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* Envío de
SERPAL 218 - 03
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Amigas, amigos,
El crecimiento de las posibilidades electorales de Lucio Gutiérrez
fue saludado como una esperanza de cambio para Ecuador, país
sacudido en los últimos años por desgobiernos como
el de Bucarám y Mahuad y por las crecientes revueltas populares
contra sus medidas económicas y la sumisión a las
políticas del Fondo Monetario Internacional. Cuando se concretó
su triunfo en las urnas, esas expectativas crecieron, porque parecía
próxima la posibilidad de que las demandas de amplios sectores
sociales y del movimiento indígena y campesino pudieran determinar
un cambio de rumbo. Después de todo, el coronel Lucio Gutiérrez
se convirtió en alternativa por su adhesión a la gran
movilización encabezada por la CONAIE, la Confederación
indígena en enero del 2000. Esa posición activa y
su trayectoria y actitudes posteriores, hicieron posible que en
torno a su figura se agruparan los sectores sociales que venían
luchando por cambios profundos, por el reconocimiento de derechos
a sectores ancestralmente postergados.
En pocas semanas, ese barco de esperanzas en el cual navegaban las
expectativas de millones de ecuatorianos, ha naufragado ante las
medidas concretas dispuestas por el coronel presidente. Algunos
dirán que es pronto para certificar la catástrofe.
Los indicios parecen demostrar lo contrario. Como este proceso -
quizás de modo apresurado - llegó a ser asociado al
intento transformador que iniciaba Lula en Brasil, es importante
conocer algunos detalles de lo sucedido para que en tan poco tiempo,
el proclamado "cambio" se fuera a pique. Y no solo las
referencias internas, sino las del marco internacional en el que
se deben mover los gobiernos de los países dependientes.
( A veces calificados con eufemismos como "en desarrollo"
o "emergentes" ) . En el fondo, hay una dependencia real,
objetiva, que no se puede romper ni con palabras ni con voluntarismos.
Harán falta inteligencia, desarrollo interno, acumulación
social tras objetivos comunes, políticas regionales. Y todo
ello a partir de la conformación de organizaciones sociales
fuertes, independientes, capaces de construír a partir de
sus propias experiencias. La esperanza ya tiene demasiados naufragios
en América Latina. Y un interminable y doloroso listado de
víctimas.
Valga este prólogo para presentarles y compartir dos trabajos
sobre la realidad ecuatoriana: uno del profesor y político
Manuel Salgado Tamayo, con una interesante aportación sobre
el determinismo de la política imperial del gobierno Bush
y el otro del economista Alberto Acosta, con especial referencia
al encadenamiento económico que supone para Ecuador la deuda
externa. Su atenta lectura es un "aviso a navegantes"
para todas y todos aquellos que en el continente trabajan y luchan
por un tiempo mejor. Habrá salidas. Pero no serán
fáciles ni "mágicas".
Un abrazo, Carlos,
Redacción de SERPAL.
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>> Ecuador: el rápido naufragio de una
esperanza
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** El primer mes del gobierno de Lucio Gutiérrez
Ecuador: Entre la esperanza y el desencanto (1)
por Manuel Salgado Tamayo (*)
La visita a Washington
Aún los que cabalgan por la vida
en rocín flaco y lento están de acuerdo en que, el
viaje del presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez a los Estados
Unidos de América, el pasado 10 de febrero, llevado de la
mano por el embajador y banquero Guillermo Lasso, marca el giro
definitivo de su política nacional e internacional. La firma
de Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional,
sin objetar ni una sola línea de las 22 condiciones impuestas,
todas lesivas para los intereses nacionales, demuestra un nivel
tan extremo de sometimiento que la prensa del Imperio comentó
que el nuevo presidente "es visto por los organismos financieros
internacionales como un político con ideas novedosas y los
banqueros de Wall Street se sienten muy a gusto con sus ideas económicas"
(2)
El lunes 11 de febrero Lucio es recibido por Bush, analizan, entre
otros temas, los relacionados con la Base de Manta y la intervención
del Ecuador en el Plan Colombia. Al salir de la reunión anuncia
a la prensa nacional y extranjera: "Le hemos dicho que queremos
convertirnos en el mejor aliado y amigo de Estados Unidos, en la
lucha por la paz en el mundo, por fortalecer la democracia, por
reducir la pobreza, por combatir el narcotráfico y por acabar
con otra lacra, el terrorismo" (3). El mismo día, en
horas de la mañana, en un acto público, en el Centro
de Estudios Estratégicos Internacionales, definió
como una de las prioridades de la política oficial de su
gobierno el luchar contra el terrorismo y el narcotráfico.
