Lección de ciudadanía
Estéban de Manuel Jerez
Prof. Universidad de Sevilla

 

El pueblo francés, reinventor moderno del concepto de ciudadanía, motor de la construcción europea, se ha pronunciado en contra del proyecto de "Constitución" Europea. Y lo ha hecho, pese a que sus representantes políticos en el parlamento y las instituciones se han volcado de forma abrumadoramente mayoritaria a favor de un SI que identifican como el único paso posible en la construcción de Europa. Como en España, los partidos y las instituciones han utilizado los argumentos del miedo. Argumentos que todavía resuenan hoy, tras el resultado: el miedo a perder el tren de Europa, la modernización que nos hará capaces de competir mejor en los desregulados mercados internacionales, a perder peso poítico frente a USA, etc. El NO, nos dijeron, y les han repetido y les repiten hoy a los franceses, no se puede gestionar. Porque supuestamente, tras el NO hay una incuestionable hetereogeneidad de intereses, que por alguna misteriosa razón, no ven en el SI. ¿alguien se pregunta por las razones del si, de índole interna o externa? ¿Por qué?

¿Qué ha dicho el pueblo francés y por qué? ¿Qué oportunidades y amenazas se nos presentan ahora? Ha dicho que NO a la forma en qué se está construyendo Europa, forma, que por muchos síntomas (basta ver los índices de participación en las elecciones europeas) está muy alejada de los ciudadanos, en manos de tecnócratas que nos aplican las políticas neoliberales que consideran todo lo humano supeditado al mercado. El proyecto de constitución ha ido demasiado lejos en algo que ninguna constitución de ningún país del mundo se ha atrevido: en señalar la supremacía absoluta de la economía sobre la política. El proyecto globalizador neoliberal encuentra en esta constitución su modelo ideal: plasmar su pensamiento único como regla de juego político.. Los servicios públicos irán pasado progresivamente a manos y filosofía privadas (la rentabilidad como principio fundamental), las privatizaciones serán irreversibles, la OTAN será la encargada de la defensa de Europa, la constitución está blindada a los cambios,... Demasiadas cosas como para que un democráta, incluso si es es un convencido del neoliberalismo económico, ya sea en su versión conservadora, liberal o socialdemócrata, pueda tragar. Y lo que han tragado los políticos profesionales, lo han parado los ciudadanos franceses.

Entre un 25 y un 30 % de los votantes del gobierno de "derechas". Un 55% de los votantes socialistas, un 60% de los votantes verdes, se han apartado de la fidelidad al partido al que votan y han pensado y decidido por sí mismos: toda una lección de ciudadanía, que debía hacer pensar a todos, pero especialmente a los que uno esperaría que tuviesen un mayor distanciamiento del proyecto neoliberal. Llama la atención y uno siente envidia, por la madurez democrática que representa, que el partido socilista francés haya vivido un debate intenso y se vea arrastrado a una crisis por su posición respecto a esta constitución. ¡ojalá todas las crisis tuviesen motivos tan políticos y no fuesen tan vinculadasa a las aspiraciones de liderazgo! Es algo que, por motivos que habría que preguntarse, no se ha dado en España.

¿Qué razones de política interna justifican el SI en masa de los votantes socialistas españoles a aquello que produce un debate tan intenso y un rechazo mayoritario entre los socialistas franceses? ¿Por qué nadie se hace esa pregunta? Uno, para ser comprensivo, tiende a pensar que en los españoles pesa todavía demasiado nuestra reciénte incorporación a Europa cómo para que podamos matizar que no hay que confundir el NO a la constitución, con el NO a Europa. Los franceses se lo pueden permitir sin que nadie les acuse de ingratitud, de falta de entusiasmo europeista, ni nada por el estilo. Ellos son más libres para votar que nosotros y tienen mayor tradición ciudadana y republicana que nosotros. Aprendamos de ellos. Porque ahora tenemos la oportunidad de repensar la constitución, de abrir un proceso verdaderamente constituyente, de reivindicar la supremacía de la política sobre la economía. Algo que antes o después se impondrá. La lógica ciega de los mercados seguirá polarizando la sociedad entre los que sacan ventaja y los que se quedan rezagados, a nivel europeo y a nivel mundial. Y las dramáticas consecuencias de ésto nos llevará a comprender que es una quimera imponer una política económica única en una constitución y blindarla: cuanto más rígida a los cambios sea este quimérico proyecto, más violento será el rechazo que provocará con el tiempo. El pueblo francés, con su lección de ciudanía, nos dá la oportunidad de corregir a tiempo.

Estamos de enhorabuena, los ciudadanos demócratas de cualquier signo.



Esteban de Manuel Jerez
Prof. Universidad de Sevilla

 

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