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Plan
Colombia: el nuevo topo yanque en América Latina.
Colombia, es un país que basa
su economía en el sector agrícola. Sector que consta
de 10 millones de hectáreas de campos cultivables, de los
cuales, sólo 4 millones son cultivados. Los otros 6 millones
de hectáreas, permanecen improductivas, en manos de terratenientes
que las usan para especular. Otros 30 millones de hectáreas
son dedicadas a los narco-latifundios, plantaciones de coca. Un
1% de los narcotraficantes, poseen un 80% de los narco-latifundios
mientras que el 85% de la población rural vive en la pobreza.
Mientras los campesinos tienen que trabajar como jornaleros para
los narcotraficantes y así poder subsistir en condiciones
miserables. Y todo esto, sucede en un país con un sector
agrícola muy rico, cuya importación de alimentos ha
crecido un 700%. Los avances tecnológicos no han servido
para ayudar a las masas campesinas desfavorecidas, si no todo lo
contrario, la burguesía los ha utilizado con el fin de enriquecerse
cada vez más y echar a millones de familias a la calle. En
pocas palabras, reducir costes y sacar mayor plusvalía.
Por otro lado tenemos a los grupos
Paramilitares financiados por la burguesía. Grupos de civiles
que por su situación económica, por miedo, o por odio
a los grupos revolucionarios, se unen como mercenarios a este ejercito
de asesinos y defensores del tirano.
Ante esto, grupos como las FARC y el
ELN, se han unido para luchar contra esta situación inhumana
e injusta. Estos grupos, son reprimidos por la oligarquía,
con secuestros, asesinatos, torturas y los peores métodos
de terrorismo de estado que puede aplicar la democracia burguesa.
Las FARC, tiene bajo su poder el 40% del territorio de Colombia,
y cuenta con una base social de unos 15.000-20.000 hombres.
Tras 20 años de lucha, la burguesía
presionada por la mayor parte de la población que se movilizaba
pidiendo paz, decidió sentarse a negociar. Al final del año
2000, Pastrana tenía muy poco que enseñar de su jugada
en el proceso de paz, y su popularidad en las encuestas nacionales
se había desplomado. Para conservar el falto proceso de paz,
Pastrana anuncio en Diciembre que el despeje se mantendría
hasta el final de Enero 2001, y que por un acuerdo humanitario liberaría
a más de 500 soldados del ejército y policías
de Colombia que se hallaban prisioneros en la zona. Terminar el
despeje representaba dar fin al proceso de paz, y el gobierno se
encontró en la insostenible posición de no ser capaz
de retomar la zona militarmente, tan bien atrincheradas están
las FARC.
El plan Colombia consiste básicamente, en renovar las fuerzas
represivas, ejército, policía, tribunales, cárceles
y cambiar leyes para justificar y legitimar la represión.
Con estos mismos fines, la burguesía apoya los “ejércitos
irregulares” o dicho de otra forma, los ejércitos paramilitares.
A todo esto se han unido 63 helicópteros de combate, 280
agentes de la CIA, 160 asesores (aun queda por saber que función
cumplirán estos “asesores”) de países
aliados que “luchan contra el terrorismo”.
El genocidio, jamás puede disfrazarse
de derechos humanos. El Plan Colombia es un Plan de muerte, de terror,
de exterminio de vidas humanas inocentes. Es el Plan de un holocausto
organizado al más puro estilo de la CIA, de los ganster del
capital internacional y de los más grandes cárteles
de la droga, empezando por los que tienen su base en los propios
Estados Unidos de Norteamérica.
Intervención imperialista en Colombia
Uno de los mayores objetivos de EEUU
es intensificar su presencia en Latinoamérica. La intensificación
de la lucha de clases por todo Latinoamérica podría
obligarles a implicarse más, lo cual podría tener
consecuencias en todo el continente, incluso en EEUU. No podemos
descartar que en futuras negociaciones con las FARC en un contexto
muy determinado, se pudiese declarar la tregua. Muchos dirigentes
de las guerrillas piensan que la victoria esta muy lejana y piensan
dejar las armas. Pero los factores que impidieron esto en las ultimas
negociaciones están mucho mas fuerte que anteriormente. El
mas decisivo es la crisis del capitalismo colombiano que les hace
imposible garantizar nada, tanto al pueblo como a los dirigentes
de las guerrillas para su inserción en buenas condiciones
a la vida política.
Las elecciones
La burguesía colombiana y el
imperialismo hicieron a las FARC una oferta que sólo podían
rechazar. El gobierno conservador de Pastrana exigió una
tregua incondicional y la aceptación de controles militares
en la zona de distensión para seguir negociando. Para los
guerrilleros resultaba imposible aceptar estas condiciones, de hacerlo
el ejército burgués habría ganado tiempo para
fortalecer su posición militar sobre el terreno, gracias
al Plan Colombia y utilizaría los controles para debilitar
y cercar militarmente a las FARC. Esto, ha sido utilizado para responsabilizar
a los guerrilleros del fracaso de la negociación y justificar
una ofensiva militar inmediata.
