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El umbral ético
Javier Elzo*
*catedrático Emérito de Deusto (EL PERIÓDICO, 28/04/08): Ha sido muy lento y escalonado el desmarque de
la sociedad española y vasca de los postulados y acciones de ETA
y de los planteamientos de HB. Especialmente para el nacionalismo. No
hay que olvidar que ETA fue uno de los referentes de la lucha antifranquista.
Recuérdese, también, cuando los electos de HB juraban la
Constitución española por imperativo legal y
nadie decía nada. SE PUEDE aducir el hartazgo social. Que llevamos
30 años de democracia y que, cada año que pasa, la presencia
de ETA se hace más insoportable. Que se ha intentado todo y que
nada ha dado resultado. Que hace un año estábamos en tregua
y ahora la tregua se ha roto con asesinatos y que hasta la justicia debe
acomodarse a los tiempos que corren, argumento que me pone los pelos de
punta. Creo que en la historia de los pueblos hay momentos en los que
se producen saltos cualitativos. Los asesinatos de Ordóñez
y de Blanco propiciaron que las víctimas del terrorismo pasaran
del ostracismo a tener relevancia social. La ruptura de la tregua por
parte de ETA y el asesinato de Carrasco han propiciado otro salto cualitativo
que ha elevado el umbral ético. ES TAMBIÉN cierto que se ha utilizado espuriamente
la bandera de las víctimas como arma política y que algunas
víctimas, pocas, pero muy mediatizadas, han hecho de su condición
su estatus vital. Pero sería un grave error para el nacionalismo
vasco limitarse solamente a estos aspectos (u otros, de signo político-partidista)
sin analizar los errores propios. Ha habido demasiados guiños,
demasiados años, con el mundo de HB, que desde su inicio no se
ha desmarcado un ápice de ETA. No todo HB es ETA, ciertamente,
pero hay que mirar con lupa y apenas encontrar nada, más allá
de algunas individualidades, que se hayan desmarcado públicamente
de ETA. Eso les pesará en las conciencias y, sobre todo, en las
de sus hijos y nietos cuando, más adelante, revisen la historia.
Pero, aunque en menor medida, también al nacionalismo democrático,
pues en sus filas, tanto en el PNV como en EA, no han sabido o querido
(porque podido sí que han podido) marcar, claramente, las distancias
con ese mundo. De ese mundo del que nos separan los medios y los fines,
hay que decirlo una y mil veces. HABLANDO recientemente a afiliados de EA, les
decía que el nacionalismo vasco debería mostrar con los
actos su desmarque radical y total con el mundo del MLNV. Empezando con
el compromiso de no gobernar nunca con ellos e impidiendo, con los votos,
que no puedan hacerlo, siempre que sea posible. Más aún,
propugnaría una reflexión de fondo acerca de la posibilidad
de que todos los partidos democráticos no acepten los votos emitidos
en el Parlamento Vasco por quienes no repudien la violencia terrorista.
Para aprobar y para rechazar leyes, claro está. Tendrían
voz pero no voto.
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