En defensa de los derechos de la Juventud


INTRODUCCIÓN.

El presente está ineludiblemente ligado al pasado, y todo en su conjunto y desarrollo, determina el futuro. Los trabajadores más conscientes han recurrido una y otra vez a la experiencia pasada, con el fin de sacar lecciones que les sean útiles en su lucha sindical y política; en los sindicatos y partidos de izquierda actuales están impresas las huellas del pasado.”El que no aprende de la Historia está condenado a repetirla”.

Necesitamos periódicamente establecer un análisis de perspectivas como orientación de la acción política; establecer el curso general de los acontecimientos históricos y anticiparse en su estudio, como condición para influir en ellos a través de una intervención consciente.

Por eso nuestra organización aborda periódicamente el análisis de perspectivas, siendo los congresos el foro de debate entre todos los afiliados.

La lucha de clases es la que determina la historia, de su correlación de fuerzas depende el curso de los acontecimientos y su resultado. De la actitud que tome la clase obrera dependerá la política económica y social que se aplique en cada periodo.

¿Compartimos los valores de la explotación del hombre por el hombre, de una sociedad de guerras, miseria, trabajo infantil, sometimiento de la mujer, amenazadora con la supervivencia del medio ambiente hasta el punto de poner en peligro la habitabilidad del planeta...?

Estos intereses desde luego no son los nuestros, son los de la burguesía. Nosotros los hijos de los trabajadores, también tenemos unos intereses comunes y totalmente opuestos a los de la burguesía, cuyo desarrollo debe ser el programa que defendemos. El socialismo no es sólo el resultado de un sueño de sociedad igualitaria arraigado en los mejores sentimientos del ser humano, sino que es, en primer lugar, el resultado de una necesidad objetiva, un proyecto científico que propone una sociedad superior a la actual, que propone una transformación radical de los valores, pero cuya piedra angular no puede ser otra que la superioridad de la propiedad colectiva de los medios de producción y de la planificación de la economía sobre la propiedad privada de dichos medios y del caos del mercado.

Nos encontramos en una situación que no resulta sencilla para la defensa del programa revolucionario. Si algo caracteriza la época en que estamos viviendo es el retroceso de las ideas socialistas, como consecuencia directa, por un lado del hundimiento de la economía de los países del Este y por otra parte de la capacidad del capitalismo para, con todas sus limitaciones, haber vivido una nueva etapa de expansión.

Para nosotros, ese hundimiento, es una crítica, no de la economía socialista, sino de un régimen político que ha fracasado: el estalinismo, y con él la política de todos los partidos que en el mundo defendían como algo a imitar los regímenes de estos países.

Este crecimiento del capitalismo se ha visto sacudido por la crisis asiática, que ha resultado ser una pesadilla en el renovado sueño capitalista de crecimiento económico sin fin. En el llamado Tercer Mundo es caos y el horror es permanente y un nuevo período de convulsiones sociales afectará también al mundo desarrollado.

A la crisis universal que atraviesa la izquierda en la última década, los jóvenes debemos responder con un programa de transformación social y combatividad. Defendemos el análisis de la situación, el establecimiento de unas perspectivas y el trazado de un programa a defender, como la tarea principal y urgente de quienes queremos contribuir al esfuerzo de la batalla por la emancipación de la juventud y los trabajadores.

LOS AÑOS 50,60 Y 70. A UN PASO DE LATRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD.

La «amenaza» del Este, y la revolución colonial, marcaron un periodo histórico de tres décadas. Incluso con el auge económico que estaba viviendo el capitalismo, las tasas de crecimiento de la economía planificada de la URRS se situaron por encima de la media de los países capitalistas, demostrando así la superioridad de la planificación a pesar de la falta de control obrero, sustituido por el parasitismo de una casta burocrática.

Esta época siguió marcada por la existencia de países en los que el capitalismo había sido abolido; estos países ejercían un poderoso atractivo para un mundo colonial que se debatía en la miseria y el intercambio comercial desfavorable. Así, en el 49 se produce la Revolución China; en el 59 en Cuba la caída de la dictadura de Batista. Latinoamérica se vería sacudida por procesos revolucionarios constantemente.

Las décadas de los 60-70 están marcadas por procesos revolucionarios en todo el mundo, y luchas por la independencia nacional, como Argelia. Se instauraron regímenes a semejanza de los estalinistas en Etiopía, Siria y Egipto. En Birmania y la guerra del Vietnam, el imperialismo sufrió una derrota en dos frentes: la oposición interna ala guerra, y en los campos de batalla. Esta humillante derrota de la mayor potencia económica y militar, les imposibilitó para intervenir directamente y frenarlas revoluciones. Así quedaría patente calas revoluciones en Angola y Mozambique. Un gran contraste con lo que vemos hoy en día, de corno exhiben su fuerza contra Irak.

El final de los 60, a pesar del crecimiento económico capitalista verá el Mayo del 68 francés, un intento de revolución política en la «Primavera de Praga», revueltas en Méjico e Italia en el 69.

La recesión económica del 73 golpeaba en un ambiente caldeado por las revoluciones. Como consecuencia de la mejora del nivel de vida de la clase obrera calos países desarrollados, los dirigentes sindicales pudieron desarrollar una política de pacto social sin precedentes, olvidando la necesidad de transformar la sociedad, aún así, la clase trabajadora dio muestras de todo lo contrario y su predisposición a luchar. Así lo demuestran las luchas en Francia e Italia, y que se desarrollara un movimiento revolucionario en estado español, Grecia y Portugal, que en el 74 protagonizó la «Revolución de los claveles», que reflejaría el carácter de esta época.

La burguesía española, desde luego, hizo lectura de la revolución en Portugal para resguardarse ella misma en la transición.

En los 70 la correlación de fuerzas era favorable a los procesos revolucionarios, el obstáculo que impidió dar el paso al triunfo de la revolución socialista en Argentina, Chile, Portugal, Grecia.... o el Estado Español, fue, en última instancia el hecho de que la mayoría de las direcciones obreras o bien carecían de una comprensión de como alcanzar el socialismo, o bien, en muchos casos, no estaban dispuestos a luchar por el socialismo, sino que sus pensamientos no iban más allá de la democracia burguesa.


LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN, SE DERRUMBA LA BUROCRACIA ESTALINISTA.

El triunfo, no de un modelo estalinista sino de una democracia socialista hubiese supuesto un cambio en toda la situación mundial, sirviendo del impulso y del ejemplo que faltaba a las revoluciones políticas contra la burocracia estalinista derrotadas en Polonia, RDA, Rumania, a finales de los 80.

En la medida en que no se alcanzó una revolución de estas características, el capitalismo contó con otra oportunidad de «sobrevivirse a sí mismo»; que contribuyó en el Este de Europa y la URRS, en vez de a una revolución política socialista (antiestalinista), a tomar el nefasto camino de retorno al capitalismo. Para la socialdemocracia la conclusión estaba cantada: «queda demostrado que es imposible la revolución».

La ausencia hoy de un proceso de revoluciones se debe a la crisis del factor subjetivo tomado en el sentido más amplio, es decir, de las direcciones sindicales, de las organizaciones políticas, de los sindicatos y del movimiento obrero en su conjunto.

No sólo ha retrocedido el proceso revolucionario en África y Latinoamérica; en los Países del Este avanza la contrarrevolución, cuyas consecuencias, producto de la descomposición del sistema planificado, de la reintroducción del capitalismo y de la rapiña de las potencias occidentales; así como el renacimiento de los sentimientos religiosos sectarios, raciales o nacionales; tienen unos terribles efectos para las masas del ex bloque estalinista. No hay una base objetiva para la estabilización del capitalismo en esta zona del mundo; quizás, si algo expresa esta situación de empobrecimiento de las masas, es la caída de la esperanza de vida en unos veinte años, consecuencia de los salarios de miseria, la aparición del paro, el aumento alarmante de la prostitución y el alcoholismo, la reaparición de enfermedades como la tuberculosis y la sífilis.

Esto transmite una imagen a occidente que permite a los medios de comunicación de la burguesía presentarlo todo como consecuencia del comunismo, con Jo que aún se profundizan más los efectos negativos sobre el movimiento obrero internacional. Si bien, hoy en Rusia, una encuesta revela la verdadera opinión de los trabajadores y campesinos, de los que «un 48% afirma que vivía mejor en el régimen anterior, un 15% apoyaría activamente una revolución como la bolchevique, y otro 16% colaboraría en alguna medida».


DE LOS AÑOS 80 A LA ACTUALIDAD.

En estos años se produjo un cambio en la dinámica anterior, el comercio mundial y la producción volvieron a crecer, aunque más débilmente. Esto favoreció a finales de los 80 las tendencias procapitalistas de sectores de la burocracia, haciéndoles albergar esperanzas en el capitalismo como vía de mantener sus privilegios, al igual que sectores de la población sobre todo cuando no vieron progresar las revoluciones políticas.

