Los niños de la calle
               también en España
Los "meninos da rúa" no sólo habitan en las fabelas de Sao Paulo o en las Villas Miseria de Santiago y Buenos Aires. También en España centenares de niños desnutridos y harapientos pululan por las calles de algunas ciudades abandonados a su suerte. O a su desgracia.
La situación es especialmente trágica en lugares como Ceuta y Melilla, donde los flujos migratorios hacia Europa de quienes intentar escapar del horror y la miseria de sus países estan provocando escenas socialmente insostenibles.
La situación se está agravando en las últimas semanas, hasta el punto de que, en Melilla, tanto el Partido Popular como la Unión del Pueblo Melillense están haciendo todo lo posible por deportar en breve al 50% de los menores que están acogidos actualmente, con lo que dejarían en el más absoluto desamparo a cerca de 60 niños. En Ceuta hemos asistido a escenas de violencia a las puertas de un colegio en el que se intenta escolarizar a un grupo de niños de la calle.
Para proteger a estos menores y denunciar las continuas violaciones contra los derechos de los niños se constituyó el año pasado en Melilla la Asociación por los Derechos de la Infancia (PRODEIN). Natural se ha puesto en contacto con su presidente, José Palazón Osma, para conocer de primera mano esta alarmante realidad social.
Reproducimos a continuación el contenido íntegro de la carta que ha enviado a nuestra redacción.
El interés que suscitó el nacimiento de nuestra asociación no era casual. Nos dimos cuenta entonces de que no éramos sólo un reducido grupo de amigos los que nos habíamos decidido a luchar contra la escandalosa situación en la que malvivían cerca de un centenar de niños en las calles de la ciudad... Mucha más gente estaba indignada con esta situación.
Los objetivos que se fijaron entonces fueron:
* Que los niños fueran acogidos.
* Que los niños fueran al colegio.
* Que los niños tuvieran tarjeta de identificación.
La prensa local se hizo amplio eco de estos objetivos, las reacciones fueron muy distintas: desde las que nos animaron a seguir hacia delante, hasta las que afirmaban que eran una pura utopía y que jamás conseguiríamos nada porque el destino inevitable de estos niños era su devolución a Marruecos.
La situación en Melilla era insostenible: unos ochenta niños deambulaban por la ciudad sobreviviendo como podían ...
Personalmente he visto a niños durmiendo enterrados en la arena de la playa en pleno invierno para evitar el frío, niños y niñas tomando pegamento, comiendo de los contenedores de basura, niños con heridas profundas curadas sólo una vez en el servicio de urgencias, niñas que vendiendo chicles con 11 años ejercían la prostitución en plena calle cuando tenían 16 (o Dios sabe si aún menos).
He visto también como algún niño al límite de sus fuerzas, rompía la luna de un coche y permanecía junto a él hasta que llegara la policía y lo detuviera, única forma de entrar en un centro de acogida aunque fuera de reforma y reponerse durante unos días.
Muchos de estos niños y niñas eran perfectamente conocidos en Melilla. Frecuentemente llegaban a la ciudad con seis o siete años para mendigar, vender chicles o ganarse un poco de dinero llevando bolsas en las puertas de los mercados... de sol a sol... para llevar unas monedas a su casa, sabiendo que si no son suficientes se llevarían una paliza y que si no valen para hacer el trabajo serán abandonados.
Pronto optan por unirse a otros niños que ya viven en pequeñas pandillas y que han decidido no aguantar más esa situación, ese día no volverán a dormir a su casa y comenzará lo que ellos esperan será una vida plena de libertad, de oportunidades, de viajes a sitios maravillosos donde los niños no trabajan, no les pegan, los niños se ríen siempre, van al colegio limpios... con una cartera... sonrientes...
Pronto el sueño de estos pequeños se torna en pesadilla y partir de ese momento han de combatir el hambre, el frío y el miedo ellos solos.... El contenedor, el pegamento, la pandilla es la única forma de no morir físicamente a los 7-12 años, el corazón y el alma de estos niños envejece y se apaga vertiginosamente.
