablar de las revistas, incluidas
las de historia, que publican monográficos especiales, en los que no
hacen crítica alguna del budismo y sí del resto de las religiones.
En Francia, según las encuestas, cinco millones de personas se declaran
cercanas al budismo, pero el total de practicantes es sólo de 600.000.
Esto hace del budismo la cuarta religión.
El perfil tipo del budista francés es el siguiente: "tiene entre
35 y 50 años -no se hace uno budista a los 20- y un nivel de estudios
elevado". Hay entre ellos muchos artistas, profesores y médicos.
Es como decir que se trata de una religión de mundanos, de artistas
"en malestar" y de seguidores de la moda. En las noches in, queda
muy bien reconocerse un poco budista, un poco yoga en la forma y un poco zen
en lo moral. Pero se da también el hecho de que esta gente ha sacrificado
todo -vida social y sentimental- para "triunfar en la vida", es
decir, para lograr una buena situación social. Llegados los 25 o 30
años, han terminado los estudios y se han puesto ha trabajar. Han "triunfado"
¿y después? Se encuentran solos, sin proyectos ni ideales, sin
nada más que demostrar. No creen en la política ni se interesan
por ella, pero buscan valores humanos comunes a su estatus para llegar al
ideal. Los medios de comunicación les proponen algo a medida: el budismo.
Muchos empiezan por curiosidad, sin implicarse. Pero, a pesar de que los propios
budistas dicen que su religión, es decir, su "filosofía",
no implica obligaciones, que se trata de un arte de vivir, de un desarrollo
de las personas, existen en la práctica leyes arbitrarias y duras que
hay que seguir, como en toda religión.
Existe un clero autoritario y jerarquizado, cuyo superior es el lama. De hecho,
el término lama significa "el más alto, el que domina".
El adepto debe recibir la enseñanza de un gurú que se encargará
de suprimirle todo su espíritu crítico.
El Dalai Lama explica: "dado que el gurú es un buda, debe renunciar
a la idea de tener defectos". El Papa no lo hace peor al hablar de su
infalibilidad.
El lama puede realizar milagros, pues "toca la cabeza del discípulo
con las manos y una ligera sensación de sacudida eléctrica le
recorre desde el principio del cráneo hasta el final de la columna
vertebral". Una bonita forma de someter al pueblo tibetano, temeroso
e ignorante, a un poder arbirtrario.
Si no estamos a favor del invasor chino, tampoco podemos maravillarnos por
el Tibet de antes. Era un país que vivía en el terror de los
lamas y de su Dalai Lama. Este era un verdadero rey, que regía todo
el país y tenía el derecho sobre la vida o la muerte de sus
súbditos.
Los monjes constituían la casta privilegiada del sistema y eran mantenidos
por los campesinos. Representaban el veinte por ciento de la población
y recibían un tercio de las cosechas, sin trabajar en absoluto. Sólo
meditaban y se instruían, mientras que el pueblo se esforzaba por sobrevivir
a la miseria económica, social y cultural. Si alguien se rebelaba,
el Dalai Lama lo condenaba a muerte.
Esa es la realidad del budismo. No es un filosofía como algunos pretenden
afirmar, sino una religión autoritaria; un instrumento de dominación
del hombre sobre el hombre.
Como toda religión, el budismo niega al ser humano. Negar el placer
y la realidad del cuerpo permite a todas las religiones controlar a los individuos,
incluidos los deseos sexuales. Así, se dice: "hay placer en los
deseos del mundo, pero es mucho más agradable no tener deseos".
También podemos leer: "la abyecta ciudad del cuerpo, con sus agujeros
que excretan elementos, es llamada por los estúpidos objeto de placer".
De Buda al budismo
Algunos sostienen que el budismo no tiene Dios, que se trata de una religión
atea. Sin embargo, Buda y los lamas son divinidades. No olvidemos que el ateísmo
rechaza categóricamente toda idea de Dios o de divinidad. No nos dejemos
engañar por el vocabulario que presenta el budismo de una forma atractiva
para reclutar gente.
El budismo se funda en la enseñanza de Buda, procedente de un clan
real de la India. A pesar de esto, los budistas afirman que "Buda es
un hombre entre los hombres [
]. En ningún caso es hijo de Dios
o de una divinidad".
Sin embargo, es fruto de una concepción inmaculada: un elefante penetró
el flanco derecho de su madre y Buda nació diez meses después.
Así sale una divinidad. Además, Buda, consciente de la precariedad
de la condición humana, promulgará las "Cuatro nobles verdades",
pues no se equivoca nunca, lo que no ocurre con un humano a secas:
Uno: Todo es sufrimiento.
Dos: El sufrimiento está creado por el deseo.
Tres: Se le puede poner fin con el nirvana.
Cuatro: La vía que conduce al nirvana es la aceptación del mundo
tal como es, mediante la sumisión al destino y a la palabra divina
de Buda, que es "la palabra justa, la acción justa
"
El budismo se basa en la reencarnación; al morir sólo queda
el karma. Se trata de un potencial cargado positiva o negativamente según
la vida que se haya llevado. Nos reencarnamos a la espera del nirvana, es
decir, cuando hemos llevado un vida ejemplar dejamos de reencarnarnos y llegamos
al nirvana (una especie de paraíso). Total, no es una casualidad nacer
con sida, es que el karma está cargado negativamente por haber actuado
mal en la vida anterior. Lo mismo podemos decir si somos pobres o si nos prostituimos
desde los diez años.
El sexismo y los crímenes sexuales
Las mujeres son perversas, porque llevan consigo el placer, fuente de desgracia
del mismo modo que "un jarrón decorado lleno de basura puede agradar
a los idiotas. Del mismo modo que los ignorantes, los insensatos y los mundanos
desean a las mujeres [
] el cuerpo es un recipiente lleno de excrementos,
de orina y de vísceras, en el que la visión está oscurecida
[
] pues la atracción por el cuerpo de la mujer se debe al pensamiento
de que es puro. Pero no hay nada puro en el cuerpo de una mujer".
En Tailandia, donde la prostitución es importante y alcanza a personas
de todas las edades, una investigación ha demostrado que 700.000 bebés
minusválidos o con sida han sido abandonados en los hospitales (entre
1995 y 1997), y que durante ese mismo periodo ha habido cerca de 80.000 abortos
clandestinos (con los riesgos sanitarios que eso representa para las mujeres,
por no hablar de los riesgos penales).
Los monjes se oponen al aborto porque es un acto negativo en la teoría
del karma. Si en Tailandia el budismo condena el aborto y la anticoncepción,
habría que suponer la condena por parte de los monjes de los que viven
de la prostitución, la mafia, y de los que la mantienen, los clientes.
Por último, al igual que entre los católicos, no pueden ordenarse
las mujeres. En Japón, la homosexualidad se admite en ciertos monasterios.
Estamos algo lejos del voto de castidad que deben respetar los monjes.
La hipocresía no es exclusiva del catolicismo. La pedofilia se admite
también en los monasterios japoneses y en otros. Para los maestros
zen japoneses, se trata de una cuestión estética.
La corrupción, el deseo de riqueza y el poder
Para tener un buen karma, hay un medio muy sencillo si se tiene fortuna. Haced
donaciones y ofrendas a los monjes y os acercareis al nirvana
Así,
en Tailandia el poder dictatorial se apoya en el clero budista.
Los altos dirigentes budistas constituyen una gerontocracia comprada por el
poder mediante regalos muy generosos. Así, se ven "poco dispuestos
o incapaces a prescindir de las comodidades de las residencias que les proporcionan
los ricos y poderosos, transmitiendo las órdenes dictadas en general
por el gobierno".
