* Envío de SERPAL 233 -
03
"La historia es duración. No vale el grito aislado,
por muy largo que sea su eco;
vale la prédica constante, continua, persistente.
No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los
hechos, a la realidad cambiante y móvil;
vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante,
rica en potencia y capaz de movimiento".
José Carlos Mariátegui, escritor y luchador social
peruano en "Aniversario y Balance", 1928.
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Amigas,
amigos,
Coincidiendo con el final de la invasión y ocupación
militar de Irak, se produjo en Cuba el proceso judicial contra
varias decenas de acusados de conspiración, y la aplicación
de la pena de muerte a tres de los implicados en el secuestro
de un navío con el que intentaban dirigirse a las costas
norteamericanas. Estos hechos dieron origen a una serie de pronunciamientos
de diversos intelectuales críticos con la represión,
muchos de ellos reconocidos por su simpatía con la revolución.
Quizás el primero, o al menos uno de los que alcanzó
mayor repercusión fué el Premio Nobel de Literatura,
José Saramago. "Cuba no ha ganado ninguna heroica
batalla fusilando a tres hombres, pero sí ha perdido mi
confianza, ha dañado mis esperanzas, ha defraudado mis
ilusiones. Hasta aquí he llegado", expresó
en una carta publicada el 14 de abril en el diario "El País"
de Madrid. "Mi solidaridad con el pueblo cubano se mantiene
intacta. No pienso ponerme en el campo de los enemigos de Cuba",
añadió. De inmediato aclaró que sus expresiones
responden "sobre todo, a que a un amigo hay que decirle las
verdades". Después, fué el uruguayo Eduardo
Galeano, con su "Cuba duele". Otro documento, con una
dura condena al arresto de opositores cubanos, lo firmaron -entre
otros - el premio Nobel de Literatura alemán Günter
Grass, el chileno Jorge Edwards; el peruano Mario Vargas Llosa
, el italiano Antonio Tabucchi, los mejicanos Carlos Monsivais
y Enrique Krause y los españoles Manuel Gutiérrez
Aragón, Rosa Regás y Rosa Montero. Todos estos pronunciamientos
tuvieron amplia acogida en la prensa europea y también
en la de América Latina.
No tuvieron tanta suerte aquellos intelectuales que firmaron el
documento "Llamado a la conciencia del mundo", donde
afirmaban que "el acoso a Cuba, puede servir de pretexto
a una agresión". Pero no debe extrañarnos.
Más allá de las respetables posiciones éticas
con respecto a la pena de muerte o en relación con los
derechos humanos, en torno a Cuba laten casi 45 años de
una confrontación ideológica y de una guerra en
la que han sido utilizados todos los medios: ataques militares
abiertos como el de Playa Girón, terrorismo como las bombas
en establecimientos turísticos, el incendio de cañaverales
o la fumigación de plantaciones con tóxicos, la
agresión permanente con potentes medios de comunicación
desde las costas norteamericanas, el espionaje, los intentos fallidos
de asesinar a Fidel Castro, y varias décadas de bloqueo
económico que no solo impide el comercio con Cuba a las
empresas norteamericanas, sino que a través de la ley Helms-Burton,
esa prohibición amenaza con sanciones a terceros países
que tengan intercambio con el gobierno de Cuba.
El análisis de los últimos sucesos en la isla, está
necesariamente impregnado por los elementos de esa agresión
que ya era violenta a comienzos de los años 60. Pero el
motor de esa campaña con tan antigua raíz, no son
los derechos humanos, sino la urgencia de ahogar el ejemplo de
independencia y dignidad que representaba la Revolución
Cubana. Una ambición que alentó a todos los presidentes
norteamericanos de Kennedy en adelante, pero que adquiere particular
virulencia con el actual equipo que gobierna en la Casa Blanca.
El mismo que decidió saltarse el derecho internacional,
el Consejo de Seguridad, las NN.UU. y la opinión pública
mundial al bombardear, invadir y ocupar militarmente Irak. En
ese contexto se desarrollan los acontecimientos en Cuba y en torno
a ella.
A todas y a todos nos preocupa profundamente la evolución
del tema cubano, y por eso, creemos importante compartir el texto
de esta reciente y extensa charla con Fidel Castro, conseguida
en exclusiva por el periodista argentino Miguel Bonasso en La
Habana, para el diario "Página 12 ". Como anexo,
reproducimos el "Llamado a la conciencia del Mundo"
que no ha tenido en la prensa internacional, un espacio similar
al que concedieron a las declaraciones emitidas en sentido contrario.
Un abrazo,
Carlos.
________________________________________
>> Diálogo con Fidel Castro sobre
Cuba y la situación internacional.
Reportaje de Miguel Bonasso. ( "P ágina 12 "
)
_____________________________________________________________
> PRIMERA ENTREVISTA CON FIDEL CASTRO DESPUES DE LOS FUSILAMIENTOS
"Era una cuestión
de vida o muerte". La ola represiva en Cuba desató
repudios en todo el mundo. En este diálogo exclusivo el
líder cubano explica los motivos que lo llevaron a tomar
esa decisión y contesta las críticas de los "amigos
de Cuba" como Saramago. Asegura compartir la repulsa filosófica
contra la pena capital, pero sostiene que fue necesaria para quebrar
"una ola de secuestros de barcos y aviones planeada para
crear una crisis migratoria que sería el pretexto de un
bloqueo naval que conduciría inevitablemente a la guerra".
En su larga charla, también habló de la guerra en
Irak y la situación de Lula y Chavez. Reveló entretelones
de su relación con Carlos Menem y aseguró que alguien
bien informado le "contó que los Montoneros ayudaron
al ex presidente con cientos de miles de dólares para su
campaña electoral del '89".
