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* Envío de SERPAL 305 - 05
>> Coletazos de la guerra sucia en Irak.
La implicación de mercenarios latinoamericanos.
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(...) Miss Guerra no sabe leer.
Apenas puede firmar cheques.
Pero le va muy bien.
Abre las puertas de su funeraria.
Hace negocio, pone una cadena de sucursales. (...)
Ambar Past ( México )
del Poema Miss Guerra
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Amigas, amigos,
La "guerra" contra la cual salimos a la calle millones de personas en todo el mundo continúa. En realidad fue una invasión y conquista militar de un país soberano con argumentos absolutamente falsos, para apoderarse de una región geoestratégica del planeta, y "de paso" rapiñar también sus gigantescos recursos petroleros.
Ahora, la "guerra" continúa, a través de los enfrentamientos entre los diversos grupos de la resistencia y el ejército invasor, integrado fundamentalmente por tropas de los Estados Unidos, con apoyo de Gran Bretaña. Pero el riesgo de combatir a la resistencia ciudad por ciudad, pueblo por pueblo o circular por las carreteras con los aprovisionamientos militares, ha causado centenares de víctimas a los invasores. Para disminuir el efecto letal de las emboscadas y los ataques suicidas en sus propias tropas y evitar el goteo de ataúdes con medallas hacia Estados Unidos, el gobierno Bush utiliza la subcontrata entre empresas y organizaciones de mercenarios, por lo general ex miembros de fuerzas de represión, aventureros sin escrúpulos, o ex militares que arriesgan poder hacerse de una pequeña fortuna en dos o tres años.
En Estados Unidos funcionan abiertamente varias oficinas de "reclutamiento" de ciudadanos dispuestos a ir de "peones de riesgo" para ayudar en primera fila al ejército invasor. Su deplorable tarea recibe varios eufemismos como los de "técnicos o expertos en seguridad", o incluso el de "contratistas civiles". Su verdadero trabajo, el de colaborar en la guerra sucia, entrar en las viviendas civiles, golpear o asesinar, secuestrar, torturar. O bien hacer de guardaespaldas de los títeres iraquíes que aceptan puestos de responsabilidad en gobiernos locales. Sus acciones están más fuera de control todavía que la de los propios militares invasores.
Es importante saber que en esas fuerzas hay latinoamericanos recultados por esas "oficinas" norteamericanas. Y que algunos de los reclutadores, también lo son. Se mencionan a chilenos, argentinos, salvadoreños y colombianos.
Adjuntamos la nota del periodista chileno Hernán Uribe publicada por ALAI, Agencia Latinoamericana de Información, con datos sobre la implicación de personajes y ciudadanos de su país en este tema. Y la complementamos con unas reflexiones del periodista británico Robert Fisk del diario The Independent sobre la situación en Irak.
Un cordial saludo
Carlos
SERPAL,
Servicio de Prensa Alternativa.
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>> Coletazos de la guerra sucia en Irak
Por Hernán Uribe - ( ALAI )
>> Aunque el gobierno del presidente Ricardo Lagos se opuso en Naciones Unidas a la invasión estadounidense de Iraq, la acción de mercenarios chilenos armados junto a las tropas ocupantes podría provocar represalias en forma de atentados en el territorio del país austral, según advertencias de analistas.
La presencia en Iraq de unos 600 ex militares y ex policías chilenos se hizo evidente cuando luego de materializarse la ocupación, Washington recurrió al método de privatizar la guerra al estilo de cualquier empresa del libre mercado. El objetivo ha sido el de evitar bajas estadounidenses con el traspaso a mercenarios de diversas tareas tales, como la búsqueda de armas y la ubicación de minas explosivas.
La participación de chilenos en Iraq es la mayor y junto con colombianos son los únicos contratados en la región latinoamericana. Muchos de ellos, miembros del ejército y de la policía uniformada en los tiempos del dictador Augusto Pinochet que permaneció hasta 1990, han sido enrolados por la empresa del también chileno Manuel Zapata, "Zapata Engineering", instalada en la ciudad de Charlotte (Carolina del Norte, EE.UU.)
La firma del ingeniero Zapata funciona bajo el lema de "ingeniería de apoyo a los combatientes de guerra" y se ha especializado en la búsqueda y destrucción de armamentos de la resistencia. Es un ente con carácter de subcontratista del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos" de modo que es clara su connivencia con la fuerza invasora.
