Los ricos no salen en la foto (de Hacienda)

Antón Costas *

Un salario, aunque sea bueno, no da para hacerse rico. En el mejor de los casos, permite vivir de forma acomodada y llegar a fin de mes sin muchos agobios. Para hacerse rico hay que vivir del margen que deja un negocio o una actividad profesional desarrollada por cuenta propia. O también vivir de rentas, si uno ha tenido la fortuna de que los progenitores hayan dejado en herencia un buen patrimonio.

Esto lo sabíamos por experiencia o por intuición, pero ahora tenemos datos estadísticos. Esta semana el Banco de España ha dado a conocer los resultados de una encuesta sobre la riqueza de los españoles y cómo se distribuye entre las familias. Los resultados indican que los empleados por cuenta propia, aunque representan un porcentaje reducido, acumulan el doble de la riqueza (es decir, de casas, de coches y de otros tipos de patrimonio) que los trabajadores por cuenta ajena que viven de un sueldo y forman el grueso de la población, aunque haya que tener en cuenta que dentro de esa categoría de empleados por cuenta propia hay de todo, desde grandes empresarios hasta autónomos que apenas consiguen salir adelante.

Hasta aquí no hay nada que objetar. Me parece estupendo que la gente que arriesga tenga más posibilidades de hacerse rica. Es, en todo caso, una información útil para todos aquellos jóvenes que quieran hacerse ricos, aunque deban también tener en cuenta que, según un decir de los propios interesados, el ser rico te permite comer bien, pero te hace dormir mal. Pero esto no debería echar para atrás a nadie en el camino de la riqueza, dado que siendo pobre siempre es posible que se acabe teniendo lo peor de ambas cosas: comer mal y dormir peor.

Pero un aspecto interesante de estos datos sobre la distribución de la riqueza es que, a mi juicio, vienen a poner en cuestión el sistema fiscal español, a la vez que permiten poner de manifiesto que son las clases medias asalariadas las que en mayor medida pagan los impuestos con los que se financian las cargas públicas.

Aunque una cosa es la riqueza (que es el patrimonio acumulado durante años) y otra la renta (que son los ingresos obtenidos durante el año), podemos suponer que los que más riqueza tenían el año pasado, que es cuando se hizo la encuesta del Banco de España, son los que mayores rentas tuvieron durante los años 90. Por lo tanto, dado que todo sistema tributario equitativo se apoya en el principio de que paga más el que más gana, deberían haber sido también los que más contribuyeron al sostenimiento de las cargas públicas.

Sin embargo, todo sugiere que no ha sido así. Los datos de la Agencia Tributaria para los años 90 nos dicen que las rentas declaradas por los empleados por cuenta propia son ridículas en comparación con lo que aportan los rendimientos del trabajo, que alcanza al 80% del total de la recaudación por renta. Por otro lado, los ingresos netos (ingresos menos gastos deducibles) medios declarados por los empleados por cuenta propia llegaron a ser menores que los de los empleados por cuenta ajena. Indudablemente, algo falla.

SE PODRÍA pensar, sin embargo, que lo que no han pagado por renta a lo largo de su vida, los ricos lo acabarán pagando en el impuesto de sucesiones y transmisiones patrimoniales en el momento de su muerte, o cuando pasan su riqueza a sus herederos. Pero tampoco es así, porque tienen una bonificación del 95% cuando se trata de patrimonio afecto a actividades productivas. Pero dentro de este concepto acaba entrando todo, desde las máquinas del taller o de la oficina, hasta las casas, los coches, los cuadros o los yates.

Lo único que hace falta es un poco de ingeniería financiero-fiscal. Ya no quedan ricos que sean personas físicas. Todo el que ha podido se ha transformado en persona jurídica, poniendo a nombre de alguna empresa o sociedad, real o ficticia, todo su patrimonio. Los ricos han dejado de tener rostro físico y, por tanto, no salen en la foto de la Agencia Tributaria.

Pagar, lo que se dice pagar, sólo pagan las clases medias. Por un lado, en el impuesto de la renta se ven sometidas a unos tipos impositivos marginales tan elevados que tienen algo de confiscatorios. Por otro lado, si después de una vida de trabajo han conseguido llegar a tener una vivienda en la ciudad, una pequeña casa o apartamento como segunda residencia y unos pocos ahorros, es muy posible que esos ahorros tengan que ser usados para pagar el impuesto de sucesiones. Una injusticia. Algo habrá que hacer.

EL SECRETARIO de Estado de Hacienda, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ha anunciado la creación de una policía fiscal para perseguir el fraude. Está bien. Pero sin olvidar que el problema de fondo está en el propio sistema fiscal que, por un lado, permite a los más ricos emplear 'ingenierías fiscales' para deducir todo tipo de gastos privados en el impuesto sobre la renta (coches para uso propio, comidas, viajes de placer, escuela de los hijos, aprendizaje de idiomas) y, por el otro, les exime de pagar por sus transmisiones patrimoniales y sucesiones.

El actual sistema fiscal español carga sobre las espaldas de las clases medias el peso de financiar los gastos públicos en carreteras, trenes, escuelas, policía o sanidad, de los que, sin embargo, se benefician todos. Su reforma es un problema real y urgente, a la que el Gobierno de Rodríguez Zapatero debería dedicar sus principales energías, en vez de enzarzarse en grescas continuas a las que, ya sea por impericia o vocación, parece estar aficionándose.

( * catedrático de Política Económica, Univ. Barcelona. EL PERIODICO, 05/12/04)

 

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