SERPAL
12 de Febrero de 2004

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SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
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"- Hay que dejar la mente en blanco-,
dijo el brujo, igual que el dictador,
para lograr el dominio entre la gente.
- ¿ Y que hago con la memoria ?-, pregunté.
Todavía me grita que soy un subversivo."

Hamlet Lima Quintana. ( La breve palabra )

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Amigas, amigos,

El camino es largo y se necesita paciencia, memoria e inteligencia para llegar a destino. Eso decíamos en uno de nuestros envíos hace unos dos años, cuando la efervescencia social parecía capaz de hacer saltar el tapón histórico que impide avanzar. Para ajustar un poco más la idea, abría que añadir otras cualidades: coherencia, perseverancia, reflexión, sentido común. Algunas o varias de ellas nos andan escaseando desde hace unos cuantos años. Hoy, cuando otras cuestiones inmediatas parecen ser definitorias, creemos que vale la pena seguir apostando a una construcción sólida, perdurable y efectiva, cuya arquitectura lleve el tiempo que realmente necesite y eso sí, los materiales que corresponden. En esa convicción, proponemos la lectura del texto del compañero Guillermo Cieza. Sin duda sus reflexiones son una propuesta abierta, pero formulada desde la experiencia y el compromiso.

Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.

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>> Política y cambio social
Dos experiencias fundantes.

En la historia políticas de nuestra clase trabajadoras existen dos experiencias fundantes que marcaron su conciencia política: el anarquismo y el peronismo.

Corresponde al anarquismo el mérito de haber organizado tempranamente al movimiento obrero, corresponde al peronismo haber contribuido a desarrollar una de las clases obreras más combativas del mundo. Estas experiencias presentadas frecuentemente como contrapuestas tienen hilos de continuidad en los niveles del activismo de base sindical, poco visualizadas ante la evidencia de que la mayoría de las organizaciones anarquistas de la década del 40 y el 50 fueron furiosamente antiperonistas.

La intención de este trabajo no es rastrear esos hilos conductores sino plantear que la posibilidad de una síntesis de esas experiencias (mas que de esas concepciones) puede dar respuesta a muchos interrogantes que hoy tienen planteados fuerzas populares que apuestan a un cambio social.

Cuando decimos desde los MTD que el cambio social es un proyecto a futuro, pero también un proyecto que empezamos a caminar ahora, construyendo nuevos lazos solidarios, ejerciendo la democracia de base, autogestionando los proyectos productivos, construyendo organizaciones y cabezas autonomas, la referencia anterior inmediata parece ser el zapatismo, pero si buceamos en la propia historia de nuestro pueblo vamos a encontrar que en la experiencia anarquista de principios de siglo una decisión muy fuerte de empezar a construir embriones de una nueva sociedad en el presente y de relacionar la calidad de los cambios futuros con lo ya construido en las etapas previas al hecho revolucionario.

Aquí hay una ruptura con el pensamiento más clásico de la izquierda marxista, más proclive a pensar los cambios después de la toma del poder, en una concepción que se emparienta con la tradición cristiana de que la felicidad y el reino de los cielos esta al final del recorrido. Para ser justos, el Jesucristo histórico y Marx no pensaban lo mismo.

El gran mérito de las experiencias anarquistas en la Argentina fue el desarrollo de construcciones sociales autonomas sólidas que fueron capaces de expresar y elevar un estado de conciencia de masas trabajadoras, cuyo exponente mas desarrollado fue la FORA

La gran debilidad del anarquismo fue la política, entendida como la capacidad de unir fuerzas populares para aislar y derrotar al enemigo principal de los trabajadores en cada etapa histórica, requisito indispensable para avanzar hacia transformaciones mas profundas y extendidas y garantizar la continuidad de las construcciones presentes.

La política aborrece el vacío y si las fuerzas populares no tienen la capacidad de unirse para derrotar al enemigo, este termina arrasando con todo lo que se opone. Esta es la explicación más elemental del golpe de Estado de 1930 y de la persecución posterior a todo vestigio de organización popular fuera anarquista, socialista o comunista.

