LAS REFORMAS EDUCATIVAS Y EL MITO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS (NTIC):
ALGUNAS CONCLUSIONES. por Fermín RODRÍGUEZ CASTRO

En el primer capítulo* habíamos puesto de manifiesto cómo la invocación al desarrollo económico y, más modernamente, a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, aparece de forma reiterada en todos los textos que tratan de justificar cualquier tipo de reforma educativa. Acabamos de constatar que, sin embargo, existen bases analíticas y documentales opuestas al postulado que pretende establecer una relación directa, nada obvia, entre los intereses expansivos del capital y la necesidad de extender, igualmente y de forma generalizada, la formación y la educación.

En todo caso, quedarían en el aire una serie de preguntas ingenuas: ¿A qué viene, entonces, el recurso tópico e insistente sobre dicho maridaje? ¿Se trata de mera retórica dirigida a la propaganda de las respectivas reformas? ¿Estamos ante simples argumentos ideológicos que, probada su eficacia en otros ámbitos, se repiten en el mundo de la enseñanza por pura inercia y mimetismo?

1.- Es innegable que un primer efecto perseguido se sitúa en la esfera de la propaganda y la ideología, en el sentido más perverso de este término, que la define como una falsa apreciación de la realidad desde la óptica de unos intereses concretos. Identificar la conveniencia y oportunidad de las reformas educativas con la necesidad de adaptar el marco escolar al progreso social y económico por todos deseado, busca, de entrada, si no el apoyo entusiasta, sí al menos la neutralización de muchas objeciones. Por encima de cualquier análisis meditado sobre los efectos precisos de las nuevas reformas (del que suelen carecer todos los proyectos), parece que, por banales y arbitrarios que sean sus contenidos, tienen buena parte del camino abierto, si la oposición a las mismas aparece como defensista del presente (siempre mejorable) o enquistada en posiciones del pasado (achacable a inercias personales o intereses corporativos). Incluso los que se atreven a apuntar algunas críticas ante los resultados poco halagüeños de unos sistemas educativos progresivamente penetrados por el mercado y cada vez más alejados de los objetivos de igualdad, encuentran justificación a su complaciente aceptación de los hechos en la "inevitabilidad" de los procesos globalizadores, que, a su vez, tendrían como punto de apoyo el espectacular desarrollo de las nuevas tecnologías.

2.- Sin embargo, en el uso y abuso de la referencia a las nuevas TIC como pretexto de las reformas educativas, hay algo más que propaganda. Existen propósitos e intereses de mayor alcance material. De un lado, hace tiempo que la educación, y los sustanciosos recursos públicos en ella invertidos, constituyen un espacio bastante amplio y atractivo como para despertar apetitos que buscan su apropiación y nuevas posibilidades de hacer negocio. Hemos oído a la patronal europea de la Tabla Redonda expresar sus esperanzas en que los presupuestos e inversiones estatales cumplan un papel fundamental de impulso y extensión de las nuevas tecnologías para dar dimensión y competitividad a los mercados europeos. Siendo más claros, si el discurso de la "modernización" cala en los medios vinculados a la enseñanza, la introducción masiva de las nuevas tecnologías en los centros escolares -incluso a costa de otros recursos de mayor urgencia y valor educativo- supondría un inestimable aumento inmediato de las ventas, además de contribuir a ir configurando un mercado de futuros clientes, introducidos tempranamente en la vorágine de la oferta y demanda de unos productos efímeros y en constante renovación. Por tanto, la proliferación de cursos, de pago o gratuitos, sobre el manejo y aplicaciones de las nuevas tecnologías en la educación, los compromisos de las administraciones desviando buena parte de los presupuestos para esas dotaciones millonarias de los centros, están directamente conectados, sin duda alguna, con el impulso de un negocio en el que se mueven ingentes intereses económicos y cuyo objetivo primordial, como en cualquier otro, es el incremento del beneficio privado.