* Por Miguel Bonasso desde La Habana
"Estoy tranquilo y ustedes también deben estarlo:
el caballerito (Menem) no tiene ni la más remota posibilidad
de ganar las elecciones", le dijo un regocijado Fidel Castro
a Página/12 al final de una larga entrevista exclusiva,
la primera que concede a nivel mundial después de los fusilamientos
de abril. En los tramos iniciales, en cambio, había estado
tenso y grave, mostrándose comprensivo hacia quienes "aborrecen
la pena capital" que Cuba -aseguró- se vio obligada
a aplicar por "razones de vida o muerte". El preludio
de nuevas revelaciones sobre una conspiración que "la
mafia terrorista de Miami, en combinación con la extrema
derecha de Estados Unidos" prepara para "crear una grave
crisis que podría conducir a una confrontación armada
entre Estados Unidos y Cuba".
El extenso reportaje (que se prolongó por más de
diez horas) fue realizado el jueves y viernes últimos,
en dos sesiones consecutivas y en dos escenarios distintos: un
austero salón de acuerdos del Palacio de la Revolución
y su comedor privado en el Palacio de Convenciones. Allí
lo observamos a piacere, (con mi compañera y colaboradora
Ana de Skalon), arrellanado en el butacón, con su infaltable
uniforme verde oliva, su barba gris, el aire de hidalgo castellano
que le han tallado los años, desplegando las manos y las
frases afiladas, la capacidad minuciosa de una memoria que no
necesita el auxilio de los antioxidantes y un asombroso registro
de expresiones, a veces musitadas con voz apenas audible, desde
la cautela del estadista o la íntima confidencialidad del
gran personaje que busca acortar distancias con el interlocutor.
Sin excluir momentos lúdicos, de carcajadas inesperadamente
juveniles, para celebrar las ironías que lanza como misiles
sobre los poderosos del mundo (George W. Bush) y sus acólitos
de la segunda línea, como José María Aznar,
a quien caricaturiza por su "bigotico" hitleriano.
En esas horas aceptó todas las preguntas, empezando por
las más ásperas y previsibles sobre la pena de muerte
y las críticas respuestas -esperadas y lamentadas- de no
pocos amigos de la Revolución: le contestó a Saramago,
desplegó un variado diapasón narrativo, que incluyó
insospechadas nostalgias de Carlos Gardel y Libertad Lamarque
o el recuerdo entrañable del hermano de su padre al que
visitó en Buenos Aires en 1959, junto con pormenorizados
relatos sobre las acechanzas que pesaron y pesan sobre Cuba, divertidos
entretelones sobre su relación personal con Menem que incluyeron
un sorpresivo señalamiento acerca de la relación
entre el ex presidente argentino y los Montoneros.
El enviado de Página/12 no quiso recurrir al truco socorrido
de mechar las narraciones más extensas (como la de Playa
Girón, ver nota aparte) incluyendo preguntas artificiales
que hubieran falseado la vocación didáctica, el
ritmo y la respiración del entrevistado. Acaso pensando
que tuvo el privilegio de reportearlo -tras muchos años
de buscar esa entrevista- en un momento crucial de la historia:
tal vez la crisis más peligrosa a la que se ha enfrentado
Cuba en sus cuarenta y cuatro años de revolución.
-La primera pregunta es obvia: imagino que usted evaluó
que habría un generalizado repudio con el tema de los tres
fusilamientos recientes...
-Sí, fue perfectamente evaluado. Es algo demasiado serio
como para adoptar decisiones a la ligera. De hecho habíamos
establecido una moratoria que duraba ya casi tres años.
Fue verdaderamente doloroso para los miembros del Consejo de Estado
tener que romper esa moratoria. Esto no se hace sino por causas
absolutamente justificadas, puesto que conocíamos el precio
de la medida, ya que hoy día -y no les quito razón
a los que se oponen a ella- el número de los que piensan
de esa forma crece y crececada vez más, de lo cual realmente
me alegro, puesto que compartimos, y por razones profundas, el
aborrecimiento a la pena capital.
-¿Cuáles fueron entonces esas causas?
-Puedo resumírtelo en tres palabras: cuestión de
vida o muerte. Me preguntarás por qué. Sencillamente
la mafia terrorista de Miami, en combinación con la extrema
derecha de Estados Unidos, se proponían, y aún se
proponen, crear una grave crisis que podría conducir a
una confrontación armada entre Estados Unidos y Cuba. No
es que esto nos ponga nerviosos o nos quite el sueño. Es
algo demostrado, durante 44 años, que nosotros sabemos
enfrentarnos a cualquier peligro. No es inútil recordar
que en 1961 libramos, entre los días 17 y 19 de abril,
una dura batalla frente a una expedición mercenaria que
desembarcó por Girón, y detrás de esa invasión
estaba la escuadra norteamericana con un portaaviones, naves de
guerra, buques de desembarco y las tropas pertinentes para intervenir
inmediatamente después de que el gobierno creado por ellos
pudiera aterrizar en un aeropuerto recién construido, en
una de las zonas más pobres del país, precisamente
en un punto que se ha hecho después famoso: Playa Girón.
Claro, nosotros hicimos todos los cálculos correspondientes
y se luchó durante 68 horas consecutivas, sin un minuto
de receso, hasta el último punto de resistencia enemiga:
Playa Girón cayó en nuestro poder. No pudo aterrizar
el gobierno que tenían en Miami.
-¿Y quién iba estar al frente de ese gobierno, (José)
Miró Cardona?
