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* Envío
de SERPAL 271 - 04
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(...) Mono de la aflicción,
hombre de trapo,
hilo del Gran Titiritero,
enséñame tu cara, a ver: un gesto,
ríe, llora, gracioso, pide, pordiosero. (...)
De "Epílogo"
, Jaime Sabines.
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Amigas,
amigos,
El presidente Uribe prepara el camino para atar aún más
la dependencia de su país a la del gobierno norteamericano.
En Cartagena de Indias preside la sesión de apertura de las
negociaciones entre representantes del bloque que forman su país,
Ecuador y Perú, con los enviados de George Bush para establecer
el Tratado de Libre Comercio.
Uribe se afana por convencer a propios y ajenos de los "beneficios"
del TLC, mientras en las calles la policía reprime y detiene
a decenas de manifestantes. Millares de personas, entre ellos dirigentes
de las centrales de trabajadores y agrarias, congresistas independientes
y de la oposición, y líderes de diversos movimientos
sociales han manifestado su rechazo al Tratado que consideran solo
beneficiará a los intereses norteamericanos. De hecho, los
representantes de EE.UU. ya anticiparon que su país no modificará
a corto o medio plazo la protección a sus propios productos
agropecuarios. Sí pretenden el libre acceso de sus manufacturas
al mercado de los países andinos.
Mientras tanto, en Estados Unidos, un senador republicano, Tom Tancredo,
se apresura a presentar una iniciativa para aplicar un impuesto
del 5 % a las remesas que los inmigrantes latinoamericanos residentes
envían a sus países de origen, horas después
que se conociera un informe del Banco Interamericano de Desarrollo
que calcula que este año llegarán a un total de 30
mil millones de dólares.
Una vez que concluya la sesión negociadora en Cartagena,
el presidente de Colombia viajará a España, para asistir
a la boda del Príncipe Felipe, heredero de la corona. Es
de esperar que más allá de protocolos y de "razones
de estado", el nuevo gobierno y la sociedad española
tengan presente lo que sucede en Colombia, y quien es, que hace
y a que intereses representa Alvaro Uribe.
Para aportar a ese necesario recordatorio, compartimos la reflexión
que hace Carlos Alberto Ruiz para la agencia SERPAL.
Cordialmente,
Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> La guerra
en Colombia: entre la vieja ruta y el nuevo laboratorio
Fotos y trenes que pasan por Madrid
A la memoria de Elsa y Mario, defensores de derechos humanos,
asesinados en Bogotá el 19 de mayo de 1997
* Carlos Alberto Ruiz para
SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.
La intención de este artículo
así como de su encabezamiento, es marcar con inquietud y
necesaria ironía, ante el sarcasmo y crudeza del devenir,
unos elementos de la coyuntura y del conflicto estructural en Colombia,
como también aspectos a tener en cuenta en la política
española en relación con la situación y la
tendencia en dicho país, máxime con la aparentemente
"llana" visita de Álvaro Uribe Vélez el
21 de mayo de 2004 a Madrid, y su encuentro, más probable
foto abordo y abrazo, con el nuevo presidente del gobierno español,
José Luis Rodríguez Zapatero.
1.- Laboratorio y tanatorio
Es ya un lugar común señalar
en literatura tanto de líneas convencionales como de enfoques
críticos, que en materia de derechos humanos Colombia es
un laboratorio. Recientes libros de análisis o informes de
organismos internacionales editados en España en el 2004,
aplican el término para explicar cómo se cuecen recetas
que parcial pero congruentemente se contrastan y reafirman en otras
experiencias y secuencias del orden mundial, de creciente y cada
vez más abierto dominio imperial, en el que este país,
Colombia, es privilegiado escenario de prueba. Taller, literalmente,
de francas empresas de guerra.
También ha sido usado e inducido
paulatinamente desde el año 1999 el concepto y la metáfora
del laboratorio para enmarcar un proceso de ensayo de "paz"
y sus respectivas rentas, proceso en el que se compatibilizan a
la fuerza dos objetivos supuestamente contradictorios: la gestión
del grueso de la cooperación europea, de un lado, y del otro
la pérdida real de espacios alternativos para las reivindicaciones
radicales sobre aplazadas necesidades sociales, primordiales para
la prevención y el vencimiento de las violencias más
descarnadas. En ese laboratorio tienen lugar engranajes y voces
de oficiosas mezclas de paradigmas que han contribuido a la anulación
exitosa de bases de luchas populares, truncadas en gran medida por
la guerra sucia.
