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Breve Historia
del Movimiento Estudiantil
segunda entrega
LA HUELGA ESTUDIANTIL DE 1929
La FUE convocó sus primeras
luchas inmediatamente después de su fundación en 1927.
Ese mismo año el profesor socialista Jiménez de Asúa
(4 años más tarde diputado del PSOE) fue expedientado
por su discurso anti-clerical en un Conferencia sobre la «Eugenesia
y la maternidad». La reacción y especialmente un diario
católico - «El Debate»- exigieron a Primo de
Rivera que tomara medidas contra él. Fue expedientado y suspendido
de empleo y sueldo durante un mes.
La FUE no tardó en reaccionar en defensa de Jiménez
de Asúa, y de la libertad ideológica y de expresión.
Convocó una huelga de 24 horas en la Universidad dé
Madrid, durante la cual grupos de estudiantes radicales apedrearon
la redacción de «El Debate». Además se
organizó entre los estudiantes una colecta para suplir el
sueldo suspendido del profesor y se recogieron firmas en su apoyo.
Esta fue la primera lucha organizada por la FUE, aunque, sin duda
alguna, su movilización más importante fue la huelga
estudiantil de 1929.
En 1928 la dictadura «Primoriverista» reformó
el artículo 53 del Estatuto universitario, reconociendo a
la Universidades privadas de la Iglesia el derecho a titular a sus
propios licenciados. Hasta entonces eso sólo correspondía
a las Universidades públicas. Así a partir de entonces,
las universidades religiosas podían expedir títulos
universitarios oficiales; se beneficiaban con esta «contrarreforma»
especialmente las órdenes de los jesuitas y agustinos, que
tenían en funcionamiento la Universidades de Deusto y El
Escorial.
La reforma del artículo 53 causó una auténtica
conmoción en el ámbito universitario, tanto entre
los profesores como entre los estudiantes. La lucha se entablaba
entre la escuela privada y la escuela pública, y polarizó
a toda la sociedad durante meses.
En una asamblea celebrada en Madrid a la que asistieron representantes
de todas las universidades, se exigió la suspensión
del artículo 53 y se amenazaba con una huelga general si
no había respuesta positiva en 8 días. Esta huelga
convocada a nivel estatal y de forma coordinada se convertía
por primera vez en una poderosa arma en manos de los estudiantes.
Hasta entonces se habían producido huelgas, pero siempre
de forma descoordinada y casi semiespontánea.
Los dirigentes estudiantiles, especialmente de la FUE ampliaron
las reivindicaciones. A la supresión del artículo
53, añadieron el aumento de la representación estudiantil
en el Patronato del Gobierno de la Universidad, donde sólo
había dos estudiantes y se exigió un aumento de sus
funciones.
El 7 de marzo se convoca la huelga ante la negativa del Régimen
a hacer concesiones. Un día antes Primo de Rivera hizo publicar
un comunicado amenazando con la pérdida de matrícula
a todo el que no entrase en clase. También, ese mismo día,
Sbert dirigente conocido de la FUE, es detenido por la policía.
Esto enfureció más a los estudiantes y politizaba
el conflicto debido a la actitud represiva de la Dictadura.
Martínez Anido, Ministro de Gobernación, telegrafió
a los gobernadores civiles diciendo: «Reprima movimiento estudiantil
a toda costa. STOP. Comuníquenos el nº de víctimas».
Hubo duros enfrentamientos entre huelguistas y policía, y
al final ésta entro en la Universidad central de Madrid donde
quedó un retén de guardia. El Gobierno de Primo de
Rivera ordenó la pérdida de matrículas a los
huelguistas y suspendió en sus funciones al Claustro y autoridades
académicas. La represión del régimen iba en
aumento e iba a provocar la generalización y extensión
de la lucha a prácticamente todo el Estado. En Madrid eran
muchos catedráticos los que apoyaban abiertamente a los estudiantes.
En Salamanca, Valladolid, Sevilla, Oviedo y Santiago, la huelga
fue un éxito rotundo. El 14 de marzo la policía detiene
en sus domicilios a varios dirigentes de la FUE, tras lo que se
creó un Comité Pro Presos. La cárcel Modelo
pasó a llamarse «Ciudad Universitaria». A cada
instante se oían nuevas voces alzarse contra la Dictadura
y la Monarquía, el conflicto era abiertamente político
y venía a anticipar la caída del dictador Primo de
Rivera.
El 1 de abril al percibir el éxito de la movilización,
de la que se tenían noticias en Europa, el Comité
Nacional de Huelga decidió continuar con la lucha. La respuesta
del Gobierno fue cerrar las Universidades de Barcelona, Oviedo y
Salamanca. Primo de Rivera sólo tenía dos caminos:
Ceder admitiendo su derrota, o recurrir a la represión para
intentar aplastar el movimiento. Eligió la segunda opción,
y sensibilizados con la represión amplios sectores de la
población pasaron a apoyar a los estudiantes.
Estos vuelven a clase, pero dispuestos a salir de nuevo a la lucha,
esta vez para exigir la libertad inmediata de los dirigentes detenidos.
En enero de 1930 la FUE volvía a movilizar masivamente a
los estudiantes.
El clima de inestabilidad era general, la izquierda ganaba posiciones
y se acercaba la llegada de la República.
El 28 de enero Primo de Rivera dimite y son puestos en libertad
todos los estudiantes detenidos, incluyendo a Sbert, que es recibido
en la Universidad en honor de multitudes. Se cerraba así
una de las páginas más brillantes de la historia del
movimiento estudiantil.
El ambiente existente era de euforia y para describir lo que sucedía
podemos recurrir a un historiador franquista, Víctor Fragoso,
que sobre esa época dice: «La mayoría de los
estudiantes eran, desde luego, revolucionarios, ateos, socialistas
o comunistas, atacados de rusofilia». Ni siquiera la burguesía
podía cerrar los ojos ante el ascenso de la revolución.
A partir de ahí, hasta el final de la Guerra Civil los trabajadores
son los protagonistas de la situación. A nivel del movimiento
estudiantil es de destacar que a partir de la caída de Primo
de Rivera la burguesía empieza a organizar a sus cachorros
con el fin de acabar con el predominio de la izquierda en la Universidad.
Crean en 1930 la Asociación de Estudiantes Tradicionalistas
(ATT) con cierta implantación en Madrid y en Navarra. En
19321 se forman las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica
y en octubre de ese mismo año se fundan las Juntas de Ofensiva
Nacional Sindicalistas (JONS). La llegada al poder de Hitler en
1933 estimuló la actividad de estos grupos fascistas.
En noviembre de 1933 los falangistas formaron el Sindicato Español
Universitario (SEU) como la alternativa de derechas frente a la
FUE.
A partir de entonces los enfrentamientos entre ambas organizaciones
fueron constantes. Los falangistas desde el principio utilizaron
la violencia para frenar el avance de las organizaciones de izquierda
entre la juventud.
Paralelamente y tras la victoria de la izquierda en las elecciones
de abril de 1931, cae la Monarquía de Alfonso XIII, y entre
los estudiantes aumenta como nunca la influencia de las Juventudes
Socialistas (JS) y de la Juventud Comunista (JC). La polarización
social iba en aumento y en sectores de la FUE aparecían intentos
de armarse ante el enfrentamiento que se estaba preparando.
Durante la Guerra Civil, no hay actividad propiamente estudiantil.
Los estudiantes luchan junto a los trabajadores por la revolución
y sólo tres universidades situadas en la zona republicana
(Barcelona, Valencia y Murcia) desarrollaron una actividad lectiva
relativamente normal.


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