En el día de la paz,

 

Por encima del dinero-entelequia, que estrangula conciencias;

De gigantes que hunden sus cimientos en aguas cenagosas;

 

De fronteras, que ávidas se lanzan unas sobre las otras;

De muros que se alzan, en líneas sobre un mapa;

 

Del confort, que en migajas nos rinden nuestros réditos;

De la mezquina búsqueda del torpe auto-sosiego

 

Del ser más diferentes por ser “menos iguales”;

Y de la nueva voz que ya nos uniforma hasta en el pensamiento;

 

Dejemos que se abran las TUMBAS DE LA GUERRA,

Y sombras y ceniza, en el mayor ejército,

Adviertan en susurros para el tercer milenio:

 

“ Que nunca llegue el día en que la pútrida conciencia que habéis forjado en vuestro bienestar, acalle para siempre nuestras voces, y piense así, que se ha alcanzado la paz definitiva...Porque entonces la sangre del hombre será hielo en sus venas:”

 

 

En el día de la paz, nada más elocuente que

EL HORROR DE LA GUERRA