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>> Envío
especial para los suscriptores argentinos
medios alternativos y organismos de solidaridad.
SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
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Amigas, amigos,
Se apagan los ecos de la "Cumbre" extraordinaria de Monterrey,
México, otro circo mediático convocado por Bush con
un resultado previsible: una extensa declaración donde se
reiteran una vez más los buenos propósitos para combatir
la pobreza y la desigualdad y promover el desarrollo social con
equidad. Todo se desarrolló sin mayores sorpresas ni sobresaltos.
En el tira y afloja sobre la "Declaración de Nuevo León"
- que sin dudas no pasará a la historia como un documento
trascendental - Bush logró que se reafirmara el compromiso
de apoyar la estructura y el calendario de aplicación del
ALCA estimando que "fomentará, con la mayor eficacia,
el crecimiento económico, la reducción de la pobreza,
el desarrollo y la integración, a través de la liberalización
del comercio".
Salvo la objeción de Venezuela, el resto firmó esta
más que dudosa afirmación.
Pero la extensa declaración tiene otras referencias, como
por ejemplo, la de la importancia de las remesas de dinero que envían
a sus países los migrantes latinoamericanos, y la necesidad
de que disminuyan las comisiones a por lo menos la mitad. Claro
que aquí no se esmeraron mucho en los plazos, y añadieron"
de ser posible a más tardar para el 2008". De modo que
los bancos seguirán disfrutando de su licencia para robar
parte del esfuerzo de quienes abandonaron sus países de origen
buscando una vida mejor. ( Algunos bancos del sistema internacional
están cobrando hasta un 30% de comisión).
También hay referencias a las poblaciones indígenas,
a las mujeres, a la necesidad de seguros de desempleo, a no quedar
retrasados en la carrera tecnológica y decenas de cosas que
firmaría cualquier persona sensata. Hasta el más ingenuo
de los firmantes de la declaración (¿puede haber ingenuos
entre ellos ? ) sabe que estos textos no significan ningún
compromiso real, y por eso no se incluyen apartados sobre la forma
en que se desarrollarán esas buenas intenciones, con que
planes, con cuales fondos....
En cuanto a las intervenciones durante la Cumbre, el presidente
argentino responsabilizó a los impulsores del modelo económico
neoliberal de consolidar un modelo de injusticia, de quiebra de
las economías y de llevar a extremos la desigual distribución
del ingreso.
Pidió la condonación de deudas contraídas en
América Latina por gobiernos dictatoriales. Los alegatos
de Kirchner en el plenario de clausura, recogieron diversos apoyos,
entre ellos el de Hugo Chávez, el mandatario venezolano,
quien dijo :"solo por ese discurso, vale la pena haber venido".
Lo cierto es que Kirchner desnudó el verdadero papel que
jugaron los acreedores de Argentina por cuya suerte se preocupa
hoy George Bush. "No resulta moral ni racional -dijo- la protección
de quien manejó sus fondos como si concurriera a un casino
de juego".
El presidente de Brasil jugó un papel discreto, aunque reafirmó
la necesidad de frenar el hambre y la pobreza como primer objetivo.
Chávez resultó el más rebelde al guión
establecido por Bush con el apoyo del anfitrión, el presidente
mexicano Fox a quien sus propios connacionales lo calificaron de
"simple lacayo" por la visible sumisión demostrada
en la Cumbre.
El presidente chileno Lagos, se perdió la oportunidad de
incorporar a su país a un posible eje independiente de Washington
y demostró en la práctica responder a los mandatos
de la Casa Blanca. Como nos tiene acostumbrados, el presidente uruguayo
Jorge Batlle dijo a quien quisiera escucharle que él está
a favor del ALCA, cuando antes y más, mejor. Y se permitió
añadir que "es la esperanza de los países pequeños
como Uruguay". Confiemos en que si el Frente Amplio gana las
próximas elecciones presidenciales, esta "pata"
del Mercosur que es Uruguay, pueda volver a posarse sobre tierra
firme.
Bueno, estos comentarios pretenden atender la demanda de algunos
suscriptores para informarse de lo sucedido en Monterrey. Creo que
lo sucedido no merece mucho más. Sí en cambio, nos
parece oportuno continuar ocupándonos de las construcciones
sociales alternativas. La verdadera transformación no vendrá
de esas páginas pretendidamente solemnes que pronto se llevará
el viento. Será producto de lo que entre todas y todos, con
paciencia y constancia, seamos capaces de hacer.
Y en ese camino, creemos interesante compartir esta charla con Luis
Mattini.
Aunque es un poco extenso, preferimos respetar íntegramente
el texto tal como está en la fuente, la página digital
La Vaca.
