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Lecciones
de las Jornadas Revolucionarias de Bolivia
Para comprender los últimos
acontecimientos acaecidos en Bolivia es necesario comprender su
historia y la de su heroico pueblo. La lucha de clases a lo largo
del siglo XX ha sido casi una constante.
En 1952 los oprimidos del país, encabezados por los mineros,
protagonizaron la primera experiencia revolucionaria de importancia.
La consecuencia más destacada fue la creación de la
Central Obrera Boliviana (COB), única central sindical del
país.
En 1970, en medio de un ciclo de luchas revolucionarias en todo
el mundo, el pueblo boliviano vuelve a la batalla, construyendo
un embrión de órgano de doble poder, que puso en jaque
a su oligarquía nacional y al imperialismo. Se trataba de
la Asamblea Popular, que tuvo que ser masacrada para derrotarla.
También en este caso, los mineros a jugaron nuevamente el
papel de vanguardia.
Durante los 80 hubo también importantes luchas, que se resistían
a las políticas neoliberales. La debilidad del movimiento
obrero internacional tras la derrota de los 70 fue un factor clave,
como en otros muchos puntos del planeta, para evitar una victoria.
El inicio de un nuevo ciclo de luchas.
Con la entrada en el nuevo siglo el
ciclo de luchas se volvió a reactivar, y se ha ido agudizando
a lo largo de estos años. Todavía el proceso sigue
vivo.
La guerra del agua de Cochabamba en 2000 fue el pistoletazo de salida.
Mientras en todo el mundo aparecía el movimiento antiglobalización
como una expresión inicial contra el imperialismo y las políticas
neoliberales, los campesinos bolivianos protagonizaban la movilización
más enérgica contra todo esto. Indígenas y
campesinos de Cochabamba lograban evitar la privatización
del agua en su provincia después de unas intensas movilizaciones.
Las Jornadas de Febrero y Octubre de 2003
De aquí al 2003 la conflictividad
sectorial y las reivindicaciones de indígenas, campesinos,
pobres urbanos y trabajadores fueron en aumento. Hasta que en Febrero
de 2003 el gobierno de Sánchez de Lozada anuncia un impuesto
entre el 4,2 y el 12,5 sobre los salarios. La explosión social
logró paralizar el denominado por el movimiento “impuestazo”,
aunque con un saldo de 33 muertos y 210 heridos. Pero los sectores
en lucha ya anunciaron que si se pretendía vender el gas
del país la huelga general sería inevitable y necesaria.
Así se anunciaría en Septiembre de 2003, dando origen
a las jornadas revolucionarias de Octubre. El nuevo ataque contra
los pobres es respondido con bloqueos de caminos y marchas por todo
el país. La Huelga General Indefinida dio el golpe de gracia
al presidente, que dimitiría, no sin antes haber puesto toda
la resistencia posible causando 73 muertos y 520 heridos. Todos
los crímenes de Sánchez de Lozada siguen impunes.
La ausencia de órganos de poder de los trabajadores, campesinos
e indígenas, hizo posible un recambio burgués. Además
en ese momento la burguesía boliviana aún tenía
un margen de maniobra para vender otro presidente que solucionaría
los problemas que habían llevado a Octubre. El elegido fue
Carlos Mesa, que gobernará los siguientes 18 meses tratando
de contener el descontento popular. Todo esto con el apoyo de Evo
Morales (dirigente del Movimiento al Socialismo) y Felipe Quispé
(máximo dirigente indígena).
Las Jornadas Revolucionarias de 2005.
Sin embargo los problemas que padece
el pueblo boliviano no se han solucionado ni mucho menos. Mesa ha
seguido aplicando los dictados del FMI y el BM, y ha respetado todos
los contratos con las multinacionales del gas. Además los
acuerdos firmados con los dirigentes sociales que apoyaban el gobierno,
englobados en la llamada “Agenda de Octubre”, no se
cumplieron.
El carácter comisionista de la burguesía boliviana,
atada por numerosos vínculos con el imperialismo, les podía
permitir retrasar la venta de los recursos del país por un
tiempo, para contener a las masas, pero no hacerlo indefinidamente.
De hecho, la actitud de los empresarios más ricos del país,
situados en el Oriente (con centro en Santa Cruz), fue de acoso
a Mesa, presionándole para que pusiera fin a esa “tregua”.
Al mismo tiempo los estallidos sociales, han sido periódicos
en el país, con numerosas luchas sectoriales, que llegaron
a su punto más álgido en Marzo de 2004. Otra vez la
privatización del agua, esta vez en El Alto (ciudad pobre
anexa a La Paz) fue el motivo para desatar el movimiento. Un Mesa
acosado por ambos lados llegó a anunciar su dimisión,
y de nuevo el MAS jugó el papel de pata izquierda del régimen,
desconvocando las protestas.