"Si no apoyamos, todos, de manera más protagónica
a (Alvaro) Uribe, seguramente se seguirá sacrificando la
vida de más gente". Para sentenciar: "Uribe lleva
de una manera muy adecuada una posible solución al problema(
de Colombia)".
Para demostrar, de inmediato, los resultados de la subyugación
a la estrategia imperial en la región, Gutiérrez anunció
que Estados Unidos incrementará su ayuda a Ecuador con 116
millones de dólares (4). Al parecer las ayudas incluyen pertrechos
militares para la frontera norte. Para que nadie dude de su adherencia
al militarismo proimperialista, en una entrevista concedida a The
Washington Times afirmó que: "la población de
la Isla( de Cuba) no debe sufrir las consecuencias de la política
de Castro" (5).
El mejor aliado y amigo de EEUU
Las declaraciones del coronel presidente sólo ponen de manifiesto
la efectividad que, a la postre, tienen los acuerdos para la instrucción
de nuestros militares. El excelente alumno de las Academias estadounidenses,
como ha sucedido casi siempre, besa la mano de sus instructores.
Debe ser difícil para el coronel entender que los Estados
Unidos de América no tienen ni amigos ni enemigos, sino intereses.
El 20 de Septiembre del 2002 el presidente George Bush declaró
que los Estados Unidos es el "poder supremo" del mundo
y advirtió que no tolerará desafíos a su ventaja
de poder. En un documento de 33 páginas enviado al Congreso
bajo el título: "La estrategia de seguridad nacional
de Estados Unidos" Bush señala:
"El presidente no tiene ninguna intención de permitir
que algún poder extranjero alcance la enorme delantera que
Estados Unidos ha logrado desde la caída de la Unión
Soviética hace más de una década...Nuestras
fuerzas serán lo suficientemente fuertes para disuadir a
potenciales adversarios de promover una acumulación militar
con la esperanza de superar, o igualar, el poder de Estados Unidos".
Los analistas militares internacionales han comentado que la estrategia
de Bush significa el abandono de los elementos básicos de
la disuasión y no proliferación, que eran el eje de
la política exterior estadounidense, y que, ahora, se impondría
el concepto de la "contraproliferación" o desarme
obligado de todo poder que desafíe o presente una amenaza
para los Estados Unidos. En tal sentido Estados Unidos se reserva
el derecho de desatar guerras preventivas, es decir, se hace tabla
rasa de los compromisos militares firmados con otros bloques o Estados
y se advierte que tampoco sus soldados se someterán al derecho
internacional o a la nueva Corte Penal Internacional.
La estrategia de dominio mundial y regional de los Estados Unidos
de América se ha ido definiendo cada vez más en torno
a tres ejes fundamentales: Una estrategia económica basada
en la globalización neoliberal, cuyas instituciones operadoras
son el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización
Mundial de Comercio; Una estrategia política basada en democracias
tuteladas y en gobiernos clientes; y, una estrategia militar basada
en el poder único del Estado Imperial. La militarización
que impulsa el Imperio en todas las latitudes tiene al parecer un
doble componente:
a) Intervenciones militares unilaterales y directas del Ejército
Imperial en aquellos casos en el que el conflicto pueda resolverse
por la vía de una intervención aérea y marítima
masiva, con el menor costo social para los agresores; y,
b) Utilización de los ejércitos de los gobiernos clientes,
nacionales y regionales, en los casos en que las condiciones topográficas
y el grado de desarrollo de las fuerzas rebeldes puedan configurar
un pantano que repita la traumática experiencia del sudeste
asiático.
La primera modalidad la presenciamos en Afganistán y, al
parecer, en pocos días se iniciará una nueva guerra
de este tipo en Irak, desoyendo la repulsa de la opinión
pública mundial y pisoteando las resoluciones de la ONU.
La segunda modalidad es la que busca implementarse en Colombia.
