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CULTURA Biarritz volvió a homenajear al buen cine |
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Carlos Aznárez / María Torrellas En la nueva edición de La Cita, el encuentro anual en Biarritz del Festival de Cine y Culturas de América Latina, la presencia de largometrajes de Brasil, Argentina, México, Chile y Colombia, dieron cuenta nuevamente del esfuerzo de un grupo de cineastas latinoamericanos por seguir avanzando a pesar del cúmulo de dificultades económicas con que diariamente chocan para poder filmar. Entre el 30 de septiembre y el 5 de octubre, el público volvió a desbordar la capacidad de las salas del Festival en cada una de las presentaciones, lo que habla del gran interés que este tipo de cine provoca, a pesar de que los distribuidores y las sitios oficiales de exhibición durante todo el año terminan dándole la espalda. El Sol de Oro del Festival fue esta vez para “Como el gato y el ratón”, del colombiano Rodrigo Triana mientras que la argentina “Valentín” se llevó el premio del público. La vuelta de Caetano Superándose a sí mismo, el director de aquella recordada e impactante coproducción con Bruno Stagnaro, Pizza, birra, faso, el uruguayoargentino Caetano nos sacudió otra vez con Bolivia, un film en blanco y negro realmente excepcional donde denuncia el lado racista de la descomposición argentina. La película tuvo una repercusión nacional e internacional realmente asombrosa y llegó a ser muy elogiada en la Semana Internacional de la Crítica en Cannes y, todavía, es exhibida en salas de culto de Buenos Aires. Cuando ya parecía muy difícil elevar el listón, este joven director de 33 años, que hace cine con un presupuesto más que exiguo, presenta ahora Un oso rojo, que describe y hace sentir, a partir de una historia bastante común, esa mezcla de sordidez, tristeza y arranques increíbles de solidaridad, que envuelve a los humildes barrios del Gran Buenos Aires. Habla de la vuelta a su barrio del Oso, un tipo duro y auténtico, que sale de la cárcel donde cumplió pena por robo y asalto a mano armada. Con la condicional a cuestas, el Oso trata de reencontrarse con su mujer y su hijita, que después de tanto tiempo ya han rearmado la familia. Oso acusa el golpe y se lanza a reconquistar a su compañera y a tratar de que su hija le dé una chance como padre. En torno a esta batalla, que mantiene al espectador en vilo por el grueso de dificultades con que choca el ex presidiario, al que una sociedad descompuesta siguen aislando y condenando, van desfilando situaciones propias de la hambruna, la desesperación y el abismo que viven los argentinos de hoy en día, por culpa no hay que cansar de repetirlo de la miserabilidad del capitalismo salvaje. Un excelente trabajo de Julio Chávez uno de los premiados de La Cita y Soledad Villamil, y un elenco que tampoco baja el nivel en ningún momento (Enrique Liporace, Luis Machín, René Lavand, Agustina Lage, entre otros) completan un trabajo digno de no perdérselo. Con rigurosidad, Caetano describe un mundo al que los medios amarillos machacan cotidianamente con hipocresía, pero lo hace desde el lado de los sumergidos, de los que a pesar de la vida amarga que llevan no dejan de luchar por sobrevivir, no con la “moral” de los mentirosos sino con la que les impone su propia realidad. El buen camino Otro joven director mexicano, Carlos Carrera, se lució con El crimen del Padre Amaro, relato que aborda la llegada de Amaro, un recién ordenado sacerdote, que llega a la parroquia de un pequeño pueblo para auxiliar en los servicios a otro cura, el padre Benito, y pronto descubre que éste tiene muy buenas relaciones con el cartel narco de la región. Carrera se luce en la dirección de actores y ofrece espléndidas escenas que ilustran sobre la vida en los pequeños pueblos grandes infiernos de campo. Otro joven argentino, Diego Lerman, mostró en Biarritz su primer largo metraje, Tan de repente (ya premiada en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires) y recibió muy buenos comentarios de la crítica y del público. Excelente trabajo de las tres principales protagonistas, Carla Crespo, Verónica Hassan y Tatiana Saphir, quienes encarnan en la ficción a un singular trío que creyendo tener poco que ver entre sí descubren al final de una atractiva historia, que la vida suele seguir dando sorpresas. La película (igual que Un oso rojo) tiene el sello del talento de una de las mejores productoras argentinas de los últimos años, Lita Stantic, que además de ser compañera de ruta de quienes hacemos RESUMEN LATINOAMERICANO y veterana luchadora revolucionaria de los años 70, apuesta permanentemente por el buen cine hecho por gente joven latinoamericana. Cortos sin rumbo No es la primera vez que tenemos la desgracia de ver productos de “cineastas jóvenes latinoamericanos” que han pasado por la Escuela cubana y luego se convierten (no lo decimos por el joven Daicich al que no conocemos) en “comemierdas” (al decir de los habitantes de la Isla) con los productos que pergeñan con todo lo aprendido. Y lo peor de todo, es que de esta manera complacen a cierta burguesía progre europea (o latinoamericana, qué mas da) por su “contenido crítico” y “antivertical” en la mirada de una Revolución que sigue siendo un ejemplo de humanidad y dignidad. Chávez, la película La directora pone indudablemente su ojo en la Venezuela herida pero no de muerte por los 40 años de “dictadura democrática” y muestra el entusiasmo actual de los condenados de la tierra disfrutando a pesar de las grandes dificultades, errores y presiones internas y externas de “su” momento de felicidad. En el film, Chávez cuenta cómo se fue gestando el movimiento que llegó al gobierno en diciembre del 98 y su verbo llano y dicharachero contrasta con las insidias de un Teodoro Petkoff metamorfoseado de guerrillero de los 60 en caudillo neoliberal de la actualidad, o de un joven Capriles, que como una señora de clase alta, se queja del Chávez colectivista y “poco culto”. Las conclusiones las saca el espectador, pero desde ya, debe de ser una de las pocas películas que realizadas en el exterior sobre el proceso venezolano deja claro que, como dijo Chávez: “Esta revolución vino para quedarse”. |