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España intacta No fue la de las cercanías la única chanza que, con la gracia que le caracteriza, el presidente del Gobierno realizó la semana pasada en la entrevista que le hizo Buenafuente. Zapatero se guaseó también del España se rompe, y afirmó que el tiempo transcurrido ha demostrado el infundado e interesado alarmismo del Partido Popular. El lunes, en la entrevista que publicó El País, la ministra Elena Salgado repetía el argumento de su jefe. Llevan tiempo utilizándolo los socialistas y, de aquí a marzo, lo escucharemos a menudo: España no se ha roto. Resulta evidente que, en el tiempo transcurrido, España sigue intacta. La semana anterior, el Consejo General de Colegios de Médicos, mostraba su posición sobre la parcela que les ocupa: Sanidad debería recuperar parte de las competencias sanitarias transferidas. No puede aceptarse que haya 17 comunidades autónomas con 17 servicios sanitarios. Saben de lo que hablan, saben que la sanidad en España funciona, por decirlo suavemente, bastante peor de lo que debiera. Claro que tres cuartos de lo mismo podemos decir de la educación: la existencia de 17 sistemas públicos de enseñanza es una de las causas de los malos resultados que obtiene España en el terreno de la educación en cuanto se la compara con los países de su entorno. El mismo día de la declaración de los médicos, se hacía público que el Gobierno se veía incapaz de gobernar, que Los dependientes tendrán que esperar (por utilizar el titular del diario El País). Esto es, que el Gobierno no puede aplicar la aprobada Ley de Dependencia, porque la competencia corresponde a las comunidades autónomas. Resultado: ni el diez por ciento de los dependientes previstos ha logrado acceder a las prestaciones que la ley estipula. También en estos días aparecen en los medios buena cantidad de noticias sobre los desmanes urbanísticos en la costa española`. No hace mucho que en el Parlamento europeo se asombraban de lo que estaba sucediendo en Valencia y exigían responsabilidad al Gobierno de España. La contestación fue la acostumbrada, y era verdad: no tenemos competencias, nada podemos hacer. Existen otros aspectos en los que el Gobierno no puede hacer nada. Son ya demasiados. No, España no se ha roto, el problema es que va resultando cada día más difícil de gobernar. Y eso es lo que lleva a algunos a proponer una reforma constitucional que fije las competencias de los distintos gobiernos y establezca un marco estable para el buen gobierno, que se revela incompatible con el permanente chantaje de los nacionalistas: lo hizo primero UpyD, el partido de Rosa Díez y Fernando Savater; el PP se ha apuntado a la reforma tras su negativa inicial; de Izquierda Unida y de los nacionalistas ya se sabe lo que se puede esperar... lo mismo que del partido de Zapatero: El PSOE ofrecerá a las autonomías más poder en la gestión de servicios públicos (titular de El País, al día siguiente de las noticias reseñadas anteriormente, referido al programa socialista para las próximas elecciones). Esa es la cuestión política que debería estar debatiéndose: cómo poner remedio a lo que no funciona o debe mejorarse, para proporcionar a los ciudadanos servicios públicos eficaces e iguales para todos. Por otra parte, no ha transcurrido el tiempo suficiente para que se hagan visibles a los ojos de la mayoría de la población todas las consecuencias, que serán muchas, de la reforma constitucional encubierta que se abrió con el Estatuto catalán. Y ese es uno de los motivos que hace posible que algunos hagan sus gracias sobre el España se rompe, que lo consideren un despropósito, que la frase parezca un sinsentido. Es decir, que parezca lo mismo que parecía en Bélgica hace sólo un par de décadas. Lo contrario de lo que les parece hoy, cuando llevan casi medio año sin poder formar gobierno, cuando la mayoría piensa que los enfrentamientos entre los nacionalistas valones y flamencos han colocado al país al borde de la división, y cuando miles de ciudadanos se manifestaban el domingo en Bruselas tratando de impedir lo que ya no saben si tiene remedio: que Bélgica se rompa, que se rompa el espacio común de convivencia. No podemos saber lo que ocurrirá en España en un par de décadas porque dependerá de lo que hagamos de aquí a entonces, pero podemos estar seguros de que era una falacia lo que tantos y tantas veces nos contaron: que la cerrazón de Aznar, su mal talante y su negativa a dialogar, era la causa que alimentaba las exigencias nacionalistas. Poco tiene que ver Aznar con la radicalización de los nacionalismos que se ha producido en los últimos tres años en este país. Ese ha sido, simplemente, el resultado lógico de la política de Zapatero, quien ante la próxima cita electoral nos ofrece... más de lo mismo. http://www.bastaya.org/www2/portada.php
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