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* Envío
de SERPAL 261 - 04
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" La cultura intelectual
y moral predominante, nos presenta el mundo bajo un prisma muy diferente.
Según su óptica ¿porqué debiéramos
ni siquiera preocuparnos por Haití ? En definitiva somos
el país más rico y poderoso del mundo, mientras que
Haití está en el polo opuesto de la existencia humana:
miserable, horroroso, negro y feo. Puede que compadezcamos a los
haitianos y a otras gentes retrasadas que inexplicablemente no han
conseguido lograr nuestro grado de nobleza y riqueza, e incluso
puede ser que les echemos una mano motivados por algún impulso
humanitario. Pero allí se acaba el sentido de responsabilidad."
Del prólogo del escritor
norteamericano Noam Chomsky al libro "Haití para qué"
de Pau Farmer.(1994)
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Amigas, amigos,
Las protestas contra el presidente haitiano Jean Bertrand Aristide
se han convertido en una abierta insurrección en Gonaives,
ciudad de doscientos mil habitantes, y cuarta en importancia en
el país. Fuerzas policiales enviadas desde la capital, Puerto
Príncipe no consiguieron recuperar el control y sufrieron
varias bajas. A medida que transcurren las horas, crece la impresión
de que la sublevación se afirma en otras poblaciones del
interior.
Mientras tanto, Aristide, que durante años fue la esperanza
de los millones de empobrecidos y marginados que constituyen la
gran mayoría de los habitantes del país, acentúa
sus rasgos totalitarios y procura sostenerse en el poder. Para ello,
apela al apoyo de los sectores populares que aún le ven como
a un igual, alguien surgido de la pobreza y que les sacará
del atraso y la miseria.
Pero en realidad, más del 80 por ciento de los siete millones
y medio de habitantes guardan distancia de las confrontaciones a
favor o en contra del gobierno. Están ocupados en conseguir
algo de frijoles o arroz, en sobrevivir. Muchos de ellos asumen
que no hay salida ni posibilidad de mejora. Su mayor esperanza es
que la situación no vaya a peor.
Y es que no hay una fuerza opositora estructurada, con líderes
reconocidos, con orgnización y objetivos. Son flecos dispersos
de la clase dirigente, muchos de ellos contaminados por el despotismo
y la corrupción y preocupados solo por sus propios beneficios.
El panorama se completa con una comunidad internacional que ha ignorado
el ancestral drama del primer país donde los esclavos negros
lograron liberarse de sus amos blancos.
Francia o Estados Unidos que han tenido durante muchos años
el verdadero control de Haití, solo han velado por sus propios
intereses y en verdad han contribuído a perpetuar la postración
y la miseria. Francia con la proverbial avaricia colonial y Estados
Unidos con sucesivas ocupaciones militares o el apoyo a dictaduras
sangrientas e interminables como la de Francoise Duvalier. Las perspectivas
no son alentadoras, y el fantasma de un enfrentamiento generalizado
entre partidarios y opositores de Aristide se cierne como una amenaza
más sobre este sufrido pueblo americano.
Cordialmente,
Carlos,
SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.
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>> HAITI : El drama que no cesa de un pueblo
olvidado.
por Carlos Iaquinandi Castro ( SERPAL)
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Haití acaba de celebrar 200 años
de su independencia formal. En ese territorio insular proclamaron
en 1804 su primer gobierno propio los esclavos negros. Hoy, es el
país más empobrecido del hemisferio occidental. Hay
quienes prefieren deslindar responsabilidades atribuyendo ese atraso
a la presunta incapacidad de sus habitantes para construír
una nación viable. Otros, como el escritor Ian Thomson creen
que "los países de occidente trataron a Haití
como a un paria porque había tenido la temeridad de liberarse
y nunca le iban a perdonar eso".
La verdad parece asemejarse a la de otros tantos países dependientes:
siempre hay responsables internos que abren las puertas a quienes
vienen a sacar el mejor provecho. A partir de allí, el saqueo
y la corrupción están servidos. Unos pocos se reparten
los beneficios, y una mayoría queda postergada y marginada.
En las últimas semanas, el deterioro social y económico
derivó en protestas sociales que han sido duramente reprimidas
y que provocaron más de medio centenar de muertos y decenas
de heridos. Finalmente, opositores al presidente Aristide se sublevaron
y lograron hacerse con el control de varias poblaciones del norte
del país, entre ellas Gonaives, la cuarta ciudad en importancia.
Hace unas horas, fuerzas policiales fracasaron en el intento de
retomarla con un saldo de nuevas víctimas. Se abre entonces
un incierto panorama de confrontación entre quienes defienden
la continuidad de Aristide y quienes reclaman su dimisión
y la formación de un gobierno de transición que convoque
a elecciones libres. En el medio, un pueblo hambriento, marginado
y sin los mínimos recursos.
