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El dilema italiano,
según Gigi Sullo El editor de Carta, revista dedicada a los Foros Sociales, examina el escenario político de su país, donde el gobierno de derecha está en crisis y el movimiento altermundialista especula sobre su papel, en la hipótesis de un cambio electoral
Planeta Porto Alegre Pero no espere del periodista Pierluigi (Gigi) Sullo una respuesta simple, al sondearlo sobre sus expectativas para el próximo período. Parte de la generación que se formó en las jornadas rebeldes de 1968 y entusiasta del movimiento zapatista, él no ve a la politica como algo que tiene en el centro la disputa por el gobierno. La experiencia italiana reciente le da la razón. Entre 1996 y 2001, el país estuvo comandado por un frente de centro izquierda que contó, durante un cierto tiempo, con el apoyo de Rifondazione. Ocurrió un desastre: además de acelerar las privatizaciones y el desmantelamiento del sistema público de pensiones, esta coalición se alineó a la Casa Blanca en la guerra y en los bombardeos contra Yugoslavia. Las fuerzas progresistas perdieron crédito frente a su base, se desorganizaron, se dividieron y abrieron camino para el ascenso de Berlusconi, firme en la creencia, en aquel entonces común, en las virtudes del mercado. En cuatro años, muchas cosas cambiaron. Como en casi todas partes, el entusiasmo con el neoliberalismo es cosa del pasado y eso explica el desgaste del primer ministro. Además de eso, Italia fue marcada, más que cualquier otro país, por el espíritu de los Foros Sociales y por las grandes manifestaciones contra el neoliberalismo y la guerra. El movimiento por un nuevo mundo se tornó capaz de movilizar multitudes, de desdoblarse en múltiples acciones de solidaridad, de capilarizarse por las regiones, de hablar a los no politizados, de iniciar la construcción de una nueva cultura política. Miles de italianos se ven a si mismos como ciudadanos cuando participan de una campaña a favor de las víctimas de la ocupación de Irak, marchan por el mantenimiento de los derechos jubilatorios, defienden a los inmigrantes contra las arbitrariedades de la policía y de las empresas y rechazan productos fabricados en condiciones infrahumanas y no apenas cuando depositan un voto en la urna. Pero entonces surge una paradoja: ¿un movimiento que se volvió tan vigoroso no debería aprovechar, también, la oportunidad de cambio abierta por la crisis de la derecha? ¿Cómo hacerlo? Director de Carta, una revista semanal de política y cultura dedicada a los que se identifican con los Foros Sociales, Gigi coloca también para si mismo, la responsabilidad de responder a estas preguntas. Para resaltar la importancia del tema, recurrió, a final de julio, a un artificio literario. Publicó, en una edición de su revista, una descripción del panorama italiano, en la forma de mensaje al subcomandante Marcos, líder del movimiento zapatista. Era como si estuviera debatiendo un problema dificil, con un compañero de ideas que se encuentra distante. Para su sorpresa, Gigi recibió, dos meses más tarde, una respuesta personal: una carta de Marcos, dirigida personalmente a él, titulada La velocidad de los sueños y reproducida, en seguida tanto por Carta como por otras publicaciones en diversos países. La situación italiana, sus avances y los dilemas que propone, interesan a los que luchan por un mundo nuevo, en todas partes. Gigi habla sobre el tema en una entrevista exclusiva concedida a Planeta Porto Alegre. Su relato llama la atención tanto por la riqueza fáctica, como por los análisis, lúcidos y a veces sorprendentes, del periodista. Él rechaza las interpretaciones personales sobre la decadencia del fenómeno Berlusconi. Intenta entenderlo como parte del fin de las ilusiones que antes suscitaba el neoliberalismo. Pero su crítica corroe la política institucional italiana como un todo. Gigi la ve transformada en un espectáculo casi virtual, donde los actores se relacionan cada vez menos con las fuerzas sociales, porque su punto de referencia se transfirió a la conquista de espacios en los medios. El director de Carta también provoca cuando describe el mundo de los Foros Sociales en Italia. Él no corresponde al universo tradicional de la izquierda, ni sigue la misma lógica. Aqui no funcionan, por ejemplo, los mapas que intentan describirla como dividida entre radicales y moderados, o entre reformistas y revolucionarios. Los valores principales son la reapropiación de la política, la aspiración de hacer de ella una práctica cotidiana, ejercida por todos, a favor de una sociedad en la que las lógicas de los derechos y de la solidaridad sustituyan las de la acumulación de riquezas y de lucro máximo. Además
de su valor informativo y analítico, la entrevista a Sullo inaugura
un esfuerzo de colaboración más permanente entre la prensa
alternativa. Durante las semanas que nos separan del próximo Foro
Social Mundial, Planeta Porto Alegre y Carta desencadenarán juntos,
un esfuerzo para crear una red de intercambio permanente de notas, basado
en los principios de trabajo intelectual compartico y de intercambio no
mercantil. Los detalles, los encontrará en nuestras ediciones de
los próximos meses. Las opiniones de nuetro colega italiano siguen
a continuación.