Conscientes de esta situación comenzamos los primeros contactos con los órganos de protección de la Ciudad Autónoma para que fueran acogidos. La respuesta era siempre la misma: "falta de medios económicos para darles protección", temor al "efecto llamada", "creación de falsas expectativas" y otras patrañas con las que se intentaba tapar un manifiesto desprecio hacia estos niños a los que se les consideraba "la peor especie de basura" y a los que se podía agredir impunemente permitiendo su desamparo, las palizas, las expulsiones etc... De espaldas y mostrando el más absoluto desprecio hacia las leyes tanto internacionales como nacionales que España ha ratificado y están en vigor en materia de protección de menores.
Los datos de los años anteriores al 98 son escalofriantes, en Ceuta se habla públicamente de más de 5.000 niños expulsados en el periodo 96-98, en Melilla la situación no era muy distinta, al niño se le "cazaba en la calle" y era expulsado a la frontera de cualquier forma una y otra vez... El mismo niño expulsado decenas de veces, engordando las estadísticas de forma oportunista, en un intento de provocar la alarma social.
Ellos dicen que aquí por lo menos encuentran basura para comer pero que en Marruecos se vende hasta el pan duro y no lo pueden comprar.
Los asociados comenzamos a acoger a niños en nuestras casas (previa comparecencia en la policía) con el fin de poner de manifiesto la incapacidad y la falta de voluntad por parte de los políticos de turno de la Ciudad Autónoma de solventar el problema. Más de 90 acogimientos de niños de la calle en seis meses, miles de horas de espera en las comisarías, denuncias en la Fiscalía de Menores, Fiscalía General del Estado, Defensor del Pueblo juzgados, litros y más litros de tinta en denuncias públicas a la prensa... dieron finalmente su fruto y se logró la apertura de dos centros de acogida con capacidad suficiente para la estancia de la población de niños que estimábamos vivían en la calle.
Durante esos meses se desarrolla también una actividad frenética para cortar radicalmente los malos tratos tanto policiales como en determinados "centros de acogida" y las expulsiones gubernativas que "Según la Ley" se venían practicando desde la Delegación del Gobierno.
En febrero del año 2000, se logra vencer la resistencia institucional en materia de acogimiento, el "Consejero de Bienestar Social" declara por primera vez que las policías tienen orden de recoger a todos lo menores que deambulen por la calle e ingresarlos en alguno de los centros existentes en la ciudad.
En las mismas fechas se logra la escolarización progresiva de los menores que van siendo tutelados por la Ciudad Autónoma.
La resistencia institucional a todos estos avances es tremenda al tiempo que crecen los ataques de todo tipo a los miembros de la asociación y los propios menores.
El Consejero de Bienestar Social afirma que los menores son delincuentes y drogadictos. Quince días después de su escolarización afirma que el fracaso escolar es rotundo. La policía Marroquí llega a entrar en un centro de acogida y maltrata e insulta a los menores que se encontraban allí en ese momento. Crea listas de deportación de hasta 40 menores y expulsa a algunos con "todas las garantías de su reintegración familiar"... los niños vuelven al día siguiente con evidentes signos de maltrato...
Califica frecuentemente a Pro Derechos de la Infancia como una asociación mafiosa, que trae niños y niñas de Marruecos con fines económicos, que nos hacemos pasar por policías, que tenemos motivos políticos, religiosos, racistas, acusa de actos deshonestos a algunos de sus miembros y un largo etc.
Todas sus denuncias a la Asociación y sus miembros están hoy archivadas por la Fiscalía... Las que la Asociación puso contra él y sus mercenarios... ¡no!
Sus argumentos para no asistir, reconocer y aplicar los derechos que a los menores les corresponden... su resistencia fanática a favorecerlos... no ha servido para nada. Hoy no se discute en nuestra ciudad el derecho al acogimiento y la escolarización.
Derecho impuesto por las más altas Instancias del Estado, por la Fiscalía de Melilla, por Organizaciones de todo tipo que nos han apoyado, por personas que de forma anónima han trabajado dentro de su ámbito de influencia manteniendo necesariamente el secreto de su colaboración por temor a represalias y por otras que han luchado a cara descubierta.