El capitalismo ha conseguido prolongar el actual auge económico gracias a la sobreexplotación de la clase obrera a escala mundial, mientras la industria, los servicios y las finanzas han acumulado enormes beneficios.

No es una repetición de la época dorada del capitalismo, sino una prolongación de la agonía de un sistema que ya ha sido desahuciado por la Historia, pero que necesita de la intervención consciente de la clase obrera, bajo la bandera del socialismo, para ser arrojado al cubo de la basura.

No sólo los nubarrones de la crisis asiática se ciernen sobre la economía, el peligro de la deflación acecha; es decir, la caída de los precios conduciría a una caída de los beneficios, que la burguesía no está dispuesta a cargar sobre sus espaldas lo que se traduce en despidos masivos y reducciones salariales. Ésta es la causa principal de las duras luchas del nuevo movimiento obrero asiático, que tras décadas de largas jornadas laborales y bajos salarios, se sienten traicionados al no obtener los esperados frutos de su esfuerzo. En Estados unidos, tras una larga época de crisis del sindicalismo y la izquierda, la caída del nivel de vida y la precariedad en el empleo hn vuelto a alimentar nuevos sindicatos democráticos. Las luchas victoriosas en UPS (gran empresa de envío) y en las plantas del gigante GM en EEUU, Méjico y Canadá, así lo demuestran.
Muchos miembros de las organizaciones de izquierdas vuelven a defender el reformismo; la mejora poco a poco bajo el capitalismo, recogiendo las migajas que caen de la mesa de los amos. De todas formas estas ilusiones carecerán en pocos años de base objetiva para sustentarse. La crisis asiática es el claro aviso. No se ha tratado de «un reajuste financiero», sino de los síntomas de una crisis de sobreproducción.

LA CAÍDA DEL RÉGIMEN FRANQUISTA.

Hay grandes razones que nos obligan a estudiar a fondo los años 70. La más importante es que la clave para entender lo que pasa hoy en día se sitúa en aquellos procesos.

Ahora se nos quiere hacer ver que las libertades llovieron del cielo y respondían a un plan preconcebido desde ambas. Sin embargo, fue el empuje de la clase obrera el que hizo que la burguesía aceptara la reforma democrática para frenar la revolución. Esta estrategia de la burguesía recibió el nombre de la transición, sin embargo, entre las capas militantes de las principales organizaciones obreras se extendía la idea de la ruptura democrática.

La auténtica batalla entre estas dos concepciones se libra en los años 76 y 77, a lo largo de los cuales, con numerosas huelgas generales locales, el poder estuvo al alcance de la mano de la clase obrera en el estado español, al igual que en Portugal en el 74. Ésta se prolongó en Euskadi durante el 78 y el 79. Sin olvidar las continuas luchas y movilizaciones por la amnistía, que se llevaron desde los primeros años.

Lo dirigentes de los partidos y sindicatos obreros en pactos secretos se comprometieron a frenar a la clase trabajadora —como cuando llamaron a la calma en las manifestaciones por el asesinato de los sindicalistas de Atocha y moderando las reivindicaciones—. Entre tanto, en Vitoria se forjaba un alto grado de organización y lucha revolucionaría, extendiéndose en Euskadi, si bien, las aspiraciones de la clase obrera eran que se extendieses a todo el estado con la convocatoria de una huelga general. En este punto Ja iraición de los dirigentes era evidente y su miedo fundado; ya que la consecuencia adquirida por trabajadores y estudiantes en las luchas contra la dictadura llevaban a que no sólo lucharan por la caída de este sino además por un cambio de sistema. En la mayoría de las fábricas, las reivindicaciones laborales dieron paso a reivindicaciones políticas.


EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DESPIERTA.

En el documento de la 1 Conferencia del SEI, hay un párrafo significativo de hasta donde estaba dispuesto a llegar el movimiento estudiantil: «Hay huelgas por todas partes, incluso los jóvenes de las escuelas naúticas de Euskadi y Galicia se movilizan por primera vez en su historia. El Gobierno acosado sólo sabe responder con la represión policial.

El 20 y 26 de Febrero se celebran masivas jornadas de lucha en todo el Estado, no había provincia donde no se produjeran conflictos, La enseñanza ardía en todas partes y el Régimen era incapaz de sofocar el fuego. Hasta la Universidad del OPUS en Navarra mantuvo un paro casi general en solidaridad con la huelga de los mineros de Potasas.

El movimiento estudiantil, más vigoroso que nunca, estaba poniendo a las autoridades académicas contra las cuerdas, contribuyendo decisivamente al esfuerzo de la clase por derribar la dictadura. La lucha tenía ya un sólo objetivo: democratizar la enseñanza y poner fin al franquismo. Las asambleas de estudiantes prohibidas por ley se convirtieron en el instrumento de debate y decisión más utilizado por los huelguistas.

La huelga de 1974-75 es la huelga universitaria más larga de Europa, y tiene un cariz eminentemente político porque estudiantes y profesores se enfrentaban con el Estado. »


LOS PACTOS DE LA MONCLOA, LLEGA LA DECEPCIÓN.

La muerte del proceso prerrevolucionario se puede fijar cuando el PCE y el PSOE respaldan la Constitución burguesa en el 78, apoyando la monarquía, la unidad incuestionable de la patria y al ejército y fuerzas represivas del franquismo.

Aquello que sólo decían los fachas; «el franquismo cayó por la muerte de Franco», ahora lo dicen también los «progres reciclados» convertidos en los cronistas oficiales de la corte, al estilo de Victoria Prego. Más bien, se podría resumir en que fue un pueblo que no soportaba sus ataduras y adquirió confianza en sí mismo para romperlas.

Cada oleada de la revolución pone a prueba dirigentes y programas. El PCE ha pagado las consecuencias de su política de pactos con la burguesía y traición a un movimiento obrero que luchaba por el socialismo. Así empezó la vieja cantinela reformista de los dirigentes, encabezados por Carrillo: «Hoy tenemos que luchar por la libertad, y para eso, hay que pactar con todos los que quieren la libertad. Renunciamos a nuestras consignas de clase, pero sólo temporalmente, y cuando tengamos la libertad, romperemos los pactos y lucharemos por el socialismo.» Democracia burguesa, Pactos de la Mondos, Constitución, monarquía. Ya vemos como hoy se han roto todos estos ataques a los trabajadores.

La burguesía española manejó tan bien la «transición democrática», que la burguesía internacional la ha alabado constantemente, y tomado como ejemplo para otras «transiciones».

Algunos dirigentes del PCE, como Francisco Frutos (Secretario General del PCE), Juanma Aragües (ex Secretario General del PC-Aragón), ponen en duda hoy la política del partido durante aquellos años. Está haciendo falta mucho tiempo para que el combativo movimiento obrero asimile la experiencia histórica, para que se forme una nueva generación de jóvenes revolucionarios.

LA ÉPOCA ACTUAL. EL CAPITALISMO ANTE UNA NUEVA CRISIS.

La economía de los «tigres asiáticos», países del Asia oriental, se desarrolló como plataforma para competir en el mercado mundial, partiendo de una mayor tasa de beneficio para las empresas multinacionales que invertían en estos países con una mano de obra barata. Pero, con un mercado interno muy débil, su producción ha alcanzado el punto de saturación en las exportaciones tras años de espectaculares crecimientos

Por su parte, China, se ha convertido en un gran competidor, exportando mercancías y atrayendo capital; y ahora juega un papel clave en la economía internacional.

La crisis asiática demuestra que el capitalismo no ha resuelto sus problemas y ha creado una clase obrera potente y combativa en países donde antes casi no la había. Las luchas en Corea y en Indonesia son una prueba de las convulsiones que va a generar el capitalismo.

Sin duda, el mayor peligro inmediato para la economía de occidente proviene de Japón; que se viene a sumar a la crisis de los países asiáticos, objeto de rapiña de las potencias imperialistas. El gobierno japonés se ha visto obligado a inyectar grandes cantidades de dinero público para tratar de superar la crisis financiera y reactivar la economía.

La crisis asiática ha limitado su capacidad de exportar, y arrastra una auténtica agonía económica. De continuar la crisis en Japón —como todo indica dado el fracaso de las medidas adoptadas por el gobierno nipón y el FMI—, podría terminar con el ciclo alcista en Europa y EEUU.

