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>> Envío
especial para los suscriptores argentinos
medios alternativos y organismos de solidaridad.
SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
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"- Hay que dejar la mente
en blanco-,
dijo el brujo, igual que el dictador,
para lograr el dominio entre la gente.
- ¿ Y que hago con la memoria ?-, pregunté.
Todavía me grita que soy un subversivo."
Hamlet Lima Quintana. ( La
breve palabra )
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Amigas, amigos,
El camino es largo y se necesita paciencia, memoria e inteligencia
para llegar a destino. Eso decíamos en uno de nuestros envíos
hace unos dos años, cuando la efervescencia social parecía
capaz de hacer saltar el tapón histórico que impide
avanzar. Para ajustar un poco más la idea, abría que
añadir otras cualidades: coherencia, perseverancia, reflexión,
sentido común. Algunas o varias de ellas nos andan escaseando
desde hace unos cuantos años. Hoy, cuando otras cuestiones
inmediatas parecen ser definitorias, creemos que vale la pena seguir
apostando a una construcción sólida, perdurable y
efectiva, cuya arquitectura lleve el tiempo que realmente necesite
y eso sí, los materiales que corresponden. En esa convicción,
proponemos la lectura del texto del compañero Guillermo Cieza.
Sin duda sus reflexiones son una propuesta abierta, pero formulada
desde la experiencia y el compromiso.
Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> Política y cambio social
Dos experiencias fundantes.
En la historia políticas de nuestra
clase trabajadoras existen dos experiencias fundantes que marcaron
su conciencia política: el anarquismo y el peronismo.
Corresponde al anarquismo el mérito de haber organizado tempranamente
al movimiento obrero, corresponde al peronismo haber contribuido
a desarrollar una de las clases obreras más combativas del
mundo. Estas experiencias presentadas frecuentemente como contrapuestas
tienen hilos de continuidad en los niveles del activismo de base
sindical, poco visualizadas ante la evidencia de que la mayoría
de las organizaciones anarquistas de la década del 40 y el
50 fueron furiosamente antiperonistas.
La intención de este trabajo no es rastrear esos hilos conductores
sino plantear que la posibilidad de una síntesis de esas
experiencias (mas que de esas concepciones) puede dar respuesta
a muchos interrogantes que hoy tienen planteados fuerzas populares
que apuestan a un cambio social.
Cuando decimos desde los MTD que el cambio social es un proyecto
a futuro, pero también un proyecto que empezamos a caminar
ahora, construyendo nuevos lazos solidarios, ejerciendo la democracia
de base, autogestionando los proyectos productivos, construyendo
organizaciones y cabezas autonomas, la referencia anterior inmediata
parece ser el zapatismo, pero si buceamos en la propia historia
de nuestro pueblo vamos a encontrar que en la experiencia anarquista
de principios de siglo una decisión muy fuerte de empezar
a construir embriones de una nueva sociedad en el presente y de
relacionar la calidad de los cambios futuros con lo ya construido
en las etapas previas al hecho revolucionario.
Aquí hay una ruptura con el pensamiento más clásico
de la izquierda marxista, más proclive a pensar los cambios
después de la toma del poder, en una concepción que
se emparienta con la tradición cristiana de que la felicidad
y el reino de los cielos esta al final del recorrido. Para ser justos,
el Jesucristo histórico y Marx no pensaban lo mismo.
El gran mérito de las experiencias anarquistas en la Argentina
fue el desarrollo de construcciones sociales autonomas sólidas
que fueron capaces de expresar y elevar un estado de conciencia
de masas trabajadoras, cuyo exponente mas desarrollado fue la FORA
La gran debilidad del anarquismo fue la política, entendida
como la capacidad de unir fuerzas populares para aislar y derrotar
al enemigo principal de los trabajadores en cada etapa histórica,
requisito indispensable para avanzar hacia transformaciones mas
profundas y extendidas y garantizar la continuidad de las construcciones
presentes.
