En Gran Bretaña el sistema privado de jubilaciones por capitalización está en crisis
Jean-Pierre Langellier
/ Le Monde (13.10.04) / traducción Susana Merino

Un informe oficial reconoce que la caída de la Bolsa y la demografía obligan a repensar el sistema

El régimen de jubilaciones del Reino Unido está en crisis. Para salvarlo los británicos tendrán que hacer mayores aportes, ahorrar más y trabajar mayor cantidad de años. Esta es la conclusión de un informe oficial publicado el 12 de octubre ppdo por una comisión independiente creada en 2002 y presidida por Adair Turner, antiguo director general de la Confederación Industrial Británica y Vicepresidente de Merryll Lynch Europa.

En el origen de la crisis está, como en el resto de Europa, el problema demográfico. La prolongación de la vida, el envejecimiento de la generación del "baby-boom" y el descenso de la natalidad tienen un efecto clásico perverso: cada vez menor cantidad de población activa deberá financiar las jubilaciones de un creciente número de población inactiva. Actualmente el 60% de los británicos aportan para un 21% de los jubilados. En el 2030 no serán más que el 56% para el 27% de los jubilados. Los mayores de 65 años representan el 16% de la población, y en treinta años serán el 25%. Hoy en día la esperanza de vida a los 65 años es de 18 años y será de 21 en el 2030.

Para poder garantizar a los jubilados un ingreso similar al actual sería necesario ahorrar, desde ahora, 57 mil millones de Libras, es decir 1000 Libras ( 1450 euros) por habitante. Pero hace ya bastante tiempo que los gobiernos no ahorran para los jubilados financiados en cambio por los impuestos.

El sistema vigente tiene por base el escaso compromiso del Estado. Los jubilados británicos reciben un magro ingreso del Estado: alrededor de 80 Libras, es decir 115 euros por semana por persona, 127 Libras (184 euros por pareja). El sistema estatal les proporciona un 20% de los ingresos que recibían mientras trabajaban y el 60% de los ingresos globales de los jubilados. Conclusión: un jubilado de cada diez vive bajo el límite de la pobreza. La ventaja del sistema es que cuida lo contribuyente: las jubilaciones estatales "desacopladas" desde 1980 de la evolución de los salarios, no representan más que un 6% del PBI, francamente menor que la media europea.

Cuatro opciones

De allí que haya sido muy importante el papel jugado por la capitalización en Gran Bretaña. La mayor parte del peso de las jubilaciones descansa sobre las espaldas de los jubilados y de los empleadores del sector privado. Más de un asalariado sobre dos aporta a fondos complementarios de capitalización. El jubilado percibe una pensión a la que contribuyó junto con su empleador en alguno de los fondos privados durante su vida activa.

El excelente rendimiento de dichos fondos permitió durante mucho tiempo mejorar las condiciones de vida de los jubilados, dado que muchos de ellos se beneficiaban de un atractivo sistema - bautizado en su tiempo como "el Rolls Royce de los regímenes de jubilación" - que les garantizaba ingresos indexados de acuerdo con los últimos salarios percibidos. Cuando los fondos de pensión florecían, los holgados beneficios recibidos eran soportados sin dolor por el sistema, a tal punto que algunas empresas se habían "declarado en vacaciones pensionadas": sus réditos bursátiles eran suficientes como para mantener sus aportes.

El estallido de la burbuja bursátil en 1999 provocó el lúgubre doblar de las campanas, dejándole lugar a un sistema mucho menos favorable que dejó de garantizar un nivel exacto de ingresos jubilatorios y haciendo que los mismos comenzaran a depender más estrechamente de performances aleatorias del mercado. Las grandes empresas metieron la mano en el bolsillo para asegurar la continuidad del sistema. Pero "desviando" una parte de los dividendos destinados a los accionistas hacia los jubilados. Esta actitud erosionó sus réditos e hicieron bajar la cotización de sus acciones, acrecentando las dificultades de los fondos de pensión.

Con el retroceso se puso en evidencia la imprevisión de los actores - Estado, empresas, asalariados - de un sistema del que todos disfrutaban. Nadie se preocupó por la evolución demográfica del país y todo el mundo creyó que tarde o temprano la buena suerte volvería a la Bolsa: "Soñamos despiertos, observa Turner. Ahora es necesario enfrentar la realidad.

El Gobierno tiene ante sí, dice la Comisión, "cuatro opciones inevitables": destinar más recursos a las jubilaciones, aumentar la duración de la vida activa, obligar a los asalariados a hacer mayores aportes o aceptar el empobrecimiento de los jubilados - una opción que juzga absolutamente indeseable. La solución en consecuencia surgirá de las tres primera opciones.

¿Destinar más recursos? Supondrá incrementar el gasto público con impuestos totalmente impopulares.¿Trabajar más tiempo? El Ministro de las Jubilaciones Alan Jonson ha excluido esta decisión en lo inmediato. Actualmente dos de cada tres hombres dejan de trabajar a los 62 años. ¿Aportar más? Doce millones de asalariados no ahorran lo suficiente. La caída de los mercados financieros y el fracaso de algunos fondos de pensión los ha hecho dudar de las virtudes del ahorro jubilatorio privado. Sin embargo la mayoría de los trabajadores prefiere una forma de aportes obligatoria si el empleador contribuye también.

La comisión no formulará recomendaciones hasta dentro de un año. Esta decisión le conviene al Gobierno de Blair que en siete meses tendrá probablemente elecciones legislativas y no tiene ganas de pedirles a los británicos más sacrificios sobre el altar de sus jubilaciones.

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