La experiencia de los trabajadores desde la identidad peronista, en particular la llamada resistencia peronista, va a mostrar por un lado una enorme capacidad de lucha y de disposición para establecer alianzas para cercar y derrotar al enemigo principal: los dictadores militares "gorilas". Pero por otro lado una enorme carencia en lo que hace a la construcción de una política propia, asentada en el desarrollo de organizaciones autonomas. Decía Raimundo Villaflor que la contradicción principal que frenaba el desarrollo de un proceso revolucionario en la Argentina era la contradicción que tenían los trabajadores peronistas (identidad mayoritaria en ese momento) entre su conciencia política de derechos y aspiraciones de cambio que los motivaba a resistir en luchas sindicales y puebladas masivas y la carencia de una organización política propia que los expresara y representaran sus intereses. Los trabajadores ponían todos los esfuerzos, los despedidos, los encarcelados, los muertos, para que después los triunfos políticos conseguidos fueran capitalizados por la burocracia política y sindical del movimiento peronista. , O utilizada por el propio Perón para desarrollar su estrategia y su proyecto.

La resistencia, con esas características, impidió la estabilización política de un proyecto de dominación en la Argentina, manteniendo un " empate social "entre 1955 y 1976, pero no aportó demasiado a la posibilidad de una salida revolucionaria a la crisis, por esa carencia de aportes al desarrollo de una política autónoma desde los trabajadores.

Si caracterizamos que la experiencia anarquista fue fuerte en lo estratégico(en el desarrollo de construcciones sociales autónomas) y débil en lo político (en la conducción de amplias masas populares y la construcción de políticas de alianzas), podemos verificar que por el contrario la experiencia de los trabajadores peronistas fue fuerte en lo político (en la construcción de alianzas) pero débil en lo estratégico (lo que determinó su subordinación a proyectos ajenos).

Dos Pirámides

La idea de reemplazar al sujeto social de las transformaciones sociales, la clase obrera, por una estructura piramidal, el partido de la clase obrera, es una idea hoy controvertida a la luz de innumerables experiencias burocráticas.

Los cuestionamientos parecen sencillos. Organizaciones de cuadros conformadas, en el mejor de los casos, por intelectuales revolucionarios y los activistas mas avanzados de los trabajadores que en algún momento pueden expresar a los trabajadores, no garantizan que, mas adelante, no se conviertan en filtros donde queden atrapados no solo las opiniones y los deseos, sino también los intereses de la clase obrera. La portación de un saber científico, el marxismo, no ha demostrado ser una vacuna eficaz contra las desviaciones burocráticas.

El cuestionamiento a la pirámide leninista en cuyo vértice esta la dirección del partido y en su base las células de los frentes de masas se ha centrado en las limitaciones de la democracia interna partidaria. Al respecto hay varias propuestas para"democratizar" los partidos que van desde el impulso a las elecciones internas (incluso abiertas) hasta el reemplazo de la estructura piramidal por redes donde todos los puntos tienen el mismo valor.

La "democratización" de los partidos de izquierda planteada en los términos citados ha conducido ha un mayor peso de los elementos con mayor poder económico y posibilidad de acceso a los medios masivos. Ningún avance en la pretensión de expresar a los trabajadores.

Desde las lecciones que dejan estos fracasos, podemos retomar la advertencia que fundamentaba el centralismo del partido y su papel de conductor de un proceso revolucionario, sobre el hecho de que los sujetos sociales aún los potencialmente revolucionarios, no actúan en un tubo de vacío, sino sometidos a las presiones de las clases dominantes y aún reproduciendo su ideología. Abrir el partido, no significa mas democracia de los trabajadores, sino dar a los grupos dominantes la posibilidad de incidir políticamente en sus decisiones.

El aporte más serio a la pretensión de que organizaciones de militantes expresen a los trabajadores, o al menos puedan arrimar a esa pretensión, está dado por las concepciones autonomistas Allí se desconoce la idea de saber revolucionario o partido de la clase como categorías valoradas a-priori y se las reemplaza por aportes teóricos y herramientas con vocación revolucionaria, reservando la valoración definitiva al juicio de la historia.

Al desconocer estas categorías, se hace descansar la generación de las decisiones políticas en las asambleas de base de los trabajadores movilizados, ubicando allí el punto más cercano y concreto par expresar los deseos, las opiniones y los intereses del conjunto de los trabajadores. Esta concepción propone invertir la pirámide colocando a la base como dirección política y a su vértice como lugar de ejecución de tareas políticas emanadas de las asambleas de base.

Las experiencias realizadas en esa dirección han demostrado que este tipo de organización ha sido muy favorable para generar posturas que acierten en el trazo grueso de las decisiones políticas. Los horrores que se han cometido desde posiciones políticas de izquierda, se gestaron siempre en cúpulas y microclimas cerrados, difícilmente pudieran haber sido generados en asambleas de base de trabajadores movilizados.