La intolerancia y la violencia
En Sri Lanka, país budista en un setenta por ciento, algunos monjes
van a la guerra contra las religiones minoritarias del país (hindúes
y cristianos). Así, el monje budista Soma Théra declaró
que "Vishnú y Shiva no eran más que veneraciones supersticiosas
y ridículas".
Precisemos que en Sri Lanka hay una corriente separatista armada, los tigres
tamiles (hinduístas). Desde hace muchos años, el país
vive en guerra civil porque actualmente sólo se reconoce el budismo
como religión de Estado. Este aprovecha la circunstancia para aplastar
a las minorías religiosas. Así, a cada tentativa de mediación
entre el Estado y los tamiles, los representantes budistas se manifiestan
violentamente contra lo que llaman "compromiso con los terroristas".
Para ellos sólo hay una solución, el Estado debe "aplastar
a los terroristas tamiles". He aquí algo que debe hacernos reflexionar
ante los que afirman que el budismo es la religión de la tolerancia
y la no violencia.
En octubre de 2000, la situación ha empeorado. El Estado de Sri Lanka
pensaba en iniciar una reforma de la constitución. Actualmente la república
asegura "los derechos a todas las religiones presentes en nuestro suelo".
En el nuevo proyecto, asegura también "una protección adecuada".
Según los prelados budistas, esto supone suprimir el estatus de religión
de Estado al budismo. La nueva constitución precisa que "se garantiza
a cada persona la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión,
incluida la libertad de opinión y de adoptar la religión de
su elección [
], la libertad de expresión religiosa, sola
o asociada, pública o privada, sea cual sea el medio de culto, de observancia,
de práctica o de enseñaza". Algunos prelados ven en esto
un fomento de la conversión al cristianismo. Se han quejado de que
"el gobierno pretende la destrucción del budismo". Miles
de monjes han desfilado por las calles, muchos de ellos amenazando con dejar
de comer hasta morir.
El resultado ha sido que el Estado ha retrocedido. El texto va a ser modificado
y se presentará a los diputados una vez que lo hayan aprobado los jefes
religiosos budistas, "que podrán corregir los errores en cada
párrafo y cada renglón", según ha declarado el Primer
Ministro.
Así, el budismo, desde que ha accedido al poder, se ha convertido,
como todas las religiones, en una institución de intolerancia, de odio,
de violencia, de carácter autoritario y nacionalista. El budismo es,
como todas las religiones, un aliado de las clases dominantes y del Estado.
El budismo y el militarismo entusiasta
En el Japón, entre 1894 y 1945, el budismo constituyó un apoyo
incondicional de la política expansionista y nacionalista del Imperio.
Los líderes budistas no sólo eran cómplices mudos del
poder imperial, sino también ideólogos del nacionalismo que
animaban a legitimar la guerra en nombre del budismo. Así, en 1942,
el monje zen Hakuux escribía que "es necesario desbaratar la propaganda
y la estrategia de los judíos. Debemos mostrar la falsedad de sus ideas
perversas de libertad y de igualdad". No olvidemos que Japón fue
aliado de la Alemania nazi. Además, muchos monjes budistas tienen la
influencia del espíritu militar nazi, como es el caso de los textos
de Suzuki: "el zen es una religión de la voluntad, y la voluntad
es la que forja a los guerreros. El zen es una religión que se afirma
y es una fuerza destructiva. Los chinos son criados insumisos a los que Japón
debe castigar en nombre de la religión".
Los monjes han defendido hasta el final sus ideas, incluso durante su derrota.
Jamás se han opuesto a las masacres de civiles llevadas a cabo por
el ejército japonés, sino al contrario: "el budismo no
sólo aprueba las guerras que se ciñen a sus valores, las apoya
vigorosamente hasta el punto de ser un militarista entusiasta".
Combatamos las ideas que presentan el budismo como una filosofía de
vida sentimental. El budismo es un enemigo de la libertad de pensamiento y
de elección individual. El monje Soen decía que "la guerra
y el crimen son necesarios como medio de armonizar las cosas incompatibles".
No para los que pensamos que la igualdad económica y social, la libertad,
ofrecen un proyecto real en el que los individuos puedan realizarse.
Colombia se ha convertido en pocos meses en uno de los ejes de la política
exterior norteamericana. Dos elementos la hacen acreedora de tal protagonismo:
el problema del narcotráfico y la consideración de Colombia
como amenaza de la seguridad hemisférica, por un desbordamiento del
conflicto armado hacia los países vecinos. La soberanía títere
de este país ha quedado confirmada en el Congreso norteamericano, donde
se dictan ahora las leyes para Colombia.
El Plan se concretó ante el Capitolio de Washington a través
del proyecto de ley S-1.758, presentado por los parlamentarios republicanos
Coverdell, Dewine y Glaseley el pasado 20 de octubre, mediante el cual se
solicita una ayuda suplementaria para Colombia de 1.574 millones de dólares
en tres años, de los que más del ochenta por ciento estará
destinado, supuestamente, a diferentes aspectos relacionados con la lucha
antinarcóticos. Con ello, Colombia se convierte en el principal destinatario
de la ayuda yanqui después de Egipto e Israel, con lo cual se hace
evidente el compromiso cada vez mayor del Estado colombiano con los intereses
estratégicos imperiales en la región. El Congreso de Estados
Unidos aprobó 1.300 millones de dólares, los otros 274 restantes
se pretenden conseguir de un fondo especial destinado al Pentágono
para ayuda de tropas estadounidenses en el exterior.
La erradicación forzosa de cultivos ilegales a través de la
fumigación no es nueva en Colombia. Veinticinco años de aplicación
demuestran su fracaso no sólo en términos de reducción
de la oferta. La hectárea de hoja de coca sembrada aumentó entre
1992 y 1998 de 40.000 a más de 100.000, aumentando también el
conflicto armado y el daño al medio ambiente que la fumigación
ha causado. La fumigación mediante aspersión aerea tiene un
efecto masivo y por tanto los cultivos legales resultan igualmente afectados.
La actual política específicamente enunciada en el Plan Colombia,
con el propósito de erradicar los cultivos ilegales, tiene como principales
víctimas a los cultivadores de la hoja de coca y amapola, dejando intactos
a los grandes capitales que se lucran en el comercio de los precedentes y
en el tráfico de cocaína y heroína, la mayoría
de ellos ubicados en Estados Unidos, donde están las grandes lavanderías
de dólares del mundo.
El cinismo del presidente Andrés Pastrana queda ratificado una vez
más cuando decide solicitar ayuda a la Comunidad Europea, intentado
que sean estos países quienes asuman las consecuencias del componente
militar aportado por Estados Unidos. El gran empujón del Plan en ese
escenario se daría meses después por parte del presidente español
José María Aznar al comprometerse a convocar a los países
de la Union Europea, así como a Japón y Canadá, para
apoyar el Plan Colombia a través de una mesa de donantes que tuvo como
sede España en el mes de junio de 2000.
Del presupuesto proyectado para el Plan Colombia, 4.000.000 de dólares
deben ser aportados por los colombianos, quienes hastiados de esta guerra,
serán obligados a financiar una nueva escalada del conflicto.
Saldrán entonces del nuevo endeudamiento o de los procesos de privatización
o de los denominados bonos para la paz que suscribirán obligatoriamente
las empresas. Pero la mayor aportación de este dinero viene de los
impuestos que pagan los colombianos. De las finanzas corrientes del Estado
no saldrá dinero en razón a que los altos niveles de corrupción
de la administración pública han saqueado las arcas oficiales.
