Invisibles VII: Pobres
María Angeles Maeso

Menos mal que las mujeres españolas dejaron de tener todos los hijos que Dios quisiera. Menos mal que decidieron traer al mundo sólo el número de bocas que podrían mantener. Y aun así, ¡casi dos millones de niños pobres! 1.170.000 de menores viven en hogares, donde hay pobreza inocultable, la que se puede contar. Cabe suponer que bajo ésta hay otra, hecha con los no censados, los que no están en catastro alguno, los no empadronados, los que por no tener, no tiene ni número que sumar. En cualquier caso, 1.170.000 niños pobres son un grito que hasta las piedras de La Moncloa tendrán que oír.

Tras el informe Inocenti de Unicef, lo primero que surge es la pregunta: ¿con estos datos, puede llamarse rico un país? O bien: ¿de verdad está legitimado a sentarse en las plazas de los ricos países que guardan en su suelo tales cifras de pobreza? Pero la pregunta se retira, apenas ha sido formulada. La constatación de que EEUU, el país más rico del mundo, es a su vez el país que guarda mayor número de niños pobres, otorga una respuesta esclarecedora.

Abandonadas las preguntas de la ira, miro, con inmensa gratitud, las cifras de la vergüenza. Gracias UNICEF, por airearla. Gracias por esos números que llevan ojos, manos, labios. Que son de Jaén, de Mérida, de Murcia, Soria, de las afueras de todas las afueras que hacen su anillo más grande cada día.

Gracias por esos números. Ellos tendrán que dar un rostro más real de este país. La palabra pobreza nos ha sido devuelta tantas veces con la etiqueta de improcedente, que una celebra ahora esta explosión de luz que viene de estos siete números: 1.170.000 niños pobres. Ahí están los datos, a ellos no podrán acusarles de falta de objetividad para percibir lo real: esa maravillosa renta media ciudadana que sale tras sumar los sueldos de Polanco o de Botín con el mío. Ahí están los siete números gritando.

Gracias UNICEF. Dicen ustedes tantas cosas que los gobiernos, los que sean responsables de esto, van a entenderlo igual que yo. Dicen, por ejemplo que la pobreza es una violación de los Derechos Humanos y causa de exclusión. Y nuevamente les doy las gracias por haber leído y oído esto, que no deja de ser una evidencia. Pero en este país, de 1.170.000 niños pobres, cuando se habla de violación de derechos es para denunciar algún pecado contra la libertad de opinión o contra el respeto a la intimidad personal. Y estas otras formas de matar, de las que hablaba Bertold Brecht, resultan invisibles, impresentables. Por eso, estos siete números, con los que ustedes recuerdan al mundo que la pobreza viola algo más que un pensamiento, resultan tan valientes, tan extraños...

Dicen también que los factores determinantes de esta vergüenza están en las tendencias sociales, en el mercado laboral y en las políticas de gobierno. Y dicen que hay una relación directa entre los porcentajes de gasto social, que un gobierno destina a proteger familias con bajos ingresos económicos, y la pobreza. Gracias porque lo dicen todo, y tan claro que estas verdades de perogrullo las va a entender a cualquier responsable de este país de 1.170.000 niños pobres.

Gracias por decir tanto. La tendencia es al aumento, la solución evidente.

Mª Ángeles Maeso (3-III-05)

 

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