Pero también esas experiencias han demostrado que las pirámides invertidas son poco eficaces para proyectar masivamente políticas correctas por fuera del espacio donde estas ideas se generan.

Desde hace algunos años hemos venido masticando estas ideas que cruzan otras discusiones como son la relación entre lo social y lo político, y la relación entre una construcción estratégica y un movimiento político de masas. Pensando en las pirámides, había elementos de mucho peso que justificaba una u otra opción. Ideas generadas en tiempos de alza de luchas obreras, de crisis revolucionarias, donde todas las preguntas están sobre la mesa y todas las respuestas merecen atención.

Se me ocurre ahora que la gran dificultad que tuvimos fue que pretendimos elegir opciones: elegir una pirámide, cuando en realidad había que sintetizarlas. Porque no elegir las dos?

Pienso en la conducción vertical de los Montoneros acertando y creciendo con el Luche y Vuelve y después haciéndose pelota por falta de política. Pienso en la construcción autónoma del Peronismo de base, capaz de acertar con la política en los años 74 y 75, pero incapaz de proyectarla en una apuesta de política de masas.

Porque no dos pirámides?

Una pirámide invertida que garantice la conducción asamblearia de una masa crítica, movilizada y organizada. Y una pirámide clásica con una conducción centralizada que permita proyectar política en un espacio de masas desorganizadas.

Democracia en terreno propio, centralismo en espacios de disputa.

Una organización político-estrategica asentada en construcciones autonomas en el seno de la clase trabajadora. Donde la confiabilidad política y la confianza estratégica no radiquen en que un puñado de dirigentes no se equivoquen, sino en que están reproduciendo decisiones políticas de asambleas de base y están controlados por esas mismas asambleas. Estoy pensando en las agrupaciones obreras de los74-75; en algunos mtd, asambleas barriales y movimientos campesinos.

Un movimiento político de masas que no se organiza para discutir políticas sino para ejecutar políticas. Estoy pensando en el partido de Fidel, el movimiento de Khadafi, o de Chavez .

Dos pirámides: la invertida, ahora más grande pero como proyección más pequeña; la clásica, ahora apenas dibujada, pero proyectada hacia millones de personas.

Pensando en la síntesis de las dos grandes tradiciones históricas de nuestros trabajadores: porque no la pirámide invertida del pensamiento anarquista mas la pirámide de ejecución política del peronismo .

La respuesta sobre las dos pirámides enlazadas en sus vértices, abre nuevos interrogantes.

¿Es posible que las mismas personas sean capaces de subordinarse a las asambleas y verticalizar sus decisiones ? Obedecer y mandar y no confundirse sobre a quien obedecer y a quien mandar.

Es posible que dos estructuras organizativas funcionen articuladas y a la vez regidas por dos lógicas de conducción diferentes?

Es posible distinguir entre lo corporativo y lo popular? Y elevar lo corporativo a lo popular?

Es posible conciliar la paciencia y consecuencia en desarrollar construcciones novedosas y las urgencias de establecer las alianzas que imponen dar batallas conjuntas por cuestiones mas urgentes e inmediatas?

Unidad y política.

Para quienes transitábamos algunas experiencias de construcciones sociales a principios de los 70, el debate principal no era el de la unidad, sino el de la autonomía. El peronismo resistiendo desde el llano daba un marco unitario muy amplio. Se trataba de advertir que los marcos de unidad de los trabajadores peronistas no eran los mismos que los de los empresarios y burocratas peronistas, diferenciar intereses y construcciones políticas.

Para quienes transitamos experiencias de construcciones autónomas a principios del 2000 el debate principal no es el de la autonomía, sino el de la unidad.

Y en el tema de la unidad vemos reproducir hacia el interior de los MTD que se definen autónomos las mismas dudas y limitaciones de las experiencias anarquistas.

La primera de ellas es suponer que nuestra concepción de construcción democrática y autogestionaria es compartida por la mayoría de nuestro pueblo, que es natural.

La historia de nuestro pueblo lo desmiente: La matriz fundacional de nuestra nacionalidad indigena-hispana es naturalmente autoritaria, haciendo la aclaración que los españoles y después los criollos eran mucho mas verticalistas que los caciques indios.

Sobre el punto hay un comentario del cacique ranquel Panghitruz Guor( 1847-1873 ) que vale la pena mencionar " En esta tierra el que gobierna no es como entre los cristianos. Allí manda el que manda y todos obedecen. Aquí hay que arreglarse primero con los otros caciques, con los capitanejos, con los hombres antiguos. Todos son libres y todos son iguales".