Los famosos dineros del Plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento
del Estado serán invertidos en un 84,9 por ciento para gastos militares,
con destino al Batallón Antinarcóticos, Policía Nacional,
compra de treinta helicópteros Black-Hawk y quince helicópteros
Huey, equipamiento de aparatos infrarrojos para un avión Schweiser,
instalación de radares en Leticia y Tres Esquinas, mejora de bases
militares en las fronteras con Perú y Ecuador, y tecnología
para la interceptación aerea terrestre y marítima. Apenas se
apuntan 145 millones para la sustitución de cultivos, 93 millones a
derechos humanos y justicia, y otros 30 millones para los desplazados de la
Amazonia.
El Plan Colombia es también la forma más aberrante de cumplir
los compromisos con el F.M.I.; de esta manera, el Estado colombiano por medio
de la guerra pretende aniquilar cualquier posibilidad de protesta social con
la excusa de la lucha contra el narcotráfico. Las medidas económicas
son, entre otras:
a) Recortes en el gasto público, ampliación de la base del I.V.A.,
impuesto sobre las operaciones financieras, reforma fiscal, nuevos tributos.
b) Congelación de salarios públicos, recortes sin precedentes
en la nómina estatal y en gastos diferentes a la inversión.
c) Reforma y privatizacion de las instituciones de seguridad social y de los
fondos de pensiones.
d) Privatización de empresas y banca estatales. Se pretende aumentar
su productividad y financiar el déficit fiscal.
El Plan Colombia no es más que otra estrategia de la carrera armamentista
del Estado colombiano para mantener su dictadura y, para ello, mantener la
guerra es el mejor instrumento. Sin la guerra, ¿cómo justificar
los altos niveles de impunidad, de corrupción, de autoritarismo, de
eliminación sistemática de la oposición política,
de nuevos impuestos, las masacres de su brazo paramilitar, de expropiación
de los territorios tradicionales de los pueblos indígenas y comunidades
afrocolombianas, la entrega de los recursos naturales, etc.? Sin la guerra,
el Estado colombiano hace muchos años que hubiese sido derrocado.
Asistimos en Colombia a una situación ambigua por parte de los diferentes
actores armados; de una parte su manifiesto deseo de "defender a la población
civil": los grupos insurgentes nos quieren "defender" de las
siniestras causas del capitalismo y su versión más reciente,
el neoliberalismo; los grupos paramilitares pretenden "defendernos"
del comunismo, el secuestro, el boleteo y la extorsión; las fuerzas
armadas afirman "defendernos" de la violencia irracional de los
anteriores, sin embargo, las cifras de muertes ocasionadas a la población
civil por parte de todos los actores armados, muestran una evidencia contundente:
los diferentes grupos enfrentados en el conflicto armado han sacrificado de
la manera mas siniestra aquello que afirman ("defender" a la poblacion
civil). Por otra parte, su cacareado deseo de buscar salidas políticas
al conflicto se contradice con su actividad, cada vez mas evidente, de consolidar
un arsenal militar que les permita mantener y, a ser posible, ganar la guerra.
El Instituto Nacional de Estudios Estratégicos, dependencia del Pentágono,
en un reciente informe sobre las finanzas de la guerrilla asevera que los
grupos rebeldes en Colombia han ganado la mitad de sus ingresos, calculados
en 150.000.000 de dólares anuales, a partir del negocio de la droga.
De ese dinero, se asegura que cerca de 20.000.000 de dólares al año
son invertidos en compra de armas. Las finanzas de los paramilitares son todavia
más secretas: se ha afirmado que parte de su patrimonio ha sido aportado
por gremios ganaderos, agroexportadores y algunos sectores militares. Sin
embargo, en un informe del 22 de febrero de 2000, la D.E.A. (policía
antidroga yanqui) acusa por primera vez a Carlos Castaño (principal
jefe paramilitar) de producir y exportar droga a los Estados Unidos, es decir,
las finanzas de estos grupos tendrían por esta vía una gigantesca
inyección de dinero. Lo que invierten en compra de armas e infraestructura
bélica no está calculado, pero las modernas y sofisticadas armas
utilizadas en las últimas masacres contra la población civil
no dejan lugar a dudas de que es un porcentaje elevado. Las formas de financiación
de la guerra por parte de grupos guerrilleros y paramilitares son fruto de
actividades ilegales, algunas de una crueldad extrema, como el secuestro,
la desaparición forzada, las masacres y los ataques indiscriminados
contra la población civil.
Nuestros supuestos "defensores" no han tenido ningun reparo en convertirnos
en objeto de sus ataques, por esta razón la población civil
colombiana nos declaramos en mayoría de edad, esto significa que no
necesitamos la tutela de ningún grupo armado que asuma la defensa de
nuestros legítimos intereses; en consecuencia, rechazamos cualquier
medio que se utilice para financiar esta guerra que no compartimos, no queremos,
nunca pedimos, y nos manifestamos en su contra porque atenta de manera directa
contra nuestra conciencia; por estas razones, decidimos no apoyar moral, espiritual,
física ni económicamente a ninguno de los participantes armados
que de manera ciega continúan empeñados en esta guerra.
Aparte de lo que oficiosamente se indica como gasto militar y de seguridad
en los presupuestos del Estado colombiano, un porcentaje adicional importante
está difuminado en otras partidas como educación, salud y trabajo
y seguridad social, mas complicadas de precisar. Además, falta por
analizar el verdadero monto del apoyo militar, técnico, humano y en
infraestructura de comunicaciones proporcionado por los Estados Unidos y países
europeos como Francia, Alemania y España, quienes incumplen los siete
criterios aprobados por el Consejo de Europa en 1991, bajo el nombre de Codigo
Europeo sobre el Comercio de Armamento, tras reconocer que este continente
había sido un importante proveedor de armas a Iraq durante la epoca
anterior al conflicto del Golfo. Estas normas subrayan que cualquier decisión
de exportar armamento deberá tener en cuenta la situación interna
y regional del país comprador, su situación de derechos humanos
y el efecto de la compra sobre la economía nacional. Una primera conclusión
es que si sumamos el presupuesto ordinario del gobierno destinado a la guerra
con los dineros del Plan Colombia, que comenzarán a llegar a finales
de abril de 2001, tendremos que el gobierno colombiano gastará en la
guerra dos de cada cinco dólares que recibe. Por ello proponemos a
los colombianos que realicen actos de objeción fiscal, es decir, que
se nieguen a pagar los impuestos o el porcentaje de los impuestos que van
destinados a la guerra.
¿Por qué rechazamos el Plan Colombia?
Porque este significativo incremento de la "asistencia" militar
norteamericana, indiscutiblemente, será el comienzo de una intervención
cada vez mayor y sin esperanza de conclusión. Seremos un simple teatro
de operaciones.
Porque, sin duda, lo que nos espera es un proliferación de la guerra.
No sólo enfrentamientos entre los diferentes actores o fuerzas militares.
También bombardeos de saturacion, arrasamiento de caseríos,
destrucción de infraestructuras, hostigamiento a la poblacion, violación
de todos los derechos humanos, desplazamientos masivos.
Porque esta guerra, centrada inicialmente en las zonas de los cultivos ilegales,
tiende a devastar la Amazonia, eje del equilibrio planetario y, progresivamente,
las selvas y páramos, cuna de nuestra biodiversidad.
Porque, aún aceptando que debe eliminarse el narcotráfico, no
podemos convenir en que, en esta guerra, el enemigo sean los campesinos y
jornaleros, dejando de lado los grupos del capital, nacionales y extranjeros,
que mueven el negocio. Los cultivos reaparecerán en este o en otros
países. El narcotráfico continuará mientras sea una empresa
rentable.
Porque sabemos que toda guerra de hoy es total. Que no se reducirá
a los campos sino que abarcará las ciudades. Que polarizará
a la sociedad entre los "buenos", aliados del Imperio, y los "narcosubversivos".
