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La Renta Básica como derecho
de ciudadanía
Ramiro Pinto Cañón
Pliegos
de Pensamiento
La Renta Básica nos sitúa ante un cambio de modelo,
de visión del mundo y más que la viabilidad de tal medida lo que nos impide
verlo es nuestra mentalidad, construida a lo largo de siglos de historia.
Otro mundo es posible, otra economía también, si somos capaces de pensar
de acuerdo a la nueva realidad. La Renta Básica no se propone para interpretar
el mundo, ni para cambiarlo, sino porque el mundo ha cambiado y es necesario
interpretar dicha transformación. Por esto nos situamos en los albores
de una revolución histórica por lo que significa como avance en la lucha
por la libertad.
La Renta Básica es el resultado de la evolución
de la economía. Basta darse cuenta de este criterio para ver que
es una pieza que hace falta no sólo para el desarrollo económico,
sino el de otros derechos, que sin la Renta Básica quedan como
meros formalismos. La Renta Básica es una cantidad que de dinero
que se da a todo ciudadano, no como asistencia social sino como derecho
ciudadano. Se mide sobre el umbral de la pobreza (421 euros) y se adquiere
de manera incondicional.
Veamos que se trata de la base de un nuevo paradigma económico,
más que un nuevo modelo. Se trata de un fundamento que da lugar
a debatir y desarrollar diversos modelos económicos. Es como la
democracia, en la que desde el punto de vista político, cada ciudadano
le corresponde un voto, independientemente de su condición y no
es a cambio de ninguna prebenda. La Renta Básica es para quien
trabaja y para quien no, es para la persona por el hecho de ser un sujeto
social, lo cual garantiza que sea un derecho de ciudadanía. Se
trata pues de un criterio como el de la República en cuyo seno
suceden diversas opciones políticas. Leamos lo que dice Manuel
Azaña: "La República es el régimen jurídico
de la libertad. La cual alcanza incluso a los mismos enemigos de la libertad".
Aplicado a la RB podríamos decir: La Renta Básica es el
modelo económico de la equidad. La cual alcanza incluso a los mismos
enemigos de la solidaridad.
Se trata, pues de una medida económica, no sólo de una medida
social. Responde a la necesidad de definir la nueva economía, en
la cual se toma como medida de bienestar y de parámetro de desarrollo
el crecimiento económico. A este respecto algo fundamental es preguntar
¿hasta dónde y hasta cuándo dicho crecimiento? De
lo contrario estaríamos ante un crecimiento indefinido que no es
posible, pues vivimos en un sistema con unos límites muy concretos
y medibles, en el que los recursos energéticos y de materias primas
son restringidos, la capacidad de regeneración de los bienes de
la naturaleza es escasa.
La primera pregunta ha quedado contestada con el fenómeno de la
globalización, que va más allá de conceptos como
internacionalización. El desarrollo tecnológico aplicado
a la economía hace que el crecimiento económico se expanda
en todo el planeta. Tanto el mercado productivo como el financiero ya
abarca todo el globo terráqueo en una misma unidad de tiempo. Es
un hecho que nos lleva a una situación nueva en la historia de
la economía. Nos situamos en un modelo cerrado, frente a otros,
antaño abiertos, en los que el comercio, la guerra, las migraciones
abrían mercados y nuevas fuentes de materias primas. Hoy la misma
dimensión del planeta es su límite. Esta situación
ha llevado a ver la importancia del concepto de desarrollo sostenible,
es decir desarrollar la economía sin destruir lo que son las bases
de nuestra subsistencia, buscar energías renovables, medidas no
contaminantes y dar prioridad al equilibrio entre economía y medio
ambiente.
La imposibilidad de llevar a cabo tal equilibrio, debido a los intereses
económicos hace que el respeto a la naturaleza, empezando por la
naturaleza humana, sea en una contradicción permanente. Se aprueban
los acuerdos de Kyoto, en relación a las emisiones de CO2 y no
se cumplen porque significa reducir la capacidad productiva y evita mantener
los puestos de trabajo. El mismo progreso tecnológico hace que
cada vez se necesite menos mano de obra. Entonces se abren nuevos negocios
y cada vez se depreda más el mundo en el que vivimos. No se evitan
industrias que destruyen el patrimonio ecológico y con prácticas
laborales peligrosas porque suponen el despido de miles de trabajadores.
Sucede otra paradoja nueva en la economía: las empresas ya no amplían
su producción y por lo tanto sus beneficios incorporando más
mano de obra, sino que despidiendo a la mitad de la plantilla se duplican
las ganancias y la productividad, pues la riqueza productiva depende de
lo que se conoce como Investigación, Desarrollo e Innovación
(I+D+i). Lo cual se aplica no sólo a la fase productiva, sino a
la del consumo (publicidad) y a la de organización y gestión
empresarial Cada día salta una noticia al respecto sin que se dé
una respuesta más que golpes de pecho, generando una incertidumbre
cada vez mayor en la sociedad.