-Miró Cardona y un grupito que tenían en Miami en
una casa, para trasladarlo tan pronto dispusieran de una cabeza
de playa. Si hubieran podido traer un gobierno y proclamarlo como
tal gobierno, inmediatamente habrían intervenido sus tropas
y, detrás de ellos, como es habitual, las famosísimas
tropas de la OEA (ríe), constituidas, por lo general, por
dos o tres pelotones cuando más, para crear las apariencias
de "una coalición de fuerzas democráticas,
patrióticas y salvadoras" del hemisferio occidental,
como hicieron después en Santo Domingo y en otros lugares;
como lo acaban de hacer en Irak, solo que esta vez con tropas
inglesas, y las demás, teoría. El barquito que Menem
solía enviar en situaciones como esta, no tuvo tiempo de
llegar a las proximidades del Golfo Pérsico, donde su misión
era observar por televisión la guerra (risas).
-Me parece bueno volver después sobre Menem, porque, como
usted sabe, dentro de una semana se vota en Argentina, pero quería
preguntarle antes como diferencia la época de Girón
de la actual.
-Yo te menciono esto (la invasión de 1961), porque tú
empezaste preguntando sobre la cuestión de los fusilados.
Y ése fue un momento de esos que se califican de vida o
muerte. Si ellos tienen éxito, la guerra no se sabe cuánto
hubiese durado; hubiéramos sido el Vietnam de aquella época,
y el resultado no sería diferente, porque ya nosotros teníamos
para esa época unos 400.000 fusiles y cientos de miles
de milicianos, entrenados en lo posible, pero con un gran ardor
revolucionario. Lo cito como ejemplo del momento que estábamos
viviendo. Allí no era cuestión de fusilar a nadie,
era cuestión de combatir contra los invasores, ya que era
un enfrentamiento armado casi directo con Estados Unidos en el
que los mercenarios cubanos constituían la vanguardia para
enmascarar el tipo de guerra durante las primeras horas. Tiempo
más tarde tuvimos momentos también sumamente difíciles:
la Crisis de Octubre de 1962. Pero eso ocurre exactamente casi
18 meses después, en que de nuevo nos vimos ante una situación
extraordinariamente compleja: replegarnos, rendirnos, o mantenernos
como siempre nos hemos mantenido, firmes y dispuestos a luchar
hasta el final. En aquella ocasión nos amenazaban decenas
de armas nucleares. No recuerdo haber visto un solo cubano en
el cual pudiera apreciar una expresión de miedo y mucho
menos una expresión de pánico. Ahí afrontábamos
la muerte con total decisión, sin la menor vacilación.Aquel
episodio dio lugar a diferencias grandes con los soviéticos,
porque ellos inconsultamente tomaron la decisión de retirar
los misiles sin acuerdo con nosotros.
-¿Nikita Kruschov?
-Sí, desgraciadamente Kruschov, que por otro lado tuvo
grandes gestos de amistad con Cuba. Llegó a un arreglo
sin nosotros. En dicho arreglo se estipulaba inspección
a nuestro territorio. No lo aceptamos, y nunca se hizo la comprobación
en tierra cubana de la retirada de aquellos proyectiles por exclusiva
decisión soviética. Tuvo que hacerse en el mar.
Si cuento esto es para expresar que ni Girón, ni la Crisis
de Octubre, ni otros momentos en la historia de la Revolución
Cubana fueron los únicos en que nuestro país se
vio ante riesgos graves y cuestiones de vida o muerte.
-Me parece importante marcar dos diferencias...
-Esto es solo una parte de lo que yo debo decir para que pueda
explicarse la circunstancia en que nos vimos obligados a aplicar
la pena capital.
-Una diferencia, en términos militares, podría ser
este poder que aparece arrasador después de los bombardeos
de Bagdad y todo lo demás; o sea, un escenario de guerra
actual, con esas características, ¿cómo lo
enfrentaría Cuba?
-Yo creo que tú te adelantas mucho. En aquella época
existían dos superpotencias; hoy existe solamente una,
tan poderosa como jamás existió en la historia.
Esto marca, podríamos decir, la diferencia entre aquellos
años y hoy. Entonces, a tu pregunta, te quiero decir que
estoy marcando la diferencia, aparte de lo cual tú puedes
seguirme preguntando, porque no estaría respondido el tema
si no se van usando los argumentos para que esto se entienda.
-Hemos leído en estos días que Kevin Whitaker, jefe
del Buró Cuba del Departamento de Estado, advirtió
a La Habana que los secuestros de aviones y embarcaciones cubanas
constituyen "una amenaza para la seguridad de Estados Unidos".
-Es que el plan concebido de antemano consistía en provocar
con la ola de secuestros una crisis migratoria que sería
utilizada como pretexto para un bloqueo naval, lo que inevitablemente
conduciría a una guerra. Una vez finalizada la guerra fría,
y cuando se suponía que todo el mundo comenzaría
a ahorrar un poco de dinero en armas, esta superpotencia, en los
últimos dos años, se ha consagrado a una carrera
armamentista sin precedentes, en el preciso instante en que la
superpotencia adversaria ha dejado de ser superpotencia. La pregunta
es para qué quería un gasto en armamento de 400.000
millones de dólares por año. ¿Qué
objetivo podía tener ese fabuloso gasto en armas? Sólo
tiene una respuesta: el claro propósito de dominar el mundo
por la fuerza. Algunos podrían preguntar: ¿Y no
tiene esa superpotencia otros medios para establecer ese dominio,
a partir de sus ventajas militares, económicas, tecnológicas
y políticas? Parece que no, a partir del hecho real de
que, desde el punto de vista económico, el orden establecido,
la globalización neoliberal impuesta al mundo, es insostenible.
Ya los grandes jefes, digamos, los amos del mundo, que dominan
la economía a través del Fondo Monetario, el Banco
Mundial, la OMC, los enormes privilegios concedidos por los acuerdos
de Bretton Woods y otros grandes resortes, no pueden sostener
el sistema que han impuesto.