Que se convertirá en el mejor expediente para aniquilar la protesta
social, producto de la crisis que estamos viviendo, y para continuar asesinando
dirigentes sociales y defensores de los derechos humanos.
Porque, finalmente, el señuelo de una cooperación financiera
internacional destinada a lo social, no sólo es, en estas condiciones,
una trágica compensación, sino que ha terminado sustituyendo
el replanteamiento que estamos exigiendo de la funesta estrategia economica
neoliberal por una oferta asistencialista.
Queremos la eliminación de todas las causas de la exclusión,
de la pobreza, del racismo, de la guerra, del autoritarismo, de la muerte;
queremos una sociedad libre y autónoma.
Amigos de la A.I.T. (Colombia)![]()
Contra la democracia
de la droga
y la droga de la democracia
Los compañeros libertarios de Portugal han realizado una fuerte campaña abstencionista en las recientes elecciones presidenciales. Parece ser que la propaganda libertaria ha sentado mal a alguien, pues los compañeros han recibido amenazas de la policía, los traficantes de drogas, los trosquistas y una antigua libertaria atrapada ahora por las redes de la política (quien se pica, ajos come). En cambio, la clase obrera portuguesa ha reaccionado de otra manera: leyendo nuestras propuestas y debatiéndolas. De eso se trataba. En solidaridad hacia nuestros compañeros portugueses, reproducimos dos de los panfletos editados.
Lo que pensamos los libertarios sobre la política en general
Nuestra posición (y oposición) en relación con cualquier
tipo de elecciones radica, ante todo, en lo que pensamos de la lucha política.
La lucha política es para nosotros una lucha separada por el control
de los mecanismos del poder, en la que se especializan las clases dominantes
y, por consiguiente, explotadoras de todos los tiempos. Viendo nítidamente
cuáles eran sus intereses, la burguesía se agarró a ella
como a una tabla de salvación y, desde entonces, nunca dejó
de pulir y engrasar la máquina y el instrumento de su dominio, definiendo
lo que eran deberes, derechos y libertades fundamentales, el espíritu
de la ley, la separación de poderes, el hombre (abstracto y con mayúscula)
y el ciudadano, y aconsejando sobre la utilización de la papeleta de
voto, en la medida en que sea prudente, y alargando progresivamente el sufragio.
Sabía que de esta forma jamás perdería la partida, y
que siempre hay un medio de entenderse entre personas de bien. Mientras tanto,
decía por boca de Rousseau que "el pueblo soberano" nunca
podrá ejercer directamente su soberanía, teniendo que resignarse
al fenómeno representativo y a la delegación de poderes; por
su parte, Robespierre, otro enfant terrible de la mismísima burguesía,
proclamaba que "el pan no es una cuestión política".
Cayendo como bobos en la trampa que les tendían, por comodidad, por
oportunismo, por cobardía o simplemente por la incapacidad de entablar
una lucha definitiva y no parcial, los partidos socialistas y socialdemócratas
del siglo XIX zozobraron completamente en el electoralismo y el parlamentarismo.
Intentando desviar a la gente de la revolución social que nosotros
defendemos, olvidando que el capitalismo no se puede sustentar sin Estado,
del mismo modo de ahora el Estado también necesita del capitalismo
para imponerse, y perdiendo de vista completamente que el gobierno del hombre
por el hombre genera forzosamente explotación, de igual forma que el
ejercicio de ésta genera fatalmente el dominio (esos socialistas acreditados
y bendecidos se especializaron en la separación entre lucha política
y lucha económica, atribuyendo a la primera y a la actuación
de los partidos políticos una primacía total; en cuanto a la
lucha económica, quedaría reducida al trade-unionismo, al reformismo
sindical, a la reinvindicación gremial, al corporativismo y a la legislación
laboral) y sería entablada por los estados mayores, burócratas,
corporaciones amarillas y simples correas de transmisión de ciertos
partidos políticos. Podría decirse que, desde los tiempos de
relativo eclipse del anarquismo y del anarcosindicalismo, y como consecuencia
de la antedicha separación, esta sociedad subsiste sin oposición
digna de este nombre y los patronos y gobernantes hacen prácticamente
lo que quieren.
Con los llamados partidos comunistas pasó lo mismo. Como tenían
origen en escisiones de los varios partidos socialistas o socialdemócratas,
salieron de la misma matriz, sin abandonar en el cambio las taras originales,
todos los vicios de acción y de pensamiento de los que nunca se desembarazaron.
Sólo un detalle les separaba de los padres fundadores: tenían
más prisa que ellos, motivo de que al electoralismo tradicional añadieran
el golpismo politiquero. ¡Supremacía de la política! Después,
instalados en el poder y olvidando que éste conquistó siempre
a todos sus conquistadores, eliminaron la competencia, estatalizaron la propiedad,
volvieron a crear nuevos privilegios y se convirtieron en gobernantes y patrones
únicos. A todos ellos son aplicables las palabras de Bakunin: "Hay
un indicio infalible por el que los trabajadores pueden reconocer un falso
socialista, un socialista burgués: si, al hablarle de revolución
o, mejor dicho, de transformación social, él dice que la transformación
política debe preceder a la económica; si niega que ambas deben
ser simultáneas, o si niega que la revolución política
no es más que la aplicación directa e inmediata de la completa
y total transformación social, dadle la espalda, ya que estais frente
a un idiota o a un explotador hipócrita".
La lucha politiquera y, especialmente, la escaramuza electoral, no pasan de
ser pugnas de jefes, conducidas por los jefes y teniendo como principales
beneficiarios y destinatarios a los jefes. Al revés de lo que sucede
en las luchas sociales, organizadas o espontáneas, pero no teledirigidas,
en que eventuales minorías no dirigentes pretenden servir de detonante
las veces que sea necesario, para que el mayor número posible de personas
participe en el proceso revolucionario, ya que en estas cosas, cuanto más
se ensancha más se profundiza; en las luchas políticas ya se
encargan los jefes de que las masas no se muevan mucho y se limiten a introducir
el voto en la urna los días de elecciones. Para trazar tácticas
y estrategias, para entablar conversaciones y negociaciones, y para llegar
a acuerdos y compromisos mezquinos, en lo que respecta al reparto del pastel,
están los estados mayores y los líderes máximos. La base
electoral apenas sirve para pegar carteles, repartir panfletos, aplaudir en
los mítines y tener al día las cuotas, aunque los colosales
gastos de las carísimas campañas sean, la mayoría de
las veces, pagados por el propio Estado, por los capitalistas "amigos"
y por los sucesivos escándalos de las facturas falsas. En resumen,
cuando todavía dura la procesión a las urnas, el mensaje no
fue digerido ni el sinvergüenza del candidato elegido, el rebaño
de borregos es invitado a no participar demasiado ostensiblemente y a no pedir
cuentas a nadie. Es lo que se llama "democracia participativa".
Sección Portuguesa de la A.I.T.
A propósito de las elecciones presidenciales
Una vez más, los ciudadanos electores son llamados a votar. Esta vez
se trata de elegir el mejor payaso, es decir, el mero adorno de un Estado
autodenominado de derecho que, como todo el mundo sabe, la mafia de la droga
y el tráfico de armas tiene en el bolsillo. Además, el presidente
de una república bananera no manda nada. Un cerdo o un burro podría
ocupar este cargo político.
Trabajadores y jóvenes:
Los candidatos del Partido "Comunista" Portugués (P.C.P.)
y del Bloque de Izquierdas (B.E.) no son, en lo esencial, diferentes al resto.