Y es Mattini precisamente quien afirma en esa nota que lo radical,
o lo revolucionario, no está en las palabras. "Ni siquiera
es lo que se está viendo sobre la superficie, sino por debajo."
Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> Conversación
con Luis Mattini
Luis Mattini -dirigente del Ejército
Revolucionario del Pueblo en los años 70- habla de Kirchner,
los piqueteros, la izquierda, los países socialistas, los
asaltos a los bancos, el PRT-ERP, la autonomía, la revolución,
el Estado, las construcciones políticas, el cristianismo,
el judaísmo y la confesada nostalgia vital -no hacia atrás
sino hacia adelante- , de un integrante de una generación
que goza del privilegio incierto de vivir a caballo entre dos épocas.
Según su propia estadística, a Arnold Kremer lo llama
Arnold solamente una persona: "Mi mamá". El resto
lo conoce como Luis Mattini. Tal fue siempre su seudónimo,
aunque esta vez puede decirse literalmente que se ha tratado de
su nombre de guerra. Luis Mattini fue uno de los principales dirigentes
del Partido Revolucionario del Pueblo y su brazo armado, el Ejército
Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) en cuya conducción reemplazó
a Mario Santucho tras su muerte.
Mattini se exilió en Suecia, y en 1980 renunció al
ERP. Volvió a la Argentina con los aires democráticos
y con sus ideas enriquecidas por el contacto con el mundo, el tiempo,
acaso las incertidumbres.
Puso un taller de carpintería, y actualmente trabaja en la
Defensoría del Pueblo de la Nación. Escribió
Hombres y Mujeres del PRT-ERP, y también La política
como subversión, una obra que muchos de sus lectores definen
como "abrecabezas". Allí muestra que la izquierda
falló por su manera de pensar, rompe la burocracia de las
ideas de los marxistas, cuestiona las nociones sobre la toma del
poder, la teoría, la práctica, y hasta la percepción
del tiempo, postulando evitar la veneración por ciertas momias
del pasado y la superstición acerca de un supuesto futuro
inexorable, revalorizando la vida y la acción en el presente.
Todas estas ideas fueron empalmando con las experiencias y los criterios
sobre autonomía (con respecto al Estado, a los partidos políticos
y todos los etcéteras imaginables) y horizontalidad (contra
el verticalismo) para romper lo que -según esta mirada- resulta
el centro del sistema de dominación: las relaciones sociales.
De todos modos Mattini no escribió Cómo ganar amigos
(al menos en la izquierda ortodoxa) y recibe mamporros ideologistas
que soporta con un pensamiento ágil y profundo, y con un
sentido del humor que logra desdramatizarlo todo. Incluso un resfrío
veraniego que casi no lo deja hablar. Estrujando un pañuelo
entre estornudos, anuncia:
-Todo lo que diga puede ser usado en mi contra. Pero además,
es posible que después lo niegue. O que diga que cambiaron
las circunstancias.
-Hasta que tal desmentida ocurra, ¿qué balance propone
de este período signado por el gobierno de Néstor
Kirchner?
-En términos personales, cuando me preguntaban cómo
se escribe Kremer yo decía "con K de kilo" y ahora
digo "con K de Kirchner" (se ríe y estornuda).
Pero en general, es difícil opinar, porque si uno lo ve desde
un punto de vista clásico, de la acumulación de poder,
de los cambios cuantitativos, el gobierno se embolsó todo
el esfuerzo de los que proponían el cambio. Desde esa perspectiva
podría uno ser pesimista. Pero yo lo veo desde el ángulo
de la gente que lucha y se organiza, de cómo piensa y siente:
su subjetividad. Veo las fábricas recuperadas, los MTD, un
movimiento autonomista que ha quedado como secuela del 19 y 20 de
diciembre del 2001.
-¿Y en ese ángulo no se percibe también cierto
pesimismo?
-A mí me parece que hay muchos elementos para ser optimista,
pero no porque al gobierno le vaya bien o mal. Al gobierno le va
como puede, en mi opinión. No hace todo lo que quiere sino
todo lo que puede. Lo digo para bien y para mal ¿eh?. Quiero
decir que hay una cruza de tensiones donde cada uno opta. El presidente
opta ceder ante tal o cual lugar. Hace lo que puede, y también
lo que quiere el poder. Pero no me preocupa tanto la cuestión
del manejo de la deuda externa, por ejemplo, ahí hay diez
mil teorías distintas, sino lo que vivimos como desarrollo
interno. Una cosa que veo es que con el señor K hay una especie
de voto vergonzante. Estoy seguro que hay más de cuatro progres
que protestan por lo que el gobierno hace contra los piqueteros,
pero en el fondo están contentos de que los contengan. Así
como hay gente que decía "no lo voté a Menem"
y era mentira. Es una enfermedad nacional.