Para analizarlo hago una analogía con una lasaña, una pasta italiana famosa en todo el mundo y conocida por su estructura de capas. Para comprender la política en nuestro país, es necesario examinarla capa por capa. En la capa más próxima a la sociedad, sitúo hoy al movimiento altermundialista. En nuestro país, éste aparece como un conjunto de redes sociales interligadas, algo que va mucho más allá de las grandes manifestaciones o de la propia representación nacional de este movimiento. Es importante observar con atención el caracter de estas redes. Ellas se basan en iniciativas de escala casi siempre local, que se oponen al neoliberalismo, está claro; pero también se dedican a acciones concretas de solidaridad y buscan construir formas de auto-gobierno. Muchas veces, las corrientes de izquierda o ultra-izquierda, no ven esta lógica. Por eso, tienden a reproducir características de la cultura política del pasado: el conflico, la disputa interna, el protagonismo individual o de grupo y el vanguardismo. En buena medida, la capacidad de movilización de las nuevas redes y movimientos, se apoya en su disposición para crear nuevas formas de acción política. Tanto es así que el proceso ya contagia a otras organizaciones, comenzando por el movimiento sindical. En Italia, hay sindicatos nacionales por categoría, las grandes centrales en especial la CGIL[i] pero también una fuerte acción de los sindicatos de base, organizados en cada lugar de trabajo. Estos son más abiertos a las nuevas prácticas. Además de eso, comienzan a multiplicarse, siempre en el plano local, experimentos de participación directa de los ciudadanos. Estos no se limitan a la definición del presupuesto, y tienden al auto-gobierno. En los últimos dos años, las regiones meridionales de Italia Sicilia, Calabria, Puglia fueron escenario de formas extraordinarias de lucha. Allá, la promesa de desarrollo fracasó. Son lugares que , en muchos aspectos, se asemejan a los países del Sur. Pues bien: en el período más reciente, comunidades enteras pasaron a movilizarse contra los sub-productos negativos del desarrollo: los terraplenes de residuos insalubres, la construcción de depósitos para los desechos de las usinas atómicas, por ejemplo. Como el gobierno de Berlusconi involucró directamente a Italia en la invasión a Irak, la lucha contra la guerra se transformó en el hecho que articula estas diversas formas de acción. Se estableció una conexión sentimental, para usar un concepto de Antonio Gramcsi. No es una lucha política en el sentido tradicional, que se agota en una reivindicación. Se pide la paz como sentido de vida y la adhesión es masiva. El año pasado, se contabilizaron 3 millones de banderas de la paz en las ventanas del país. Y había 3 millones de personas en la manifestación contra la guerra del 15 de febrero de 2003. ¿Cuál es la segunda capa de la lasaña italiana? La veo compuesta por los sindicatos, en su forma de organización tradicional, y en parte por algunos partidos de izquierda: Rifondazione Comunista, un sector de los Verdes. Están influenciados por un nuevo tipo de movimiento, su agenda y sus temas. Tomo como ejemplo la defensa del agua como bien común, no privatizable: lanzada en el I Foro Social Mundial, se transformó en un asunto nacional en Italia. En torno de esta causa, se formaron inclusive Frentes Parlamentarios. Aquí, está en curso una enorme evolución política, que puede dar buenos resultados. El clivaje, al interior de la izquierda, no es más radicales y moderados. Hay, por ejemplo, entre los radicales, una izquierda antiimperialista pero también estatista y centralista que no corresponde al nuevo tipo de movimiento. Y hay, en contrapartida, corrientes que apesar de no estar tan a la izquierda, entraron en sintonía con el modo de actuar de los Foros Sociales Mundiales. ¿Cómo se comporta el sistema político tradicional? En mi alegoría, es la tercera capa de la lasaña, la política politicante. En los últimos años ella profundizó aún más su autismo en relación al conjunto de la sociedad, su tendencia a sumergirse en su propio mundo interior y romper las relaciones con lo otro. Se transformó en aquello que Marco Ravelli[ii], uno de los intelectuales del movimiento