En plan tragicómico de "benefactor", el l6 de junio este mismo Zapata declaraba al diario "El Mercurio" (Santiago de Chile): "Estamos muy orgullosos de la labor realizada, porque hemos contribuido a la paz en Iraq. Cada bomba que destruimos fue una bomba que no cayó en manos insurgentes". Lo que no dijo, empero, es que otras bombas podrían explosionar en territorio chileno.
En una enredada madeja de contratistas y subcontratistas surgen los nombres de disímiles empresas enfiladas a emplear a los mercenarios, aunque todos dependen financiera e instructivamente del aparato castrense norteamericano. En esa selva provista de infinitas cantidades de dólares que paga el pueblo estadounidense, figura José Miguel Pizarro, oficial del ejército chileno hasta 1995 y quien oficia como operador del antes mencionado Zapata.
Pizarro es el principal enganchador de mercenarios para Iraq y una vez intentó entregar entrenamiento militar a sus "soldados" en Chile, pero se lo impidió la Dirección General de Movilización Nacional, organismo estatal que junto con los cuerpos castrenses son los únicos autorizados para tales fines. Este sujeto es el mismo a quien la cadena televisiva CNN ha presentado en sus noticiarios como "experto en guerras" aunque en la vida real no es más que un comerciante de las armas.
Pizarro ha protagonizado asimismo un episodio singular cuando fue acusado por mercenarios chilenos que regresaron a Chile del no cumplimiento en el pago de salarios, además de recibir malos tratos en Iraq. Para proteger a esos quejosos, los diputados chilenos Alejandro Navarro y Antonio Leal, ambos de la coalición gobernante, han presentado ante los tribunales una querella por "asociación ilícita", sin percatarse entonces del peligro mayor que representa el contingente mercenario.
La miope visión de los parlamentarios que sólo reconocen en el tema un asunto laboral, se extiende a los entes estatales, a los medios de comunicación predominantes y a los círculos políticos, a todos los cuales no parece importarles el carácter criminal que es inherente a esa guerra privada. Para ejemplo, la constancia de que los contratados, supuestamente civiles, han participado incluso en las torturas de Abu Ghraib.
¿Cómo explicarse esta actitud contemplativa ante la manifiesta violación de los derechos humanos que se practica cotidianamente por los ejércitos privados? Chile no es un desconocido para Iraq pues en la guerra contra Irán (1980-1988) y cuando regía la dictadura militar compró abundante armamentos en fábricas privadas y estatales chilenas y de manera especial, bombas de racimo. (Recuérdese que entonces el Iraq de Sadam Hussein contó con el decidido respaldo de Washington).
Si la acción bélica estadounidense ha sido y es un escarnio moral, la ilegalidad de la guerra privada es también notoria. Como escribió Eduardo Febbro, la pasividad de las organizaciones multilaterales es escandalosa, pues ninguna institución internacional se ha pronunciado de manera firme contra el empleo de asesinos privados. (1)
En estos días y hasta el 22 de junio se realizan en Chile unos llamados "Ejercicios militares antiterroristas Comando 2005" a los cuales concurren delegaciones de l7 países de Latinoamérica. Mas, es dudoso que se remitan al terrorismo real pues a cargo de la dirección de los ejercicios se encuentra el Comando de Operaciones Especiales Sur de los Estados Unidos.
(1) Eduardo Febbro, Los mercenarios sueltos en Iraq, Rebelión, 24/5/04
- Hernán Uribe es periodista chileno.