La política aborrece el vacío y si las fuerzas populares
no tienen la capacidad de unirse para derrotar al enemigo, este
termina arrasando con todo lo que se opone. Esta es la explicación
más elemental del golpe de Estado de 1930 y de la persecución
posterior a todo vestigio de organización popular fuera anarquista,
socialista o comunista.
La experiencia de los trabajadores desde la identidad peronista,
en particular la llamada resistencia peronista, va a mostrar por
un lado una enorme capacidad de lucha y de disposición para
establecer alianzas para cercar y derrotar al enemigo principal:
los dictadores militares "gorilas". Pero por otro lado
una enorme carencia en lo que hace a la construcción de una
política propia, asentada en el desarrollo de organizaciones
autonomas. Decía Raimundo Villaflor que la contradicción
principal que frenaba el desarrollo de un proceso revolucionario
en la Argentina era la contradicción que tenían los
trabajadores peronistas (identidad mayoritaria en ese momento) entre
su conciencia política de derechos y aspiraciones de cambio
que los motivaba a resistir en luchas sindicales y puebladas masivas
y la carencia de una organización política propia
que los expresara y representaran sus intereses. Los trabajadores
ponían todos los esfuerzos, los despedidos, los encarcelados,
los muertos, para que después los triunfos políticos
conseguidos fueran capitalizados por la burocracia política
y sindical del movimiento peronista. , O utilizada por el propio
Perón para desarrollar su estrategia y su proyecto.
La resistencia, con esas características, impidió
la estabilización política de un proyecto de dominación
en la Argentina, manteniendo un " empate social "entre
1955 y 1976, pero no aportó demasiado a la posibilidad de
una salida revolucionaria a la crisis, por esa carencia de aportes
al desarrollo de una política autónoma desde los trabajadores.
Si caracterizamos que la experiencia anarquista fue fuerte en lo
estratégico(en el desarrollo de construcciones sociales autónomas)
y débil en lo político (en la conducción de
amplias masas populares y la construcción de políticas
de alianzas), podemos verificar que por el contrario la experiencia
de los trabajadores peronistas fue fuerte en lo político
(en la construcción de alianzas) pero débil en lo
estratégico (lo que determinó su subordinación
a proyectos ajenos).
Dos Pirámides
La idea de reemplazar al sujeto social de las transformaciones sociales,
la clase obrera, por una estructura piramidal, el partido de la
clase obrera, es una idea hoy controvertida a la luz de innumerables
experiencias burocráticas.
Los cuestionamientos parecen sencillos. Organizaciones de cuadros
conformadas, en el mejor de los casos, por intelectuales revolucionarios
y los activistas mas avanzados de los trabajadores que en algún
momento pueden expresar a los trabajadores, no garantizan que, mas
adelante, no se conviertan en filtros donde queden atrapados no
solo las opiniones y los deseos, sino también los intereses
de la clase obrera. La portación de un saber científico,
el marxismo, no ha demostrado ser una vacuna eficaz contra las desviaciones
burocráticas.
El cuestionamiento a la pirámide leninista en cuyo vértice
esta la dirección del partido y en su base las células
de los frentes de masas se ha centrado en las limitaciones de la
democracia interna partidaria. Al respecto hay varias propuestas
para"democratizar" los partidos que van desde el impulso
a las elecciones internas (incluso abiertas) hasta el reemplazo
de la estructura piramidal por redes donde todos los puntos tienen
el mismo valor.
La "democratización" de los partidos de izquierda
planteada en los términos citados ha conducido ha un mayor
peso de los elementos con mayor poder económico y posibilidad
de acceso a los medios masivos. Ningún avance en la pretensión
de expresar a los trabajadores.