llama de videocracia: un mundo virtual que deformó inclusive las viejas instituciones. El espacio de debate nacional ya no es el Parlamento y si los talk shows políticos de la RAI 1, la principal red de televisión del país. Ahí se traban disputas virtuales, donde el objetivo de cada partido o de cada político no es afirmar su visión sobre las prioridades del país, sino proyectar imágenes personales que permitan conquistar puntos en los sondeos de opinión pública. Para dar una idea, la ley que establecería el derecho a voto de los inmigrantes fue propuesta por Gianfranco Fini. En cierto momento, eso le sirvió para generar escándalo, para producir un relámpago en los medios. Días después, todo el mundo político se olvidó de las propuestas, porque la agenda de la videocracia cambia muy rápido. Aún con la política reducida a este ambiente ficticio, es muy posible que Berlusconi haya agotado su capacidad de transmitir promesas. Eso ocurrió de manera relativamente rápida en los últimos años. Berlusconi representó una especie de espíritu animal de la sociedad italiana. Sus ideas fuertes eran: el estatismo, el clientelismo, la inversión y los servicios públicos todos ellos son escombros. Lo que tiene valor es la riqueza privada. La richesse est à vous, como diría el emperador francés, Napoleón III. Había una base material para eso. En las regiones de Lombardía y del Veneto, Norte y Noreste de Italia, florece un tipo de industria constituida en base a micro-empresas muy prósperas. Milán, el epicentro de estas regiones, es una de las ciudades europeas donde más se desarrolló esta mentalidad hiper-liberal, que idolatra a la competencia individual, las finanzas, la Bolsa, la publicidad y la comunicación alienante. Tal vez solamente Londres sea peor, en este sentido. Este ambiente sofocó completamente a la izquierda en esa parte del país, aunque haya redes sociales muy fuertes. ¿Cuáles son los resultados esenciales de los años de Berlusconi? En una palabra, privatización. Ella afectó a todas las estructuras de los servicios públicos. La reforma de las jubilaciones establece, aún de forma hipócrita y no asumida, el control privado del sistema de Pensiones. El sistema de trabajo sufrió el impacto de la llamada Ley 30, que abrió camino para contratos salariales, en los que el empleador no está obligado a respetar las leyes sociales. Hoy, uno de cada dos trabajadores contratados en Italia es forzado a firmar contratos de este tipo. Se transfirió a particulares el patrimonio inmobiliario del Estado. Aún en estos días, a pesar de las dificultades del gobierno, el Parlamento está votando una reforma constitucional que desmiembra el sistema nacional de servicios públicos, para evitar que las regiones más ricas tengan que dividir recursos con las más pobres. Berlusconi puso en práctica, con veinte años de atraso, el proyecto de modernización ultra-liberal de Margareth Thatcher. Sin embargo, con dos características propias. Una es la defensa de los intereses personales del primer ministro, en favor de los cuales fueran propuestas y aprobadas, en el Parlamento, diversas leyes. Algunas de ellas, por ejemplo, concedieron a Berlusconi inmunidad frente a varios procesos que la Justicia ejecutaba contra él. La otra particularidad es que el premier gobierna apoyado en una coalición donde no hay, además de los ultra-liberales, políticos fascistas y ex-demócrata cristianos. Especialmente en las regiones del Sur, ellos intentan mantener las relaciones clientelares que marcaron la acción del Estado entre la segunda Post-guerra y los años 90. En estas regiones, los políticos eran, en esencia, mediadores entre el Estado nacional y las corporaciones sociales. Esta parte de la mayoría del gobierno tiende a frenar la implementación del programa liberal, o a condimentarla con el mantenimiento del clientelismo. En los últimos dos años, las dificultades del capitalismo pusieron en crisis a este sistema complejo, y a veces contradictorio, de relaciones políticas. En el Nordeste rico del país, que vivió por años un crecimiento increíble de la producción y de las exportaciones, se estancó. En respuesta, Umberto Bossi, jefe de la Liga Norte un partido de tendencias fascistas que