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A vueltas
y revueltas con la cuestión nacional
El Gobierno de ZP y la cuestión
nacional
Las Jornadas que vivieron los trabajadores
en el Estado español, después de los atentados del
11M, fueron el reflejo de una acumulación de rabia entre
los jóvenes y trabajadores, que habían salido anteriormente
a la calle para frenar las medidas neoliberales del Partido Popular
(PHN, LOCE, el Decretazo que culminó en la Huelga General
del 20J, la Guerra en Irak, etc….). Alguna de ellas la burguesía
española las necesitaba en post de, por ejemplo, privatizar
la escuela pública (LOCE) o eliminar el subsidio de desempleo,
con lo que se conseguiría tirar a la baja el sueldo de los
obreros (Decretazo). Ya en su primera legislatura el PP había
impulsado toda una serie de privatizaciones de grandes empresas
públicas como Telefónica, Repsol, Endesa…. que
se iban incluyendo en el mercado internacional, con el fin de que
fueran “rentables” para competir con otras potencias
imperialistas como EEUU y el resto de países europeos.
Después del 11M, la burguesía
más conservadora representada por el Partido Popular tuvo
que dejar paso, en las elecciones del 14M, al PSOE. Que, por otra
parte, no subió al poder como una alternativa política
para la clase obrera, no se le veía como su representante
que poseyera un programa socialista para defenderla, sino como un
recambio político que utilizó con el fin de desalojar
inmediatamente al PP. Fue un ejemplo del llamado “voto útil”.
En este contexto, subió al poder un sector de la burguesía
más moderado en las formas que el anterior Gobierno conservador
y despótico. El representante de la burguesía tradicional
era desalojado de la Moncloa a la vez que, gracias a gestos de izquierda
del actual gobierno, crecía la ilusión de los trabajadores
españoles en que el PSOE iba a suponer un cambio en la situación.
En vista de esto, la burguesía
de las distintas regiones y comunidades autónomas han visto
en esta situación una oportunidad de oro para poder regatear
más competencias a la burguesía moderada y centralista,
que ha llegado al poder con el PSOE. Es decir, en ahondar aún
más los recortes en los derechos de los trabajadores de sus
comunidades autónomas. El PSOE se encuentra “comprometido”
con los trabajadores, y por ello, le resulta difícil, por
el momento, ir aplicando medidas neoliberales, quiere hacerlo todo
con el acuerdo de los sindicatos, sin entrar en conflicto directo
con su base electoral. Aunque, allí donde las direcciones
sindicales se han plegado al gobierno hemos visto que tipo de políticas
quiere aplicar ZP, las mismas que proponía el PP. Nos podemos
hacer una idea de estas medidas si echamos un ojo a la nueva reforma
educativa, la Ley Orgánica de Educación, la LOE. En
este contexto nacen las propuestas de las camarillas burguesas y
clases dominantes del País Vasco y Cataluña , el ejemplo
más reciente es el Estatuto de Cataluña. Se buscan
mayores competencias para administrar los impuestos, y para atacar
a los trabajadores mucho mas rápido de lo que lo hace la
burguesía centralista.
Verborrea reaccionaria del Partido
Popular y táctica conciliadora de la CEOE.
Por otra parte, en estas circunstancias,
la burguesía central, representada mayoritariamente por la
CEOE, no ve en sí un problema los diversos estatutos de autonomía,
pero sí, que estos estatutos no se hagan con el consenso
de los dos grandes partidos patronales. Así podemos ver como
el representante de la CEOE, José María Cuevas, expresaba,
respecto a la actitud del Partido Popular, que “si además
resulta que el principal partido de la oposición, que tiene
un apoyo importante de parte de los ciudadanos, está diciendo
todo lo contrario, pues la sociedad se divide, lo que termina afectando
a los empresarios, porque son una parte de la misma”. De aquí,
que en un principio la secretaria ejecutiva de Política Territorial
del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, consideró
que "si el PSOE hubiera tenido verdadera voluntad de consenso
no hubiera dado marcha atrás" a la oferta realizada
por el presidente del PP, Mariano Rajoy, de pactar todos los Estatutos
de Autonomía entre los dos principales partidos.
Esta táctica de la burguesía
ha nacido en el contexto antes narrado, en el cual, la rabia social
acumulada entre los trabajadores y masas populares era un hecho
real. La patronal no quiere caer en el “divide y vencerás”,
puesto que si los dos grandes partidos patronales, junto con las
burguesías locales, llegan a un consenso, la clase obrera
podrá sufrir de nuevo un periodo de derrota tras derrota.
De ahí la queja del nuevo presidente de la CEOE de la falta
de consenso entre los partidos patronales en el acuerdo de los procesos
estatutarios.