Se hace, entonces, necesario responder a la segunda pregunta ¿hasta
cuándo es posible el crecimiento económico? Precisamente
es a este planteamiento al que responde la Renta Básica, pues marca
el límite económico en el que el crecimiento es posible
hasta que sea posible la Renta Básica y por ende el desarrollo
se hace sostenible. Esto nos lleva a favorecer el progreso económico
de los países en vías de desarrollo a los que no se podrá
aplicar la RB como medida económica, hasta que no se cumpla dicho
crecimiento económico.
Nos encontramos en un cambio tal que significa una profunda reforma del
sistema económico, pero que viene dada por su propia evolución.
Es cuestión de darse cuenta de ello. Por ejemplo el trabajo ha
sido un medio para resolver las necesidades materiales y otras. Hoy la
tecnología suple esto con creces, pero al seguir con la idea del
trabajo como elemento central se convierte en un fin y se hacen inversiones,
se subvencionan industrias, se bajan los tipos de interés para
mantener la capacidad de trabajo en una sociedad, en lugar de dejar que
se desarrolle el empleo como medio dentro del mercado laboral. Lo cual
es lo primero que conseguiría la aplicación de la Renta
Básica. Es por ello que no solamente es posible su realización
sino que, además, es necesaria. Lo que vemos como una realidad
inexorable, el trabajo, es estudiado desde la sociología por Gorka
Moreno en su libro "Trabajo y ciudadanía", concluyendo
que el trabajo es una construcción social, y como tal relativa
a unas circunstancias concretas. Este autor abre las puertas a un debate
en profundidad sobre la Renta Básica.
Al ser la Renta Básica una medida económica y no un modelo
de protección social no es algo que dé el Estado. Se preserva
el modelo de impuestos para mantener, completar y perfeccionar el gasto
público al que ha llegado la sociedad occidental después
de una evolución histórica a lo largo de siglos. Se trataría
de aplicar lo que se conoce como tasa Tobin, pero a todo el proceso de
creación de valores que no tiene una relación directa con
la economía productiva. Tal tasa la ideó James Tobin para
los cambios de moneda que suponen, sin producir nada, una ganancia de
dinero aprovechando los cambios del valor de la moneda. Propuso que un
porcentaje de esta ganancia, el 1% se aplicase para ayuda a los países
del Tercer Mundo. Si se amplía su aplicación para las recalificaciones
de terrenos, para las inversiones especulativas en Bolsa, para la valoración
de las empresas mediante operaciones de fusión y demás mecanismos
de la economía financiera, con un 10% es posible financiar una
Renta Básica, pero por supuesto en una zona monetaria. Ya no es
una cuestión de una zona geográfica, sea autonomía
o Estado. Insisto que es una medida económica.
El mercado de capitales ha generado un modelo que permite crear riqueza
con la comercialización del dinero, lo cual da origen al "plus
capital", el cual hasta ahora no aporta su cuota al desarrollo social,
como lo hacen los asalariados o productores industriales mediante los
impuestos.
Por otra parte los Estados han sido superados por los grandes emporios
económicos a la hora de manejar riqueza, por lo que se hace necesario
establecer nuevas medidas, como la Renta Básica, que permita adecuar
la economía a la nueva realidad. Es decir la Renta Básica
no es sino un ajuste en el desarrollo económico. Es de tal calibre
que supone una reestructuración, perestroika, del capitalismo.
Tomemos en cuenta el dato que ofrece el profesor de Economía Política
de la Universidad del País Vasco, Joaquín Arriola, cuando
reflexiona sobre la globalización: las cien mayores empresas productivas
multinacionales con 12´5 millones de trabajadores tienen un peso
económico equivalente a los cien mayores países subdesarrollados,
con 4.150 millones de habitantes. O cojamos las tablas del Banco Mundial
y se comprueba que las cuatro corporaciones empresariales mayores del
mundo venden anualmente por un valor superior al producto Interior Bruto
del Estado Español. Es evidente que hacen falta nuevas pautas para
redefinir el progreso económico y social. Lo cual ya no se sustenta
sólo en el trabajo y sobre la base de la actuación de los
Estados.
Las medidas de protección social surgen y llevan a modelos de estado
totalitarios, lo que fue la política de Bismark, o mismamente las
pagas extraordinarias ideadas por Girón y el sistema de puntos
en la época de Franco. El modelo keynesiano de intervención
pública en la economía llegó al límite de
sus posibilidades a comienzo de los años 90 debido al incremento
del desarrollo de las tecnologías, lo que ha hecho fracasar la
política social de Shrröder en Alemania o de Blair en Gran
Bretaña, pues desemboca irremediablemente en un déficit
presupuestario que a la larga es insostenible y potencia precisamente
lo que quiere evitar, como es el incremento de puestos de trabajo. Como
indica D. Felipe Martínez Cañibano, hay que pasar del modelo
asistencial y de control político a través de políticas
sociales al de los derechos universales incluyendo en éstos la
economía
El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, Febrero de 2001,
pidió ante una convención de empresarios, que los derechos
humanos no fueran sólo una exigencia política, sino que
también se desarrollasen en la economía, como derechos del
trabajador y el respeto al medioambiente. Con la incorporación
de los derechos humanos a la economía se dará rostro humano
al mercado global. Este deseo sólo será posible si se tiene
en cuenta la Renta Básica.