El federalismo, el irigoyenismo y el peronismo son experiencias políticas de masas que se nutrieron y profundizaron la tradición caudillista.

La fragmentación social provocada por el proceso de desindustrialización del país, el despoblamiento rural, crecimiento del desempleo, etc. , no favorece como pudiera suponerse el desarrollo de espacios democraticos sino por el contrario refuerza el poder del Estado, la dependencia hacia los poderosos y las figuras mesiánicas.

El proceso de explosión asamblearia gestado por las jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001 fue menguado no solo por la habilidad y capacidad de adaptación de nuestra clase política, sino también por el hecho que nuestro pueblo ese mas propenso a asociar los cambios políticos a la aparición de figuras providenciales que a la confianza en sus propias fuerzas.

El "estilo Kirchner", que privilegia la ejecución sobre la consulta, y el personalismo sobrela gestión colectiva, resulta atractiva para nuestro pueblo porque empalma con su cultura política.

Las " pirámides leninistas" cuyas expresiones mas destacadas son el Polo Obrero y la CCC han demostrado ser extremadamente eficaces para reclutar miles de desocupados.

Estas observaciones las hacemos a cuenta de ejemplificar de cómo un tipo de conducción vertical empalma con la cultura política de nuestro pueblo y no como una divisoria de aguas.

Precisamente, la segunda limitación es suponer que la concepción de construcción organizativa divide aguas entre quienes quieren un cambio social y quienes no lo quieren.

Desde esa concepción se ha acusado de fascistas a movimientos piqueteros de cuño leninista, con la misma liviandad con que se acusó de fascistas a los descamisados que se movilizaron el 17 de octubre de 1945.

Divide aguas la defensa de los intereses populares, la resistencia activa al modelo neoliberal, la conducta ante las acciones represivas del Estado. Concepciones diferentes se expresan en construcciones diferentes, pero sin dejar de reconocer que en cada momento histórico existió una vereda del pueblo y una vereda de antipueblo, o dicho de otra manera un potencial de alianzas populares que era necesario entramar y un enemigo principal que había que tratar de aislar y derrotar como condición de supervivencia de los esfuerzos populares.

La tercera limitación es suponer que la cuestión de la unidad tiene un valor coyuntural y no estratégico. Proponemos la unidad cuando la necesitamos porque nos están acosando o amenazan con destruirnos, pero pasado el mal momento seguimos solos. O proponemos la unidad cuando estamos seguros de hegemonizar el espacio unitario. Si nos sentimos en minoría o en desventaja rechazamos la unidad.

Es interesante observar como en la Argentina el movimiento piquetero dió sus mejores batallas cuando actuó unido. El 26 de Junio de 2001, el día de la masacre de Avellaneda estaba en el puente la casi totalidad de las organizaciones piqueteras que mantenían una política de oposición al gobierno de Duhalde. En las jornadas posteriores a la masacre la gran movilización de un amplio arco de fuerzas populares: piqueteros, asambleas, partidos políticos de izquierda, sectores de la CTA, desarmaron las mentiras del gobierno y lo pusieron a la defensiva (anticipo de elecciones)

Toda la campaña antipiquetera armada desde los medios y por el gobierno de Kirchner hizo agua el 20 de diciembre del 2003 donde las distintas fuerzas piqueteras y asambleas pudieron coincidir en una fecha y un lugar (Buenos Aires), aún participando en 4 actos distintos.

La unidad posible

Creo que hay tres planos diferentes de la unidad posible.

1 -Los que construyen y resisten parecido:

En nuestro país, muchas de las mejores conclusiones políticas de la experiencia del movimiento obrero no fueron valoradas desde la recuperación de las experiencias anarquistas o el desarrollo de las construcciones autónomas en los 70, sino más bien a partir del conocimiento de los Sin Tierra y los Zapatistas.

Estas lecturas tan positivas, colaron en el imaginario de la militancia la posibilidad de construir grandes movimientos sociales por demandas de dimensiones nacionales y con unidad de concepción. Esta traslación olvida que la construcción del MST de Brasil si bien recupera distintas experiencias anteriores tiene una matriz ideológica común muy fuerte y el límite objetivo que propone el campo y la cultura campesina. Cuando buena parte de la izquierda brasileña descubrió" al MST este ya tenía una solidez ideológica propia.

Lo mismo sucede con los zapatistas donde los límites lo ponen la selva y largos años de acumulación silenciosa.

