EL EMPLEO PRECARIO
A pesar de la pretensión de modernidad en nuestro sistema socio-laboral aún quedan enormes lagunas para poder decir que estamos preparados para ofrecer un servicio digno, por no decir mas humano. Aún tenemos que esperar en colas interminables para poder hacer gestiones que, en la era de la informática, deberían haberse resuelto, así como soportar la falta de preparación de personas que, se supone, velan por nosotros y nuestro sistema de atención, información y servicio al ciudadano. La pregunta es: ¿Qué está fallando? ¿El sistema, la organización, la preparación de los que determinan y deciden “esto SI, esto NO”? Lo cierto es que aún se vive con la omnipresente sensación de que algo falla. Es posible que, en general, todo este viciado; que, una cosa mal hecha, inequívocamente, lleve a otra; y, si se quiere ocultar “lo mal hecho”, se tendrá que hacer algo aún peor… Mientras no se tenga la más absoluta convicción de qué es lo que se tiene que hacer (siempre pensando en lo que se debe hacer, claro está), y que hay que hacerlo con la honradez y la profesionalidad por delante, como membrete y sello de garantía…, mientras esto no suceda, continuaremos inmersos en la incertidumbre y el abuso, al capricho de la inmoralidad y la sed, siempre impasible, de quienes manejan nuestras vidas, en nuestros asuntos sociales, y que irrecusablemente afecta al resto de nuestra vida.
Un ejemplo denigrante e inhumano, que recuerda la esclavitud en algunas de sus FORMAS, es el empleo precario. En este caso, el látigo viene en forma de precariedad laboral, eso significa trabajar en condiciones retrogradas, con contratos trampa que, en definitiva, se transforman en abusos hacia los trabajadores/as que necesitan ingresos. Es curioso cómo estos tratantes de trabajadores se ceban siempre en los sectores sociales más desfavorecidos: personas que imperiosamente necesitan algún ingreso, por mísero que este pueda ser; personas que, por carecer de “titulaciones”, son campo de abono para empresas y empresarios. Cuesta creer que haya empresas enfocadas a vivir de éstas personas, cuesta creer que en estas empresas trabajen personas con “titulaciones”, cuya finalidad no es otra que convertir a los trabajadores en números de rentabilidad. Hoy, una de estas grandes empresas no se diferencia mucho de un barco cargado de esclavos. Practicas laborales, como tener que trabajar ocho horas, o más en algunos casos, teniendo un contrato de media jornada, están a la orden del día. Es lamentable que las administraciones no frenen esta lacra que solo descalifica a quienes la consienten y la practican. Se puede decir que la administración, con su dejadez, es la que vende los esclavos y estas empresas son los traficantes, todos sujetos a oscuros intereses económicos que, lamentablemente, convierten nuestra sociedad en un mercado negro donde todo vale, donde todo queda impune, y, donde, como siempre, los más débiles, aquellos de los que ELLOS viven, son los que siempre pierden.
SOS MELILLA
LA SALUD EN LOS CENTROS DE TRABAJO
Según el estudio realizado por la Universidad de Alcalá de Henares, un 11,4% de los españoles son víctimas de acoso laboral o mobbing. Melilla tampoco se escapa a esta epidemia. El mobbing se oculta detrás de empresas que perdieron hace tiempo la parte humana (si es que alguna vez la tuvieron) y cambiaron el factor humano por números al que hay que rentabilizar a toda costa, y a cualquier precio. Si a esto se le une la incompetencia de los jefes, el comportamiento trapalero de los “compañeros”, etc… el resultado puede ser que algunos trabajadores puedan estar en el punto de mira de estos incompetentes que, para ocultar su frustración, no dudan en llevar a la práctica cualquier acción pelotera para salir en la foto de empresa, aunque tengan que hacer de alfombra.
SOS Melilla hace un llamamiento a la sociedad en general sobre este problema; muy especialmente a las partes sociales, para que pongan todo su empeño en combatir esta epidemia. Cada día son más las bajas producidas a causa del mobbing, y las empresas no parecen darse cuenta, posiblemente porque tendrían que ser las primeras en reconocer que son ellas las acosadoras, victimas de su propia conducta dejándose llevar por los trepas que mueven el entorno laboral, a todos los niveles.
SOS MELILLA