-La brecha entre lo que se dice y lo que se piensa.
-El doble discurso. Dicen: "¡qué hijo de puta,
cómo habla de reprimir a los piqueteros!" y en el fondo
están contentos de que se mantenga un equilibrio, no sea
cosa que se le vaya la mano a los piqueteros. Pero lo central es
que Kirchner es una resultante inesperada de algo inesperado. Es
la consecuencia de que del lado del campo popular, del lado de las
fuerzas del compromiso histórico, no ha habido posibilidad
de organizar algo distinto. Hasta ahí yo digo lo mismo que
dice medio mundo. Lo dice Patricio Echegaray (del Partido Comunista
e Izquierda Unida) o cualquiera. "No fuimos capaces de construir
otra cosa". En lo que yo me diferencio, y muchos compañeros,
es que no se trata de un problema de capacidad o buena voluntad
lo que impidió construir, sino que no se entiende lo que
está pasando en el mundo. Cómo han sido los cambios
de paradigma.
-¿Cuáles son esos cambios?
-Que los movimientos emancipadores se producen con un grado de autonomía,
sin esos férreos lazos ideológicos que tenían
antes. No quiere decir que no tengan ideología, pero no tienen,
digamos, sin ideologismos.
-¿La diferencia sería el dogmatismo?
-Exactamente. Un tipo de una fábrica recuperada, por ejemplo,
capaz que es radical, otro es peronista, otro cristiano. Pero ¿cuál
es el aporte verdaderamente ideológico y radical en esto?
Que el que recupera el trabajo está convencido de que el
trabajo no debe ser asalariado. Eso es más radical que si
me decís que sos comunista, guevarista o lo que sea. Uso
la palabra radical porque revolucionario me gusta mucho pero está
muy desprestigiada.
-Lo radical, o lo revolucionario, no está entonces en las
palabras.
-Ni siquiera es lo que se está viendo sobre la superficie,
sino por debajo. Fábricas recuperadas, movimientos de desocupados,
asambleas. A veces en términos prácticos puede parecer
una zoncera, porque no es que tomaron el poder ni quebraron nada.
Pero desde el punto de vista de la subjetividad, es un cambio muy
fuerte.
-La izquierda dice que no.
-Es que hay algo que quiero decir. Es, digamos, mi tesis de época:
no hay izquierda. No hay izquierda. Lo digo rescatando la palabra
izquierda como lo radical y revolucionario: no hay izquierda. Lo
que hay son actos de izquierda.
-¿Por ejemplo?
-Quiero decir que el PO (Partido Obrero) en determinado acto puede
ser de izquierda, pero tal vez en el acto siguiente es de derecha.
La llamada izquierda tiene frecuentes actos que son de derecha,
por no decir fascistas. Esas posiciones amenazantes en marchas pacíficas
son del tipo fascista. No estoy diciendo que son fascistas.
-Estamos hablando de las acciones.
-Claro. Ir a una asamblea y patotearla es un acto fascista. Es un
patoteo verbal. Ni siquiera, podría decirse, tienen las pelotas
de un fascista que va con un garrote. Te patotean con "la víctima",
que no son ellos. En realidad, ni siquiera son como los fascistas,
que al menos tienen cierta... (Mattini estornuda, y no termina la
frase, hábito que suele practicar entendiendo que su interlocutor
cierra la idea).
-Salud. ¿Está comparando a cierta izquierda argentina
con el fascismo?
-Voy a poner un ejemplo. Los manejos que están haciendo determinadas
organizaciones de izquierda con la administración de los
planes trabajar, es antisocialista, anticomunista, no voy a decir
fascista, es peor que fascista, porque los fascistas no lo harían,
tienen otro estilo. Eso que hacen aquí esas organizaciones
es del más puro criollismo clientelar, no quiero decir peronista
o radical para que nadie se ofenda.
-Hace poco, en una de las Rondas de Pensamiento Autónomo,
alguien habló de "punterismo piquetero".
-Sí, pero hablamos de organizaciones que se dicen marxistas
leninistas. A esos compañeros les digo: señores, nosotros
(se refiere al PRT-ERP) como los anarcos, nos financiamos asaltando
bancos. Si ustedes son tan revolucionarios, asalten bancos. Se los
digo públicamente. Háganlo, pero aprovechar la situación
de debilidad de la gente, hacer esa manipulación con los
planes, es absolutamente indignante. Porque ni siquiera es como
hacía el Partido Comunista, donde el obrero donaba su jornal
para el partido. No hay esa relación. Pero todo es con aparatosidad,
poniéndole gorritas y camisetas a todo el mundo, que se las
cobran, por más que sean monedas.
A nosotros nos puede acusar de haber sido Robin Hood, pero hacíamos
lo contrario: afanábamos a los ricos para darle a los pobres.
