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* Envío
de SERPAL 283 - 04
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"No, no ha llegado el tiempo de la total justicia... (...)
Carlos Drummond de Andrade
en "La Flor y la Náusea"
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Amigas, amigos,
En su día dijimos
que el proceso que iniciaba Lula en Brasil, significaba una oportunidad
histórica para el resto de Latinoamérica, "que
dispone ahora de un horizonte alternativo a la dependencia y a la
sumisión practicada en los últimos decenios por los
seguidores a ultranza del neoliberalismo."
Lo afirmábamos
apenas horas después del mensaje pronunciado por Lula al
asumir su cargo y en el que destacábamos esta frase: "Ante
el agotamiento de un modelo que produjo estancamiento, desempleo
y hambre, ante el fracaso de la cultura del individualismo y la
indiferencia ante la desesperanza de la familia, de la precariedad
de la seguridad nacional y la falta de respeto por los más
viejos y el desaliento de los más jóvenes, la sociedad
brasileña decidió cambiar y ella misma comenzó
entonces a promover los cambios necesarios".
Es oportuno recordar
que también dijo Lula ante los millares de esperanzados seguidores:
"Vamos a cambiar, sí, con cuidado, con coraje y bondad.
No será el cambio producto de un acto de voluntarismo sino
que será el fruto de la negociación y el diálogo.
Será un cambio sin atropellos ni precipitaciones para que
el resultado sea más firme y duradero". Pero los meses
transcurren y crecen los sectores sociales que reclaman que las
medidas sociales de urgencia no pueden esperar. Hay impaciencia
justificada en los componentes del Movimiento de los Sin Tierra.
Está claro que los
tiempos históricos no coinciden con los tiempos biológicos,
pero es razonable que a esta altura - en el umbral de los dos años
de gobierno - los cambios fueran más visibles y significaran
un rumbo inequívoco.
Aunque con más
deseos que certezas y a veces con una ligereza que poco ayuda a
comprender y diferenciar los distintos procesos en marcha, hay quienes
suelen considerar en un mismo eje a los gobiernos de Venezuela,
de Brasil y de Argentina. Aunque esa convergencia es más
que necesaria no se producirá sólo por mentarla. Sin
pretender ser "aguafiestas", creemos que la intención
transformadora exige conocer la
realidad. En este caso, más allá de defensas viscerales
o de oposiciones proféticas del tipo "ya lo sabíamos"
, es necesario recoger valoraciones fundamentadas y cifras para
aproximarnos a esa realidad. Por eso creemos oportuno compartir
con nuestros suscriptores el análisis de Raúl Zibechi.
Cordialmente,
Carlos.
SERPAL , Servicio de
Prensa Alternativa.
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>> Brasil:
El gobierno Lula entre dos aguas
Por Raúl Zibechi **
Si el crecimiento económico fuera
la forma de medir los aciertos de un gobierno, el de Luiz Inacio
Lula da Silva debería ser valorado como exitoso. En efecto,
en 2004 el producto bruto interno crecerá por encima del
4%, contrastando vivamente con el estancamiento del año anterior,
primero de la gestión petista, cuando la economía
decreció un 0,2%. Los datos del primer semestre de este año
confirman la tendencia que comenzó hacia fines del año
pasado: según los portavoces oficiales, se trata de un verdadero
despegue ya que estarían dadas las condiciones para un crecimiento
sostenido durante un largo período. En el gobierno se respira
un clima de euforia, ya que el avance de la economía vendría
a confirmar la certeza del polémico rumbo tomado por el Partido
de los Trabajadores (PT) en el gobierno.
En contraste, el 7 de setiembre, día
de la patria en Brasil, casi dos millones de personas salieron a
las calles convocadas por el Grito de los Excluidos, para rechazar
la actual política económica, exigir un plebiscito
sobre la deuda externa y la aceleración de la reforma agraria.
La décima edición del Grito, movilización anual
en la que participan desde hace diez años casi todos los
movimientos del país, desde la iglesia católica hasta
los sin tierra (MST), se realizó de forma simultánea
en 1.800 localidades. En la concentración central, en Aparecida
do Campo, en el estado de San Pablo, participaron unas 90 mil personas,
según Brasil de Fato, semanario vinculado a los sin tierra.
