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CULTURA “El fulgor argentino”, una obra teatral que convierte a la memoria en pura vida |
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Marta Valle El Fulgor Argentino es un club como el de cualquier barrio, con su aparato ideológico: autoridades ejecutivas, militares, religiosas, comerciales, educativas y el pueblo en el transcurrir de un siglo. En el escenario del Galpón de Catalinas desfila casi un siglo de historia argentina, la que comprende los sucesos desarrollados entre 1930 y un hipotético 2030, desde el salón de un club que se propone realizar reuniones bailables. El festejo y la alegría es interrumpido con las reiteradas intromisiones de la dominación y la represión. Resulta saludable para la memoria histórica ver reflejado en el espejo del escenario teatral el recorrido de traiciones, entregas y luchas populares. Es imponente el episodio que evoca la muerte de Evita en una lucha por la participación popular, visiblemente claro en el espacio escénico la fractura dentro del movimiento que impulsara el acceso del peronismo revolucionario al poder y dolorosamente emotivos los acontecimientos que rememoran la más reciente dictadura militar con su acción devastadora. Pero lo más impactante del Fulgor Argentino es la expresión popular en escena. Se trata de un fenómeno de difícil concepción en el teatro comercial: más de cien personas, vecinos del barrio de La Boca en su mayoría, sin personalismos ni primeras figuras; la historia y el imaginario social como protagonista. Esta experiencia surge en 1983 a partir de la mutual de padres de la escuela del barrio. En la medida que vieron prohibidas sus posibilidades de organización y acción popular continuaron su actividad en la plaza “al aire libre, con los vecinos a compartir con todo el mundo”. Allí resisten manteniendo actividades comunitarias. Adhemar Bianchi, codirector de la obra, acompaña desde el comienzo esta experiencia tratando de hacer de las artes escénicas una herramienta para la expresión popular había llegado de Uruguay con la dictadura de ese país, “nuestra generación venía muy golpeada”, encuentra en ese espacio un lugar de resistencia, en el sentido de no permitir que “te dejen solo frente al televisor recibiendo mensajes consumistas” sino promoviendo la creación de redes sociales. “No se planteó como teatro militante ni teatro de arte, sino como teatro de la comunidad, por la comunidad, con todas sus contradicciones, de ahí la fuerza que creo que tiene”. El grupo de Catalinas continuó desarrollándose y hoy cuenta con un espacio propio, el Galpón, la “plaza techada”, donde brinda sus espectáculos. Si bien la idea inicial era más modesta, desde un comienzo fue su intencionalidad tratar de crear estructuras que tiendan a traspasar las técnicas de teatro, de teatro foro de convocatoria a agrupaciones que estén trabajando desde lo social. Inicialmente la gente se acercaba a la plaza y cuando se quería acordar estaba adentro del escenario. La propuesta era “hacer teatro en la plaza”, en una experiencia que pudiera multiplicarse. Actualmente la incorporación de vecinos actores sigue pasos más orgánicos pero mantiene la propuesta de formarse en técnicas del espectáculo a fin de devolver este trabajo a la comunidad con forma teatral. No es una escuela de arte dramático sino un centro de entrenamiento y juego colectivo para crear espectáculos, su organización tiene estructura de mutual con normas propias. Se plantea como una forma de fiesta, “el teatro popular es fiesta y tragedia pero nunca drama psicológico”. “No seguimos ninguna corriente estética, sino que levantamos de los lugares que hay las herramientas que nos sirven para decir lo que queremos decir”. La estética planteada resume la “tradición de lo popular, con carácter épico, desde los griegos a Shakespeare, Lope de Vega, todo el teatro clásico hasta el advenimiento de la burguesía. Estamos en la Argentina y reconocemos que las tradiciones populares han pasado por el circo criollo, la influencia del sainete español, convertido en un estilo muy especial, con gran influencia de los inmigrantes, y su escenario: el conventillo donde confluyen italianos y españoles. Constituye una corriente popular que fundó el teatro nacional. Además la opereta y la zarzuela, llamados géneros chicos de la ópera han tenido mucha influencia a partir de los europeos. Confluye también la revista porteña, que aunque después haya sido deformada por intereses comerciales, tiene elementos básicamente populares. Se utilizan asimismo técnicas como los títeres, la murga el candombe, todos elementos que provienen del arte popular. Cuando hablamos de teatro social o teatro antropológico, nos referimos al concepto antropológico latinoamericano del hombre visto como el acto social ritual”. En la preparación de sus espectáculos no hay política partidaria, si hay discusiones ideológicas. La modalidad de trabajo es a partir de improvisaciones que después van elaborando a partir de lo que surge, las obras reflejan lo que la gente piensa. El criterio es trabajar por asociación y no por oposición, las cosas salen por acuerdo. En la elaboración de El Fulgor Argentino no hubo desacuerdo alguno. Han tenido ocasión de mostrar su espectáculo en Barcelona con buena repercusión en público europeo. “Cuando decimos que el teatro es una forma de comunicación es bien importante porque es una técnica que está a nuestro alcance, que está en nuestro cuerpo En un momento que no se van a poder importar demasiadas cosas, eso lo tenemos todos. En este momento de movilización y de tratar de encontrarse es un momento en que los lenguajes alternativos son muy necesario”. “Cuando el espectáculo termina y estalla el aplauso, pensamos y sentimos que el teatro es una forma de comunicarnos y también de resistir y que nuestro desafío es seguir creyendo que las utopías son posibles y trabajando día a día para lograrlo”. El grupo Catalinas es una muestra que hay espacios de creatividad en esta Argentina que resiste. |