Para el capital otro foco de peligro es Latinoamérica, que puede sufrir no sólo un efecto de contagio de la crisis, sino que se ve especialmente afectada por la caída del precio del cobre y el petróleo. La crisis ya se ha desatado en Brasil, con un duro programa de ajuste y amenaza a otros países del entorno. Chile también pagará las consecuencias, por un lado la caída del precio del cobre, y por otro, el 33% de sus exportaciones se dirigen a Asia (la mitad de ellas son el cobre); Venezuela y Méjico también sufren las consecuencias de la caída del petróleo.

Vemos que cada vez es más improbable el mantenimiento, más allá de un par de años, de la fase expansiva del ciclo económico en los países desarrollados. Es más, en las últimas reuniones del G7 (grupo compuesto por las 7 grandes potencias), ante las peticiones de intervención económica por parte de Japón y Rusia para paliar los efectos de la crisis, la respuesta fue «arréglate como puedas». Hoy el capital no puede hacer frente a la situación como en anteriores ocasiones.

Europa puede aguantar un poco más por los efectos positivos, para el capital, de la Unión Económica y Monetaria, pero tampoco puede esperar milagros. En cualquier caso, hemos vivido una fase excepcionalmente larga de auge económico, a pesar de todos sus puntos débiles, nadie puede negar este hecho.

Los ciclos económicos van a volver a un ritmo más breve y frenético, lo que estimulará las crisis políticas y sociales, y no es probable la posibilidad de un auge importante de la economía durante un periodo.

El mercado mundial sufre una saturación, y los nuevos sectores productivos (como las nuevas tecnologías: microchips, ordenadores...) dan los suficientes indicios como para pensar que no podrán seguir jugando un papel motor de la economía.

En esas condiciones, el papel de los países del este en este proceso puede cambiar radicalmente, de tener un efecto estimulante para el capitalismo y de freno de los procesos revolucionarios, a ser un factor desestabilizador de primer orden.: El caso de la intervención armada de las masas en Albania, perteneciente al ex bloque estalinista, es un aviso anticipado de lo que podría llegar a pasar en Rusia.

Parece muy difícil pensar que la burguesía vaya a contar esta vez con la pasividad de la clase obrera de los países occidentales, al igual que los recortes y la reaccionaria política educativa no se ha encontrado con la pasividad de los estudiantes —lo vemos en Francia, el Estado español, Alemania. . . . Al contrario, un periodo de inestabilidad económica, política y social pondrá sobre la mesa la necesidad de rearmar con un programa de clase a las organizaciones obreras y estudiantiles. El ejemplo francés de unidad de acción de la izquierda bajo consignas como las 35 horas, devolvió el ánimo a las bases sindicales. Un síntoma de esto, es la recuperación de los comités y asambleas como motor de la lucha

Defender hoy un programa alternativo al de la burguesía es sin duda, el mejor camino para encauzar el gran descontento entre los trabajadores y, sobre todo, entre la juventud.


LA CONSTRUCCIÓN EUROPEA, «LA UNIÓN DE LOS MERCADERES»

La competencia por el mercado mundial es la fuerza motriz que impulsa el proceso de Unión Europea El mundo esta dividido en tres grandes bloques económicos, en pugna constante entre sí. EEUU, Japón y Europa, con sus respectivas áreas de influencia. Pero ésta última, juega en desventaja, pues no se trata de una única burguesía, y cada una tiene sus intereses nacionales.

La moneda única va encaminada a conseguir una mayor cuota del mercado mundial, la burguesía alemana trata de situar al conjunto de Europa al servicio de su competitividad y preservar el dominio del mercado europeo. Una sola moneda eliminaría el coste que genera, en los intercambios intracomunitarios, la existencia de diferentes divisas; primaría a las industrias más fuertes, pues elimina la posibilidad de recurrir a políticas devaluatorias —como hizo el estado español en los últimos años—. Las empresas alemanas serían las principales beneficiadas; si bien, no están dispuestos a asumir el déficit público o la inflación de otros países, de ahí que Maastricht exija porcentajes máximos de déficit público, deuda pública, inflación y tipos de interés, por encima de los cuales no hay acceso a la moneda única, aunque no cumple los requisitos ni la propia Alemania.

Las distintas burguesías europeas siguen cada día con menos entusiasmo el proceso de unificación económica. Recelan unos de otros, pero nadie se atreve a romper por ahora, «podría ser peor».

Maastricht no es más que la aplicación europea de las recetas monetaristas que la burguesía, a nivel internacional, considera la panacea para resolver los males de esta sociedad. Hablamos de Maastricht porque dentro de los pactos de la burguesía europea, es el más conocido.

En realidad, la cuestión monetaria no es más que la
superficie del asunto. En el fondo, está la pugna por desarrollar la productividad de la economía, que es la única forma real de ganar terreno en el mercado mundial.

“El ascenso histórico de la humanidad está impulsado por la necesidad de obtener la mayor cantidad posible de bienes con la menor inversión posible de fuerza de trabajo” (Trotsky).

El asunto es desarrollar la productividad, pero el capitalismo sólo invertirá en aquellos medios productivos que generen beneficios, para competir en la especulación financiera. Para la burguesía, productividad y rentabilidad es lo mismo; de ahí que la inversión en el sector público
—sanidad, educación, pensiones.. . — o mejoras para la clase trabajadora, no estén en su cabeza

La fuerza de quienes defienden el tratado de Maastricht radica en algo muy sencillo: esto son lentejas, o lo tomas o lo dejas. En otras palabras, ¿cuál es la alternativa? La ruptura definitiva de la actual Unión Europea, con un agudo enfrentamiento entre sus actuales componentes tendría unos efectos económicos desastrosos, que pagaríamos los más humildes. Pero, esos son los mismos que van a pagar la factura de Maastricht. Ambas son las dos caras de una única moneda: el capitalismo.

La cuestión estriba en el punto de partida: ¿es el capitalismo el único sistema posible?

Unos Estados Unidos Europeos, o como quiera que se les denomine, es una aspiración hondamente progresista y necesaria. La creación de los modernos estados nacionales, alo largo de los siglos pasados fue un paso histórico muy importante, que permitió superar el particularismo feudal. Todo este proceso cabalgó a lomos de grandes luchas y revoluciones.

Si en algo coinciden todas las burguesías es en la política a aplicar en contra de los trabajadores. El capitalismo nunca podrá construir una Europa unida, próspera y democrática. El acuerdo de Maastricht es un ataque en toda regla a los trabajadores, jóvenes, pequeños empresarios y a las rentas más desfavorecidas. Oponerse a él con la movilización es algo obligatorio para cualquier organización que pretenda defender los intereses de los trabajadores. Desde luego, la clase obrera no acepta mansamente estos ataques, como hemos visto, en Francia, Bélgica y Austria donde ha habido luchas relacionadas con los planes de ajuste.

El grave problema del movimiento obrero es que la mayoría de dirigentes de partidos y sindicatos de clase defienden las mismas tesis que la burguesía y se entregan con fervor a lograr el cumplimiento de Maastricht.

Es necesario cambiar los viejos dirigentes sindicales en toda Europa. Los trabajadores belgas del metal, demostraron la eficacia de los métodos tradicionales de lucha y la unión internacional de los trabajadores. La lucha coordinada desde las bases de los sindicatos del metal en Bélgica, el norte de Italia y Francia, fue sin duda, todo un ejemplo a seguir.

1996. LA DERECHA LLEGA AL GOBIERNO.

La burguesía apoyó un gobierno que pudiera imponer en la práctica las exigencias de Maastricht, y ese era el PP.

Capaz de recortar dos billones de pesetas en gasto público, ir más allá en el recorte de gasto social, y mantener la línea política económica monetarista emprendida por la administración del felipismo, y que exigía un empujón para cumplir el calendario impuesto por la Europa de los mercaderes y en contra de los intereses de los trabajadores.

Aunque la burguesía no se sintió contenta con los resultados, no le está yendo mal en la práctica.


DEL GOBIERNO DE FELIPE AL PP.

El gobierno de Felipe González llevaba años aplicando una política al servicio de la burguesía; medidas de contrarreforma, tanto en el terreno de la libertad —Ley Corcuera, Ley de Extranjería, Código Penal, . . . —, como en el terreno económico —Reforma Laboral, recortes sociales, . . . —, generando una gran destrucción del empleo, precarizando el mercado de trabajo y reduciendo las prestaciones por desempleo.

La verdad, es que la política que llevó a cabo el felipismo, no sólo no disgustaba a la patronal, sino que además muchos empresarios eran conscientes de que no hubieses podido ponerse en práctica por un gobierno de la derecha.