El porqué de la actitud “antitodo”
del Partido Popular, a pesar de haber propuesto al otro partido
patronal (PSOE), en un principio, un consenso en los estatutos de
autonomía, se debe al reflejo de la base social de la cual
depende, en muchos casos, orgánicamente. Y la cual (unos
10 millones de personas, incluidas empresarios y mayoritariamente
pequeñaburguesia reaccionaria) están sosteniendo al
Partido Popular.
En estos momentos, la política
reaccionaria del PP no corresponde a las necesidades directamente
económicas de la burguesía central, sino de ese electorado
y militancia reaccionaria que le obliga a lanzar un discurso despótico
y fascista contra todo movimiento nacionalista o de “izquierdas”
(tanto su verborrea ante hechos como las declaraciones del General
Mena, o como la del boicot a productos catalanes no beneficia en
ningún momento a la burguesía en general –tanto
catalana como central-). Cuando a Cuevas le preguntaron sobre la
campaña contra los productos catalanes explicó que
“eso está unido al debate político entre el
Gobierno y la oposición que, por así decirlo, es a
cara de perro, porque no hay un consenso mínimo en temas
trascendentales. Después aparece la gente que opera en la
marginalidad y defiende un boicot [a las empresas y productos catalanes],
lo cual es un solemne disparate. CEOE ha condenado eso desde el
principio”.
Por tanto, esta actitud del PP no es
tanto en contra del Estatuto de Cataluña como el de mantener
a un electorado y militancia reaccionarios. Puesto que la burguesía
catalana no veía por qué tanta crispación del
PP ante una reforma que le beneficiaba, y en la cual muchos puntos
eran puntos propuestos por ellos mucho antes. Esta discordia ha
llegado hasta el punto de la intención de expulsar a Piqué
del Partido Popular por hacer unas declaraciones a favor de las
modificaciones hechas al Estatuto.
A pesar de esto, no podemos caer en
la tentación de disimular las luchas que existen entre la
burguesía central y la burguesía local catalana. Existen,
y se pueden ver en las nuevas elecciones que hubo dentro de la CEOE
en la que el sector catalán fue barrido por el sector de
Cuevas. Y, además, el Estatut es un ejemplo de cómo
la burguesía local catalana intenta buscar más vías
de financiación y de gestión económica y política
propia para adelantar sus planes de mayor competitividad y porcentaje
de beneficios frente a la burguesía central. Pero, sin olvidar
que es una táctica frente a la nueva situación creada
por el Gobierno de Zapatero, y que ellos tampoco quieren romper
la unidad de mercado del Estado español. Así podemos
ver como el Conseller de Relaciones Institucionales y Participación
de la Generalitat, Joan Saura, afirmó sobre el proceso estatutario
catalán que el proyecto "no es que sea intervencionista:
es que (lo que prevé) lo hace otra administración"
no estatal; afirmó que "ni un artículo pone en
peligro la unidad de mercado", que es "un principio por
el que todas las administraciones deben velar".
Por lo tanto el Estatut refleja por
un lado el regateo entre la burguesía catalana y la central.
En medio de la pelea la burguesía periférica se encuentra
cohesionada, pero la centralista está dividida. Un PSOE que
está dispuesto a ceder parcialmente a las demandas catalanas,
y un PP que es su estrategia de erosionar al gobierno y recuperar
las calles (que en los últimos años eran de los jóvenes
y trabajadores de izquierdas que luchaban contra su gobierno) se
opondrán a todo lo que haga el gobierno con un discurso nacionalista
español. La patronal, CEOE, no acaba de confiar en esta estrategia
del PP, es consciente que mientras exista tal división entre
los partidos patronales va a estar difícil llevar adelante
ataques frontales contra las conquistas de los trabajadores.
El Estatut, y la utilización demagógica
del derecho de autodeterminación.
Ante todo podríamos resumir
el proceso del “Estatut” en dos momentos importantes:
Cuando se votó en setiembre pasado en el Parlament de Catalunya
(PSC, ERC, CiU, ICV-EUiA) en contra del PP. La clave era la definición
de Catalunya como Nación y el financiamiento donde Cataluña
empezaría a cobrar y gestionar todos los impuestos de su
territorio. A la burguesía centralista española esto
le pone los pelos de punta porque le quita dinero, financiamiento
que quedaría en manos de una Autonomía. El otro momento
clave es la negociación del Estatut entre PSOE y CiU. Aquí
se relega la definición de Nación a la parte del Preámbulo
y en la financiación se recorta la cantidad de impuestos
a gestionar por Cataluña a la mitad. Aquí podemos
ver que en el regateo la burguesía catalana ha renunciado
a parte de sus aspiraciones iniciales.