Antecedentes
Los aborígenes que sobrevivieron a la conquista española
y los esclavos negros llevados desde las costas africanas por las
potencias coloniales constituyeron la población de Haití,
que comparte el espacio insular caribeño con la República
Dominicana. Francia ocupó ese territorio por mas de un siglo
y sacó provecho de la explotación de sus habitantes
y de sus recursos. ( En en siglo XVIII nada menos que el
75 % de la producción mundial de azúcar). Se marchó
cuando la rebelión de los esclavos negros proclamó
la república y años más tarde tuvo el descaro
de exigir el pago de una elevada suma a modo de indemnización
por haber perdido esa próspera colonia.
El relevo como potencia influyente o decisiva lo recogió
Estados Unidos, que desde 1849 envió con frecuencia barcos
de guerra, o los mantuvo como presión, en las costas haitianas.
En 1915 el Parlamento haitiano se negó a aprobar una Constitución
dictada por Estados Unidos, lo que motivó que el gobierno
del norte decidiera ocupar militarmente Haití con sus infantes
de marina. Y allí se quedaron por casi
20 años. Durante ese período fueron denunciadas varias
masacres producidas por la represión a campesinos en las
que fueron asesinados entre tres y quince mil personas.
A partir de los años 50, respaldaron la terrible dictadura
de Francoise Duvalier que institucionalizó el terror y el
atraso como signos destacados de sus treinta años en el poder.
Le sucedió su hijo Jean Claude quien prolongó varios
años la agonía del régimen hasta que marchó
al exilio que, alegando " razones humanitarias", le brindó
Francia, la ex potencia colonial. En su huída, el "petit"
Duvalier se llevó gran parte de lo que quedaba en las arcas
estatales.
Después vino la esperanza de un joven sacerdote negro, reconocido
como "el cura de los pobres". Jean Bertrand Aristide ganó
ampliamente las elecciones en 1990, pero a los 8 meses fue derrocado
por un golpe militar. El ejército haitiano siempre fue una
herramienta de dominio de las pocas familias que controlan el escaso
movimiento económico que existe.
Tras un exilio en Estados Unidos, regresó al país
en 1994 gracias a una nueva operación de los "marines"
norteamericanos. En los años posteriores gobernó a
través de su movimiento "Lavalas", y desde el 2000
ejerciendo directamente la presidencia del país al ganar
ampliamente las elecciones en las que no tuvo rivales. Pero en el
camino quedaron sus compromisos de cambio y transformación.
Le acusan de haberse enriquecido con negociados y concesiones, como
las otorgadas a empresas telefónicas norteamericanas. Muchos
de quienes le acompañaron durante su prédica como
miembro de la teología de la liberación se han pasado
a la oposición. Aristide dejó los hábitos hace
diez años, y posiblemente también abandonó
muchos de los principios que lo habían convertido en la esperanza
de su pueblo.
Hoy
Los años de gobierno de Aristide no solo no han sacado al
país de los terribles niveles de pobreza, sino que en algunos
aspectos lo han hundido todavía más.
La economía está descalabrada, y los escasos recursos
provienen de las remesas de sus emigrantes ( estimadas en más
de 700 millones de dólares ) y de la cada vez menor ayuda
internacional . La corrupción domina todos los niveles administrativos;
más de la mitad de la población es analfabeta; otro
tanto no tiene acceso al agua potable y la esperanza de vida ha
bajado a los 49 años. Haití ocupa uno de los últimos
lugares en el Indicador de Desarrollo Humano, ( el 134º ) al
lado de los más postergados países africanos. El 4
por ciento de su población, controla el 64 % de su riqueza.
La deforestación y la erosión amenazan con convertir
en un desierto el territorio haitiano.
La población se estima en siete millones y medio, pero hay
casi dos millones que emigraron a Estados Unidos o la República
Dominicana en la desesperación de encontrar un futuro mejor.
En fuentes de la ayuda internacional consideran que no llegan a
doscientas mil las personas que tienen un empleo formal en Haití,
el resto sobrevive como puede. Algunos quizás vinculados
con el negocio de la droga, ya
que los estudios especializados indican que Haití está
en la ruta del narcotráfico hacia donde se hace el mayor
consumo mundial: Estados Unidos.
La sublevación
Aristide gobierna con el apoyo de los pobladores más empobrecidos
y marginados, en especial los de Puerto Príncipe, la capital.