Sin embargo la venta del gas como necesidad inminente debía
llevarse a cabo. Así en Mayo Mesa sacaba su Ley de Hidrocarburos,
idéntica al plan de Sánchez de Lozada. La salida de
las masas a la calle estaba anunciada, poniéndose fin a la
contención relativa obtenida por Mesa durante 18 meses.
Desde el 16 de Mayo comenzaron los bloqueos de caminos, marchas,
piquetes... por todo el país, extendiéndose paulatinamente.
A comienzos de Junio Bolivia estaba completamente bloqueada. Campesinos,
trabajadores, pobres urbanos e indígenas eran los protagonistas
en la calle. Además 9 plantas de multinacionales del gas
fueron ocupadas, y el resto militarizadas para defenderlas del pueblo.
El 6 de Junio se celebró en La Paz un Cabildo con la asistencia
de decenas de miles de personas. Allí la Federación
de Mineros propuso la creación de una Asamblea Popular, retomando
la tradición del 70. Era la única vía para
construir un instrumento capaz de sustituir al decrépito
sistema de instituciones burguesas. Además era una necesidad
del propio pueblo para poder abastecerse de alimentos y otros bienes,
dado que la lucha estaba empezando a afectarles a ellos mismos.
Tras el Cabildo Mesa dimitió, y el Parlamento comenzó
a sesionar en Sucre.
El 8 de Junio en El Alto, se realizó la primera sesión
de dicha asamblea. Allí se acordó formar comisiones
de abastecimiento y autodefensa entre otras. Algunos activistas
defendían la creación de asambleas en todos los distritos,
centros de trabajo, comunidades indígenas y campesinas. El
proceso se quedó en sus inicios, en gran parte por la actitud
de los dirigentes de la FEJUVE (Federación de Juntas Vecinales
de El Alto), el POR (Partido Obrero Revolucionario) y la COB, que
usaron la consigna de Asamblea Popular como medida de presión
contra el Parlamento, para evitar que se nombrara como sucesor de
Mesa al ultraderechista Vaca Díez. No realizaron ninguna
acción concreta para facilitar la creación de asambleas
en otras zonas.
El 10 de Junio los mineros marcharon sobre Sucre para cerrar el
Parlamento. La muerte de un minero, asesinado por la policía,
podía provocar, como ya ocurriese en 2003, un levantamiento
mucho más masivo y violento imposible de contener. Ante esta
situación la burguesía boliviana renunció a
imponer al más fiel representante suyo y de las multinacionales,
Vaca Díez, y se conformó con anunciar la presidencia
interina de Rodríguez y la convocatoria de elecciones anticipadas.
A partir de aquí se abre un nuevo periodo de “tregua”.
La burguesía boliviana y las transnacionales no pudieron
llevar a cabo en su totalidad sus planes, y el pueblo boliviano
no consiguió derribar el régimen capitalista. Igual
que en 2003 no estaban desarrollados órganos de doble poder,
aunque una parte importante de la vanguardia estudiantil, vecinal,
campesina, indígena y obrera se había implicado en
los primeros pasos para construirlos. Además Rodríguez
no despertó las esperanzas que inspiró Mesa, los bolivianos
ya habían pasado por un gobierno de recambio y se sabían
la lección. Asimismo el descrédito de todas las instituciones
hace que se vea con desconfianza por una parte mayor que en 2003
toda salida constitucional.
Para la elecciones del 2005 las opciones mayoritarias son todas
del régimen. Desde los partidos tradicionales, hasta el MAS,
que se presenta como favorito con un programa totalmente respetuoso
con los intereses de las transnacionales. Desde el interior de la
COB, sectores marxistas integrados en la Liga Obrera Revolucionaria
por la Cuarta Internacional (LOR-CI) y miembros del Movimiento por
la Construcción de la Juventud de la COB, han lanzado la
propuesta de levantar un Instrumento Político de los Trabajadores.
Es un mecanismo necesario para dotar a la clase obrera de una voz
con independencia de clase, y se está peleando contra la
dirección de la COB para que se impulse desde las bases y
se evite un simple acuerdo electoral entre las diferentes direcciones
del movimiento. Al igual que pasara con la Asamblea Popular la burocracia
de la COB se niega ha realizar un proceso democrático que
permitiría llevar al Parlamento la voz de los protagonistas
de las jornadas revolucionarias.
Conclusiones del proceso.
Los revolucionarios europeos podemos
sacar lecciones muy valiosas de la experiencia de nuestros compañeros
bolivianos.