Economía y elecciones
Durante más de un año,
el gobierno de Lula -y muy en particular su ministro de Economía,
Antonio Palocci- aseguró que los sacrificios del primer año
y la continuidad con el modelo neoliberal del ex presidente Fernando
Enrique Cardoso, eran el precio a pagar para que la economía
despegara de forma definitiva. El gobierno optó por una política
asentada en un fuerte superávit fiscal primario (superior
incluso al comprometido con el FMI), un importante recorte de los
gastos gubernamentales y una muy elevada tasa de interés
para frenar cualquier estampida de la inflación. Para un
país cuya deuda asciende al 55% del producto bruto, se trataba
según los voceros oficiales de "poner la casa en orden"
para reducir la vulnerabilidad externa del país y tomar las
riendas de la economía y del Estado.
Las principales críticas vinieron
tanto de la izquierda y de los movimientos como de los grandes industriales,
quienes sostienen que el elevado superávit fuscal y las altas
tasas de interés tienen efectos recesivos y suponen no sólo
una merma de la actividad económica interna sino que fomentan
el desempleo. Desde el oficialismo, se ha respondido que los efectos
nocivos del superávit fiscal se compensan con el gran aumento
que experimentan las exportaciones, y que la tasa de interés
iría descendiendo a medida que bajara la inflación,
como ha sucedido a lo largo de 2003.
Sin embargo, el notable crecimiento
de las exportaciones -sólo las del agrobusiness crecieron
un 44% en lo que va de año- no beneficia a la inmensa mayoría
de los brasileños sino a un pequeño sector hiperconcentrado
y supertecnificado, que genera muy pocos puestos de trabajo pero
sí enormes ganancias para las multinacionales que regentean
el negocio. Pero es la evolución de la industria la que pone
en negro sobre blanco qué tipo de crecimiento está
sucediendo en Brasil. En los seis primeros meses de este año,
la industria de bienes durables creció un 28,2% por encima
del nivel de 2002, mientras la de bienes no durables bajó
un 0,8%. Las industrias que abastecen al mercado interno, y en particular
a los sectores populares, fueron las que tuvieron el peor desempeño:
bebidas, vestimenta y calzados cayeron por encima del 7% en los
seis primeros meses del año.
Carlos de Assis, editor de Desemprego
Zero, señala que crecen aquellos rubros "consumidos
principalmente por los ricos y por las exportaciones", por
lo que "la recuperación industrial, si existe, atiende
sobre todo a los ricos"(1). Entre los asalariados, el relativo
avance de la economía no consigue los resultados esperados:
en el primer semestre de este año se crearon un millón
de empleos en el sector formal, pero el 54% perciben remuneraciones
de apenas un salario mínimo y medio (130 dólares).
Para empeorar este panorama, el Banco Central -a cuyo frente el
gobierno de Lula colocó a un destacado representante de las
altas finanzas- elevó a principios de setiembre las tasas
de interés (del 16 al 16,25%) para enviar una "señal"
de que no tolerará un aumento de la inflación. Se
trata de una pésima noticia para quienes aspiraban a que
el crecimiento económico podría direccionarse hacia
la reactivación del mercado interno. Al parecer, el crecimiento
seguirá escorado hacia las clases altas y hacia el mercado
externo, y las tasas de interés seguirán subiendo,
lo que impedirá bajar el desempleo y mejorar el nivel de
vida de los más pobres.
No obstante, aún esta frágil
reanimación económica coloca al gobierno de Lula en
buenas condiciones para enfrentar las próximas elecciones
municipales y estaduales (cuya primera vuelta se realiza el 3 de
octubre), en las que el PT y sus aliados esperan aumentar la cantidad
de municipios bajo su control. Los nubarrones que aparecieron a
principios de este año -desencanto de la población
por los malos resultados económicos sumado a denuncias de
corrupción que afectaron a la mano derecha de Lula, José
Dirceu- parecen irse disipando. Pero las municipales pueden registrar
algunos reveses significativos para el oficialismo, sobre todo en
la ciudad de San Pablo, la más importante del país,
el municipio estrella cuyo resultado tiene trascendencia nacional.
