¡Qué justeza más preventiva haber concluido aquel Manifiesto de Re(d)eS ante
el 14-M denunciando al "comisario" SOLBES!
(ver http://www.nodo50.org/reformaenserio/articulos/diciembre03/buenomanifiesto.htm)

Conste que -como lo cortés no quita lo valiente - reconocemos como es debido la subida del SALARIO MÍNIMO desde los 460,5 euros al mes de Rato hasta 490 (su Programa electoral prometía "subirlo a 600" -añadiendo, en letra pequeña, "durante la legislatura"- y nuestro Programa Social de Izquierda Mínima reclamó llegar a 900). Pero, a la vez, nos desayunamos con la aclaración gubernamental de que el compromiso electoral socialista para "favorecer el acceso a la vivienda nueva o usada, en compra o en alquiler, a un precio razonable, asegurando 180.000 VIVIENDAS al año" consiste en la realización de 180.000 "ACTUACIONES" - como las de "la urbanización de suelo y la rehabilitación o compra de inmuebles ya existentes para sacarlos al mercado"- y no en la creación de 180.000 viviendas de VPO.

Así, por ejemplo, leemos en la prensa a un nada radical analista económico
de los del mundillo de "los Negocios":



SOLBES, LO ACCESORIO Y LO ESENCIAL
-Primo González (ED190504)

"Pedro Solbes ha sido, hasta la fecha, uno de los ministros menos locuaces
del Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero. Su intervención ante la
Comisión de Economía del Congreso no ha servido para enmendar lo que algunos
pueden considerar un exceso de prudencia. Con la habitual cautela y
moderación de la que ha venido haciendo gala incluso en sus últimos años
como comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Comisión Europea,
Solbes ha dejado a los congresistas de los diversos segmentos del arco
parlamentario, incluso a los del PP, moderadamente satisfechos. Algunos,
incluso, muy satisfechos. Las palabras y los planteamientos huelen a
continuismo, sólo que se trata de una continuidad que entronca, ocho años
atrás, con su propia gestión como titular de Hacienda del último Gobierno de
Felipe González y, por supuesto, con la etapa de Rodrigo Rato al frente de
este departamento. Difícil sería establecer las diferencias entre los
últimos dos años de Solbes al frente de la cartera de Economía y Hacienda y
los ocho de Rodrigo Rato en la conducción de la economía española.

Pero sería ilógico no admitir que existen diferencias sustanciales entre lo
que ha sido la conducción de la economía en estos últimos diez años y la
etapa a la que se enfrenta ahora el vicepresidente económico del Gobierno
socialista, que tiene como ventaja en relación con su etapa anterior el
hecho de disponer de rango de vicepresidente, lo que le equipara a Rodrigo
Rato.

No está todavía muy claro, sin embargo, si el rango de vicepresidente le
confiere a Solbes el mismo o similar peso político que el que tenía su
antecesor Rodrigo Rato al frente de la economía y de algunas parcelas
básicas de la vida política. Las apariencias parecen indicar que no. El
ascendiente de Rato frente a Aznar, la capacidad parlamentaria de Rato como
líder del Grupo Parlamentario de su partido y la libertad de movimientos que
le concedió en todo momento Aznar a la hora de pacificar y gestionar el
enorme problema de la financiación autonómica son cuestiones que
posiblemente no pertenecen en el mismo rango a las capacidades del nuevo
máximo responsable de la economía en el actual Gobierno. Y es una pena,
porque en el horizonte más o menos inmediato, Solbes necesitará dotes
políticas abundantes para hacer frente a una serie de exigencias políticas
en las que el Gobierno de Rodríguez Zapatero se va a jugar posiblemente el
éxito de su tarea política en esta legislatura.

Mientras llegan los momentos de la verdad en el escenario autonómico, Solbes
ha presentado algunos de sus objetivos, con los que resulta difícil no estar
de acuerdo. El más zarandeado ha sido el de la mejora de la productividad,
asunto que ya se convirtió en una cantinela de éxito en la reciente campaña
electoral pero que no resultará fácil de llevar a la práctica. En principio,
nadie ha explicado cómo se pueden hacer compatibles los objetivos de mejora
del empleo y de la productividad en un país que todavía tiene por delante un
largo recorrido en la tarea de absorber mano de obra no activa, sin contar
con el añadido nada liviano de la inmigración.

Asunto, por cierto, que nada en un mar de ignorancia debido a la escasa
fiabilidad de las estadísticas disponibles. El INE quizás nos saque pronto
de dudas en relación con la cuantificación de las grandes variables de
población, empleo, paro y actividad, sumergidas de un tiempo a esta parte en
una preocupante nebulosa. Todo parece indicar que las cifras nos van a
sorprender con dimensiones bastante mayores en lo que a disponibilidad de
población se refiere. De ahí que la mejora de la productividad se presente
como un asunto de compleja resolución. ¿Qué es más importante, incidir en la
creación de empleo o en la mejora de la productividad, que implica hacer lo
mismo con menos gente o más pero sin absorber paro e inactividad? Lo primero
nos llevaría desde luego a una economía tercermundista. Lo segundo, a una
economía más competitiva. La cuestión es cómo apuntalar este segundo reto,
que requiere indudablemente mucho dinero (privado pero también público) y
una nueva cultura empresarial y colectiva, que no se improvisa.

La aportación de Solbes al debate sobre la mejora de la productividad será
una piedra angular de su mandato, posiblemente, pero no parece que vaya a
ser el punto neurálgico de su trabajo. Su silencio y su dedicación a
cuestiones que parecen evasivas más que sustanciales no pueden ocultar las
dos cuestiones que con bastante probabilidad van a distraer lo esencial de
sus quehaceres: cómo hacer frente a la avalancha de gastos que están
planteando algunos de sus colegas ministeriales y, sobre todo, cómo cuadrar
el complejo mapa de las aspiraciones financieras de las autonomías."

 

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