Desde las lecciones que dejan estos fracasos, podemos retomar la
advertencia que fundamentaba el centralismo del partido y su papel
de conductor de un proceso revolucionario, sobre el hecho de que
los sujetos sociales aún los potencialmente revolucionarios,
no actúan en un tubo de vacío, sino sometidos a las
presiones de las clases dominantes y aún reproduciendo su
ideología. Abrir el partido, no significa mas democracia
de los trabajadores, sino dar a los grupos dominantes la posibilidad
de incidir políticamente en sus decisiones.
El aporte más serio a la pretensión de que organizaciones
de militantes expresen a los trabajadores, o al menos puedan arrimar
a esa pretensión, está dado por las concepciones autonomistas
Allí se desconoce la idea de saber revolucionario o partido
de la clase como categorías valoradas a-priori y se las reemplaza
por aportes teóricos y herramientas con vocación revolucionaria,
reservando la valoración definitiva al juicio de la historia.
Al desconocer estas categorías, se hace descansar la generación
de las decisiones políticas en las asambleas de base de los
trabajadores movilizados, ubicando allí el punto más
cercano y concreto par expresar los deseos, las opiniones y los
intereses del conjunto de los trabajadores. Esta concepción
propone invertir la pirámide colocando a la base como dirección
política y a su vértice como lugar de ejecución
de tareas políticas emanadas de las asambleas de base.
Las experiencias realizadas en esa dirección han demostrado
que este tipo de organización ha sido muy favorable para
generar posturas que acierten en el trazo grueso de las decisiones
políticas. Los horrores que se han cometido desde posiciones
políticas de izquierda, se gestaron siempre en cúpulas
y microclimas cerrados, difícilmente pudieran haber sido
generados en asambleas de base de trabajadores movilizados.
Pero también esas experiencias han demostrado que las pirámides
invertidas son poco eficaces para proyectar masivamente políticas
correctas por fuera del espacio donde estas ideas se generan.
Desde hace algunos años hemos venido masticando estas ideas
que cruzan otras discusiones como son la relación entre lo
social y lo político, y la relación entre una construcción
estratégica y un movimiento político de masas. Pensando
en las pirámides, había elementos de mucho peso que
justificaba una u otra opción. Ideas generadas en tiempos
de alza de luchas obreras, de crisis revolucionarias, donde todas
las preguntas están sobre la mesa y todas las respuestas
merecen atención.
Se me ocurre ahora que la gran dificultad que tuvimos fue que pretendimos
elegir opciones: elegir una pirámide, cuando en realidad
había que sintetizarlas. Porque no elegir las dos?
Pienso en la conducción vertical de los Montoneros acertando
y creciendo con el Luche y Vuelve y después haciéndose
pelota por falta de política. Pienso en la construcción
autónoma del Peronismo de base, capaz de acertar con la política
en los años 74 y 75, pero incapaz de proyectarla en una apuesta
de política de masas.
Porque no dos pirámides?
Una pirámide invertida que garantice la conducción
asamblearia de una masa crítica, movilizada y organizada.
Y una pirámide clásica con una conducción centralizada
que permita proyectar política en un espacio de masas desorganizadas.
Democracia en terreno propio, centralismo en espacios de disputa.
Una organización político-estrategica asentada en
construcciones autonomas en el seno de la clase trabajadora. Donde
la confiabilidad política y la confianza estratégica
no radiquen en que un puñado de dirigentes no se equivoquen,
sino en que están reproduciendo decisiones políticas
de asambleas de base y están controlados por esas mismas
asambleas. Estoy pensando en las agrupaciones obreras de los74-75;
en algunos mtd, asambleas barriales y movimientos campesinos.
Un movimiento político de masas que no se organiza para discutir
políticas sino para ejecutar políticas. Estoy pensando
en el partido de Fidel, el movimiento de Khadafi, o de Chavez .
Dos pirámides: la invertida, ahora más grande pero
como proyección más pequeña; la clásica,
ahora apenas dibujada, pero proyectada hacia millones de personas.