Haciendo vacío y silencio sobre
la tramoya del genocidio, del que han sido víctimas por ejemplo
las organizaciones sindicales y campesinas, con parte del instrumental
de tal laboratorio se suplantan duras bregas y búsquedas
que venían produciéndose desde décadas pasadas
tras genuinos o superiores empoderamientos populares. Así,
el laboratorio se verifica fáctica y simultáneamente
en labor de una trama, de muy escogidas contrapartes, y en trama
para una labor política de aparente mediación, que
se define ante todo según los intereses de corporaciones
privadas, de la banca mundial, de centros de gobiernos y elites
de agencias internacionales y nacionales, que se desgrana e implementa
luego dentro de una franja asociativa de órbitas y ganancias
particulares que comprende algunas Ongs o agrupaciones locales de
diferente nivel, intermediarias y receptoras de un discurso de pacificación,
que administran recursos y palabras de la llamada asistencia humanitaria
y de la alegada ayuda al desarrollo.
Frente a la enorme riqueza del país
acumulada en muy pocas manos, una primaria y obvia conclusión
debe subrayarse: tal "paz" elaborada como argumento en
ese laboratorio, es viable como apaciguamiento; que llega como solución
de disuasión dirigida a los disidentes del modelo y promesa
de futuro sin los cambios sustanciales o las reformas para las amplias
colectividades excluidas (casi 30 millones de colombian@s en la
pobreza: el 65% de la población).
En ese sentido, la apelación del "laboratorio"
es también la petición de "tiempos y compás
de espera". Suele decirse entonces que se precisa de márgenes
de actuación y mecanismos de gracia para que las instituciones
obtengan resultados en el mediano y largo plazo. Tal idea se solapa
con la "seguridad democrática" planteada en el
proyecto totalitario de Uribe Vélez, pues ha acompañado
tanto el aprovisionamiento mediático como la instrucción
"civil-ciudadana" de sectores hoy sumisos, que bajo la
obediencia y la colaboración a la autoridad funcionarían
sobreviviendo todavía más dóciles en medio
del conflicto, mientras éste se desactiva en sus expresiones
militares y políticas rebeldes, sin que puedan como bloques
contestatarios interferir con posibilidades la acción del
gran capital, que instala sus resortes en regiones inmensamente
ricas como el Magdalena Medio, el sur de Bolívar y el Oriente
de Antioquia, dos vastas e importantes zonas del centro geográfico
y productivo colombiano, donde el "laboratorio de paz"
que apoya la Unión Europea ha marchado acompasado con los
dividendos del terror.
Debe repasarse que desde el 2000 la
connivencia se produce sin impugnaciones, mientras no cesa el control
militar-paramilitar y la concatenación de operaciones contrainsurgentes
de aliento estratégico descargadas contra la población
civil más arruinada, propias del tan mentado Plan Colombia,
programa actualmente rediseñado para una etapa feroz por
determinar, según los dictados y cálculos que se trazan
en Washington y Bogotá, dos patas de un trípode que
se ha movido con las explosiones de los ataques criminales en Madrid
el 11 de marzo.
2.- Trípode para
fotos y armas
El otro pie de ese trípode se
bifurca nominalmente en La Moncloa y en Bruselas. Es el soporte
liberal de la amenazadora "legitimidad" eventual. Y si
fallara el socio europeo, su no alineamiento puede sacudir el repertorio
político-legal, hacer tambalear el armazón mediático
e ideológico que se prepara para una mayor y más costosa
aventura guerrerista, a la cual no va a renunciar el dúo
Bush (o sucesor) - Uribe y sus nóminas.
Pensando en la declarada decencia política
de Rodríguez Zapatero, existirían razones para a-guardar
la esperanza, ingenua acaso, que el "comando Madrid",
regido antes por Aznar para esté propósito de guerras
lucrativas, esté interceptado. No obstante, sus explosivas
cargas fueron dejadas ya en el tren del conflicto colombiano.
Está por verse muy pronto el
registro que el gobierno de Rodríguez Zapatero tendrá
al respecto. Si se hace guardián en Colombia del legado de
agresión, ocupación e intervensionismo que su antecesor
estimuló; si es heredero del liderazgo pérfido henchido
de doblez en la combinación de un emplazamiento de fondo
bélico al tiempo que promueve la "cooperación"
paliativa y perversamente interesada a través de la Unión
Europea, o si es reconducida en conjunto con ésta una facilitación
transparente, para futuros pasos y condiciones básicas hacia
la solución de un hondo conflicto social, político
y armado, mediante una negociación concertada y fundada en
reformas para la justicia social.
Ciertamente, por su peso actual y potencial,
lo que haga o deje de hacer este nuevo gobierno del PSOE ante el
conflicto colombiano tendrá un severo impacto, porque está
en capacidad de agravar la actual fractura y sus repercusiones regionales,
como también, por el contrario, de apostar por un devenir
de diálogo y cambio. Rodríguez Zapatero tiene que
haber leído en los periódicos que paramilitares-mercenarios
colombianos atravesaron la frontera con Venezuela. Y sus servicios
exteriores y de inteligencia deben situarlo en las coordenadas generales
de los planes que se trazan desde Washington, Miami y Bogotá
contra el gobierno de Hugo Chávez.
