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¿Con qué Renta
vivirá la mayoría de ciudadanos no incluida en el Mercado
laboral?
Ulrich Beck
* [18 noviembre 2005]
Las visiones nacionales son engañosas. No
basta con limitarse a Francia para localizar las causas de la quema de
los suburbios franceses, ni sirven los conceptos en principio incuestionables
de "desempleo", "pobreza" y "jóvenes inmigrantes".
De hecho, se está produciendo un nuevo tipo de conflicto del siglo
XXI. La pregunta clave es la siguiente: ¿qué ocurre con
los que quedan excluidos del maravilloso nuevo mundo de la globalización?
La globalización económica ha llevado a una división
del planeta que atraviesa las fronteras nacionales, con lo que han aparecido
centros muy industrializados de crecimiento acelerado al lado de desiertos
improductivos, y éstos no están sólo "ahí
fuera" en África, sino también en Nueva York, París,
Roma, Madrid y Berlín. África está en todas partes.
Se ha convertido en un símbolo de la exclusión. Hay un África
real y muchas otras metafóricas en Asia y en Suramérica,
pero también en las metrópolis europeas donde las desigualdades
del planeta en su tendencia globalizada y local van dejando su impronta
tan particular. Y las definiciones de "pobre" y "rico",
que parecían eternas, se están transformando. Los ricos
de antes necesitaban a los pobres para convertirse en ricos. Los nuevos
ricos de la globalización ya no necesitan a los pobres. Por eso
los jóvenes franceses son inmigrantes africanos y árabes
que soportan, además de la pobreza y del desempleo, una vida sin
horizontes en los suburbios de las grandes metrópolis.
A la sombra de la globalización económica, cada vez más
personas se encuentran en una situación de desesperación
sin salida cuya característica principal es -y esto corta la respiración-
que sencillamente ya no son necesarios. Ya no forman un "ejército
en la reserva" (tal como los denominaba Marx) que presiona sobre
el precio de la fuerza de trabajo humano. La economía también
crece sin su contribución. Los gobernantes también son elegidos
sin sus votos. Los jóvenes "superfluos" son ciudadanos
sobre el papel, pero en realidad son no-ciudadanos y por ello una acusación
viviente a todos los demás. También quedan fuera del mundo
de las reivindicaciones de los trabajadores. ¿Qué son para
la sociedad? "¡Un factor de gastos!". La "poca utilidad"
que les queda es que se mueven por el odio y una violencia sin sentido;
al final incluso provocan destrozos, y con este drama real que asusta
a los ciudadanos ofrecen a los movimientos y políticos de derechas
la posibilidad de destacarse. Pues no se trata precisamente de inmigrantes
anclados en su cultura de origen, sino de jóvenes con pasaporte
francés, que hablan perfectamente el francés y que han pasado
por el sistema escolar francés, pero a los que, al mismo tiempo,
la sociedad francesa de la igualdad los ha marginado en auténticos
guetos "superfluos" en la periferia de las grandes ciudades.
Las élites de la economía y de la política no desisten
de la idea del pleno empleo... Por consiguiente, les afecta un extraño
daltonismo que les impide medir la dimensión de la desesperación
que se extiende en los guetos superfluos, los cuales se ven aislados de
una vida segura y ordenada mediante un trabajo remunerado. Tanto los partidos
de la izquierda como los de la derecha, los nuevos y los viejos socialdemócratas,
los neoliberales y los nostálgicos del Estado social no quieren
admitir que en un contexto de aumento del desempleo hace tiempo que el
trabajo ha pasado de ser un "gran integrador" a convertirse
en un mecanismo de marginación. Evidentemente, es falso afirmar
que no hay suficiente para todo el mundo, pero el trabajo que antaño
creaba seguridades que se consideraban adquiridas disminuye rápidamente,
incluso detrás de la fachada del pleno empleo. Por todas partes
hay nuevas formas de desempleo oculto. Algunos lo llaman "empleo
a 1 euro"; otros, "formación", y aun otros, "hacerse
autónomo".
La verdadera miseria se manifiesta en el último eslabón
de la jerarquía de la formación: los trabajos para jóvenes
con un título educativo de bajo nivel o sin título alguno
se convierten en trabajos automatizados o se ponen a salvo en países
con sueldos más bajos. Por eso, en toda Europa la escuela primaria
amenaza con convertirse en el muro del gueto, tras el que los grupos con
un estatus más bajo quedan atrapados en el desempleo permanente
y la ayuda social. La formación, que de manera previsible acaba
siendo "superflua", se convierte en foco de "violencia
molecular" (Enzensberger) que ya sólo persigue complacerse
a sí misma. Pero la política y la economía, influenciadas
por la ortodoxia del pleno empleo, se olvidan de la pregunta clave: ¿cómo
pueden las personas llevar una vida razonable si no encuentran un empleo?
Se trata de una sublevación airada típicamente francesa
contra la dignidad herida de los superfluos y a favor del derecho a ser
iguales y diferentes. Lo mínimo para reconocerles sería
que la superficie incendiada del odio que amenaza con declararse en todo
el mundo no se minimizara rebajándola a la categoría de
zombi. Pero esto ya parece que es pedir demasiado.
* (Extracto de 'La revuelta de los superfluos', artículo que se
le había traducido al profesor de Sociología para la Universidad
de Munich antes por Le Figaro bajo el título 'Banlieues: la dignidad
herida de los insurrectos'. Versión española: M. Sampons)
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