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Perro y (bocados
de) calandria: Me lo comentaba días atrás la propia María Ángeles Maeso: escribir es ponerse de vez en cuando en el precipicio. Y bien que lo consigue. Con sus contenidos, pero sobre todo con su estilo, porque a la literatura hay que exprimirle sus propias reglas de violentar la gramática para que llegue a la verdad del placer estético, sin que el significado desaparezca, sino, al contrario, que se pluralice. De esta autora, soriana de la villa de Valdanzo, había leído su obra poética. Pero ahora, su novela, nada menos que titulada "Perro", me acaba de descubrir una dimensión sorprendente. Intuyo que el manejo de la prosa y la capacidad de reconstruir una situación llena de ideas, matices y contenidos, la convierten en una de las de obligada lectura. La crítica nacional ya lo ha reconocido. María Ángeles Maeso, construye en "Perro" un mundo alrededor de una mujer, hospitalizada y en paro, para hundirnos en la realidad más presente. No me refiero a la realidad coyuntural de la noticia fugaz de un periódico, sino a la contemporaneidad que ha convertido al ser humano, como a todo lo que le rodea, en mera mercancía, que cuando pierde el valor de uso desaparece como realidad trascendente. Ésa es su rebelión. Y ése, el interés de esta novela que va más allá de la epidermis, para penetrar en la propia condición humana mutilada, en la vida que se masca desde cada alba a cada atardecer, más allá del accidente de lo biológico, aunque también en ello. Es en este sentido casi una novela existencial, de resistencia y de grito, en la que predomina la reflexión sobre la acción, que nos deja petrificados ante la situación límite de una anónima protagonista, cuyo punto de partida es bien cotidiano: el enfrentamiento a su propio desastre, íntimo, anatómico y social, con cuyas causas brutales tropezará el lector. A partir de ahí, la conciencia se pone en marcha en una especie de sobrexcitación, que convierte a esta obra en una metáfora de los tiempos que corren. Por ella viaja un yo sin nombre, un yo duro e íntegro, de conciencia casi absoluta, mientras su cuerpo se cae a pedazos, mientras percibe esa angustia que nos domina cuando no encontramos el suelo para sostenernos. Pero la autora no se deja arrastrar por el camino fácil de compasión hacia el personaje. Al contrario, lo disecciona, en un acto de introspección y monólogo interior, con la verdad de la palabra, el rigor de la ciencia y la belleza del arte. Porque, cuando se llega al final, uno queda en un dilatado letargo de duda reflexiva y de satisfacción melancólica hacia ese anónimo que puedes ser en cualquier momento tú mismo. Como María Ángeles Maeso no hace concesiones fáciles a la galería, el título es bien significativo. Aquí perro no se queda en los umbrales simbólicos positivos de la fidelidad. Aquí es otra cosa, como el lector descubrirá y como describe alegórica y poéticamente, porque tampoco se puede olvidar la carga de profundidad poética de esta novela. Poética en el sentido aristotélico de creación. Pero el subtítulo nos quiere acercar aún más al riesgo, pues el perro se hace acompañar por los "bocados de la calandria", no precisamente la de la simbología literaria de senda sentimental que acompaña al ruiseñor, sino esa máquina que todo lo devora y que Maeso convierte también en significado de la tragedia contemporánea. Como digo, María Ángeles Maeso no es, para gloria de su talento literario y personal, de las que hacen concesiones fáciles, no es de las que busca el aplauso para hoy y el olvido para mañana. Al contrario, en esta obra demuestra tanto su maestría técnica como su claridad de ideas y su compromiso ético. De ideas de verdad, de las que obligan a replanteos y a tomar partido. Como es una novela que sorprende, por la densidad de su discurso, he notado la alegría sana de poder comprobar que alguien de mi comarca, alguien de un pueblo soriano llamado Valdanzo, que pocos conocen pero que merece ser visitado, es capaz de devolver al mundo trastocado de hoy su propio retrato, casi casi a través del puro esperpento, es decir en una mezcla conmovedora de análisis, disección, tragedia y burla. Recuerdo ahora la afirmación de Montale, cuando se atrevía a proclamar ante un público demasiado cercano a la superficialidad postmoderna que "toda buena poesía es desesperadamente semántica". Maeso lo acaba de demostrar, contra lo que algunos despistados actuales quieren probar, en el sentido de que el arte es puro juego para ellos. Una vez más, como otros grandes autores, nuestra novelista ha tenido el privilegio de saber ordenar el mundo en 86 densas páginas, para que el lector se encuentre con un personaje sin nombre, "vivo" y sorprendente, que le obligará a revisar valores. Incluso a correr el riesgo de aprender cosas, en una pulida y atrevida prosa. En fin, ¿será verdad eso de que
la literatura es una ilusión de normalidad creada a partir de la
anormalidad, como afirmaba Stevens? De cualquier manera, "Perro"
es una desgarradora visión de nuestro mundo y una atractiva ilusión
literaria. No se puede pedir más. O sí. Que la lean. Aunque
me temo que sólo sea apta para paladares exigentes. |
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