Por ejemplo, la OMC (Organización Mundial del Comercio)
no pudo reunirse en Seattle; se produjo una verdadera sublevación.
La reunión pro ALCA en Quebec fue una cumbre que tuvo lugar
encerrada en un búnker, no pudo prácticamente sesionar.
Hasta allí llegaron los gases lacrimógenos lanzados
contra las organizaciones sociales de Estados Unidos, Canadá
y de otros países que se oponen a esa anexión. Ya
el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OMC y el
Grupo de los 7 no pueden reunirse en cualquier lugar del mundo.
Ni en Davos, donde se juntan losrepresentantes de las grandes
empresas, los teóricos y los asociados a este orden económico
mundial; no pueden reunirse ni en Suiza. La penúltima reunión
tuvo lugar en una montaña de Suiza que recordaba las fortificaciones
y las alambradas de la batalla del Marne y de Verdún, en
la Primera Guerra Mundial. Los canadienses seleccionaron unas
alturas inaccesibles, Nápoles no resultó lugar adecuado.
Ya sólo les va quedando algún espacio que construyan
en el laboratorio espacial para que el Grupo de los 7 y algunos
otros se puedan reunir allí. Me pregunto, realmente, si
acaso esta crisis, esta insostenibilidad del orden que han creado,
no está relacionada con el surgimiento hoy día de
una fuerte tendencia nazifascista instrumentada por la extrema
derecha de Estados Unidos que usurpó el poder en unas elecciones
fraudulentas en noviembre del año 2000.
Como puedes apreciar son notables estas diferencias a las que
existían en los días de Playa Girón. Hoy,
el gobierno de esa superpotencia, que incluye cínicamente
a Cuba entre los estados que promueven el terrorismo, ha declarado
la doctrina hitleriana del ataque preventivo y sorpresivo contra
60 o más países sin que nadie sepa qué significa
la frase "o más", una incógnita que puede
incluir hasta países de la propia Europa.
Hay que tener en cuenta que recientemente amenazaron a Holanda
con invadirla si se juzgaba algún norteamericano por el
Tribunal Penal Internacional, por crímenes de guerra.
A esto puede añadirse que, en su discurso al cumplirse
el 200 aniversario de la creación de West Point, el presidente
Bush les declaró a más de 850 oficiales acabados
de graduar que debían estar listos para atacar de inmediato
cualquier oscuro rincón del planeta. Es de esperar que
nadie tome a la ligera los peligros a que se enfrenta un país
como Cuba, que ha luchado durante 44 años sin ceder un
milímetro, sin hacer una sola concesión al imperio,
y absolutamente decidido a no hacerla.
Aquellas palabras del señor Presidente de Estados Unidos
han sido acompañadas ya por dos guerras: Afganistán
e Irak. Esta última, que constituyó una guerra de
conquista de la tercera reserva mundial de petróleo, acaba
de observarla el mundo a través de miles de imágenes
de televisión y ha podido ver ciudades bombardeadas sin
piedad, sometidas a tales ataques que dejarán por toda
la vida un trauma en millones de niños, jóvenes,
ancianos, hombres y mujeres adultos. Ha podido observar también
el mundo los cadáveres destrozados y la mutilación
de quién sabe cuántos niños. Ese imperio
constantemente busca pretextos para continuar con esa política
de agresión y de guerra en puntos clave para Estados Unidos
y los más íntimos colaboradores y asesores del Presidente
de ese país, entre ellos, los miembros de una verdadera
mafia terrorista cubano-americana; precisamente los que le dieron
el triunfo en las elecciones fraudulentas de noviembre del 2000.
Según conocemos perfectamente bien, buscan pretextos para
que nuestro país sea sometido a una agresión similar
a la de Irak, y una de sus esperanzas está en llevar a
cabo una serie de provocaciones, algunas de las cuales están
en marcha. Por ejemplo, el intento de desatar, acudiendo al potencial
delictivo de carácter común, una ola de secuestros
de barcos y aviones de pasajeros en Cuba. Ese plan comenzó
a producirse el mismo día que iniciaron la guerra, aproximadamente
dos horas antes de comenzar la agresión militar en Irak,
es decir, alrededor de las 7.00 de la noche, con el secuestro
de un avión de pasajeros que volaba entre Nueva Gerona,
Isla de la Juventud, y La Habana, llevado a cabo por seis delincuentes
comunes que esgrimieron cuchillos similares a los de los secuestradores
de los aviones de pasajeros norteamericanos que estrellaron contra
las Torres Gemelas. Al avión cubano de pasajeros desviado
de su ruta con 36 personas a bordo, lo obligaron a aterrizar en
Cayo Hueso.
Allí trataron pésimamente mal a los pasajeros y
a los tripulantes, dieron derecho a la residencia a varios de
los cómplices del secuestro,sometieron a juicio meramente
formal a los secuestradores, y a los pocos días un fiscal
de Miami, estrechamente vinculado a la mafia terrorista, decretó
el derecho a la libertad provisional de los secuestradores. Tal
cosa no ocurría desde hacía nueve años, cuando
se firmaron los acuerdos migratorios entre Estados Unidos y Cuba,
y tiene lugar repentinamente dos horas antes de la guerra. La
impunidad ulterior dio lugar a que de inmediato el potencial delictivo
de carácter común recibiera el mensaje y así
el día 30, o sea, 11 días después, secuestran
un segundo avión con 46 pasajeros a bordo; 24 horas más
tarde un grupo de delincuentes, con antecedentes penales que nada
tienen que ver con cuestiones de carácter político,
según afirmaron los propios secuestradores, asaltan una
lancha de pasajeros de las que presta servicio en la bahía
de La Habana, con 50 personas a bordo, según ellos mismos
informaron por radio -entre los rehenes había niños
y extranjeros de visita en Cuba-, amenazando con lanzar pasajeros
por la borda si no se les suministraba gasolina u otra embarcación.