Puedo autocriticarme en eso, pero me parece que no es lo mismo.
Esto lo han transformado en una situación de salida laboral
para los militantes. La renta partidaria. A eso me refería
con actos de izquierda o de derecha.
-Pese a tal panorama, usted hablaba antes de elementos para el optimismo.
-Es que aunque hace mucho que no viajo -la ventaja de los exiliados
fue que pudimos conocer otros lugares-, me parece que están
ocurriendo cosas muy radicales aquí. Sigue siendo un campo
de experimentación aunque mucha gente ande diciendo para
qué sirvió el "que se vayan todos" o las
asambleas, o todo eso.
-La sensación es que todo se fue diluyendo.
-Pero me parece que se siguen midiendo las cosas como se midieron
tradicionalmente: acumulación de fuerzas, contar los votos.
Y yo creo que no es así, hay cosas que son un cambio bastante
profundo en la subjetividad, en el modo de pensar de la gente. ¿Cómo
pensaba la gente hace 6 ó 7 años, en pleno menemismo?
El cambio es grande. Al mismo tiempo la persona que salió
el 19 y 20 porque le dio un ataque capaz que ahora dice "piqueteros
de mierda". Está claro. Pero me parece una reducción
decir que la gente salió sólo por el interés
particular. La persona que tenía guita en el corralito salió
por algo más que el corralito. Y hoy ya tiene la guita. Pero
en aquel momento se produjo un clic en las personas, que es como
se producen las cosas en los grandes momentos.Y hoy se puede rescatar
que debajo de la administración del Estado y de los movimientos
formales, hay algo que se mueve, bien o mal, conformando una nueva
subjetividad y otra manera de hacer el socialismo o llamalo como
vos quieras: el ideal que cada uno quiera, la idea es hacerlo aquí
y ahora.Eso condiciona a los de arriba. Y también a los de
abajo. Kirchner no puede hacer todo lo que quisiera hacer, para
bien o para mal. Aunque fuera la continuidad de Menem, de todos
modos no puede hacer lo mismo. Porque a Menen la sociedad le permitió
hacer las cosas. Nadie le puso una pistola en la cabeza a la sociedad,
como pasó con la dictadura. La sociedad compró el
viaje al Primer mundo, y cuando digo la sociedad, lo hago muy extenso.
-No sólo los que viajaron a Miami.
-No, el tipo progre, con buen sueldo, tiene su mucama y su mucama
también se beneficia con el viaje al Primer mundo. Los teléfonos
celulares son la mejor expresión. Hoy parece que nadie puede
vivir sin teléfono celular.
-Voy a apagarlo, por si acaso. ¿La idea es que se rompió
esa manera de pensar de los tiempos menemistas?
-Creo que se rompió en parte, por lo menos, y las perspectivas
son halagüeñas más allá de Kirchner. Para
mí, todo esto es la mejor expresión de que las ciencias
sociales no pueden prever el futuro. Se produjo el 19 y el 20. En
términos tradicionales ¿qué podía salir?
La revolución socialista en un extremo, o la revolución
democrática para los intermedios, la revolución francesa.
O el fascismo, el golpe militar. Resulta que no fue nada de eso,
todavía están buscando saber qué es. Aparecieron
cuatro o cinco presidentes, tomó el bastón un petiso
cabezón por el que nadie daba cinco guitas, que era de la
mafia y qué sé yo, pero demostró tener capacidad
para administrar una transición. Logró lo que querían,
guste o no. Evitó la famosa ruptura institucional, lo que
quería la burguesía y, no nos engañemos, lo
que quería todo el mundo. Nadie quería un golpe de
Estado y muy pocos querían una revolución insurreccional.
Lo insultan al petiso, pero tuvo esa capacidad. No digo que fue
bueno ni malo. Le metieron un brulote con lo de Maxi y Darío
(los piqueteros asesinados en Puente Pueyrredón el 26 de
junio de 2002) pero fue muy dudoso cómo fue eso. No digo
para defender al petiso, sino para tener en cuenta cómo juega
la hijaputez de la política con las vidas humanas. Por eso
se llamó a elecciones. Yo no recuerdo elecciones con menos
expectativa. Cuando subió Illia (Arturo, radical que llegó
a la presidencia en 1963 gracias a que el peronismo estaba proscripto),
tuvo el 22 por ciento de los votos, pero había una tensión
política con el peronismo que justamente actuó como
una oposición que reventó todo. Pero acá no
es que alguien decía "somos la masa ausente". Todos
estuvieron representados. La gente votaba diciendo "qué
sé yo". Kirchner era el tipo menos carismático,
el pingüino perdido de la Patagonia. Menem tenía la
rayadura de que iba a ganar en primera vuelta.