En sus campañas electorales, estos partidos defienden, entre otras
cosas, la supresión del trabajo precario; pero apoyan e integran una
central sindical, la C.G.T.P., que, como la U.G.T., tiene empleados en situación
de contrato temporal (también los ayuntamientos controlados por el
P.C.P. recurren a los contratos temporales). En realidad, los políticos
son todos unos grandes embusteros.
Sólo por la vía de la auto-organización y de la acción
directa, sólo anulando los intermediarios y representantes de todo
género, nosotros, los explotados y reprimidos, podremos defender nuestros
intereses
y, consecuentemente, desbrozar el camino de nuestra completa
liberación del yugo estatal y capitalista.
Esperanto: una manera de ver el mundo
Henriette Walter es conocida por sus investigaciones sobre el origen, historia
y geografía de las lenguas; profesora de lingüística en
la universidad de Haute-Bretagne (Rennes, Francia), opina que "la lengua
es una manera de ver el mundo". Esta frase debería suscitar interrogantes
y una reflexión, ya que una lengua dominante impone una manera única
de ver el mundo, mientras que dos lenguas desaparecen cada mes y otras reivindican
el derecho de existir.
Lenguas dominantes, lenguas dominadas
La jerarquía de las lenguas que se está estableciendo limitará
el derecho de expresión para la mayor parte de la población
mundial. En la cima de esa jerarquía hay un grupo de países,
asociados a la red de espionaje "Echelon", para los que la enseñanza
de lenguas extranjeras no constituye preocupación. Su lengua se ha
hecho tan poderosa que pocos son los que se plantean cuestiones al respecto.
Todo está preparado para precipitar este callejón sin salida,
de manera que desemboque en una situación de hechos consumados, irreversibles.
Corremos el riesgo de que el precepto "nadie debe ignorar la ley"
sea completado por el de "nadie debe ignorar el inglés".
Tras un congreso de la Asociación Mundial Anacional (S.A.T.) en Toronto
en 1973, un sindicalista norteamericano me dijo que quien impone su lengua
impone la música con la que deben gesticular las marionetas.
Para quienes no lo hayan entendido todavía, esta "manera de ver
el mundo" fue explicada por David Rothkopf, director general de la consultora
Kissinger Associates: "Resulta de sumo interés económico
y político para Estados Unidos que, si el mundo adopta una lengua común,
sea el inglés; que si se orienta hacia normas comunes en materia de
telecomunicaciones, de seguridad y de calidad, estas sean americanas; que
si sus diferentes partes son conectadas por la televisión, la radio
y la música, los programas sean americanos; y que si se establecen
valores comunes, que sean los valores en los que los americanos se reconocen".
En mayo de 2000, Ignacio Ramonet escribía: "se domina mejor cuando
el dominado permanece inconsciente. Los colonizados y sus opresores saben
que la relación de dominación no se funda en la supremacía
de la fuerza únicamente. Pasado el tiempo de la conquista, llega la
hora del control de los espíritus. Por ello, a la larga, para todo
imperio que quiera ser duradero es fundamental domesticar las almas".
Los soviéticos, expertos en lavado de cerebro, no han alcanzado jamás
una eficacia similar en los medios de propaganda: lo que se esconde tras el
dibujo de Mickey está lejos de ser risueño, simpático
y, sobre todo, humano.
Los negocios y las estrategias yanquis que mueven los resortes del poder saben
muy bien que las fluctuaciones económicas, las fugas de cerebros, la
gestión y el control de los negocios del mundo (¡Echelon!) pasan
mejor, para su beneficio, por una lengua que les dispense de aprender otras:
la suya. Han comprendido que en ellos repercutirán las ventajas cuando,
en el mundo, el noventa y dos por ciento de la población no anglófona
aprenda una lengua que le resulte extranjera, apartándole de la investigación
y de la creación una parte importante de su tiempo, de su dinero, de
sus esfuerzos.
En 1997, Claude Allègre dijo que el inglés no debia ser considerado
como una lengua extranjera en Francia. Dos años después, la
Comisión de Asuntos Exteriores indicó que no había comprendido
el proceso que había contribuido a acelerar y reforzar: "Los motivos
de inquietud y de angustia no faltan cuando sobre el futuro y la difusión
de nuestra cultura, Claude Allègre y Pierre Moscovici definen a los
Estados Unidos como una extraordinaria máquina de invasión intelectual".
Se ha olvidado que la lengua del Gran Hermano y de la Organización
Mundial del Comercio es una bella lengua extranjera en la que no están
cómodos más que los nativos y una franja de privilegiados en
los demás países.
La cacofonía del Viejo Continente
El bonito principio de igualdad de las lenguas sobre el que el Mercado Común,
convertido en la Unión Europea, ha construido su sistema de comunicación
lingüística está a punto de romperse en mil pedazos. Va
a predominar la ley del más fuerte. Con seis lenguas oficiales apenas
había problemas. Con once para quince Estados miembros la cosa se hace
problemática e inquietante: incomodidad, pérdidas de tiempo,
gastos presupuestarios considerables en lo relativo a la cuestión lingüística
La admisión de nuevos países hará difícil de manejar
el sistema.
Incluso con una sola lengua, no es fácil entenderse para construir
cualquier cosa un poco compleja. Está cada vez más clara la
necesidad de limitar las lenguas a tres o cuatro, lo que llevará a
la mayoría de los Estados miembros a esforzarse, sin reciprocidad,
en el empleo de las lenguas de los "grandes". En esta jeraquía,
los que están arriba están dispensados de aprender la lengua
de los demás. En la parte inferior de la pirámide, el que pretenda
salvaguardar o fortalecer su lengua regional no dispondrá apenas de
tiempo ni de medios.
¿A quién beneficia esta situación? ¿Quién
tiene interés en mantener esta mistificación, estos tabúes,
para que la "babelización" no desaparezca jamás?
A esto es a lo que nos han conducido quienes han rechazado el esperanto sin
siquiera informarse el informe. Lo que nuestros estrategas no se imaginaron
lo ha captado enseguida François Cavanna: "¿No queréis
el esperanto? Tendréis el ingles. ¡Buen provecho!
La necesidad de una lengua universal
Jean-Claude Buhrer, periodista enviado especial en Seattle, observó
una "oposición interna" en el seno de la O.M.C.: "Oficialmente
se hablan tres lenguas y, para participar, es necesario tener una de ellas
como lengua materna que permita la comunicación fácil entre
unos y otros. En la práctica es diferente: el inglés es más
igual que los demás. En Ginebra, sede de la organización y ciudad
francófona, los retrasos de una semana, e incluso de un mes, son frecuentes
en las traducciones al francés de los documentos de trabajo y en los
comunicados de prensa. En ninguna otra organización internacional suiza
se ha impuesto tanto el inglés".
Incluso si los problemas de la O.M.C. pueden divertirnos más que afligirnos,
no es menos cierto que esta organización dispone de medios considerables
en lo relativo a acceso a una comunicación de calidad, sin barreras
lingüísticas, para oponerse a la globalización salvaje.
El propio presidente francés Jospin ha reconocido, en un viaje a Hong
Kong en 1998, la necesidad de una lengua universal, si bien ha lanzado invectivas
contra el esperanto a la vez que deploraba de manera fatalista y resignada
el lugar ocupado por la lengua inglesa.
La lengua sin amo
En el debate sobre las lenguas regionales, no hay duda de que una lengua "federal"
se hará cada vez más necesaria a medida que aumente su volumen.