Afortunadamente aquel Consejero de origen Marroquí, de religión musulmana (dice...), de reciente nacionalidad española y que desgraciadamente sufrió también las consecuencias de su expulsión de nuestra ciudad cuando tenía la edad de los niños que ahora expulsa él... ya no tiene ninguna responsabilidad en el ámbito de menores.
Actualmente estamos inmersos en el tema de la documentación, los responsables políticos de la Ciudad Autónoma han cambiado, no obstante la resistencia a dotarlos de un "documento de residencia" que les permita una mayor integración es patente. Las amenazas de deportación son continuas y hoy asistimos a una nueva campaña de desprestigio de los menores y al anuncio de la inminente deportación de 60 de ellos por falta de medios de la Ciudad Autónoma para asistirlos
El día 31/7/2000, cinco menores que han crecido en las calles de Melilla, fueron nuevamente expulsados por la Delegación del Gobierno a Marruecos, dos horas después fueron devueltos a la frontera española por la policía marroquí y con evidentes señales de malos tratos, quedando en evidencia como tantas otras veces que dichas expulsiones se realizan sin ninguna de las garantías que las Leyes de Protección del Menor exigen.
El día 10/8/2000 un niño de 10 años, deficiente, casi ciego... Es expulsado a las bravas por un "policía español" y a iniciativa propia a Marruecos. Este niño vuelve con un brazo roto después de permanecer dos días en la frontera (en tierra de nadie) sin que se le prestara socorro ni atención médica y declarando malos tratos de la policía marroquí.
Estos hechos tuvieron una respuesta contundente, se cursaron las correspondientes denuncias y protestas a todos los niveles, pero demuestran que en la defensa de los derechos que a los niños les corresponden y que ellos no pueden defender, no nos podemos permitir el más mínimo descanso ni despiste...
Pueden estar seguros los "malditos" que se dedican por "motivos inconfesables" a pisotear los Derechos de los más indefensos, que nos tendrán siempre delante defendiéndolos con la razón, la humanidad, y la Ley.
¿El futuro?... ¡Esperanzador!, cuando este artículo salga a la luz, posiblemente se haya concedido por primera vez en nuestra ciudad la Tarjeta de Residencia a 17 menores de la calle, ello implica la generalización del proceso de documentación a los menores acogidos. Todo ello gracias a la intervención de la Fiscalía General del Estado y el Defensor del Pueblo ya que recientemente dieron órdenes precisas de que se procediera a la documentación de todos los acogidos.
Es importante la documentación no solo por su tenencia simple y que aparentemente es el objetivo de muchos de estos menores, sino por las posibilidades de acceso a distintos programas de formación, actividades, trabajos, posibilidades de pertenecer a federaciones deportivas y todo cuanto es necesario para el normal crecimiento de un niño, actividades que fomentarán su integración real a nuestra sociedad como personas trabajadoras, equilibradas, normales, sin complejos.
Todo este esfuerzo y todos los logros conseguidos no tienen sentido si no se practica desde las Instituciones del Estado una política real de Defensa del Menor que incluye de forma prioritaria la reintegración familiar "Efectiva", "Sin que el menor o su familia corran riesgos por este hecho" y una política real de ayuda al desarrollo de Marruecos para que sus gentes tengan un espacio habitable y no se vean en la necesidad de huir de la hambruna y la falta de expectativas.
Piénsese lo que se tiene que vivir para abandonar a un hijo, cual es la situación que se ha de pasar para montarse en una patera y jugarse "a cara o cruz"... la vida.
Ni las alambradas que nos han puesto en el perímetro fronterizo de la ciudad, ni las cámaras ni sensores de alta tecnología, ni los cambios en la Ley de Extranjería, ni el mar... pueden frenar lo que se llama de "forma conveniente" el "Efecto llamada" por no llamarlo "el vergonzoso espectáculo del hambre" al que asistimos todos los días haciendo lo poco que podemos.
Exijamos una política de desarrollo y ayuda real a estos países.
José Palazón Osma
Asociación Proderechos de la Infancia