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Luchas obreras y estudiantiles
en Francia
Autor: Jean-Baptiste Clech y Lucas Pizzutti
(Miembros de la Fracción Trotskista - Francia)
En las últimas
semanas se desarrollaron importantes manifestaciones de trabajadores
y estudiantes secundarios contra la política del gobierno
de Chirac y Raffarin. La más importante fue la del sábado
5 de febrero, en la que participaron 500.000 trabajadores en toda
Francia (100.000 en París) e importantes delegaciones de
estudiantes secundarios. El motivo principal de la manifestación
era que el gobierno presentaba el martes 8 un proyecto de ley para
dar autorización a la patronal a extender la jornada de trabajo
(hoy de 35 horas). Esta jornada fue precedida por huelgas entre
los trabajadores del sector público (choferes de metro, empleados
de correo, electricistas, gasistas, empleados de hospitales y maestros).
Asimismo, desde hace algunos meses, una serie de luchas atañe
localmente al sector privado por la defensa o el aumento de los
salarios, a veces en los sectores más precarizados y expuestos
a la presión patronal como en la cadena de ropas H&M
con la huelga de un mes en diciembre o últimamente en Cérétex
(call center). Esto no se veía desde hace mucho tiempo. Pese
a que la ley ya se votó en la Asamblea Nacional (Cámara
baja) y el gobierno y la patronal no tienen intenciones de aflojar
en este punto, se discuten nuevas manifestaciones para marzo.
A sus costados se desarrollaba una movilización de estudiantes
secundarios contra la Ley del Ministro Fillon, que pretende crear
escuelas y títulos de “primera” y “segunda”
clase. Los docentes tambien venían enfrentándose con
huelgas parciales, ya que esta ley contempla recortes de puestos
de trabajo en la educación. Hoy mismo (15 de febrero), más
de 100.000 secundarios, acompañados por importantes delegaciones
de docentes, se manifestaron en toda Francia contra el proyecto
de Fillon. En ella también participaron jóvenes pobres
de las periferias (muchos de origen imigrante, que en muchos casos
también son estudiantes secundarios, y que normalmente no
participan en manifestaciones) y se enfrentaron con la policía.
La incipiente unidad docente-estudiantil es algo inédito
para la represiva escuela francesa, ya que un proceso de este tipo
no se logró desarrollar durante el conflicto de los liceístas
del 98, ni durante las luchas del 2003 ni del 2004. De continuar
el conflicto, a través de los estudiantes secundarios (liceístas)
aparecerán cada vez más en la calle los conflictos
de las barriadas marginales de las grandes urbes, en las que se
concentran gran parte de las contradicciones de la sociedad francesa
(pobreza, racismo y represión policial).
De continuar la incipiente unidad docente-estudiantil, gracias al
prestigio del que gozan los docentes entre la población francesa,
la “furia” de los jóvenes de las periferias no
aparecerá como una “rabia juvenil” sino como
parte de un hartazgo social más general de gran parte de
los trabajadores y el pueblo francés con el gobierno de Chirac
y Raffarin. Las manifestaciones obreras y estudiantiles pueden llegar
a ser los primeros síntomas de recomposición del movimiento
social francés que viene de años de derrotas.
Una nueva trampa de la burocracia sindical
Pese a que desde hace casi un año que el gobierno venía
amenazando con acabar con las 35 horas semanales, la burocracia
sindical (CGT, CFDT, FO, etc.) no preparó en nada el combate
durante este período. La “libre negociación
de las horas de trabajo entre los trabajadores y los patrones”,
proclamada por el gobierno, es particularmente dura para el sector
privado (donde la dictadura patronal tiene mayor dureza), y particularmente
para las pequeñas empresas, que no tienen ninguna organización
obrera o sindical. Sin embargo, en el sector privado la burocracia
no organizó ninguna mínima asamblea para preparar
la resistencia a este duro ataque patronal.
En el sector público organizaron en las últimas semanas
jornadas de huelga separadas unas de otras, cuando el problema era
el mismo. Un día hacían la huelga en los subtes, otro
en los correos, otro los docentes... Un sábado, día
no laborable para gran parte de los trabajadores franceses, y a
tres días de la votación de la ley en la Asamblea
(el 5 de febrero), organizaron enormes manifestaciones (sin huelga)
en toda Francia. El martes, mientras se votaba la ley, nada. Pero
aún peor.
Los burócratas medios de la CGT (principal sindicato en Francia),
en su mayoría ligados al Partido Comunista Francés,
mostraron su “disconformidad” con la dirección
de la CGT, llevando en la marcha stickers y banderas con el “No”
al Proyecto de Tratado Constitucional Europeo1… pero sin criticar
a la dirección de la CGT por no presentar ninguna alternativa
para frenar este duro ataque al conjunto de los trabajadores. Debido
al malestar en la base obrera y sobre todo a la continuidad de la
lucha docente y estudiantil, la burocracia está anunciando
una nueva posible “jornada de lucha”… en marzo,
esperando que en el entretiempo el estado de ánimo se desinfle.
La lucha docente - estudiantil abre nuevas
perspectivas
El movimiento estudiantil siempre ha actuado en Francia como caja
de resonancia de malestares profundos. El caso del Mayo del 68 es
el ejemplo por antonomasia en ese sentido. En el caso actual, el
de los liceístas (el equivalente a los tres últimos
años de la secundaria en Argentina), lo que expresa (más
que el rechazo puntual a la reforma Fillon) es el descontento y
la incertidumbre de miles y miles de jóvenes pobres que están
“en el cruce de caminos entre la crisis de la escuela y la
crisis del trabajo”2. La falta de perspectivas laborales al
final de la escuela crea una sensación de angustia y de replanteos
entre los estudiantes, particularmente entre los estudiantes pobres
o de origen inmigrante de 1º o 2º generación, y
esto hace a las periferias zonas violentas y con un potencial explosivo.
En la escuela pública es casi en el único lugar en
el que los inmigrantes o hijos de inmigrantes comparten su vida
con los franceses “blancos”.
Del otro lado los mismos docentes, que cada día trabajan
en condiciones más precarias, con reducción de horas
y de personal asistente, muchas veces en zonas desfavorecidas con
violencia social, en las cuales a los estudiantes no les interesa
estudiar porque saben que eso no los saca de la marginación
y encuentran la situación cada vez más dura. Los docentes
ya han protagonizado procesos de lucha en los últimos años
y vienen de derrotas. En este caso sus reivindicaciones se magnifican
porque coinciden en la lucha con los estudiantes, lo que les da
mucho más fuerza a ambos.
El gran temor del gobierno, es que si salen a la calle masivamente
los jóvenes estudiantes de los barrios pobres, se contagien
de su rebelión los trabajadores jóvenes (que conviven
con ellos en las periferias), súper explotados y humillados
por el racismo institucional, hasta ahora grandes ausentes de las
manifestaciones de masas. La burocracia sindical del FSU (docentes)
intenta dividir y decir que la lucha docente no se puede unir a
la estudiantil. Su secretario Aschieri expresó que “tenemos
reivindicaciones en común, pero hay ciertas reivindicaciones
de los estudiantes que no son las nuestras”3; le temen como
a la peste a la unidad docente estudiantil.
El malestar en el trabajo ya está
instalado y los trabajadores del sector público y de buena
parte del privado han demostrado que tienen ánimo de manifestarse
contra el gobierno. Si los docentes y los estudiantes, “rivales”
en las aulas, prosiguen una lucha radical en común, importantes
perspectivas de lucha se abrirían en Francia y cambiarían
el curso de derrotas de los últimos años.


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