En esto, el movimiento para el esperanto tiene una vocación conciliadora
que fue así definida en una declaración adoptada en 1905: "El
esperantismo es el esfuerzo por difundir en el mundo entero la utilización
de una lengua humana neutra que, sin inmiscuirse en los asuntos internos de
los pueblos y sin ninguna intención de eliminar las lenguas nacionales
existentes, dé a los habitantes de las diferentes naciones la posibilidad
de comprenderse; que pueda servir de lengua de conciliación en el seno
de las instituciones de los países donde haya diferentes nacionalidades
en conflicto lingüístico; y en la que podrían ser publicadas
las obras que tienen interés para todos los pueblos. Cualquier otra
idea o aspiración que algún esperantista identifique con el
esperantismo es asunto puramente personal, del que el esperantismo no se hace
responsable".
Por principio, el esperanto tiende antes que nada a unir para la construcción
de una sociedad humana que abarque a todo el planeta. "Nuestra verdadera
nacionalidad es el género humano" podría ser el lema. Esto
requiere una profunda reflexión tanto por los peligros que resultan
de una lengua dominante como por las reivindicaciones particularistas expuestas
con el riesgo de derivaciones nacionalistas. Una superpotencia tendría
muchas posibilidades de lanzar unas contra otras a las naciones pequeñas
que no quisieran entrar en su fraudulento juego, o a fomentar guerras internas
en el seno de cada una de ellas, como se hace para conseguir que unas tribus
luchen contra otras.
Los locutores del esperanto no utilizan para hablar "la voz de su amo".
Muchas organizaciones tienden al confusionismo y a la poca claridad de ideas
a la hora de construir sus aparatos políticos y sociales en la lucha
contra el sistema capitalista, si es que esos grupos luchan de manera fidedigna
contra ese sistema.
Si a los anarquistas nos presentaran una organización llamada Socialismo
Libertario, lo primero que nos llega a la mente es que esa organización
tiene una ideología ácrata y todas sus luchas tienen principios
basados en el anarquismo, pero jamás se nos pasaría por la cabeza
considerar que esa organización defiende postulados marxistas (por
no decir ya la variante de socialismo libertario que José Luis Rodríguez
Zapatero, líder del P.S.O.E., acaba de inventar; pero eso es otro tema).
Pues bien, existe en España (y en Argentina) un grupo llamado Socialismo
Libertario que intenta encauzar la lucha por el método marxista.
Aquí nos encontramos con una contradicción suprema, y con un
juego de palabras que tiende a confundir al pueblo. Los términos marxista
y libertario están peleados entre sí por el hecho obvio de que
el primero lucha por un poder instituido y por la consagración de un
nuevo Estado, y el segundo lucha por eliminar todo tipo de poder y echar abajo
el Estado para construir la anarquía. En este caso nos encontramos
ante un dilema:
A) Puede ocurrir que el grupo Socialismo Libertario no sepa la diferencia
y la frontera entre marxismo y anarquismo, y esa confusión tienda a
unir posturas antagónicas.
B) Pero es más probable que sea una maniobra demagógica para
captar adeptos cubriendo su organización con el buen nombre del anarquismo
y atraer gente al mundo marxista, tal y como hacen grupos como Izquierda Revolucionaria.
Nosotros, que sí militamos en organizaciones anarquistas y sí
luchamos por el socialismo libertario, hemos de dejar bien claras las cosas
que son de un asunto y las que son de otro. Sólo leyendo los escritos
de este grupo marxista se ve por donde van los asuntos. Ellos defienden tesis
revolucionarias de personajes como Lenin o Trotsky. Ahora cabría preguntar
a este grupo: ¿Quién eliminó a los socialistas libertarios
en Rusia? Un buen libro de historia apunta con el dedo a Lenin y Trotsky.
Ellos critican el terrorismo pero los Estados marxistas también se
han dotado de aparatos terroristas y de represión. Esto desde un punto
de vista libertario es dictatorial.
A estos grupos confusionistas cabría instarles a que no engañen
a la gente. Si quieren luchar por sus ideales marxistas que lo hagan con títulos
que les son propios, pero que no utilicen terminología que no les corresponde,
porque los marxistas no son libertarios (por mucho que Daniel Guerin intentara
conjugar marxismo y anarquismo en su obra Por un marxismo libertario). No
vale decir que es luchar por el socialismo en libertad, porque libertario
es anarquista, y los que reivindican la verdadera libertad para el individuo
son los anarquistas y no los marxistas que vuelven a construir un Estado con
los mismos mecanismos represivos que hoy mantienen los Estados capitalistas.
Incluso me atrevería a decir, pero esto es un debate más amplio,
que el marxismo tiene poco de socialista al construir verdaderos capitalismos
de Estado. Distinto perro pero con el mismo collar y eso no tiene nada de
libertario.
Seguiremos luchando por el verdadero sentido del socialismo libertario y por
la emancipación de los trabajadores.
-¡Pobres niños!- exclama la señora que contempla un
grupo de pequeños/as saharauis en la pantalla de su televisor -No hay
derecho a que vivan en esas condiciones. Y, mientras habla, trata de clavar
el tenedor en un suculento muslo de pollo, sustituto del filete de ternera
por aquello de las "vacas locas".
Después coge su bolso y sale deprisa para no llegar tarde a la concentración.
Tiene que impedir que cuatro niños magrebíes reciban enseñanza
en el colegio de sus hijos y retrasen el avance del resto del alumnado. Y
es que, donde tienen que estar los "moritos" es en su tierra, para
que les fotografíen los periodistas y nos los sirvan a los postres
en lastimeros reportajes.
No es que esta señora tenga nada contra los marroquíes; en una
ocasión pasó varias horas a pleno sol para ver de lejos a Hassan
II que venía a España en viaje oficial, pero ahora se trata
de pobres y, por tanto, molestos. Además, el año pasado, ella
y el resto de los miembros de la A.M.P.A., también impidieron que dos
niñas gitanas acudiesen a las aulas: y aquellas habían nacido
en Badajoz ¡Estaría bueno! semejante gentuza mal vestida sentándose
en las clases junto a sus retoños tan bien equipados con zapatillas
Adidas y pantalones de marca.
Vivimos en una sociedad que entrega dinero a los damnificados por el terremoto
de El Salvador, y cierra sus puertas a los salvadoreños que llegan
en busca de trabajo. Una sociedad que dice "los drogodependientes son
enfermos que necesitan ayuda", pero que grita tras una pancarta cuando
se inaugura una narcosala junto a su domicilio. Una sociedad que se ofende
si la llaman racista, pero que mira con desconfianza a quien tiene la piel
de otro color porque "a saber si será o no delincuente".
En suma, una sociedad incoherente, hipócrita y estúpida.
Ahora, la Ley Penal del Menor está despertando la indignación
de muchas familias "decentes". En cumplimiento de la actual normativa,
la Comunidad de Madrid ha decidido trasladar a nueve adolescentes excarcelados
a un centro recién inaugurado junto al Instituto de Enseñanza
Secundaria San Fernando, en los aledaños de la ciudad.
Los padres, madres y educadores/as del mencionado instituto no han organizado
precisamente una fiesta de recepción. Tras un encierro de tres días,
y toda clase de movilizaciones, han decidido concentrase los viernes frente
al reformatorio hasta conseguir el traslado de los jóvenes que allí
se encuentran.
Si alguien les llamase insolidarios/as, seguro que se asombrarían.
¿Insolidarios/as - dirían - cuando somos los/as primeros/as
en salir a la calle con las manos teñidas de blanco cada vez que la
E.T.A. mata a un político del P.P.? ¿Insolidario/as cuando nos
manifestamos para protestar contra los malos tratos a la infancia o a las
mujeres? ¿Insolidarios/as cuando todas las navidades organizamos una
recogida de juguetes para los niños de los hospitales? Eso sí,
sin acercarnos mucho a los que tienen VIH por si acaso.
Hay que reinsertar a los jóvenes, hay que ser humanitarios/as, pero,
y aquí surge el eterno y egoísta pero, que se haga lejos, que
sean otros quienes se encarguen de lavar la ropa sucia y nos la entreguen
limpia y bien planchada.