Como es norma establecida no tratar de interceptar naves secuestradas
a fin de evitar accidentes, ellos se alejaban. Esa lancha de pasajeros
avanzaba por mar abierto y olas con fuerza de 3 a 4, a punto de
zozobrar en cualquier momento. Milagrosamente no se hundió
la embarcación y perecieron todos. Se les pudo auxiliar
oportunamente, siendo conducidos a un puerto de la costa norte,
donde los secuestradores mantenían la misma posición
de chantaje, hasta que se logró reducirlos, con la cooperación
de los mismos secuestrados. De este hecho y de las informaciones
recogidas, se podía apreciar que estaba ya en marcha la
ola de secuestros de embarcaciones y aviones de pasajeros. Puede
añadirse que 24 horas después se produce otro intento
de secuestro con arma de fuego y armas blancas de un avión
de pasajeros. Fue frustrado. La ola planeada y ya en marcha para
buscar un pretexto de conflicto era necesario cortarla radicalmente.
Fue por ello que, en virtud de leyes previas y mediante proceso
judicial, tres de los ocho principales responsables fueron juzgados
en juicio sumario y sancionados por los tribunales a la pena capital,
sin que el Consejo de Estado ejerciera clemencia, de acuerdo con
las facultades que le atribuye la Constitución. Era ya
cuestión de escoger entre la tolerancia a este tipo de
hechos -aplicando simplemente medidas de prisión, que carecen
de toda eficacia cuando se trata de personas a las cuales en nada
intimidan las prisiones por sus propios antecedentes penales-
o la vida de millones de ciudadanos cubanos. Porque nadie debe
dudar que en este país, con una elevada conciencia patriótica
y revolucionaria, una agresión norteamericana significaría
la pérdida de millones de vidas, puesto que se trata de
un pueblo decidido a luchar hasta las últimas consecuencias,
aunque la Revolución, a lo largo de casi tres años,
como ya dije, se había abstenido de aplicar sanciones de
esta índole, a pesar de haber personas sentenciadas por
los tribunales debido a crímenes repugnantes. Mas esto
en sí mismo no era suficiente, a nuestro juicio, y por
ello hemos declarado que en cualquier secuestro de naves aéreas
y embarcaciones de pasajeros, en ningún caso recibirán
combustible para proseguir viaje, sus autores serán sometidos
a los tribunales en juicio sumario, y el Consejo de Estado no
ejercerá clemencia alguna.
Sabemos muy bien que esto tiene su costo, puesto que gran número
de amigos, y muchos de nuestros mejores amigos, por distintas
razones, que pueden ser religiosas, humanistas o filosóficas,
se oponen a la pena capital. Mucho nos ha dolido por ello la necesidad
de una medida de antemano conocido que les desagradaría,
pero no teníamos el derecho de vacilar ni vacilaremos,
dentro de la ley, en aplicar las medidas que garanticen la vida
de nuestros compatriotas, que han realizado la proeza de resistir
durante décadas criminales bloqueos y agresiones de lapotencia
más poderosa que ha existido jamás, situada a 90
millas de nuestras costas.
-¿Cómo tomó, en ese sentido, el "hasta
aquí llegué" de Saramago?
-Saramago es un buen escritor. Realmente nos duele que no hubiese
entendido ni una sola palabra de las realidades que viven Cuba
y el mundo. El no es el único que se opone a la pena capital;
a millones de compatriotas también les desagrada, pero
ni uno sólo tuvo la menor vacilación ante la alternativa
que conocen muy bien. El debió expresar su desacuerdo,
pero no debió pronunciar ni una sola palabra que alimente
la agresividad del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, ni
ofrecer argumentos que recibe con delicia el brutal sistema imperialista
que pretende justificar una agresión contra Cuba. Algo
más preocupante, Saramago, y algunos otros que hayan actuado
de buena fe parecen ignorar por completo que el planeta marcha
aceleradamente hacia una tiranía mundial nazi-fascista.
Con toda seguridad pienso que se dejó llevar por un arranque
de ira y contrariedad que le obnubiló su capacidad de razonar.
Algo más, tal vez un rasgo pasajero de autosuficiencia
y vanidad, nada extraordinario en un buen comunista acostumbrado
durante muchos años a la calumnia y la diatriba, que ha
sido de repente elevado al olimpo de un Premio Nobel. Rigoberta
Menchú, una noble y modesta india guatemalteca, que conoce
a Cuba y su invariable lealtad a la causa noble de los pueblos
explotados de este mundo, no reacciona igual. De todas formas,
por el valor maravilloso de sus obras literarias, los libros de
Saramago seguirán siendo publicados y leídos en
Cuba.
-Yendo un poco hacia nuestro hemisferio, podría decirse
que atravesamos una coyuntura histórica singular: el presidente
Hugo Chávez parece haberse consolidado después del
golpe de estado del año pasado, Lula gobierna el Brasil,
es muy probable que el Frente Amplio de Uruguay se imponga en
las elecciones de fin de año, y en Argentina parece segura
la derrota electoral de Carlos Menem. En este marco, me gustaría
conocer su análisis.