-Kirchner ni siquiera era el candidato original de Duhalde.
-No, era el descarte, entró sin llegar al 20 por ciento.
Dicen que es legal pero no es legítimo, pero el tipo empieza
a acumular y acumular de una forma a la que no se le presta demasiada
atención: sobreactuando. No digo que no hace nada, sino que
hace y sobreactúa lo que hace, como cuando vos subrayás
una palabra al escribir. Pero estos son actos, políticas.
Hasta cuando habla, es un hecho. Tendrá el traje cruzado,
mal abrochado, pero ningún presidente habló a las
Fuerzas armadas como lo hizo Kirchner. Y el contenido de las palabras
es sólido, no es ningún tonto. Y va creando una expectativa.
Por supuesto hay gente que se embala y cree que este es el nuevo
movimiento histórico o qué sé yo. Están
los jóvenes K, los hombres K, pero lo realmente positivo
es otro asunto. La gente salió de lo peor que le puede pasar
a una sociedad, que es el escepticismo. Yo no digo que haya que
salir del escepticismo con la ilusión, pero sí poder
decir: "puta, somos capaces de hacer".
-Volver a confiar en que se pueden hacer cosas.
-Eso. Para mí por eso se revitalizó la cuestión
de las asambleas y movimientos, incluso para enfrentar al gobierno.
Tiene la virtud de poner en marcha incluso a quienes lo putean.
Se trata de volver a confiar en la propia capacidad, cosa que Menem
había llevado al punto de hacer creer que no se podía
hacer nada.
-La política de la resignación.
-Y una especie de terrorismo moral. Así como el terrorismo
de Estado era que te cortaran la cabeza si hacías algo, Menem
tenía una frase: "somos a prueba de balas". No
me acuerdo qué chanchullo habían hecho y zafaron.
Eran a prueba de balas. Con la Alianza fue lo mismo, lo del Senado
y todo lo demás...
-Siendo que había ilusión de que las cosas mejoraran.
-Es que ahí se demuestra otro gran error de la izquierda,
que cree que cuanto peor, mejor.
-La agudización de las contradicciones, que serviría
para concientizar a la gente sobre lo malo que es todo.
-Ya no sirve pensar así. Cuanto peor, peor. Kirchner a mí
no me cae ni más ni menos simpático. Creo que descubrió
su propia potencialidad. Estoy seguro de que él tampoco pensó
que podía hacer muchas de las cosas que hace. Pero ante la
circunstancia, reaccionó de manera inesperada, con una creatividad
que por lo menos te obliga a mirar las cosas con cierto respeto.
Me obliga a cambiar mi mecanismo y mis formas políticas,
suponiendo que esté en contra de lo que hace. No lo puedo
atacar de la misma forma que lo atacaba a Menem o a De la Rúa.
Y eso es lo que creo que la izquierda no ve.
-Pero lo que le cuestionan es que tomó banderas ajenas para
legitimarse.
-Bueno, pero supongamos que él le dio un espaldarazo a las
fábricas recuperadas. Si el riesgo que corrés es que
se queda con el prestigio y se gana al cliente, lo lamento. A veces
la oposición está en una trampa. Lucha para que el
gobierno haga tal cosa. Pero si el gobierno lo hace, lo acusan de
robar las banderas. Por ejemplo: Kirchner, con dos o tres medidas,
dejó sin programa a la Izquierda Unida. Eso no porque sea
un genio, sino porque IU es un sapo. La famosa cárcel a los
genocidas, como si fuera la consigna central de un movimiento político.
La consigna está bien, pero que sea el eje de todo... (se
suena la nariz). Bueno, al carajo. Se derogó la obediencia
debida, y la IU se quedó sin programa.
-¿Pero cuál sería el programa de Kirchner?
-Por ahora hay un equilibrio. Encontró una vía inesperada
para él mismo, y se la jugó para adelante. Se lanzó,
y va construyendo su consenso. Yo creo que tiene un proyecto en
la cabeza como peronista clásico, que es rehacer el aparato
industrial del país en base a la venta de granos, y con eso
financiar la cosa, mientras negocia la deuda externa. Para mí
este hombre no es un agente del imperialismo. Sí creo que
plantea una industria nacional y todo eso. Pero creo que ese proyecto
es inviable. Sobre todo porque no se tiene en cuenta la crisis del
campo argentino. Aunque ese es un tema largo de tratar.
-Una dificultad de ese proyecto es que no hay tales empresarios
nacionales.