integra la coalición de Berlusconi pidió la adopción unilateral de sobre-impuestos sobre las mercaderías importadas de China. Es una aberración, desde el punto de vista del ultra-liberalismo. ¿Los partidos de izquierda institucional también están sumergidos en este ambiente de debate virtual y de videocracia? Lamentablemente, si. El esquema Berlusconi quedó desorientado debido a las dificultades del ultra-liberalismo y de la ocupación de Irak, en la que el premier involucró directamente a nuestro país. Pero a partir de la lógica del sistema político, es casi imposible esperar alternativas. El probable antagonista de Berlusconi, en 2006, será Romano Prodi, ex-presidente de la Comisión Europea, y ex primer ministro. Formado en la Democracia Cristiana, tiene, es claro, una percepción diferente sobre la sociedad y la política. Pero la idea según la cual el liberalismo y la competencia son la base de cualquier vida social posible, marcan muy profundamente también a la centro-izquierda. Por eso la situación es tan complicada. En las últimas semanas, organizaciones ligadas a los Foros Sociales han mantenido, entre sí mismas y con la izquierda tradicional, conversaciones sobre el futuro político de Italia. ¿Qué se debate en esos diálogos? Un proverbio italiano recuerda que intentar nunca hace mal. Una nueva victoria de la centro-izquierda y de la izquierda no tendería a ser igual a la de 1996 porque el propio escenario internacional cambió, con la crisis del neoliberalismo y la de la guerra. En aquel momento, muchos creían, en Europa, que los valosres de mercado, proclamados por Margareth Thatcher y Ronald Reagan quince años antes, podían ser correctos. Uno de los símbolos marcantes de ese período fue un encuentro internacional de jefes de Estado realizado en Florencia por iniciativa de LUlivo, el bloque de centro-izquierda que se encontraba en el gobierno. Allá, los líderes italianos de ese grupo, Romano Prodi y Massimo D´Alema confraternizaron con Bill Clinton, al frente de la Casa Blanca, Leonel Jospin, primer ministro francés que lideró una ola de privatizaciones en Francia y otros gobernantes del mismo naipe. Hoy, esta ilusión neoliberal acabó, sacudida por el impacto de las atrocidades cometidas en Irak, de la crisis social creciente en Europa, de la pérdida de poder de compra de los salarios después de la introducción del euro, de las dificultades de la economía europea. Ella afecta, en nuestro país, inclusive a sectores prósperos y tradicionales, como el turismo. Por primera vez, en muchas décadas, no hubo, en los meses de verano, el gran flujo de visitantes alemanes usual, ya que también ellos están sin la misma capacidad de consumo. Es posible imaginar una alianza implícita no un bloque formal que incluya a la CGIL (central sindical que comienza a ver el mundo de los Foros Sociales con seriedad), que tenga fuerte base en los experimentos de construcción de poder local, que atraiga inclusive ciertos intendentes comprometidos con estas iniciativas. El objetivo es recrear, aprovechando el nuevo ambiente político, mecanismo de participación popular activa en la política, capaces de bloquear y servir como alternativa a los mecanísmos autistas de la videocracia. ¿Cuáles serían los caminos para que surjan, de la crisis del neoliberalismo, estas nuevas formas políticas? Uno de los pasos sería establecer relaciones abiertas, libres, entre el mundo de los Foros Sociales y fragmentos del sistema político. Fíjate que no se trata, aquí, de clasificar las fuerzas de izquierda de acuerdo a la geografía tradicional. Para ésta, la división es simple. De un lado están los moderados de LUlivo y del PDS[iii]. De otro lado, los radicales de Rifondazione, del Partido de los Comunistas Italianos, y del los Verdes. Este punto de vista ignora completamente las capas de la lasaña, la geología de la política. En varios casos, intendentes ligados al PDS, o sindicalistas de la CGIL, son más abiertos a dialogar con el mundo de los Foros Sociales que ciertos comunistonni . Es posible que surjan, en los próximos meses, intentos de establecer los puentes de los que hablo. Una idea sería convocar desde los movimientos, no desde los partidos Foros Temáticos, donde se debatan