La más evidente es la evolución de la conciencia de
las masas a través de su propia experiencia. La lucha de
estos últimos años ha permitido que un amplio sector
de la sociedad desconfíe del régimen burgués
y sus instituciones, dándole finalmente una muy escasa confianza
al gobierno de Rodríguez. Una lucha que se extiende en el
tiempo lleva a la necesidad de autoorganización del pueblo
para satisfacer sus necesidades básicas y autodefenderse.
Para los sectores más implicados es además la herramienta
necesaria para evitar un recambio burgués e ir construyendo
el poder de los obreros, campesinos e indígenas.
Los paso iniciales de la Asamblea Popular no son desdeñables.
Una parte importante de la vanguardia en lucha se ha educado con
su experiencia en la necesidad de crear órganos de doble
poder. En un siguiente embate la dependencia de las direcciones
para esta tarea será menor, y por lo tanto también
la de su capacidad para inutilizar este proceso y usarlo meramente
como instrumento de presión contra el sistema burgués
en decadencia. La actitud de la FEJUVE, la COB y el POR fue esa.
La FEJUVE no usó sus juntas vecinales para crear asambleas
de distrito, la COB no lo hizo en los centros de trabajo donde tenían
presencia y el POR, pese a controlar el Magisterio, no creó
asambleas de barrio impulsadas por sus células.
La actitud de los revolucionarios con las Fuerzas Armadas es clave
en momentos de polarización social como éstos. Un
poder o embrión del mismo es necesario para que actúe
de referente para la tropa, y que vuelvan sus fusiles hacia sus
superiores o permanezcan neutrales. El negarse en la práctica
a construirlo y limitarse a hacer llamamientos a los oficiales para
que den un golpe militar patriótico, como hiciera Jaime Solares
(dirigente de la COB), no sirve más que para provocar una
salida a la crisis, encabezada por un representante en la sombra
de la burguesía. A la vez se siembra una confianza en los
mandos medios del ejército entre las masas, que puede ponerlas
en peores condiciones para hacer frente a un golpe reaccionario.
El papel del MAS nos sirve para entender el papel de este tipo de
formaciones políticas. Son la última carta de la burguesía
para no perder la partida. Así lo ha demostrado en todas
las crisis de los últimos años, jugando el papel de
desmovilizar y contener las ansias del pueblo por mejorar su situación.
En momentos de crisis, pueden radicalizar su discurso (el MAS llegó
incluso a defender la nacionalización de los hidrocarburos
y el resto de recursos naturales), para mantener el apoyo de la
base. Pero en última instancia son defensores del régimen
y actúan como tales. El apoyo a Mesa y a la salida a través
del gobierno Rodríguez de las jornadas de Mayo-Junio, son
claros ejemplos de esto. Calmada la situación el MAS se centra
en las elecciones presidenciales, y sin la presión de la
calle ya ha mantenido reuniones con el BM y el FMI, garantizando
el respeto a los intereses de las transnacionales. Los revolucionarios
deben explicar pacientemente el carácter del MAS, como pata
izquierda del régimen, y educar en la desconfianza hacia
sus dirigentes.
Por último el estudio del proceso boliviano ayuda a entender
el carácter de los diferentes estados. Países como
Bolivia son semicolonias de los países centrales, como el
estado español. La débil burguesía boliviana
depende por completo de las transnacionales y sus gobiernos, y ello
la convierte en mera intermediaria en el expolio de su país.
Esto imposibilita que pueda ofrecer una solución a los problemas
del pueblo boliviano, sólo derribando el régimen burgués
y en una batalla constante contra el imperialismo se podrá
lograr este objetivo. Los revolucionarios europeos debemos apoyar
la lucha de nuestros hermanos estén donde estén, y
en el caso de Bolivia el apoyo no debe ser solo testimonial, pues
nuestro enemigo más cercano, la burguesía española,
es uno de sus principales verdugos. Además el gobierno del
estado español, esté el PP o el PSOE, se quita la
careta definitivamente en política exterior. Las declaraciones
de Moratinos en defensa de los intereses de Repsol ante la ocupación
de algunas de sus plantas, muestran que son el gobierno de las multinacionales
españolas. Hace evidente el expolio que un país sin
petróleo posea una de las mayores compañías
petrolíferas del mundo.
Por ello desde el estado español
la mejor manera de apoyar al pueblo boliviano es la lucha constante
contra nuestras empresas y nuestro gobierno, y en el caso concreto
de Repsol, que también ataca a la clase obrera de nuestro
país (recordemos Puertollano), debemos luchar por su re-nacionalización
bajo control de los trabajadores y la entrega de las plantas petrolíferas
de las semicolonias a los trabajadores de las mismas y la comunidad.


AFILIATE PARA ORGANIZAR Y EXTENDER
LA LUCHA!
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