Sagunto, Hunosa, Astilleros, Reinosa, Santana, Gillette,, las medidas agresivas contra la clase obrera provocaron tres huelgas generales. Tras la huelga general del 14-D del 88, si el gobierno aguantó fue, además de por el auge económico que permitió hacer concesiones, porque la gente seguía viéndoles como un gobierno de izquierdas con una política de derecha, se les pedía un giro a la izquierda y se les daba un margen. Tras el intento fallido en el 88 de Felipe González de realizar una dura reforma laboral, en el 93-94 vuelve a la carga. Sus medidas fueron, entre otras, legalizar las ETTs y sobre todo, el famoso contrato de aprendizaje, que suponía una salvaje agresión contra la juventud. El 27 de enero los trabajadores van de nuevo a la huelga general.

Pero el gobierno no cambió de política y así han traído el triunfo del PP en las elecciones del 3 de marzo del 96. IU reclamó en solitario continuar la lucha tras el 27 de enero pues era evidente que el gobierno mantenía sus posturas y los trabajadores estaban decididos a ir más lejos, la indecisión de la coalición unido ala claudicación de los dirigentes sindicales, terminaron con la aplicación de la más dura normativa laboral de la democracia.

El gobierno PSOE, perdió su última oportunidad de girar a la izquierda habiendo formado gobierno con IU, si bien continué aliado con la burguesía de CiU. Seguían con su política de derechas y buscaron su alianza en la derecha. Los escándalos y la política del PSOE lo hicieron inestable en el gobierno, y se le veía caer por momentos; esto hizo a la burguesía preparar su relevo, el PP.

La burguesía necesitaba con el PP una victoria aplastante y no la consiguió. La debilidad histórica de la burguesía española se ha puesto una vez más de manifiesto, y ha dejado al descubierto su talón de Aquiles: la cuestión nacional. Dejándoles a merced de las burguesías nacionales, que si bien comparten sus intereses de clase, están enfrentados por sus respectivos intereses nacionales.

Para comprender la victoria del PP y los resultados electorales hay que tener en cuenta: el irregular resultado de IU con un crecimiento exiguo sobre el buen resultado anterior, la lealtad de voto al PSOE, el miedo ala derecha de muchos trabajadores y jóvenes, además de la baja movilización de la clase obrera en el último periodo, la falta de alternativa seria que augure un cambio a mejor.

1U se vio perjudicada por la ley electoral que favorece el bipartidismo, por la polarización PP-PSOE y por el giro a la derecha de la dirección de CCOO; pero fundamentalmente, por los errores en su política, incapaz de dar una alternativa convincente.

IU debería haberse opuesto al Código Penal, al Pacto de Toledo, al Pacto Antiterrorista de Madrid y al de Ajuna Enea, se resté votos al haber apoyado a la derecha y al gobierno, en aras de la unidad de los demócratas. Pero, quizás uno de sus mayores errores ha sido su negativa a ofrecer una alianza de izquierdas frente al PP, haber permitido gobiernos del PP en Ayuntamientos o Comunidades —lo mismo ha hecho el PSOE para no dárselo a IU— donde la izquierda es mayoría.


LA UNIDAD DE ACCIÓN DE LA IZQUIERDA.

IU hoy ha sacado conclusiones de estos errores, la política de las dos orillas ha dado paso a la propuesta de unidad de acción de la izquierda. Julio Anguita puso encima de la mesa, en el debate sobre el estado de la nación del 98, un programa básico de once puntos en defensa de los intereses de la mayoría de la sociedad y exigió al PSOE la unidad para luchar por ellos, aún se espera la respuesta.

Ahora hay que redoblar esfuerzos para combatir a la derecha, ésta ha alcanzado la mayoría, pero la izquierda en su conjunto, con un programa de transformación social en beneficio de los trabajadores podría recobrar fácilmente el gobierno —debemos recordar que IU y el PSOE sumaban juntos 12 millones de votos, ¡más que la derecha¡ 9’5 millones—.

Como se demostró en Francia, la oposición a la derecha crecerá en la calle, y aquellos dirigentes que quieran mantener apoyo social deberán sumarse ala movilización.

El PP, desde un primer momento ha tomado medidas contra los trabajadores y la juventud, en sus primeros meses de gobierno, se enfrenté a una huelga general de funcionarios y varias de estudiantes. El conflicto de los mineros, fue de una particular dureza.

El miedo del gobierno a esas movilizaciones se demostró en la pronta reacción que tuvieron ante el conflicto minero, dando algunos pasos atrás que sólo aplazaban el problema. Pero de esa manera, evitaban que este se sumara al de los funcionarios y estudiantes. Esa maniobra hubiera sido imposible silos dirigentes sindicales hubieran explicado a los trabajadores que el gobierno sólo pretendía retrasar el asunto, hasta ajustar cuentas con los funcionarios. No es la primera vez, ni será la última, que el PP divide el movimiento y se «lava la cara» ante el miedo a una radicalización de la lucha. Todas estas luchas salieron derrotadas, fortaleciendo al PP.

Ninguna de las razones que motivaron los conflictos se ha resuelto. Mientras tanto, se puso en marcha la privatización de empresas públicas como Telefónica. La burguesía empezó a adquirir las empresas más rentables del sector público, a la par que inició la negociación de la nueva reforma laboral. Hoy la patronal ya está preparando una nueva reforma, nos aseguran que para estimular el empleo estable hay que.... Abaratar más el despido, perdón, queremos decir, eliminar las rigideces del mercado de trabajo. “Hablando sin rodeos; para que los eventuales no estén discriminados, vamos a precarizar a todo el mundo”.

No debemos olvidar qué significó la Reforma Laboral del 97, que si bien representaba pequeñas mejoras para los llamados contratos basura (siguen sin cotizar para el desempleo y la jubilación); y daba ciertas ventajas con la reaparición del fijo discontinuo, no contrarrestaba los efectos de un nuevo contrato indefinido que supone la disminución de la indemnización por despido improcedente. A su vez, la modificación del artículo 52.c), significa la posibilidad de despidos colectivos con indemnizaciones de 20 días por año trabajado y máximo de una anualidad, por causas organizativas, con acreditar solamente que han perdido cuota de mercado. Con la nueva redacción, esa obligación se restringe a los despidos por causas económicas.

En estos dos años de reforma, es constatable que ninguna de estas pequeñas mejoras de las que antes hablábamos han supuesto nada, ya que la mayoría los contratos efectuados son basura (más del 90%); creciendo el número de contratados por ETT al no ilegalizarse éstas. Hoy un tercio de los trabajadores están en precario por culpa de esta reforma, y afecta más gravemente a los jóvenes.

La última gran medida de la burguesía es la. reforma del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF). Bajo el eslogan de que todos vamos a pagar menos, se oculta el hecho de que las cantidades que nos ahorremos la mayoría de los trabajadores, palidecen ante la cuantía de dinero que dejarán de pagar las rentas más altas. Seremos los trabajadores los que carguemos con el peso de los presupuestos del Estado, que no sólo se verá reducido en total, sino que además, las rentas de los ricos dejarán de participar del gasto público.


EL PAPEL DE LOS DIRIGENTES SINDICALES.

Hoy, muchos dirigentes sindicales se quejan de la poca afiliación, reprochando a los trabajadores su desinterés. En el año 77, cuando el Sindicato vertical fue disuelto, la mayor parte de la clase obrera se afilié inmediatamente, fundamentalmente a UGT y a CCOO. Fueron meses que en las sedes había colas para afiliarse. ¿Qué ocurrió para que esa afiliación no se mantuviera?

Una clase obrera lanzada revolucionariamente fue parada en seco por sus dirigentes, tanto políticos como sindicales. Las direcciones de UGT y CCOO firmaron los Pactos de la Moncloa, que consistía en prohibir subidas salariales superiores al 20-22% (cuando estos eran muy inferiores a los de Europa), incremento de la productividad y la facilidad de despedir hasta el 5% de la plantilla. Supuso un mazazo para la clase obrera, que continuaba con unas enormes ganas de luchar por mejorar su nivel de vida con la llegada de la democracia, como prometía meses antes Carrillo.

Los efectos no tardaron en llegar con la reducción drástica de las luchas obreras, una desafiliación masiva de los sindicatos, y un proceso de desmoralización entre los dirigentes obreros de los años 70. No los que salen en la televisión y los periódicos, sino los miles de activistas sindicales que habían dirigido huelgas en sus fábricas, y construido secciones sindicales.
La firma de estos pactos tuvo una gran oposición interna en UGT y CCOO, y los dirigentes aplicaron medidas disciplinarias, como expulsiones o disoluciones de agrupaciones sindicales enteras. Este período llamado el reflujo duró desde el 79 al 84, aunque políticamente tuvo un cambio sustancial en el 82 con la victoria electoral del PSOE.

Los dirigentes sindicales actuales tendrán que reconocer su responsabilidad en aquel gravísimo error, que tuvo nefastas consecuencias para el movimiento sindical organizado. Ahora que pugnan por la necesidad de firmar otro gran pacto, ensalzan los Pactos de la Moncloa como la gran aportación a la consolidación de la democracia, lo cual es discutible, pues no impidieron el golpe de estado del 23-F, del 81, aunque sí permitieron recuperarlos beneficios empresariales a costa del debilitamiento de las organizaciones sindicales.

