Testimonio de Adam Maor ante el
jurado
La tarde en que rechazé servir
en el ejército de Israel me encontraba en casa de mis padres observando a mi
hermano Daniel, que entonces daba sus primeros pasos. Ninguna palabra puede
describir mis sentimientos cuando le recuerdo pintando, leyendo, escribiendo,
escuchando música o imaginando los
viajes que podríamos hacer juntos.
Al fondo la TV
informa de los sucesos de la semana, es viernes por la noche; puedo ver un niño
palestino lanzando piedras contra los monstruosos tanques israelís que en
respuesta disparan sus cañones. Sofisticados vehículos militares se ocupan
destruyendo las escasas infraestructuras que aún quedan en pie en las ciudades
palestinas, incluyendo escuelas y hospitales. Docenas de personas resultan
heridas o muertas cada día.
Esa noche pensé que unirme al ejército significaba
arrebatar a esos niños todo lo que siempre soñé para mi hermano. Incluso las
cosas más básicas sin las que es imposible imaginar la vida diaria, el
alojamiento, la comida, la salud y la seguridad personal, les son arrebatadas.
No podría decir nunca que quiero a mi hermano, no podría jamás lograr una
infancia feliz para él, si formara parte de un sistema que oprime a otros
niños. Porque en un lugar en el que los jóvenes son arrancados de sus camas en
plena noche y encarcelados para extraer verdaderas o falsas acusaciones contra
sus padres no hay lugar para la infancia. Yo no puedo colaborar en la creación
de un lugar como ese.
Pero aún hay
más. Lo que os estoy contando es una pequeña parte de lo que sé, una pequeña
parte de lo que sucede. El colonialismo siempre ha engendrado la protesta, y
ésta solo cesará cuando la ocupación termine. El terror afecta a nuestras vidas
y es la principal causa del deterioro de la sociedad israelí. El mantenimiento de la ocupación implica el
mantenimiento del terror. Una y otra vez hemos escuchado a nuestros líderes
prometer la paz , una y otra vez han olvidado su
promesa. Estoy contemplando la caída del estado de Israel y no quiero contribuir
a su caída. No tomaré parte en la construcción de un lugar en el que mi hermano
tenga miedo cada vez que se aleje unos pasos de su hogar.
No sé lo que el gobierno de mi país esta intentando
hacer al rechazar el fin de la ocupación o persistiendo en cometer los más
horribles crímenes contra el `pueblo palestino. ¿Desea un acuerdo de paz o
persigue romper el espítitu del pueblo palestino y sus aspiraciones a la
libertad y la independencia? No lo sé, pero no tomaré parte en ello.
No recuerdo las veces que he intentado hablar con mi hermano durante estos 5 meses de prisión y explicarle qué es la cárcel y porqué no puedo ir a verle. Pero cuando crezca espero ser capaz de decirle que todo lo hice por él, por él y porque no tengo otra opción.