Manuel PérezLedesma, catedrático de Historia, analiza que
ciudadano es el que participa de la cosa pública y súbdito
es quien esta "subyecto", sometido, al poder de otro. Si lo
aplicamos a lo que venimos diciendo vemos que hoy somos súbditos,
especialmente, del Poder económico. Durante los años 1776
y 1789, en que suceden la Revolución Francesa y la Declaración
de Independencia de los EE.UU. aparece el concepto de ciudadanía,
que implica derechos más deberes. El ciudadano es una unidad en
un conjunto. Se han desarrollado los derechos civiles en el s. XVIII,
los derechos políticos en el s. XIX, los derechos sociales en el
s. XX (salud, educación...). En la actualidad nos vemos abocados
a luchar por los derechos económicos, los cuales vienen definidos
por la RB, sin la cual los demás hacen aguas. Pero no como algo
utópico sino que parte de la realidad al exigir el derecho a un
mínimo para vivir. Aceptando la desigualdad económica, pero
a partir de una igualdad básica que permita la supervivencia. Lo
cual nos lleva a recoger las tesis del economista indio Amartya Sen, en
su obra "igualdad ¿de qué?".
Podremos abordar el republicanismo además de como una forma de
Estado, también sobre la inserción del individuo a la colectividad
que permita la autorrealización y la no dominación.
Podemos entender como derecho económico el artículo 25 de
la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Toda persona
tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como
a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación,
el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales
necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo,
enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de
sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad".
Como se puede comprobar no se trata de un derecho vinculado al trabajo,
sino al hecho de tener la condición de ser humano. Lo cual garantiza
per se la RB y además queda definida en dicho artículo.
El artículo 35 de la Constitución española establece
que todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho
al trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus
necesidades y las de su familia. Lo que nos preguntamos, como hace Agustín
Morán, es ¿y si no hay trabajo?. Más aún las
nuevas condiciones laborales de temporalidad y precariedad impiden que
muchos jóvenes puedan llevar a cabo una vida autónoma sin
depender de nadie. En este artículo se indica el derecho a la elección
de profesión u oficio, lo que en la mayoría de los casos
no es posible. El art. 47 se refiere al derecho de todos los españoles
a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Lo que habrá que
matizar indicando que será si se cuenta con dinero suficiente para
ello, lo que una vez más nos lleva al ciudadano económico.
Fuera de la economicidad muchos derechos quedan fatuos. El art. 128 primero
del Título VII, sobre Economía y Hacienda, dice: "Toda
riqueza del país en sus distintas formas y sea cual sea su titularidad
está subordinada al interés general". ¿Qué
se entiende por interés general? De cualquier forma, la Renta Básica
nunca entra en contradicción con las bases teóricas de la
Constitución, más bien transforma unos conceptos abstractos
en una práctica concreta y real. De manera que hace la interpretación
más amplia y menos excluyente, sin cargas ideológicas para
definir la "necesidad", "interés general",
"equipar", "protección social y jurídica",
"justa distribución". Por ejemplo se puede entender como
"interés general" una base de subsistencia básica
para todos los ciudadanos, de manera se describe la ciudadanía
económica. En definitiva la RB como derecho económico es
una hipóstasis de los demás derechos, les da su ser, es
decir logra hacer viable los demás derechos constitucionales y
los derechos Humanos que quedan en lo abstracto si no se aplican en lo
concreto con medidas como la Renta Básica.
La Renta Básica nos sitúa ante un
cambio de modelo, de visión del mundo y más que la viabilidad
de tal medida lo que nos impide verlo es nuestra mentalidad, construida
a lo largo de siglos de historia. Sucede igual que cuando se descubrió
que la tierra es esférica. La gente se preguntó que los
que vivieran abajo se caerían o que irían haciendo el pino.
O cuando se supo que la tierra se mueve alrededor del sol ¡si estamos
quietos! O como cuando Ramón y Cajal descubrió que una masa
tan densa y homogénea como es el cerebro está formada por
células separadas unas de otras. Con la Renta Básica nos
pasa lo mismo, supone un cambio de paradigma que exige una nueva manera
de ver el mundo, la economía.
Otro mundo es posible, otra economía también, si
somos capaces de pensar de acuerdo a la nueva realidad. La Renta Básica
no se propone para interpretar el mundo, ni para cambiarlo, sino porque
el mundo ha cambiado y es necesario interpretar dicha transformación.
Por esto nos situamos en los albores de una revolución histórica
por lo que significa como avance en la lucha por la libertad. En ello
estamos.
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