Hoy, en esa dirección, el primer objetivo debe ser recuperar a los sindicatos obreros para que vuelvan a defender los intereses de los trabajadores, en vez de apuntalar al gobierno de Aznar.

Los empresarios, el PP, CiU, los medios de comunicación... ensalzan los pactos alcanzados por los empresarios y los dirigentes de UGT y CCOO, como el de la Reforma Laboral; eso sí, en defensa de la libertad.., de explotar al prójimo.

Los mismos que han bramado contra los sindicatos cuando han ido ala lucha, que babean alabando la política que desarrollé la Thatcher de «doblegar a los sindicatos», son ahora admiradores «de todo la vida» del sindicalismo.

¿Por qué estos acuerdos resultan tan vitales para la burguesía? Además del contenido, el Pacto Social tiene el valor de ser una pieza imprescindible para la aplicación del tratado de Maastricht, ya que los planes económicos de la Europa del capital se proponen defender los beneficios del capitalismo europeo en su lucha en el mercado mundial, y, para hacerlo, necesitan un plan de sobreexplotación de los trabajadores europeos.

La «acertada» política económica del gobierno del PP no ha sido otra cosa que seguir al dictado las pautas que le marcaban desde los organismos internacionales pertinentes y aprovecharse de los vientos favorables que soplaban hasta ahora. La baja conflictividad laboral y las altas tasas de beneficio han hecho lo demás.

Hasta hace poco nadie daba un duro por la posibilidad de que España alcanzase en la primera fase los criterios de convergencia establecidos en el tratado de Maastricht, pero existen pocas dudas de que ha sido uno de los alumnos más aventajados. Toda la política para alcanzar la Unión monetaria se basa en un pilar fundamental: la reducción del gasto público y del déficit presupuestario, así como la contención de la inflación. En definitiva, socavar el nivel de vida de las masas, mientras no se atacan los beneficios empresariales. Permitiendo esto, las direcciones sindicales han jugado un nefasto papel, pues no hubiera sido posible de haber encontrado resistencia por parte de los trabajadores.

Por eso era tan importante para el PP este pacto, para debilitar al movimiento obrero y tener un mayor margen de maniobra para nuevas medidas reaccionarias. «El apretón de manos a Gutiérrez de Aznar, no es una formalidad, es un símbolo».


LEVANTAR UNA ALTERNATIVA.

IU y los sindicatos deben dar una alternativa de cómo luchar y por qué luchar Hay que luchar por un programa de reparto del empleo, a través de la reducción de la jornada a 35 horas, sin reducción salarial, debemos tomando ejemplo de las luchas que trabajadores, estudiantes y parados han llevado en Francia, primero en contra de la derecha, y por la consecución de un gobierno de izquierda, y tras lograr este primer paso, por mejoras en los sectores en lucha, consiguiendo las 35h. por ley para el 2002, un aumento del presupuesto educativo, así como subirla prestación por desempleo. Izquierda Unida ha demostrado defender firmemente las 35 horas y otra serie de mediadas como la eliminación de las ETTs y la implantación del salario social, el 20 de junio del 98, 50.000 personas respondían a la convocatoria de una marcha sobre Madrid por estos objetivos (convocada por lU junto a CGT y las principales organizaciones estudiantiles, entre ellas el SET). Este es el camino a continuar, exigiendo a los dirigentes sindicales su unión a la lucha.

LA JUVENTUD.

La cuestión es, determinar si la liberalización ha conducido a una mayor equidad social y libertad política o a unas más hondas desigualdades y a un debilitamiento de la democracia política.

Los jóvenes, como parte, de la clase obrera, sufrimos las contradicciones de este sistema, un sistema que se ha mostrado incapaz de ofrecemos una vida y futuro dignos.

La burguesía ahoga toda la capacidad y potencial de la juventud, condenándola a recibir una educación que no nos forma como personas críticas, sino como mano de obra barata condenándonos a un trabajo precario y mal pagado o a engrosar las listas del paro. Son, sin duda, los jóvenes de las familias obreras quienes sufren más duramente las lacras del sistema capitalista.

Las reformas laborales acometidas por los gobiernos del PSOE y del PP han ido en ese camino, precarizar el empleo e incrementar la explotación. Día a día aumentan los empleos inestables, precarios, mal pagados, de prácticas (en el ni siquiera te pagan) y vertiginoso ascenso de la lasa de contrataciones por ETT, donde la mayoría de los contratos no supera la semana.


UN PASO ATRÁS.

Nuestros padres albergaban esperanzas en que nosotros tuviéramos lo que ellos no tuvieron, una educación y un trabajo dignos. La realidad ha traicionado sus sueños. Si bien hoy los jóvenes tenemos una mayor formación y hemos crecido con unas comodidades que ellos no tuvieron, para nosotros, lo que va a ser difícil es mantenerlas con, la actual degradación de los salarios y las prestaciones sociales.

La situación actual, tanto educativa, laboral como social, afecta a todos los niveles de nuestra vida: vivienda, ocio, relaciones efectivas,...

Hoy para los jóvenes estudiantes y trabajadores, el tema del empleo es fundamental, igual que el de la vivienda. La posibilidad de emanciparte del hogar familiar está al alcance de muy pocos hasta bien entrados en años; cuando una vivienda digna debería ser un derecho básico de cualquier persona. Una vivienda en propiedad supone hipotecarse de por vida, y los alquileres suponen una gran carga para los bajos salarios que cobramos. Los hijos de los trabajadores debemos luchar por la construcción de viviendas sociales hasta cubrir la necesidad, y cuyo alquiler nos supere el 10% de nuestro salario o subsidio; lo que serviría para detenerla enorme especulación existente que sólo beneficia a los grandes promotores de viviendas.


LA DISCRIMINACIÓN DE LA MUJER TRABAJADORA.

A los Jóvenes también nos afecta la discriminación de la mujer en la sociedad. En la educación se prepara el camino para que la organización clasista y discriminatoria que necesita este sistema, se vea como algo normal, y cada unos se meta en su papel: la mujer en casa para servir al marido, que es el que mantiene económicamente la familia. Hoy, las mujeres hemos accedido al mundo laboral, pero no como acto emancipador, sino de necesidad, sin liberamos esto de las tareas domésticas. Ocupamos mayoritariamente el sector servicios y el contrato a tiempo parcial, por debajo de nuestro nivel educativo, y nuestro sueldo medio es el 61% del de los hombres; además, sigue habiendo mucho paro femenino, y trabajos de economía sumergida.



No sólo las mujeres no tenemos por igual trabajo igual salario, sino que en caso de crisis, somos las primeras en ir a la calle y sufrir sus consecuencias. Por esto, la opresión de la mujer no está motivada por su sexo, sino por su condición de trabajadora. Es la burguesía la que nos oprime, sea el capitalista hombre o mujer.

Es lo mismo que el derecho al aborto, éste es un mal social, y debemos defender el derecho al aborto libre y gratuito como un derecho democrático de la mujer trabajadora. Es entre las jóvenes, donde defender esto es fundamental, ya que la falta de información, de suficientes centros de planificación familiar, de medios anticonceptivos gratuitos, de una asignatura de educación sexual con base científica... nos hace víctimas de la moral de la burguesía y la Iglesia. Los problemas de la mujer trabajadora y de las jóvenes estudiantes, sólo se resolverán con la participación consciente de obreros y estudiantes. Nuestra explotación como mujeres acabará cuando pongamos fin a nuestra explotación como clase.


CONTRA EL MILITARISMO EN LA EDUCACIÓN Y EN LA SOCIEDAD.

Otro de los problemas que más preocupa a los jóvenes es el del ejército y la mili; que cuentan con gran desprestigio entre la mayoría. Supone una carga para las familias obreras, ya que el salario es irrisorio, y éstas tienen que cubrir muchos gastos. Así, la objeción de conciencia y la insumisión han ganado terreno entre los jóvenes. Pero hay que ir al fondo, éstas son salidas que no resuelven el problema de la existencia de un ejército y de su papel de defensa de los intereses de clase, de la clase dominante. Esto no quiere decir que no defendamos a los jóvenes que optan por estas salidas frente a la represión del Estado, reclamando una amnistía y plenos derechos para los insumisos.