-La posición neoliberal está derrotada por inviable,
insostenible e insoportable. Chávez, una de las personas
más nobles y generosas que he conocido, ha surgido como
fruto de las actuales condiciones históricas que prevalecen
en nuestro hemisferio, acompañadas, en su caso, de un sentimiento
verdaderamente bolivariano, martiano y cristiano. No es un hombre
improvisado, tales ideas surgieron en él desde que era
muy joven y comenzaban a verse con toda claridad los primeros
síntomas de esta gran crisis. Prácticamente solo,
sin un partido previo, apoyado por numerosos grupos nacionalistas
y patrióticos de la izquierda venezolana, predicando desde
un camión y unos altavoces, barrió en una contienda
electoral contra líderes y partidos tradicionales totalmente
desacreditados y en crisis. Era algo muy difícil de perdonar,
y aquellas fuerzas derrotadas, pero con grandes recursos económicos
y especialmente en posesión de los medios de divulgación
masiva fundamentales, desataron contra él una implacable
guerra, y en determinado momento, apoyadas por la traición
de elementos tanto políticos como militares, protagonizaron
un peligrosísimo golpe de Estado que fue aplastado por
el pueblo y los jefes y oficiales jóvenes de las fuerzas
armadas. Más tarde, reagrupadas las fuerzas derechistas
y pro yankis, articularon, apenas siete meses después,
una conspiración que ha sido quizás la más
difícil prueba del proceso bolivariano encabezado por Hugo
Chávez, que no obstante, gracias a su excepcional talento
y su insuperable capacidad de comunicación, logró
vencer, y en una de las más difíciles pruebas políticas
que he podido presenciar en más de 40 años de lucha
revolucionaria, logró aplastar al adversario y hoy cuenta
con un apoyo más sólido que nunca. Aunque su actual
experiencia y el apoyo de fuerzas populares cada vez más
aguerridas hacen más difícil que acontecimientos
como los mencionados se repitan, sería una ilusión
pensar que aquellas fuerzas no vuelvan a sus andadas y traten
de derrotarlo,acudiendo a los más groseros métodos
que no excluyen su eliminación física.
Se ha producido simultáneamente la victoria electoral de
Lula, cuyos sentimientos están decididamente del lado de
los trabajadores y el pueblo brasileño, aunque con tan
difíciles condiciones objetivas -que incluyen una enorme
deuda pública externa e interna- se vea obligado a actuar
con el máximo de sabiduría y prudencia, para alcanzar
sus objetivos en plazos más largos de lo que habría
podido suponerse en un gobierno de izquierda en ese gran país
que es Brasil. No tengo la menor duda sobre el triunfo del Frente
Amplio de Uruguay en las próximas elecciones. En Bolivia
y Ecuador hay fuerzas políticas y progresistas sumamente
fuertes, como son los movimientos indígenas y otros sectores
muy activos de la sociedad, que están llamados a desempeñar
un papel de gran trascendencia, si se quiere evitar que el Mercosur
sea destruido y el famoso ALCA se convierta en instrumento de
anexión de los países de América latina y
el Caribe a una potencia que, aun en el clímax de su poderío,
está llamada al desastre mucho más temprano que
tarde.
De Carlos Gardel a Carlos Menem
-Llegamos al sur y todavía no ha mencionado a la Argentina,
a pesar de que estamos a una semana de las elecciones presidenciales.
-Tú dices: "Usted no ha mencionado a Argentina."
Entonces yo te respondo: efectivamente, no he dicho una sola palabra
de Argentina, porque sé que tú, como argentino me
ibas a mencionar el tema, uno de los más complejos precisamente,
y con relación al cual yo tengo el temor de perder mi condición
de imparcial dentro del proceso electoral cuyo desenlace tendrá
lugar en pocos días. La prudencia y la sabiduría
me aconsejan hablar muy breve. Mi amor por los argentinos podría
llevarme a estar toda la noche hablando sobre el tema; optaré
por la prudencia. Primero, algo une a cubanos y argentinos. A
lo largo de la historia ha habido una simpatía, por distintas
razones. Por ejemplo, Libertad Lamarque y Carlos Gardel eran personajes
extraordinariamente populares en nuestro país. Hablo de
cuando yo empezaba a tener uso de razón, que iba al cine,
cuando tenía 10 o 12 años, si mal no recuerdo, para
ver, por ejemplo, las películas de Libertad Lamarque -tal
vez me ponga nostálgico-, y quedaba embelesado con el trino
maravilloso de aquella inolvidable voz.Recuerdo también
los días tristes en que murió Carlos Gardel. Y es
un hecho harto conocido que aquí el tango era más
admirado que el ballet o cualquier otra forma de danza española
o europea, que nunca dejaron de gustar mucho. Además, por
aquellos tiempos de mis años mozos, en que Hollywood no
era dueño de todas las pantallas, en Argentina se producían
excelentes películas, aunque solo fuesen para niños,
adolescentes y jóvenes. Muchos de los españoles
que vinieron a Cuba con posterioridad a la independencia tenían
parientes también en Argentina. Yo mismo contaba allí
con un tío, Gonzalo Castro Argiz, hermano de mi padre,
a quien tuve la suerte de conocer en el mismo año 1959
después del triunfo de la Revolución, en un viaje
a Argentina, a él y a unas primas. Guardo de su persona
un grato recuerdo por su carácter dulce y afectuoso, más
suave que el de mi propio padre, gallego y acostumbrado al ejercicio
de la autoridad, aunque sumamente noble y generoso. ¡Qué
tiempos aquellos en que visité por primera vez Argentina!
