|
* Envío de
SERPAL 211 - 03
Aviso: muchas fuentes de información
están envenenadas
*
Prueben las noticias antes de tragarlas
*
( de una viñeta del humorista español "El Roto"
)
--------------------------------------------------------------
>> Crónicas de la pre-guerra de agresión ( II
)
________________________________________
Amigas, amigos,
El impulso belicista no se detiene. Ni siquiera las múltiples
complicaciones diplomáticas, las resistencias de algunos
países "de peso"
en sumarse a las tesis de Bush, ni la expresión creciente
de rechazo de la opinión pública en muchas partes
del mundo, han variado la decisión - evidentemente tomada
hace ya tiempo - de agredir militarmente a Irak, y ocupar el país
por la fuerza.
Por eso, continuamos con nuestras crónicas, que pretenden
aportar informaciones y textos sobre el tema.
El próximo sábado, las calles de las principales ciudades
del mundo serán un río de pueblo expresando su rechazo
a la guerra de agresión que preparan Bush y sus acólitos.
Continuaremos.
Un abrazo, Carlos,
Redacción de SERPAL.
____________________________________________
>> ¿ Inevitable ?
Luchy Núñez
El sofisma "la guerra contra Irak
es inevitable" ha hecho su labor de zapa incluso entre los
detractores a la invasión iraquí. Sus reflexiones,
impecablemente argumentadas, de acuerdo con su profesión,
aportan casi siempre un trasfondo de la i-ne-vi-ta-bi-li-dad. Felipe
González concluía no hace mucho un escrito con un
"Veremos, ¡ y pronto !, guerra en Irak". En el seminario
"Guerra y paz en el siglo XXI", celebrado en Pedralbes,
el sociólogo Manuel Castell veía inevitable un ataque
de EE.UU. contra Irak porque "desde la perspectiva norteamericana
no sería democrático que el presidente Bush no decidiera
atacar Irak". Gregorio Peces-Barba (El País, 10-1-03),
en su erudito artículo sobre los déspotas, entre los
que incluye a Bush, da la impresión de que espera los aplausos
de sus alumnos cuando escribe: "Hechos tan incómodos,
serios y graves como éste, deben exceder de las frágiles
paredes de la Academia y llegar al menos a la Moncloa y a la carrera
de San Jerónimo". El premio Nobel de Economía,
Joseph Stiglitz, advierte que por "dondequiera que miremos,
los efectos económicos de la guerra con Irak no serán
buenos, ya que los mercados aborrecen la incertidumbre y la volatilidad".
Zapatero lanza soflamitas del tipo de "en ningún caso
caben reacciones unilaterales ni ataques preventivos". (Aquí
remito a Máximo: "El unilateralismo es monstruoso. Pero
el multilateralismo, ¿legitima la monstruosidad?") (sic).
El cardenal Rouco matizó en la Conferencia Episcopal que
"Una guerra calificada de preventiva no es éticamente
aceptable desde el punto de vista de la misión católica.
Es muy difícil que en una guerra preventiva queden íntegros
y salvados todos los bienes de las personas que están en
juego". (¿Es que hay guerras éticamente aceptables,
su Eminencia?). Hasta ¡El Roto! se resigna junto a un cerebro
lleno de anfractuosidades reflexionando que "La guerra es una
patología mental intermitente".
Sí, parece ser que los intelectuales,
artistas, filósofos y periodistas son contrarios a la guerra.
Pero no es suficiente declararse en contra de la guerra. Hay que
condenarla. Y no ya condenarla, ¡hay que impedirla! El mundo
está demasiado mal. ¡Impidamos esta guerra! La advertencia
de Bush "Se está con nosotros o con el enemigo",
propia de un kaiser oligofrénico, y la aseveración
químicamente perversa del diabólico Colin Powell,
"Hablar con el mal no funciona. El poder duro es lo único
que funciona" nos deberían traer al fresco a todos,
!a todo el mundo!, porque a estas alturas ha quedado demostrado
que los servicios de inteligencia americanos son una eme y que los
halcones del Pentágono y de la Casa Blanca son fantasmas,
muñecos de papel que se filman mientras garrapatean sobre
sus mapas. Y respecto a sus adláteres, los ocho gorrioncillos
europeos, (a la cabeza el de La Moncloa) que firman la carta de
adhesión a los EE.UU., deberíamos tirarnos por el
suelo de risa. Y después de estar al fresco por los de allá
y de patearnos de risa por los de aquí, pararnos en seco,
y echar a andar. Primero un pie, después el otro y el otro.
Echar a andar como los chavales de rastas, piercings, aerosoles
y mochilas, y acampar allá, en el corazón de lo árabe,
para exigir una solución diplomática como, ¡toma
incoherencia!, están llevando a cabo con Corea del Norte.
¡Impedir la guerra! Esta es la ocasión histórica,
porque el clamor en contra de la guerra es casi unánime entre
los pueblos de Europa. Porque, en este tramo, los políticos
van por un lado y los ciudadanos por otro, como nunca había
sucedido.