El ex presidente de la República, Pedro Pinto reconoció
que: "Estados Unidos insinúa que entremos en el conflicto
de Colombia". Y el Ex Ministro de Defensa, Hugo Unda, afirmó
que "las relaciones entre Ecuador y Estados Unidos no son buenas
por la negativa ecuatoriana de inmiscuirse en el conflicto colombiano"
(6).
Las presiones al Gobierno y las Fuerzas Armadas del Ecuador para
que intervengan en un proyecto regional de combate a las fuerzas
insurgentes de Colombia fueron brutalmente transparentes el martes
15 de octubre del 2002, cuando el jefe del Comando Sur, General
James T. Hill, durante una entrevista con el presidente Gustavo
Noboa y el jefe del Comando Conjunto, general Oscar Isch, pidió
abiertamente el apoyo de Ecuador y de la región para luchar
conjuntamente en la solución del conflicto interno colombiano
(7). El incidente desató una gran polémica que fue
recogida por los principales medios de comunicación del Ecuador.
Hay que decir, en honor a la verdad, que el presidente Noboa habría
rechazado la propuesta. Noboa la rechazó pero Gutiérrez
la acepta.
La subordinación de Ecuador al Plan Colombia
Aún en sectores ajenos a la intelectualidad adocenada, hubo
voces que creyeron que el Plan Colombia y la Iniciativa Regional
Andina eran un plan de combate al narcotráfico. Ahora que
las caretas han rodado por el suelo está más claro
que la guerra contra las drogas fue, desde el comienzo, un Caballo
de Troya para ocultar un vasto proyecto de militarización
y subordinación de la región andina y América
Latina a los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos
de América.
Durante la Guerra Fría era poco creíble, pero al fin
y al cabo admisible, que todos los conflictos de América
Latina se atribuyan a las nefastas proyecciones del "Imperio
del mal", como llamaba Reagan a la URSS. Desaparecido ese eje
de contradicciones había que crear un nuevo fantasma y nada
mejor que las drogas. Francamente, nos pudieron conmover hasta las
lágrimas por la preocupación que demostraban los señores
del Imperio por el destino de nuestros hijos. Pero las cosas han
cambiado, la guerra contra las drogas se ha transformado en la guerra
interminable contra el terrorismo, después del ataque a las
Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001, y, los fondos y las
armas del Plan Colombia cuentan con la venia del Imperio para utilizarse
en la guerra contra la insurgencia. El proceso de paz en Colombia
está roto y el único lenguaje que se escucha en la
región es el de la guerra. El jefe del Imperio ha dicho en
West Point, el primero de junio del 2002:
"Alentaremos a nuestros socios regionales a llevar a cabo actividades
coordinadas para aislar a los terroristas. Una vez que la campaña
regional localice la amenaza, nos esforzaremos por asegurar que
el Estado disponga de los medios militares, coercitivos, políticos
y financieros para llevar a buen término su tarea" (8).
Andrés Pastrana que gobernó sobre las expectativas
generadas por el proceso de paz ha sido reemplazado en el Palacio
de Nariño por "El señor de las Sombras"
(9), Álvaro Uribe Vélez. Personaje siniestro, vinculado
al narcotráfico y al paramilitarismo (10). Su propuesta central
habla de incrementar el pie de fuerza del Ejército y la policía
y de crear un sistema generalizado de sospecha y denuncia, propio
de los peores momentos de las guerras. La guerra química
contra los cultivos de coca y amapola tomó una dimensión
enorme desde el mes de septiembre del 2002: Los expertos norteamericanos
que vuelan a 50 metros de altura, protegidos por soldados colombianos,
han lanzado miles de barriles de glifosatos, valorados en millones
de dólares, en una operación que busca destruir todos
los cultivos, incluso los de alimentos básicos, a fin de
obligar a la población campesina a emigrar a las ciudades.