3.- Además, este mercado, en cuya extensión se están apostando tantos esfuerzos, tiene unas características muy peculiares. No se trata sólo de vender más ordenadores, telefonía UMT, líneas ADSL, tecnología digital, ..., sino de acelerar también la creación de un nuevo mercado dentro de la propia educación o, si se quiere, hacer de la educación un mercado más. Las nuevas TIC, dicen, han dejado definitivamente al descubierto la obsolescencia de los sistemas educativos "tradicionales". Esas nuevas tecnologías no se postulan como simple vehículo de modernización de los materiales y recursos utilizados en el aula, sino como soporte de un mercado "abierto" de nuevas ofertas y demandas de los más diversos "productos" educativos, a libre disposición de los usuarios. Sus ideólogos preconizan una rápida superación de las fronteras y de los encorsetados sistemas nacionales de enseñanza, relegando al baúl de los recuerdos el "estrecho" marco escolar, las "rígidas" estructuras educativas, sus titulaciones "estancas"y demasiado reglamentadas, sus "caducos" y rutinarios contenidos curriculares, etc. Las TIC se convertirían, así, disponibles en todo momento y lugar, en el instrumento más adecuado para el aprendizaje "individual" y la formación "a lo largo de toda la vida" (las últimas "ideas revolucionarias" de toda reforma educativa que se precie), sin necesidad del "espacio escolar", que tanto cuesta a los estados mantener (edificios, mobiliario, materiales, profesores, personal subalterno y administrativo,...). En esa misma lógica, y respondiendo a la exigencia insistente de las patronales de adecuar y actualizar, de manera permanente, la formación en relación a las necesidades económicas, las TIC aportarían también los medios más flexibles para adaptarla, con inmediatez, a las demandas acordes con los cambiantes proyectos y coyunturas de las empresas que, de otro lado, ahora podrían generar o contratar productos educativos a la carta.

No estamos hablando de ciencia ficción. En USA superan ya el millón las familias que, renunciando a un puesto escolar, han optado por la "home school" ("escuela en casa") para sus hijos: una educación guiada por los propios padres -o un tutor-, utilizando los recursos de las nuevas tecnologías; se trata, evidentemente, de familias con determinado status económico y, frecuentemente, con actitudes sectarias, pero algunos estados no sólo lo permiten sino que lo alientan preconizando su generalización en un futuro próximo (expresión de la máxima "libertad de enseñanza" y elección). Canadá y Australia, entre otras potencias económicas, incluyen dentro de los artículos de exportación y mayor crecimiento sus llamados "productos educativos". Hace tiempo que las grandes empresas no sólo editan sus propios formularios con las "competencias" precisas exigidas para acceder a los puestos de trabajo o continuar en ellos (al margen de titulaciones oficiales), sino que indican, elaboran o venden los cursos apropiados para que los trabajadores se aseguren, por su cuenta y riesgo, las condiciones de su "empleabilidad" y continuidad en la empresa.

4.- Finalmente, las nuevas TIC también cumplen un servicio inestimable para desacreditar la figura tradicional del profesor que, si quiere sobrevivir, ha de adoptar un "nuevo perfil". En el amplio reportaje que "El País" del domingo 27 de junio dedicaba a los problemas de escolarización, al enumerar los factores que intervienen en los cambios acontecidos en nuestra sociedad y en la escuela, recoge -¿cómo no?- la manida alusión a "la globalización de la información (que) ha desbancado a los maestros y profesores como figuras claves de la transmisión del saber". De nada serviría hoy su desempeño histórico basado en el acopio de conocimientos y la capacidad de transmitirlos de forma ordenada, jerarquizada y valorativa. El mundo de los chips ha desarrollado en poco tiempo una capacidad casi infinita de almacenamiento de datos; internet pone en circulación constante informaciones de todo tipo; y para valorar su relevancia, utilidad y conveniencia, ahí están, desde los presupuestos neoliberales, de un lado, el mercado, la publicidad y los modernos mass media y, de otro, el individuo-usuario, al que se le supone dotado de plena libertad y criterio para tomar sus opciones; ¿Qué pintan en este escenario esos profesores, de vieja hechura, anclados en sus conocimientos "especializados", empeñados en enseñar cosas inútiles o innecesarias para el "dinámico" mercado laboral, apegados a formas y hábitos que ya no hacen mella en generaciones que viven desde su nacimiento entre televisores, ordenadores, consolas, teléfonos móviles a la última, etc.?