Pensando en la síntesis de las dos grandes tradiciones históricas
de nuestros trabajadores: porque no la pirámide invertida
del pensamiento anarquista mas la pirámide de ejecución
política del peronismo .
La respuesta sobre las dos pirámides enlazadas en sus vértices,
abre nuevos interrogantes.
¿Es posible que las mismas personas sean capaces de subordinarse
a las asambleas y verticalizar sus decisiones ? Obedecer y mandar
y no confundirse sobre a quien obedecer y a quien mandar.
Es posible que dos estructuras organizativas funcionen articuladas
y a la vez regidas por dos lógicas de conducción diferentes?
Es posible distinguir entre lo corporativo y lo popular? Y elevar
lo corporativo a lo popular?
Es posible conciliar la paciencia y consecuencia en desarrollar
construcciones novedosas y las urgencias de establecer las alianzas
que imponen dar batallas conjuntas por cuestiones mas urgentes e
inmediatas?
Unidad y política.
Para quienes transitábamos algunas experiencias de construcciones
sociales a principios de los 70, el debate principal no era el de
la unidad, sino el de la autonomía. El peronismo resistiendo
desde el llano daba un marco unitario muy amplio. Se trataba de
advertir que los marcos de unidad de los trabajadores peronistas
no eran los mismos que los de los empresarios y burocratas peronistas,
diferenciar intereses y construcciones políticas.
Para quienes transitamos experiencias de construcciones autónomas
a principios del 2000 el debate principal no es el de la autonomía,
sino el de la unidad.
Y en el tema de la unidad vemos reproducir hacia el interior de
los MTD que se definen autónomos las mismas dudas y limitaciones
de las experiencias anarquistas.
La primera de ellas es suponer que nuestra concepción de
construcción democrática y autogestionaria es compartida
por la mayoría de nuestro pueblo, que es natural.
La historia de nuestro pueblo lo desmiente: La matriz fundacional
de nuestra nacionalidad indigena-hispana es naturalmente autoritaria,
haciendo la aclaración que los españoles y después
los criollos eran mucho mas verticalistas que los caciques indios.
Sobre el punto hay un comentario del cacique ranquel Panghitruz
Guor( 1847-1873 ) que vale la pena mencionar " En esta tierra
el que gobierna no es como entre los cristianos. Allí manda
el que manda y todos obedecen. Aquí hay que arreglarse primero
con los otros caciques, con los capitanejos, con los hombres antiguos.
Todos son libres y todos son iguales".
El federalismo, el irigoyenismo y el peronismo son experiencias
políticas de masas que se nutrieron y profundizaron la tradición
caudillista.
La fragmentación social provocada por el proceso de desindustrialización
del país, el despoblamiento rural, crecimiento del desempleo,
etc. , no favorece como pudiera suponerse el desarrollo de espacios
democraticos sino por el contrario refuerza el poder del Estado,
la dependencia hacia los poderosos y las figuras mesiánicas.
El proceso de explosión asamblearia gestado por las jornadas
del 19 y 20 de diciembre del 2001 fue menguado no solo por la habilidad
y capacidad de adaptación de nuestra clase política,
sino también por el hecho que nuestro pueblo ese mas propenso
a asociar los cambios políticos a la aparición de
figuras providenciales que a la confianza en sus propias fuerzas.
El "estilo Kirchner", que privilegia la ejecución
sobre la consulta, y el personalismo sobrela gestión colectiva,
resulta atractiva para nuestro pueblo porque empalma con su cultura
política.
Las " pirámides leninistas" cuyas expresiones mas
destacadas son el Polo Obrero y la CCC han demostrado ser extremadamente
eficaces para reclutar miles de desocupados.
Estas observaciones las hacemos a cuenta de ejemplificar de cómo
un tipo de conducción vertical empalma con la cultura política
de nuestro pueblo y no como una divisoria de aguas.
Precisamente, la segunda limitación es suponer que la concepción
de construcción organizativa divide aguas entre quienes quieren
un cambio social y quienes no lo quieren.