Es la limpieza social o étnica que precedió a otras
guerras norteamericanas en el pasado. Las debilidades de la economía
y la sociedad estadounidense seguramente van a impedir que el apoyo
al Plan Uribe se transforme en una intervención masiva y
directa de las fuerzas militares norteamericanas en el conflicto
colombiano, por ahora, las prioridades apuntan a Irak, pues las
demandas esenciales buscan petróleo. Pero sería ingenuo
suponer que el colofón de la profundización de la
guerra interna, no pueda ser, en algún momento, sobre todo,
si los tercos insurgentes resisten, la intervención militar
directa de los ejércitos imperiales en Colombia. Al fin y
al cabo, un acucioso periodista mexicano, Gregorio Selser, ha recordado
que los Estados Unidos han intervenido, en los últimos dos
siglos, en diversos puntos de América Latina, no menos de
1.500 veces, lo que nos transforma en la región del mundo
cuya soberanía ha sido la más violada del planeta.
Los peligros de una guerra que no es nuestra
En dos libros (11) y decenas de artículos he demostrado que
el Ecuador de inicios del siglo XXI no tiene en su agenda prioritaria
los problemas del narcotráfico y la insurgencia (12). Comprometer
a nuestras Fuerzas Armadas y a nuestro pueblo en una guerra que
no es nuestra no sólo constituye una grave violación
de los principios que han animado la política internacional
del Ecuador a lo largo de su historia y que se encuentran consagrados
en nuestra Carta Magna: el respeto a la independencia, la soberanía
y la autodeterminación de los pueblos, la no ingerencia en
los asuntos internos de otros Estados, la solución pacífica
de las controversias, la condena de todo tipo de colonialismo, neocolonialismo
y hegemonismo. Además, el Ecuador, sumido en una de las peores
crisis de su historia y con graves problemas económicos y
sociales que afectan a la mayoría de sus habitantes, no puede
cometer la irracionalidad y la injusticia, como se pretende, de
militarizar al Estado nacional para servir a los intereses de la
gran potencia. El Congreso Nacional en Pleno tiene que oponerse
a la Proforma enviada, en estos mismos días por el Ejecutivo
que pretende recortar drásticamente el Presupuesto para el
frente social y los sectores productivos a fin de dedicar esos recursos
a la insensata tarea de financiar la guerra de la gran potencia
en Colombia. En efecto, la primera sorpresa de la proforma es el
descomunal incremento del presupuesto destinado a la defensa nacional
( 40.5 %) y a la policía nacional ( 30.2 %).
Algunos analistas han querido interpretar que éstas asignaciones
obedecen a la búsqueda, por los militares en el poder, de
una base de apoyo, en el caso, bastante previsible, de que reactive
la lucha social por efecto de la continuidad de las políticas
de ajuste fondomonetaristas y de la dolarización. Sin embargo,
la explicación central de este incremento se encuentra en
la subordinación del presidente Gutiérrez a la política
de la administración Bush para la región que prepara
de modo acelerado una salida militar al problema de la insurgencia
en Colombia. "Ser el mejor socio de los Estados Unidos en la
región" significa, desde el punto de vista militar,
aceptar la propuesta formulada en Noviembre pasado, en Quito, por
el jefe del Comando Sur que promovió abiertamente la participación
de las Fuerzas Armadas del Ecuador en las operativo regional, encabezado
por la alianza norteamericana colombiana, para desarrollar un vasto
plan de guerra cuyo objetivo declarado es la derrota de las fuerzas
insurgentes de Colombia. El presidente Álvaro Uribe Vélez
ha dicho reiteradamente que, luego de que culmine la guerra contra
Irak, los Estados Unidos deberían desarrollar operativos
semejantes en Colombia con la participación de sus fuerzas
terrestre, aéreas y marítimas. Desde que Lucio Gutiérrez
se entrevistó con Uribe Vélez, en los mismos días
en que Fidel Castro y Hugo Chávez inauguraban la Capilla
del Hombre, en Quito, creación excelsa y póstuma del
mayor artista plástico del Ecuador en el siglo XX, a la que
el Coronel no concedió ninguna importancia, se supo que el
presidente Electo ecuatoriano había comprometido la participación
de las Fuerzas Armadas del Ecuador en operativos conjuntos con los
Ejércitos de Colombia y asesores norteamericanos. Lo dicho
en Washington el 11 de febrero no hace otra cosa que ratificar un
compromiso que significa la subordinación total del Gobierno
ecuatoriano al Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina. Como
ha señalado el historiador Enrique Ayala Mora, implicar a
las Fuerzas Armadas en el conflicto interno de Colombia puede ser
catastrófico y hasta trágico para el Ecuador.