Las particulares condiciones de la Argentina, con una sociedad muy compleja y fragmentada, con otra historia de lucha, mas que a trasladar experiencias, nos obligan a pensar mas creativamente.

La apuesta parece ser hacer hincapié en la unidad de concepción de las construcciones sociales, mas allá del tipo de demanda o la localización geográfica. Como no hay manual esta es una experiencia abierta con pruebas de ensayo y error. Hay que valorar la experiencia de la COPA , las movilizaciones organizadas entre los MTD de la Veron y las organizaciones campesinas, la experiencia del MUP y distintos intentos regionales.

Un primer paso de la unidad sería tratar de articular todos aquellos que construyen y resisten desde los movimientos piqueteros y campesinos, desde lo asambleario y lo cultural, desde las empresas recuperadas y la militancia gremial o estudiantil, privilegiando una concepción de autonomía.

2 - La unidad de todos los que resisten al modelo neoliberal

Alguna vez en el marco de distintos intentos de articular organizaciones populares a mediados de los 90 discutimos si el límite de las alianzas populares tenía que ser el de la resistencia al modelo o el de la resistencia al sistema (al capitalismo).

Pasó bastante agua bajo los puentes y algunas experiencias como la de las grandes puebladas del 19 y 20 de diciembre de 2001 demostraron que, en los hechos, cuando el pueblo se une no afina tanto el lápiz en lo ideológico. Siempre es la lucha contra el modelo y los poderes de turno, contra las formas que adopta el sistema en cada momento histórico, el objetivo de las luchas populares de masas, de las luchas populares que por su amplitud, extensión y volumen puede tener incidencias política real en la política de un país.

Fue así el 17 de octubre de 1945, fue así también el Cordobazo.

Si perdemos de vista que ese es el marco de unidad posible que permite promover cambios políticos que mejore las condiciones de vida del conjunto de nuestro pueblo y favorezcan la organización popular, y nos abstenemos de participar en esas batallas en nombre del purismo ideológico o de la conciencia de que nuestro escaso desarrollo nos impide ser hegemónicos, quedamos fuera de la política y nos desligamos de la responsabilidad de resistir en lugares y circunstancias donde el propio pueblo toma partido.

Seguramente una amplia unidad popular necesitará bloques mas afines, alianzas mas definidas en lo programático y con acuerdos más precisos, que colaborarán a sustentarla.

Pero esos bloques no la reemplazan.

El hecho de que Kirchner y un proyecto de rehabilitación de la vieja clase política ocupe un espacio generado por la lucha popular es mérito del pragmatismo y la astucia del PJ, pero también de las debilidades políticas y de la incapacidad para unirnos de todos los que durante años luchamos contra el neoliberalismo, nos opusimos a las privatizaciones la flexibilización laboral, al pago de la deuda externa, etc.

3- La unidad de las víctimas del modelo neoliberal.

En las dos primeras instancias unitarias hacíamos referencia a movimientos y grupos organizados que luchan mas o menos consecuentemente contra el modelo. Entre todos, una minoría de nuestro pueblo.

Cuando hablamos de la unidad de las víctimas del modelo hablamos del 80% de los argentinos. Los que luchan y los que no luchan. Y advertidos de que los que necesitan un cambio social pero no luchan son mayoría.

No hay posibilidad de cambios sociales profundos si ese 80 % de los argentinos no participa y se compromete, aún en gestos mínimos, con cuestiones tan decisivas como no dar consenso a los poderes dominantes, aislar políticamente a las tendencias más autoritarias, antipopulares y entreguistas, y repudiar las acciones represivas.

El territorio (un barrio por ejemplo) es la pista de ensayo de dos políticas disímiles pero complementarias. Extender el desarrollo de las construcciones autónomas ( ampliar la pirámide invertida) y desarrollar políticas y alianzas que permitan conducir a los sectores desorganizados ( poner en funcionamiento la pirámide de ejecución política).

Comentario final


Estas reflexiones solo son individuales en sus carencias, en lo que pudieran aportar son producto de un proceso de reflexión colectiva que transitamos durante muchos años sospechando estar cubiertos por una manta corta. Si abrigábamos la cabeza teníamos frío en los pies y si calentábamos los pies se nos enfriaba la cabeza.

No están avaladas por ningún manual, si por las incertidumbres que nos fue dejando la vida y una larga colección de esfuerzos frustrados y derrotas. Pero también están estimuladas por la alegría de las construcciones presentes y la pretensión de equivocarnos con nuestra propia cabeza.

Guillermo Cieza

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12 de febrero de 2004
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