Durante la campaña electoral
Álvaro Uribe ha hecho del fracaso de la negociación
su principal bandera. Además utilizó el enorme desprestigio
y rechazo hacia los otros 2 partidos burgueses tradicionales, que
han visto, como el pueblo está descontento con ellos a causa
de la crisis económica y de observar como la violencia crece
de forma espectacularmente
Uribe se ha sostenido siempre en los
terratenientes y los paramilitares. Como dijo su rival el candidato
liberal Horacio Serpa, "no todos los uribistas son paramilitares,
pero prácticamente todos los paramilitares son uribistas".
Álvaro Uribe proviene de una familia de terratenientes, su
padre fue acusado de narcotráfico, y durante su tiempo de
gobernador de Antioquia Uribe fomentó el armamento de civiles
para luchar contra la guerrilla, creando el grupo paramilitar CONVIVIR(¿irónico
verdad?)
Los votos mediante el miedo y las redes de clientelismo que controlan
los terratenientes en muchas zonas rurales han ido a parar a Uribe,
pero no sólo eso, además la táctica de suavizar
su imagen en las últimas semanas de campaña, marcando
mayores distancias públicamente con los paramilitares le
ha permitido captar el voto de sectores de la población arrasados,
muy confusos y poco conscientes políticamente hartos de la
guerra.
Un dato importante es que mas del 50% de la población se
a abstenido de votar al no haber ninguna alternativa que les diera
algo bueno para ellos, a eso se le suma la desconfianza hacia los
partidos oficiales y hacia el sistema. Otro dato destacable es que
el candidato de la coalición de izquierdas Polo Democrático,
el ex-líder de la Central Sindical Colombiana, Lucho Garzón,
ha obtenido 700.000 votos, más del 6% de los sufragios emitidos,
una victoria para el partido.
Lo que hace falta es defender una alternativa que denuncie la responsabilidad
de la oligarquía capitalista en la guerra y la necesidad
de acabar con su dominación para conseguir la paz y una vida
digna.
Hay que aplicar una alternativa marxista.
En ese contexto una organización revolucionaria
firmemente enraizada en el movimiento obrero, organizada en las
fábricas y en la base de los sindicatos, podría encontrar
un eco sin precedentes y desarrollarse muy rápidamente. De
hecho, si hoy las FARC tuviesen un programa socialista y se orientasen
a ganar el apoyo masivo de la población de las ciudades con
métodos basados en la lucha y organización de las
masas para su autodefensa contra el estado burgués y los
paramilitares podrían aumentar rápidamente su apoyo
y llegar a tomar el poder.
El problema es que cualquiera de las reivindicaciones democráticas
fundamentales (reforma agraria, independencia del imperialismo,
democratización de la vida política, justicia social,...)
es imposible de arrancar y consolidar bajo el capitalismo. Ya hemos
explicado como la burguesía y los terratenientes junto con
los paramilitares, y todos ellos de la mano del imperialismo, están
absolutamente vinculados a través de los hilos de las inversiones
conjuntas, el capital financiero y el comercio mundial. Toda la
experiencia histórica de Colombia, y del resto de Latinoamérica,
nos demuestra que -en cuanto la clase dominante vea minimamente
amenazado su dominio- recurrirá a la más brutal represión.
El propio ejemplo de la revolución bolivariana en la vecina
Venezuela lo está demostrando.
La principal tarea para los revolucionarios colombianos en estos
momentos es explicar pacientemente estas ideas y defender incansablemente
un programa que contenga a las reivindicaciones democráticas
antes citadas junto con medidas como la nacionalización de
la banca y la expropiación de las multinacionales y los latifundios
bajo control de los trabajadores y campesinos, el no pago de la
deuda externa y la lucha por el socialismo. Para que estas ideas
ganen el apoyo de los trabajadores es imprescindible que todos los
que las comparten se unan para forjar una organización revolucionaria
que defienda el programa del marxismo y los métodos de la
lucha revolucionaria de masas. Al mismo tiempo, es vital que los
trabajadores y campesinos organicen una respuesta masiva contra
los asesinatos de los paramilitares y el estado burgués,
que intentan extender el terror que ya vienen ejerciendo en el campo
al movimiento obrero.
La clase obrera colombiana (que ya ha protagonizado huelgas generales
y luchas importantes) debe ponerse al frente de la situación
y ofrecer una alternativa revolucionaria que gane el apoyo masivo
de los campesinos, incluidos los guerrilleros de las FARC y del
ELN. Con este programa sería posible unir a los obreros y
campesinos colombianos y avanzar hacia la transformación
revolucionaria de la sociedad. Una revolución triunfante
en cualquier país latinoamericano estimularía a todo
el continente y necesitaría extenderse al resto de América
y del mundo para seguir avanzando y triunfar definitivamente.
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