Avances y acercamientos son posibles,
apuntando tanto a la salida histórica de la confrontación
armada en Colombia, como a la articulación de una política
exterior para América Latina y el Caribe que comprenda y
demande tal solución política de un país que
desborda su crisis y podredumbre, para lo cual es imperioso que
abandone España su penosa faena esquizofrénica en
relación con los derechos humanos, su doble rasero, así
como la prepotencia ante unos, que une a la sombra de servilismo
que de manera patética supo infundir y cultivar Aznar al
lado de Bush y Blair, caras del mismo trípode.
3.- La prueba Uribe
al talante de Rodríguez Zapatero
En consecuencia con el rechazo explícito
a las guerras criminales y suicidas, y en consonancia con la resonada
vuelta al arquetipo de Naciones Unidas, al menos, inmediatamente
y no más tarde, Rodríguez Zapatero debe desprenderse
de las orientaciones globales y locales del actual binomio Bush-Uribe
y sus camarillas, temiéndole a futuras fotos que no habrá,
de las torturas, desapariciones, asesinatos y matanzas que sí
hay a diario en Colombia. Se supone por los ecos sobre su talante,
su pudor y su inteligencia, que no necesita que se le hagan llegar
fotografías. Basta por lo pronto que su equipo lea y le resuma
sin tergiversaciones los documentos de Naciones Unidas acerca de
la situación de derechos humanos en ese país.
Ante sí, tiene el nuevo presidente español un test
de coherencia mínima, de propiedad de la palabra, porque
si la empobrecida ONU debía valer para Irak, pese a su languidez
debe valer para el franco régimen totalitario que se configura
raudamente en Colombia. Y el panorama es claro aunque sea complejo,
no obstante la flojedad de las deposiciones y los registros tardíos
de la ONU y de otros foros sobre la tragedia que afronta el pueblo
colombiano.
Como las anteriores administraciones, cuyos titulares pasan y posan
impunemente por Madrid después del desangre al que contribuyeron
como presidentes y comandantes militares, Andrés Pastrana
entre otros socios de Aznar, sistemáticamente también
el gobierno Uribe, ha burlado olímpicamente las más
elementales obligaciones de derechos humanos que la ONU ha requerido
se cumplan sin más dilación.
Uribe Vélez mantiene en impunidad la estrategia paramilitar
que impulsó personalmente desde pasados cargos, la cual en
gran medida es objeto de una reingeniería de legalización
e inmunidad a través de pantomimas de desmovilización
que esconden su reciclaje y fortalecimiento, y de la recompensa
mercenaria a sistemas de informantes, empresas de seguridad privada,
cooperantes en la guerra, soldados campesinos y demás figuras
en la misma cuerda, que regatean no sólo el derecho a la
justicia de miles de víctimas de los crímenes del
terrorismo paramilitar, sino que se premian de hecho con su blindaje
y recomposición en tanto se mantiene incólume su lógica
funcional. Es avalada así como solvente garantía de
fuerza a la postre eficiente para la protección de inmensas
propiedades de terratenientes, ganaderos y empresas que se emparejan
en negocios ilegales como el narcotráfico, hasta los legales
como la explotación petrolera, bananera, maderera o el cultivo
de palma.
Pero no sólo es esta brutal guerra sucia que se recubre con
ese "mirar a otro lado" a la hora de los asesinatos selectivos,
las masacres, las desapariciones forzadas, las torturas y el exilio.
El día a día revela el simultáneo ensamble
inteligente de un férreo cerco a quien ose disentir seriamente
de la política económica ya no sólo de recio
credo neoliberal sino de fuerte raíz colaboracionista con
la prospección de corporaciones de Estados Unidos, principalmente,
las mismas que están en pos de guerras y saqueos como ocurre
en Irak, siendo ejemplo manifiesto la persecución a la legítima
huelga de los trabajadores petroleros de la Unión Sindical
Obrera, USO y el aumento de personal militar estadounidense y mercenario
que monitorea o dirige tramos y claves del conflicto y su usufructo
actual y futuro. Es también la judicialización de
organizaciones sociales, populares, sindicales, cívicas y
de defensa de los derechos de la población; más normas
"antiterroristas" que facultan a los militares para actuar
por cuenta de la sospecha y la caza de la subversión hasta
aniquilarla; y cárceles abarrotadas donde no están
ni los políticos corruptos, ni los generales genocidas, ni
los jefes paramilitares.