Puede que el destino reservado, y todavía no confesado, para los actuales cuerpos docentes sea el de su no muy lejana extinción. Pero, por el momento, se les exige un "cambio de chip" (frase muy socorrida por reformadores e inspectores de educación en los últimos tiempos) y que se recicle para asumir nuevas funciones. Si el tradicional papel de "transmisor de conocimientos" ha quedado obsoleto, en el nuevo perfil requerido se destacan dos rasgos fundamentales. Por una parte, se hace hincapié en que su oficio es el de "educador" que, si siempre había formado parte indisociable de su labor docente, ahora se identifica, en un sentido cada vez más unilateral y degradado, con socializar, vigilar, cuidar, incluso "animar" y entretener a niños y jóvenes, asumiendo muchas de las funciones que antes, aparte de la escuela, recaían en la familia y otras instituciones sociales, y que hoy no saben muy bien qué hacer con ellos hasta su incorporación en el mercado laboral . Por otra, de acuerdo con el mundo omnipresente de las TIC, se espera que el nuevo profesor sea, sobre todo, un experto guía-instructor para la utilización de esas nuevas tecnologías, en tanto que, aparte de las destrezas básicas (leer, escribir, calcular), se convertirán en la llave de acceso generalizado al conjunto de "productos" educativos, formativos o de mero entretenimiento, que ya están inundando el mercado. Es evidente, que ninguna de estas funciones, y otras que, con imaginación, se le pueden ir sumando, tienen mucho que ver con la labor docente que ha competido al profesorado y para la que se había formado.

- A modo de apéndice o conclusión de las conclusiones cabría hacer un par de puntualizaciones:

En primer lugar, no estamos haciendo ningún alegato contra la "máquina": como tantas herramientas inventadas a lo largo de la historia, su utilidad depende del uso que una sociedad determinada quiera hacer de ellas, puesto que, por sí mismas, no han librado a la humanidad de la explotación, de la miseria o de agotadoras jornadas de trabajo. Nadie duda de que, aun cuando, en la mayoría de los casos, se hace una utilización banal y puramente consumista de las nuevas tecnologías, pueden ser de gran provecho dentro y fuera del aula (tratamiento de textos, datos y cálculos, presentación de contenidos, programas interactivos, creación y elaboración de imágenes, navegación por internet con conocimiento y criterio, laboratorios de idiomas, etc.). Pero resulta, cuando menos, pura trivialidad hacer de esos instrumentos una nueva panacea capaz de reconvertir de arriba abajo los objetivos y fines de la educación. Existen sobrados motivos de alarma social, cuando el discurso sobre el carácter "innovador" de las tecnologías de la información y la comunicación se pretende erigir en argumento decisivo contra la existencia misma del marco escolar, como lugar de aprendizaje y educación, de acceso gradual y significativo -de forma individual y colectiva- al conocimiento, como medio esencial para el desarrollo de capacidades y de la propia personalidad, para la socialización en valores comunes y la formación de ciudadanos responsables y críticos. Justamente hoy es cuando habría de aceptarse menos que nunca que el "libre" discurrir del mercado pueda sustituir la función del estado, como garante universal de los derechos, o el papel del profesor como educador y "conductor", que ha de aportar los referentes culturales imprescindibles con los que enfrentarse al complejo mundo de la información incesante y dispersa, al caos de imágenes y símbolos, que llegan al niño y al joven sin orden ni concierto.

Pero, tal como se ha ido desvelando, eso es lo que algunos voceros de la reacción neoliberal (incluso con fraseología de "izquierda") intentan conseguir al utilizar las NTIC como pretexto ideológico "modernizador" y convertirlas en un nuevo ariete contra el edificio escolar construido a lo largo de siglos. Dentro de la Organización Mundial del Comercio (antiguo GATT) existen fuerzas muy poderosas empeñadas en lograr luz verde para un Acuerdo General sobre Comercio y Servicios, en el que se quiere integrar la educación, como un sector más entre otros ya sometidos a políticas de "liberalización". No nos engañemos, la privatización de parcelas crecientes de la educación y la formación, así como la introducción de las leyes del mercado en su seno, son el Caballo de Troya que lleva directamente al desmantelamiento de los sistemas públicos de enseñanza. Únicamente las resistencias levantadas aquí y allá por profesores, alumnos y sectores de la ciudadanía han frenado hasta ahora su derrumbe definitivo. La presente contribución pretende ayudar al rearme ideológico de esa resistencia, urgente y necesaria, para hacer frente a los embates presentes y por venir contra una conquista social, en situación de grave peligro, como es la Escuela Pública.

* Final para una serie de sendos artículos en 'Boletín de reflexión, nº 5 y 6, del Colectivo Baltasar Gracián (www.colectivobgracian.com) -CRISIS 2004'










































































































































 































 

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