El clima general de rechazo a la mili ha favorecido la implantación por parte de la burguesía del ejército profesional, para el año 2002. Desde luego, un ejército profesional era lo que la burguesía ansiaba; principalmente, porque si el ejército es el brazo armado del sistema, necesita que éste sirva indiscutiblemente a sus intereses. Un ejército de reemplazo, compuesto mayoritariamente por hijos de trabajadores, se contagia más fácilmente de los movimientos sociales, tenemos muchos ejemplos: dos de ellos, Portugal en el 74 cuyo intento revolucionario recibe el nombre de la Revolución de los Claveles porque los soldados se pasaron al lado de los trabajadores y lo simbolizaron con claveles en los fusiles, Franco, en los 70, no pudo usar al ejército para reprimir a los obreros y estudiantes movilizados porque no sólo no lo hubieran hecho sino que también se hubieran unido a ellos.

Éste es el papel que pueden jugar los hijos de los trabajadores en el ejército, pero qué papel juega un ejército profesional. Una sola frase de la revista de la Legión: “Enorgullece al cuerpo haber participado en el aplastamiento de los mineros asturianos en 1934”. La frase habla por sí misma.

El gobierno del PP. en vistas a la profesionalización del ejército, está haciéndole a éste «un lavado de cara», sacando a bellos actores que demuestran ser «felices defensores de la patria»; lanzando una campaña que invade los medios de comunicación. Ya que esta campaña va dirigida a los jóvenes, para presentar el ejército como la mejor salida laboral, han decidido llevarla también a los institutos y escuelas. Potenciando visitas a cuarteles, o demostraciones en los institutos como actividad extraescolar, quieren fomentar el espíritu militar (es decir, patriótico) entre los más jóvenes. Rechazamos este fomento del militarismo en la sociedad y en la enseñanza, porque el ejército bajo este sistema de clases sólo sirve para defender a aquellos que nos explotan y quieren seguir manteniendo esta situación.


VIVIR PARA EL «FIN DE SEMANA»

La burguesía no trata sólo de sacar rentabilidad de nuestro trabajo, también nuestro ocio depende y está dirigido según el beneficio económico y social que de ello puedan obtener. La falta de centros sociales, polideportivos, cines.... en los barrios, hace que la juventud haya optado por una sistemática distinta a la que existía antes, en la que la «cultura de barrio» era una práctica socializadora y una vía de participación en los movimientos sociales y en las organizaciones de clase. Muchos involucrados en la lucha antifranquista, crearon combativas asociaciones de vecinos y de padres de alumnos, que hoy cuentan con baja participación y con el desinterés de los jóvenes. Lo que antes eran actos y fiestas populares, hoy son ridiculizados por los jóvenes, que se dirigen a los bares fuera de los barrios para divertirse.

Muchos jóvenes viven para el fin de semana, como medio de evasión mediante el alcohol y las drogas. Este no es el ocio que queremos los jóvenes, es lo único que nos ofrece este sistema y que nuestras condiciones económicas nos permiten.

Cuando salen grandes ideólogos burgueses, acusando a la juventud de violenta, de pasar de todo, de su alcoholismo, de usar indiscriminadamente las drogas... están mediatizando el verdadero problema: la juventud no es culpable sino víctima de un sistema que nos condena a no tener un futuro digno, sumiendo a los jóvenes en estas lacras. Nosotros, los jóvenes organizados que luchamos por unas ideas, somos también la juventud, pero la que a
la burguesía no le interesa sacar a relucir. Indiscutiblemente, en la medida en que los jóvenes tengamos acceso a una cultura, deporte y ocio diferente, controlada por nosotros y al servicio de la mayoría de la sociedad y no del beneficio empresarial, es decir, un ocio que sirva para desarrollarnos como personas libres, los jóvenes cuestionaremos en mayor medida los valores y pilares de este sistema y su sociedad clasista que ya no tienen nada que ofrecernos.


LA JUVENTUD EN LUCHA.

Pero, a pesar de que los jóvenes somos víctimas de la presión sostenida de la propaganda burguesa, de sus valores, costumbre y hábitos alienantes y desmoralizadores, sería un error aceptar la imagen de pasotismo, desinterés, individualismo y egoísmo que la clase dominante quiere dar de las jóvenes generaciones. Porque aunque la burguesía se esfuerce porque esto sea así, y muchos caigamos en su dinámica, Son las barreras con que nos encontramos en la sociedad capitalista las que hacen que sectores importantes de la juventud tomen conciencia de que este sistema no nos sirve. De hecho, la juventud se ha movilizado en numerosas ocasiones y de forma masiva en defensa de sus intereses; desde las huelgas estudiantiles del curso 86-87, las movilizaciones que desembocaron en el 14-D del 88 contra el Plan de Empleo Juvenil, que obligaron al gobierno a retirarlo; las luchas contra la guerra imperialista en el Golfo Pérsico. Las luchas contra las tasas universitarias, o las del 96-97 contra los recortes; por las 35 horas,

La juventud también ha estado en un primer plano de las movilizaciones de la clase obrera por la defensa del empleo, en estas y en las estudiantiles ha dado ejemplos de nuestra decisión y combatividad. El último ejemplo, este otoño 20.000 estudiantes sallan en las calles de Madrid, unidos al resto de ciudades, por la mejora de la educación; también hemos visto como los estudiantes de Barcelona recibían la visita de Aznar con concentraciones que acabaron violentamente reprimidas. Esta es la cara combativa de los estudiantes; y esta es la cara del gobierno.

EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL.

Entre el movimiento estudiantil y el movimiento obrero existen muchas diferencias y a la vez importantes vínculos de interrelación La principal característica del movimiento estudiantil es su heterogeneidad social e interclasista.
Jóvenes de diferente extracción social convivimos en las aulas, siendo evidentemente distintas nuestras problemáticas. Si bien en secundaria y en los Ciclos Formativos predominan los hijos de los trabajadores, su acceso a estudios universitarios es más limitado y todavía más su permanencia por las barreras económicas, endurecidas día a día según la lógica capitalista de que sobran universitarios y lo que hace falta es mano de obra barata y mal formada. Hoy tener un título supone ir a engrosar las listas del paro o de la ETT, como la mayoría de la juventud. La burguesía ya tienen asegurada su perpetuación con los cuadros que salen de las universidades privadas, en las que reproducen sus valores reaccionarios, y sólo puede acceder una elite de privilegiados. Cuando a nosotros se nos niegan los medios y recursos para tener una educación de calidad, ellos en sus universidades gozan de la más alta tecnología y recursos; eliminando la discriminación que supone una educación a la que no todos tenemos acceso, y pasando sus medios a uso público, aseguraríamos no sólo una educación de calidad, sino además extensiva a la mayoría de la sociedad

La incidencia numérica de las familias obreras y pequeña y gran burguesía, no es siempre la misma. Si este curso, por primera vez, los hijos de los trabajadores somos mayoría en la universidad pública—frente a la pequeña burguesía que hasta ahora era el sector mayoritario—, es debido a las grandes luchas de obreros y estudiantes que durante los años 60y 70 llevaron para obtener la gratuidad de las enseñanzas medias y tener acceso a becas para financiar la carrera.

El movimiento estudiantil en muchas ocasiones ha reflejado procesos generales que se daban en el conjunto de la sociedad, anticipando movimientos revolucionarios.

Los estudiantes nos contagiamos del ambiente existente en la sociedad, y reflejamos los movimientos y comentes de pensamiento que en ella predominan. El movimiento estudiantil refleja el propio agrupamiento político que se da en toda la sociedad. Y este está determinado por el origen social al que antes nos referíamos. Lenin en su obra «Acerca de la juventud»decía: «La división en clases constituye, naturalmente, la base más profunda del agrupamiento político, y en resumidas cuenta, determina siempre, sin duda, dicho agrupamiento». La existencia de desigualdades sociales profundas, producto dela división en clases de la sociedad, se proyecta de forma nítida sobre la juventud. Estas desigualdades se reproducen en la enseñanza. Bajo el capitalismo no hubo ni habrá una enseñanza igual para todos. El movimiento estudiantil tiene en estos momentos una fuerza considerable, desde luego mucho mayor ala de cualquier época anterior, pero habrá de dotarse de una dirección capaz de dirigirlo correctamente.


LOS ESTUDIANTES CONTESTAN.

Uno de los problemas esenciales del movimiento es la enorme división,, sobretodo en la universidad existen muchas organizaciones de izquierda y entre casi todas hay serios enfrentamientos, de los cuales los principales perjudicados son los propios estudiantes y de hecho, ha hecho que surja el escepticismo y la desconfianza entre un sector de los estudiantes. Ya es hora de cambiar las cosas y aprovechar todo el potencial del movimiento estudiantil, que unido y en lucha, puede ser junto ala clase obrera, e! motor de avance social.