La clave para entender éste
proceso no pasa tanto por la cuestión de la autodeterminación
en sí. La burguesía catalana sólo usa éste
sentimiento que se extiende dentro de las clases medias catalanas
y algún sector obrero. La burguesía catalana, que
quiere tener unas mejores competencias en un Estado con autonomía,
nada más, no pretendía, ni pretende levantar la bandera
por el derecho democrático de los pueblos a elegir su relación
con el resto del estado español, sino el de utilizar demagógicamente
un derecho que debería ser obligatorio en una democracia,
para dotarse del apoyo de parte de los trabajadores y las clases
medias, con el objetivo de racanear más dinero a la burguesía
central. Pero, sin deshacerse de ella, puesto que si no está
unida a ella en un mercado interior como el español le será
mas difícil sobrevivir en el mercado internacional frente
a otros países, en el cual, la burguesía catalana
(aunque parezca irónico) se mantiene conviviendo en estructuras
económicas y financieras junto a la burguesía central,
como es el ejemplo de La Caixa y otras empresas. Es decir, no puede
levantar consecuentemente el derecho a la autodeterminación,
sin correr el riesgo de tener que deshacerse del lujoso mercado
español. Y por supuesto, para los empresarios antes esta
el Capital que la ficticia Patria.
Por el contrario, el Estatuto Catalán
solo significa un medio de, por un lado, de ganar más competencias
para administrar a su antojo los impuestos, y por otro lado, tener
más competencias para ir aplicando por su cuenta medidas
que ataquen a las conquistas de los obreros. Es más, si nos
centramos en el puntos que se refieren a las “Competencias”
de Cataluña no solo hace referencia a la “regulación
de las condiciones de obtención, expedición y homologación
de títulos académicos y profesionales” (es decir,
más poder en la decisión de la elitización
de la escuela pública), sino en el “régimen
de estancia y residencia de extranjeros y el régimen sancionador
de extranjería” (es decir, la regulación de
entrada y salida de mano de obra barata), como también sobre
competencias tan importantes como la “gestión de las
infraestructuras de telecomunicaciones situadas en Cataluña”
y “capacidad de gestión de los puertos y aeropuertos
situados en Cataluña.
El derecho a la autodeterminación
es un derecho democrático de todo pueblo. Los socialistas
revolucionarios lo defendemos consecuentemente, pero por ello precisamente
debemos denunciar la utilización demagógica que hacen
las burguesías nacionalistas del mismo. Lo usan para dotarse
una base popular de apoyo en su regateo de condiciones con la burguesía
central. El derecho de un pueblo a decidir libremente su relación
con el estado español es algo inaceptable por el capitalismo,
pues ni la patronal española, ni la vasca o catalana, van
a aceptar el riesgo de una separación. Esto rompería
el mercado español, algo que no beneficia ni a unos ni a
otros. Los pueblos sólo pueden ser libres para elegir en
una sociedad que no se rija por los intereses de las empresas. Por
ello hay que vincular la lucha por este derecho democrático
con la lucha por el fin de la dominación de la burguesía.
Sólo en una sociedad socialista podrán ser atendidas
las demandas nacionales. Por ello, defendemos el derecho a la autodeterminación,
pero estamos por que la clase obrera catalana se mantenga unida
a sus hermanos de clase del resto de las regiones españolas.
La lucha del proletariado español y catalán contra
sus respectivas burguesías es la única vía
para garantizar el derecho de autodeterminación de los pueblos.
Por unas Cortes Constituyentes.
Cuando al burguesía central
y periférica entran en una disputa sobre el trozo de pastel
a gestionar por cada cual los trabajadores no podemos alinearnos
con ninguno de los dos bandos. Ellos quieren discutir sobre que
nivel de autonomía tiene una respecto de la otra. No apoyaremos
ni el intento centralista de control absoluto, ni el intento de
la burguesía periférica de mejorar sus condiciones
para llevar adelante una mejor explotación de su clase obrera
regional. Debemos dotarnos de una postura independiente como clase
social antagónica a las dos alas burguesas en disputa.
Los trabajadores queremos que se discuta
sobre una amplia gamas de temas que ellos conscientemente pasan
por alto. Cuando la burguesía regional impulsa la reforma
del estatuto de autonomía de su territorio, esta planteándose
renegociar su relación y autonomía con la burguesía
central. Los revolucionarios debemos explicar pacientemente que
la clase obrera debe participar de forma independiente en este proceso,
poniendo en discusión no sólo el régimen autonómico,
sino todo lo demás. Debemos luchar por un proceso de reforma
realmente democrático, con participación de toda la
sociedad a través de consejos. Y puestos a discutir, debemos
sacar nuestro programa para hablar de la propiedad de los medios
de producción, los cuerpos represivos…Hay que pelear
por verdaderos procesos constituyentes en los que la clase obrera
pueda plantear sus reivindicaciones.
En el caso de la reforma de los estatutos
que estamos viviendo debemos luchar por procesos constituyentes
de este tipo en todas las comunidades autónomas, que culminen
en unas Cortes Constituyentes que se basen en la libre discusión
en consejos de todos los problemas que consideremos necesario.


AFILIATE PARA ORGANIZAR Y EXTENDER
LA LUCHA!
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