La entrega de Lucio al imperio: Un viaje sin retorno
Un segmento de la izquierda y el movimiento indígena del
Ecuador han sido entrampados por el coronel Lucio Gutiérrez
en el peor de los escenarios posibles: la inconsecuencia y la traición.
Cierto que Lucio Gutiérrez nunca dejó de decir sus
verdades, nacidas de su formación militar e ideológica,
pero tuvo la intuición suficiente para comprender el grado
de descomposición a que habían llegado, tras dos décadas
de globalización neoliberal, los viejos partidos políticos
y la política, así como también la necesidad
de enancarse en la ola creciente del movimiento indígena
y de la izquierda, que venía creciendo, poniendo en peligro
la continuidad de los privilegios insultantes de una minoría,
aliada al Imperio.
A los socialistas, que por poco firman un acuerdo de fusión
orgánica con el pequeño movimiento de Gutiérrez,
la Sociedad Patriótica, nos sacó del atolladero León
Roldós Aguilera, al que, al menos, siempre deberemos reconocer
el habernos evitado el estigma de estar en la misma estructura política
de un militar reaccionario y proimperialista. Para el Movimiento
Popular Democrático, el Partido Comunista del Ecuador y,
sobre todo, el Movimiento Plurinacional Pachakútik y la CONAIE
se abre un proceso de urgentes definiciones si quieren conservar
el único patrimonio que ha caracterizado a las fuerzas revolucionarias
en la historia: la fidelidad a los principios y a los intereses
permanentes de los explotados y ofendidos, a los que jamás
podrá servir Lucio Gutiérrez desde su opción
neoliberal y militarista, arrodillada frente a un Imperio que nos
desprecia.
En el Proyecto Político de la CONAIE (13) se levantan como
principios de vida: el humanismo, el comunitarismo, el anticolonialismo,
el anticapitalismo, el antiimperialismo, el antisegregacionismo.
La independencia total de la nación plurinacional ecuatoriana,
frente a la dependencia económica, política, ideológica
y tecnológica del exterior. Es decir, casi los mismos principios
por los que, el sábado 15 de enero del 2003, han salido a
las calles, en las principales ciudades del mundo, más de
30 millones de mujeres y hombres, enarbolándolos como expresión
de rechazo a las políticas imperialistas de guerra y muerte
que pretende imponer al mundo George Bush que, hasta ahora sólo
tenía un aliado descalificado en la región andina:
Álvaro Uribe Vélez, a cuyo cortejo fúnebre
de ha unido el coronel presidente del Ecuador.
Se ha cerrado entonces el primer capítulo de esta historia.
El pueblo ecuatoriano ha transitado de la esperanza al desencanto.
Lucio, en sus andanzas por las entrañas del monstruo, ha
conseguido una Malinche dispuesta a justificarlo todo. Pero el pueblo
ecuatoriano no ha cesado de luchar un solo instante y su fuego purificador,
como ha sucedido tantas veces en la historia de América Latina,
barrerá por los mentirosos y traidores.
Quito, 15 de febrero del 2003.
Notas
(*) Profesor de la Universidad Central del Ecuador y ex vicepresidente
del Congreso Nacional de la República del Ecuador.
(1) Fragmento de la ponencia: El fracaso del neoliberalismo y la
construcción de una alternativa popular en el Ecuador.
(2) Diario "El Comercio" de Quito, jueves 13 de febrero
del 2003, 1ª. Página.
(3) Diario "El Comercio" de Quito, miércoles 12
de febrero del 2003, p. A 3.
(4) Diario "Hoy" de Quito, jueves 13 de febrero del 2003,
1ª. Página.
(5) Citado por el Diario "Hoy" de Quito, página
A-3.
(6) Diario "Hoy" de Quito, sábado 16 de noviembre
del 2002, p. A-2.
(7) Diario "El Comercio" de Quito, domingo 20 de octubre
del 2002, C1.
(8) Citado por el Diario "El Comercio" de Quito, Domingo
20 de octubre del 2002, C1.
(9) Adjetivación tomada del libro de Joseph Contreras, Biografía
no autorizada de Álvaro Uribe Vélez, Bogotá,
Editorial Oveja Negra, 1ª. Edición, mayo del 2002.
(10) Ver Joseph Contreras, Biografía no autorizada de Álvaro
Uribe Vélez ( El Señor de las Sombras ) , Bogotá,
Editorial La Oveja Negra, 1ª. Edición, mayo del 2002.