Pero desde hace varias semanas, algunos de sus ex partidarios y
colaboradores se han sumado a un movimiento opositor conocido como
"Grupo de los 184" , porque inicialmente ese fue el número
de grupos políticos, sindicatos, asociaciones patronales
y entidades de la sociedad civil que lo componen. Aunque el grupo
no tiene líderes reconocidos, uno de los que pretende ejercer
ese papel es Gerard Pierre Charles, que dirige la Organización
del Pueblo en Lucha, desprendimiento del movimiento Lavalás
de Aristide. Este veterano opositor de extracción comunista,
acusa al presidente Aristide de haber creado las condiciones para
el caos actual y " de haber ligado el poder político
con la mafia de las drogas y el contrabando". Reconoce que
el ex sacerdote llegó a representar las aspiraciones populares
tras la caída del dictador Duvalier, "pero acabó
revelando su verdadero rostro, el del político haitiano del
siglo XIX, bárbaro y corrupto". Lo cierto es que los
grupos paramilitares que apoyan al presidente actúan con
la misma barbarie y crueldad que los temidos "tonton macoutes",
la policía política de Duvalier.
Las protestas callejeras contra el gobierno haitiano fueron creciendo
gradualmente en las últimas semanas, hasta cristalizar en
una huelga general por 48 horas que alcanzó un éxito
importante. Durante su transcurso la represión a manifestantes
dejó un saldo impreciso de muertos y heridos. La creciente
tensión social, desembocó el último fin de
semana en una sublevación en Gonaives, cuarta ciudad en importancia,
situada 110 kms al norte de Puerto Príncipe. Opositores armados
lograron hacerse con el control de la Jefatura de Policía
y con la sede del gobierno. El intento de Aristide de retomar la
plaza con el envío de 300 policías, fracasó
al ser rechazados por los sublevados. Algunas emisoras de radio
fueron las que indicaron que hubo entre 8 a 15 muertos, la mayoría
policías del gobierno. ( El ejército fue disuelto
por Aristide en 1995 ; la fuerza policial que lo reemplaza tiene
unos 7.000 hombres)
Winter Etienne, uno de los dirigentes del llamado Frente de Resistencia
en Gonaives declaró que esa ciudad ya es "zona independiente"
y que se aprestaban a liberar del control del gobierno a otras localidades
de la región. Otras fuentes indican que en Saint Marc, en
la costa occidental del país, opositores tomaron la jefatura
policial y cortaron con barricadas el acceso a la ciudad.
Aristide, mientras tanto, buscó el apoyo popular en un acto
celebrado en Puerto Príncipe para festejar un nuevo año
de gobierno. Allí acusó a los sublevados de "terroristas",
utilizando el mismo vocablo tan en boga en el ámbito internacional
para condenar a rivales, enemigos o disidentes. Sus más leales
partidarios le respondieron con gritos de "koupe tèt,
boule kay", "cortar cabezas e incendiar casas" como
respuesta a la amenaza de los opositores, lo que haría difícil
delimitar donde prevalece realmente la barbarie.
Las grandes potencias miran con desconfianza la evolución
de la crisis, pero no han dado muestras de actuar para evitar masacres
o para asistir solidariamente a los millones de haitianos, que una
vez más, son los que sufren verdaderamente la ineficacia
y el egoísmo de sus dirigentes. La embajada norteamericana
condenó el ataque de los rebeldes en Gonaives y defiende
que Aristide "debe terminar su mandato". Como si no fuera
el mismo país que bombardeó, invadió y ocupó
Irak hace un año, afirma que "Estados Unidos rechaza
de manera categórica cualquier tipo de violencia empleada
como medio para alcanzar fines políticos".
El secretario general de la ONU, dijo estar preocupado, e instó
a los haitianos "a saldar sus diferencias de manera pacífica".
Es difícil creer que Kofi Annan no conozca la absoluta inutilidad
de su frase, salvo que pretenda -como tantas veces- guardar su imagen
y la del devaluado organismo internacional.
Perspectivas
En un panorama tan complejo e imprevisible como el que presenta
la situación haitiana resulta casi imposible definir las
perspectivas de esta nueva crisis. Pero en el horizonte no hay componentes
que permitan optimismo. Sobre todo si tenemos en cuenta que entre
los que hoy encabezan la oposición a Aristide hay muchos
que solo aspiran a tomar el relevo en la corrupción y el
disfrute personal del poder. Resulta difícil que el verdadero
e imperioso cambio que necesita esta postergada sociedad surja de
esta confrontación interna. Quizás por eso, una gran
mayoría de los habitantes permanece ajena y sigue en lo suyo:
buscar algo para comer, algo que alivie esa agonía cotidiana
de sobrevivir sin medios.
Fuentes: Redacción de SERPAL, archivo propio y notas de corresponsales.
Nota de redacción : A quienes estén interesados, sugerimos
consultar el excelente y documentado ensayo "The uses of Haití"
de Pau Farmer, editado en castellano con el título de "Haití
Para Qué" por la editorial Argitaletxe Hiru S.L. de
Guipuzkoa con prólogo y epílogo de Noam Chomsky. (1994)
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8 de febrero de 2004
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