Impidamos la guerra con la repugnancia
que da imaginar miembros tajados chorreando babaza sanguinolenta
por el secarral. Con la fuerza que da pensar en las mujeres embarazadas,
en los recién nacidos, en las pandillas de jóvenes,
en los viejos aculados en el resol de la tarde. Con la refuria que
da pensar en el carpintero, el albañil, el cartero, la mercera,
que oyen un silbido extraño y, cuando quieren darse cuenta,
sus cuerpos han estallado en dos. Con la impotencia que da saber
que un fogonazo ha espurriado las entrañas de una enfermera
por el estucado del dispensario. Con la amargura que se siente por
una familia reunida alrededor de la mesa que salta por los aires
y baja al suelo en una lluvia de ceniza. Con el espanto de imaginar
las enucleaciones que un rayo lejanísimo, milimétricamente
calculado, efectuará sobre rostros viejos, fatigados de mirar;
y sobre caras jóvenes, ávidas de mirar; y sobre la
piel de criaturas que aún lo tienen todo por ver. Porque
la guerra no es una violación de los derechos humanos ni
deportaciones ni ejecuciones sumarias, que también; no es
la conculcación de los derechos establecidos ni la destrucción
total del enemigo, que también; no es las bajas del contingente
civil ni las bajas en los ejércitos invadidos o invasores,
que también. La guerra de verdad de la buena es la evisceración,
la quemadura, la desolladura, el dolor sangrante de corazones, huesos,
tripas y venas. Cuerpos en las cafeterías, jirones de carne
en el asfalto, landrecillas colgando de los plátanos urbanos.
Es el temblor convulsivo de las vísceras y los nervios humanos
despedazados entre los cascotes que las cámaras nos ocultarán.
Es el estertor de la garganta agónica separada de su cabeza
y de su cuerpo. Es latidos, amores, hipotecas, ilusiones, risas,
mentiras, canciones, proyectos, suspiros cortados a cercén.
Y gritos, gritos, gritos. Esa es la guerra, señor Aznar,
la guerra con la que usted se siente comprometido. Apréndala,
píensela, huélala, suéñela. Úntese
los dedos, embadúrnese la conciencia, presidente.
Desde el fenómeno brasilero Lula,
la palabra altermundialización está sustituyendo a
la de globalización, quizá porque posee connotaciones
más esperanzadoras. "Otro mundo es posible". Tommy
Franks, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas americanas en
Oriente Medio, declaró completamente convencido, casi místico,
(será por eso que la operación que lidera se llama
Mirada Interior) que "Esta es la primera guerra del siglo XXI,
de ahí la importancia de la coalición que hemos creado
para llevarla a cabo. La mayor que el mundo ha conocido". ¿Y
por qué no le hacemos comprender a ese halcón del
Pentágono que otro mundo es posible, que otra coalición
es posible? Una coalición antibélica: la invasión
en el Golfo Pérsico de miles y miles de ciudadanos democráticos,
pacifistas, que demuestren al papanatas de Camp Davis que ni pincha
ni corta, que ni se está con él ni contra él,
sino por la paz. Y que, de paso, se entere el papanatillo de la
Moncloa que no nos da la repajolera gana de que se utilicen las
bases de Rota y de Morón para la guerra. ! Que no queremos
la guerra, hombre !
Hay gestos, de por sí, bellos
y valientes. Uno de ellos fue el de Almodóvar en los Ángeles,
cuando dedicó su Globo de Oro a quienes luchan por la paz
y a los que no tienen miedo de decirlo. En el reparto de los premios
Goya, exclamaciones de actores y directores como "Nunca máis
guerra" o el comentario "Ese señor bajito, si quiere
petróleo que vaya a Galicia, no tiene más que cogerlo",
refiriéndose a Aznar, arrancaron el aplauso unánime
del público. Sin embargo, lo que necesitamos ahora es masa,
estadios de personas, tropas de civiles, ejércitos de salvación
y unos cuantos líderes. Un Gandhi por nación es cuanto
haría falta. ¿Se le ocurre a alguien otra manera de
abortar este terrorismo atroz de los Estados? Concluyo mi artículo
plagiando a Edward Said, profesor palestino de literatura comparada:
"Espero que alguien me esté escuchando".
Fuente: "Diari de Tarragona"
/ por Luchy Núñez ( escritora )
*********************************************
Enviado por SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.
e-mail: serpal@wanadoo.es
12 de febrero de 2003.
************* >> ************** << ************
* SERPAL no necesariamente comparte en su integridad los artículos
que publica
y cuyo autor y origen generalmente se indican. La línea editorial
de SERPAL, en
todo caso, queda expresada en la presentación que suele prologar
los artículos,
o en la información preparada exclusivamente por nuestra
redacción.
______________________________________________
* Suscripciones gratuitas: solicitarlas al e-mail: serpal@wanadoo.es
Por favor, citar ciudad y país de residencia, y mencionar
si el suscriptor
tiene alguna actividad social ( sindicato, asamblea, movimiento,
organización
campesina, estudiantil, etc.) Gracias.
______________________________________________
>> Si Ud. comparte la importancia de difundir el contenido
de este
texto, fotocópielo, circúlelo por Internet, difúndalo
por todos los
medios. Gracias. SERPAL, Serv. Prensa Alternativa. /
______________________________________________
Contra el silencio de los corderos, comunicación alternativa
**********************************************
|