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* Envío
de SERPAL 273 - 04
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"Es extraña la
ligereza con que los malvados
creen que todo les saldrá bien."
Víctor Hugo
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Amigas,
amigos,
Los portavoces de la Casa Blanca han mentido de una manera sistemática
desde los prolegómenos de la invasión y ocupación
militar del territorio de Iraq. George Bush, Donald Rumsfeld, Colin
Powell y Condolezza Rice han liderado la mentira y el engaño
con sus argumentos y sus explicaciones que la realidad ha desmentido
mas tarde o mas temprano.
Ni arsenales de armas
de destrucción masiva, ni amenaza terrible para la humanidad,
ni alianza o cobijo de Al Qaeda.
Después, surgieron las evidencias de torturas y humillaciones
a los prisioneros iraquíes. Fotos, declaraciones y testimonios
hacían imposible negar lo evidente. Pero aún así,
elaboraron la estrategia de acotar las responsabilidades, afirmando
que eran casos aislados originados por fallos en la cadena de mandos.
Llegaron a montar algún juicio que duró minutos, donde
un militar norteamericano asumía su responsabilidad como
"arrepentido" y con ello obtenía una sanción
atenuada.
De rebote, volvió a hablarse de Guantánamo, convertida
en centro de detención ilegal ( ¿ o alegal ? ) de
cientos de presuntos sospechosos de colaborar con los talibanes
afganos. Las evidencias muestran que lo sucedido en la prisión
de Abu Ghraib y otras cárceles en territorio de Irak, no
es algo excepcional, sino que forma parte de la metodología
habitual para "quebrar" a los detenidos, obtener información,
minar la moral de la resistencia y humillar a los iraquíes.
Compartimos la nota de Jim Lobe que analiza las ilimitadas atribuciones
que tiene el presidente Bush en estas situaciones "de guerra",
"montadas" artificiosamente por la propia Casa Blanca.
Cordialmente,
Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> No eran "unas
cuantas manzanas podridas".
El Pentágono legaliza la tortura
por Jim Lobe
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La versión oficial dice que
los torturadores eran "unas cuantas manzanas podridas",
pero un informe del Pentágono revela que las vejaciones a
los prisioneros se realizaban no sólo con la anuencia, sino
por orden de los más altos mandos estadounidenses.
En todo caso, en su lucha contra el terrorismo, George W. Bush recibió
poder ilimitado para decidir sobre la vida y la muerte de los prisioneros
y, ahora sabemos, sobre cuánto dolor se puede infligir a
un ser humano.
Un informe clasificado del Pentágono, que provee argumentos
legales aparentemente destinados a justificar los abusos y la tortura
contra los detenidos en Irak, parece socavar las aseveraciones de
altos funcionarios estadounidenses, incluyendo al presidente George
W. Bush, de que los militares nunca echarían mano de tales
prácticas en la "guerra contra el terrorismo".
Breves extractos del informe, redactado por abogados del Departamento
de Defensa, fueron publicados en The Wall Street Journal el lunes
pasado. El texto asegura, entre otras cosas, que el presidente,
en su papel de comandante en jefe, tiene un poder prácticamente
ilimitado para librar una guerra, aun violando las leyes estadounidenses
y los tratados internacionales.
"La amplitud de la autoridad en
este informe no tiene precedentes", dice Avi Cover, un destacado
abogado del programa Ley y Seguridad Estadounidense, de Human Rights
First. "Hasta la fecha, hemos usado la retórica de un
presidente que está 'por encima de la ley', pero este documento
hace que esa [aseveración] sea explícita; ya no es
metáfora", añadió.
Aunque se desconoce si Bush vio o aprobó
el informe, éste fue clasificado como "secreto"
por el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, el 6 de marzo
de 2003, en vísperas de la invasión a Irak, según
el diario.
Se espera que una copia completa del
informe sea publicada pronto en Internet, según fuentes que
se negaron a informar en qué página electrónica
va a aparecer.
La publicación parcial del informe
llega entre crecientes acusaciones de que el Pentágono está
ocupado en encubrir la magnitud de los abusos en Afganistán,
Irak, Guantánamo y otros lugares.
El escándalo salió a la
luz pública en abril, cuando fueron publicadas fotos de la
humillación y abuso sexual contra los detenidos en la prisión
de Abu Ghraib, entre octubre y noviembre pasados. Siete soldados
fueron acusados en estos casos.
Si bien el Pentágono y la Casa
Blanca aseguraron que los abusos fueron cometidos por "algunas
manzanas podridas", en el último mes han surgido evidencias
de un abuso generalizado, que incluyó golpizas y tortura
severas.
Ex detenidos en Guantánamo y
Afganistán, así como en otras prisiones de Irak, se
han quejado de estrategias similares usadas contra ellos, lo cual
ha provocado que un alto número de legisladores y otros observadores
lleguen a la conclusión de que tal trato estaba autorizado
o al menos tolerado por autoridades en niveles mucho más
altos.