Allí, la actual alcaldesa, Marta
Suplicy del PT, deberá competir en segunda vuelta con José
Serra, ex candidato a la presidencia por el PSDB (el partido social
demócrata del ex presidente Cardoso) derrotado por Lula hace
dos años, pero que parece mejor posicionado para arrebatarle
al PT la ciudad más importante del país.
En otras ciudades emblemáticas,
como Porto Alegre, el candidato petista (Raúl Pont, integrante
de la IV Internacional) lleva una cómoda ventaja aunque deberá
acudir a una segunda vuelta. En todo caso, las elecciones del 3
de octubre abrirán un nuevo tiempo político: "El
tema de la reelección comenzará a colocarse abiertamente
para el gobierno y formará parte necesariamente de la pauta
de la derecha", apunta el filósofo petista Emir Sader(2).
¿Retorno del
movimiento social?
A juzgar por la masividad de la movilización
convocada por el Grito de los Excluidos, es posible que el movimiento
social esté comenzando un proceso de reactivación.
En 1995, la primera vez que se conmemoró, se realizaron manifestaciones
en 170 ciudades; diez años después, la cifra se multiplicó
por diez. Para el MST, principal animador de la movilización
social, la única forma de destrabar la situación actual
("el gobierno es medio popular y medio burgués"
aseguró un destacado dirigente), es promoviendo un
"reascenso del movimiento de masas, capaz de alterar fundamentalmente
la correlación de fuerzas en la sociedad y garantizar que
el gobierno haga cambios efectivos en la política económica
actual"(3). Este convencimiento llevó a los sin tierra
a poner en pie, junto a movimientos rurales y urbanos, la Coordinadora
de Movimientos Sociales (CMS) para articular luchas comunes. La
integran, además de los sin tierra, la Central Unica de Trabajadores
(CUT), la Unión Nacional de Estudiantes, las iglesias, Vía
Campesina, el Grito de los Excluidos y grupos marginados urbanos
conocidos como los "sin techo". Los movimientos comienzan
a alzar la voz.
No es para menos: Lula se comprometió
a asentar 400 mil familias en cuatro años, pero en lo que
va de 2004 según el MST el gobierno asentó sólo
28.700, y está muy lejos siquiera de acercarse a la mitad
de la meta fijada. En 2003 se pagaron 50.000 millones de dólares
por intereses de la deuda, cinco veces más que el presupuesto
de salud, ocho veces más que el de educación y 140
veces más que el gasto en reforma agraria. El Plan Hambre
Zero, el principal programa contra el hambre y la exclusión
social, llega en estos momentos a poco más de tres millones
de brasileños, de un total de 54 millones que se propone
incluir.
Mientras los planes sociales marchan
a paso de tortuga, el sector financiero sigue amasando fortunas:
en los seis primeros meses de este año, las ganancias del
sistema financiero crecieron un 14,7% respecto a 2003, pese al descenso
de las tasas de interés(4). En tanto, el desempleo y el subempleo
alcanzan al 25% de la población activa.
Parte del viraje que está procesando
el movimiento social, queda plasmado en el lema del Grito de este
año: "Brasil: cambio de verdad, el pueblo lo hará".
Ari Alberti, miembro de la Coordinación Nacional del Grito,
explicó este viraje que consiste en no esperar más
cambios desde arriba. "El gobierno ya demostró en estos
casi dos años que, por más que tenga buena voluntad,
no va a conseguir cambiar esta realidad. La presión de arriba
es muy fuerte, sea interna o externa. Si el pueblo organizado no
hace presión desde abajo hacia arriba para que las cosas
cambien, no va a suceder nada. La esperanza se diluye y se torna
frustración.
Es preciso organizar la esperanza, politizar
la esperanza, para que se torne movimiento. Esa es la convocatoria
del Grito"(5).