Desde esa concepción se ha acusado de fascistas a movimientos
piqueteros de cuño leninista, con la misma liviandad con
que se acusó de fascistas a los descamisados que se movilizaron
el 17 de octubre de 1945.
Divide aguas la defensa de los intereses populares, la resistencia
activa al modelo neoliberal, la conducta ante las acciones represivas
del Estado. Concepciones diferentes se expresan en construcciones
diferentes, pero sin dejar de reconocer que en cada momento histórico
existió una vereda del pueblo y una vereda de antipueblo,
o dicho de otra manera un potencial de alianzas populares que era
necesario entramar y un enemigo principal que había que tratar
de aislar y derrotar como condición de supervivencia de los
esfuerzos populares.
La tercera limitación es suponer que la cuestión de
la unidad tiene un valor coyuntural y no estratégico. Proponemos
la unidad cuando la necesitamos porque nos están acosando
o amenazan con destruirnos, pero pasado el mal momento seguimos
solos. O proponemos la unidad cuando estamos seguros de hegemonizar
el espacio unitario. Si nos sentimos en minoría o en desventaja
rechazamos la unidad.
Es interesante observar como en la Argentina el movimiento piquetero
dió sus mejores batallas cuando actuó unido. El 26
de Junio de 2001, el día de la masacre de Avellaneda estaba
en el puente la casi totalidad de las organizaciones piqueteras
que mantenían una política de oposición al
gobierno de Duhalde. En las jornadas posteriores a la masacre la
gran movilización de un amplio arco de fuerzas populares:
piqueteros, asambleas, partidos políticos de izquierda, sectores
de la CTA, desarmaron las mentiras del gobierno y lo pusieron a
la defensiva (anticipo de elecciones)
Toda la campaña antipiquetera armada desde los medios y por
el gobierno de Kirchner hizo agua el 20 de diciembre del 2003 donde
las distintas fuerzas piqueteras y asambleas pudieron coincidir
en una fecha y un lugar (Buenos Aires), aún participando
en 4 actos distintos.
La unidad posible
Creo que hay tres planos diferentes de la unidad posible.
1 -Los que construyen y resisten parecido:
En nuestro país, muchas de las mejores conclusiones políticas
de la experiencia del movimiento obrero no fueron valoradas desde
la recuperación de las experiencias anarquistas o el desarrollo
de las construcciones autónomas en los 70, sino más
bien a partir del conocimiento de los Sin Tierra y los Zapatistas.
Estas lecturas tan positivas, colaron en el imaginario de la militancia
la posibilidad de construir grandes movimientos sociales por demandas
de dimensiones nacionales y con unidad de concepción. Esta
traslación olvida que la construcción del MST de Brasil
si bien recupera distintas experiencias anteriores tiene una matriz
ideológica común muy fuerte y el límite objetivo
que propone el campo y la cultura campesina. Cuando buena parte
de la izquierda brasileña descubrió" al MST este
ya tenía una solidez ideológica propia.
Lo mismo sucede con los zapatistas donde los límites lo ponen
la selva y largos años de acumulación silenciosa.
Las particulares condiciones de la Argentina, con una sociedad muy
compleja y fragmentada, con otra historia de lucha, mas que a trasladar
experiencias, nos obligan a pensar mas creativamente.
La apuesta parece ser hacer hincapié en la unidad de concepción
de las construcciones sociales, mas allá del tipo de demanda
o la localización geográfica. Como no hay manual esta
es una experiencia abierta con pruebas de ensayo y error. Hay que
valorar la experiencia de la COPA , las movilizaciones organizadas
entre los MTD de la Veron y las organizaciones campesinas, la experiencia
del MUP y distintos intentos regionales.
Un primer paso de la unidad sería tratar de articular todos
aquellos que construyen y resisten desde los movimientos piqueteros
y campesinos, desde lo asambleario y lo cultural, desde las empresas
recuperadas y la militancia gremial o estudiantil, privilegiando
una concepción de autonomía.