Lo más triste de todo, es esa carta publicada en la prensa y que ha
sido supuestamente escrita por los alumnos del Instituto San Fernando.
"Señor Gallardón -dice- ponga el centro frente al colegio
de sus hijos".
Hemos creado una sociedad alienante, carente de valores, incapaz de dar respuesta
a las inquietudes de los/as adolescentes. Les decimos que deben interesarse
por la cultura, pero les envenenamos con una televisión capaz de endiosar
a una hortera de pelo lacado, cuyo único mérito es un supuesto
romance con un zahorí. Les hablamos de tolerancia, pero les demostramos
que la violencia, no el raciocinio, es lo que prevalece en las relaciones
humanas; que el fin justifica los medios y nada importa sacrificar nuestros
principios éticos si a cambio logramos cierto bienestar económico.
Después, cuando llegan a ser lo que hemos hecho de ellos/as, nos lamentamos
y procuramos ponerles a buen recaudo para que no nos molesten.
El Estado mueve nuestras conciencias como si de marionetas de trapo se tratase.
Nuestro concepto del bien y el mal varía según sus intereses.
Conviene que nos conmovamos ante ciertos hechos y los remarca, manipula y
embadurna en mermelada para entregárnoslos envueltos en papel de prensa.
De este modo "nos ×permite" considerarnos mejores y "nos
da la oportunidad" de mirar con cierto orgullo a nuestros/as vecinos/as.
Pero ¿podremos mirar de igual modo a los niños magrebíes
que no permitimos estudiar en nuestros colegios, a los emigrantes que marginamos,
a los toxicómanos que dejamos morir en las calles, a los presos que
pueblan las cárceles levantadas con nuestros impuestos? ¿Qué
les diremos ante esta hipócrita actitud que convierte la justicia en
caridad jesuítica?
Un niño acribillado por las balas del ejército israelí
que muere entre los brazos de su desesperado padre; tres soldados del mismo
ejército capturados por las milicias palestinas y linchados salvajemente
por una masa enfurecida.
Aunque utilizados propagandísticamente hasta la saciedad por una y
otra parte, estos son los hechos desde los que se debe partir. Son el signo
y la representación concreta de una trágica y absurda realidad.
Como si cada día los pueblos palestino e israelí debieran conquistar
el derecho a vivir, a demostrar que también existe para ellos y que
nadie puede negarlo o limitarlo. El derecho a una vida normal, difícil
y serena, ardua y contradictoria
En cambio, como se comprueba desde tiempos inmemoriales incluso en diferentes
momentos históricos, los habitantes de esta desgraciada e irrepetible
región vuelven a enfrentarse con las visicitudes de una situación
precaria y dramática creada por los criminales efectos del integrismo
religioso, del nacionalismo exasperado, del prejuicio racial. Dos pueblos
que continúan definiéndose como "razas" (pero en los
que el ADN denota consanguinidad en primer grado) siguen obstinadamente divididos,
provocándose recíprocamente luchas y miserias con la feroz convicción
de que la supervivencia de los unos sólo puede ser garantizada por
la limitación del derecho a la existencia de los otros. Del derecho
a la existencia y de algún otro derecho.
Una supuesta diversidad
Esta pretendida "diversidad", que nace principalmente de una construcción
ideológica obsoleta y absurda como es la religión (aquí
entendida en su naturaleza institucional y normativa, y no como exigencia
espiritual) encuentra otra razón de ser en los efectos de intereses
económicos y estratégicos respecto a los que los dos pueblos
en lucha no son más que simples peones: conscientes y responsables
si se quiere, pero simples peones. Porque otros son los alfiles y las reinas,
son los países y los bloques quienes juegan sobre la piel ajena una
sucia guerra para definir su equilibrio en un área geográfica
que supone un enclave geoestratégico importantísimo. A nadie
debe sorprender que, a la hora de avivar el fuego del integrismo y de la intolerancia,
no se queden solos los sanguinarios e irresponsables fanáticos de ambas
orillas sino también, y sobre todo, los garantes de intereses espúreos
a millares de kilómetros de distancia de las tierras en las que día
a día unos desdichados matan y mueren.
Utilizando un prejuicio racial cultivado por doquier durante dos mil años
de antisemitismo o el injusto desprecio hacia el vecino más pobre y
atrasado (sentimientos generados por la insensibilidad de la ignorancia),
favoreciendo el violento protagonismo del fanático integrista de fe
musulmana o hebrea (uno que se establece en un territorio sólo para
apoderarse de él, en vez de convivir con quien ya estaba allí;
otro que manda cínicamente a niños de doce años a morir
como moscas en nombre de una guerra santa, horrible concepto que consigue
aunar dos de las mayores infamias de la humanidad: la guerra y la fe ciega),
aprovechándose de la necesidad de los grupos locales de poder de garantizarse
con la guerra una unión y un consenso difícilmente alcanzables
por otras vías, se mantiene un estado de tensión que sirve sólo
a los verdaderos enemigos de estos pueblos, a quien quiere que en Oriente
Medio se mantengan las condiciones para la injerencia de potencias ajenas
y portadoras de intereses que no tienen nada que ver con los de árabes
y judíos.
Un proceso histórico inevitable
Los esfuerzos de quienes se oponen al uso de la fuerza e intentan crear un
clima de convivencia y tolerancia más necesario cuanto más dificil
sea de conseguir, son constantemente vaciados de contenido por la repetición
de provocaciones recíprocas, tanto más mezquinas cuanto más
fértil es el terreno en el que crecen. La misma visita de Sharon a
la explanada de las mezquitas de Jerusalén (es decir, la causa "oficialmente"
desencadenante de esta nueva intifada) no debe ser interpretada desde la óptica
simplista que ve al israelí como provocador y al palestino como sufridor,
sino más bien como un acto coordinado y estudiado por las facciones
extremas de ambos bandos, decididas a bloquear los esfuerzos de pacificación
en el territorio.
Si es verdad, como así sucede, que el proceso histórico inevitable
es el que deberá llevar por amor o por fuerza a un acuerdo sobre el
consensuado reparto de estas tierras, queda claro que esta solución
será la losa sepulcral para los políticos de ambas partes que
se juegan su influencia y su credibilidad en la intransigencia hacia cualquier
concesión al "enemigo", y que encuentran su propia legitimidad
en tutelar a sus respectivos pueblos. Lo mismo vale para los centros de poder
ya citados, cuyo interés se desvela absolutamente contrario al de quien
no tiene nada que ganar en una situación de constante tensión
y conflicto.
Hoy más que nunca es indispensable comprender lo erróneo de
obstinarse en tomar partido por uno o por otro, haciendo oídos sordos
a las perspectivas de pacificación, y atendiendo sólo a las
razones de la guerra. Si, en una situación dramática y difícil
como la de presenciar tranquilamente la degollación de palestinos e
israelíes, se rechazan las razones de la paz para propugnar una lógica
partidista, no se contribuye más que, en último extremo, a apoyar
un gobierno, un Estado, un poder, sean éstos en potencia o ya existentes,
perfectos o imperfectos, legítimos o ilegítimos. Y darse cuenta
de los errores cometidos no puede ser la coartada de nuevos errores a añadir
a los antiguos, sino la ocasión para denunciar la estúpida crueldad
de la guerra. Hoy, alinearse con los unos o con los otros es someterse a un
poder; declarar oposición a la guerra nos sitúa a veces del
lado de los pueblos y de sus necesidades: de las vitales y de las inventadas
por la propaganda, la demagogia y el odio racial. Para quien ama la libertad
y la vida, la libertad y la vida de todos, es imprescindible estar siempre
de parte de los pueblos para no volver junto a los amos del mundo, los potentados,
los militares, los sacerdotes. Sea cual sea su fe o su uniforme.