El Sindicato de Estudiantes fue creado bajo la creencia de que era importante que los estudiantes nos dotásemos de un instrumento de lucha «permanente» que nos permitiera organizar grandes luchas y también defender nuestros derechos en el día a día. Las coordinadoras, que solo existían durante las luchas, no nos servían por lo que decidimos formar un sindicato de estudiantes estable. El S.E. fue un punto de referencia en las luchas de 86/87 y logró coordinar y unir a todo el movimiento a nivel estatal.

Desde entonces a llovido bastante y se han producido magnificas luchas. Las últimas luchas, antes de las de este año, que se llevaron en la universidad fueron en el 93, en contra de la subida de las tasas, y en ellas participaron miles de universitarios con el apoyo de muchos institutos. Esta lucha universitaria, la más importante desde el curso 79/80 reflejé los puntos débiles del movimiento estudiantil, su análisis nos hace comprender la necesidad de la unidad del movimiento estudiantil.

El curso 93-94 fue muy importante, pues como ya hemos dicho, supuso el resurgir de las luchas universitarias. Hemos explicado los factores que dieron lugar a estas luchas. Las contradicciones del sistema, agudizadas por las crisis, la acumulación de problemas endémicos de la enseñanza y la falta de perspectiva laboral, crean un ambiente potencialmente explosivo entre los estudiantes.

La política reaccionaria del gobierno PSOE en la enseñanza, actuó como detonante —igual que hoy lo hace el PP profundizando en éstas— provocando explosiones y luchas importantes.

En 1994 el presupuesto de educación subió sólo un 1 ‘5%, provocando el retraso en el plazo de aplicación de la LOGSE (aprobada en el verano del 90). Del presupuesto previsto para el período 90-94, sólo se invirtió el 67%, originando graves problemas, que todavía hoy acarreamos. El recorte de presupuesto hizo que se atrasaran unos de los aspectos más progresistas de la LOGSE y otros nunca se hayan cumplido, puesto que los recortes se han repetido hasta hoy.

El desempleo actúa como un mazo sobre muchos jóvenes, que tienen que invertir cientos de miles de pesetas en un titulo que seguramente no les servirá para mucho. La Universidad es una fábrica de parados, ya que el capitalismo como sistema está en crisis. Es la razón fundamental que lleva a la burguesía a cambiar de política con respecto a la universidad. Ya no se trata de facilitar el acceso de los jóvenes a las facultades, sino al contrario, de obstaculizarlo. Un ejemplo más que claro lo encontramos en Alemania, donde los planes del gobierno prevén, en los próximos años, reducir drásticamente el número total de universitarios. La Universidad, a nivel europeo, es un polvorín que puede estallar en cualquier momento. Este año sólo ha sido el principio de grandes luchas, con 20.000 estudiantes en las calles de Madrid.

Hoy por hoy, no debemos olvidar la lucha cotidiana en los centros de estudio para democratizar los reglamentos de régimen interno y defender nuestros derechos. Democratizar la escuela conquistando nuestros derechos, debe ser prioritario en nuestro trabajo; así como la lucha contra la represión a los estudiantes. Las medidas represivas que nos imponen, van siendo más peligrosas día a día, desde el endurecimiento de la Carta de Deberes y Derechos, dar más poder a las juntas directivas, contacto de profesores con la policía, cámaras de video-vigilancia en algunos institutos y «seguratas» en la puerta hasta la entrada de los cuerpos represivos en nuestras facultades e institutos, con las consiguientes cargas policiales al más puro estilo franquista, como describió el rector de la Universidad Autónoma de Barcelona la intervención de los antidisturbios ante la protesta de cientos de estudiantes con motivo de la visita de Aznar a la Universidad. Esto no es un caso aislado, en otros países, los cuerpos represivos han llegado a tomar universidades para controlar luchas y evitar la organización de los estudiantes.


DEL 96 A HOY.

El curso 96 empezó ya caldeado con movilizaciones estudiantiles en contra del cierre de los nocturnos. La subida del precio de los comedores y el transporte escolar hizo que se uniera toda la comunidad educativa el 24 de octubre, con 25.000 personas en la manifestación. Pequeñas concesiones a estas luchas hicieron que desde la Plataforma en Defensa de la Educación Pública, se frenara la lucha; pese a los llamamientos de los estudiantes a dar un paso adelante con la convocatoria de huelga general en educación. En todo el Estado se estaban convocando huelgas generales de estudiantes con una participación masiva. Pero el movimiento estaba descoordinado. Estas magníficas luchas de estudiantes, no fueron sólo producto de las agresiones de inicio de curso, la educación pública estaba viviendo el recorte presupuestario más grave en 20 años.

En el otoño del 96 no sólo nos movilizamos estudiantes, derechos democráticos y donde los profesores cobran menos que en la pública, pero que a pesar de tener titularidad y gestión privada son sostenidos con fondos públicos, enriqueciendo a unos cuantos empresarios que han hecho de la educación un negocio. Contemplando además, que la mayoría están ligados a la jerarquía católica, con el consiguiente control ideológico. Defendemos la integración de la concertada ala red pública, como la mejor forma de defender los derechos de los estudiantes y trabajadores de la privada concertada.

POR UNA FEDERACIÓN DE ESTUDIANTES DE IZQUIERDAS.

En gran medida, los acontecimientos irán en un sentido u otro dependiendo del grado de organización y coordinación que alcance el movimiento. La historia demuestra que estos factores han sido siempre fundamentales. Organizarse es unirse, coordinarse, adquirir más fuerza y estar mejor preparados para defender nuestros intereses.

En estos momentos, esa organización capaz de aglutinar a todos los estudiantes que queremos luchar por transformar la enseñanza y la sociedad, no existe, pues el Sindicato de Estudiantes cayó en proceso de degeneración hasta convertirse en una pequeña máquina de recibir subvenciones, dirigida por una camarilla burocrática y en la que ha sido suprimido cualquier vestigio de la democracia interna; fruto de este proceso y de una etapa de expulsiones internas, surge el SEI, recogiendo las mejores tradiciones del SE y del movimiento obrero.

El SEI ha realizado numerosos llamamientos a la unidad y a la creación de un frente unitario para luchar por transformar la enseñanza y la sociedad. Es mas desde el SEI y desde Alternativa Universitaria de Málaga y Granada, se ha propuesto la necesidad de un encuentro de bases de las distintas organizaciones de izquierdas de todo el estado para impulsar un proceso de unificación. En las asambleas realizadas en Madrid convocadas por la Coordinadora de Estudiantes de Izquierdas —mayoritaria en la Universidad Complutense de Madrid— y por la Federación de Asociaciones de Estudiantes de Izquierdas —mayoritaria en la Universidad Autónoma de Madrid, para preparar las ultimas luchas, los estudiantes demostraron su predisposición a la unidad. Ahora solo falta que los dirigentes de estas organizaciones pongan empeño en seguir avanzando.

Desde luego la organización estudiantil promovida por el aparato del PSOE, la AES, de la que forman parte integrante ADEA y AJEC; hoy juegan un papel de oposición y se vinculan a las luchas contra el PP, aunque no dudamos que se desvincularán de estas en la medida en que lo diga la dirección del PSOE. Sus intereses son burocráticos y están muy alejados de los de los estudiantes, defendiendo posturas reformistas que no van a la raíz de los problemas. El mejor ejemplo del papel que juegan en las luchas, es el que se esta dando en Zaragoza, rompiendo la unidad de acción y convócando con una organización estudiantil con influencia derechista, vinculada al PAR —Partido Aragonés— que gobierna con el PP en Aragón y presta apoyo parlamentario al gobierno de Aznar—. Si nos remontamos a las luchas del 96 y en la Huelga en Aragón por unas transferencias dignas en el 97, ADEA fue de esquirol en todas ellas.

La Federación está por crear, aunque esto no se puede lograr de la noche a la mañana. De hecho, la división que hoy existe entre las diferentes organizaciones estudiantiles es un obstáculo para conseguirlo, dado el sectarismo que existe entre ellas.

La división sólo nos perjudica a nosotros y beneficia a nuestro enemigo. Hemos de defender nuestros derechos de la forma más inteligente y efectiva posible, superando los intereses de los aparatos burocráticos que existen en algunas organizaciones. Y eso no es fácil de conseguir.

Siempre van a existir diferentes corrientes políticas, pero en una organización que prime la democracia interna, se garantiza la defensa de tus ideas. Mientras esto ocurra, estamos seguros que se podrá trabajar Federación estatal unitaria en la defensa de los intereses de la juventud.

EN DEFENSA DE LOS DERECHOS DE LA JUVENTUD.

La burguesía es consciente de que si la confianza en el sistema y su ideología se resquebraja, quedaría gravemente dañado uno de los pilares fundamentales de su poder político. La historia del movimiento estudiantil es rica en manifestaciones de rechazo al sistema y su ideología.