2 - La unidad de todos los que resisten al modelo neoliberal
Alguna vez en el marco de distintos intentos de articular organizaciones
populares a mediados de los 90 discutimos si el límite de
las alianzas populares tenía que ser el de la resistencia
al modelo o el de la resistencia al sistema (al capitalismo).
Pasó bastante agua bajo los puentes y algunas experiencias
como la de las grandes puebladas del 19 y 20 de diciembre de 2001
demostraron que, en los hechos, cuando el pueblo se une no afina
tanto el lápiz en lo ideológico. Siempre es la lucha
contra el modelo y los poderes de turno, contra las formas que adopta
el sistema en cada momento histórico, el objetivo de las
luchas populares de masas, de las luchas populares que por su amplitud,
extensión y volumen puede tener incidencias política
real en la política de un país.
Fue así el 17 de octubre de 1945, fue así también
el Cordobazo.
Si perdemos de vista que ese es el marco de unidad posible que permite
promover cambios políticos que mejore las condiciones de
vida del conjunto de nuestro pueblo y favorezcan la organización
popular, y nos abstenemos de participar en esas batallas en nombre
del purismo ideológico o de la conciencia de que nuestro
escaso desarrollo nos impide ser hegemónicos, quedamos fuera
de la política y nos desligamos de la responsabilidad de
resistir en lugares y circunstancias donde el propio pueblo toma
partido.
Seguramente una amplia unidad popular necesitará bloques
mas afines, alianzas mas definidas en lo programático y con
acuerdos más precisos, que colaborarán a sustentarla.
Pero esos bloques no la reemplazan.
El hecho de que Kirchner y un proyecto de rehabilitación
de la vieja clase política ocupe un espacio generado por
la lucha popular es mérito del pragmatismo y la astucia del
PJ, pero también de las debilidades políticas y de
la incapacidad para unirnos de todos los que durante años
luchamos contra el neoliberalismo, nos opusimos a las privatizaciones
la flexibilización laboral, al pago de la deuda externa,
etc.
3- La unidad de las víctimas del modelo neoliberal.
En las dos primeras instancias unitarias hacíamos referencia
a movimientos y grupos organizados que luchan mas o menos consecuentemente
contra el modelo. Entre todos, una minoría de nuestro pueblo.
Cuando hablamos de la unidad de las víctimas del modelo hablamos
del 80% de los argentinos. Los que luchan y los que no luchan. Y
advertidos de que los que necesitan un cambio social pero no luchan
son mayoría.
No hay posibilidad de cambios sociales profundos si ese 80 % de
los argentinos no participa y se compromete, aún en gestos
mínimos, con cuestiones tan decisivas como no dar consenso
a los poderes dominantes, aislar políticamente a las tendencias
más autoritarias, antipopulares y entreguistas, y repudiar
las acciones represivas.
El territorio (un barrio por ejemplo) es la pista de ensayo de dos
políticas disímiles pero complementarias. Extender
el desarrollo de las construcciones autónomas ( ampliar la
pirámide invertida) y desarrollar políticas y alianzas
que permitan conducir a los sectores desorganizados ( poner en funcionamiento
la pirámide de ejecución política).
Comentario final
Estas reflexiones solo son individuales en sus carencias, en lo
que pudieran aportar son producto de un proceso de reflexión
colectiva que transitamos durante muchos años sospechando
estar cubiertos por una manta corta. Si abrigábamos la cabeza
teníamos frío en los pies y si calentábamos
los pies se nos enfriaba la cabeza.
No están avaladas por ningún manual, si por las incertidumbres
que nos fue dejando la vida y una larga colección de esfuerzos
frustrados y derrotas. Pero también están estimuladas
por la alegría de las construcciones presentes y la pretensión
de equivocarnos con nuestra propia cabeza.
Guillermo Cieza
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12 de febrero de 2004
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