Identidad nacional, guerra y racismo
Con la fuerza de este conocimiento, no se puede confundir más la defensa
de los valores humanos, sociales y culturales de un pueblo objeto de los ataques
de un imperialismo cultural uniformador y hegemónico, con la utilización
de conceptos de nacionalidad y nacionalismo: expresiones de lo más
ambiguo que se prestan a interpretaciones reaccionarias y racistas. El funesto
mito de la raza, que lleva tras de sí el de la superioridad de la propia
raza, pasa por la adquisición del concepto de identidad nacional, entendida
no en su sentido cultural sino en su valor exclusivista, supremo e inalienable.
Un valor totalitario que anula las diferencias sociales y de clase, en nombre
de tal identidad superior, con el fin de hacer coincidir los intereses de
los explotados con los de sus explotadores.
Pero no puede existir una coincidencia de intereses sólo porque se
hable la misma lengua y se vista de igual manera, se tenga la misma religión
de Estado y un mismo alfabeto: esta es la fábula que nos han contado
siempre para justificar todas las guerras que han corrompido la historia de
la humanidad. Si pensamos en la situación irlandesa, creada por dos
cristianismos contrapuestos, en la de los yugoslavos (eslavos del sur) ferozmente
divididos por tres religiones, en las consecuencias dramáticas del
enfrentamiento entre budismo, islamismo e hinduísmo en el subcontinente
indio, en los miles de focos de crisis por motivos religiosos en lo que queda
del imperio soviético
¿Cómo no pensar en lo peligroso
que resulta unir a las justas reinvindicaciones de autonomía los conceptos
de nacionalismo y supremacía religiosa?
Los intereses en juego son otros, ¡el resto es una cortina de humo!
De una parte los de los explotadores (y estos los combatimos al margen de
cualquier consideración) y de otra los de los explotados, con los que
nos identificamos como hemos hecho siempre. El pueblo, el mundo del trabajo,
es nuestro referente, quien sufre el yugo del poder y del capital que, aún
perteneciendo en cada país a una identidad colectiva que es el aglutinante
de su ser social, no quiere hacer de tal identidad un elemento de "diversidad"
y de separación, sino de intercambio y enriquecimiento.
Tercermundismo
Cuando apoyamos con nuestro esfuerzo internacional a los pueblos del Tercer
Mundo, víctimas de la rapiña del Primer Mundo, debemos remarcar
siempre de forma radical la diferencia entre pueblos y representantes nacionales,
es decir, entre gobernantes y gobernados. Y este tercermundismo generoso pero
contraproducente no hace más que agravar el mal que quiere combatir.
Convencido de apoyar una sacrosanta lucha de liberación, su apoyo sin
críticas e incondicional al régimen "antiimperialista"
de turno, normalmente sirve para reforzar un poder opresor y despótico,
y para debilitar las posibilidades de emancipación del pueblo en cuestión.
¡No es suficiente luchar contra el imperialismo para tener razón!
Asistimos con frecuencia a tomas de posición valientes, que se pliegan
a esquemas ideológicos de un pasado reciente. El análisis sustancialmente
marxista que veía de un lado pueblos oprimidos y de otro pueblos opresores
debe ser superado, considerando que hay, naturalmente, pueblos y poblaciones
oprimidos, pero que no existen pueblos opresores. Existen, eso sí,
regímenes políticos y clases dirigentes, esparcidos por el mundo,
que continúan legitimando su propia violencia, su propia brutalidad,
su propio derecho criminal, y sobre todo cultivando entre sus gobernados el
germen de la "identidad nacional". Envían a matar y a morir
a gente a la que se ha inculcado desde la infancia un absurdo sistema de valores
que pone en el vértice de la pirámide la identidad nacional,
en cuyo nombre todo es lícito, incluso la peor de las infamias. ¡No
seamos cómplices!
Testimonio de un preso anarquista kurdo
He sido un preso anarquista durante cinco años. El Consejo de Seguridad
del Estado de Malatya (en el Kurdistán turco) me condenó a 15
años de cárcel por negarme a rechazar mi identidad y mis ideas
anarquistas. He tenido que afrontar toda clase de problemas. En la cárcel
de Malatya se me encerró con presos marxistas-leninistas en su mayoría.
No obstante, me aceptaron como un ser humano más, apolítico,
pero no como anarquista. Sólo el P.K.K. (Partido de los Trabajadores
de Kurdistán) me aceptó, con una condición: no debía
hablar a nadie de mi anarquismo. Aún siendo menos duros conmigo, tampoco
reconocieron mi identidad anarquista. Fueron moderados conmigo porque en el
pasado me había defendido ante el Consejo como kurdo anarquista. De
no haber sido así, estoy seguro de que jamás me habrían
aceptado en su grupo. No tuve más elección que solicitar mi
traslado a la cárcel de Burdur. Allí había cuatro presos
anarquistas, que habían asumido sus ideas en la cárcel. Como
otros presos anarquistas, procedían de la izquierda (es decir, del
marxismo-leninismo turco).
Allí fue donde empezó la tortura. Dificultades de respiración,
dolor de hígado, problemas en los oídos y los ojos. Mi celda
no tenía ventilación y mi salud se degradaba cada vez más.
Tenía problemas respiratorios y a veces me desvanecía.
Propuse a mis compañeros anarquistas que solicitáramos el traslado
a un lugar más ventilado. Ellos estuvieron de acuerdo, pero las autoridades
de la cárcel nos lo negaron. Nos pusimos en contacto con los representantes
del comité de presos, controlado por las organizaciones marxistas-leninistas.
Les expliqué la situación. Durante aquel tiempo no pude ver
al médico debido al deterioro de mi salud. Hablé entonces con
los representantes del M.L.K.P. (Partido Comunista Marxista-Leninista) y del
P.K.K., solicitándoles ayuda. Se irritaron y nos negaron el apoyo porque
éramos anarquistas y, por tanto, "no revolucionarios". Nos
pidieron que no diéramos más problemas. Entonces decidimos pedir
el traslado a otra cárcel en la que no hubiera marxistas. Los amigos
me dijeron que permaneciera en uno de los bloques de los políticos
hasta que mi salud se restableciera. Al principio me negué, pero estaba
preocupado por mis constantes desmayos. Decidí comunicarlo al comité
de presos. El M.L.K.P. se negaba a dejarme seguir en su bloque por más
tiempo. El P.K.K., por otro lado, me dejaba quedarme con la condición
de ser un ciudadano "corriente". Fuimos trasladados a diferentes
lugares. A mí me enviaron a la cárcel de Konya-Ermerk (Anatolia
central). Durante dos años viví allí. Por un tiempo estuve
con los trosquistas, porque también se les rechazaba y se les trataba
como a nosotros. Al final, experimenté la dificultad de convivir con
los marxistas. Mis inclinaciones políticas eran la razón de
todo. Mi salud estaba en peligro a causa de mi aislamiento. Fui enviado al
hospital Numune de Ankara y sufrí una intervención. Sin embargo,
no pudieron hacer nada con mis problemas de migraña y de oído.
Como podéis ver, el castigo por ser anarquista es muy severo. Hay obstáculos
por todas partes. Creo que esto es algo que los anarquistas no deben olvidar.
Espero que esta carta contribuya a informaros sobre las condiciones que debe
afrontar un anarquista en las cárceles turcas.
(El compañero ha querido
permanecer en el anonimato) ![]()
Otra vez el Estado miente,
otra vez el ejército asesina
Budismo: de
la sumisión
a la opresión
Contra la democracia
de la droga
y la droga de la democracia