salidas concretas para los impasses de Italia. Donde sea posible transformar las luchas, las resitencias, en propuestas activas. Ejemplifico con el tema del consumo responsable, que avanzó. En Italia, crecieron muy rápidamente, aún bajo el neoliberalismo, las prácticas de consumo responsable, las grandes campañas para rechazar productos fabricados sin respeto a los derechos sociales o al ambiente y para valorizar los esfuerzos de los países del Sur, de las cooperativas, de los productores orgánicos locales. Ellas no se restringen a pequeños grupos de militantes. Están creando una alternativa concreta al productivismo, a los transgénicos, a los antibióticos, a la monocultura, al fast food. ¿El problema es que son avances muy localizados. Tu ves en la escena internacional, señales más claras de cambio? Sólo los ciegos de la política no ven las dificultades del neoliberalismo. Basta con examinar los últimos años. Lula, Kichner, Venezuela. Inclusive las elecciones de los países andinos, que alejan a los partidarios más típicos de la soberanía de los mercados. La derrota de los fundamentalistas en India y de Aznar en España. Las últimas elecciones francesas, en las cuales el principal derrotado fue el primer ministro liberal. Las elecciones regionales y europeas en Italia. Todos estos procesos apuntan hacia un mismo sentido: es necesario construir nuevas relaciones políticas. Esta tradición recién inaugurada tiende, probablemente, a sacar provecho también de las elecciones. No soy partidario de un punto de vista anárquico, ni de las creencias de ultra-izquierda que defendía hace treinta años. En aquel entonces, nos veíamos, por principio, como la izquierda extra-parlamentaria. Éramos los más revolucionarios: todo lo que estaba relacionado con las instituciones no nos merecía respeto. ¿Cómo contribuiría hoy esta posición? ¿No será importante estimular a la sociedad como un todo a elegir intendentes, o diputados, que rechacen la videocracia y sean una alternativa a ella? ¿De qué manera estas perspectivas podrían contribuir a la invención de nuevas formas de política, algo que se debate cada vez más en el Foro Social Mundial? Cada vez más nos inclinamos a este tema, cada vez más intensamente. ¿En qué momento el movimiento altermundialista reunirá la masa crítica necesaria para inventar instituciones? Es uno de los problemas centrales del Foro Social Mundial. Los primeros encuentros, en Porto Alegre y Mumbai, sirvieron como revelación. Mostraron la enorme realidad de las organizaciones sociales que no reivindican simplemente, luchan y resisten, sino que también hacen, crean los nuevos hechos, las alternativas al neoliberalismo. Por eso se afirmó en el II Foro Social Mundial, que otro mundo no es apenas posible, sino que está en construcción. La invención de nuevas instituciones exige, desafiar a las que existen hoy, y que acompañan a los Estados nacionales hace siglos. Aqui se produce un inmenso impasse. Estos Estados fueron construidos por medio de actos sucesivos de violencia, que continúan siendo practicados: contra las minorías étnicas, contra la diversidad cultural y lingüistica, contra las clases sociales que se rebelan. Y mientras tanto, fíjate: estos mismísimos Estados fueron, durante mucho tiempo, el espacio donde se practicó la mejor democracia posible bajo la égida del capital... Esta época quedó atrás. Pero sustituir las viejas instituciones por nuevas será ciertamente una obra que llevará décadas. ¿Cuánto exactamente? O para usar el mote provocativo usado por Marcos, en la respuesta que me envió: ¿cuál es la velocidad del sueño? Respuesta: no lo sé. Y mientras tanto o exactamente por eso continúo soñando.... Notas: [i] Central General Italiana del Trabajo ,creada por el antiguo Partido Comunista Italiano [ii]Marco Ravelli es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Piemonte Central. Entre sus libros, se encuentra Oltre il novecento [Más allá del Siglo XIX], La sinistra sociale [La izquierda social] y Le due destre [Las dos derechas]. [iii] PDS: Partido Democrático de Izquierda que reunió al ala más moderada del Partido Comunista Italiano después de la escisión en 1990.
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