-Claro, eso surge si pensamos cuáles son los sujetos que
tendrían que llevar adelante ese proyecto. Los empresarios,
la clase obrera. La izquierda sigue con ese tipo de ideas. Pero
con la revalorización que nos hizo hacer el 19 y 20, vemos
que ya no hay esa división tajante del obrero industrial,
el sujeto pequeño burgués... Acá está
todo mucho más mezclado. ¿Qué sos vos? Si estás
en una cooperativa, antes eras un trabajador de cuello blanco pero
ya no sos un asalariado. ¿Quién te explota? No se
sabe. Antes era una sociedad muy ordenada. Ahora hay una ruptura
y crisis de identidad.
-Cuando se habla de eso, no sé quién soy.
-Y si me preguntan a mí, con las vueltas que ha dado mi vida,
a esta altura ni me puedo reconocer en el espejo. Pero lo real es
que hay un nuevo sujeto, que se está constituyendo. Eso me
convence del pensamiento de Toni Negri. Y mientras ese sujeto se
constituye, que Kirchner administre de la mejor manera posible.
Esa sería mi idea. Apretarlo para que administre lo mejor
posible. Pero no apretemos por los "planes trabajar",
sino para que haya planes productivos, ¿me explico? Para
las fábricas recuperadas, para que salgan proyectos nuevos.
En eso digo que no me importa tanto lo de la deuda externa. Si se
puede retener parte de ese pago para verdaderos proyectos de acá,
es una cosa, pero que se retenga sólo para que los capitalistas
argentinos ganen más, no me interesa.
-Sin embargo, toda esa idea de gente que se pone en marcha, de autonomía
y demás, no se entiende si es muy antigua, o muy nueva. Y
es cuestionada frente a la noción de que la forma de actuar
es sumar y construir poder, y todo lo demás es literatura.
-Tengo que decir algo, que no sé si es una autocrítica
porque no pienso cortarme las venas, ni es que me arrepienta. Pero
yo hice la experiencia, estábamos convencidos. Yo vengo del
partido que más seriamente en este país quiso tomar
el poder desde el punto de vista marxista leninista clásico.
Eso no me lo puede discutir nadie. No me van a correr. Seriamente
quiero decir: costó muchas vidas, varios miles de vidas.
Fuimos en serio. No lo digo para hacer alharaca. No había
otro. Montoneros también, pero ya era el peronismo, otra
cosa. Y el PC se la pasó rascándose toda la vida.
Los demás andan atrás de los planes trabajar. Repito:
¿por qué no asaltan bancos?
Como vos decís, estas ideas vienen del primitivo socialismo,
las primeras formas obreras antes del marxismo oficial. Ya estaban
en la polémica entre anarquistas y marxistas, donde en realidad
la discusión no era si tomar o no tomar el poder. La verdadera
discusión era que la sociedad no se transforma de arriba
para abajo.
-¿Y eso qué implica?
-Que el punto de partida de reflexión es otro. Nunca en la
historia de la humanidad la sociedad se transformó de arriba
para abajo, salvo las que sufrieron invasiones extranjeras. Ahora,
cuando uno estudia la historia de la humanidad, la caída
del Imperio Romano es un punto crítico, porque fue minado
desde abajo durante 300 años por el cristianismo con su prédica.
Pero no era prédica de discursos, sino 300 años al
estilo MTD de Solano, gente que vivía de una manera diferente.
Creían en un solo dios, contra los 30.000 dioses paganos,
pero lo central es que creían en otra manera de ver el mundo.
Creer en un solo dios era el símbolo. Fueron minando. Por
supuesto que hubo otros acontecimientos, pero quienes se quedaron
con la sociedad romana fueron los cristianos. Se hicieron poder.
Ahí reprodujeron lo mismo que la vieja sociedad romana. Los
pastores se hicieron papas. Los papas se hicieron reyes. Los santos
eran como los dioses romanos, aparecieron para compensar. Sigamos
con la historia. El Renacimiento, el hombre, la libertad, la revolución
francesa. Y cuando llegan al poder... Llegamos al siglo XX, la revolución
rusa, la más formidable de todos los tiempos. El gran Lenin.
Ojo, no reniego, pero él mismo escribe en un momento: "vestimos
de rojo al Estado zarista".
-¿Un triunfo o una debilidad?
-Es que dice: sí, somos capitalismo de Estado, porque no
podemos hacer una cosa. Sigamos así, como "nación",
esto no es el socialismo.
Así la revolución fue cada vez peor, y el resto ya
lo conocemos.
Nosotros mismos, en el PRT-ERP reprodujimos en magnitud microscópica
la lógica del poder. No estoy renegando, porque aquella experiencia
fue muy intensa, y en su intensidad tiene mucho valor. Pero se reprodujo
la lógica del poder, de la dominación del hombre sobre
el otro. La cuestión es ¿quién elige al dominador?
-¿Y todo esto marcaría el fin de la idea de revolución?