Era, aproximadamente, el mes de marzo. Yo había estado
antes, de paso, por Brasil y Uruguay. Al llegar a Argentina coincidió
con una reunión nada menos que de la OEA. Había
un representante norteamericano que, si mal no recuerdo, se llamaba
Rubotton, o algo parecido. Por los pasillos del hotel (Alvear)
se apareció más de una vez la figura de aquel representantenorteamericano,
como tanteando qué clase de sujeto era yo y cómo
se me podía domesticar, ya que había salido de la
Sierra Maestra demasiado rebelde. Conociendo muy bien el grado
de pobreza de los pueblos de nuestro hemisferio, similar a la
de Cuba, que nosotros deseamos transformar, se me ocurrió,
nada más y nada menos, en aquella reunión, que proponer
un Plan Marshall para América latina, no menor a 20.000
millones de dólares. ¡Qué lejos estaba yo
de suponer que apenas dos años después, y como consecuencia
de nuestra revolución, unido al desastre de Girón,
el presidente de Estados Unidos, John Kennedy, estaría
hablando de reforma agraria, reforma fiscal y otras cosas más
o menos parecidas a aquellas por las cuales nos habían
acusado a nosotros de ser incorregibles comunistas, y por lo cual,
desde muy al principio, en los días finales del ilustre
(Richard) Nixon y el insigne general Eisenhower, habían
ordenado ya para Cuba la receta de Guatemala, aplicada a Jacobo
Arbenz por haber tenido la "insolencia" de proponer,
hacer aprobar y promulgar una ley agraria. Pero esto sería
lo de menos si, a su vez, el presidente Kennedy no propusiera
una Alianza para el Progreso con aportes económicos equivalentes
a 20.000 millones de dólares, exactamente, ni un centavo
más o un centavo menos, la cifra que yo había propuesto
dos años antes. Fue mi primera gran contribución
a la economía latinoamericana, aparte de la cuota de casi
4 millones de toneladas de azúcar con precio preferencial
que nos arrebataron y fue repartida entre todos los productores
de azúcar de América Latina y algunos otros países
azucareros, cuyas conciencias almibararon con las cuotas azucareras
de Cuba. Todo el mundo feliz, y nosotros, muy seguros y confiados,
comenzamos el largo camino de aprender a luchar contra una superpotencia
cuyas lecciones, al cabo de 44 años, no nos queda más
recurso que agradecer; gracias a ello, Cuba es hoy Cuba.
No puedo olvidar tampoco que por aquellos días la deuda
externa de América Latina alcanzaba 5.000 millones de dólares;
ahora, cuando pienso que está cerca de 800.000 millones,
no puedo menos que aterrorizarme ante la idea de que fui tal vez
quien envició a los países latinoamericanos en ese
diabólico arte de endeudarse hasta el cuello y convertirse
en campeones olímpicos de las fugas de capitales, el despilfarro,
la malversación, la privatización: una especial
habilidad para ponerse la soga al cuello y estar a punto de anexarse
a Estados Unidos. Desde luego, no es tan grande mi tragedia cuando
albergo la más profunda esperanza y, más que esperanza,
la absoluta seguridad de que los propios pueblos de nuestra América,
como ya comienzan a hacerlo, se encargarán de arreglar
todo lo que hay que arreglar.
-Esto nos introduce directamente el tema de uno de los candidatos.
Usted habló de privatización, de despilfarro, muchos
le podrían poner un nombre propio, el de Carlos Saúl
Menem, que ha intentado descalificar a su adversario, Néstor
Kirchner, asegurando que quiere "construir una Cuba",
en tanto él se propone "construir una España".
-¡Caramba!, qué lástima que Menem no tuviera
razón, porque con esos inmensos recursos de Argentina -un
desarrollo industrial nada despreciable, toda la energía
hidráulica y térmica que se necesita, todo el petróleo
y el combustible como para satisfacer las necesidades de lo que
el neoliberalismo prácticamente convirtió en una
sociedad de consumo; más de 50 millones de cabezas de excelentes
rebaños de ganado vacuno, sin contar lanar y caprino; 60
millones de toneladas de granos, soya, trigo, maíz, girasol,
porotos, lentejas de tan alta calidad como aquellas de las que
por un plato fue vendido un reino; pampas húmedas por millones
de hectáreas que no requieren casi fertilizante; leguminosas
y gramíneas, materias primas para producir leche, cerdos,
aves y huevos; una de las más ricas regiones pesqueras
del mundo, etcétera, etcétera, etcétera-,
añadidos a millones de graduados universitarios inteligentes
y bien preparados, una clase obrera activa y capaz, convertirla
en una Cuba dondeni un solo niño se muere hoy de hambre,
la mortalidad infantil es la más baja de América
latina y las perspectivas de vida, en tiempos no lejanos, alcanzarán
80 años, con niveles de educación más altos,
con casi cero desempleo, para sólo citar un mínimo
de cosas, sería sin duda mucho mejor que la Argentina que
Menem destrozó y cuenta hoy no sólo con miles de
niños que mueren de hambre, once millones en la indigencia,
y 60 por ciento de la población por debajo de la línea
de pobreza. De un paraíso terrenal habría que hablar.
Convertirla en una España, no por cierto la España
familiar que nos dio cultura y una parte de su sangre, sino la
España del hombre cuyos bigoticos me recuerdan tanto los
de Adolfo -algo que realmente dudo mucho si fue casual, intencional
diseño, o tal vez un gen recesivo de carácter ideológico-,
sería otra gran tragedia para un pueblo de tanta rebeldía,
dignidad y vergüenza como el de Argentina.
Pero para qué discutir este bizantino tema. Estoy tranquilo,
y ustedes también deben estarlo. El caballerito no tiene
ni la más remota posibilidad de ganar esas elecciones.
Con esto termino, y no me provoques más, que no quiero
inmiscuirme en los asuntos internos de Argentina.
-Una última provocación: Menem siempre lo atacó
a usted públicamente pero alguno de sus allegados hizo
trascender que fuera del escenario político y diplomático
las relaciones personales fueron cordiales. ¿Es así?
¿Cómo fue su relación personal con Menem?