El Departamento de Defensa lanzó
seis investigaciones o análisis sobre el tratamiento de los
prisioneros en Irak y Afganistán, pero ninguno está
diseñado para clarificar el papel de los altos funcionarios
o del liderazgo civil en el Pentágono.
Al mismo tiempo, se ha desalentado activamente
a legisladores del gobernante Partido Republicano de llevar a cabo
investigaciones propias.
"En realidad, Rumsfeld lanzó
una masiva operación de encubrimiento dentro del Departamento
de Defensa", según Scott Horton, presidente de la Liga
Internacional por los Derechos Humanos y experto en ley militar.
"Las investigaciones en curso tiene el sello de un encubrimiento",
dice.
A Horton se le acercaron en abril de
2003 destacados abogados militares, preocupados por las políticas
de detención e interrogación que se estaban desarrollando
en el Pentágono.
"La deducción lógica es que este informe [el
tema de los artículos del diario] los puso nerviosos",
dice Horton. "Sabíamos que estaban muy molestos por
algo que se parecía a esto".
El informe, según el recuento
del diario, fue iniciado como resultado del fracaso de los interrogadores
de la base de Guantánamo -donde miembros de Al-Qaeda y talibanes
estaban detenidos- para obtener información usando técnicas
convencionales. Fue redactado por un grupo de trabajo designado
por William Haynes, del Pentágono, quien en junio pasado
aseguró al Congreso que los militares podían cumplir
cabalmente con la Convención contra la Tortura (CAT, por
sus siglas en inglés) de la ONU.
Gran parte del texto, que se dice tiene
más de 100 páginas, trata sobre asuntos legales relacionados
con tácticas de interrogación. Pero, según
el diario, en el fondo, el informe asegura que nada es más
importante que "obtener inteligencia vital para la protección
de incontables ciudadanos estadunidenses".
El informe cita posibles defensas para
el uso de la tortura: la "necesidad" de usarla para prevenir
un ataque o recibir "órdenes superiores", lo que
se conoce como la defensa de Nuremberg, que supuestamente absuelve
de responsabilidad a los subordinados por obedecer la cadena de
mando.
Ambas defensas son inconsistentes, sin
embargo, con las leyes estadunidenses y con la CAT de la ONU, ratificada
por Estados Unidos en 1994. Este instrumento internacional establece
que "ninguna circunstancia excepcional, ya sea un estado de
guerra o la amenaza de guerra, inestabilidad política interna
o cualquier otra emergencia pública, puede ser invocada como
justificación para la tortura", y que las órdenes
de superiores "no pueden ser invocadas como justificación
de tortura". Los manuales estadunidenses del ejército
también dicen que los soldados tienen prohibido obedecer
cualquier orden superior de torturar a alguien.
En su informe, el grupo de trabajo tomó
la posición de que ni el Congreso estadunidense, ni las cortes,
ni la ley internacional podían interferir con los poderes
presidenciales de librar la guerra. Eso quiere decir que, según
el reporte, el presidente no está sujeto a las leyes estadunidenses.
"Con el fin de respetar la autoridad
constitucional inherente al presidente de manejar una campaña
militar... [la prohibición contra la tortura] debe ser interpretada
como inaplicable a las interrogaciones que se lleven a cabo de conformidad
con su autoridad como comandante en jefe", declaraba el documento.
"Lo más terrorífico
de esto es el argumento que la administración ha usado desde
el 11 de septiembre: que el presidente tiene un poder ilimitado
para hacer lo que crea necesario", dijo Cover. "No importa
lo que diga el Congreso, lo que diga la Constitución, o lo
que digan las leyes internacionales".
Pero el informe también refuerza
la creciente creencia de que suavizar los reglamentos de interrogatorios
fue una decisión tomada en un alto nivel, lo cual explica
por qué los reportes de abusos están tan difundidos.
"Si alguien aún piensa que
los únicos a quienes se les ocurrió la idea de torturar
prisioneros fue a unos soldados y cabos en Abu Ghraib, este documento
pone ese mito a descansar", dijo Tom Malinowski, director en
Washington de Human Rights Watch. "No es difícil ver
cómo estos argumentos abstractos creados en Washington llevaron
a atroces y sistemáticos abusos", dijo.
"Tenemos a un grupo de abogados
gubernamentales que tratan de justificar crímenes de guerra",
dijo Horton. "Pone en ridículo la declaración
de Hayne sobre adherirse a la CAT y las promesas de Bush de que
Estados Unidos no torturaría o sometería a los detenidos
a un trato cruel o inhumano.
"Si aplicamos las mismas reglas
a nosotros, como hemos abogado en los tribunales internacionales
en el caso de Yugoslavia [de que el liderazgo civil es responsable
de crímenes de guerra cometidos por sus militares], entonces
Donald Rumsfeld está en muy serios problemas".
(Traducción: Tania Molina Ramírez.)
Fuente: "La Jornada", México.
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13 de junio de 2004
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