El día después
Muchos dirigentes y militantes sociales
esperan que luego de las elecciones, "el gobierno esté
menos presionado y más dispuesto a discutir las necesidades
de los movimientos", como sostiene Brasil de Fato del 9 de
setiembre. Es posible. Pero lo que realmente está cambiando
es la percepción de amplios sectores de la necesidad de hacer
algo, y de hacerlo ya. Para Stédile, "el pueblo está
más consciente y confiado" en sus propias fuerzas.Algo
que corrobora la CMS, al afirmar que "el pueblo está
percibiendo que es el protagonista de los cambios". Ya no son
sólo intelectuales aislados o sectores de la izquierda radical
los que enfrentan al gobierno, sino movimientos sólidos y
con gran capacidad de acción, como los sin tierra, que deslindan
campos de forma cada vez más clara. Y la propia iglesia católica,
que por boca de varios obispos viene reclamando un radical cambio
de rumbo.
En las alturas, sin embargo, se registra
una sorprendente paradoja: el gobierno Lula -que ostenta niveles
de aprobación elevados y tiene una base de apoyo política
y social tan amplia como heterogénea- puede ser menos sólido
de lo que aparenta. Ante un nuevo ascenso del movimiento social,
tiene escaso margen para no ceder y cambiar la orientación
política. Una fragilidad reconocida, incluso, por el actual
secretario general del PT, Silvio Pereira. En una entrevista publicada
por el periódico Valor Económico, Pereira sostuvo
que el PT no está en condiciones de afrontar siquiera una
derrota electoral en la ciudad de San Pablo. "Una derrota en
San Pablo es una derrota electoral del PT. No hay victoria que compense
eso, por más que el partido sea victorioso en el resto del
país. Eso va a llevar a una profunda discusión, en
el PT y dentro del gobierno, que podrá resultar en cambios
profundos en el gobierno o la posibilidad de mayores rupturas en
el PT. El cuadro de derrota es serio y puede poner en juego (la
elección presidencial de) 2006, todo el proyecto político
e histórico del PT. No se trata apenas de una derrota electoral.
Perder en San Pablo
sería derrotar toda una historia" (6).
La visión del secretario general
suena demasiado fuerte. Aún aceptando que puede estar acicateando
al electorado, revela la fragilidad del gobierno Lula. Sin embargo,
sería un error pretender que el gobierno es frágil
por otra cosa que no sean las opciones políticas que viene
realizando. El propio Pereira, queriendo destacar al de Lula como
un gobierno de "unidad nacional", puso el dedo en su mayor
debilidad: "El sector financiero está dentro. Los sectores
industrial y exportador también. Los partidos de izquierda
y de derecha están dentro". El PT llevó tan lejos
el juego de alianzas políticas y sociales que, inevitablemente,
está en la cuerda floja. Cualquier movimiento en falso, puede
provocar una ruptura sin retorno.
Esta situación de delicado equilibrio,
que hasta ahora era percibida sólo por las elites, comienza
a ser visualizada también por los militantes sociales. Durante
el Grito de los Excluidos, el coordinador de la Central de los Movimientos
Populares mostró que la gente está perdiendo el temor
a movilizarse contra "su" gobierno: "La idea es hacer
como que el pueblo está más 'nervioso' que el mercado
financiero. Tal vez, así el gobierno se preocupe antes de
las prioridades de los brasileños que de calmar al FMI y
al Banco Mundial".
Notas:
1) "O que está por trás
do crescimento industrial", en www.desempregozero.org.br/editoriais
2) Emir Sader, "A direita e o governo
Lula", en www.lpp-uerj.net/outrobrasil
3) Joao Pedro Stédile, "El
MST y las disputas por las alternativas en Brasil", en revista
OSAL No. 13, Buenos Aires, enero-abril de 2004.
4) Folha de Sao Paulo, 11 de setiembre
de 2004, p. B1.
5) Informativo MST, 8 de setiembre de
2004, en www.mst.org.br
6) Valor Económico, 3 de mayo
de 2004.
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** Fuente: Servicio Informativo "Alai-amlatina"
Agencia Latinoamericana de Informacion
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29 de septiembre de 2004
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