Fuente: ALAI- Agencia Latinoamericana de Información
Publicada 20-6-05
http://alainet.org
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>> Irak, menos seguro que nunca
Por Robert Fisk
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Así que vamos a seguir apoyando el mito. A medida que los cuerpos decapitados aparezcan en el Tigris, que las morgues se repleten, que los muertos estadunidenses superen en mucho los mil 700 -si bien recordemos que los muertos iraquíes ascienden a decenas de miles-, Europa y el resto del mundo siguen apoyando el proyecto de Estados Unidos. La conferencia de Bruselas fue -y aquí cito, desde luego, a nuestro buen amigo Kofi Annan, secretario general de Naciones Unidas- "un claro indicio de que la comunidad internacional mostrará a los iraquíes determinación y dedicación a lo largo del duro camino que tienen por delante". Y vaya que es duro. ¿Cuántos atacantes suicidas se han inmolado contra los estadunidenses, sus mercenarios, contra el nuevo ejército iraquí, la nueva fuerza policial y sus reclutas? La cifra se acerca a unos 420. En el pasado, durante la guerra de Hezbollah contra la ocupación israelí de Líbano, un ataque suicida con bomba al mes era considerado un fenómeno. Durante la intifada palestina, uno a la semana ya era sorprendente. Pero en Irak llegamos a tener siete al día. Es este volumen en los atentados suicidas, y que es digno de Walmart, lo que provoca los más oscuros cuestionamientos sobre nuestra capacidad para aplastar la insurrección.
Condoleezza Rice dice que quiere a más embajadores árabes en Bagdad. Apuesto que sí. Cuando el rey Abdullah de Jordania promete enviar a uno de sus hombres a Irak "tan pronto y como sea seguro", uno sabe que los árabes han entendido la situación de una manera en que los estadunidenses no. ¿Quién quiere ser un difunto embajador? ¿Quién quiere colocar su cabeza sobre el bloque del verdugo en Bagdad? La realidad -inimaginable tanto para los estadunidenses como para sus aliados amantes del autoengaño, y trágica para los iraquíes- es que Irak es un desastre infernal. Vayan a cualquier embajada iraquí en Europa, hablen con cualquier iraquí de Bagdad. A menos de que estos iraquíes vivan dentro la dudosa seguridad de la amurallada zona verde, lo que escucharán será una narrativa de violencia ante la cual sólo queda aceptar que hemos fracasado.
Debemos ser, según los fabricantes de mitos en Bruselas, "un socio total en el emerger del nuevo Irak", y dejar constancia de que "el pueblo de Irak tiene muchos amigos". Oh sí, claro. Excepto que la mayoría de estos "amigos" no se atreven a visitar Irak (como ese putativo embajador Jordano), a menos que quieran que les corten la cabeza. Los periodistas estadunidenses ahora están escribiendo de forma optimista sobre la guerra, o la insurgencia, como insistimos en llamarla. A menudo estos periodistas viajan con las fuerzas estadunidenses en Irak o desempeñan una especie de "periodismo de hotel", y desde sus resguardadas habitaciones hablan por sus teléfonos celulares, ya sea con personas que viven voluntariamente atrapadas en Irak, o con sus mentores extranjeros.
Unos pocos reporteros estadunidenses todavía se aventuran a salir -siempre existe la posibilidad de recibir, por ello, premios adecuados (y de preferencia, no en el cielo)- pero la voz que ahora habla sobre Irak es la del oficialismo. Es la narrativa escrita por hombres y mujeres que nunca visitarán el verdadero Irak, o al menos, eso es lo que desean fervientemente. Al democráticamente electo primer ministro iraquí, Ibrahim Jaafari, que busque el contacto con los sunitas. Con esos mismos sunitas que están destruyendo vidas estadunidenses e iraquíes a una escala apabullante en todo el país. Pero la línea oficial, tan vergonzosamente anunciada por la BBC la noche del miércoles, fue que "diplomáticos de alto rango" (me encanta eso del "alto rango") han "cerrado filas con los esfuerzos de Estados Unidos para construir un Irak democrático". La palabra "esfuerzos" es la única que sugiera algo de verdad.
La realidad es que Irak es menos seguro que nunca. Ningún extranjero se atreve ahora a viajar por las carreteras del país, y muy pocos se arriesgan a circular por las calles de Bagdad. Nos dicen que las cosas están mejorando y todavía nos creemos estas mentiras. Todavía nos engañamos en el mundo de película que han creado el Pentágono, la Casa Blanca, Downing Street y, en estos días, también la ONU.
Si todos esos dignatarios, politiquillos inflados y diplomáticos que se creen importantes están tan seguros de que Irak va a ser una historia de éxito ¿por qué se reunieron en Bruselas y no en Bagdad? Desde luego, todos sabemos cuál es la respuesta.
Fuente: "La Jornada"
Traducción: Gabriela Fonseca
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26 de junio de 2005
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