He ahí una de las tareas más importantes de los estudiantes de izquierdas y sus organizaciones: combatir las ideas y los prejuicios del sistema, oponiendo ideas que representen los intereses de nuestra clase, la clase trabajadora.

Debemos exigir una enseñanza participativa, racional y
democrática que se base en estimular el espíritu creativo y crítico y no en domesticarlo.

Evidentemente nosotros luchamos contra el modelo educativo vigente que se apoya en fomentarla competencia entre los jóvenes. Esa enseñanza pública, laica, democrática, científica y de calidad se concreta en una serie de reivindicaciones esenciales:

• Enseñanza pública y gratuita para todos los grados educativos.

• Prioridad de la educación en el gasto presupuestario, partiendo de un 7% del PIB. Congelación de las subvenciones ala privada y progresiva incorporación de ésta ala red pública.

• Una enseñanza de calidad, desmasificada y con el profesorado necesario y suficientemente preparado.

• Una enseñanza democrática en la que se respeten los derechos básicos (huelga asamblea y reunión en horario lectivo); en la que desaparezcan los obstáculos y trabas que dificultan el desarrollo educativo de los jóvenes (revisión del sistema de exámenes en favor de la evaluación continua, basándose en los trabajos prácticos y participativos en vez de la prueba individual y puntual)como la selectividad y los números clausus; paritaria en cuanto a composición de los órganos de gobierno de institutos, colegios y universidades.

En definitiva, un sistema educativo al servicio de la mayoría de la sociedad, que contribuya a formar hombres y mujeres libres e inteligentes.


TERMINAR CON EL GOBIERNO. ROMPER EL PACTO SOCIAL.

El periodo actual se caracteriza por un aumento de la confianza de la burguesía y sus representantes políticos. Con el «viaje al centro» esperan tener el gobierno en sus manos otros tres o cuatro años. Su supuesta línea de «centro» no significa que rebajen sus intenciones, simplemente expresa la rentabilidad de sus acuerdos —firmados o sin firmar— con los dirigentes sindicales, e incluso con el PSOE, en temas clave como la reforma laboral del 97, ci pacto de las pensiones, la existencia de las ETTs y subcontratas, la moderación de los salarios y en especial en el proceso de construcción europea.

La situación económica de crecimiento, junto con la venta masiva de empresas estatales rentables, ha ayudado al gobierno de la derecha a llevar adelante sus políticas de traspaso descarado y gigantesco de recursos a los ricos. El “España va bien” se ha convertido en una de sus mas celebres consignas propagandísticas, el problema es ¿Para quien? Las tres medidas más recientes han sido la reforma del IRPF, el regalo de 1 ‘3 billones de pesetas a las grandes compañías eléctricas —que pagaremos los de siempre con un aumento en el recibo de la luz— y la reducción del precio del dinero al 3’5%, los realmente beneficiados por esta medida serán los bancos, que comprarán el dinero mucho más barato y seguirán vendiéndolo al precio de antes —excepto para los clientes «distinguidos»—. Coincidiendo en el tiempo, se recorta el dinero destinado al desempleo en cientos de miles de millones.

Los estudiantes tras mas de cinco huelgas generales e innumerables jornadas de lucha locales o provinciales sabemos lo caro que resulta conseguir frenar la política reaccionaria del PP. Cuando las reivindicaciones afectan a los beneficios de los ricos o se exigen mas derechos democráticos el gobierno a demostrado ser el heredero de la mas rancia derecha española. La represión contra los mineros de Asturias, contra las luchas estudiantiles o el aumento del presupuesto destinado a los cuerpos de «seguridad» es la otra cara de la moneda «centrista».

El PP no va a cambiar su política, los reajustes del partido y el gobierno, no son sino preámbulo de una política mucho más agresiva. La única forma de acabar con esa política de más para los ricos, es acabar con el PP. Para conseguirlo es imprescindible la unidad de acción de toda la izquierda, en torno a un programa de transformación social. Es desde la base y la lucha como se forja la unidad de la izquierda A los dirigentes del PSOE izquierda unida debe ofrecerles otra vez la unidad, pero para defender: las 35 horas sin reducción salarial, la eliminación de la precariedad laboral, un subsidio de desempleo para todos los parados, un Salario Mínimo Interprofesional (SM!) decente, no inferior a 100.000 pesetas mensuales, una enseñanza pública de calidad, equiparación de todas las pensiones a este SMI, viviendas de protección oficial que cubran las necesidades reales y a precios asequibles...

Los dirigentes sindicales, en especial los de CCOO, opinan que los sindicatos deben de ser apolíticos, a favor de la pretendida «autonomía». Nosotros no podemos ser neutrales en ningún momento, nadie lo es. La postura mantenida por Antonio Gutiérrez (Secretario General de CCOO) sólo demuestra que no está interesado en que TU crezca, ya que buena parte de su militancia está afiliada a CCOO y la coalición está absorbiendo gran parte del descontento acumulado entre el movimiento sindical.

Un apoyo a IU es la mejor manera de lograr un gobierno realmente de izquierdas, siempre y cuando, no de un cheque en blanco a los dirigentes socialistas. Nosotros reclamamos el voto de la juventud para IU. Pese a sus limitaciones y errores —como el apoyo al Código Penal— IU es la organización de masas más a la izquierda, y la que puede jugar un papel decisivo en la unidad de los estudiantes de izquierdas.


TRANSFORMAR LA SOCIEDAD.

Pese a que como explicábamos el capitalismo intenta adoctrinar a la juventud con todos los medios a su alcance, no pueden ocultarnos las terribles consecuencias de un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre. A cada paso de este sistema las riquezas y privilegios se concentran cada vez en menos manos con la creación y fusión de grandes compañías multinacionales, a cada paso, también, la miseria se extiende a cada vez más personas. Sólo en el Estado español existen 8 millones de pobres (según el último informe de Cáritas), en Estados Unidos —el país más poderoso de la tierra— ya son 40 millones viviendo en la miseria, 37 millones no tienen cobertura sanitaria, 27 no saben ni leer ni escribir y un millón y medio están presas. En el llamado tercer mundo la situación está dando escenas de autentica barbarie, con cruentos genocidios, hambre generalizada, explotación de más de 250 millones de niños como mano de obra barata... Si algo puede definir el andar de esta sociedad senil es el viejo dicho «de los ricos cada vez más ricos, los pobre cada vez más pobres» —K Marx—.

Para nosotros la única manera de defender nuestros derechos es la lucha y la organización consciente de la juventud. Lo primero es luchar por una enseñanza de calidad para los hijos de los trabajadores y por el derecho a un empleo digno al terminar nuestros estudios. Pero ¿Es capaz el capitalismo de satisfacer nuestras demandas? Evidentemente no. Mientras exista una sociedad dividida en clases no podemos hablar de una enseñanza igual para todos y la propia existencia de estas clases justifica ¡a explotación de una mayoría para la satisfacción de los inmensos beneficios de una minoría. Nuestras reivindicaciones básicas, fiel reflejo de nuestros intereses, son revolucionarías en la medida en que este sistema es incapaz de garantizarlas.

En el mundo existen recursos suficientes para asegurar una vida digna para todos, el problema no es otro que estos están al servicio de una minoría. Los burgueses se escandalizan cuando proponemos abolir la propiedad privada de los medios de producción y nos responden demagógicamente que ha que defender el derecho a la propiedad privada de todas las personas. La realidad es que la mayoría de la población de todos los países carecen de cualquier propiedad más halla de quienes tienen la suerte de tener vivienda y medio de transporte. La inmensa mayoría de las familias viven gracias al trabajo asalariado en las empresas, fábricas y latifundios agrícolas de una minoría. Sólo los burgueses tiemblan miedo ante la abolición de la propiedad privada «Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. »

Los estudiantes de izquierdas tienen que explicar que el único medio por el que un gobierno de izquierdas puede resolver de forma definitiva los problemas que agobian hoy a la mayoría de la sociedad y garantizar un futuro digno para todos, es mediante la planificación democrática y racional de los recursos económicos en beneficio de la mayoría de la población. Hay que rechazar con argumentos que el capitalismo sea el único sistema posible, y demostrar que es necesario socializar los cinco grandes grupos bancarios privados y las cincuenta grandes empresas que facturan más de 100.000 millones de pesetas al año, para poner toda esa riqueza que es producto de la labor colectiva al servicio de todos. Si esos grandes recursos no están en manos del Estado, serán ellos los que determinen la política que deben seguir los gobiernos. En esas circunstancias, cualquier gobierno de izquierdas acabará administrando la miseria y desilusionando a las masas, como le ocurrió al anterior gobierno de Felipe González.

La experiencia demostrará a la mayoría de la clase obrera y estudiantes que no sólo hay que echar al PP del gobierno, sino que es necesario lograr una sociedad socialista.


Zaragoza, Febrero 1999