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El
Tsunami del sudeste asiático
¿Cuanto vale una vida humana
en un país subdesarrolado?
Todos pudimos ver el 26 de diciembre
de 2004 la gran catástrofe natural que asoló al sur
de Asia que generó una cantidad de muertos que nunca podremos
saber porque ya nadie quería contarlos. Incluso, por increíble
que parezca, hubo un centenar de muertos a miles de kilómetros
de la zona, concretamente en Somalia. Y frente a esto surge una
gran pregunta: ¿se pudo evitar que este número fuera
inconmensurable?. Pues sí, la tecnología moderna dispone
de sistemas que hubieran podido avisar con la suficiente antelación
como para que la gran ola no cogiera de sorpresa tanto a los habitantes
de estas zonas como a los turistas, y simplemente, el recorrer unos
metros hacia el interior hubiera sido suficiente. Los científicos
solicitaron hace un tiempo “tsunámetros” que
son unos sismógrafos dotados de boyas que avisan del riesgo
de este tipo de fenómenos, dado que la zona es de alto riesgo,
como lo es Japón. Estos países, así como Estados
Unidos, cuentan con estos medios para hacer frente a una catástrofe
de esas características. Una vez más surge las diferencias
entre países ricos y pobres; mientras que en los primeros
el gasto militar, y como consecuencia, el beneficio para las grandes
multinacionales (propiedad de los propios dirigentes) asciende,
los países pobres, no obtienen créditos para instalar
sistemas de detección de maremotos. Su coste es de 250.000
dólares la unidad, que es lo que gasta el Pentágono
cada segundo en maquinaria militar.
Pero si esto es vergonzoso, todavía lo es más si tenemos
en cuenta que se pudo avisar a las Autoridades de los países
afectados. En efecto, los científicos que trabajan para la
Nacional Oceanic & Atmospheric Administration de los Estados
Unidos sí que avisaron con bastante antelación a la
base militar americana de Diego García, que no ha sufrido
daños. Pero parece que no han descolgado el teléfono
para avisar a los gobiernos de Asia, según las acusaciones
de dos estadounidenses (Sara Flounders y Dustin Langley. Comunicado
del International Action Center (USA). Al parecer, habrían
enviado tan solo un mail a Indonesia, sin ocuparse de más.
La diferencia entre la vida o la muerte fue situarse 10 o 15 metros
por encima del nivel del mar.
La vergüenza no acaba aquí ya que la deuda externa de
estos países ahogará su futuro desarrollo. El Club
de París acordó el 16 de enero una moratoria de la
deuda de los países afectados por el tsunami, pero sólo
afecta a una parte de la deuda Ni las instituciones financieras
multilaterales, ni el sector privado (acreedor del 61 % de la deuda)
parecen dispuestas a cancelar su parte ni a ofrecer ninguna moratoria.
Únicamente el plazo de la moratoria es de un año de
manera que en el 2006 los países afectados deberían
volver a afrontar los pagos del servicio de la deuda, que fue de
más de 60 mil millones de dólares en 2002.
Vivimos en un mundo absurdo en el que la ciencia es una mercancía
más y en el que existen conocimientos para evitar las consecuencias
de los fenómenos naturales, pero no existe racionalidad en
la aplicación de estos conocimientos y se permite que miles
de personas mueran en una inundación, huracán, terremoto
o sequía que no tendrían mayor repercusión
en un país desarrollado.
Cálculo macabro: el coste de los dos tsunámetros hubiera
ascendido a unos 500.000 $, es decir unos 360.000 euros o unos 60
millones de pesetas: ¡la macabra cantidad de 3 euros o de
500 pesetas por muerto!


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