-Excelente siempre. Cuando
nos sentábamos juntos en algún acto o en algunas de
esas terribles cumbres en que tuve el martirio de sentarme cerca
de él, siempre bien vestidito con la última moda,
corbata y pañuelo del mismo color, corte no sé si
inglés o francés, -porque soy muy mal entendido en
esos temas, acostumbrado como estoy a llevar durante más
de 40 años mi traje guerrillero-, me juraba el orgullo de
su amistad y me hablaba de los excelentes vinos de su finca, del
gusto por los puros cubanos, y nunca dejamos de intercambiar puros
y vinos. Así tuve la oportunidad de descorchar algunas botellas
y "disfrutar" de uno de los vinos más exquisitos
del mundo. Al menos eso habría deseado con toda mi alma,
más allá de cortesías diplomáticas.
Algo, sin embargo, puedo asegurar en honor a la justicia: más
de una vez me obsequió champán de La Rioja de su propia
cosecha, y jamás he probado un refresco más exquisito
(risas). Lamentaría mucho que por causas meramente políticas
yo me fuese a privar de tales maravillas. Por mi parte, he jurado:
pierda o no pierda las elecciones le seguiré enviando puros
cuantas veces los necesite, advirtiéndole, como le advierto
a cada amigo a los que obsequio una caja: "Si fumas, disfrútalos;
si no fumas, regálaselos a los amigos; pero el mejor consejo
que puedo darte es que se los obsequies a tus enemigos" (risas).
Ahora, me faltaría añadir: no hubo una sola vez en
que, al hablar conmigo, no mostrara gran orgullo por esa amistad;
el problema era cuando, cinco o diez minutos después, se
reunía con la prensa. Entonces no había quien lo parara.
Me he quedado hasta hoy sin el privilegio de poder aterrizar en
el modesto aeropuerto que se hizo construir en las proximidades
de su finca, a la que con tanto afecto más de una vez me
invitó.
-No creo que ahora lo invite a visitar Anillaco; ha recuperado el
lenguaje de la guerra fría y hasta insinúa que su
rival, Kirchner, es montonero.
-¿Eso dijo Menem? No tengo elemento de juicio alguno sobre
tal tema, pero sí me contaron otra cosa muy distinta. Para
hablarte con toda franqueza, conocí a los dos Menem. A Eduardo
lo vi más de una vez. Recuerdo que estuvimos juntos a raíz
de la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez
en su última elección, meses antes de la gran matanza
de venezolanos, una de las cosas que decidió definitivamente
la rebelión de Hugo Chávez. Allí conversamos
en un hotel, guardo de él la impresión de un hombre
correcto y amistoso.
-¿Eduardo Menem?
-Sí, Eduardo. Nunca dio razones para que pensara lo contrario.
Incluso, en determinado momento, cuando aspiraba a Presidente de
la Interparlamentaria, le dimos nuestro apoyo. Carlos Menem resultó
ser otro tipo de hombre; incluso, nos engañó a todos.
Recuerdo muy bien cuando se decía que era un hombre de izquierda,
el mejor entre los candidatos peronistas. Alguien bien informado
me contó un día que hasta los Montoneros, que habían
sido casi eliminados durante la sangrienta dictadura militar y quedaban
muy pocos sobrevivientes, ayudaron a Menem con cientos de miles
de dólares para la campaña electoral en su primera
elección en el año 1989. Valdría la pena preguntarle
si esto fue o no cierto. Quizás haya todavía testigos
que puedan dar testimonio. Los que me conocen saben que jamás
me hago eco de falsos testimonios o mentiras. Si lo desean, pregúntenselo
a Aznar -el émulo de Carlitos, el que vendió o más
bien regaló la Argentina- que todavía no se ha dignado
a responder nuestra reciente denuncia sobre su papel en la guerra
contra Yugoslavia.
-¿Ah, pero Aznar sabe lo del apoyo de los Montoneros?
-No. Sabe simplemente que yo siempre digo la verdad.
_________________________________________________
Fuente: Miguel Bonasso en "Página 12" ,
11 de mayo de 2003.
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*** ANEXO -
>> CUBA - LLAMADO A LA CONCIENCIA DEL MUNDO
La invasión a Irak ha tenido como consecuencia el quebranto
del orden internacional. Una sola potencia agravia hoy las normas
de entendimiento entre los pueblos. Esa potencia invocó una
serie de causas no verificadas para justificar su intromisión,
provocó la pérdida masiva de vidas humanas y toleró
la devastación de uno de los patrimonios culturales de la
humanidad.
Nosotros sólo poseemos nuestra autoridad moral y desde ella
hacemos un llamado a la conciencia del mundo para evitar un nuevo
atropello a los principios que nos rigen. Hoy existe una dura campaña
en contra de una nación de América Latina. El acoso
de que es objeto Cuba puede ser el pretexto para una invasión.
Frente a esto, oponemos los principios universales de soberanía
nacional, de respeto a la integridad territorial y el derecho a
la autodeterminación, imprescindibles para la justa convivencia
de las naciones. México, abril de 2003.
Firmantes iniciales: Leopoldo Zea; Pablo González Casanova,
María Rojo, Gilberto López y Rivas, Adolfo Sánchez
Vázquez, Miguel León Portilla, Víctor Flores
Olea, Andrés Henestrosa y Federico Alvarez. Adhirieron a
este llamamiento los Premios Nóbel Rigoberta Menchú,
Nadine Gordimer, Adolfo Pérez Esquivel y Gabriel García
Márquez. Y además, entre otros: Mario Benedetti, Ernesto
Cardenal, Harry Belafonte, Antonio Gades, Alcira Argumedo, Emir
Sader, Daniel Viglietti, Thiago de Melo, Abelardo Castillo, Jorge
Sanjinés, Mempo Giardinelli, Oscar Niemeyer, Eduardo Galeano,
Ariel Dorfman y Eduardo Mignona.
_____________________________________________________
Redacción de SERPAL.
Fuente: "La Jornada", México.
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Enviado por SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.
suscripción gratuita: c-e: serpal@wanadoo.es
11 de mayo de 2003.
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