-Al contrario. Creo en las revoluciones y son la única cosa
que representa una tendencia en la historia. Pero yo revisé
todo para atrás y volví a la vieja idea. Los marxistas
discutían que la sociedad no se transforma desde arriba sino
desde abajo, se va transformando por su propia cultura. Porque ahora
te lo cuento al revés: cuando se hizo la Revolución
Francesa, significó la captura del poder político,
pero la revolución ya estaba hecha, las costumbres estaban
revolucionadas, y una clase social, la burguesía, capturó
el poder.
Pero así como digo que creo en las revoluciones, digo que
nunca se sabe cómo van a ser. El 19 y 20 fue así,
para un lado salió Kirchner y para otro todo lo que estamos
viviendo. Digamos que no sé qué hubiera pasado si
subía Altamira al poder. No sé si hubiera sido mejor
o peor, con eso te digo todo.
-Si esa era la idea original marxista, ¿cómo se llega
a la noción de luchar por la toma del poder?
-Después de la Comuna de París. Ahí Marx elaboró
un poco mejor la teoría de la dictadura del proletariado.
Consecuencia: hay una clase que sí o sí es la comprometida,
el obrero industrial. Esas ideas más o menos funcionaron,
llegamos a tener estados socialistas, pero se empiezan a quebrar
después de los años 70. Te confieso que si hay algo
que me pone contento con la vida es que vivo a caballo de dos épocas.
Viví intensamente la anterior y veo estos cambios... casi
ninguno de mi generación se da cuenta del privilegio. La
época que se acaba en los 70 ocurre porque se quiebra la
formación productiva del capitalismo. Todas las revoluciones
se hicieron en el siglo XX con un sujeto constituido, el proletariado
industrial, constituido por la burguesía con el sólo
hecho de ponerlo en fábricas, aglutinarlo. Pero ahora se
quebró ese sistema industrial y hay otro sujeto en discusión,
el trabajador itinerante. Sos vos, soy yo, esa chica que nos trae
el café. La izquierda tenía categorías de clase.
Valía el obrero industrial, el de servicios venía
más abajo, y esa chica estaba en el último rincón.
Pero ahora es distinto. Uno puede pensar que todos producen plusvalía,
todos somos explotados, y esa idea es mucho más radical que
la anterior. Lo que estamos diciendo es que la mayor parte de las
personas son potencialmente revolucionarias, están dispuestas
a cambiar de vida mucho más que lo que antes decían
de los obreros industriales. Y dicho sea de paso, entre los obreros
industriales, de los cuales desciendo, había cada hijo de
puta que ni te cuento. Mirá lo que ha sido el sindicalismo,
no es una casualidad.
-Pero el tema subsiste, si no se cambia de arriba, ¿cómo
se cambia? Parecería que sin tomar el poder, nada cambia
y el poder se queda lo más campante.
-Se cambia como lo estamos haciendo. Ahora lo estamos cambiando.
Todas las ideas de sumatoria para el poder resultaron mal. No digo
que no haya que organizarse y todo lo demás, pero no puede
hacerse sobre la base de que tenga que haber algún tipo de
hegemonía. La izquierda tiene que sacarse de la cabeza la
idea de que hay una doctrina que se llama marxismo leninismo que
es hegemónica. En todo caso, será una guía
para la acción, como otros se mueven con su sentimiento cristiano,
o con lo que sea. Pero lo que está en crisis es la idea de
organización como una estructura piramidal, o un instrumento
administrativo. Lo de la organización no es más que
una idea. En el cristianismo de los primeros tiempos, lo que había
era ritual. Así como funcionó el judaísmo para
mantener la diáspora. No me tiren con el Estado de Israel
que es una aberración. Hablo del judaísmo, con los
judíos que lo discuten todo, se pelean pero hay un elemento
de unidad. La Jerusalén Celeste.
Nosotros tenemos que discutir también hacia dónde
se construye una especie de Jerusalén Celeste. Lo digo metafóricamente,
se entiende. Qué sé yo: un concepto de Nación,
más que de Estado Nacional, somos una comunidad que tiene
muy poco que ver con ese Estado. Y tal vez la organización
se pueda buscar por ese lado, y no por la hegemonía de un
movimiento, una idea, y mucho menos la noción de Estado Nacional,
cuando la gente quiere cada vez más autonomía.
-Pero, ¿cómo encarar esa relación con el Estado
que maneja las leyes, el dinero, la fuerza? ¿Hasta dónde
funciona en ese rubro la autonomía?
-Sabiendo que el Estado existe, hay que tener una relación
que rompa con esa especie de fetichismo con respecto al Estado.
Hay que funcionar por fuera y a la vez de manera 0entretejida, sin
abandonar nuestra aspiración histórica de eliminar
al Estado como máquina de opresión, o de eliminar
al capitalismo.
-¿Cómo se está por fuera y entretejiendo al
mismo tiempo?