(11) Ver ¿ Guerra sucia en Ecuador? Los documentos secretos
de Manta, Quito, Ediciones La Tierra, 1ª. Edición, marzo
del 2000. Drogas, Terrorismo e Insurgencia, del Plan Colombia a
la Cruzada Libertad Duradera, Quito, Ediciones La Tierra, 1ª.
Edición, mayo del 2002.
(12) No los tiene con la gravedad de nuestros vecinos: Colombia,
Perú y Bolivia. Nota del autor.
(13) Confederación de Nacionalidades Indígenas del
Ecuador, CONAIE, Proyecto Político de la CONAIE, Quito, 1994.
Fuente: La Insignia. Ecuador, marzo del 2003.
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>> Ecuador, un país exportador de dólares.
por Alberto Acosta, economista ecuatoriano.
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> Como en un espejo se reflejan en la pro forma presupuestaria
las intenciones políticas. El mundo de ficción pintado
en los años de lucha política concluye abruptamente
ante cifras y prioridades. Las palabras esperanzadoras de la campaña
electoral se transforman en farsa. Los ilusionistas, que cosecharon
votos ofreciendo cambios, tienen que esmerarse por tratar de demostrar
que hacer lo mismo que criticaron y combatieron, es ahora diferente
y hasta positivo. La ambición y la mediocridad obran milagros.
Y esto, que sucedió antes, se repite en el gobierno del coronel
Lucio Gutiérrez, con el agravante de que se presenta como
un gobierno distinto... porque habría neutralizado las protestas
de los ponchos con unos cuantos cargos burocráticos.
Cautivada por las voces de triunfo de los medios de comunicación
-en especial luego de la firma de la 'Carta de Intención'
y del espaldarazo recibido por el coronel de parte de 'su mejor
aliado': Jorge Bush II, el francotirador global de Washington-,
la sociedad parece ajena a su propia desgracia. ¿Será
tan difícil leer y entender las cifras de la proforma? Con
el pretexto de que no había otra cosa que hacer y que nadie
ha presentado alternativas creíbles y viables, y que sería
calamitoso repudiar la deuda externa, el país seguirá
exportando dólares por el pago de dicha deuda. En la pro
forma se escribe que 'el país se volvió exportador
neto de divisas, financiando de esta manera al resto del mundo'.
En el 2002 se recibieron préstamos por 138 millones de dólares
y se amortizaron 710 millones, un saldo negativo de 572 millones.
En el 2001 el saldo negativo se acercó a los 400 millones,
se obtuvo préstamos por 330 millones y se pagó 733
millones. Exportación de dólares que se suma a una
cifra negativa acumulada en las décadas anteriores de más
de 10 mil millones. Y que se repetirá en el año 2003:
por desembolsos, que incluyen los aplaudidos créditos del
FMI y de otros organismos multilaterales, se recibirían 791
millones, mientras que por pago de la deuda externa pública
saldrán 919 millones. En la práctica se exportarán
más de 128 millones de dólares, pues la diferencia
del precio establecido en la proforma -18 dólares por barril,
con el del mercado, que ya supera los 30 dólares, está
destinado a alimentar el pago de la deuda. A esta sangría,
con la que se compra la 'confianza' de los agentes económicos,
se suma otra carga producida por el servicio de la deuda pública
interna, en su mayoría por el salvataje bancario, que en
el 2003 significará una transferencia neta negativa de 397
millones. Y como para completar el cromo del calendario, el coronel,
sin transparencia alguna, apura un nuevo acuerdo con el FMI -su
verdadero plan económico-, que empezó con el alza
de los precios de la gasolina y de las tarifas de la electricidad,
y que anuncia reducir los ingresos de los servidores públicos
y las pensiones de los jubilados, mermar las inversiones de la empresa
estatal de petróleo, privatizar las empresas públicas,
eliminar el subsidio al gas, abaratar y flexibilizar la mano de
obra, así como tantas otras recetas archiconocidas en un
ajuste cortoplacista y recesivo.
Este, como van las cosas, será un gobierno peor que los otros,
porque es distinto...
Alberto Acosta.
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e-mail: serpal@wanadoo.es
6 de marzo de 2003.
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