3.1. El test paramilitar
Estos últimos, entre amagos de
vendettas mafiosas, negociaciones fanfarronas de su impunidad para
evitar ser extraditados por fricciones y repartos del narcotráfico,
y una parafernalia de "interlocutores" políticos
que en las mismas sábanas pernoctan como "antagonistas",
devienen en prácticos comodines y pasajeros en esta fase
de la pregonada "seguridad democrática", bautizada
así por Uribe, quien a su modo se rodea hábilmente
de ella. Un calificado capo paramilitar antiguo jefe de bandas de
asesinos a sueldo del narcotráfico, hoy "inspector"
paramilitar, afirmó a la prensa, a nombre de las "autodefensas",
que no se opondrían al "primer Magistrado" (Uribe),
que condenan "cualquier acción que ponga en riesgo"
su vida, recordando que Uribe "tiene una finca ganadera en
el departamento caribeño de Córdoba, zona en la que
tienen alta influencia los paramilitares", y que es el "único
lugar de Colombia donde el presidente conduce su vehículo
y anda tranquilo". Así es. Sin duda.
Por ello, Uribe paramilitariza el país tanto como el sosegado
entorno de su hacienda, así como a su forma quienes le siguen
y resguardan, expelen, de manera pulida o tosca, que no están
dispuestos a perder: nada de ser sancionados por sus crímenes
ni dejarse arrebatar sus grandes propiedades agrarias acumuladas
cuando desplazaron al campesinado pobre; nada de restarse su poder
e inconmensurable capital. Lo dicen al tiempo de manifestar para
la galería que están dispuestos a actos de reconciliación
con las víctimas donando parcelas para ellas o pagando gestos.
Es la concepción de justicia feudal que Uribe y los suyos
representan, aunque haya sido elegido "democráticamente"
en la rutina huera de una "democracia" de espanto que
busca ahora afinar para su casi segura reelección. Por ello,
con otras razones de estructuración de la doctrina y la armadura
neoliberal, impulsa una reforma constitucional que le permita cumplir
el quiebre de la prometida y dispendiosa "solución final".
Uribe, con un serio prontuario en cuanto
promotor de oscuras alianzas y beneficios narco-paramilitares, tiene
ante sí no sólo el desafío guerrillero, sino
el probable cansancio más tarde de amplios sectores maleables
que, se dice, le apoyan al día de hoy, según los altavoces
de los medios, pese a la miseria generalizada y a la frustración
cada vez más corriente, apenas obvia, tras los golpes de
una exclusión galopante, sostenible por ahora con la fuerza,
el artificio y el miedo.
4.- Trenes rumbo a Colombia, que pasan por
Madrid
Del mandato de Rodríguez Zapatero habrá pues que hacerse
un seguimiento muy riguroso en este campo, y decirse lo que hay.
Si hay algún grado de complacencia o silencio con la estrategia
de impunidad del paramilitarismo, con sus beneficiarios y benefactores;
si hay más ventas de armas a unas fuerzas oficiales genocidas;
si admite misiones militares y policiales sin control de qué
personal y con qué propósito arriban a España
o se trata con ellas; si no contribuye a la persecución de
crímenes internacionales o de lesa humanidad. Los que tantas
veces han reprochado el abrazo de las Islas Azores no pueden callar
qué poses y qué fotos buscará tomarse Uribe
Vélez y con qué socios, al lado del talante de cambio
que se anuncia y enuncia en el ámbito español y europeo.
Tienen Rodríguez Zapatero y su ministro Moratinos el deber
político de la higiene a la hora de las fotos, los saludos
y los pactos. Cualquier signo de respaldo a la psicosis de Uribe
sería fatal. Sería llevarle las mochilas de muerte
que él busca dejar en trenes que pasan por Madrid y que van
hasta Colombia, menos a su finca y alrededores.
El compás de Uribe Vélez ha finalizado al condenar
a Colombia a más guerra y opresión. En la encrucijada
de ese país dentro de una región convulsa, tiene el
gobierno español de Rodríguez Zapatero una clara oportunidad
de demostrar la consistencia de un pensamiento progresista, de genero
social, que sabe de la pobreza en la base de la violencia; que pretende
auténticamente se respeten los derechos humanos, rechazando
el libreto fascista; y que le interesa la renovación de idearios
y pautas de construcción de la integración y la democracia
en América Latina como fuente de paz y futuro de libertades.
No se le pide naturalmente al nuevo gobierno acompañar o
compartir muchos de los retos de autodeterminación y bienestar
a que aspiran allá fuerzas políticas y sociales, que
plantan algún grado de lucha irritando donde el Imperio manda
despreciativo, pero donde comienza otra vez a ser desobedecido.
Sin embargo, se espera fundadamente del gobierno PSOE-Rodríguez
Zapatero que no copie a PP-Aznar, que salga en defensa activa al
menos de los derechos humanos liberales, sembrados en la vieja ruta
de la paz con dignidad, y que se niegue a peligrosos experimentos
de pacificación con pobreza en laboratorios de desesperanza.-
Carlos Alberto Ruiz, para SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.
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19 de mayo de 2004
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