-A ver: el Estado para funcionar se presenta a sí mismo como
amortiguador de la lucha de clases. Un armonizador de las relaciones
de explotación entre los ricos y pobres. Como viejo marxista,
yo pienso que eso es una mentira, y que el Estado es hegemonizado
siempre por la clase que domina. No quiere decir que no aparezca
un Kirchner e intente en determinado momento meter otra cosa. Pero
hablo de hegemonía. ¿Qué ocurre? Para poder
dominar así, tienen que hacer creer que el Estado procura
el bien común, y que eso es cierto.
Nuestra respueta tendría que ser: bueno, señores,
entonces nosotros como movimiento popular les tomamos la palabra.
¿El Estado es el bien común? Acá está
el bien común: ayuda al bien común que reformen la
Ley de Quiebras para favorecer a las fábricas recuperadas.
Ayuda al bien común que los compañeros de los movimientos
de desocupados tengan lo que necesitan para sus proyectos. Es bien
común que terminemos con estas mierdas de los planes trabajar
y empecemos a crear trabajo verdadero. Apretar en ese sentido es
no caer en el fetiche. Y no creérnosla tampoco. Sabemos que
es una mentira, pero presionamos para que la cosa funcione, y sabemos
que en última instancia el Estado es un aparato represivo.
-Otro tema de la época se relaciona con la fragmentación,
movimientos que se dividen y subdividen: la política de la
raíz cuadrada. Esto genera angustia y parecería que
los problemas ocurren porque el campo popular, el movimiento social
o como se lo llame, no se unifica.
-La tendencia a la fragmentación es generalizada en el mundo.
Se está terminando con el concepto de los "grandes movimientos".
No se estudia algo: ¿qué busca cada grupo que se fragmenta?
Ahora, si hablamos de unidad, esto que voy a decir es provocador:
Kirchner era el último orejón del tarro y hoy tiene
el mayor consenso. ¿Quién representa la unidad mejor
que Kirchner? ¿Quién tiene más consenso? Si
hubiera elecciones, arrasaría. Lo digo para demostrar que
este reclamo por la unidad es una mentira, la izquierda inventa
esa historia. Quieren unidad para actuar. Hegel ya decía
que eso es como pretender aprender a nadar sin tirarse al agua.
Y en la Argentina ya ocurrió. Yo empecé a militar
en 1958, en el grupo Praxis creado por Silvio Frondizi. Estaba Cacho
El Kadri, que hizo Taco Ralo, había 50 grupos que se peleaban
y se dividían. Esto que veo ahora es mi adolescencia. La
Verón se parte, otro se va, se juntan aquellos. En los 70
finalmente todos esos grupos se fueron reagrupando. Sin embargo
en el Cordobazo de 1969 ya había habido unidad. Es lo que
ocurrió el 19 y 20. Más unidad imposible: los piqueteros
y las tostaditas de Barrio Norte.
-La fragmentación puede tener otro costado positivo: separarse
de lo que no sirve para vivir o para crecer.
-Sí, uno puede separarse de la hegemonía, pero también
me parece que como cosa nueva, incluso desde la teoría del
conocimiento, está la idea de lo constituyente. En este momento
la dispersión busca más bien una especie de reencuentro
de la diversidad. Pasa en la vida. Hay que diversificarse para después
poder unir. El problema es que los seres humanos no entendemos que
la diversidad lejos de ser negativa, es justamente la riqueza, como
se lo ha estudiado con la biodiversidad. Hasta hace poco incluso
en biología se manejaba la idea de que la garantía
de la vida estaba dada por la supremacía de los más
fuertes. Ahora descubrimos que no. Que la biodiversidad es la garantía
de la vida. Que tienen que existir el fuerte y el débil,
y que son términos relativos, no absolutos. Creo que la sociedad
está buscando eso: un movimiento que permita que de la diversidad
salga la riqueza.
-Y por eso los elementos para el optimismo.
-No soy un iluso. Tengo 63 años y noto signos muy vitales.
Lo que pasa es que no siempre se ven. El momento es entusiasmante.
Por momentos me agarra hasta cierta nostalgia vital. Puta madre:
¿cuánto me falta? ¿Tendré tiempo de
ver grandes cosas?
Quizás al señor Kremer haya que leerle una frase de
la página 183 de " La política como subversión"
, de Luis Mattini, que dice: "La revolución es un modo
de vivir el presente".
Como lo único inexorable parece ser que todo es imprevisible,
nadie sabe qué son las grandes cosas, ni cuándo ocurrirán.
Por eso no es justa la nostalgia vital, a ninguna edad, habiendo
tanto presente por vivir aunque sea a los estornudos.
Fuente: LaVaca.org, "periodismo de verdad".
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14 de enero de 2004
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